Archivo de septiembre, 2020

Un modelo de éxito para la lucha contra la COVID-19 en residencia de mayores

Un artículo recién publicado en el Journal of the American Geriatrics Society analiza el grado de impacto e influencia en la prevención de la transmisión del coronavirus en las residencias de ancianos y la implantación de nuevos protocolos, especialmente el uso adecuado de equipo de protección individual (EPI) y estrategias de agrupación, como formar “burbujas” de residentes en función de su riesgo de infección o si dieron positivo en la COVID-19, y cómo estos métodos influyeron en las tasas de infección y mortalidad semanales.

Este análisis ha sido llevado a cabo por un equipo de investigadores especializados en al ámbito del envejecimiento del Instituto Hebrew SeniorLife, que han desarrollado un programa de control de infecciones para comprobar cómo detener la tasa de infección entre las poblaciones vulnerables de residencias de ancianos, y cómo se podía implementar en una prueba piloto en el estado de Massachusetts en Estados Unidos.

En abril de 2020, las residencias de Massachusetts (como en otras muchas regiones de los países más afectados por la COVID-19) se convirtieron en un foco para las infecciones producidas por la transmisión del virus SARS-CoV-2 y desgraciadamente con muchas muertes asociadas. En respuesta, el gobernador del estado, asignó $ 130 millones en fondos adicionales para estas residencias durante dos meses. La financiación dependía del cumplimiento de una serie de de criterios de prevención, que incluían pruebas PCR obligatorias de todos los residentes y el personal, y una lista de verificación de control de infecciones que incluían diferentes medidas agrupadas en:

  • Medidas relacionadas con la agrupación de casos de la COVID-19
  • Cierre de espacios dónde se podían congregar los residentes
  • Formación práctica inmediata para el uso adecuado de los EPI’s
  • Implantación de procedimientos adecuados de control de infecciones
  • Formación del personal para reconocer y responder a los signos y síntomas de la infección por la COVID-19.

Tras este anuncio del Gobernador, el Instituto de Hebrew SeniorLife y la Asociación de Atención para Personas Mayores de Massachusetts colaboraron para organizar rápidamente un Comité de gestión coordinada y cinco equipos para dar respuestas y soporte a estas instituciones sobre:

  • consultas y capacitación en control de las infecciones;
  • Adquisición de EPI’s; y
  • dotación de personal, pruebas y gestión de datos.

La prueba piloto se desarrollo sobre 80 residencias de ancianos con deficiencias previas en el control de infecciones y 43 instalaciones adicionales que no pasaron una auditoría inicial de la Oficina Ejecutiva de Salud y Servicios Sociales del Estado de Massachusetts. Entre las iniciativas para ajustarse a estos nuevos procesos y su rápida implantación, se promovieron consultas virtuales y seminarios webs semanales sobre procedimientos de control de infecciones. Las instalaciones también fueron informadas de forma proactiva por la Massachusetts Senior Care Association de los recursos extraordinarios puestos a disposición de estas residencias en un tiempo muy breve, como la adquisición de EPI’s y la posibilidad de reclutar personal de apoyo, y la movilización del Ejercito para proporcionar pruebas PCR a todos los residentes.

La revisión y el análisis de los datos recopilados por los investigadores del programa, mostraron que las tasas de infección tanto de los residentes como del personal en las instalaciones disminuyeron rápidamente al mismo bajo nivel del inicio de la pandemia después de que las residencias implementaran las intervenciones recomendadas para el control de infecciones. Por ejemplo, las tasas de infección de residentes disminuyeron del 10% (17 de mayo) a aproximadamente el 0% (5 de julio).

Esta puesta en marcha en un tiempo record por parte de la administración ayudó a los proveedores de atención de cuidados de larga duración para conseguir aumentar su conocimiento y el acceso a las mejores prácticas de control de infecciones y reducir el riesgo de propagación de la COVID-19 tanto para los residentes como para el personal en un breve espacio de tiempo antes de que la infección se descontrolase.

Lou Woolf, presidente y director ejecutivo de Hebrew SeniorLife dijo: “Esperamos que esta intervención se repita en otros estados, se financie adecuadamente y se mantenga en todos las residencias de ancianos, de modo que las futuras oleadas de la COVID-19 y otras pandemias puedan prevenirse o cuanto menos mitigarse”.

Sin duda, casos de estudio y análisis como este, muestran la importancia de priorizar las pruebas de vigilancia, la financiación de personal de apoyo, formación y de rápida adquisición de los EPI’S para proteger tanto al personal como a los residentes, lo que en este caso fueron aspectos clave para disminuir la propagación del virus en este tipo de instalaciones tan sensibles.

ReferenciaLewis A. Lipsitz, Alida M. Lujan, Alyssa Dufour, Gary Abrahams, Helen Magliozzi, Laurie Herndon, Mohammad Dar. Stemming the Tide of COVID‐19 Infections in Massachusetts Nursing HomesJournal of the American Geriatrics Society, 2020; DOI: 10.1111/jgs.16832

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Diferente respuesta inmunitaria de las personas mayores en la COVID-19

Aunque todas las persona de cualquier rango de edad pueden infectarse con el virus SARS-CoV-2, como trágicamente hemos podido comprobar, aquellos pacientes con edades más avanzadas presentan un mayor riesgo de padecer la COVID-19 con un desarrollo más grave que los pacientes más jóvenes. Dentro de las innumerables teorías que intentan explicarlo, una nueva investigación que compara la respuesta inmune entre grupos de edad, publicada esta semana en mBio (Sociedad Americana de Microbiología), llegando a la conclusión que aquellos pacientes mayores que se infectan con el virus, tienen frecuencias de respuesta más bajas de células inmunitarias necesarias para eliminar el virus.

Para explicar este proceso, un grupo de investigadores del Hospital Universitario Essen (Alemania) analizaron muestras de sangre de 30 personas con casos de COVID-19 para observar cómo responden las células T, que son necesarias para el reconocimiento y eliminación de las células infectadas, durante la infección por SARS-CoV-2. Las edades de los pacientes iban desde los 20 hasta los 96 años. En todos los pacientes, los investigadores encontraron que las infecciones agudas por SARS-CoV-2 condujeron a un menor número de células T en la sangre de los pacientes, en comparación con los individuos sanos.

Esta reducción ha sido una de las muchas sorpresas no deseadas de la COVID-19. La mayoría de los virus, una vez dentro del cuerpo, desencadenan un aumento en la expansión de las células T del sistema inmunológico. Estos incluyen las células T “asesinas”, que desempeñan un papel fundamental en la erradicación de las células infectadas por virus, ya que producen moléculas citotóxicas que destruyen las células infectadas del cuerpo. Pero si el sistema inmunológico de una persona produce menos de estas células T, tendrá menos probabilidad de éxito en combatir una infección viral.

En el grupo de pacientes con COVID-19, los investigadores encontraron que el número de células T CD8 +, que producen moléculas citotóxicas en respuesta al virus, disminuyó con el aumento de la edad, y esa reducción fue significativamente mayor en promedio, en aquellos pacientes mayores de 80 años. Además, las células T de pacientes entre 80 y 96 años produjeron moléculas citotóxicas con una frecuencia menor que las células similares de pacientes más jóvenes.

El virus SARS-CoV-2 se adhiere a las células de la nariz o la boca. Desde allí, pueden extenderse a los pulmones y pasar a otros órganos, desencadenando una infección potencialmente mortal. Las células T citotóxicas realmente luchan por el control durante esta fase aguda de la infección. Si el sistema inmunológico de un paciente mayor produce menos células T “asesinas”, y estas células no están adecuadamente armadas, es posible que estén construyendo una defensa insuficiente contra el SARS-CoV-2. Las partículas virales pueden continuar propagándose y, como resultado, la infección puede empeorar.

Los nuevos datos sugieren que las células T citotóxicas juegan un papel clave en el control de las infecciones tempranas, aunque parece demasiado pronto para asegurar si esa conexión se puede aprovechar para diseñar una inmunoterapia eficaz que utilice estas células. En estudios previos sobre infecciones virales en ratones, este grupo de investigación descubrió un inhibidor del punto de control, una inmunoterapia que activa las células T “asesinas” y libera eficazmente los frenos del sistema inmunológico, lo que mejoró el control del virus al principio, pero tenía el potencial de causar daño posteriormente a los pulmones y otros órganos. Por tanto todavía se necesitan más estudios, para comprender mejor los riesgos y beneficios potenciales de interferir en las células T como una forma de controlar el SARS-CoV-2 y otros potenciales virus pandémicos.

Referencia: Jaana Westmeier, Krystallenia Paniskaki, Zehra Karaköse, Tanja Werner, Kathrin Sutter, Sebastian Dolff, Marvin Overbeck, Andreas Limmer, Jia Liu, Xin Zheng, Thorsten Brenner, Marc M. Berger, Oliver Witzke, Mirko Trilling, Mengji Lu, Dongliang Yang, Nina Babel, Timm Westhoff, Ulf Dittmer, Gennadiy Zelinskyy. Impaired Cytotoxic CD8+ T Cell Response in Elderly COVID-19 PatientsmBio, 2020; 11 (5) DOI: 10.1128/mBio.02243-20

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Relación entre dieta, microbiota y envejecimiento saludable

La comunidad científica conoce desde hace tiempo la relación estrecha entre el microbioma intestinal y el proceso de envejecimiento pero en los últimos años se está produciendo una gran cantidad de nueva información científica sobre la manera en la que el microbioma intestinal influye en la salud y muestra esos cambios perjudiciales con la edad.

Algunos de los microorganismos del tracto digestivo son responsables de la generación de metabolitos beneficiosos como el butirato, los indoles y el propionato. Desafortunadamente, estas poblaciones de microorganismos beneficiosos disminuyen con la edad afectando negativamente a la función biológica de los diferentes tejidos y órganos, cambiando el balance hacia la predominancia de especies inflamatorias dañinas que acaban desequilibrando la microbiota. Esto contribuye al estado de inflamación crónica que caracteriza a la vejez y acelera la progresión de todas las enfermedades comunes relacionadas con la edad.

El tracto gastrointestinal está colonizado por un gran conjunto de microorganismos que incluyen no solo bacterias, sino también virus, hongos y protozoos. A diferencia de otros microorganismos, estos no son identificados como patógenos por nuestro sistema inmunológico, sino que coexisten simbióticamente con los enterocitos (células de absorción intestinal). Hasta el momento se sabe que la composición de la flora intestinal contiene hasta 35.000 especies bacterianas diferentes, siendo la gran mayoría FirmicutesBacteroidetesActinobacterias y Proteobacterias.

A medida que envejecemos, se producen cambios progresivos en la morfología y función de la microbiota, en general se produce una tendencia a la disminución en Firmicutes y Bifidobacterias, con una diversidad en los patrones de presencia de Clostridium. El mecanismo por el cual la microbiota cambia con la edad aún no se comprende del todo. Los cambios en el estilo de vida, y en particular la dieta, parecen jugar un papel fundamental. Como el envejecimiento suele ir acompañado de una reducción en la cantidad y variedad de alimentos normalmente con bajo contenido en fibra, esto podría alterar su diversidad y provocar disrupción inflamatoria y metabólica, provocando enfermedades inflamatorias en el intestino, como intestino irritable, obesidad, etc. Además, la microbiota puede modular cambios en el envejecimiento relacionados con la inmunidad innatasarcopenia y función cognitiva, que son componentes esenciales del síndrome de fragilidad.

Una de las causas más influyentes de todos estos cambios relacionados con la edad en estas poblaciones microbianas podrían ser debidos, según investigaciones recientes, al desequilibrio de la microbiota producido en edades más jóvenes. Como decíamos, todos estos factores disminuyen la capacidad del sistema inmunológico para suprimir microrganismos dañinos y la pérdida de integridad del tejido de la barrera intestinalSin embargo, saber cuál de estos factores son más o menos determinantes en la salud y la longevidad a largo plazo, son cuestiones todavía sin resolver.

Lo que parece estar más o menos claro es que estos desequilibrios de la microbiota relacionados con la edad pueden revertirse a corto plazo. Los estudios en modelos animales muestran que el trasplante de microbiota fecal de animales jóvenes a animales viejos restablece el microbioma intestinal a una distribución de especies más jóvenes, y da como resultado una mejor salud y una mayor esperanza de vida. Este procedimiento ya se lleva a cabo en medicina para determinadas afecciones, por lo que podría ampliarse a otros usos. También existen otros enfoques potenciales, como la inoculación con proteínas bacterianas para estimular al sistema inmunológico a suprimir las especies dañinas, o una dosis sostenida considerable con una mezcla adecuada de probióticos. Probablemente veremos muchas iniciativas de este tipo en los próximos años como estrategia para intentar desacelerar el proceso natural de envejecimiento.

Referencias:

  1. Sanchez-Morate, E.; Gimeno-Mallench, L.; Stromsnes, K.; Sanz-Ros, J.; Román-Domínguez, A.; Parejo-Pedrajas, S.; Inglés, M.; Olaso, G.; Gambini, J.; Mas-Bargues, C. Relationship between Diet, Microbiota, and Healthy Aging. Biomedicines 2020, 8, 287. https://doi.org/10.3390/biomedicines8080287
  2. Kubinyi, E.; Bel Rhali, S.; Sándor, S.; Szabó, A.; Felföldi, T. Gut Microbiome Composition is Associated with Age and Memory Performance in Pet Dogs. Animals 2020, 10, 1488. https://www.mdpi.com/2076-2615/10/9/1488
  3. Gut microbes could unlock the secret to healthy ageing. European Society of Cardiology.

 

 

 

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Nueva teoría de la Bradicinina explicaría las complicaciones de la COVID-19 en personas mayores

No parece estar claro del todo a día de hoy la explicación de la variabilidad de los síntomas que se presentan en la COVID-19, ni su distinta incidencia en la población. Se sabe que mientras que en algunas personas la enfermedad tiene un curso leve, incluso asintomático, en otras tiene una forma grave y de distinta sintomatología y alteración de las funciones de órganos vitales.

La teoría más extendida para explicar este proceso de la enfermedad es lo que se ha llamado la “tormenta de citoquinas”, un fenómeno en el que el cuerpo comienza a producir una respuesta inflamatoria sistémica mediada por citoquinas proinflamatorias. Cuando la repuesta inmune no es capaz de controlar eficazmente el virus, como en personas mayores con un sistema inmune debilitado, el virus se propagaría de forma más eficaz produciendo daño tisular pulmonar, lo que activaría a los macrófagos y granulocitos y conduciría a la liberación masiva de citoquinas proinflamatorias que favorecería una hiperinflamación pulmonar asociada al síndrome de insuficiencia respiratoria aguda que se ha descrito como la principal causa de mortalidad.

Ahora surgen nuevas teorías que explicarían la diversidad de síntomas que se observan clínicamente y su mayor incidencia en personas mayores. Se trata de la teoría de la Bradicinina

Al inicio de este verano, la supercomputadora Summit del Laboratorio Nacional Oak Ridge en Tennessee se dedicó a procesar datos de más de 40.000 genes de unos 17.000 muestras genéticas en un esfuerzo por comprender mejor el proceso de infección y desarrollo de la COVID-19. El proceso de análisis de los datos en esta supercomputadora, a pesar de ser la segunda computadora más rápida del mundo, implicó más de 2.500 millones de combinaciones genéticas, y llevó más de una semana de intensas operaciones computacionales. Tras el análisis de los datos, los científicos encontraron una nueva teoría sobre cómo la COVID-19 impacta en el organismo humanoLa hipótesis proporciona un modelo que explica muchos de los síntomas de la enfermedad, incluidos algunos de los más extraños que se han ido observando. También sugiere más de 10 tratamientos potenciales, muchos de los cuales ya están aprobados para otras dolencias por la FDA. El grupo de investigadores publicó sus resultados en un artículo en la revista eLife a principios del mes de julio.

Según estos hallazgos, una infección por SARS-CoV-2 generalmente comienza cuando el virus ingresa al cuerpo a través de los receptores de la enzima convertidora de angiotensina (ECA2) localizados en la la nariz (los receptores, a los que se sabe que ataca el virus, son abundantes allí). Posteriormente el virus avanza a través de los distintos tejidos del cuerpo, llegando a otros órganos donde también está presente la ECA2, como el sistema digestivo, los riñones y el corazón. Esto probablemente explica al menos, algunos de los síntomas cardíacos y gastrointestinales de la enfermedad. Pero según los datos analizados por la supercomputadora muestran que el virus no se contenta simplemente con infectar células que ya expresan muchos receptores ECA2, sino que secuestran activamente los propios sistemas del cuerpo, engañándolos para que regulen al alza los receptores ECA2 en lugares donde generalmente se expresan en niveles bajos o medios, como por ejemplo los pulmones. Por usar una analogía[1], se podría asemejar el SARS-CoV-2 a un ladrón que entra a robar nuestra casa pero no contento con ello, abre todas las puertas y ventanas para que al resto de ladrones les sea más fácil entrar también.

El sistema renina-angiotensina (RAS) controla muchos aspectos del sistema circulatorio, incluidos los niveles corporales de una sustancia química llamada bradicinina, que normalmente ayuda a regular la presión arterial. Según los investigadores, el virus modifica el RAS y provoca que los mecanismos para regular la bradicinina se alteren y deje de descomponerse de manera efectiva. (La ECA normalmente degrada la bradiquinina, pero cuando el virus la desregula, no puede hacerlo con la misma eficacia). El resultado final es la liberación de una “tormenta” de bradicinina, que produce una acumulación masiva y descontrolada en el cuerpo. Según esta hipótesis, es esta tormenta la responsable en última instancia de muchos de los efectos mortales de la COVID-19. El equipo de investigación trabaja con la hipótesis de que la patología de la COVID-19 es probablemente el resultado de tormentas de bradicinina en lugar de tormentas de citoquinas, aunque los dos procesos pueden estar estrechamente relacionados.

A medida que la bradicinina se acumula en el cuerpo, aumenta drásticamente la permeabilidad vascularEn resumen, hace que los vasos sanguíneos tengan “fugas”. Esto se alinea con datos clínicos recientes, que ven cada vez más a la COVID-19 principalmente como una enfermedad vascular, en lugar de respiratoria pero con un efecto sobre los pulmones que pueden llenarse de líquido y células inmunes que provocan una alta inflamación.

Esta teoría de la bradicinina también podría explicar la mayor incidencia en personas mayores ya que la presión arterial aumenta con la edad y, por lo tanto, el riesgo de que una persona sea hipertensa aumenta en las personas mayores de 65 años. A esta edad su prevalencia alcanza entre el 60% y el 70% y es en este grupo poblacional donde abundan los tratamientos para tratar la presión arterial alta que producen un efecto similar al virus SARS-CoV-2 en el sistema RAS, aumentando los niveles de bradicinina. Esta descompensación influiría en el desequilibrio del sistema RAS que controla aspectos de las contracciones cardíacas y la presión arterial. Estos fármacos (inhibidores de la ECA) para bajar la presión arterial, es sabido que como efectos secundarios a veces causan tos seca, fatiga, pérdida del gusto y el olfato, que son síntomas que se producen también en la COVID-19. Esto haría que se produjera un efecto acumulativo que potenciaría esa tormenta de la bradicinina, según los investigadores.

Aunque sigue siendo una teoría inicial, la hipótesis de la bradicinina explica varios otros síntomas aparentemente extraños de la COVID-19. El equipo de investigadores especulan que el aumento de la permeabilidad vascular causada por las tormentas de bradicinina podría ser también responsable de los efectos neurológicos de la COVID-19, que son algunos de los elementos más sorprendentes y preocupantes de la enfermedad. Estos síntomas (que incluyen mareos, convulsiones, delirio y accidente cerebrovascular) están presentes en hasta la mitad de los pacientes hospitalizados con la COVID-19La bradicinina, especialmente en dosis altas, puede provocar una ruptura de la barrera hematoencefálicaEn circunstancias normales, esta barrera actúa como un filtro entre el cerebro y el sistema circulatorio, dejando entrar sólo nutrientes y moléculas pequeñas necesarias para su funcionamiento, mientras mantiene alejadas las toxinas y patógenos. Sin embargo con la ruptura de esa barrera, podría permitir la entrada de compuestos dañinos al cerebro, lo que provocaría inflamación, potencial daño cerebral y algunos de los síntomas neurológicos que experimentan los pacientes con la COVID-19.

Según los investigadores, esta teoría también podría explicar otros síntomas que se presentan en menor medida como los dedos de los pies morados, una condición que involucra dedos hinchados y magullados que experimentan algunos pacientes. La bradicinina también puede afectar a la glándula tiroides, lo que podría producir los síntomas de la tiroides recientemente observados en algunos pacientes.

La “buena” noticia sería que varios medicamentos existentes (incluída la Vitamina D) y aprobados ya por la FDA para otras dolencias, reducen la producción de bradicinina o reducen su señalización, lo que podrían ser potencialmente aplicadas para el tratamiento de la COVID-19.

Como siempre es necesario recordar que cualquiera de estas intervenciones farmacológicas debe estudiarse previamente en ensayos clínicos bien diseñados y con tiempo suficiente, para confirmar todas estas hipótesis previas.

Referencias:

1. Thomas Smith. A Supercomputer Analyzed Covid-19 — and an Interesting New Theory Has Emerged. Elemental (Medium)

2. Joseph A. Roche, Renuka Roche. A hypothesized role for dysregulated bradykinin signaling in COVID‐19 respiratory complications. 2020 May 2: 10.1096/fj.202000967

3. Euronews. Bradiquinina, la esperanza para entender el Covid-19 venida de un superordenador.

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Posible estrategia para minimizar el envejecimiento muscular

Con el aumento de la esperanza de vida, las enfermedades relacionadas con la edad también están aumentando, incluida la sarcopenia, que es la pérdida de masa muscular debido al envejecimiento. Un grupo de investigadores del Biozentrum de la Universidad de Basilea han demostrado que un fármaco bien conocido (rapamicina), puede retrasar la progresión de la debilidad muscular relacionada con la edad.

Ya en nuestra plenitud de vida adulta, nuestros músculos comienzan a encogerse y su fuerza empieza a disminuir progresivamente. Desafortunadamente, esta es una etapa natural del envejecimiento. Pero para algunas personas, la disminución de esa masa y función muscular se produce de forma acelerada y/o excesiva. Esta condición, llamada sarcopenia, afecta a una de cada tres personas mayores de 80 años, lo que reduce la movilidad, la autonomía y por tanto redunda en una peor calidad de vida. Las causas de la sarcopenia son diversas, desde un metabolismo muscular alterado hasta cambios en el sistema nervioso que irradian hacia los músculos.

Los investigadores dirigidos por el profesor Markus Rüegg ahora han descubierto que mTORC1 también contribuye a la sarcopenia y su supresión con el conocido fármaco rapamicina frena el desgaste muscular relacionado con la edad. Según estas investigaciones realizadas en animales, la rapamicina mantendría la función muscular a largo plazo mediante la supresión de mTORC1, mostrándose beneficiosa para ralentizar el envejecimiento del músculo esquelético en ratones, ya que preserva el tamaño y la fuerza de los músculos. Las uniones neuromusculares (los puntos donde las neuronas entran en contacto con las fibras musculares para controlar su contracción) se deterioran durante el envejecimiento. Conseguir que estas uniones sean estables durante mucho tiempo es fundamental para mantener los músculos sanos durante el envejecimiento. La rapamicina según este grupo de investigadores, es capaz de estabilizar eficazmente estas uniones. Al mismo tiempo este estudio trata de demostrar también que la activación permanente de mTORC1 en el músculo esquelético acelera el envejecimiento muscular.

Actualmente no existe una terapia farmacológica eficaz para tratar la sarcopenia. Este estudio ofrece la esperanza de que sea posible ralentizar el desgaste muscular relacionado con la edad con tratamientos que supriman mTORC1 y, por lo tanto, extienden la autonomía y la calidad de vida de las personas mayores. Se trata de una buena esperanza para encontrar tratamiento eficaz para la sarcopenia pero hay que tener mucha precaución en sacar conclusiones precipitadas sobre el uso de este tipo de fármacos por que existen otras investigaciones contradictorias con el uso de esta proteína.

Referencia: Daniel J. Ham, Anastasiya Börsch, Shuo Lin, Marco Thürkauf, Martin Weihrauch, Judith R. Reinhard, Julien Delezie, Fabienne Battilana, Xueyong Wang, Marco S. Kaiser, Maitea Guridi, Michael Sinnreich, Mark M. Rich, Nitish Mittal, Lionel A. Tintignac, Christoph Handschin, Mihaela Zavolan and Markus A. Rüegg. The neuromuscular junction is a focal point of mTORC1 signaling in sarcopeniaNature Communications, 2020 DOI: 10.1038/s41467-020-18140-1
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