La Universidad del Futuro


1. La Universidad produce y vende conocimiento. No vende libros especializados, ni de divulgación científica, ni investigación, ni profesores modernos, ni catedráticos de élite, ni patentes, ni títulos, ni instalaciones, ni informática, ni idiomas, ni estancias en el extranjero, ni convenios, ni startups.
La universidad es un institución que conserva el conocimiento y lo trasmite. En lenguaje de mercado se puede decir que vende conocimiento, no productos relacionados con la información (hay que saber que el conocimiento no es su soporte) .
El conocimiento, a diferencia de la información, está alojado en personas y se transmite de persona a persona por medio del diálogo.
Por eso, la Universidad del futuro cuida a sus profesores: les ofrece prestaciones, les garantiza un futuro, les cuida, les distingue, les eleva, les proporciona lo que necesiten para investigar, trabajar, vivir, etc. 
2. La Universidad tiene por cliente a la sociedad, no a los alumnos ni a sus padres. A veces se cree que la Universidad es una empresa y se analiza mal el producto y el público objetivo. Se cree que el producto es el título y el cliente el alumno y esto es una simplificación lamentable que termina con cualquier universidad. Si el cliente es el que paga y el título lo que se compra… estamos ante la mayor reducción de la realidad universitaria con la que hemos podido topar, la madre de todos los males de la Universidad.
Realmente el cliente, el beneficiario, el “consumidor” de la transmisión del conocimiento no es el alumno, es la sociedad en la que vive. Si el cliente fuese el alumno estaríamos perdidos, tendríamos que darles lo que piden: un aprobado, un profesor más fácil, una Universidad con ideas más liberales, etc.
Si entendemos que el alumno es el cliente, ante un conflicto prevalecería la voz del alumno antes que la del profesor, que no sería más que un caro aparato reproductor de contenido técnico, un facilitador del proceso de enseñanza. Si el alumno no quisiese aprender algo, el profesor no debería intentarlo; si el alumno no entendiese, por ejemplo, la razón de las asignaturas humanísticas, habría que ir poco a poco retirándolas. Entonces las clases deberían ser amenas y divertidas, como el club de la comedia, con Power Point y películas, con juegos y sobre todo, habría que hacer una encuesta de satisfacción acompañada de un libro de reclamaciones (anónimo, por supuesto), donde el alumno pudiese decidir si hay que cambiar al profesor porque no es lo suficientemente entretenido, alegre o divertido.
Por eso la Universidad del futuro exige a los alumnos mucho más de lo que están dispuestos a dar, saca lo mejor de ellos, se queda con los mejores y a los otros les hace sudar tinta.  
3. La Universidad es una comunidad de alumnos y profesores en una tarea común. No es una empresa que vende un producto, no es una sociedad anónima. Es una comunidad de estudiosos. Esta comunidad se ve por dos cosas: porque los “directivos”, decanos, rectores, directores, secretarios, gerentes y demás son siempre universitarios del más alto rango. Nada hay en la Universidad superior al doctor, un licenciado, aunque sea el dueño de la Universidad, está por debajo de un doctor, y un doctor de un catedrático.Esta jerarquía no es la jerarquía militar. Es una ordenación que parte de la unidad de las ciencias y de la manera de lograrla, a través del diálogo y la interdisciplinareidad. Por eso en la Universidad hay distintos saberes comunicados.

Por eso en la Universidad del futuro el trato entre profesores, alumnos y pseudodirectivos académicos es siempre excelente. No es la Universidad una empresa donde hay asuntos de poder y estratégicos priman, a veces, sobre la producción. Aquí nada hay por encima de la producción, es decir, sobre el profesorado, y el orden jerárquico es entre iguales. 

4. La Universidad tiene sus plazos: el mundo empresarial tiene sus plazos basados en un beneficio anual. Las previsiones se hacen a cinco años, después de la crisis casi nada se proyecta a más de cinco años. Sin embargo la Universidad tiene otros tiempos: el corto a veinte años vista, el medio puede ser el medio siglo y el largo plazo a quinientos. Por eso casi todo lo que se hace en la Universidad es continuado por las generaciones siguientes, excepto las tonterías, los congresos caprichosos, los homenajes y los actos de aniversarios. Tampoco se programan a veinte años las modas pasajeras del mundo de las empresas. La Universidad -decíamos arriba- tiene por cliente a la sociedad, le da el servicio que le presta, la hace mejor y esta tarea tarda en dar sus frutos unos diez años.Los plazos de la universidad hacen que sea antiuniversitario el cambiar constantemente, querer ponerlo todo patas arriba, querer que en cuatro años todo se dé la vuelta.


Por eso la Universidad del futuro no cambia cada dos años de planes de estudio, carreras y profesores. Es por el contrario una estructura estable donde desarrollar carreras.
5. La Universidad se dedica a cosas serias. Investiga y enseña cosas que aporten algo a la sociedad a la que se debe. Es contradictorio con la Universidad ofrecer grados que no tienen recorrido, que se organizan sobre una moda pasajera y tienen momentáneamente “demanda”.Es poco universitario también ofrecer grados “manuales”, es decir, que en la universidad se enseñe a hacer  cosas que se hacen con las manos.

Por eso la Universidad del futuro está enfocada a lo especulativo y lo práctico solo se enseña después de lo especulativo.
6. La Universidad es cosa de élites. La Universidad no puede admitir a pobres de espíritu, por mucho dinero que tengan. Ni puede ni debe, es complicado dónde poner el límite, pero en todo caso no debe haber ningún alumno en las aulas universitarias que tenga una voluntad clara por lo especulativo.Claro, que si el cliente es el alumno y la universidad es una empresa, pública o privada, lo óptimo es llegar a un gran público (vender muchas matrículas) y mantenerlo a toda costa (fidelización), haciendo campañas de marketing enfocadas a un publico general en espera de que siga habiendo matrículas que den los esperados beneficios.

La Universidad del futuro tiene un potente filtro de entrada que le permita dar un buen producto al cliente verdadero: la sociedad. Este filtro solo puede estar basado en tener unas capacidades cognitivas adecuadas y dos actitudes: la actitud positiva ante el conocimiento y la actitud positiva ante lo trascendente.

7. La Universidad es espacio de transparencia. Ahora de moda, pero siempre ha sido una virtud de la Universidad. Como comunidad en búsqueda de la verdad siempre y en todo momento se permite en este ambiente hablar sin tapujos, sin miedo a la reacción popular que tiende al escándalo y a la persecución de ideas.En la Universidad, en teoría, no hay nada prohibido. A un profesor no se le puede exigir que comulgue con las ideas del ambiente a pesar de que éstas sean irracionales o vulgares. Por otro lado, en la Universidad no debe haber rumores, ni anónimos, ni secretos. Se trata de una comunidad, y como tal la sinceridad y la verdad deben estar al día. In veritate libertas. Y en la ocultación de información, el anónimo, el rumor, la esclavitud. Porque en un ambiente donde las cartas no están sobre la mesa cualquiera puede guardarse una en la manga.

En la Universidad del futuro se dicen las cosas directamente. Es falta de profesionalidad, por ejemplo, no hablarles a los alumnos de la verdad, de la salvación, de la virtud por miedo a herir sensibilidades.  

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8 Ideas sobre las dirección de centros escolares


1. Un director no puede estar en su despacho. Dirigir significa cuidar, cuidar de todos, y -por lo tanto- hablar con todos y saber qué pasa en su Centro.

2. A un director no le pueden dar igual los problemas de las familias, de los profesores o de los trabajadores del Centro. Debe conocerlos y saber adaptar las normas generales a las circunstancias particulares. Un director no puede ser un mero ejecutor de normas superiores.

3. Pero así como las circunstancias materiales deben ser tenidas en cuenta y trabajar adaptándolas y negociando; las ideas, los idearios del PEC, no son negociables y debe dirigir de acuerdo al ideario del centro. La libertad está en que haya muchos centros educativos con distintos idearios, no en que cada Centro tenga que perder su identidad para dar gusto a todos. No es obligatorio que todos los padres estén de acuerdo, pero se deben buscar a familias que comulguen con el ideario.

4. El director no puede estar pendiente de las renovaciones pedagógicas de moda. La educación es una cosa muy seria que no se improvisa en un curso académico ni se realiza en los despachos. La educación es una tarea de comunicación personal, por ello…

5. La verdadera renovación pedagógica consiste en mejorar el clima de trabajo, la ilusión por la enseñanza y la formación del profesorado en la materias que imparten.

6. En todo caso la verdadera educación occidental tiene alma cristiana. Las propuestas de renovación pedagógica del estructuralismo, nuevas versiones de la Escuela Moderna y la Institución Libre de Enseñanza, de corte masónico, solo han traído (pese a su inmerecida fama) una pérdida de la calidad y un detrimento de las virtudes intelectuales y morales.

7. El principal trabajo del director de un centro educativo es generar un clima positivo, propositivo y de libertad donde cada profesor se implique hasta el límite de sus posibilidades en la educación de los alumnos.

8. El director de un centro educativo debe saber que la identidad debe plasmarse en obras y no en palabras. Estas obras deben enfocarse hacia los niños, no permitiendo ninguna discriminación y conociendo sus problemas; hacia las familias, generando un clima de ayuda mutua y hacia los profesores, dándoles las herramientas y el apoyo necesario para la realización de su trabajo.

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La crisis de la Universidad


La universidad actual sufre una crisis de la que -aunque es grave- no hay que preocuparse demasiado: padece una enfermedad crónica causada por un parásito conocido, que surge de la pobredumbre social,  que la  debilita y desorganiza. Cuando la universidad entra en crisis todos los doctores piensan que todo es inútil, que no hay nada que hacer, pero -repito- no es tan grave.


El parásito en cuestión produce mediocridad, desorientación general y especialización; es decir, debilidad, miopía y -a veces- ceguera. Pero junto con la enfermedad aparecen mecanismos de defensa, que son los buenos doctores encargados de planear la universidad futura: la universidad presente, dicen – y con razón- está caduca, ya ha llegado a su fin, a un fin de ciclo, porque en sus cátedras se han colado técnicos utilitaristas que sólo buscan enseñar una profesión  a cambio de dinero. Estos técnicos se descubren por su amor a lo práctico, a la informática, a los idiomas, a los barnices de formación continua (CTV), etc. Y como no tienen más horizonte que lo inmediato, quieren que “ante todo” la universidad sea un negocio rentable. Un negocio que consiste en colocar a los niños en profesiones que les den mucho dinero; todo lo demás es adorno.


Quizá este episodio haya sido más grave que lo habitual, pero crisis como esta ha habido en cada siglo y en cada país, aunque estoy especialmente familiarizado las crisis españolas y con los libros que escribieron los doctores de la crisis universitaria del XIX y del XX. Cada uno a su modo coinciden en que es imposible pensar la universidad sin un compromiso ineludible con la verdad completa, sin ésta, la universidad, no sirve para ensanchar la mente y percibir mejor y de manera más amplia la realidad. 


En general los que quieren una universidad con salud tienen plantean recetas para curar en cuatro líneas: 

A. Defensa de las artes liberales, las humanidades de ahora y los saberes no inmediatamente prácticos; 

B. Autonomía e independencia de poderes políticos y religiosos; 

C. Respeto a los profesores y exigencia a los alumnos (y no al revés); 

D. Máximo trabajo por una investigación que sirva para algo.


A. La universidad en su estado normal, de salud, es un centro de humanidades en el que se enseña alguna cuestión técnica, pero con reservas y siempre para ilustrar la teoría


La enfermedad, muy extendida hoy por casi todo el cuerpo universitario, hemos dicho, produce miopía y en algunos casos ceguera, por lo que es normal que muchos se escandalicen al leer esto y digan muy serios: “yo no estoy de acuerdo, la universidad tiene que formar profesionales competentes, bla, bla, bla”


Pues no. la universidad debe formar personas dirigentes. Persona como saben es el sustantivo del adjetivo “profesional”. La persona puede ser profesional, es decir, puede ejercer una profesión, o puede no hacerlo. Y puede aprender una profesión por la práctica y observación, yendo a una academia, en la Formación Profesional estatal o por correspondencia. Quiero decir que en todo caso la misión fundamental de la Universidad no es formar profesionales, sino personas. 


Pero, se dirá, también la familia, o el colegio, o la sociedad en general forman personas, sí. De acuerdo, pero la universidad forma a las personas que serán las que dirijan la sociedad del futuro. Por ello la universidad no puede ser la masificada del XX, la estatal, sino que debe refundarse en una escuela de liderazgo real.

 

Si la universidad es un espacio donde se enseña a realizar un oficio, si la universidad está a las expensas del mercado profesional, generando títulos cada año más especializados, la universidad pierde su esencia y se desvirtúa, pierde su razón de ser y se convierte en una empresa que hace su dinero a costa de que unos clientes paguen unas cuotas determinadas a cambio de un título que les da un trabajo.


Sé que en la descripción anterior muchos no verán nada malo. No lo hay, a menos que se quiera forzar la realidad y convertir la universidad en eso: en una academia de oficios. La universidad es el lugar donde maestros y discípulos buscan la verdad en común. Se quiera o no se quiera, se logre o no se logre, sea posible o imposible. Es eso y nadie lo puede cambiar: ni el mercado, ni el estado; se puede mejorar o empeorar, de acuerdo a si uno se acerca o no al ideal por el que unos hombres deciden ser universidad (es algo así como el amor: donación plena, incondicional. Puede ser más o menos auténtico; pero lo que no podemos decir es que “ahora” el amor consiste en otra cosa).


Claro que puede uno engañarse y decir: “esto es la universidad del siglo XXI” (“esto es el amor del siglo XXI, ahí te quedas!”), pero se equivoca porque “esto”, la universidad no es un sitio donde se entretienen quince millones de personas actualmente. La universidad es una institución que deviene, es la misma desde el siglo XII.


Lo dijo hace dos años, durante la Jornada Mundial de la Juventud, Benedicto XVI: “La Universidad encarna, pues, un ideal que no debe desvirtuarse ni por ideologías cerradas al diálogo racional, ni por servilismos a una lógica utilitarista de simple mercado, que ve al hombre como mero consumidor”.


Así que si quieren detectar al intruso, al virus que causa el daño en la universidad, busquen quién ataca a las humanidades, quién habla a diario de nuevas técnicas y de mercado… 


B. Autonomía Universitaria


C. Respeto al Profesor 


D. Investigación (próximamente)

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Autonomía Universitaria


Después de haber escrito sobre la Autonomía como deficiencia he de defender la autonomía universitaria, que no es ni mucho menos una deficiencia, más bien su salud.


La autonomía es una deficiencia en seres de encuentro, en seres nacidos para la reunión comunitaria, como somos los humanos. Sin embargo, en instituciones que sirven a la comunidad es deseable porque es la única manera de desarrollar correctamente su tarea. 


La única autonomía aceptable es la que sirve a la cohesión. Es buena la autonomía cuando se trata de trabajar por el bien común para evitar injerencias interesadas en la toma de decisiones. 


Por ejemplo, es necesario que los jueces estén tan blindados del poder que como a un juez se le oiga pronunciar una sola palabra en favor de un partido político, sindicato, grupo empresarial, termine fulminantemente su carrera. Y por supuesto la forma de elección, la composición de sus órganos, los reglamentos internos. deberían estar plenamente preservada de injerencias políticas, empresariales, etc. A los jueces, por ejemplo, les prohibiría votar o hablar de política en público o en privado y recibir un solo euro de alguna instancia distinta al Estado, cazar o tener amigos metidos en política. No pasa nada, esa supresión selectiva de las libertades es voluntaria, porque a nadie se le obliga a ser juez. El que tenga amigos en la política que se dedique a otra cosa.


La autonomía de los jueces es deseable porque gracias a ella podemos estar tranquilos todos, porque es una pieza más de un puzle completo que permite una mayor unidad de los ciudadanos con sus instituciones.


La autonomía también es deseable para la Iglesia frente al Estado. La Iglesia debe autofinanciarse para que su discurso nunca esté condicionado por el Estado. El Estado no debe entrar para nada en la jurisdicción interna de la Iglesia, en sus asociaciones, en sus colegios, monasterios etc., porque si hay compadreo entre Iglesia y Estado uno de los dos cae en manos del otro. 


Para mi gusto retiraría los crucifijos de los juramentos de cargos públicos. No pintan nada porque presuponen algo que es falso: la unidad entre la Iglesia y el Estado, que en otro tiempo se dio, pero ya no, y son un símbolo mancillado en ese espacio, testigo del perjurio constante. Pero la religión debe ocupar todos los espacios de la vida pública, no los del Estado, sino los de la comunidad. En esta línea los crucifijos en las aulas de la Universidad sobran, basta el rey y el cartel de prohibido fumar, pero no suprimiría las capillas de las universidades porque gestionadas por la Iglesia dan un servicio de capellanía imprescindible para que toda la universidad funcione.


Y -por último- una línea a la autonomía universitaria, que da título y es motivo de esta entrada: la universidad tiene su fin propio y ayuda a las familias, a las empresas, a las sociedades con su modo peculiar de transmitir el conocimiento y generar nuevas formas de conocimiento. La universidad sabe regirse, sabe dónde tiene que ir y por qué y para qué está, por lo tanto todo lo que puede hacer una autoridad no universitaria en la universidad es frenar el desarrollo normal de la misma, impedir su crecimiento y buscar su ruina recibiendo mandatos distintos a los que dan su naturaleza, creando atajos en las carreras profesionales, generando nuevas titulaciones adaptadas al mercado, creando grados de oficios técnicos, mercantilizando el sistema, degenerando la autoridad del profesor, vendiendo como importante lo meramente instrumental (convenios con empresas o universidades, bilingüísmo, etc.), dejándose fiscalizar por las Agencias Estatales de control, etc., etc.


La autonomía universitaria exige que cualquier universidad, pública o privada, tenga pleno poder decisorio sobre qué, cómo, cuándo y por qué se estudia Y sobre todo tiene claro que ella y solo ella selecciona a sus profesores y alumnos. Lo otro está muy extendido, pero es corrupción.


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La Universidad del futuro


1. La Universidad produce y vende conocimiento.

No vende libros especializados, ni de divulgación científica, ni investigación, ni profesores modernos, ni catedráticos de élite, ni patentes, ni títulos, ni instalaciones, ni informática, ni idiomas, ni estancias en el extranjero, ni convenios, ni startups.

La universidad es un institución que conserva el conocimiento y lo trasmite. En lenguaje de mercado se puede decir que vende conocimiento, no productos relacionados con la información (hay que saber que el conocimiento no es su soporte) .

El conocimiento, a diferencia de la información, está alojado en personas y se transmite de persona a persona por medio del diálogo.

Por eso, la Universidad que yo quiero cuida a sus profesores: les ofrece prestaciones, les garantiza un futuro, les cuida, les distingue, les eleva, les proporciona lo que necesiten para investigar, trabajar, vivir, etc.

2. La Universidad tiene por cliente a la sociedad, no a los alumnos ni a sus padres.

A veces se cree que la Universidad es una empresa y se analiza mal el producto y el público objetivo. Se cree que el producto es el título y el cliente el alumno y esto es una simplificación lamentable que termina con cualquier universidad. Si el cliente es el que paga y el título lo que se compra… estamos ante la mayor reducción de la realidad universitaria con la que hemos podido topar, la madre de todos los males de la Universidad.

Realmente el cliente, el beneficiario, el “consumidor” de la transmisión del conocimiento no es el alumno, es la sociedad en la que vive. Si el cliente fuese el alumno estaríamos perdidos, tendríamos que darles lo que piden: un aprobado, un profesor más fácil, una Universidad con ideas más liberales, etc.

Si entendemos que el alumno es el cliente, ante un conflicto prevalecería la voz del alumno antes que la del profesor, que no sería más que un caro aparato reproductor de contenido técnico, un facilitador del proceso de enseñanza. Si el alumno no quisiese aprender algo, el profesor no debería intentarlo; si el alumno no entendiese, por ejemplo, la razón de las asignaturas humanísticas, habría que ir poco a poco retirándolas. Entonces las clases deberían ser amenas y divertidas, como el club de la comedia, con Power Point y películas, con juegos y sobre todo, habría que hacer una encuesta de satisfacción acompañada de un libro de reclamaciones (anónimo, por supuesto), donde el alumno pudiese decidir si hay que cambiar al profesor porque no es lo suficientemente entretenido, alegre o divertido.

Por eso la Universidad que yo quiero exige a los alumnos mucho más de lo que están dispuestos a dar, saca lo mejor de ellos, se queda con los mejores y a los otros les hace sudar tinta.

3. La Universidad es una comunidad de alumnos y profesores en una tarea común.

No es una empresa que vende un producto, no es una sociedad anónima. Es una comunidad de estudiosos. Esta comunidad se ve por dos cosas: porque los “directivos”, decanos, rectores, directores, secretarios, gerentes y demás son siempre universitarios del más alto rango. Nada hay en la Universidad superior al doctor, un licenciado, aunque sea el dueño de la Universidad, está por debajo de un doctor, y un doctor de un catedrático.

Esta jerarquía no es la jerarquía militar. Es una ordenación que parte de la unidad de las ciencias y de la manera de lograrla, a través del diálogo y la interdisciplinareidad. Por eso en la Universidad hay distintos saberes comunicados.

Por eso en la Universidad que yo quiero el trato entre profesores, alumnos y pseudodirectivos académicos es siempre excelente. No es la Universidad una empresa donde hay asuntos de poder y estratégicos priman, a veces, sobre la producción. Aquí nada hay por encima de la producción, es decir, sobre el profesorado, y el orden jerárquico es entre iguales.
4. La Universidad trabaja a largo plazo

El mundo empresarial tiene sus plazos basados en un beneficio anual. Las previsiones se hacen a cinco años, después de la crisis casi nada se proyecta a más de cinco años. Sin embargo la Universidad tiene otros tiempos: el corto a veinte años vista, el medio puede ser el medio siglo y el largo plazo a quinientos. Por eso casi todo lo que se hace en la Universidad es continuado por las generaciones siguientes, excepto las tonterías, los congresos caprichosos, los homenajes y los actos de aniversarios. Tampoco se programan a veinte años las modas pasajeras del mundo de las empresas. La Universidad -decíamos arriba- tiene por cliente a la sociedad, le da el servicio que le presta, la hace mejor y esta tarea tarda en dar sus frutos unos diez años.

Los plazos de la universidad hacen que sea antiuniversitario el cambiar constantemente, querer ponerlo todo patas arriba, querer que en cuatro años todo se dé la vuelta.

Por eso la Universidad que yo quiero no cambia cada dos años de planes de estudio, carreras y profesores. Es por el contrario una estructura estable donde desarrollar carreras.

5. La Universidad se dedica a cosas serias.

Investiga y enseña cosas que aporten algo a la sociedad a la que se debe. Es contradictorio con la Universidad ofrecer grados que no tienen recorrido, que se organizan sobre una moda pasajera y tienen momentáneamente “demanda”.

Es poco universitario también ofrecer grados “manuales”, es decir, que en la universidad se enseñe a hacer cosas que se hacen con las manos.

Por eso la Universidad que yo quiero está enfocada a lo especulativo y lo práctico solo se enseña después de lo especulativo.

6. La Universidad es cosa de élites.

La Universidad no puede admitir a pobres de espíritu, por mucho dinero que tengan. Ni puede ni debe, es complicado dónde poner el límite, pero en todo caso no debe haber ningún alumno en las aulas universitarias que tenga una voluntad clara por lo especulativo.

Claro, que si el cliente es el alumno y la universidad es una empresa, pública o privada, lo óptimo es llegar a un gran público (vender muchas matrículas) y mantenerlo a toda costa (fidelización), haciendo campañas de marketing enfocadas a un publico general en espera de que siga habiendo matrículas que den los esperados beneficios.

La Universidad que yo quiero tiene un potente filtro de entrada que le permita dar un buen producto al cliente verdadero: la sociedad. Este filtro solo puede estar basado en tener unas capacidades cognitivas adecuadas y dos actitudes: la actitud positiva ante el conocimiento y la actitud positiva ante lo trascendente.

7. La Universidad es espacio de transparencia.

Ahora de moda, pero siempre ha sido una virtud de la Universidad. Como comunidad en búsqueda de la verdad siempre y en todo momento se permite en este ambiente hablar sin tapujos, sin miedo a la reacción popular que tiende al escándalo y a la persecución de ideas.

En la Universidad, en teoría, no hay nada prohibido. A un profesor no se le puede exigir que comulgue con las ideas del ambiente a pesar de que éstas sean irracionales o vulgares. Por otro lado, en la Universidad no debe haber rumores, ni anónimos, ni secretos. Se trata de una comunidad, y como tal la sinceridad y la verdad deben estar al día. In veritate libertas. Y en la ocultación de información, el anónimo, el rumor, la esclavitud. Porque en un ambiente donde las cartas no están sobre la mesa cualquiera puede guardarse una en la manga.

En la Universidad que yo quiero se dicen las cosas directamente. Es falta de profesionalidad, por ejemplo, no hablarles a los alumnos de la verdad, de la salvación, de la virtud por miedo a herir sensibilidades.

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Universidad sin Profesores


Me dicen que quieres hacer una Universidad sin profesores, que con buenas estrategias de marketing y de recursos humanos lograrás hacer una Universidad más rentable y sólida. Hace años que empezaste: has ido quitando los espacios reservados para los profesores: los lavabos, los comedores, las salas de profesores. Has ido quitándole el tiempo con papeleos inútiles, acreditaciones, e investigaciones vacías, sin espíritu; le has llenado las horas de clases para hacerlo más rentable, y los grupos con cien alumnos, donde es casi imposible dar clase. Le has mermado poco a poco su autoridad, quitándole las tarimas, haciéndole pasar por el juicio inexperto del alumno, del bueno y del malo, y ligando su remuneración y promoción al veredicto de satisfacción éstos, has permitido que el comentario anónimo fuese determinante para tomar tus decisiones sobre el futuro laboral, le has hecho fichar a la entrada de las clases, dando a entender que es un vago y has ido quitándole hasta la libertad de cátedra dentro y fuera del aula. Has puesto en duda su palabra, su presunción de inocencia te la has saltado, su capacidad de juicio y en definitiva su dignidad.

 

Ha sido un éxito. El profesor universitario ya escasea tanto que se te ha ocurrido hacer una Universidad sin profesores, con técnicos, asalariados, magníficos ejecutores de programas prediseñados en los despachos, sin capacidad para cambiar una coma del temario, o de los criterios de evaluación, o de los trabajos de clase, o de la metodología que emplean. Profesores audiovisuales, perfectamente instruidos en el uso de las TIC y perfectamente desconocedores de todo lo que hay excepto de su materia. Profesores que no conocen al alumno más que a través del portal, correctores de trabajos plagiados, hechos y corregidos en serie. Investigadores que nunca han tenido una idea qy que su investigación consiste en un “collage” de ideas y conceptos. Profesores universitarios aburridos sudando en sus ratos libres en los gimnasios o en las discotecas. Olvidados de todo lo que sea estudio y trascendencia, enchufados a La Tele como vulgares trabajadores; eso sí, tuiteros y con blog, con un blog como este. 

 

Pero esto no es, de verdad, así no se puede. Es como intentar hacer un río sin agua, como mucho puedes lograr una zanja, una trinchera, pero no un río. Pues lo mismo, tendrás otra cosa, pero no una Universidad, quizá un negocio boyante durante un tiempo, pero no una Universidad. Para ganar tu dinero harás perder años de tradición. Y lo tendrás, el mercado universitario en España está perfectamente blindado con grandes barreras de entrada y un intervencionismo estatal que genera un modelo único de Universidad donde públicas y privadas compiten por lo mismo.

 

Pero hay una razón, te digo que no se puede y no se puede. La razón es simple: la Universidad se dedica principalmente a la transmisión del conocimiento; y profesores y alumnos están a uno y otro extremo de esta cadena. 

 

Una Universidad la forman profesores y alumnos que hacen dos cosas: traer la verdad a las nuevas generaciones; de ahí que la Universidad sea, sobre todo, tradición, puesto que la tradición, de tradere, traer, es el mecanismo por el que se traen las instalaciones del pasado al presente. Y, en segundo lugar, la Universidad sirve para hacer mejor la verdad, para convertirla en verdad vivida, experimentada y por lo tanto renovada y adaptada a los tiempos. 

 

La Universidad no inventa verdades ni ideas, ni crea realidades nuevas; es más, una de sus misiones históricas es precisamente echar abajo las realidades de ficción del pueblo y de sus manipuladoresLa Universidad recrea, rescata, retoma, remoza realidades del pasado y las ofrece a la generación presente. Y esta tarea de renovar la verdad es lo que se llama investigación. Investigar (del latínin + vestigo, que viene a ser in, dentro y vestigo, seguir una pista) significa seguir las huellas, meterse en el rastro de las ideas es encontrar esas cosas que aplicadas hoy clarifican y solucionan los problemas del mundo.

 

La Universidad tiene, entre otras, la función de iluminar el presente desde el pasado, es por lo tanto la tradición que pueden enseñar los profesores y la renovación que se da en comunicación con los alumnos. Pueden fallar los alumnos, como de verdad ocurre tras la revolución de 1968, el alumno universitario dejó de ser élite para ser masa mediocre, entendiendo el acceso a la Universidad como un derecho y una obligación de todo ser humano, con lo que, como es lógico, se generó una falta de interés por el conocimiento especulativo y un interés creciente por lo práctico, lo técnico y lo rentable. Digo que es lógico porque el ser humano en su mayoría está diseñado para lo práctico, para hacer y solo unos pocos (quizá defectuosos) nos dedicamos a lo especulativo, al pensamiento racional. Aún así, a pesar de la ocupación que ha sufrido la Universidad desde la segunda mitad del XX, en todas las universidades del mundo civilizado existen en las primeras filas de cada aula dos, tres, cinco, diez alumnos-élite, brillantes, aguantando pacientemente, esperando que entre tanta imposición exterior se encienda la luz del conocimiento.

 

También, como es lógico, en las macrouniversidades del mundo se genera un pseudoprofesor, que sin tener nada que enseñar se dedica a simular que investiga y a hacer que enseña a un alumno que ha aprendido a hacer exámenes y a simular el tedio. En realidad solo se cubre un expediente, en un acuerdo tácito que consiste en no ser demasiado duro para no generar demasiadas críticas y el otro no ser demasiado vago para no generar demasiados suspensos. Buenas encuestas, publicaciones de naderías y plagios (en sentido unamuniano, plagios de ideas) y una tendencia progresista a engordar un par de quilos por sexenio de investigación. 

 

Mientras queden esos profesores y esos alumnos habrá Universidad… pero si ahora quieres acabar con ellos…. ¡te quedarás sin Universidad!. Porque el río no es el cauce. El río lo hace el agua, el río es el agua. 

 

 

[Ya sé que piensas que la Universidad es otra cosa, pero no. Así como un río no es un surco, la Universidad es lo que es y no la caricatura que tenemos. Ya sé que piensas que la Universidad se enseña -sobre todo- una profesión; pero no, la Universidad no es ni una academia de piso ni una escuela de oficios o formación profesional, cuyo principal cometido es que los alumnos sepan hacer cosas y da títulos para compensar los pagos, si fuese esto estaría de acuerdo contigo en que es más importante la calidad (entendida como marketing, producto) que los profesores.] 

 

[Publicado el 15/10/2014 en el Blog de Javier Borrego]

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Platón: La república


Retomamos tras mucho tiempo este espacio para la divulgación de la ciencia con el curso de Historia de la filosofía que imparte el

profesor Javier Borrego en el marco del Programa Superior de Humanidades de Universidad 2015.

Actualmente se está trabajando a Platón a través de los textos principales, así como la semana pasada nos deteníamos en la muerte de Sócrates, con una clase con la apología y la actitud serena ante la muerte, esta vez nos dedicaremos a estudiar el complejo sistema metafísico que llevó a Platón a considerar que el ser real está más allá de los sentidos y de lo palpable.

El texto escogido es del libro VI de su diálogo más importante, o que más ha influenciado en Occidente: La República, o de lo justo, en el que utiliza por primera vez la analogía entre luz e inteligencia, para después hablarnos de toda una teoría del conocimiento partiendo del mito de la caverna. Por último entraremos en la analogía de la línea para explicar los límites del conocimiento.

En otra ocasión, quizá el martes siguiente, podremos comparar esta línea con la línea en la que Heidegger y Nietzsche dialogaban en Über die Linie.

 El texto puede leerse en el blog del profesor

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Murió un Astrónomo y divulgador


Por circunstancias me enteré tarde, pero el pasado 28 de junio murió, con los pies en Tierra Santa y la vista en el cielo, el eminente profesor de Astronomía y divulgador científico DON FERNADO MARTÍN ASÍN.

Les subo la entrevista que pude hacerle en el Programa “Diálogos con la Ciencia”, de Radio María el 15 de mauo de 2007, con Beatriz Martínez Falero de locutora y Cristina Bellido, Responsable entonces de la Productora de Radio Universidad CEU San Pablo y, eventualmente, al control de los aparatosn técnicos.

No dejen de visitar su web, es una de las mejores, más antiguas y didácticas webs de astronomía: Alucine

Una frase sacada de esta entrevista: “Yo siempre pienso que Dios me tendrá reservado un sitio para ver el final de la vida en la tierra”
DEP

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Carta desde Bolonia para Universidad .es


Hay que distinguir lo que se ha llamado “El plan Bolonia”, Bolonia, para los amigos, y las estrategias de los Gobiernos y de las Universidades europeas para “modernizar” la Universidad. El plan Bolonia sólo venía a instaurar por un acuerdo lo que parece evidente: que en un mercado único con una política única los títulos deben ser reconocidos por todos y la movilidad de alumnos y profesores debe ser posible.
Para ello se acordó que lo que ya teníamos, (titulaciones superiores y de postgrado) se reconociesen entre todos mediante un sistema de créditos común a todos, como si a la hora de docencia o de trabajo de los alumnos se le asignase un valor único como el euro, de tal manera que pudiésemos intercambiarlos mejor. Nada más.
Pero con Bolonia vinieron otras muchas cosas que cambian profundamente la Universidad en su esencia, por eso digo que la Universidad nace en Bolonia en el 1088 y muere en Bolonia en 1999. Para ser estrictos no nace en Bolonia exactamente ni muere en Bolonia del todo, sino que en uno y otro caso se transforma algo que existía.
Antes del 1088 había ya escuelas con caracteres universitarios, pero no lo eran del todo, les faltaba algo: el paso de estudios meramente técnicos al desarrollo de estudios referentes a humanidades, la conservación del saber clásico, la visión del mundo de forma universal y total.
Esta visión universal surge de la búsqueda de la verdad, del encuentro experiencial con la verdad que es lo que hace la universidad auténtica y verdadera. Aunque esa verdad que se encuentre, se experimente y se deguste en común entre profesores y alumnos no sea precisamente la verdad más cómoda, la más actual, la más nueva. Aunque esa verdad no sea justamente la verdad que se puede convertir en I+D.
Lo que verdaderamente ocurre con Bolonia es que la Universidad se ve como una manera de fomentar la investigación para el desarrollo, y esto no es Universidad. El único desarrollo que debe fomentar la Universidad es el desarrollo de la verdad y el desarrollo humano de alumnos y profesores en esa búsqueda.
La Universidad no está diseñada para el desarrollo de la industria ni para el incremento del PIB, la Universidad conserva, ordena y degusta el conocimiento y a veces, sólo a veces, el conocimiento genera beneficios.
La Universidad tiene vida propia, pero no puede estar aislada y separada del mundo empresarial, lo que tiene que ocurrir es que el mundo empresarial debe impregnarse de espíritu universitario, para que cada empresa fomente la verdad y propicie el desarrollo humano.

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Curso de Historia práctica: Armas cuerpo a cuerpo


Os presentamos un curso apasionante de historia, armas, humanidad y guerra. Un curso que repasa la historia desde el uso de la lucha cuerpo a cuerpo, con referencias a textos, a la biomecánica y a la arqueología. Profundamente riguroso y atractivo, teórico y práctico.

El curso se realiza en el Casino Militar (Gran Vía, 13) un espacio del siglo XIX conservado casi intacto, en tres días a final de este mes (30 de junio, 1 y 2 de julio de 2010, de 18 a 20.

El curso lo imparten dos profesores, Hipólito Sanchíz y Manuel Avrillón, el primero profesor universitario y autor polifacético, el segundo un experto en el manejo de las armas como hay pocos en España.

El precio curso es de 290 € (con los descuentos de Universidad 2015 a profesores y familias numerosas).

Esperamos que os apuntéis y si no os cuadra que lo reenviéis a esa persona que le va a encantar.

Toda la información aquí

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