Energías renovables: razones y retos para la nueva década

Si hay una palabra que define de manera fiel el contexto convulso en el que siempre se mueve la energía y el mercado energético, esa es “encrucijada”. Me vienen a la cabeza muchos buenos amigos, expertos en la materia, que alguna vez han acudido a dicha palabra para sentenciar una valoración con vocación de perdurar. Sea porque nos encontremos en un periodo de crisis como el actual o en un periodo de bonanza económica y crecimiento sostenido de la demanda, siempre nos tropezamos con el sempiterno debate de qué hacer con el sector de la energía.

[Manuel Romero Álvarez - IMDEA Energía; URJC-Centro de Apoyo Tecnológico; C/ Tulipán s/n; E-28933 Móstoles]

El aumento de consumo hace encender alarmas por lo que conlleva en términos de derroche de un tesoro acumulado por la naturaleza desde la noche de los tiempos, los combustibles fósiles, y el innegable impacto en el medio ambiente, así como el riesgo en que se coloca nuestra autosuficiencia energética nacional. La reducción de consumo es un factor que genera también honda preocupación pues en primera lectura se interpreta como un indicador claro, y clásico, de enfriamiento de la economía. A esto se añade el debate interesado de qué hacer con el exceso coyuntural de capacidad energética instalada en los periodos de descenso del consumo, o traducido, la reclamación de tener un escenario estable de ingresos por parte de los inversores en un mercado que funciona por ciclos (como si los demás mercados no los tuvieran) y donde una concepción antediluviana hace que tengamos que sobredimensionar hasta lo irracional nuestros sistemas de producción. Hace poco más de una década que las energías renovables dan el salto cualitativo y cuantitativo para demostrar que pueden dar una respuesta al problema de facilitar un crecimiento global que al mismo tiempo se haga en un contexto energético sostenible y con concepciones de generación distribuida mucho más racionales.

Las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero y otros contaminantes pueden reducirse significativamente sustituyendo los combustibles fósiles por energías renovables. Además, las fuentes renovables tienen un carácter autóctono que permite ayudar a diversificar la balanza energética nacional y contribuye a mejorar la seguridad de suministro energético. Constituyen una fuente de energía inagotable, ya que en su origen proceden en su mayoría del Sol (con la excepción de la geotérmica). Por ello, tienen un carácter limpio y de bajo impacto ambiental en la etapa de generación. Junto con la referida abundancia de algunas de las fuentes renovables, cabe también reseñar su buena distribución geográfica que contrasta con la de los combustibles habituales. En el caso del petróleo un 5% de países poseen el 25% de las reservas mundiales y tan sólo el 16% de los países alberga el 50% de las reservas. Esos mismos porcentajes se repiten en el caso del carbón y del uranio. Por el contrario las energías renovables tienen una distribución homogénea y balanceada geográficamente.

Buena muestra de la importancia que están cobrando las energías renovables en el contexto energético internacional es que la, siempre ortodoxa, Agencia Internacional de la Energía en su análisis de perspectivas tecnológicas publicado en 2010 reconoce que para cumplir con los objetivos de reducción de emisiones para el año 2050 es necesaria una importante penetración de tecnologías renovables, que supondrían hasta un 17% en la contribución de reducción de emisiones de CO2 en el planeta (IEA, 2010). Hasta hace poco, objetivos tan ambiciosos de penetración solo eran contemplados por los paneles del cambio climático y expertos y asociaciones medioambientales, que siempre han defendido la viabilidad de alcanzar un 50% de penetración de las renovables en el año 2050 (Casals, Domínguez, Linares, López, 2005), un mensaje que ya ha hecho suyo la propia Comisión Europea.

No obstante, y a pesar del enorme dinamismo de las energías renovables y su fuerte crecimiento, la realidad es que todavía el despegue se está concentrado en algunas regiones geográficas muy concretas y el éxito se está viendo ligado a ciertas tecnologías como la eólica, la solar o los bio-carburantes. En Europa la situación es muy dispar entre los distintos estados miembros (EurObserv’ER, 2010), si bien podemos congratularnos de que España ha ido cumpliendo la mayoría de los objetivos fijados en su ya finalizado Plan de Energías Renovables, y con especial éxito en el ámbito de la producción de electricidad, por lo que es uno de los países de referencia en la implantación de estas tecnologías. Así el año 2009 finalizó con una contribución del 24,7% de las energías renovables en la producción eléctrica bruta. El primer semestre de 2010 dicha contribución se incrementó al 39,6%. El nuevo Plan de Acción Nacional de Energías Renovables de España (PANER) 2011-2020 mantiene un objetivo de producción eléctrica renovable del 40% y fija un objetivo del 20% para la producción de energía primaria renovable en el año 2010 (IDAE, 2010). Son objetivos en línea con el nuevo Programa Energético Europea y con el Plan Estratégico en Tecnologías Energéticas SET Plan aprobado por la Comisión Europea.

El mercado mundial de las energías renovables está creciendo de manera robusta y sostenida. Las inversiones alcanzaron los 150 mil millones de dólares en 2009, incluyendo nuevas plantas eléctricas, térmicas y refinerías de biocarburantes. Casi todo el incremento se ha concentrado en la industria eólica, solar fotovoltaica y biocarburantes. España es el cuarto mercado mundial en energías renovables detrás de China, EEUU y Alemania, y ocupa un papel muy importante en energía eólica, fotovoltaica, solar termoeléctrica y bio-etanol (REN, 2010). El ímpetu de China en el sector y el despertar de India en algunas tecnologías renovables hacen augurar una pronta difusión hacia otras zonas del mundo y un aumento de los actores y tecnólogos que sin duda contribuirán a una fuerte reducción de precios. Sin duda la evolución de las energías renovables va a venir marcada en los próximos años por su globalización. En este escenario es muy importante que el nuevo PANER y nuestra estrategia nacional dentro del SET Plan tengan como objetivo prioritario que las principales empresas con una verdadera cartera de tecnologías propias (por favor, no más oportunistas), tecnólogos y científicos españoles en el ámbito de la energía puedan competir a nivel internacional. Solamente con actores que compitan en el mercado global podremos considerar que la fase de madurez y competitividad real ha comenzado.

Tanto tecnologías renovables consideradas hoy maduras, caso de la eólica, como aquellas llamadas a experimentar un fuerte desarrollo a corto plazo, biomasa y solar, está previsto que alcancen más de un 50% de la reducción de costes a través del I+D en los próximos diez años. En todos los casos los retos tecnológicos a resolver se centran en la reducción de costes de producción y en el aumento de la fiabilidad y capacidad de adaptación a la demanda, con el fin de proporcionar una energía de más calidad (EREC, 2010).

La energía eólica centra sus desafíos en la mejora de la predicción de viento, el desarrollo de grandes aerogeneradores, la implantación en terrenos complejos y ambientes extremos y en el desarrollo de la eólica distribuida con pequeños aerogeneradores.

En biomasa se ha de impulsar el desarrollo de los cultivos energéticos, las tecnologías avanzadas de utilización térmica y termoquímica, y la producción de bioetanol y biodiesel a partir de variedades vegetales no convencionales y de bajo coste.

La energía solar presenta un gran número de opciones tecnológicas con desarrollos a potenciar. En fotovoltaica es prioritario el aumento de la eficiencia, así como la reducción de material mediante el empleo de láminas delgadas o el uso de concentración solar. En solar termoeléctrica resulta esencial la consolidación de las primeras plantas comerciales y el avance hacia generación directa de vapor y sistemas de almacenamiento térmico a gran escala.

Y todavía nos queda el reto de incorporar este modelo de manera también masiva al sector del transporte y al calor de proceso industrial. Además de los biocarburantes, la electricidad solar y los combustibles solares (combustibles sintéticos generados en procesos alimentados por energía solar), abren las puertas a sectores que hasta ahora han resultado impermeables a las tecnologías renovables. Tenemos una ilusionante década por delante, no perdamos el pulso.

Referencias

EREC (2010) “RE-thinking 2050. A 100% renewable energy vision for the European Union”. European Renewable Energy Council. Bruselas. Disponible en www.erec.org

EurObserv’ER (2010) “The state of renewable energies in Europe. 10th EurObserv’ER Report”. ISSN 2101-9622. Disponible en http://www.eurobserv-er.org/

Garcia Casals X., Dominguez J., Linares P., López O. (2005). “Renovables 2050. Un informe sobre el potencial de las energías renovables en la España peninsular”. Greenpeace España. Disponible en www.greenpeace.es

IDAE (Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía) 2010. “Plan de Acción Nacional de Energías Renovables (PANER) 2011-2020. Disponible en www.idae.es

IEA (International Energy Agency), 2010, “Energy Technology perspectives. Scenarios and strategies until 2050” ISBN. 978-92-64-08597-8. Disponible en www.iea.org

REN21 (2010) “Renewables 2010: Global status report”. Disponible en www.ren21.net

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Comentarios

¿y qué son los combustibles solares? el hidrógeno es el único con posibilidad real de incorporar de forma masiva las energías renovables al sector transporte.

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