El proyecto europeo ResUrbis demuestra la viabilidad de generar bioplásticos a partir de residuos orgánicos urbanos

Un consorcio de veinte entidades es responsable de este proyecto RES URBIS financiado por el programa europeo Horizonte 2020

En una economía circular, la conversión de residuos municipales en recursos constituye un procedimiento de vital importancia, sobre todo teniendo en cuenta que más del 70 % de los europeos viven en áreas urbanas y producen una gran cantidad de residuos orgánicos y lodos procedentes del tratamiento de sus aguas residuales. El proyecto europeo RES URBIS (Resources from Urban Bio-waste) ha demostrado que los distintos residuos orgánicos que se generan en un medio urbano pueden tratarse dentro de una misma cadena de valorización, y que a partir de ellos es posible obtener productos de origen biológico como bioplásticos, con un valor económico superior al de los clásicos compost y biogás. En su desarrollo, el proyecto ha confirmado la viabilidad técnica y económica de este proceso.

La parte experimental del proyecto se ha llevado a cabo en dos plantas piloto, ubicadas en Lisboa (Portugal) y Treviso (Italia), así como en cinco laboratorios, uno de los cuales pertenece a la Facultad de Química de la UB (Catalunya, España). En total, se han producido cerca de 30 kg de polihidroxialcanoato (PHA), el polímero básico para elaborar bioplásticos a partir de los ácidos grasos volátiles resultantes de la descomposición de residuos. Este PHA se ha obtenido mediante tres nuevos métodos de extracción desarrollados en el marco del proyecto y, posteriormente, las entidades industriales que participan en el proyecto lo han procesado para obtener bioplásticos de uso comercial.

«Los resultados del proyecto han sido muy positivos. Se han obtenido muestras de película de bioplástico para utilizarlos como intercapa con una película adyacente adhesiva, con gran potencial comercial. Estos bioplásticos también se pueden usar como bienes duraderos y como biocompuestos con fibras producidas a partir de restos de parques y jardines», explica Joan Mata, catedrático del Departamento de Ingeniería Química y Química Analítica de la UB que lidera la participación de la UB en el proyecto. «Además -añade el investigador-, los análisis realizados muestrann que la presencia de microcontaminantes orgánicos y metales pesados ​​en estos materiales está por debajo de lo que marca la legislación».

De cara a la comercialización de estos bioplásticos, se ha tenido en cuenta el marco reglamentario europeo sobre los posibles riesgos para la salud y el medio ambiente de los productos químicos (REACH-CLP), y aunque todavía hay que avanzar en la definición de la condición final del producto como final de residuo, «el escenario para comercializar el bioproducto es altamente favorable», afirma Mata.

El análisis del ciclo de vida de estos bioplásticos ha mostrado que los materiales y energía consumidos por la producción de PHA mediante la biorrefinería propuesta en el proyecto RES URBIS tienen menos impacto ambiental que el generado por la producción de plástico de origen fósil.

La cadena tecnológica de RES URBIS ha mejorado las plantas de digestión anaeróbica de residuos orgánicos. Del análisis económico de dicha mejora que se ha realizado en diferentes escenarios -entre ellos, el Área Metropolitana de Barcelona- se desprende que la produccción de PHA es viable a partir de un precio de 3 euros/kg, e incluso a partir de uno menos si se consideran las condiciones más favorables del proceso. Este precio, en comparación con el del PHA comercializado actualmente -obtenido de cultivos específicos de cereaales con un coste de entre 4 y 5 euros/kg-, mu muestra la viabilidad económica del proceso.

«El siguiente paso será conseguir fondos a través de la UE y del sector privado para construir una planta de demostración», apunta Mata.

Un consorcio de veinte entidades es responsable del proyecto RES URBIS (Resources from Urban Bio-waste), financiado por el programa europeo Horizonte 2020. Dedicado a la producción de bioplásticos a partir de los residuos orgánicos que se generan en nuestras ciudades, el proyecto ha tenido una duración de tres años y una financiación de cerca de tres millones de euros. En diciembre de 2019 tuvo lugar su reunión final.

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