Multimillonario plan contra la contaminación en China

[Autora: Elena Díaz-Instituto IMDEA Energía]

La madrugada del 6 de enero se dio a conocer el nuevo plan quinquenal del sector energético de China aprobado por el Consejo de estado, en el que se prevé una inversión de 2.500 millones de yuanes (345.000 millones de euros) y la creación de más de 13 millones de empleos hasta 2020 en la generación de energía renovable. El objetivo de este plan, asociado al pasado acuerdo COP 22 de Paris, es la reducción de emisiones gaseosas contaminantes siempre unida al ahorro energético.

China es uno de los países más contaminantes del mundo, principalmente debido al gran uso que hacen del carbón, representando el 64% del consumo energético del país (2015), además de por encontrarse en un periodo de desarrollo industrial. Es el país con mayor contribución de emisiones de CO2 (Figura 1) y sus ciudades sufren de grandes problemas de contaminación. Se llegan a superar hasta en 12 veces los valores máximos recomendados por la Organización Mundial de la Salud en cuanto a material particulado debido al efecto conjunto de fábricas, siderurgias, centrales térmicas, coches, obras y calderas de calefacción. Cerca de cien ciudades (62% de las 338 monitorizadas por el Ministerio de Protección Ambiental) han estado en diferentes niveles de alerta desde el pasado diciembre, sufriendo algunas de ellas periodos de nivel rojo en el que se aplican medidas como el cierre de fábricas y escuelas, el paro de obras, la restricción del tráfico a días alternos e incluso el cierre total de autopistas o la cancelación de vuelos por problemas de visibilidad. La contaminación ambiental se ha convertido en uno de los principales problemas de China, cobrándose millón y medio de vidas al año

Figura 1: Emisiones CO2 en 2013 (www.worldbank.org)

 

Figura 2. Beijing el 01/01/17 (izquierda) y el 23/12/16  (derecha). (http://cnnespanol.cnn.com/)

Este proyecto acelera un proceso de inversión ya iniciado años atrás, puesto que en el anterior plan quinquenal ya se habían comprometido a producir el 20% de la energía con fuentes renovables para 2030. Las emisiones de CO2 disminuyeron un 2% en 2014, la primera caída desde 2001, y más de 2.000 pequeñas minas de carbón fueron cerradas de 2012 a 2016. Se preveían grandes inversiones en energías limpias así como el cierre de las plantas térmicas más contaminantes con el objetivo de reducir el consumo en 13 millones de toneladas en 2017. Durante el 2015 China fue el país que más invirtió en energías renovables, destinando el doble de financiación que EEUU y cinco veces más que el Reino Unido. A finales de 2015, poco después de la conferencia de Paris, el gobierno chino dio a conocer el compromiso de reducir al 60% las emisiones del sector energético y de disminuir en 180 millones de toneladas el total de CO2 emitido a la atmósfera anualmente, que fue definido por la ONG WWF como un proceso viable técnica y económicamente. Al mismo tiempo, China se ha convertido en el primer inversor mundial en energías renovables en el extranjero, desembolsando en 2016 un 60% más que en el año anterior en países como Brasil, Australia, Chile, Pakistán, Indonesia, Alemania, Egipto y Vietnam.

Las nuevas metas fijadas para 2020 son la generación del 15% del consumo energético actual del país (equivalente a 580 millones de toneladas de carbón) a partir de fuentes renovables y un tope de consumo energético total equivalente a 5.000 millones de toneladas de carbón. Esto último supone que el incremento anual deberá reducirse desde el 3,6% registrado en el periodo 2011-2015 hasta un 2,5%. Para debilitar el uso del carbón y ampliar el de las renovables pretenden aumentar el apoyo a las políticas de financiación de este tipo de energías con la finalidad de que la capacidad instalada de energía renovable contribuya con aproximadamente la mitad de la nueva capacidad de generación para 2020. Se prevé que casi un tercio de la capacidad total instalada a nivel mundial de energía eólica, hidroeléctrica y solar será en China. Además, la proporción de combustibles no fósiles aumentará por encima del 15% y el uso del gas natural deberá llegar al 10% de forma que el conjunto represente más del 68% del incremento total previsto del consumo energético. Al mismo tiempo se pretende promover la disminución de costes de las energías renovables y el aumento de la eficiencia en el uso de la energía, así como la innovación y cooperación a nivel global en el sector energético.

De los 2.500 millones de yuanes previstos, 1.000 irán a parar a proyectos de energía solar, 700 a eólica, 500 a hidroeléctrica y mareomotriz y 300 a geotermia. Cabe destacar que, además de las anteriores, el documento incluye la energía nuclear dentro de las energías renovables. China cuenta con 35 reactores de energía nuclear en operación, 21 están en construcción y se prevé incrementar la capacidad hasta llegar a 58 GW en 2020, 150 GW en 2030 y aún más en 2050. La energía eólica contaba con el 8.6% de capacidad en 2015, aunque solo generaba el 3,3% de la electricidad total, por lo que deberá ser aumentada en estos cinco próximos años. Respecto a la hidráulica, dos grandes proyectos han sido añadidos recientemente: Tres Gargantas de 18,2 GW y Río Amarillo de 15,8 GW. La energía solar es uno de los puntos fuertes del país: en 2015 batió el record mundial de mayor capacidad solar instalada en un año y el 2016 se ha convertido en el país con mayor capacidad total instalada. Aun así, sigue habiendo oportunidades de inversión debido a que los costes de este tipo de energía siguen bajando. Como ejemplo de solar fotovoltaica, en la región de Ningxia se está construyendo una de las mayores instalaciones, que cubrirá 4.607 hectáreas con casi 6 millones de paneles solares para producir 2 GW. Por otro lado, la primera planta de energía solar térmica de concentración (CSP) a escala comercial en China está siendo diseñada por la empresa española Ingeteam, la cual contará con almacenamiento por sales fundidas de hasta 7,5 horas y generará 50 MW. En 2018 se habrá completado una primera fase de proyectos CSP que incluye 9 plantas de torre solar, 7 de cilindros parabólicos y 4 de Fresnel lineal, sumando una capacidad total de 1,4 GW.

Una semana más tarde, la Administración Estatal Oceánica publicó el plan quinquenal sobre el desarrollo de la energía renovable oceánica, incluyendo energía mareomotriz, la generada por las olas, la de contraste térmico y la biomasa. En él proponen promover el uso de este tipo de energía por medio del apoyo a la investigación y a la innovación tecnológica, centrándose especialmente en las regiones insulares del Mar Meridional.

Además de las medidas relacionadas con la generación eléctrica también se han aplicado iniciativas a otros sectores, como la tarifación regulada de la electricidad a las acerías según su evolución tecnológica con el objetivo de favorecer a las más eficientes, la regulación de las emisiones de los coches de segunda mano para beneficiar aquellos vehículos más eficientes, el aumento del papel de las energías renovables en la calefacción de viviendas o una mayor rigurosidad en el control de las emisiones. Otro ejemplo es el plan de responsabilidad ampliada de los productores, por el que su compromiso se extiende no solo al diseño y el consumo de sus productos, sino también al reciclaje y el tratamiento de residuos. La finalidad última es desarrollar una economía “circular” en la que la cantidad de residuos vertidos disminuya en base a alargar la cadena de valor de los productos y reutilizar los desechos.

China es el país que emite más CO2 del mundo y a la vez el que realiza mayores inversiones en energías renovables. Se enfrenta a una difícil transformación en la que el PIB crece al 6,7% (primeros tres trimestres de 2016) a la vez que se esfuerza por construir un sector energético cada vez menos agresivo.


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