Nansen y el origen de la teoría neuronal

El 10 de Diciembre de 2006 se cumplió el centenario de la entrega del Premio Nobel de Fisiología y Medicina a Camillo Golgi y Santiago Ramón y Cajal por sus contribuciones al conocimiento de la anatomía del sistema nervioso. Con este motivo, se reeditan algunos de los libros más populares de Cajal y se desarrollan actos en recuerdo de su figura y logros científicos.  Quizás por ello no sea inoportuno rememorar la génesis de la teoría neuronal. 

En sus estudios Cajal aprovechó el método ontogénico y un excelente dominio de la técnica cromoargéntica para adelantarse a la mayoría de sus contemporáneos.  Formuló un modelo de la estructura del sistema nervioso basado en la independencia celular, en el cual las conexiones intercelulares se establecen por contigüidad (sinapsis), contraponiéndolo a la teoría reticular dominante que concebía al tejido nervioso como una red integrada por la fusión de las prolongaciones celulares (dendritas y neuritas) sin solución de continuidad.  En ciencia las nuevas ideas suelen ser deudoras de las formuladas por los predecesores, y es muy probable que Cajal coincibiera las suyas “encaramado sobre hombros de gigantes” como Wilhelm His, Auguste Forel, y Fridtjof Nansen. Las contribuciones de His y Forel han sido reconocidas; no así las de Nansen.  Biólogo de formación, Nansen trabajó desde el otoño de 1882 a la primavera de 1888 en el Museo de Bergen estudiando la neuroanatomía de invertebrados, v.gr. mizostoma (anélidos), ascidias (urocordados), anfioxos (cefalocordados), y vertebrados primitivos (ciclóstomos).  Viajó a Pavía para  aprender de Camilo Golgi la impregnación cromoargéntica, y en  septiembre de 1886 publicó su primer trabajo en Annals and Magazine of Natural History del Museo en el que declaraba su incapacidad para detectar anastomosis (uniones) entre las células nerviosas.  Por contingencias de imprenta esta publicación precedió a las de His y Forel en uno y cuatro meses, respectivamente, por lo que Nansen se convirtió en el precursor del concepto de independencia neuronal.  En agosto de 1887 vió la luz en el Jenaische Zeitschrift fur Naturwissenschaft un estudio del sistema nervioso de mizostoma, donde reafirmaba que las células nerviosas contactaban pero mantenían su independencia, e indicaba que el cuerpo celular estaba rodeado por una membrana.   Finalmente, en Diciembre de 1887 y en lengua inglesa publicó “The structure and combination of the histological elements of the central nervous system” en la revista del Museo como compendio de sus trabajos.  Tras recibir el doctorado en abril de 1888, Nansen abandonó los estudios biológicos e inició una larga carrera como explorador polar, geógrafo, político – fue uno de los padres de la independencia noruega -, y diplomático, desempeñando una ingente labor humanitaria con los refugiados de la primera guerra mundial y la revolución rusa.  Por sus desvelos humanitarios en 1922 se le concedió el premio Nobel de la Paz.  Con estos antecedentes, cabe preguntarse qué razones explican el olvido de su contribución al origen de la teoría neuronal.  Quizás el radical abandono de la investigación biológica y el no pertenecer a la clase médica pudieran explicarlo; recordemos que en su tiempo, la investigación embriológica y la neurológica eran un coto relativamente exclusivo del mundo médico, aunque, irónicamente, los principales avances de la embriología del último tercio del siglo XIX derivaran del estudio del desarrollo embrionario de invertebrados marinos.  Cajal reconoció en múltiples ocasiones las ideas de His y  Forel, pero solo se le conoce una cita de Nansen, de 1891, y, aparentemente, de manera tangencial; este hecho no deja de sorprender, ya que en “Los tónicos de la voluntad” Cajal destaca como “cualidad indispensable al cultivador de la investigación el respeto a la propiedad de las ideas”.  Pudiera ser que desconociera los trabajos de Nansen, aunque las revistas en las que fueron publicados eran, al menos, tan prestigiosas como la “Revista trimestral de histología normal y patológica” que nuestro compatriota editó para publicar sus primeras contribuciones.  Sorprende igualmente, que revisando las principales biografías y libros sobre Cajal de autores españoles no haya encontrado mención alguna a la figura de Nansen.  Los méritos de Cajal que le hicieron acreedor al premio Nobel son, sin duda, indiscutibles, pues se fundamentan no solo en algunas observaciones originales, como es el caso de Nansen, sino en un estudio innovador y exhaustivo del sistema nervioso.  Sin embargo, en una profesión como la científica en la que el criterio de prioridad constituye la principal y casi única recompensa para el investigador, resulta inexcusable regatearle ese reconocimiento pues, a la postre, somos sus deudores.  Así lo entendió Claude Bernard, el padre de la medicina experimental, cuando dijo: “arte es Yo, ciencia es Nosotros”.

 

Alfredo Toraño

 

Servicio de Inmunología

Centro Nacional de Microbiología

Instituto de Salud Carlos III

  

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2 comentarios

  1. Magnífico post. Gracias por desvelarnos a Nansen.

    Por cierto, el blog en su conjunto es un puro placer, al menos para mi y supongo que para todos los interesados en la ciencia. ¿Tiene muchas visitas?

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