¿Qué es un cínico? La importancia de valorar correctamente el precio de la energía

Autor: Salvador Luque-Instituto IMDEA Energía

Para Oscar Wilde un cínico es un hombre que conoce el precio de todo y el valor de nada, como expresa Lord Darlington en la comedia “El abanico de Lady Windermere”. Representada en 1892, la obra constituyó su primer gran éxito teatral en el West End londinense. Se trata de una despiadada sátira de alta sociedad inglesa de la época, que explora la dificultad de mantener el honor en sus círculos puritanos e hipócritas. La frase escogida, sin embargo, puede aplicarse con igual vigor a la no menos tortuosa empresa de valorar correctamente el precio de la energía en la sociedad global actual.

En una charla preparatoria a la conferencia de Naciones Unidas Río+20 en 2012, Christine Lagarde, Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional, ofreció un discurso desacostumbrado para sus diez predecesores en el cargo.  El mundo se enfrenta a una triple crisis: económica, medioambiental y social, dijo. Destacaba en su tesis la idea de que las tres crisis interactúan entre sí y se retroalimentan de manera compleja, lo que implica que no pueden abordarse, ni mucho menos resolverse, por separado. Sin embargo, proponía empezar en su resolución por un principio sencillo: ponerle un precio correcto al consumo de energía, un aspecto básico que cualquier solución integrada necesitaría seguramente incorporar.

Bajo su auspicio, el FMI publicaba en 2014 el libro titulado “Getting Energy Prices Right: From Principle to Practice”, donde la institución describe las herramientas necesarias para ayudar a los legisladores a valorar la energía de forma responsable. El volumen, acompañado por extensas tablas de datos para 176 países, pone el énfasis en la existencia generalizada de subsidios a la energía (subsidios al consumo de carbón, petróleo, gas natural y electricidad). Y argumenta que su eliminación significaría haber recorrido una parte importante del camino hacia la correcta valoración del precio de la energía. Los subsidios globales al consumo energético se estimaron para 2015 en 5.3 billones de dólares, o un 6.5% del PIB mundial. Sólo en España, estos subsidios fueron de 22.000 millones de euros ese año, un 1,7% de su PIB, o alrededor de 474 euros por habitante.

Los subsidios al consumo energético incluyen dos componentes: subsidios antes de impuestos, y subsidios en impuestos (es decir, en impuestos eximidos). Los primeros existen cuando los consumidores pagan por la energía precios inferiores a su precio de mercado. Pero la definición utilizada por el FMI engloba, notablemente, los subsidios en impuestos – de hecho, son éstos la principal contribución al total. Con este término se hace referencia a situaciones donde los impuestos exigidos al consumo de energía son insuficientes para compensar sus consecuencias negativas, o en términos económicos, sus externalidades.

Las externalidades negativas del consumo energético en la actualidad son extensas. Incluyen el calentamiento global por emisiones de efecto invernadero, la contaminación atmosférica y sus efectos sobre la salud pública, o las derivadas del uso de combustibles fósiles en el transporte: desgaste de redes públicas de carreteras, accidentes de tráfico y tiempo productivo perdido en atascos. Cualquier política fiscal que no refleje estas consecuencias del consumo de energía en el precio que se paga por ella puede considerarse un subsidio a su consumo. Las gráficas a continuación muestran el valor de los subsidios globales a la energía, como porcentaje del PIB, por producto energético y región. Es legítimo indicar que el FMI reconoce sus estimaciones como plausibles, si bien debatibles: aunque establecer las relaciones causa-efecto entre el consumo de energía y sus externalidades es intuitivo, cuantificarlas resulta complejo.

 

Figura 1: Subsidios globales a la energía por producto energético, como porcentaje del PIB mundial. Eje izquierdo: antes de impuestos. Eje derecho: después de impuestos[1]. Reproducido a partir de “How Large Are Global Energy Subsidies?”, Coady et al., 2015.

 

Figura 2: Subsidios a la energía por región y producto, como porcentaje del PIB. Reproducido a partir de “How Large Are Global Energy Subsidies?”, Coady et al., 2015.

Aun así, las consecuencias económicas son muy amplias. De manera general, los subsidios pueden agravar desequilibrios fiscales, ahogar otros gastos públicos prioritarios, deprimir la inversión privada, y distorsionar la asignación de recursos mediante el fomento de un consumo excesivo de energía. De especial interés para este blog, también reducen los incentivos para invertir en energías renovables disminuyendo artificialmente su competitividad. Incluso incluyendo el mayor coste de la energía que supondría su eliminación para los consumidores, el FMI estima que el mundo sería 1.8 billones de dólares más rico sin esos subsidios (un 2.2% del PIB mundial). Su eliminación permitiría un uso más eficiente del dinero utilizado implícitamente para subvencionar el consumo energético.

Pero además el argumento económico enlaza con el medioambiental y el social. La eliminación de los subsidios a la energía causaría una disminución del 20% en emisiones de CO2 y tendría efectos secundarios positivos al reducir la demanda mundial de energía (algo no insustancial cuando se prevé que la población mundial llegue a su nivel de saturación entre 2050 y 2100). Y aun más importante, la existencia de subsidios a la energía profundiza y arraiga las desigualdades sociales, pues los principales beneficiarios son sus mayores consumidores, incluyendo, a distintos niveles, países desarrollados, industrias intensivas en capital, u hogares de ingresos más altos. Los 1.200 millones de personas que se estima no tienen acceso a electricidad en el mundo difícilmente podrán beneficiarse de subsidios a la energía.

Todos los países estudiados por el FMI subvencionan el consumo de energía. Dada su ubicuidad, la reforma del precio de la energía se intuye una tarea hercúlea que requiere la implicación de numerosos agentes políticos, sociales y económicos. Una hoja de ruta tentativa del FMI incluye, entre otros elementos, diseñar una agenda con objetivos claros a largo plazo, analizar el impacto de las reformas, consultar a todas las partes implicadas, promover medidas de comunicación y transparencia, actuar de manera gradual y progresiva, o despolitizar los mecanismos de fijación de precios. Todo ello unido a un ingente esfuerzo educativo, quizá sólo equiparable a la magnitud de los cambios.

No se le escapa a la propia Lagarde, quien reconoce no esperar que suceda de un día para otro. Reformas de tan profundo calado causarán además que muchos respondan como en el diálogo de la obra de Wilde: Y un sentimental, mi querido Darlington, es un hombre que ve un valor absurdo en todo y desconoce el precio de mercado de cualquier cosa. Sólo una valoración objetiva del precio de la energía podrá alejarnos de cinismos y sentimentalismos. Afortunadamente, la sociedad de nuestra generación empieza a disponer de las herramientas que necesita para ello.

 

Más información:

1. “Getting Energy Prices Right: From Principle to Practice”,Parry, I.W., Heine, M.D., Lis, E. and Li, S., 2014. International Monetary Fund.

2. “How Large Are Global Energy Subsidies?”, Coady, D.P., Parry, I.W., Sears, L. and Shang, B., 2015. (https://www.imf.org/external/pubs/cat/longres.aspx?sk=42940.0)

3. “Energy subsidy reform: lessons and implications”, Clements, M.B.J., Coady, D.P., Fabrizio, M.S., Gupta, M.S., Alleyne, M.T.S.C. and Sdralevich, M.C.A., 2013. International Monetary Fund.



[1]Los subsidios después de impuestos son la suma de subsidios antes de impuestos y subsidios en impuestos, es decir, equivalen al total subsidiado.

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