Multicores, ¿por qué?

Hace 20 o 25 años era fácil elegir un ordenador y saber de manera aproximada cómo se iba a comportar tan sólo leyendo el nombre del procesador. Podíamos leer 286, 386, 486 (en el generalista mundo de Intel), y para mayor información solía ir acompañado de unos valores mágicos, 20 MHz, 33 MHz, 40 MHz, etc., que nos daban idea de la frecuencia a la que harían las operaciones necesarias para hacer funcionar las aplicaciones. Es decir, que una vez asumida una familia de procesadores, el valor que lo acompañaba nos indicaba de alguna manera la velocidad del ordenador. Ya en los 90 aparecieron los modelos Intel Pentium y ahí la cosa también parecía fácil, con versiones estándar, versión Pentium II, Pentium III, Pentium 4, que a su vez llevaban cada vez más elevados números mágicos de 266 MHz, 700 MHz, 1.2 GHz.

Pero en la pasada década algo debió ocurrir, porque alrededor de 2005, llegados a las últimas versiones de los Pentium 4, con frecuencias de reloj de 3.0 GHz a 3.6 GHz en los más extremos, todo se hizo más complejo para el que quería comprarse un ordenador de sobremesa.

Y entonces aparecieron los multicores

Los fabricantes empezaron a utilizar valores menores en las frecuencias de reloj, y de un 3.2GHz se pasaba a rondar los 1.8-2.8 GHz. La sencilla nomenclatura de las familias anteriores empezaron poco a poco a complicarse con los Intel Core Duo, Core 2 Duo, Core 2 Quad, Core i7, Core i5, i3 y en ninguno (o salvo casos muy excepcionales) no se ven acompañados por aumentos en frecuencias de reloj. La razón ya la hemos comentado en este blog de vez en cuando, y tiene que ver con los aumentos de potencia y problemas de disipación de calor que tendrían estos equipos al disminuir los procesos de integración y aumentar las frecuencias de reloj.

Como dato orientativo, aumentar un 1% la frecuencia de reloj implica aumentar alrededor de un 3% el consumo energético (y por tanto el calor) y tan solo produce aproximadamente un 0.66% de mejora en rendimiento. Así, aumentar un 15% la frecuencia de reloj, implicaría aumentar un 45% el consumo energético y solo mejorar un 9% el rendimiento. Continuar con esta línea haría insostenible el consumo energético de grandes equipos así como las necesidades de refrigeración de los mismos. No, no es el camino. ¿Qué pasa si disminuimos la frecuencia de reloj una vez que alcanzamos un tope? Pues a la inversa. Si bajamos un 15% la frecuencia de reloj (por ejemplo de 3 GHz a 2.5 GHz) reducimos consecuentemente un 45% el consumo energético (aproximadamente la mitad) y nos quedamos al 90% de rendimiento. Eso de disminuir el rendimiento no es lo que buscábamos, pero ¿qué pasa ahora si duplicamos el número de procesadores? Bueno, entonces la cosa cambia porque pasamos a tener un sistema que aproximadamente consume lo mismo (2 procesadores que consumían aproximadamente la mitad) y sin embargo obtenemos un incremento del 180%, es decir, casi el doble de rendimiento.

Por tanto, y como hemos incidido en más de una ocasión, se acabaron los procesadores mononúcleos, o de un único núcleo de procesamiento, se acabaron los aumentos infinitos en las frecuencias de reloj, excesivo consumo y calor, y recibimos con los brazos abiertos las tecnologías multicore y manycore.

Como Mourinho puede seguir preguntando con su característico “¿por qué?”, seguro que mucho mejor que nosotros lo explica el siguiente vídeo de escasos 9 minutos de Intel.

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