Calar Alto: profesionalidad y calidad humana

En las últimas semanas hemos recibido bastantes noticias sobre el futuro –negro si nadie no lo remedia- del Observatorio de Calar Alto. La comunidad astronómica se ha unido difundiendo varios comunicados para protestar por una decisión arbitraria que deja a esa instalación puntera de la astronomía europea al borde del colapso. Para agravar la situación y hurgar donde más duele, algunos políticos no han tenido empacho en faltar a la verdad para ocultar y tergiversar los hechos e incluso para colgarse medallas de salvadores. Cuando uno se informa de cómo se han sucedido los acontecimientos y cuál ha sido la actitud de algunas personas responsables de la situación actual, la indignación es la más suave de las sensaciones que a uno le asaltan.

Mi primera campaña de observación. Junto a la montura y el espejo del telescopio de 2.2 metros.

Sin embargo no quiero que esta entrada en la Bitácora sea desabrida y caústica. Mi propósito es rendir un modesto homenaje a la profesionalidad y a la calidad humana que siempre he encontrado ahí arriba. Estos días de atrás me he detenido a pensar y aunque no puedo considerarme realmente un astrónomo observacional si me comparo con otros compañeros, me he dado cuenta de que Calar Alto siempre ha estado presente en mi carrera como investigador.

Mi primera campaña en Calar Alto fue de cinco noches en el telescopio de 2.2 m, usando el foco Coudé y placas fotográficas en el tubo intensificador de imagen… ¡sí, placas fotográficas! Acababa de comenzar la tesis así es que como era novato me acompañó Jaime Zamorano, ahora profesor del Departamento de Astrofísica de la UCM. Nos ayudó como astrónomo asistente Agustín Sánchez Lavega, hoy director del Grupo de Ciencias Planetarias de la UPV. Fue divertido y cansado: había que colocar las placas en el portaplacas chupándolas en un borde para ver de qué lado estaba la emulsión, había que correr escaleras arriba para controlar el telescopio desde la consola, escaleras abajo para guiar –a ojo, y con una raqueta con cuatro botones para controlar la ascensión recta y declinación- y luego escaleras abajo de nuevo para revelar las placas… Tan frenética fue la campaña que la última noche hicimos una exposición de 90 minutos sin haber colocado la placa: Jaime creía que la había montado yo y yo creía que la había montado Jaime. Gajes del oficio. En ese viaje conocí a Valerio, el legendario taxista de Calar Alto, que nos dejó. Ahí conocí también a Carlos Eiroa, hoy profesor en la UAM con el que colaboro desde hace bastantes años, que estaba observando con el 1.23, muy probablemente haciendo fotometría de Serpens, su región del cielo favorita.

En la barandilla exterior del telescopio.

La sensación que saqué de allí fue que aquello era fascinante… y lo que me quedó grabado es que en el observatorio había una gente con una profesión sacrificada, que sabía muy bien lo que hacía y que tenía una enorme pasión por la Astronomía. Aquí va un ejemplo. Hace unos años tuve una campaña en invierno con no muy buen tiempo en las dos primeras de las tres noches que me concedieron. La tercera tenía muy buen aspecto, de modo que me propuse completar en la medida de lo posible mi programa. Como en invierno uno vive en el telescopio, encargué algo de cena para, durante una exposición larga, bajar a la residencia, reponer fuerzas, subir de nuevo al telescopio y continuar. Estaba conmigo Felipe Hoyo, uno de los operadores más veteranos del observatorio. La noche era tan buena, con un seeing por debajo del segundo de arco, que los tiempos de exposición eran, como mucho, de 10 minutos. No podía parar de observar, imposible hacer una exposición larga para bajar al comedor. A eso de las 3 de la madrugada Felipe se empeñó en bajar a por mi cena y al traérmela me dijo: “Aquí estamos para ayudarte a que te lleves los mejores datos posibles, así es que no pierdas ni un minuto y dime si tienes algún problema con la cámara o el telescopio que yo te lo intentaré resolver”. Nunca he olvidado eso, porque creo que resume bien la filosofía de ese observatorio: profesionalidad y calidad humana. Eso ha sido una constante en cada una de mis visitas y en mi contacto con todas las personas del centro, desde los integrantes del grupo de Astronomía, operadores y astrónomos, hasta las administrativas y el personal de cocina. Impecable.

Trabajando en la vieja consola de control.

El futuro no pinta bien, ojalá me equivoque, pero pase lo que pase, los trabajadores de Calar Alto deben sentirse orgullosos de su trabajo y del servicio que han prestado a la comunidad astronómica española y a todo aquel que ha recalado allí desde lugares más lejanos.

Mil gracias compañeros.

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Comentarios

¡Bravo, Benja!

Así es Benjamín, todos los que hemos pasado por Calar Alto podemos subscribir tus palabras resumidas en el título “Calar Alto: profesionalidad y calidad humana”. Me ha emocionado tu escrito. Somos tantos los astrónomos y astrónomas que nos hemos curtido y fascinado en Calar Alto, que nadie puede entender lo que está pasando.

Impresionante resumen Benja. Es tan impresionante como que lo que está pasando aquí es absurdo. Nadie se cree que sea por dinero (hay partidas presupuestarias más sangrantes que se podrían cortar para ahorrar los casi 3 millones de euros que se quieren ahorrar con esto). Cada vez estoy más convencido de que hay una mano negra a la que se le ha metido el observatorio entre ceja y ceja. Qué triste que tantos años de experiencia acaben por algún inepto que no sabe de ciencia.

Así es, tal como lo cuentas, Benjamín. Y no son sólo antiguas historias de tiempos pasados: en 25 años observando en Calar Alto no he visto decaer el ánimo, entusiasmo y ganas de hacer un buen trabajo del personal del observatorio, al contrario. Ya no hay placas fotográficas, pero el espíritu de servicio sigue siendo el mismo. Todos debemos mucho a Calar Alto y su gente. Gracias Benjamín, gracias Calar Alto.

A todos los que alguna vez hemos usado o estado en Calar Alto nos ha quedado buen sabor de boca. Es un buen observatorio con buena gente y de donde ha salido y sigue saliendo, muy buena ciencia. Ojala se pueda parar esta sinrazón.

Gracias Benja, por poner palabras a lo que creo que sentimos todos… yo tuve la mala suerte de no llegar a observar nunca en Calar Alto “cuando era pequeño”, porque mis propuestas no llegaron a pasar el corte del TAC de la época (aquéllos papelotes con lo del “Beobachtungzeit”, cuánto alemán aprendíamos todos…). Pero en los últimos 10 años he ido muchas veces, incluso con bandadas de estudiantes, y cada experiencia fue mejor que la anterior.

Gracias a todo el personal presente y pasado de Calar Alto, y espero que aunque todos nos tememos que esto vaya a peor, haya aún espacio para una solución.

Desde luego Benja, a todos los que hemos visitado Calar Alto nos emociona tener tu visión y compendio de experiencia y “savoir faire”. Gracias por tu sabio escrito y muchos ánimos en estos tiempos tan duros para todos/as.

No podría estar más de acuerdo. Aunque no he tenido la suerte de observar en persona, he recibido muchas noches de tiempo de servicio. La profesionalidad y calidad humana definen perfectamente mis interacciones con el personal de Calar Alto. ¡Muchas gracias a todos!

El titulo de tu post lo dice todo. Es la definicion de lo que es Calar Alto. Mi primera campaña de observacion fue con el telescopio de 2.2m y FOCES. Sin Calar Alto no hubiera tenido datos para mi tesis, o para mi primer postdoc por ejemplo. Todas las veces que he observado alli, o incluso via email para mis ultimas observaciones que eran de servicio, el trato que he recibido ha sido ejemplar. A parte de que en ningun otro observatorio se come mejor :) En fin, espero que no sea demasiado tarde y haya alguna manera de solucionar esto.

Yo también digo: bravo, Benja!.

Mi primera visita a CAHA fue hace x años (mejor así) cuando estaba haciendo la carrera de Ciencias Físicas en la UCM. Fui con Matilde Fernández, en los últimos años directora del IAA, y otros compañeros pre-fisicos. Dormimos en una tienda de campaña (aunque no lo creáis). Supe que quería observar en el 3.5m. Pocos años más tardes, tuve esa suerte. Observé por primera vez con Luis Colina y otros colegas. Ahora ha querido el destino que esté participando en el instrumento CARMENES y me ha tocado vivir de cerca el proceso de los últimos meses. Toda mi solidaridad para el equipo super-profesional de CAHA. Os queremos, chic@s. Quería por último enviar un abrazo a David Barrado, que ha luchado por el observatorio y aunque no sea en las condiciones óptimas, sigue vivito y coleando. Yo soy de las que cree que la historia no ha terminado, y que, eso sí, solo puede mejorar. Bss. Marisa

Gracias Benja. No se puede decir mejor. En Calar Alto muchos hemos aprendido aquellas cosas que no se explican en los libros de astronomía ni vienen en los manuales (que en efecto estaban en alemán). Y también hemos hecho ciencia de la buena. Y si el cielo y la tecnología son fundamentales para ello, no lo son menos los Aguirre, Alises, Thiele, Hoyo, María Jesús, Valerio y todos los demás. Hasta Antonio que no me dejaba llevar la cena al telescopio para obligarme a parar un rato por la noche.

Creo que ninguno ignoramos que hay que hacer un ejercicio de racionalización de nuestras infraestructuras de investigación, todos lo sabemos. Incluso en un época expansiva (en la que no estamos) el tener nuevos y mejores telescopios termina ineludiblemente implicando cerrar otros (“decomisionar” le llaman por ahí). Pero no así, por imperativo económico, y sin hacer un completo ejercicio de valoración de lo invertido frente a lo retornado (en ciencia, tecnología y actividad económica) y en comparación con otras áreas. Siento que el artículo de Benja, que es realmente un homenaje, suena a despedida de un amigo, cuya partida sospechábamos inevitable en un futuro, pero no ahora con CARMENES en camino y no así.

Desde Calar Alto, un millón de gracias, Benjamín, y no menos a los compañeros y compañeras que han completado además este artículo tan emocionante con comentarios tan cálidos y que tanto se agradecen en momentos como estos.

El grado de absurdo en que nos movemos nos provoca un cansancio enorme a personas acostumbradas a la razón y la lógica. Quienes toman las decisiones en los niveles más altos no solo nos hacen dudar de su nivel de competencia y conocimiento de los temas, sino que demuestran además un grado muy bajo de calidad humana. Tu artículo pone el foco en un punto clave: el lado humano de la historia.

De nuevo, gracias.

[...] la la situación de la ciencia en España son un goteo continuo: la situación del observatorio del Calar Alto, investigadoras que van a concursos televisivos para conseguir la financiación necesaria, [...]

Gracias Benjamín.
Casi me haces llorar. Observaciones en agosto y viajando en Talgo. Tortas de Alcázar…
Merecería la pena escribir un libro con las anécdotas que se puedan contar.

Sois verdaderos héroes del conocimiento. Perola mediocridad de nuestros gobernantes les impide ver el valor de lo que hacéis. Son verdaderos analfabetos pero ahí están, dificultando, impidiendo el trabajo humilde y callado; frustrando, hundiendo a nuestros científicos en todos los campos.
Suerte y adelante, contáis con el apoyo de todos los que SÍ valoramos el gran trabajo que hacéis al ampliar poco a poco, con mucho esfuerzo, la superficie conocida en esa orilla del océano cósmico.

Esto es como la filosofía, pero muchísimo más caro. ¿Podemos permitirnos tanto observatorio? Si hay una ciencia digna de un país riquísimo es esta de la observación del espacio. Nosotros ya tenemos demasiados millones de parados, incluidos cientos de miles de graduados superiores.

Luisa, creo que no te acabas de enterar o no se te entiende bien lo que quieres decir. ¿Tú llevas móvil en el bolso? Sin acritud, pero necesitas leer más acerca de qué “chistera mágica” han podido llegarte todas las tecnologías físicas que lo hacen posible. Por ejemplo, puedes empezar por aquí mismo: http://www.madrimasd.org/blogs/astrofisica/2013/03/22/132620

(requerido)

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