Al-Andalus siglo X: inicio de la Astronomía en España con el madrileño Maslama al-Mayriti

 

Entre los siglos X y XV brillaron en los diferentes reinos de la península ibérica una serie de nombres ligados a la astronomía, muchos de ellos  en la órbita de Toledo, sus dos escuelas de traductores (siglos XII y XIII) y a Alfonso X El Sabio. Así, antes del cambio de milenio desarrollaron su actividad Maslama al-Mayriti y Lupito de Barcelona (también llamado Sunifredo); en el XI al-Jayyani,  Al-Zarqali (Azarquiel),  Abu-l-Qaim ibn Said (Said al-Andalusi), y Ibn al-Saffar; en el siglo XII destacan Abu Salt de Denia, Petrus Alphonsi, Averroes, Aben Ezra (Avenara),  Moses Maimonides,  Ibn Bayyah (Avempace), Abu Muhammad Jabir ibn Aflah  (Geber),  Abraham Bar Hiyya (Abraham Iudaeus Savasorda), y Ibn Tufail (Abentofail);  en el XIII se encuentran Jacob Ibn Tibbon (Prophatius), Yehuda ben Moshe, Mosé ben Sem Tob de León (Moisés de León),  Isaac ben Sid (Rabiçag), Rabí Zag de Sujurmenza, al-Bitruji (Alpetragius o Alpetragio), Muhyi l’din al-Maghribi, y Ibn Said al-Maghribi;  y en el XIV figuran Isaac Israeli ben Joseph y Jacob Corsino.  Al-Andalus cerraría su periodo con la conquista del reino de Granada en 1492. El último ejemplo de la ciencia hispano-musulmana será Al-Qalasadi. Para entonces, ya se habrían desarrollado potentes universidades más al norte, tanto en España como en otros países europeos, que habrían recogido la antorcha del conocimiento greco-romano e iniciado una revolución cultural con el humanismo y el Renacimiento. En cualquier caso, ¿en qué contexto aparecieron todas estas fulgurantes figuras de la cultura y de la ciencia?

 

 

La rápida expansión islámica, iniciada en el año 622, alcanzó la península ibérica en el 711. La conquista del reino visigodo terminaría en el 726, siempre bajo el impulso de los califas Omeyas, cuya capital se encontraba en Damasco. Tras el cambio de dinastía, los últimos miembros crearían el emirato independiente de Córdoba, que duraría entre el año 756 y el 929, para convertirse en califato hasta 1031. Posteriormente se dividiría en una serie de reinos menores o de Taifas, que quedarían en la práctica impotentes ante el empuje militar de los reinos cristianos del Norte o las invasiones almorávide (desembarco en 1086) y almohade (desde 1145), empujadas por un gran celo religioso. Sin embargo, las distintas cortes llegaron a brillar de manera extraordinaria en diferentes momentos, especialmente en el aspecto cultural.

 

La Córdoba califal fue una de las mayores ciudades de su época, rivalizando con Constantinopla, localizada en el otro extremo del Mediterráneo y llegando a ser un foco cultural de primera magnitud. La biblioteca del califa Al-Hakam II (915 – 976) llegaría a reunir cientos de miles de volúmenes, según las crónicas. Desgraciadamente, tras su muerte sería expurgada y dispersada. Muchos de sus textos científicos sería condenados a la destrucción en el año 979 por su chambelán Almanzor, líder militar que llegaría a ser de facto el responsable del gobierno. Así, tres años después de fallecer el califa y siendo menor de edad el heredero Hisham II, se perdió una colección insustituible.

 

En cualquier caso, el periodo califal dio inicio a la gran ebullición cultural de la península ibérica. Las astronomía, como no podía ser de otra manera, fue partícipe indispensable de la misma y de hecho es posible identificar el iniciador de la actividad astronómica en Al-Andalus: Maslama al-Mayriti[1] o Majriti, cuya vida transcurrió entre la primera mitad del siglo X y el año 1007 o 1008. Nació en Madrid, ciudad creada a partir de una fortaleza construida por el emir Muhammad I con objeto de proteger las fronteras de la Marca Media frente a los ataques de los reinos cristianos. Celebrado como una de las personalidades más brillantes de la Córdoba califal, Al-Mayriti fue llamado el “Euclides andalusí”, y creó una influyente escuela que incluyó a los astrónomos y matemáticos Ibn al-Saffar, Abu al-Salt, Ibn al-Samh, Said al-Andalusi, Ibn Barguth, al-Kirmani, Abu Muslim Ibn Khaldun, Abu Bakr ben Bashrun y Al-Turtusí (un conocido especialista en teoría política), algunos de ellos estudiantes directos del madrileño.

 

Al-Mayriti[2] mejoró traducciones anteriores de Claudio Ptolomeo (un influente erudito greco-romano, que vivió en la Alejandría imperial del siglo II, y que nos legó el “Almagesto”, un conocido tratado de astronomía, y “Geografía”, un influyente texto sobre esta disciplina), especialmente su tratado sobre el planisferio, probablemente de versiones en árabe, y resumió unas tablas sobre los movimientos de los planetas llamadas “Sindhind”, tablas realizadas por el ilustre al-Juarismi en el Bagdag del califato de la dinastía abasí unos 150 años antes. Esta labor la ejecutó junto con su estudiante al-Saffar, y nos ha llegado  por las versiones de latinas de Petrus Alfonsi y de su estudiante  Abelardo de Bath. En el proceso de trasladar las posiciones de referencia desde Oriente hasta Al-Andalus, necesario para la confección de las tablas astronómicas, estimó las dimensiones del Mediterráneo con un resultado sensiblemente inferior al del alejandrino, aunque el nuevo valor solo sería aceptado en el mundo andalusí y Ptolomeo mantendría su hegemonía en esta cuestión hasta el siglo XVI.  Al-Mayriti además introdujo técnicas de triangulación y cartografiado en sus escuela y por ende en la península. Sus observaciones estelares, usando la estrella Regulus como referencia, le permitieron determinar que la precesión de los equinoccios, un fenómeno producido por el cambio del eje de rotación terrestre en un ciclo de casi 26 000 años,  había provocado una variación de más de 13 grados respecto a las posiciones medidas en el siglo II por Ptolomeo. Como inicio de una escuela, no se puede calificar más que con el apelativo de brillante.

 

Sin embargo, en un país en el que no solemos homenajear a nuestras figuras destacadas, o lo hacemos con un sesgo partidista, sorprende que Al-Mayriti no tenga una plaza o una calle en su ciudad natal que identifique su labor y realce su figura de gran científico. Creador de la escuela que lleva su nombre y que tanta influencia ejerció sobre la astronomía ibérica y por ende europea, ¿cuánto tiempo más se tardará ponerle en el callejero con la dignidad que merece?

 

David Barrado Navascués

CAB, INTA-CSIC
Centro Europeo de Astronomía Espacial (ESAC, Madrid)

@David_Barrado

 

PD: Agradezco a Mª Carmen Escribano la corrección y el enlace a su excelente y completo artículo. En verdad existe una plaza de Maslama, carente de contexto. Más correcto hubiera sido plaza del científico Maslama, o sencillamente Maslama al-Mayriti. Y una placa explicativa. Madrid, como la inmensa mayoría de las ciudades, homenajea a numerosas personalidades en su callejero. Lamentablemente, sin una mínima información sobre la persona en cuestión, perdiéndose así una oportunidad didáctica. ¿Quién sabe qué hizo Jorge Juan y por qué una calle lleva su nombre, por poner un ejemplo?

 


[1] Su nombre completo fue Abū al‐Qāsim Maslama ibn Aḥmad al‐Ḥāsib al‐Faraḍī al‐Majrīṭī

[2] Casulleras, J., “Majrīṭī: Abū al‐Qāsim Maslama ibn Aḥmad al‐Ḥāsib al‐Faraḍī al‐Majrīṭī”. En “The Biographical Encyclopedia of Astronomers”, Thomas Hockey et al. (eds.), Springer Reference. New York: Springer, 2007, pp. 727-728

 

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Comentarios

Siento decirle al autor de la noticia que Maslama si tiene una plaza en Madrid, según puede verse en el callejero de Madrid, y le sugiero para más información el artículo publicado en la página web de la RSME, http://www.divulgamat.net

Un saludo

Mª Carmen Escribano

Muchas gracias por la información. Yo lo busqué y no lo encontré. Debe ser cuestión de la grafía.

Un comentario para corregir un error importante. El fenómeno de la precesión equinocial no viene dado “por el cambio del eje de rotación terrestre”. El eje de rotación permanece invariable desde el principio del principio, se mantiene el mismo. En realidad, este fenómeno, se debe al efecto combinado de las fuerzas gravitatorias del Sol y de la Luna que crean un par “adrizante” que pretende llevar este eje a la perpendicularidad con el plano de la eclíptica.

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