Una esponja pugna por ser el animal más antiguo conocido

Una investigadora halla en Canadá fósiles de hace 890 millones de años

Una criatura con forma de alfombra de baño llamada Dickinsonia se ganó en 2018 el título del primer animal aparecido en la Tierra. Al menos el primero en dejar un fósil, porque otros pudieron haber llegado antes. Con 558 millones de años, se adelantaba en varios millones a los más antiguos conocidos hasta entonces. Pues bien, quizás ha sido desbancado por otro artículo de baño.

Un estudio publicado en la revista 'Nature' anuncia el hallazgo de unas diminutas estructuras parecidas a gusanos incrustadas dentro de un arrecife canadiense fosilizado que pudieron haber sido formadas por los esqueletos de esponjas marinas hace 890 millones de años, en lo que hoy es en una cadena montañosa en el noroeste del país. Si está en lo cierto, se trataría del animal más antiguo conocido.

El lugar donde fueron encontrados los fósiles es un paisaje remoto, al que es imposible llegar a pie. «No hay carreteras, la única forma de acceder es en helicóptero. Es muy difícil trabajar aquí, es caro y físicamente exigente, y se requieren amplios permisos y logística para poder realizar investigaciones», explica Elizabeth Turner, de la Universidad Laurentian en Ontario (Canadá), única autora del trabajo.

Pero lo que hoy son montañas desafiantes hace 890 millones de años era una vía marítima poco profunda en el interior de un supercontinente llamado Rodinia. Estas vías marítimas estaban vinculadas al océano global y ocupadas por aguas poco profundas, la mayoría afectadas por tormentas intermitentes y con gran parte del lecho marino iluminado por el Sol. Turner cree que allí se establecieron arrecifes construidos por cianobacterias que hacían la fotosíntesis. «Las esponjas vivían en los rincones y grietas de esos arrecifes, como hacen las modernas», describe.

Aunque no lo parecen, las esponjas son animales, solo que muy simples. La evidencia genética sugiere que surgieron durante la era neoproterozoica temprana (hace entre 1.000 y 541 millones de años). Sin embargo, hasta ahora no se habían encontrado fósiles de ese período.

«Las esponjas son un grupo muy diverso: algunas tienen formas distintivas, pero muchas son simplemente como gotas», señala la investigadora. A su juicio, esas primeras esponjas pudieron ser similares a las de baño mediterráneas, las que cualquiera puede utilizar en la ducha. Tenían los mismos tipos de células, también se alimentaban por filtración y vivían en nichos ambientales parecidos. Pero eran «pequeñas y discretas», de no más de un centímetro de longitud.

Evento de oxigenación

Un aspecto interesante de este estudio es que, de confirmarse su antigüedad, estas esponjas vivieron 90 millones de años antes de un evento crucial que, por segunda vez en la historia de la Tierra –el primero sucedió hace unos 2.300 millones de años–, provocó un aumento de los niveles de oxígeno en el planeta, lo que se ha considerado fundamental para sustentar la vida animal. En ese caso, los hallazgos podrían implicar que la evolución de los animales primitivos ocurrió independientemente del llamado ‘Evento de oxigenación neoproterozoica’ (NOE).

«Debido a que los animales requieren oxígeno para su metabolismo, muchos han planteado la hipótesis de que no pudieron emerger hasta que los niveles de oxígeno alcanzaron un cierto nivel crítico, es decir, después del NOE. Estas personas pueden alarmarse ante la sugerencia de que los primeros animales pudieron haber aparecido mucho antes. Pero también es posible que esos primeros animales fueran esponjas tolerantes al bajo nivel de oxígeno, y que los seres más ‘complejos’, con mayores necesidades de oxígeno, surgieran solo después de la oxigenación», afirma Turner.

El artículo es controvertido, hasta el punto de que algunos científicos dudan incluso de que estas estructuras hayan sido dejadas por esponjas. Pero, «si estoy en lo correcto –apunta la investigadora–, lo que he encontrado son los fósiles de los animales más antiguos registrados hasta la fecha». De confirmarse, podría haber resuelto uno de los mayores enigmas de la paleontología. 

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