Hay un artículo científico que dice que la gente se cree todo lo que empieza por “hay un artículo científico dice…”

En los últimos años se viene escuchando que ciertos grupos políticos toman decisiones políticas basadas en la evidencia científica respecto a un tema concreto. Lo hemos podido ver claramente con la crisis del COVID. Muchas países del mundo tomaron decisiones políticas, económicas y sociales en base a cierto consenso científico, y las medidas de seguridad llevadas a cabo por los gobiernos se apoyaban en los resultados de dichos estudios. Basándonos en la experiencia vivida, la primera conclusión que podemos tomar de este ejemplo es que la ciencia no es perfecta, y mucho menos si la interpretación de los datos científicos se la otorgamos a los gobernantes. Para los científicos, ha sido realmente difícil poder predecir la evolución de una pandemia sin conocer muchos de los aspectos vinculados a factores ambientales, genéticos, culturales, etc. La ciencia precisa de tiempo para tener resultados contrastables y que puedan ser entendidos y aceptados por la sociedad.

Los que nos dedicamos a la ciencia y tecnología sabemos que el método científico depende de la hipótesis de inicio, del diseño del estudio, de los datos que se tomen, y por supuesto, de la estadística. Inicialmente, un artículo científico aprobado por pares debería ser una prueba inequívoca de un hecho concreto. Por ejemplo, el rendimiento de un proceso catalítico para la producción de biocarburantes a partir de materia prima biogénica, o la familia de proteínas que se producen por cierto tipo de genes y que pueden producir cáncer. Esto es algo que puede ser medible, comparable y cuestionable, pero no opinable. El problema viene cuando la sociedad acepta la ciencia como un nuevo dogma de fe. <<Si lo dice la ciencia, esto debe ser así>>. Nadie nos explica que la ciencia es un campo del conocimiento humano que puede y deber ser refutado en cada momento. Creo sin duda que el método científico es el sistema más adecuado para comparar y validar nuevo conocimiento. Pero recordemos que la ciencia muestra resultados asépticos, no interpretaciones o soluciones simples a problemas multivariables complejos que impactan en la sociedad de forma muy diferente.

“Nullius in verba” (no confíes en la palabra de nadie) rezaba ya en el escudo del llamado Colegio Invisible, creado por Robert Boyle, Christopher Wren y Robert Hooke, desde el que promovieron muchas de las normas actuales del método científico, y que estableció las bases de la Royal Society. A día de hoy, el concepto de “falsabilidad” está más vigente que nunca.

Os comparto esta pequeña reflexión tras escuchar últimamente como algunos políticos defienden tomar ciertas decisiones debido a que hay un consenso científico sobre asuntos complejos. Véase el cambio climático, la crisis del COVID-19, el uso de vacunas, y más recientemente el asunto de las macrogranjas. O como la Comisión Europea proponía la energía nuclear como fuente de energía “verde”, con la finalidad de ayudar a la descarbonización del sistema energético europeo.  Parece ser, que si encuentras un número adecuado de publicaciones científicas que apoyen tu teoría, tus decisiones políticas pueden ser tomadas con seguridad e incluso sin responsabilidad administrativa. <<Total, lo avala la ciencia>>.

Un estudio reciente publicado en la American Political Science Review, una revista académica trimestral revisada por pares y publicada por la Universidad de Cambridge, comienza con la siguiente pregunta: “¿Es el poder autoritario alguna vez legítimo?” En este estudio se plantea como la legitimidad política puede derivar en sistemas autoritarios si la finalidad es lo suficientemente importante como para tomar las decisiones a expensas de la libertad de la sociedad, como por ejemplo, la lucha contra el cambio climático.

Con esto quiero decir, cuidado con la “interpretación” de los datos científicos por parte de los que nos gobiernan o de sus organismos asesores, ya que en multitud de ocasiones puede ir vestida de ideología y con fines partidistas. Que la ciencia no es algo infalible y que las decisiones sobre nuestra libertad (entendiéndose como nuestro lugar en el mundo y nuestra potestad de libre albedrío) no deben basarse únicamente en la ciencia. Si esto fuera así, podrías llegar en las próximas décadas a una autocracia de la ciencia, donde una futura IA tomará las decisiones sobre nuestra economía, seguridad territorial, salud, empleo, migraciones, guerras, etc. En definitiva, sobre nuestra vida y sobre lo que es correcto o incorrecto. Si lo pensáis, de alguna manera ya está ocurriendo con los algoritmos de las redes sociales, las fake news y la guerra de la posverdad. Quizá estemos a las puertas de ceder lo poco que nos queda como individuos libres. Nuestra capacidad de tomar decisiones sobre nuestra vida y ser responsables de nuestros actos.

La única solución, desde mi punto de vista, sería fomentar el análisis crítico desde muy temprana edad. Enseñando que los problemas complejos de nuestra sociedad no se rigen por una ley dicotómica de “a favor o en contra”, “buenos o malos”, “conmigo o contra mí”. Las redes sociales en muchos aspectos han agudizado este problema, donde los usuarios no confrontan ideas sino ideales. Es más sencillo buscar cierta información que valide un punto de vista concreto que confirme nuestra teoría, que desglosar la información, interpretar los datos y extraer una conclusión basado en el pensamiento crítico. A pesar de que el resultado de nuestro análisis choque con nuestras creencias y tambalee los cimientos de nuestra forma de pensar.

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Un comentario

  1. Y el periodismo y los egos. Solo un ejemplo:
    Pandemia la U. de Duke publica pervivencia de virus en superficies (porosas 4 dias) por las replicaciones de PCR. Pero no tiene nada que ver con la carga viral capaz de infectar.
    Muchos sacaron la erronea conclusión de había que cambiar la ropa de trabajo todos los días y desinfectar diariamente la madera de las puertas.

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