Historias de constelaciones

Benjamín Montesinos

Las constelaciones son figuras imaginarias “dibujadas “en el cielo, construidas agrupando mentalmente estrellas brillantes. Los hombres de todas las civilizaciones se han servido de ellas para plasmar en el firmamento sus mitos o, con fines más prácticos, usando su momento de aparición y su posición como hitos de los calendarios. En esta entrada de la Bitácora os cuento algunas curiosidades acerca de ellas.

Constelaciones australes y una aurora.

¿CUÁNTAS CONSTELACIONES HAY?

En su primera reunión en 1922, la Unión Astronómica Internacional  (IAU en sus siglas en inglés), organización de astrónomos profesionales que es responsable, entre otras muchas cosas, de asignar nombres a los objetos celestes, adoptó oficialmente la lista de 88 constelaciones que utilizamos hoy. Los límites definitivos entre las constelaciones, que se extienden más allá de de las figuras que “dibujan” las estrellas, fueron fijados en 1930, de modo que cada estrella, nebulosa o galaxia, no importa cómo sea de débil, siempre se encuentra dentro de los límites de una constelacioón. Para el astrónomo de hoy las constelaciones se refieren no tanto a las figuras o representaciones, sino a las áreas perfectamente definidas en el cielo.

Actualmente se representan en el cielo nocturno 14 hombres y mujeres, nueve pájaros, dos insectos, 20 animales terrestres, 10 criaturas acuáticas, dos centauros, una cabellera, un dragón, un caballo volador, un río y 29 objetos inanimados (en total la suma es más de 88 porque algunas constelaciones incluyen más de una criatura, por ejemplo Piscis o Geminis). ¡Es interesante notar que la mayoría de las constelaciones se parecen bastante poco a la criatura u objeto que les da nombre!

Dibujo alegórico de las constelaciones Orion, Taurus y Lepus.

¿QUIÉN INVENTÓ LAS CONSTELACIONES?

El conjunto de constelaciones que conocemos hoy proviene de la Grecia clásica. La descripción más antigua de la que disponemos aparece en un poema llamado Phaenomena, escrito alrededor de 270 a.C. por el poeta griego Aratus. Sin embargo, está claro a partir de la lectura del poema, que las constelaciones mencionadas allí se inventaron mucho antes de esa fecha. Nadie está seguro de dónde, cuándo o por quién, fueron “dibujadas” pero un pequeño trabajo detectivesco revela su origen plausible… 

La primera pista es que las constelaciones descritas por Aratus no incluyen ninguna cerca del Polo Sur celeste, lo que indica que ese área del cielo estaba siempre por debajo del horizonte de los primeros “inventores de constelaciones”. Podemos hacer la hipótesis de que esas personas vivieron próximos a una latitud de 36º norte -al sur de Grecia y norte de Egipto- similar a la latitud donde surgieron las civilizaciones babilonia y sumeria. Además, y esto es una segunda pista, la zona del cielo libre de constelaciones coincide con la región donde, debido al movimiento de bamboleo del eje de la Tierra (precesión) se situaba el Polo Sur celeste alrededor del año 2000 a.C. que también coincide con el periodo histórico de las civilizaciones antes mencionadas. Parece pues probable que fueran esas culturas las primeras que las dibujaron, pasando su conocimiento después a los egipcios y de ellos a los eruditos griegos.

Un mapa del cielo mostrando algunas constelaciones.

CUBRIENDO EL CIELO CON CONSTELACIONES

Hacia el año 150 d.C. Ptolomeo publicó su magna obra conocida por el nombre árabe, el Almagesto) (os animo por cierto a que leáis, si no lo habéis hecho ya, la contribución sobre Ptolomeo que escribió David hace unos días). Entre otras muchas cosas incluyó un catálogo de 1022 estrellas, con estimaciones de su brillo, dispuestas en 48 constelaciones que formaron la base de nuestro moderno sistema. Con los años, los astrónomos han agregado constelaciones que completan los “huecos” en el cielo entre las figuras descritas por Ptolomeo, llenando las regiones cercanas al Polo Sur celeste. Entre los personajes más importantes como “inventores” de nuevas constelaciones destacan el cartógrafo holandés Gerardus Mercator, en el siglo XVI, y Pieter Keyser y Frederik de Hautmann, navegantes a bordo de las primeras expediciones a las Indias del Este en los comienzos del siglo XVII, que cubrieron casi todo el cielo meridional. El astrónomo polaco Johannes Hevelius y el francés Nicolas Louis de Lacaille, completaron con nuevas constelaciones los huecos que restaban.

 CONSTELACIONES OBSOLETAS

En los siglos XVI y XVII, algunos astrónomos intentaron “bautizar” las constelaciones con sus propios nombres o con otros apropiados para adular a un mecenas o un rey. En 1678, Edmund Halley inventó una constelación llamada Robur Carolinum (“Roble de Carlos”), en honor al rey Carlos II de Inglaterra. Esta constelación no duró demasiado ya que no fue incluida posteriormente en casi ningún mapa del cielo. En 1754, el naturalista y escritor satírico inglés John Hall, inventó 13 constelaciones basadas en animales algo desagradables como un sapo, una sanguijuela, una araña, un gusano y una babosa, que nunca prosperaron.

 
CULTURAS Y CONSTELACIONES

Prácticamente cada cultura en la Tierra ha construido figuras imaginarias con las estrellas. Muy pocas veces ha habido coincidencias entre unas y otras. Tomemos, por ejemplo, la Osa Mayor, junto con Orión una de las constelaciones que mejor se reconocen en el cielo. En Norteamérica las siete estrellas brillantes se identifican hoy como un gran cucharón, para los británicos es un arado y en la Francia meridional es un cazo. Los indios Skidi Pawnee de Estados Unidos vieron una especie de camilla donde se trasladaba un hombre enfermo. Para los mayas era un loro mitológico. El saber popular hindú las llamó los siete Rishis, u “hombres sabios”. Para los primeros egipcios eran una pierna de toro. Los chinos las asociaban al carruaje del Emperador de los Cielos o de un burócrata celeste. Los indios Micmac de las provincias marítimas de Canadá, y otras tribus de esas latitudes veían un oso en las cuatro estrellas del trapecio, mientras que las tres restantes eran cazadores que lo perseguían.

¿SON LAS CONSTELACIONES PERMANENTES?

Los astrónomos antiguos hablaban muy a menudo de “estrellas fijas”, en el sentido de que mantenían siempre la misma posición en el cielo. Y de hecho, las estrellas permanecen casi fijas: las figuras que con ellas se pueden formar se parecen mucho a cómo eran cuando de “inventaron”, hace 3000 años. Sin embargo, las estrellas tienen lo que los astrónomos denominamos movimientos propios, es decir, su posición varía con respecto al Sol, si tomamos como referencia nuestra estrella. La velocidad de desplazamiento de una estrellas es de unos pocos, o decenas, de kilómetros por segundo. Como las estrellas están muy lejos, esos movimientos propios no nos hacen percibir cambios en sus posiciones en un intervalo de unos pocos años, sin embargo en miles de años sí que es posible apreciar variaciones. En la figura de la izquierda vemos la Osa Mayor hoy y cómo era hace 50 000 años. Y dentro de 50.000 años el ángulo que forman las tres estrellas más a la izquierda en el gráfico, será mucho más cerrado de lo que es hoy (las flechas verdes indican la dirección del movimiento propio de cada estrella).

 

Etiquetas:

Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.

(requerido)

(requerido)


*