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Por qué no ha habido (aún) ninguna mujer gurú en Silicon Valley | madrimasd
 Los estereotipos, la falta de visibilidad de sus logros y la escasez de referentes dificultan que haya más mujeres en el sector tecnológico, uno de los que más empleos genera.

Los estereotipos, la falta de visibilidad de sus logros y la escasez de referentes dificultan que haya más mujeres en el sector tecnológico, uno de los que más empleos genera.


Por qué no ha habido (aún) ninguna mujer gurú en Silicon Valley

Los estereotipos, la falta de visibilidad de sus logros y la escasez de referentes dificultan que haya más mujeres en el sector tecnológico, uno de los que más empleos genera.

Hace 70 años, cuando los ordenadores, las tabletas y los libros electrónicos eran ciencia ficción, a una maestra de un pueblo de León se le ocurrió una idea para que sus alumnos no cargaran con tanto peso cuando iban a la escuela. Corría el año 1949 cuando Ángela Ruiz Robles patentó la primera propuesta de enciclopedia electrónica portátil, precursora del e-book.

No mucha gente, sin embargo, conoce a esta pionera inventora española, al igual que ha ocurrido con otras mujeres que han hecho importantes contribuciones a la tecnología. ¿Le suena el nombre de Ada Lovelace, considerada la primera programadora de ordenadores del mundo por elaborar el primer algoritmo? ¿Sabía que la actriz Hedy Lamarr ideó la tecnología que años después hizo posible el wifi? ¿O que Margaret Hamilton desarrolló el software que permitió a la NASA ir a la Luna?

Pese a contribuciones como éstas, el sector tecnológico sigue siendo hoy en día un mundo copado mayoritariamente por hombres. Steve Jobs (Apple), Bill Gates (Microsoft), Mark Zuckerberg (Facebook), Larry Page (Google)... la lista de gurús de Silicon Valley es larga y básicamente masculina. ¿Por qué no hay más mujeres en puestos de liderazgo y en el mundo de la tecnología en general?

Entre las razones, Nuria Oliver, directora de investigación en Data Science en Vodafone, destaca los estereotipos culturales, la falta de visibilidad de los logros conseguidos por mujeres y la escasez de referentes femeninos. "Una de las barreras es que la cultura en el mundo de la tecnología es sexista y misógina, así que tenemos que hacer ver a las niñas todo lo que pueden hacer. Y a los niños, que ellas son tan capaces como ellos para la tecnología", apunta Oliver durante una entrevista en Madrid, donde participó en el proyecto Girls4Tech, organizado por la Real Academia de Ingeniería y la Fundación Esperanza Pertusa de Gioseppo.

Esta ingeniera alicantina especializada en desarrollar modelos computacionales del comportamiento humano -es decir, en que los ordenadores nos entiendan-, considera que la imagen que prevalece en la sociedad sobre la gente que se dedica a la tecnología no se corresponde con la realidad: "La mayoría se imagina a un señor con gafas y pocas habilidades sociales en un sótano. Y al mismo tiempo, vivimos en una sociedad que cada vez tiene más estereotipación de género. No hay más que ir a una tienda de juguetes o ver los libros que se venden. Cuando yo era pequeña no había Lego de chicos o chicas o pasillos rosas", señala la ingeniera, que subraya cómo cuando estudiaba Teleco en la Politécnica de Madrid (UPM) y cuando hacía el doctorado en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), allá por 1995, nunca le llamó la atención que la mayoría de sus compañeros fueran chicos.

"Éramos muy pocas en la carrera y también en el MIT, donde yo era la única española, pero para mí era irrelevante el género. Hasta que me quedé embarazada", recuerda Oliver, una de las cuatro académicas de la Real Academia de Ingeniería de España (que cuenta en total con 70 académicos).

"Hombres y mujeres infravaloramos a las mujeres. Hay numerosos estudios que lo demuestran", afirma Oliver, defensora de que se introduzca en las aulas una asignatura troncal de pensamiento computacional. "Mi hipótesis, no corroborada, es que niños y niñas son tecnológicamente competentes. Si le quitáramos el género a la tecnología, la situación se normalizaría, de la misma forma que nadie piensa que leer o sumar es algo de niños y niñas", asegura.

Que esta brecha de género comienza a muy temprana edad lo demuestran numerosos estudios. Uno de los últimos, publicado por la Universidad Camilo José Cela en noviembre, revela que sólo un 4,2% de las adolescentes españolas de 15 años piensa seguir una carrera STEM (siglas en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), frente al 12,10% de los adolescentes chicos.

"Estamos muy preocupados porque es una brecha que no tiene ningún fundamento científico, pero existe, es cuantificable y la detectamos en edades muy tempranas", apunta Rafael van Grieken Salvador, consejero de Educación e Investigación de la Comunidad de Madrid, durante la jornada Mind the gap! Mujeres, Ciencia, Innovación, organizada por la Embajada de Suecia de Madrid en el Campus Madrid de Google para startups.

Para combatir esos estereotipos que hacen que haya una distorsión "entre lo que los alumnos son capaces de hacer y lo que perciben que se les da bien", Van Grieken, catedrático de Ingeniería Química, propone "llevar a cabo un cambio metodológico en las aulas" como el que están ensayando en una treintena de colegios de la Comunidad de Madrid.

La consecuencia de estos estereotipos, dice Oliver, es que el porcentaje de chicas que se matriculan en carreras STEM "no sólo no está aumentando, sino que desde los años 80 ha ido descendiendo. En España, oscila entre un 10 y 20%, dependiendo de la universidad. En EE.UU. es más o menos similar mientras que en países como India o China es más alto", dice Oliver, que considera que se trata sobre todo de un problema del mundo occidental.

Sin embargo, Njideka Harry, CEO de la Youth for Technology Foundation, una organización que trabaja en Nigeria, Kenia y Uganda con el objetivo de dotar a los jóvenes de países pobres o en vías de desarrollo con las habilidades necesarias para acceder a los puestos de trabajo del sector tecnológico, considera que "la escasez de mujeres en este área es un problema global que requiere una respuesta global. En España un 18% de ingenieros son mujeres, en Nigeria un 13%, en Kenia, un 6% y en EE.UU. un 15%", repasa durante una entrevista en Madrid, donde participó junto a Oliver en Girls4Tech.

Los prejuicios sobre estas profesiones, coincide Harry, están detrás de ellos. "Hay estereotipos culturales muy enraizados. No sólo ocurre en Kenia o Nigeria. En EE.UU., muchas chicas creen que si eres ingeniera vas a parecer rara o una friki y no vas a gustar a los chicos", explica esta emprendedora, partidaria de motivar a las jóvenes para que se dediquen a este sector "sin presionarlas".

"En África, por ejemplo, prevalece la idea de que si eres mujer no puedes ser ingeniera. Y luego están las expectativa sociales. En muchos países lo que se espera de una chica es que acabe el colegio y se ocupe de cuidar a su familia. Si comienzas una carrera tecnológica, estás descuidando las labores domésticas aunque, poco a poco, las familias están empezando a ver los beneficios de que las mujeres se dediquen a estas áreas", asegura.

Defensora de que el acceso a la tecnología es un derecho humano, Harry destaca que en los últimos ocho años el empleo vinculado con las carreras STEM en el mundo ha crecido un 17% más que en otros campos. "El 65% de los niños que ahora están en Primaria van a ocupar puestos de trabajo que aún no existen". En pocos años, añade, muchos empleos estarán automatizados, algo que "va a ampliar la brecha entre hombres y mujeres porque la Inteligencia Artificial (IA) se está aplicando sobre todo a servicios de atención al cliente, en muchos de los cuales trabajan mujeres como recepcionistas, administrativas, etc. Por eso es muy importante que haya más mujeres preparadas".

Una forma de aumentar su presencia en este mundo es inspirándolas porque, "si no ves mujeres que sean científicas computacionales, probablemente no vas a serlo", argumenta Harry, pionera a la hora de introducir a nivel global y en Naciones Unidas el tema de las niñas y la tecnología en el año 2000.

"Cerrar esta brecha es una tarea conjunta de mujeres y hombres, en la que tienen que estar implicados gobiernos, universidades, sociedad civil y empresas. Y hay que trabajar a nivel nacional, europeo y global", reclama Lars-Hjalmar Wide, embajador de Suecia en Madrid y anfitrión de la jornada Mind the Gap!.

Según advirtió en el mismo foro la secretaria de Estado de Igualdad, Soledad Murillo de la Vega, "esos estereotipos de género se están trasladando a los sistemas de Inteligencia Artificial", por lo que insta a estar "absolutamente alerta", a "ser exigentes con la definición del problema" y a pasar a la acción tomando medidas "porque si esperamos a la buena voluntad, tardaremos 500 años".

"No se puede perder ningún talento, ni por su situación económica, procedencia geográfica ni muchísimo menos por su género", señala Ángeles Heras, secretaria de Estado de Universidades, Investigación, Desarrollo e Innovación y catedrática de Química Física en la Universidad Complutense de Madrid. "Yo soy una apasionada de la innovación y el emprendimiento, y animaría a cualquier mujer que tenga una idea a hacerla realidad", añade Heras, coinventora de cuatro patentes y fundadora de la empresa Innovaciones Físicas y Químicas Sostenibles. En su experiencia, "la mujer emprendedora es perseverante".

Según los datos ofrecidos por Francisco Ruiz, director de Relaciones Institucionales de Google España y Portugal, el 40% de los más de 40.000 miembros que se han dado de alta en el campus de emprendedores de Google en Madrid son ya mujeres.

Pero si todavía son minoría en el sector tecnológico en general, su escasa presencia en los puestos de liderazgo es particularmente llamativa. "La palabra ambición es necesaria. Lo que importa es dónde está el poder porque el poder sirve para hacer cosas y si no lo tenemos, difícilmente las podemos hacer", argumenta Mercedes Wullich, fundadora y directora de la iniciativa Las Top 100 Mujeres Líderes en España. "Yo hablo de lobby femenino porque me parece necesario para abrir puertas a las que vienen detrás e invitamos a los hombres a que forman parte de él", apunta.

Carme Artigas, cofundadora y directora de Synergic Partners, una compañía de consultoría de Telefónica especializada en Big Data, se ha acostumbrado a ser la única mujer en muchas reuniones y foros. En su opinión, algo está cambiando "pero no a la velocidad adecuada". "En mi época, en igualdad de condiciones elegían a un hombre; si eras mujer tenías que ser muchísimo más competente", asegura Artigas, que considera "que no debemos renunciar a nada por ser mujeres".

Respecto a las razones por las que a las mujeres les cuesta llegar a los puestos más altos, Njideka Harry considera que "a pesar de que, globalmente, las mujeres tenemos más educación que los hombres, ellos tienen es más confianza en sí mismos que nosotras, algo que se ha visto por ejemplo en estudios que demuestran que las mujeres piden menos aumentos de sueldo".

Nuria Oliver ofrece diversas propuestas para fomentar que las mujeres lleguen a lo más alto: "Por mi propia experiencia, he aprendido que muchas veces pensamos que el status quo es de una cierta manera porque hay algo importante que hace que las cosas sean así, cuando a veces simplemente nadie se lo ha cuestionado. Por ejemplo, las reuniones a las 20 horas son muy comunes y totalmente incompatibles con la vida familiar. Cuando me convocan, siempre pregunto si hay algún motivo para que sea a esa hora y siempre ha resultado que no lo había y se ha cambiado", dice esta directiva de Vodafone, que considera que "hay que tener el coraje de preguntar e ir con una propuesta bien razonada si quieres que las cosas cambien porque a nadie le gustan los problemas".

"Una de las decisiones más importantes en la vida es con quién te casas porque si mi marido no me hubiera apoyado y estuviera en casa con nuestros tres hijos cuando tengo que viajar, mi situación habría sido diferente", admite Oliver, que desempeña desde Alicante un trabajo que en teoría tendría que hacer en Londres: "Es el futuro que el lugar trabajo y el lugar de residencia no sean el mismo, en particular en los trabajos en tecnología", asegura.

Oliver se queja, asimismo, de que los logros de las mujeres a menudo no son reconocidos, como refleja la escasez de premios que suelen obtener: "Por ejemplo, en 2018, no se ha galardonado a ninguna mujer en los Premios Nacionales de Informática. He protestado y me han dicho que no había ninguna candidata, así que propongo que si no las hay, se declare desierto el premio, la plaza o la promoción porque eso ayudará a que las haya".

Al grito de "hackeemos los estereotipos y la sociedad", Cristina Aranda, doctora en Linguística Técnica e investigadora en Intelygenz, invita a "desaprender" todos esos estereotipos que con frecuencia "también asumimos las mujeres".

Según asegura Aranda, cofundadora de MujeresTech, una organización que promueve la presencia de mujeres en el ámbito digital, en los eventos a los que asiste la mayoría de expertos son siempre hombres. "Cuando pregunto por qué no hay más mujeres me dicen que no las encuentran", señala. "La innovación la hacemos entre todos, empieza y termina con las personas. Tenemos que olvidarnos de los egosistemas para crear ecosistemas, esos lobbys para ayudarnos unas a otras, y en esos lobbys también tienen que estar los hombres", propone. El objetivo, añade, es lograr "un mundo en el que todos seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres".

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