Los sonidos de la Astronomía

David Barrado y Navascués

Aprovecho una pausa para salir a contemplar el cielo nocturno.  Para disfrutar en directo otro tipo de espectaculo. Para ver las estrellas, la Vía Lactea. Pero también para escuchar…

Es la segunda noche de observación. No nos podemos quejar: el tiempo es estable y la atmósfera está bastante limpia. Amelia es quien está  llevando el peso de  las observaciones, yo me límito  a apoyarla,  mientras trabajo en otras cosas.

La sala de observación está saturada. Es un pequeño edificio auxiliar, llamado “el Ritz” con cierta sorna,  que incluye los controles de al menos  tres telescopios  (los de 2.2 y 3.6 metros, y el NTT, que estamos usando  nosotros). Hace calor,  y varias conversaciones se dejan oir de manera simultanea, en varios idiomas: los alemanes del 2.2m, el español de los operadores chilenos y de nosotros, el italiano del equipo de observadores que tomará nuestro lugar el viernes y, como no,  el inglés como lingua franca.

Salgo fuera para despejarme. Después de unos instantes de adaptación, mis ojos me  vuelven a mostrar el cielo austral. Me doy cuenta para qué estoy aquí. Cuando contemplo las estrellas, los datos que veo en los ordenadores cobran nuevas dimensiones, se  vuelven más reales.

Es sorprendente lo que pueden llegar  a iluminar las estrellas  en un ambiente realmente obscuro. Los distintos telescopios se empiezan a recortar contra el cielo estrellado. Primero como contraluz, a los pocos minutos puedo ver detalles de  los edificios. Pero sobre todo está el cielo, está la Vía Lactea dominándolo todo.

No hay silencio aquí tampoco. No sé si serán generadores eléctricos o   compresores, pero hay un ruido de fondo constante.  Lo curioso es que   en ciertos momentos se escucha un suave murmullo: el de un telescopio que se mueve, que apunta a un nuevo objetivo. Maravilla de la  técnica, música para mí. Como dice la canción de Battiato:

Vigilantes del cielo, prestos a dirigir
telescopios gigantes, para invadir las estrellas.

No quiero invadirlas, me bastaría con conocerlas. Aunque fuera un poco.

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Comentarios

Un verdadero placer leer tus comentarios. Todos.

Supongo que te gustará saber que se leen y que, al menos uno, te lo hace saber.

Gracias.

Gracias Ludovico.

Sí, tienes toda la razón. A mí, y creo que a todo el que escribe una bitácora, me agrada saber que llega a alguien, que sirve para algo, que se lee. Si además gusta, mucho mejor.

Después de una descripción tan marivollosa de imágenes y sonidos, he echado de menos cerrar los ojos y poder sentir los aromas que os envuelven. Si hubiera podido incluso me atrevería a decir que también había estado allí.

Gracías por regalarnos textos así.

Gracias por tu comentario, Omar. En cierta medida, también tratamos que otras personas puedan experimentar sensaciones análogas a las que nosotros disfrutamos, aunque ellos no puedan estar aquí. Dar algunos elementos para poder soñar con el mundo de la Astronomía. En algunos casos poéticos, en otros más realistas y cotidianos.

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