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La microbiota intestinal implicada en un envejecimiento saludable y aumento de la longevidad

La microbiota intestinal es un componente integral del cuerpo, pero su importancia en el proceso de envejecimiento humano no está del todo claro. 

Un grupo de investigadores y colaboradores del Instituto de Biología de Sistemas (ISB) situado en Seattle, han identificado distintas huellas en el microbioma intestinal (conjunto de genes de los microorganismos presentes en nuestro organismo) que están asociadas con trayectorias de envejecimiento saludable, que a su vez podrían predecir la supervivencia en una población de personas mayores. El trabajo se ha publicado este mes en la revista Nature Metabolism.

El equipo de investigación analizó el microbioma intestinal, además de datos fenotípicos y clínicos de más de 9.000 personas, entre las edades de 18 y 101 años, en tres cohortes independientes. El equipo se centró, en particular, en datos longitudinales de una cohorte de más de 900 personas mayores (78-98 años), lo que les permitió realizar un seguimiento de los resultados de salud y supervivencia.

Los datos mostraron que los microbiomas intestinales se volvieron cada vez más específicos para cada individuo a medida que las personas envejecían, comenzando en la edad adulta media o tardía, lo que se correspondía con una disminución constante en la abundancia de géneros bacterianos similares entre humanos.

Sorprendentemente, mientras que esta especificidad se estaba dando durante un envejecimiento saludable, las funciones metabólicas que la microbiota estaban llevando a cabo, compartían rasgos comunes entra las personas más saludables. Esta huella de singularidad intestinal estaba altamente correlacionada con varios metabolitos presentes en el plasma sanguíneo derivados de microorganismos, entre ellos el indol, derivado del triptófano, que se ha demostrado que prolonga la vida útil en ratones. Por ejemplo, se sabe que estos metabolitos reducen la inflamación en el intestino y se cree que la inflamación crónica es un factor importante en la progresión de las morbilidades relacionadas con el envejecimiento. También los niveles en sangre de otro metabolito, la fenilacetilglutamina, mostraron la asociación más fuerte con la especificidad microbiana, y trabajos anteriores han demostrado que este metabolito está muy elevado en la sangre de los centenarios.

Los individuos sanos observados de alrededor de los 80 años de edad, mostraron una evolución continua de su microbioma hacia un estado de composición muy específico, pero esta evolución estuvo ausente en los individuos menos sanos. Curiosamente, este patrón de singularidad parece comenzar en la mediana edad, entre los 40 y los 50 años, y está asociado con una clara firma metabolómica sanguínea, lo que sugiere que estos cambios en el microbioma pueden no ser simplemente un predictor de un envejecimiento saludable, sino que pueden también contribuir directamente a la salud a medida que envejecemos.

Según los investigadores, los resultados anteriores en la investigación del efecto de la microbiota sobre el envejecimiento se han mostrado inconsistentes, con algunos informes que muestran una disminución en los géneros intestinales observados en las poblaciones centenarias, mientras que otros muestran una estabilidad relativa del microbioma hasta el inicio de la disminución de la salud relacionada con el envejecimiento. El trabajo de estos investigadores, incorpora un análisis detallado de la salud y la supervivencia, lo que podría disminuir estas inconsistencias.

En este estudio destaca el hecho de que la microbiota intestinal del adulto continúa desarrollándose con la edad avanzada en individuos sanos, pero no en los enfermos, y que las composiciones del microbioma asociadas con la salud en la edad adulta temprana o media pueden no ser compatibles con la salud en la edad adulta tardía.

Recordamos que mantener hábitos saludables y una nutrición variada y adaptada a cada edad puede influir en la composición de nuestra microbiota.

Referencia: Tomasz Wilmanski, Christian Diener, Noa Rappaport, Sushmita Patwardhan, Jack Wiedrick, Jodi Lapidus, John C. Earls, Anat Zimmer, Gustavo Glusman, Max Robinson, James T. Yurkovich, Deborah M. Kado, Jane A. Cauley, Joseph Zmuda, Nancy E. Lane, Andrew T. Magis, Jennifer C. Lovejoy, Leroy Hood, Sean M. Gibbons, Eric S. Orwoll, Nathan D. Price. Gut microbiome pattern reflects healthy ageing and predicts survival in humansNature Metabolism, Feb. 18, 2021; DOI: 10.1038/s42255-021-00348-0

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Ejercicio regular vinculado a un menor envejecimiento celular

See you at the finish line.Una investigación de la Universidad Brigham Young explica como se puede retardar el envejecimiento celular, siempre que se esté dispuesto a “sudar”. El hecho de que se tenga 40 años, no quiere decir que exactamente esa sea la edad biológica…

Este estudio, publicado en el diario médico Preventive Medicine, muestra que las personas con altos niveles de actividad física tienen significativamente más largos los telómeros en comparación a aquellos que tienen un estilo de vida más sedentaria.

El estudio liderado por el profesor Larry Tucker, muestra que los adultos con niveles altos de actividad física disponen de telómeros que serían propios de personas con una edad biológica de 9 años más jóven en comparación con aquellas personas más sedentarias.

El grupo de investigación analizó datos de 5.823 adultos que participaron en las encuestas nacionales de Salud y Nutrición del Centro Nacional de Estadísticas de Salud (NCHS) de Estados Unidos, que es una de las pocas que incluye valores de longitud de los telómeros de los sujetos de estudio.

Tras el análisis de todos estos datos, el grupo de investigación encontró que los telómeros más cortos provenían de las personas con hábitos más sedentarios (disponían de unas 140 pares de bases de ADN menos al final de sus telómeros que los individuos más activos físicamente). Sorprendentemente, también descubrieron que no hubo diferencias estadísticamente significativas en la longitud de los telómeros entre los que tienen una actividad física moderada o baja y las personas sedentarias.

Aunque el mecanismo exacto de cómo el ejercicio preserva los telómeros se desconoce, el profesor Tucker teoriza con la posibilidad que podría estar vinculado a la inflamación y al estrés oxidativo. Estudios previos han demostrado la longitud del telómero está estrechamente relacionado con esos dos factores y se sabe que el ejercicio puede suprimir la inflamación y el estrés oxidativo con el tiempo.

Ya se conocía indudablemente los beneficios de la actividad físicas regular para reducir la mortalidad y prolongar la vida en condiciones más saludables, pero con este tipo de estudios podemos tratar de conocer si una parte de ese beneficio relacionado con la actividad física puede ser debido al mantenimiento de la longitud de los telómeros.

Referencia: Larry A. Tucker. Physical activity and telomere length in U.S. men and women: An NHANES investigationPreventive Medicine, 2017; 100: 145 DOI: 10.1016/j.ypmed.2017.04.027

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