‘Sistemas planetarios’

Un exoplaneta más pequeño que Mercurio

Investigadores del programa AstroMadrid, pertenecientes al Centro de Astrobiología (CAB/CSIC-INTA) y el Observatorio de Calar Alto, han participado en el hallazgo del exoplaneta más pequeño descubierto hasta el momento. El objeto, menor que Mercurio, ha sido detectado con el telescopio espacial Kepler y Calar Alto ha contribuido con datos cruciales para confirmar el hallazgo. Los resultados de esta investigación se publican en la edición del 20 de febrero de 2013 de la revista científica internacional Nature…

Desde el descubrimiento del primer exoplaneta en 1995, los investigadores han ido desvelando que hay otros sistemas planetarios muy diferentes al nuestro. Primero, se descubrieron planetas mucho mayores e incluso mucho más calientes que los de nuestro Sistema Solar. Recientemente, gracias a la gran precisión del telescopio espacial Kepler, se han detectado planetas del tamaño de la Tierra e incluso bastante menores. Ahora se ha hallado por primera vez un planeta más pequeño que Mercurio.

 

Comparación de los tamaños de diferentes planetas, incluyendo los tres de Kepler 37

Comparación de los tamaños de diferentes planetas, incluyendo los tres de Kepler 37  (NASA/Ames/JPL-Caltech)

El telescopio espacial Kepler, lanzado en el año 2009, pretende determinar la abundancia en nuestra Galaxia de planetas rocosos en zonas habitables alrededor de estrellas similares al Sol. Kepler monitoriza de manera constante unas 150 000 estrellas en busca de los tránsitos de sus cuerpos planetarios (los tránsitos son equivalentes a los eclipses en el Sistema Solar).

Durante 978 días, Kepler obtuvo estas señales de tránsito, indicadoras de la existencia de tres planetas, en las series temporales de datos fotométricos de una estrella parecida al Sol, aunque más fría, denominada Kepler-37 (también conocida como KIC 8478994 y KOI-245). Se estima que tiene el 70 % del tamaño del Sol.

El planeta ahora descubierto, Kepler-37b, es el más interno de este sistema de tres. Según David Barrado, director del Centro Astronómico Hispano-Alemán (Observatorio de Calar Alto, Almería), miembro de AstroMadrid e investigador del CAB, «Debido a su tamaño extremadamente pequeño, similar al de la Luna, y a su superficie altamente irradiada, Kepler-37b es, muy probablemente, un planeta rocoso sin atmósfera ni agua, similar a Mercurio».

Para confirmar que los cambios de brillo aparente se debían a planetas orbitando alrededor de Kepler-37 no sirvieron, al contrario que en otros casos, las velocidades radiales ni las variaciones en los tiempos de tránsito, por lo que los investigadores exploraron posibles escenarios astrofísicos (llamados «falsos positivos») que podrían imitar el tránsito de un planeta entorno a Kepler-37. Emplearon para ello un programa informático específico y de gran complejidad denominado BLENDER.

 

Diagrama esquemático que muestra las configuraciones que pueden conducir a falsos positivos en la búsqueda de planetas por el método de tránsitos (pulse en la imagen para ampliarla).

Diagrama esquemático que muestra las configuraciones que pueden conducir a falsos positivos en la búsqueda de planetas por el método de tránsitos (J. Lillo-Box, D. Barrado, D. Galadi)

Además, se utilizó otra técnica observacional con el instrumento AstraLux, instalado en el telescopio de 2.2 metros del Observatorio de Calar Alto (Almería) que brindó imágenes de muy alta resolución de esta estrella, de calidad similar a las que se pueden obtener con el telescopio espacial Hubble. En palabras de Jorge Lillo-Box, investigador del CAB y miembro de AstroMadrid que también ha participado en este trabajo «Con la técnica utilizada, denominada lucky imaging [imágenes afortunadas], hemos logrado descartar un gran número de falsos positivos, es decir, hemos eliminado configuraciones como la presencia de otras estrellas o las manchas estelares. Estos fenómenos pueden confundirse con un planeta, ya que causan efectos similares en los datos recibidos, por lo que solo con una observación precisa es posible descartar que se trate de objetos estelares en lugar de planetas».

Parte de las imágenes se obtuvieron durante el tiempo garantizado español del Centro Astronómico Hispano-Alemán (Observatorio de Calar Alto, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas CSIC y de su homólogo alemán, la Sociedad Max-Planck MPG), tiempo que gestiona el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC). Se pone así de manifiesto la eficiencia de los programas dedicados, que hacen uso de manera intensiva del tiempo de telescopio en proyectos que intentan ampliar las fronteras del conocimiento.

 

El instrumento AstraLux acoplado al telescopio reflector Zeiss de 2.2 m de Calar Alto.

El instrumento AstraLux acoplado al telescopio reflector Zeiss de 2.2 m de Calar Alto. (CAHA).

Este trabajo es fruto de una gran colaboración internacional, dedicada a la explotación de los datos extraordinarios que proporciona el satélite Kepler, pero también de datos obtenidos por telescopios situados en tierra. En palabras de David Barrado, «Sin las observaciones adicionales de los telescopios terrestres no habría sido posible interpretar adecuadamente la información de Kepler. Es el binomio observatorio espacial más terrestre el que produce las sinergias requeridas para lograr este tipo de impresionantes descubrimientos, que hace unos pocos años estaban más allá de la imaginación más osada. Nuevamente, muestran la necesidad de mantener una adecuada financiación a los observatorios terrestres».

 

 

El caso de Kepler-37b ofrece un ejemplo muy claro de los resultados que se pueden obtener con telescopios de la clase dos metros, como el veterano reflector Zeiss de Calar Alto, cuando se equipan con instrumentos de tecnología avanzada como AstraLux y se ponen a disposición de una comunidad científica interconectada internacionalmente y que participa desde la primera línea en la ciencia de vanguardia.

 

 

Natalia Ruíz Zelman
David Galadí
Jorge Lillo-Box
David Barrado

Enlaces:

Centro de Astrobiología: http://cab.inta-csic.es/es/inicio

Telescopio espacial Kepler: http://www.kepler.nasa.gov

AstraLux: http://www.caha.es/CAHA/Instruments/ASTRALUX/

Telescopio reflector Zeiss de 2.2 m en Calar Alto

http://www.caha.es/images/stories/PR/tycho/tel22m_high_es.jpg

Lucky Imaging: http://www.caha.es/astralux-hubbles-sharp-resolution-from-calar-alto.html

http://www.caha.es/images/stories/PR/AstraLux/astraluxobserverstelescope.jpg

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Kepler-22b: ¿un planeta con un inmenso océano de agua?

El primer día en la primera conferencia del observatorio espacial Kepler, a la que estoy asistiendo y que tiene lugar en  NASA Ames, cerca de San Francisco, está siendo realmente interesante. Destacaría el resultado presentado por el investigador principal de la misión, Bill Borucki: el planeta Kepler-22b.

Las líneas de distintos colores corresponden a diferentes composiciones: cuanto más abajo del diagrama, mayor es la densidad de los compuestos que dominan. Kepler-22b tiene un radio muy bien determinado, mediante el método de los tránsitos y el uso de curvas de luz (cómo varía la luminosidad de la estrella central con el tiempo). La masa no se conoce, pero su valor máximo debe ser inferior a unoas 32 veces la masa de la Tierra. Por tanto, la composición más probable es agura y material rocoso. Al estar en la zona de habitabilidad, el agua estaría en estado líquido.

 

Destaca entro los más de 600 exoplanetas confirmados hasta el momento por su reducido radio (2.2 veces el de la Tierra), su periodo orbital (290 días, algo menos que un año terrestre), su estrella central (bastante parecida al Sol) y, sobre todo, por estar localizado a una distancia que hace que la temperatura superficial pudiera permitir la existencia de agua en estado líquido (ie, el planeta está en la denominada “zona de habitabilidad”). De  hecho, los modelos indican que en realidad estaríamos ante un planeta con un núcleo rocoso, y con un inmenso océano de una gran profundidad, cientos o miles de kilométros (por comparación, el punto más profundo en un océano terrestre está a solo 11 kilómetros de la superficie), con una presión extraordinariamente alta. Este impresionante océano cubriría toda la superficie del planeta, que, por tanto, carecería de   continentes.  Cuando se tiene en cuenta la masa total del planeta, es probable incluso que la mayor parte del planeta sea eso: agua en estado líquido. Debido a que no se  ha establecido todavía su masa, la composición del planeta, que de determina por métodos indirectos, no se conoce.

Comparación de las zonas de habitabilidad del Sistema SOlar y de Kepler-22. Crédito NASA/AMES/JPL-Caltech

Entre otros descubrimientos, están los 48 candidatos tipo tierra (planetas rocosos) que también están localizados en la zona de habitabilidad. Pero su confirmación y caracterización requerirán bastante trabajo por parte de la comunidad científica.

 

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ZONA DE HABITABILIDAD

Zona del espacio alrededor de una estrella, tal que cualquier planeta que se encuentre en su interior es susceptible de albergar vida. Dos condiciones indispensables son la presencia de agua líquida y una fuente de energía, aunque esto es, naturalmente, una extrapolación de las condiciones de la vida en la Tierra y si se descubre la existencia de vida en ausencia de agua, habría que cambiar esta definición.

El descubrimiento del primer planeta extrasolar en 1995 por Michel Mayor y Didier Queloz y el gran número y variedad de planetas descubiertos a continuación en pocos años, hizo que el concepto de zona de habitabilidad dejase de ser una elucubración filosófica y pasase a ser una posibilidad científica. No todas las estrellas pueden tener una zona de habitabilidad; las condiciones para ello son: que han de vivir al menos unos cuantos miles de millones de años para dar tiempo a la aparición y evolución de la vida, han de emitir radiación ultravioleta en cantidad crítica y suficiente para la formación del ozono y, lo más importante para nuestro tipo de vida, han de permitir la existencia de agua líquida en la superficie de los planetas. Con estas características, las estrellas posibles van desde los primeros tipos espectrales F, pasando por todas las estrellas G, hasta tipos K medios. El Sol es una estrella G2. Además, no han de ser variables en luminosidad y deben tener alta metalicidad para poder tener planetas rocosos. Porque suponemos que los planetas habitables han de ser de tipo terrestre. El tamaño del planeta ha de ser suficientemente grande como para que pueda retener una atmósfera considerable, mantener el calor interno y disponer de un campo magnético que lo proteja del viento estelar. Otra condición necesaria para la habitabilidad es tener pequeña excentricidad orbital, es decir, que la distancia a su estrella no varíe mucho. La órbita de la Tierra es casi circular. La velocidad orbital ha de ser tal que el ciclo día-noche no resulte muy largo para que no se produzcan diferencias de temperatura muy grandes entre el día y la noche.

Leer más sobre la Zona de Habitabilidad.

PD (DByN, en OpenMind): Sistemas planetarios y la zona de habitabilidad



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DISCO CIRCUNESTELAR

Durante su formación, una estrella experimenta diferentes fases antes de alcanzar la estabilidad o, como se suele decir en la jerga astrofísica, antes de situarse en la secuencia principal. En primer lugar, una nube interestelar de polvo y gas se fragmenta y se colapsa, con lo que da lugar a la aparición de varias regiones de densidad más alta. Más tarde, las protoestrellas aparecen a partir de los coágulos o núcleos que continúan con el colapso de este material. Con posterioridad, la conservación del momento angular (una cantidad física relacionada con la masa y la rotación) hace que se forme un disco alrededor del objeto central. Este disco aporta material a la estrella a un ritmo lento pero sostenido, mediante procesos de acreción. Finalmente, el disco termina por desaparecer, pero cabe la posibilidad de que antes se haya formado en su interior un sistema protoplanetario. La fase de acreción se produce en una época durante la cual la estrella central se halla en un estado conocido como «objeto de tipo T Tauri». Esta fase suele durar unos pocos millones de años, una fracción muy reducida de la vida total del astro, pero de importancia crucial tanto para la estrella como para la posible formación de planetas a su alrededor.


Varios ejemplos de discos protoplanetarios, observados con el telescopio espacial Hubble y un instrumento de infrarrojo cercano denominado NICMOS. Créditos: NASA, ESA.



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Planetas “flotando” en el espacio interestelar

Leo con sorpresa una nota de prensa de NASA, la agencia espacial americana, en la que anuncia el descubrimiento de diez objetos de masa planetaria, pero que no orbitan alrededor de ninguna estrella. El titula, como casi siempre, bastante llamativo: “los planetas flotantes pueden ser más comunes que las estrellas”. Me gustaría hacer varias puntualizaciones para intentar explicar qué significa este descubrimiento, tratar de ponerlo en contexto:

 

Sí, creo que es un resultado bastante interesante, sobre todo por la técnica utilizada, “microlensing”. Consiste en la observación continuada de un campo de estrellas. Si un objeto de muy baja luminosidad pasa por la línea visual de una de estas estrellas, puede provocar, dependiente de varios factores, un incremento del brillo de la estrella debido al efecto de la lente gravitacional (el campo gravitatorio del objeto “invisible” desvía la luz que proviene de la fuente, más lejana). No es la primera vez que se utiliza, y de hecho se han detectado objeto mucho menos masivos, aunque hasta ahora ligados a una estrella central.  El mismo equipo presentó uno de estos resultados hace un año.

El titulo puede llevar a la confusión: nada “flota” en el espacio. Digamos que es una licencia literaria que debe manejarse con cuidado. Aunque entono el mea culpa y confieso que utilizo expresiones análogas en numerosas ocasiones. Por otra parte, la determinación de la cantidad de objetos subestelares (enanas marrones y planetas aislados) pudiera ser importante para determinar la masa de toda la galaxia y para resolver un problema muy relevante, el de la materia oscura. Sin embargo, hace años ya se estableció que independientemente del número total, no juegan un papel significativo.

Se especula que se han posido crear por un mecanismo análogo al que dio lugar a la formación del Sistema Solar, a partir del material de un disco circunestelar que se originó durante los primeros años de la vida del Sol. Precisamente es eso, una especulación. Bien pudieran haberse formado por un método similar al de las estrellas, el colapso y fragmentación de nubes de material interestelar. De hecho, dependiendo de la masa, serían enanas marrones, si la masa estimada es la correcta, objetos aislados  de masa planetaria (que no llegan a tener ningún tipo de reacciones nucleares en su interior durante ningún momento de su cuasi-eterna vida).

Lo que más me sorprende es que este tipo de objetos se han detectado antes, por varios equipos (yo mismo he participado en un de ellos). La técnica es muy distinta: imagen directa en diferentes longitudes de onda (“colores” en el rango óptico o infrarrojo) y una confirmación posterior con espectroscopía, con objeto de estudiar sus propiedades. De hecho, los primeros descubrimientos se realizaron hace ya más de diez años.

Aunque reitero que es un descubirmiento fascinante, tengo la sensación que el anuncio tiene más que ver con un posible reinicio de las discusiones sobre el significado del termino “planeta” y cómo se define un “exoplaneta“, que con la verdadera ciencia que se puede extraer. Un debate muy interesante, tanto por sus implicaciones científicas y de prioridad en los descubrimientos, como políticas (en la arena de la ciencia, claro, por la necesidad de encontrar financiación).

Para aclarar alguna dudas, invito a los lectores a leer algunas de las entradas publicadas en esta bitácora.

Nuestros desconocidos vecinos, las enanas marrones ultrafrías

 

¿Qué es un planeta?…

 

Sobre la diversidad de los Sistema Planetarios

 

Los astrónomos buscan una nueva definición de planeta

 

Exoplanetas: definiendo el término planeta fuera del Sistema Solar

 

Exoplanetas: extraños mundos en entornos extremos

 

Tipos de planetas: zoología exoplanetaria (Astrobiología VI)

 

¿Formación planetaria en acción?

 

 

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ECLIPSE

Es la ocultación de un astro por otro, visto desde un tercero. Hay eclipse solar cuando la Luna pasa entre la Tierra y el Sol, que se ve total o parcialmente cubierto. No sucede cada Luna nueva porque las órbitas lunar y terrestre están inclinadas 5° una respecto a la otra. La Luna es cuatrocientas veces menor que el Sol, pero está en promedio cuatrocientas veces más cerca de la Tierra. Cuando coinciden los tamaños aparentes solar y lunar se produce un eclipse total de Sol: el disco brillante es reemplazado por la silueta oscura de la Luna y a su alrededor se aprecia la tenue corona solar. Si, en perfecta alineación, la Luna queda algo más lejos de la Tierra, el eclipse será anular.
Un eclipse anular o total solo es visible desde la estrecha banda de totalidad, proyección de la sombra lunar sobre la superficie terrestre. A ambos lados se proyecta la penumbra, y en esas zonas el eclipse será parcial, igual que cuando Sol, Luna y Tierra no quedan exactamente alineados, y la sombra lunar no intersecta la superficie del planeta.
Un eclipse lunar total se produce cuando la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna y ésta se encuentra en fase de llena. Nuestra atmósfera refracta la luz solar hacia el cono de sombra terrestre y causa el color rojizo de la Luna durante sus eclipses. Éstos pueden ser también penumbrales, cuando la Luna atraviesa la penumbra terrestre, o parciales, cuando solo una parte de la Luna pasa por la sombra de la Tierra.


Eclipse total de Luna del 3 de marzo de 2007. Composición de nueve fotografías de las distintas fases del eclipse. Durante la parcialidad, la Luna va entrando en la sombra de la Tierra. En la fase total se ha incrementado el tiempo de exposición de la imagen para captar su tonalidad rojiza, producida por los rayos de luz que se filtran y se refractan en la atmósfera terrestre proyectándose sobre la Luna eclipsada. Créditos: Enrique Herrero Casas (Universidad de Barcelona).



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Visiones de Gaia: la Tierra desde el espacio

Un libro de divulgación en lo sobre astrobiología, geología, biología, astrofísica. Tal vez la palabra más adecuada sea astroecología. Editado por el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA, recensión sobre el libro), se puede descargar libremente.



Página principal del “Cuaderno de Bitácora Estelar”

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SISTEMA PLANETARIO

Es el conjunto formado por una estrella (o un sistema estelar binario) y todos los planetas y cuerpos menores que orbitan a su alrededor. En nuestro sistema planetario, llamado Sistema Solar, los cuerpos que giran alrededor del Sol son los planetas y sus satélites, los planetas enanos, los asteroides y los cometas y otros cuerpos menores. La mayoría de objetos del Sistema Solar se encuentran contenidos aproximadamente en un plano conocido como plano de la eclíptica. El Sistema Solar se extiende hasta un año-luz de su centro, el Sol. Si bien son miles de millones los cuerpos que componen el Sistema Solar, más del 99% de la masa del mismo está concentrada en el Sol. Los planetas, la mayoría de los satélites y todos los asteroides orbitan alrededor del Sol en la misma dirección siguiendo órbitas elípticas en sentido antihorario si se observa desde encima del polo norte del Sol.
Además de nuestro propio sistema planetario, recientemente se han descubierto más de 400 planetas alrededor de otras estrellas (exoplanetas o planetas extrasolares), gracias a varias técnicas de observación entre las que destacan la espectroscopia de alta resolución y la fotometría (medida de brillos) de alta precisión. Algunos de ellos se encuentran en verdaderos sistemas planetarios, que contienen una estrella central y dos o más planetas. Con anterioridad a la identificación del primer exoplaneta por métodos espectroscópicos en 1995, se habían des- cubierto discos circunestelares alrededor de estrellas, tanto de acreción (restos de la formación de la propia estrella) como aquéllos formados por el material usado para generar los planetas (denominados discos de residuos, o de debris). Lo que es más sorprendente es que incluso se han detectado sistemas planetarios que también incluyen discos circunestelares y que, por tanto, se encontrarían en una etapa evolutiva temprana, en la cual los exoplanetas todavía estarían en proceso de formación o habrían terminado recientemente de formarse.



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¿Formación planetaria en acción?

Liderada por una investigadora del CAB la que podría ser la primera detección de un compañero de muy baja masa en el hueco de un disco protoplanetario (extraído de la web del CAB).

Un equipo de astrónomos internacionales, entre los que se encuentra una investigadora del CAB, ha logrado estudiar el efímero disco de material que rodea a una estrella joven donde se podría estar formando un sistema planetario. Por primera vez se ha podido detectar a un compañero más pequeño, el que podría ser la causa del gran hueco que se observa en el disco. Futuras observaciones permitirán determinar si este compañero es un planeta o una enana marrón.

Los planetas se forman a partir de discos de material que rodean a las estrellas, pero la transición desde discos de polvo hasta sistemas planetarios es rápida y se identifican muy pocos objetos durante esta fase. Uno de estos objetos es T Chamaeleontis (T Cha), una estrella tenue que se encuentra a unos 330 años-luz de la tierra y ubicada en la pequeña constelación austral de Chamaeleon. T Cha es similar a nuestro Sol, pero mucho más joven: sólo tiene unos siete millones de años de edad. Aunque previamente se han logrado observar planetas en discos más maduros, hasta ahora no se ha encontrado ningún planeta en formación en el interior de estos discos de transición.

Nuria Huélamo, (Centro de Astrobiología, INTA-CSIC, España), es la primera autora de uno de los dos artículos que se publicarán próximamente en Astronomy & Astrophysics en torno a este descubrimiento. “Para nosotros -afirma Huélamo- el hueco en el disco de polvo alrededor de T Cha era una evidencia concluyente, y nos preguntamos: ¿estaremos siendo testigos de un compañero abriendo un hueco dentro del disco protoplanetario?”.

Usando el instrumento AMBER, instalado en el Very Large Telescope (VLT) de ESO -en la Región de Antofagasta, Chile- los astrónomos observaron que parte del material del disco de T Cha formaba un delgado anillo de polvo a tan sólo unos 20 millones de kilómetros de la estrella. Más allá de este disco interior encontraron una zona sin polvo y un disco externo comenzando en regiones ubicadas a 1.100 millones de kilómetros de la estrella y extendiéndose hacia el exterior. Pero fue necesario utilizar el instrumento NACO del VLT para lograr dilucidar qué estaban observando, ya que es muy difícil encontrar un objeto tenue tan cerca de una estrella brillante. Utilizando un modo del instrumento denominado SAM (sparse aperture masking), y tras un cuidadoso análisis, encontraron signos claros de un objeto ubicado dentro del hueco del disco, a unos mil millones de kilómetros de la estrella –un poco más lejos que Júpiter en nuestro Sistema Solar y cerca del borde exterior del hueco.

Nuria Huélamo afirma que “la instrumentación del VLT ha sido fundamental para obtener este resultado ya que NACO, en combinación con SAM, es una herramienta muy poderosa para explorar los huecos de los discos de transición. Desconocemos la naturaleza del objeto que hemos detectado, pero sí sabemos  que está en el lugar donde uno esperaría encontrar un planeta en formación, y eso es un paso adelante en nuestro afán por conocer cómo se forman los sistemas planetarios”.

Esta es la primera vez que se detecta un objeto más pequeño que una estrella en el hueco de un disco de transición que rodea a una estrella joven. La evidencia sugiere que el compañero no puede ser una estrella normal, pero podría ser una enana marrón rodeada de polvo o, aún más interesante, un planeta recién formado, aunque Huélamo concluye: “No estamos seguros de lo que vamos a encontrar cuando regresemos a Chile a observarlo de nuevo, pero  creemos que cualquiera que sea el resultado, enana marrón o planeta, será muy interesante desde el punto de vista científico e instrumental.”

Artículos científicos:
Huélamo et al. 2011, “A companion candidate in the gap of the T Cha transitional disk”;
Olofsson et al. 2011, “Warm dust resolved in the cold disk around TCha with VLTI/AMBER”.

El equipo liderado por Nuria Huelamo está compuesto por J. Olofsson (Max-Planck-Institut für Astronomie [MPIA], Heidelberg, Alemania), M. Benisty (MPIA), J.-C. Augereau (Institut de Planétologie et d’Astrophysique de Grenoble [IPAG], Francia) C. Pinte (IPAG), F. Ménard (IPAG), E. Tatulli (IPAG), J.-P. Berger (ESO, Santiago, Chile), F. Malbet (IPAG), B. Merín (Herschel Science Centre, Madrid, España), E. F. van Dishoeck (Leiden University, Holanda), S. Lacour (Observatoire de Paris, Francia), K. M. Pontoppidan (California Institute of Technology, Estados Unidos), J.-L. Monin (IPAG), J. M. Brown (Max-Planck-Institut für extraterrestrische Physik, Garching, Alemania), G. A. Blake (California Institute of Technology), N. Huélamo (Centro de Astrobiología, INTA-CSIC, España), P. Tuthill (University of Sydney, Australia), M. Ireland (University of Sydney), A. Kraus (University of Hawaii) y G. Chauvin (Université Joseph Fourier, Grenoble, Francia).

Pié de foto:

Impresión artística del disco alrededor de la estrella joven T Cha
Esta Impresión artística muestra el disco alrededor de la estrella joven T Cha. Usando el Very Large Telescope de ESO, en la Región de Antofagasta, en Chile, se descubrió que el disco está dividido en dos partes, un delgado anillo cerca de la estrella y el resto del material del disco mucho más hacia el exterior. Se ha detectado un objeto compañero en el hueco  del disco, el cual podría ser un planeta gigante o una enana marrón.
Crédito: ESO/L. Calçada

Enlace al impresionante video de la ESO.

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Continuidad para el Centro Astronómico Hispano Alemán

Después de meses de negociaciones, por fin se ha firmado el acuerdo entre la Sociedad Max-Planck, por parte alemana, y el Consejo Superio de Investigaciones Científicas, por parte española. Así, el Observatorio de Calar Alto, el más importante de la Europa continental, tiene garantizado sus actividades hasta finales del 2018. Además, iniciamos una nueva etapa con un desafío instrumental: el desarrollo de un instrumento específico para la búsqueda de exoplanetas tipo Tierra que orbiten alrededor de estrellas frías. Adjunto la nota de prensa a continuación.

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