La Tierra se acaba en cuarenta años (que no son nada)

Según el presidente de la ‘Foundation on Economic Trends’, Jeremy Rifkin, la Humanidad tal y como se conoce hoy colapsará en los próximos 30 o 40 años y “todas” las especies acabarán a final de este siglo si el cambio climático se mantiene al ritmo actual. Un poco “fuerte” el asunto…


Señaló que las predicciones de los científicos del IV Informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU (IPCC, sus siglas en inglés) apuntan a un aumento de 3 grados centígrados de la temperatura de La Tierra en este siglo, lo que haría volver al Planeta a la temperatura y estadio climático de hace 3 millones del años, por lo que “clima, flora y fauna serán distintos”.

Asimismo, apuntó que una subida de 6 grados centígrados sería “el fin de la civilización humana”. Además, explicó que cada grado centígrado que aumenta la temperatura de la Tierra, la atmósfera absorbe un 7 por ciento más las precipitaciones provocando lluvias más violentas y sequías más largas.

Conseguir que el incremento de la temperatura del planeta no supere los 2ºC con respecto a los niveles preindustriales. Ese es el límite marcado por los científicos para evitar impactos dramáticos derivados del calentamiento global. Para ello habría que mantener la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera en 450 partes por millón. Si no, la temperatura podría dispararse por encima de ese nivel de seguridad.

Ya el IV Informe del IPCC (2007) alertaba de la posible desaparición del hielo en amplias zonas del Ártico, algo que “ya está sucediendo desde hace tres años”.

Según sugiere un estudio recientemente publicado en la revista “Proceedings of the National Academy of Sciences” (PNAS) se podrían reducir hasta un 20 por ciento las emisiones de carbono de los hogares, supongo que de los hogares contaminantes de los Estados Unidos (que por otra parte son los que tienen más dinero) y en general de los países ricos. Las acciones específicas para estas categorías van desde tareas que sólo hace falta realizar una vez, como instalar un mejor aislamiento y bajar la temperatura de los calentadores de agua, hasta tareas diarias como cambiar la forma de conducir.

En otra noticia, se nos informa de que “en opinión del director de la división de análisis económico de la Agencia Internacional de la Energía, Faith Birol, el sector energético necesita una inversión de 3,5 billones de dólares americanos hasta 2030, un 1 por ciento del PIB mundial, para contribuir a que el cambio climático no eleve la temperatura global media del planeta hasta 6 grados centígrados. O sea 10 años antes del colapso total…

A su juicio, estos nuevos parámetros deben girar, por un lado, en el impulso a las energías renovables, la nuclear y la cogeneración con captura y almacenamiento de CO2 en el ámbito de la generación eléctrica, junto con la determinación de un precio para el carbono; por el otro, en el sector del transporte, un 60 por ciento de las ventas mundiales de automóviles deben ser coches eléctricos o híbridos frente al 2 por ciento actual. Y esto en 21 años, escasitos.

Menos mal que el satélite ‘SMOS’ (Soil Moisture and Ocean Salinity) despegó con éxito poco después de las 03.00 horas de este lunes desde el cosmódromo de Plesetsk, en el norte de Rusia, informó la Agencia Espacial Europea (ESA, sus siglas en inglés).

 Este satélite consiste en una plataforma genérica denominada Proteus, proporcionada por la agencia espacial francesa CNES, que sirve de base para un innovador instrumento llamado MIRAS (acrónimo inglés de Radiómetro de Microondas empleando Síntesis de Apertura) desarrollado por EADS-CASA Espacio en España. SMOS es el primer satélite que llevará un radiómetro interferométrico en 2D a una órbita polar. ‘SMOS’ proporcionará datos para confeccionar mapas globales de la humedad del suelo al menos una vez cada tres días y mapas globales de la salinidad de la superficie de los mares, realizando un promedio cada 30 días. Gracias a esta monitorización regular y consistente, la misión permitirá comprender mejor el papel que juegan estas dos variables clave en la regulación del ciclo del agua.

La información proporcionada por ‘SMOS’ también permitirá mejorar los modelos del clima y de la meteorología, y tendrá aplicaciones prácticas en áreas como la agricultura o la gestión de recursos.

Lo malo de todo esto es que toda nuestra civilización está basada en el petróleo y sus derivados (ropa, plásticos, productos fitosanitarios, medicamentos, etcétera) junto a su producción y distribución.

El último que cierre la puerta pero de todas formas vamos a ver si “yes, we can”.

De todas formas, siempre nos quedará China que provoca nieve a voluntad. Lean, lean…

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