‘Neurodegeneración’

¿El barrio puede influir en la salud cognitiva de nuestros mayores?

La demencia es una causa importante de pérdida gradual de memoria y una de las enfermedades neurodegenerativas que causan una gran dependencia sobre todo en la población mayor. Actualmente no existen tratamientos eficaces para curar la enfermedad, por lo que es importante identificar posibles factores de riesgo que puedan ser modificables. Existe evidencia de que las condiciones sociales, económicas, culturales y físicas en las que viven los seres humanos pueden afectar a su salud. Un estudio reciente publicado en la revista Neurology, pretende determinar si esas condiciones del entorno cercano y los vecindarios, pueden condicionar o influir de alguna manera en el aumento del riesgo de neurodegeneración y deterioro cognitivo asociado con las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer y la demencia.

Para el estudio, los investigadores identificaron aproximadamente a 600 personas de otros dos estudios más amplios de residentes en Wisconsin (EE.UU.). Los participantes tenían una edad promedio de 59 años y no tenían problemas de memoria asociados al comienzo del estudio, aunque el 69% tenía antecedentes familiares de demencia. Esta muestra de población fue seguido durante un periodo de 10 años.

Los participantes se sometieron a una resonancia magnética cerebral inicial y luego exploraciones adicionales cada tres a cinco años. Con cada exploración, los investigadores midieron el volumen en áreas del cerebro relacionadas con el desarrollo de la demencia y el Alzheimer. Los participantes también realizaron pruebas cognitivas y de memoria cada dos años, incluidas pruebas que midieron la velocidad de procesamiento, la flexibilidad mental y la función cognitiva.

Los investigadores utilizaron la dirección residencial de cada participante y un indicador denominado “Area Deprivation Index” para determinar si cada participante vivía en un vecindario favorecido o desfavorecidoLos barrios en el índice están determinados por áreas censales de unos 1.500 residentes. El índice incorpora información sobre las condiciones socioeconómicas de cada barrio y sus residentes, clasificando los barrios en base a 17 indicadores que incluyen ingresos, empleo, educación y calidad de la vivienda.

De todos los participantes, 19 personas vivían en el 20% de los barrios más desfavorecidos de su estado y 582 personas vivían en el 80% de todos los demás barrios. Las personas del primer grupo fueron emparejadas posteriormente de uno a cuatro con las personas del segundo grupo por raza, sexo, edad y educación y se procedió a su comparación.

Al comienzo del estudio, no hubo diferencia en el volumen del cerebro entre las personas que vivían en los barrios más desfavorecidos comparado con las de otros barrios. Pero al final, los investigadores encontraron señales de disminución del tamaño cerebral en zonas del cerebro asociadas con la demencia en aquellos individuos localizados en vecindarios más desfavorecidos, mientras que no se observó disminución cerebral en el otro grupo. Los investigadores también encontraron una mayor tasa de disminución en las pruebas que miden el riesgo de enfermedad de Alzheimer.

Estos hallazgos sugieren que una mayor vigilancia por parte de los proveedores de atención médica para detectar los primeros signos de demencia puede ser particularmente importante en esta población más vulnerable. Algunas posibles causas de estos cambios cerebrales pueden incluir la contaminación del aire, la falta de acceso a dietas más saludables, menor atención médica periódica y exposición a mayor número de eventos vitales estresantes. La investigación adicional sobre posibles vías sociales y biológicas puede ayudar a los médicos, investigadores y gestores a identificar vías efectivas para la prevención e intervención en la incidencia de Alzheimer en la población.

Cabe mencionar que este estudio muestra algunas limitaciones entre las que se incluyen, una pequeña cantidad de participantes de vecindarios muy desfavorecidos y un entorno geográfico limitado. Los estudios futuros deberían involucrar a grupos de personas más grandes y diversos durante períodos de tiempo más prolongados, para refrendar estas conclusiones.

Referencia: Jack F.V. Hunt, Nicholas M. Vogt, Erin M. Jonaitis, William R. Buckingham, Rebecca L. Koscik, Megan Zuelsdorff, Lindsay R. Clark, Carey E Gleason, Menggang Yu, Ozioma Okonkwo, Sterling C. Johnson, Sanjay Asthana, Barbara B. Bendlin, Amy J.H. Kind. Association of Neighborhood Context, Cognitive Decline, and Cortical Change in an Unimpaired CohortNeurology, 2021; 10.1212/WNL.0000000000011918 DOI: 10.1212/WNL.0000000000011918

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La actividad física aumenta el flujo sanguíneo al cerebro y puede prevenir el envejecimiento cognitivo

No son solo tus piernas y tu corazón los que se ejercitan cuando caminas o haces ejercicio sino también…tu cerebro.

Un nuevo estudio realizado por investigadores de UT Southwestern Medical Center muestra que cuando los adultos mayores con un inicio de pérdida leve de memoria o con un nivel de deterioro cognitivo leve, siguieron un programa de ejercicio durante un año, se observó un aumentó significativo del flujo sanguíneo al cerebro, lo que podría mejorar su memoria.

Hasta una quinta parte de las personas de 65 años o más muestran algún nivel de deterioro cognitivo leve (MCI): cambios leves en el cerebro que afectan la memoria, la toma de decisiones o las habilidades de razonamiento. En muchos casos, el MCI progresa a demencia, incluida la enfermedad de Alzheimer. Los científicos han demostrado anteriormente que los niveles de flujo sanguíneo más bajos de lo habitual y los vasos sanguíneos más rígidos que fluyen hacia el cerebro están asociados con el deterioro cognitivo leve y la demencia. Los estudios también han sugerido que el ejercicio aeróbico regular puede ayudar a mejorar el estado cognitivo y la memoria en adultos mayores sanos.

Sin embargo, los científicos no han establecido si existe un vínculo directo entre el ejercicio, la rigidez de los vasos sanguíneos y el flujo sanguíneo cerebral. En este estudio, se siguieron a 70 hombres y mujeres de entre 55 y 80 años que habían sido diagnosticados con MCI. Los participantes se sometieron a exámenes cognitivos, pruebas de aptitud física y escáneres de resonancia magnética (IRM) del cerebro. Luego se les asignó al azar para seguir un programa de ejercicio aeróbico moderado o un programa de estiramientos durante un año. El programa de ejercicio incluía de tres a cinco sesiones de ejercicio a la semana, cada una con 30 a 40 minutos de ejercicio moderado, como una caminata rápida. En ambos programas, los fisioterapeutas supervisaron a los participantes durante las primeras cuatro a seis semanas, luego hicieron que los pacientes registraran sus ejercicios y usaran un monitor de frecuencia cardíaca durante el ejercicio.

Cuarenta y ocho participantes del estudio, 29 en el grupo de estiramientos y 19 en el grupo de ejercicio aeróbico, completaron el año de entrenamiento y regresaron para las pruebas de seguimiento. Entre ellos, los que realizaron ejercicio aeróbico mostraron una disminución de la rigidez de los vasos sanguíneos en el cuello y un aumento del flujo sanguíneo general del cerebro. Cuanto más aumentaba su consumo de oxígeno (un marcador de aptitud aeróbica), mayores eran los cambios en la rigidez de los vasos sanguíneos y el flujo sanguíneo cerebral. No se encontraron cambios en estas medidas entre las personas que siguieron el programa de estiramientos.

Si bien el estudio no encontró cambios especialmente significativos en la memoria u otra función cognitiva, los investigadores mencionan que puede deberse al tamaño pequeño o la corta duración del ensayo. Los cambios en el flujo sanguíneo podrían preceder a los cambios en la mejora cognitiva. Los investigadores ya están llevando a cabo un estudio más amplio de dos años, Reducción del riesgo de la enfermedad de Alzheimer (rrAD), que investiga más a fondo este vínculo entre el ejercicio y el deterioro cognitivo.

Según los investigadores, es probable que algunas personas se beneficien más del ejercicio que otras, pero con el tamaño de la muestra en este estudio, resulta complicado analizar subgrupos de personas para llegar a esas conclusiones. Aún así, los datos son importantes para ayudar a explicar los efectos del ejercicio en el cerebro y por qué puede ser beneficioso, además de ser útiles para los propios médicos cuando hablan con sus pacientes y tratan de justificar los beneficios del ejercicio.

Referencia: Tsubasa Tomoto, Jie Liu, Benjamin Y, Tseng, Evan P. Pasha, Danilo Cardim, Takashi Tarumi, Linda S. Hynan, C. Munro Cullum, Rong Zhang. One-Year Aerobic Exercise Reduced Carotid Arterial Stiffness and Increased Cerebral Blood Flow in Amnestic Mild Cognitive ImpairmentJournal of Alzheimer’s Disease, 2021 [abstract]

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El sueño profundo puede actuar como antienvejecimiento

A medida que envejecemos, nuestras noches suelen estar plagadas de episodios de vigilia, viajes al baño y otras molestias a medida que perdemos nuestra capacidad de generar el sueño profundo y reparador que se disfrutaba en la juventud. 

¿Pero eso significa que las personas mayores, simplemente necesitan dormir menos? No, según un equipo de investigadores del Center for Human Sleep Science en UC Berkeley, quienes argumentan en un artículo publicado en la revista Neuron, que las necesidades de sueño en las personas mayores que no son cubiertas, elevan el riesgo de pérdida de memoria, además de una amplia gama de trastornos acumulativos físicos y cognitivos.

Según los investigadores de este estudio, muchas de las enfermedades relacionadas con el envejecimiento tienen un vínculo causal con la falta de sueño. La sociedad ha hecho un buen trabajo al extender la vida útil, pero no tan buen trabajo al extender los años con salud. Los investigadores ven el sueño y la mejora del sueño, como una nueva vía para ayudar a mejorar la salud durante más años. A diferencia de los marcadores más “cosméticos” del envejecimiento, como las arrugas y las canas, el deterioro del sueño se ha relacionado con afecciones como la enfermedad de Alzheimer, enfermedades cardíacas, obesidad, diabetes, accidente cerebrovascular, etc.

Numerosos estudios neurológicos revelan cómo la falta de sueño produce deterioro cognitivo. Además, el cambio de un sueño profundo y consolidado en la juventud a un sueño irregular e insuficiente, puede comenzar desde una edad temprana, allanando el camino para las dolencias cognitivas y físicas posteriores en la mediana edad.

Y mientras que la industria farmacéutica invierte muchos recursos para atender a personas con insomnio, los investigadores advierten que los medicamentos o suplementos diseñados para ayudarnos a dormir son un pobre sustituto de los ciclos naturales del sueño que el cerebro necesita para funcionar bien.

El equipo de científicos cita estudios previos, incluidos algunos propios, que muestran que un cerebro envejecido tiene problemas para generar el tipo de ondas cerebrales lentas que promueven el sueño curativo profundo, así como los neuroquímicos, que nos pueden ayudar a pasar de manera estable del sueño profundo a la vigilia. Las partes del cerebro que se deterioran más temprano precisamente son las mismas regiones que nos proporcionan ese sueño profundo.

El envejecimiento generalmente provoca una disminución en el movimiento ocular profundo (NREM) o “sueño de ondas lentas”, junto con ondas más rápidas conocidas como “husos del sueño”, que ayudan a transferir recuerdos e información del hipocampo, que proporciona la memoria a corto plazo, a la corteza prefrontal, que consolida la información y actúa como el almacenamiento de la información a más largo plazo.

Lamentablemente, ambos tipos de ondas cerebrales del sueño disminuyen notablemente a medida que envejecemos, y en los últimos años se conoce mejor la influencia de estas alteraciones del sueño que afecta a la disminución de la memoria según avanza nuestra vida.

Otro de los efectos acumulativos de esta desregularización del sueño, es la incapacidad de regular los neuroquímicos que estabilizan nuestro sueño y nos ayudan a pasar del sueño a los estados de vigilia. Estos neuroquímicos incluyen Galanina, que promueve el sueño y Orexina, que promueve la vigilia. Una desregularización del ritmo sueño-vigilia, suele dejar a los adultos mayores fatigados durante el día pero inquietos y nerviosos por la noche.

Lo interesante también de estas investigaciones es poder explorar intervenciones no farmacéuticas para mejorar la calidad del sueño. Según los investigadores, los medicamentos para dormir sedan el cerebro, en lugar de ayudarlo a dormir de forma natural, por lo que es una prioridad en sus líneas de investigación, encontrar mejores tratamientos para restaurar un sueño saludable de forma natural en los adultos mayores. Destacan algunas técnicas en estudio a partir de la estimulación eléctrica para amplificar las ondas cerebrales durante el sueño y los tonos acústicos que actúan como un metrónomo para ralentizar los ritmos cerebrales.

Por supuesto, no todo el mundo es vulnerable a los cambios del sueño en la edad adulta. Así como algunas personas envejecen con más éxito que otras, algunas personas duermen mejor que otras a medida que envejecen, y esa es otra línea de investigación que intentan explorar los investigadores. En todo caso, mientras todas estas investigaciones siguen avanzando, debemos intentar poner atención en nuestra cultura del sueño, no sólo en cantidad sino también en calidad.

Referencia: Bryce A. Mander, Joseph R. Winer, Matthew P. Walker. Sleep and Human Aging. Neuron. (2017) Apr 5; 94(1): 19-36. DOI: 10.1016/j.neuron.2017.02.004

 

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Entrenan un modelo de inteligencia artificial para escanear la retina y predecir el Alzheimer

Un grupo de investigación interdisciplinar (Neurología, Ingeniería Electrónica, Informática, Bioestadística y Bioinformática) liderado por el departamento de Oftalmología de la Universidad de Duke (Estados Unidos), ha desarrollado un modelo de inteligencia artificial diseñada para interpretar una combinación de imágenes de la retina con el objetivo de identificar con éxito a  pacientes con la enfermedad de Alzheimer, lo que podría usarse algún día como una herramienta no invasiva de predicción y diagnóstico temprano en individuos sintomáticos. Estos hallazgos se han publicado en la revista científica British Journal of Ophthalmology.

El diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer a menudo se basa en los síntomas y pruebas cognitivas, y en muchos casos pruebas adicionales para confirmar el diagnóstico que a menudo son costosas.

Este modelo analiza la estructura de la retina y los vasos sanguíneos a partir de imágenes del interior del ojo y que se han correlacionado con cambios cognitivos. Tener un método más accesible, rápido y no invasivo para identificar la enfermedad de Alzheimer, podría ayudar a los pacientes de muchas maneras, incluida la mejora de la precisión del diagnóstico y la planificación con mayor antelación para ajustar el estilo de vida al trascurso de la enfermedad.

El equipo de investigación se basó en un trabajo anterior en el que identificaron cambios en la densidad de los vasos sanguíneos de la retina que se correlacionaban con cambios cognitivos. Encontraron una disminución de la densidad de la red capilar alrededor del centro de la mácula en pacientes con enfermedad de Alzheimer. Usando ese conocimiento y los datos generados, entrenaron un modelo de aprendizaje automático, conocido como red neuronal convolucional (CNN), a partir de cuatro tipos de escaneos de la retina como datos de entrada para enseñar a la red a discernir diferencias relevantes entre imágenes.

Como conjunto de datos se utilizaron escaneos de 159 participantes del estudio para construir la red, 123 pacientes eran cognitivamente sanos, siendo 36 de ellos positivos en la enfermedad de Alzheimer. Los investigadores probaron varios enfoques diferentes, siendo el modelo con mejor rendimiento el que combinaba imágenes de la retina con otros datos clínicos adicionales. La red neuronal diferenciaba a los pacientes con enfermedad de Alzheimer sintomática de los participantes cognitivamente sanos en un grupo de prueba independiente.

Aún con estos resultados esperanzadores, es necesario seguir entrenando y revisando el modelo con un grupo más amplio y diverso de pacientes para construir modelos que puedan predecir la enfermedad de Alzheimer en todos los grupos raciales, así como en aquellos que tienen afecciones como glaucoma y diabetes, que también pueden alterar las estructuras retinianas y vasculares.

Los investigadores advierten también que es necesario determinar cómo de bien se compara el enfoque de este modelo de Deep Learning con los métodos actuales de diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer, que a menudo incluyen pruebas costosas e invasivas de neuroimagen y de líquido cefalorraquídeo.

La relación entre la enfermedad de Alzheimer y los cambios observados en la retina, junto con plataformas de imágenes de retina no invasivas, rentables y ampliamente disponibles, posicionan el análisis de este tipo de imágenes combinado con inteligencia artificial como una herramienta adicional esperanzadora para mejorar el diagnóstico de esta enfermedad neurodegenerativa.

Referencia: C. Ellis Wisely, Dong Wang, Ricardo Henao, Dilraj S. Grewal, Atalie C. Thompson, Cason B. Robbins, Stephen P. Yoon, Srinath Soundararajan, Bryce W. Polascik, James R. Burke, Andy Liu, Lawrence Carin, Sharon Fekrat. Convolutional neural network to identify symptomatic Alzheimer’s disease using multimodal retinal imagingBritish Journal of Ophthalmology, 2020; bjophthalmol-2020-317659 DOI: 10.1136/bjophthalmol-2020-317659

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La edad es uno de los factores que aumentan el riesgo de accidente cerebrovascular entre los pacientes con la COVID-19

Tristemente la COVID-19 sigue siendo un tema candente en estos tiempos, siendo una pandemia mundial que afecta a millones de personas en todo el mundo. En muchos casos, los síntomas incluyen fiebre, tos seca persistente y dificultad para respirar, y pueden provocar niveles bajos de oxígenación en sangre. Sin embargo, la infección puede causar enfermedades en otros órganos, incluido el cerebro, y en casos más graves puede provocar un derrame  y una hemorragia cerebral.

Un equipo de científicos del Grupo de Investigación de Accidentes Cerebrovasculares de la Universidad de Cambridge ha llevado a cabo un metanálisis sobre el vínculo entre la COVID-19 y el accidente cerebrovascular. Mediante este enfoque de análisis de datos y estudios realizados, a menudo contradictorios o con poca relevancia, para extraer conclusiones más sólidas, se cubrieron 61 estudios, que en total hacían un seguimiento de más de 100.000 pacientes ingresados en el hospital y diagnosticados con la COVID-19. Los resultados de su estudio se han publicado en la revista International Journal of Stroke .

Los investigadores encontraron que el accidente cerebrovascular se produjo en 14 de cada 1.000 casos. La manifestación más común fue el ictus isquémico agudo, que se presentó en poco más de 12 de cada 1.000 casos. La hemorragia cerebral fue menos común, ocurriendo en 1,6 de cada 1.000 casos. La mayoría de los pacientes habían ingresado con síntomas de la COVID-19 y el accidente cerebrovascular se produjo unos días después.

La edad fue uno de los principales factores de riesgo, y los pacientes con la COVID-19 que desarrollaron un accidente cerebrovascular eran en promedio de 4,8 años mayores que los que no lo hicieron. Por otro lado, los pacientes que experimentaron un accidente cerebrovascular eran en promedio de 6 años más jóvenes que los pacientes con accidente cerebrovascular sin la COVID-19. No hubo diferencias de sexo ni diferencias significativas en las tasas de fumadores frente a no fumadores.

Las condiciones de salud preexistentes también aumentaron el riesgo de accidente cerebrovascular. Los pacientes con presión arterial alta tenían más probabilidades de sufrir un accidente cerebrovascular que los pacientes con presión arterial normal, mientras que tanto la diabetes, como enfermedades relacionadas con las arterias coronarias, también aumentaban el riesgo. Los pacientes que tenían una infección más grave tras infectarse del virus SARSCoV2, también tenían más probabilidades de sufrir un accidente cerebrovascular.

Los investigadores encontraron que los accidentes cerebrovasculares asociados con la COVID-19 a menudo seguían un patrón característico, con un accidente cerebrovascular causado por el bloqueo de una arteria cerebral grande y las imágenes del cerebro que mostraban accidentes cerebrovasculares en más de una localización arterial cerebral. Según los investigadores, este patrón sugiere que la trombosis cerebral y/o el tromboembolismo son factores importantes que causan un accidente cerebrovascular en la COVID-19 y en general resultaron más graves y de mayor mortalidad.

Una pregunta importante que se han hecho los científicos de este estudio es, si la COVID-19 aumenta el riesgo de accidente cerebrovascular o si la asociación es simplemente el resultado de que la infección por la enfermedad de la pandemia es más generalizada ahora en la sociedad. Según los investigadores, es complicado responder esta cuestión con los datos actuales pero parece existir una relación causal en al menos una proporción de pacientes, sin embargo es probable que varios pacientes con la COVID-19 ya tengan un mayor riesgo de accidente cerebrovascular per se, y otros factores, como el estrés mental de la propia pandemia, puedan contribuir a aumentar este riesgo cerebrovascular.

Los investigadores piensan que puede haber varios mecanismos posibles detrás del vínculo entre la COVID-19 y el accidente cerebrovascular. Un mecanismo podría ser que el virus desencadene una respuesta inflamatoria que provoque un “espesamiento” de la sangre, lo que aumenta el riesgo de trombosis y accidente cerebrovascular. Otro se relaciona con ACE2, un receptor de proteína en la superficie de las células que el SARS-CoV-2 usa para penetrar en ellas. Este receptor se encuentra comúnmente en las células de los pulmones, el corazón, los riñones y en el revestimiento de los vasos sanguíneos, si el virus invade el revestimiento de los vasos sanguíneos, podría causar inflamación, contrayendo los vasos sanguíneos y restringiendo el flujo sanguíneo. Un tercer mecanismo posible es la reacción excesiva del sistema inmunológico a la infección, con la consiguiente liberación excesiva de proteínas conocidas como citocinas. Esta llamada “tormenta de citocinas” podría causar también daño cerebral.

El equipo dice que sus resultados pueden tener importantes implicaciones clínicas, por lo que reomiendan que los equípos médicos deberán estar atentos a los signos y síntomas de un accidente cerebrovascular, en particular entre los grupos que tienen mayor riesgo, teniendo en cuenta que el perfil de un paciente en riesgo es más joven de lo que cabría esperar, de tal manera que estos perfiles sean tratados como posibles casos de la COVID-19 hasta que los análisis sean negativos.

Referencia: Stefania Nannoni, Rosa de Groot, Steven Bell, Hugh S Markus. EXPRESS: Stroke in COVID-19: a systematic review and meta-analysisInternational Journal of Stroke, 2020; 174749302097292 DOI: 10.1177/1747493020972922

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El delirio es una posible señal clave de la COVID-19 en personas mayores frágiles

Una nueva investigación basado en el análisis de datos realizado por científicos del King’s College London utilizando información de la aplicación COVID Symptom Study y de pacientes ingresados en el St Thomas ‘Hospital en Londres, intentan demostrar que el delirio, un estado de confusión aguda asociado con un mayor riesgo de enfermedad grave y muerte, aparece como un síntoma clave de la COVID-19 en personas mayores frágiles.

Los hallazgos, que han sido publicados en la revista Age and Aging, destacan que los médicos y cuidadores deben ser conscientes de que el delirio se puede  presentar como una posible señal de advertencia temprana de la COVID-19 en los ancianos, incluso en ausencia de síntomas más típicos como tos o fiebre.

Los investigadores analizaron datos de dos grupos de personas mayores de 65 años desde marzo a mayo. El primer grupo incluyó a 322 pacientes ingresados en el hospital con la COVID-19 confirmada, mientras que el segundo estaba compuesto por 535 usuarios de la aplicación COVID Symptom Study que informaron haber tenido un resultado positivo en la prueba.

A partir del análisis de todos estos datos descubrieron que los adultos mayores ingresados en el hospital que se clasificaron como frágiles según una escala estándar, tenían más probabilidades de haber tenido delirio como uno de sus síntomas iniciales que las personas de la misma edad que no estaban clasificadas como frágiles. El delirio, junto con el cansancio y la dificultad para respirar, también fueron más comunes en los usuarios más frágiles de la aplicación móvil, en comparación con las personas más en forma de la misma edad.

Un tercio de los usuarios de aplicaciones que experimentaron delirio no informaron haber sufrido los síntomas “clásicos” de la COVID-19 de tos y fiebre, mientras que el delirio fue el único síntoma para alrededor de uno de cada cinco (18,9%) de los pacientes hospitalizados.

La fragilidad en el grupo de pacientes hospitalizados se midió mediante la prueba Clinical Frailty Scale (CFS). Al mismo tiempo se pidió a los usuarios de la aplicación móvil que completaran un breve cuestionario preguntando sobre su salud, que es comparable a la CFS.

Este es el primer estudio que muestra que el delirio es un síntoma probable de la COVID-19 en adultos mayores frágiles, aunque aún debe aclararse cuál es la conexión biológica exacta entre las dos condiciones. Los invesatigadores aconsejan que los médicos y cuidadores deben estar atentos a cualquier cambios en el estado mental en personas mayores, como confusión o comportamiento extraño, y estén alerta al hecho de que esto podría ser un signo temprano de infección por coronavirus.

Los últimos seis meses han demostrado que la COVID-19 puede propagarse de manera catastrófica a través de las residencias de mayores. Saber que el delirio es un síntoma en las personas más frágiles ayudará a las familias y a los cuidadores a detectar los signos de la COVID -19 y actuar de manera apropiada y poner en marcha medidas tempranas de control de infecciones como aislamiento, mayor higiene y equipo de protección personal para proteger a este grupo altamente vulnerable.

Los hallazgos también destacan la necesidad de una evaluación sistemática de la fragilidad de las personas mayores, junto con la concienciación y la detección del delirio para esta población vulnerable principalmente en hospitales, residencias, y centros sociales.

Referencia: Maria Beatrice Zazzara, Rose S Penfold, Amy L Roberts, Karla A Lee, Hannah Dooley, Carole H Sudre, Carly Welch, Ruth C E Bowyer, Alessia Visconti, Massimo Mangino, Maxim B Freydin, Julia S El-Sayed Moustafa, Kerrin Small, Benjamin Murray, Marc Modat, Jonathan Wolf, Sebastien Ourselin, Mark S Graham, Finbarr C Martin, Claire J Steves, Mary Ni Lochlainn. Probable delirium is a presenting symptom of COVID-19 in frail, older adults: a cohort study of 322 hospitalised and 535 community-based older adultsAge and Ageing, 2020; DOI: 10.1093/ageing/afaa223

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Nueva teoría de la Bradicinina explicaría las complicaciones de la COVID-19 en personas mayores

No parece estar claro del todo a día de hoy la explicación de la variabilidad de los síntomas que se presentan en la COVID-19, ni su distinta incidencia en la población. Se sabe que mientras que en algunas personas la enfermedad tiene un curso leve, incluso asintomático, en otras tiene una forma grave y de distinta sintomatología y alteración de las funciones de órganos vitales.

La teoría más extendida para explicar este proceso de la enfermedad es lo que se ha llamado la “tormenta de citoquinas”, un fenómeno en el que el cuerpo comienza a producir una respuesta inflamatoria sistémica mediada por citoquinas proinflamatorias. Cuando la repuesta inmune no es capaz de controlar eficazmente el virus, como en personas mayores con un sistema inmune debilitado, el virus se propagaría de forma más eficaz produciendo daño tisular pulmonar, lo que activaría a los macrófagos y granulocitos y conduciría a la liberación masiva de citoquinas proinflamatorias que favorecería una hiperinflamación pulmonar asociada al síndrome de insuficiencia respiratoria aguda que se ha descrito como la principal causa de mortalidad.

Ahora surgen nuevas teorías que explicarían la diversidad de síntomas que se observan clínicamente y su mayor incidencia en personas mayores. Se trata de la teoría de la Bradicinina

Al inicio de este verano, la supercomputadora Summit del Laboratorio Nacional Oak Ridge en Tennessee se dedicó a procesar datos de más de 40.000 genes de unos 17.000 muestras genéticas en un esfuerzo por comprender mejor el proceso de infección y desarrollo de la COVID-19. El proceso de análisis de los datos en esta supercomputadora, a pesar de ser la segunda computadora más rápida del mundo, implicó más de 2.500 millones de combinaciones genéticas, y llevó más de una semana de intensas operaciones computacionales. Tras el análisis de los datos, los científicos encontraron una nueva teoría sobre cómo la COVID-19 impacta en el organismo humanoLa hipótesis proporciona un modelo que explica muchos de los síntomas de la enfermedad, incluidos algunos de los más extraños que se han ido observando. También sugiere más de 10 tratamientos potenciales, muchos de los cuales ya están aprobados para otras dolencias por la FDA. El grupo de investigadores publicó sus resultados en un artículo en la revista eLife a principios del mes de julio.

Según estos hallazgos, una infección por SARS-CoV-2 generalmente comienza cuando el virus ingresa al cuerpo a través de los receptores de la enzima convertidora de angiotensina (ECA2) localizados en la la nariz (los receptores, a los que se sabe que ataca el virus, son abundantes allí). Posteriormente el virus avanza a través de los distintos tejidos del cuerpo, llegando a otros órganos donde también está presente la ECA2, como el sistema digestivo, los riñones y el corazón. Esto probablemente explica al menos, algunos de los síntomas cardíacos y gastrointestinales de la enfermedad. Pero según los datos analizados por la supercomputadora muestran que el virus no se contenta simplemente con infectar células que ya expresan muchos receptores ECA2, sino que secuestran activamente los propios sistemas del cuerpo, engañándolos para que regulen al alza los receptores ECA2 en lugares donde generalmente se expresan en niveles bajos o medios, como por ejemplo los pulmones. Por usar una analogía[1], se podría asemejar el SARS-CoV-2 a un ladrón que entra a robar nuestra casa pero no contento con ello, abre todas las puertas y ventanas para que al resto de ladrones les sea más fácil entrar también.

El sistema renina-angiotensina (RAS) controla muchos aspectos del sistema circulatorio, incluidos los niveles corporales de una sustancia química llamada bradicinina, que normalmente ayuda a regular la presión arterial. Según los investigadores, el virus modifica el RAS y provoca que los mecanismos para regular la bradicinina se alteren y deje de descomponerse de manera efectiva. (La ECA normalmente degrada la bradiquinina, pero cuando el virus la desregula, no puede hacerlo con la misma eficacia). El resultado final es la liberación de una “tormenta” de bradicinina, que produce una acumulación masiva y descontrolada en el cuerpo. Según esta hipótesis, es esta tormenta la responsable en última instancia de muchos de los efectos mortales de la COVID-19. El equipo de investigación trabaja con la hipótesis de que la patología de la COVID-19 es probablemente el resultado de tormentas de bradicinina en lugar de tormentas de citoquinas, aunque los dos procesos pueden estar estrechamente relacionados.

A medida que la bradicinina se acumula en el cuerpo, aumenta drásticamente la permeabilidad vascularEn resumen, hace que los vasos sanguíneos tengan “fugas”. Esto se alinea con datos clínicos recientes, que ven cada vez más a la COVID-19 principalmente como una enfermedad vascular, en lugar de respiratoria pero con un efecto sobre los pulmones que pueden llenarse de líquido y células inmunes que provocan una alta inflamación.

Esta teoría de la bradicinina también podría explicar la mayor incidencia en personas mayores ya que la presión arterial aumenta con la edad y, por lo tanto, el riesgo de que una persona sea hipertensa aumenta en las personas mayores de 65 años. A esta edad su prevalencia alcanza entre el 60% y el 70% y es en este grupo poblacional donde abundan los tratamientos para tratar la presión arterial alta que producen un efecto similar al virus SARS-CoV-2 en el sistema RAS, aumentando los niveles de bradicinina. Esta descompensación influiría en el desequilibrio del sistema RAS que controla aspectos de las contracciones cardíacas y la presión arterial. Estos fármacos (inhibidores de la ECA) para bajar la presión arterial, es sabido que como efectos secundarios a veces causan tos seca, fatiga, pérdida del gusto y el olfato, que son síntomas que se producen también en la COVID-19. Esto haría que se produjera un efecto acumulativo que potenciaría esa tormenta de la bradicinina, según los investigadores.

Aunque sigue siendo una teoría inicial, la hipótesis de la bradicinina explica varios otros síntomas aparentemente extraños de la COVID-19. El equipo de investigadores especulan que el aumento de la permeabilidad vascular causada por las tormentas de bradicinina podría ser también responsable de los efectos neurológicos de la COVID-19, que son algunos de los elementos más sorprendentes y preocupantes de la enfermedad. Estos síntomas (que incluyen mareos, convulsiones, delirio y accidente cerebrovascular) están presentes en hasta la mitad de los pacientes hospitalizados con la COVID-19La bradicinina, especialmente en dosis altas, puede provocar una ruptura de la barrera hematoencefálicaEn circunstancias normales, esta barrera actúa como un filtro entre el cerebro y el sistema circulatorio, dejando entrar sólo nutrientes y moléculas pequeñas necesarias para su funcionamiento, mientras mantiene alejadas las toxinas y patógenos. Sin embargo con la ruptura de esa barrera, podría permitir la entrada de compuestos dañinos al cerebro, lo que provocaría inflamación, potencial daño cerebral y algunos de los síntomas neurológicos que experimentan los pacientes con la COVID-19.

Según los investigadores, esta teoría también podría explicar otros síntomas que se presentan en menor medida como los dedos de los pies morados, una condición que involucra dedos hinchados y magullados que experimentan algunos pacientes. La bradicinina también puede afectar a la glándula tiroides, lo que podría producir los síntomas de la tiroides recientemente observados en algunos pacientes.

La “buena” noticia sería que varios medicamentos existentes (incluída la Vitamina D) y aprobados ya por la FDA para otras dolencias, reducen la producción de bradicinina o reducen su señalización, lo que podrían ser potencialmente aplicadas para el tratamiento de la COVID-19.

Como siempre es necesario recordar que cualquiera de estas intervenciones farmacológicas debe estudiarse previamente en ensayos clínicos bien diseñados y con tiempo suficiente, para confirmar todas estas hipótesis previas.

Referencias:

1. Thomas Smith. A Supercomputer Analyzed Covid-19 — and an Interesting New Theory Has Emerged. Elemental (Medium)

2. Joseph A. Roche, Renuka Roche. A hypothesized role for dysregulated bradykinin signaling in COVID‐19 respiratory complications. 2020 May 2: 10.1096/fj.202000967

3. Euronews. Bradiquinina, la esperanza para entender el Covid-19 venida de un superordenador.

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Las vacunas contra la gripe y la neumonía podrían estar relacionadas con un menor riesgo de demencia

Con la pandemia de la COVID-19, las vacunas están en la primera línea de debate sobre las soluciones principales de salud pública contra el coronavirus. El desarrollo de la tan ansiada vacuna que haga remitir la pandemia, se encuentra entre las prioridades de los países más afectados, pero incluso más allá de esto, es importante explorar su beneficio no solo en la protección contra la infección viral o bacteriana, sino también en la mejora de los resultados de salud pública a largo plazo.

Diferentes estudios de investigación publicados durante 2020 en la revista científica Alzheimer’s Association International Conference® (AAIC®) sugieren la posibilidad de que las vacunas contra la gripe (influenza) y la neumonía puedan estar asociadas con un menor riesgo de padecer demencia debido a diferentes enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Entre estos estudios destacan, al menos, dos interesantes abordajes:

1. La vacuna contra la gripe estacional puede reducir la incidencia de la demencia por la enfermedad de Alzheimer
Varias investigaciones anteriores ya habían sugerido que las vacunas pueden tener un factor protector contra el deterioro cognitivo, pero no se habían llegado a realizar estudios más específicos e integrales centrados en la vacuna contra la gripe y su relación con el riesgo de enfermedad de Alzheimer. Ahora un grupo de investigación de la Escuela de Medicina McGovern en el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas en Houston, han investigado un gran conjunto de datos de registros de salud en la población estadounidenses en el que encontraron que tener una vacuna contra la gripe se asoció con una menor prevalencia de Alzheimer, además aquellos que se vacunaban periódicamente este prevalencia disminuía más aún. Esto se tradujo en una reducción de casi un 6% en el riesgo de enfermedad de Alzheimer para pacientes entre las edades de 75-84 en datos analizados durante 16 años.

Los investigadores encontraron que la relación protectora entre la vacuna contra la gripe y el riesgo de Alzheimer era más fuerte para aquellos que recibieron su primera vacuna a una edad más temprana, por ejemplo, las personas que recibieron su primera vacuna documentada contra la gripe a los 60 años se beneficiaron más que las que recibieron su primera vacuna contra la gripe a los 70 años.

Los investigadores de este estudio sugieren que el uso regular de una intervención de salud pública muy accesible y relativamente barata, como es la vacuna contra la gripe, puede reducir significativamente el riesgo de demencia de Alzheimer. Sin embargo estas afirmaciones hay que tomarlas con cautela y se necesitan más investigaciones para explorar el mecanismo biológico subyacente por el que se produce este efecto, lo cual es importante a medida que se exploran terapias preventivas efectivas contra las enfermedades neurodegenerativas.

Fuente: Albert Amran, et al. Influenza Vaccination is associated with a reduced incidence of Alzheimer’s Disease (Funder(s): U.S. National Institutes of Health, Christopher Sarofim Family Professorship, the CPRIT RR180012, UT Stars award)

2. La vacuna contra la neumonía también parece haber mostrado una disminución del riesgo de padecer algunos tipos de demencias

Otro de los estudios de un grupo de investigación en la Unidad de Investigación de Biodemografía del Envejecimiento (BARU) en el Instituto de Investigación de Ciencias Sociales de la Universidad de Duk, destaca que la la vacunación contra la neumonía (antineumocócica) entre las edades de 65 y 75 parece reducir el riesgo de Alzheimer hasta en un 40% dependiendo de los genes individuales que predisponen a la enfermedad. El estudio analiza las asociaciones entre la vacuna contra la neumonía, con y sin una vacuna asociada contra la gripe estacional, y el riesgo de la enfermedad de Alzheimer entre una muestra de 5.146 participantes mayores de 65 años de un Estudio de Salud Cardiovascular. El equipo de investigadores también tuvo en cuenta un factor de riesgo genético conocido para la enfermedad de Alzheimer, como es el alelo G rs2075650 en el gen TOMM40.

Los investigadores encontraron que la vacunación neumocócica entre las edades de 65-75 redujo el riesgo de desarrollar Alzheimer en un 25-30% después de ajustar por sexo, raza, cohorte de nacimiento, educación, tabaquismo y número de alelos G. La mayor reducción en el riesgo de Alzheimer (hasta 40%) se observó entre las personas vacunadas contra la neumonía que no eran portadoras del gen de riesgo. El número total de vacunas contra la neumonía y la gripe entre las edades de 65 y 75 también se asoció con un menor riesgo de Alzheimer. A partir de estos estudios, los investigadores sugieren que la vacuna antineumocócica puede ser un candidato prometedor para la prevención personalizada de la enfermedad de Alzheimer, particularmente en los no portadores de ciertos genes de riesgo.

Ahora que tan en boga se encuentran el desarrollo de vacunas como una respuesta mundial contra la pandemia de la COVID-19, la reutilización de las vacunas ya existentes podría ser un novedoso enfoque prometedor para la prevención de otras enfermedades que provocan alteraciones neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer.

Fuente: Svetlana Ukraintseva, PhD, et al. Repurposing of existing vaccines for personalized prevention of Alzheimer’s disease: Vaccination against pneumonia may reduce AD risk depending on genotype (Funded by U.S. National Institute on Aging)

Referencias: Asociación de Alzheimer.

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