Ramón Margalef

El Instituto Español de Oceanografía (IEO), ha decidio que uno de sus nuevos buques oceanográficos se bautice con el nombre de Ramón Margalef, según el propio organismo del Ministerio de Ciencia, en honor a un investigador «fundamental» en la historia de las ciencias marinas españolas. El barco, de 46m. eslora y cuyo costo ya equipado es de 19 millones de euros, será uno de los laboratorios flotantes más avanzados de España para la investigación científica, y contará con tecnología puntera para el estudio de geología marina, oceanografía física, química, biología marina, pesquerías y control medioambiental. La función del Ramón Margalef será doble, permitiendo realizar tanto investigación pesquera como oceanográfica.Transcribo a continuación un artículo publicado por mi padre, Antonio Figueras Montfort, sobre Ramón Margalef con motivo de su fallecimiento.


Cuando el 31 de mayo de 2004 me enteré de la muerte de María Mir viuda del Dr. Margalef que había fallecido unos ocho días antes, recordé una frase de autor anónimo que dice: “Tal vez para el mundo solo seas “alguien”, pero para “alguien” tal vez seas todo su mundo”. A ambos los conocí en mis tiempos de estudiante en la universidad de Barcelona y puedo afirmar que los dos eran “bellísimas personas” en el sentido del kalós griego, que también   significa bueno.

No pretendo con esta líneas hacer historia, aun cuando considero oportuno tomar algunos datos de lo que se ha publicado en la prensa diaria de estos días. Sólo, como hice con Buenaventura Andreu y Fernando Saíz y también con el Dr. López Capont, consignar algunos recuerdos personales de unos colegas y también amigos.

Ramón Margalef López, si no recuerdo mal, había nacido en Valls provincia de Tarragona el 20 de mayo de 1919. Precisamente uno de los pueblos de España que no hace honor a lo que decían los romanos de los habitantes de la península: “beati hispani, quibus vívere is bibere” (Dichosos  los españoles para quienes vivir es beber). En Valls se pronuncia la “v” como debe ser.; y también es la patria del vino del Priorato.

Tres días después de cumplir 85 años, el 23 de mayo de 2004 ha fallecido de un cáncer de hígado. He leído que él mismo hizo un cálculo que ha resultado casi exacto: “Será para junio” comentó a algunos de sus discípulos en la Facultad de Biología.. (El País 24/05/04)

Yo le conocí  allá por los años 1950 y según me comentaron había trabajado hasta los 21 años y en cuanto pudo hizo el Bachillerato en un par de años y la carrera de Ciencias Naturales en breve tiempo-. En 1952 se doctoró en Madrid. Hay que aclarar que entonces sólo había dos facultades de Ciencias Naturales, una en Madrid y otra en Barcelona. Fue precisamente coincidiendo con él en el laboratorio de el Grao de Castellón un verano donde yo estaba disfrutando de una beca del CSIC de un mes  cuando me enteré de todos estos detalles.

Su tesis la hizo sobre algas de agua dulce cuyas muestras las tomaba de las charcas que se formaban alrededor de los árboles que adornaban la ciudad. Los cultivos los hacía en la bañera de su casa.  Su observación para su sistemática (taxonomía) y crecimiento la hacía con un microscopio que se había fabricado él mismo con piezas adquiridas en el  rastro de Barcelona: Seguramente en “Els Encants de la Ronda Sant Antoni”.

Cuando me lo contaron comprendí que era una persona que tenía suficientes dotes como para valerse por sí misma, y que sabía sacarles provecho como así lo demostró en toda su vida.

Leo en el diario “Avui”, entre otras cosas, que “la historia de la ciencia está llena de pioneros, personas curiosas, inquietas y al mismo tiempo pacienzudas que han dedicado todos sus esfuerzos  a buscar respuestas a los muchos interrogantes que plantea el conocimiento del mundo.

Ramón Margalef ha sido sin duda uno de estos pioneros; científico excepcional que consiguió elevar el estudio de los ecosistemas a la categoría de disciplina científica y al mismo tiempo supo trasmitirlo con pasión a sus discípulos.

Ha sido una de las  personas que ha contribuido, silenciosamente al progreso científico de nuestro país;  uno de los tres científicos españoles  más citados y con mayor influencia y renombre en su campo junto con Ramón y Cajal, y Severo Ochoa.

Uno de sus libros escrito en inglés fue traducido antes al japonés que al castellano (Perspectives in Ecological Theory). Fue profesor invitado a las universidades de Puerto Rico, Woods Hole, París, Chicago, México, Yale, Perusa, Laval, Québec, Davis y Melbourne .

Recuerdo que el primer científico español que fue a Terranova para estudiar las pesquerías de bacalao en el área de la ICNAF (International Commissión North Atlantic Fisheries) actual N.A.F.O. (North Atllantica Fisheries Organization), fue Margalef. Lo estoy viendo frotándose las manos con su sonrisa muy típica, contándonos sobre los montones de camisetas de felpa que le habían puesto en la maleta: era en el mes de diciembre. A la vuelta escribió un magnífico informe. Y a raíz de entonces me encargaron a mí  hacer la lectura de los otolitos de bacalao muestreados en el área de la ICNAF para el estudio de su edad y crecimiento. Tarea que traspasé al Departamento de Pesquerías del Dr. Gómez Larrañeta cuando en 1968 vino a Vigo a hacerse cargo de la dirección dado que el Dr. Buenaventura Andreu (entonces director del Laboratorio de Vigo)  pasó a ocupar la dirección de todo el Instituto en Barcelona ya que Margalef dejó de ser Director del mismo por haber ganado la cátedra en la Universidad de Barcelona.

En el refugio de Igaratza (Aralar). Jesus y Pedro Elosegui, Pilar Sansinenea, Reyes Corcostegui, Jose Maria Thomas, Francisco Español, Ramón Margalef, Joaquin Mateu, Estefania Elizalde y Manuel Laborde.

Cuando en el verano de 1953 vino a Vigo el Dr. Margalef coincidió con una marea roja (“red tide”) que se conoce vulgarmente entre nosotros como “purga de mar” e hizo un estudio que se publicó en la Revista  Publicaciones del Instituto de Investigaciones Pesqueras. Anteriormente sólo se había publicado un trabajo en 1918 sobre la hematotalasia en las rías gallegas por R. Sobrino en Memorias de la R. Soc. Esp de Hª Natural vol 10, nº 9, 407-458

Por aquel entonces yo ya estaba en Vigo empezando el estudio de la Ecología y producción de los moluscos comestibles de las playas de la ría de Vigo y fue el Dr. Margalef quien me indicó que lo relacionara con el estudio de los pigmentos de las arenas

Volviendo atrás en el tiempo, propiamente la primera vez que hablé con el Dr. Margalef fue con ocasión de un viaje de Barcelona a Blanes cuando se estaba empezando a forjar el Instituto de Investigaciones Pesqueras en dicha población costera. Esperando en la estación   que los barceloneses llamamos de Francia, porque de allí salen los trenes que van a la frontera, al subir al tren mientras buscaba  a los compañeros, vi en un rincón solitario al Dr. Margalef enfrascado en la lectura de un libro. Y cuál no sería mi sorpresa cuando al preguntarle qué estaba leyendo me contestó: Baltasar Gracián. Percibí entonces la capacidad intelectiva de aquel hombre que aun destacando en el estudio experimental de la Naturaleza no dejaba de lado su formación humanista en la filosofía.

Un detalle más lo encontré leyendo uno de sus libros sobre la teoría de la información donde aplica un texto de San Mateo (25, 29) que dice: “A todo el que tiene se le dará y tendrá de sobra, pero al que no tiene aun aquello que tiene se le quitará” al final de la parábola de los talentos. Margalef no citaba a San Mateo sino que decía “según el primer evangelista”. Cuando leí el libro yo estaba empezando mis estudios de Biblia y según la teoría de las fuentes había aprendido que el primer evangelio escrito fue el de Marcos y sin embargo en la exégesis moderna Mateo sigue considerándose el primer evangelista tanto por sospecharse con fundamente que existió un primer evangelio de Mateo en arameo, como porque desde siempre Mateo ha sido colocado el primero de los cuatro evangelistas por ser el más usado en la liturgia hasta hace pocos años.

Leo en “El País” (24.05.04). que Margalef era “hombre religioso de firmes convicciones; y no quiso recibir tratamientos que le impidieran llevar una vida activa hasta el final. Hasta el mes pasado siguió acudiendo a su despacho de la facultad en la Diagonal barcelonesa, y mostrando que su espíritu crítico no había disminuido un ápice. En 1987 le había llegado la jubilación forzosa, pero él nunca dejó de trabajar”

No voy a entrar en más detalles sobre sus méritos: sus 386 trabajos científicos publicados , 16 libros alguno de los cuales como el tratado de Ecología es usado como libro de texto en muchas universidades; o sus 36 tesis doctorales dirigidas. El reconocimiento científico de la comunidad investigadora mundial con el premio Hunstman que equivale a un Nobel en el dominio Oceanográfico. Sólo he tratado de dar una idea del ejemplo de una persona que supo vencer la dificultades de la vida, y abrir caminos a la ciencia  valorando más el propio esfuerzo que las reivindicaciones.

Un ejemplo de esto lo tengo en mi doctorado: me explico. En 1967 siendo el Dr  Margalef director del Instituto de Investigaciones Pesqueras, vino a Vigo a hacer una visita. En la misma aproveché la ocasión para pedirle si podía ascenderme de colaborador de segunda, para poder cobrar algo más. Su respuesta fue: “primero hay que agotar las posibilidades de ascenso automático”. Entre ellas estaba el conocimiento de los idiomas francés e inglés y el doctorado. Ni corto ni perezoso fui a la Alianza Francesa a someterme a un examen de francés y me puse a redactar la tesis sobre edad y crecimiento de Cardium edule (hoy Cerastoderma) con los datos que había recopilado en mis estudios de moluscos de la playas. Como de día no tenía el tiempo y la tranquilidad necesarias (eran tiempos en que iba con frecuencia a Villaxoan por lo del parque de cultivo de ostras) iba al laboratorio de 9 a 12 de la noche a escribir la tesis. Por aquel entonces se podía dejar el “seiscientos” tranquilamente en Beiramar. Me puse en contacto con el Dr. Enrique Gadea de Barcelona y a los pocos meses leía mi tesis en la Universidad de Barcelona con sobresaliente cum laude. Y todo gracias al “empujoncito” que me había dado el Dr. Margalef.

Y la cosa no paró ahí; teniendo el doctorado pude acceder pronto al grado de investigador y al cabo de poco al de profesor de investigación, cosa que no habría podido lograr si no hubiera tenido el doctorado. Y todo gracias al Dr. Margalef.

Termino con lo que leo en “El mundo” (26/05/04): “Josep Peñuelas en su libro Introducción a la Ecología, recuerda cómo conoció al maestro de tantas generaciones: “En 1978 iniciaba mi cuarto curso de licenciatura cuando llegó al aula el profesor de Ecología, un personaje entre descuidado, travieso y sabio llamado Margalef y dijo: “La Ecología, asignatura que vamos a estudiar este curso, es, como se ha dicho alguna vez, aquello que le queda a la biología, cuando todo lo importante ha recibido ya algún nombre”

En efecto como ciencia de síntesis que estudia las relaciones de los seres vivos con el ambiente físico, la ecología comprende conocimientos y herramientas de las más variadas disciplinas, desde la Biología y la Geología a la Química y Física, la Matemática o la Estadística.

El profesor Margalef fue un pionero al insertar la Ecología en el ámbito de la moderna teoría de sistemas, entender que su objeto de estudio eran los niveles superiores de organización biológica y emplear la física teórica o los modelos matemáticos para enfocar asuntos como la dinámica de poblaciones. Él, que al acabar la guerra civil española tuvo que ganarse la vida como administrativo de seguros y como botones del Instituto Botánico de Barcelona.(yo había oído decir que había actuado de repartidor de hielo empujando un  carrito). Fue gracias a la intervención del catedrático de Zoología Dr. Francisco de Paula García del Cid y de Arias y del secretario del CSIC José María Albareda como consiguió  una beca de estudios”.

La figura de Ramon Margalef ha contribuido de forma decisiva a la creación de la ciencia ecológica moderna, hasta el punto de ser considerado uno de los máximos exponentes mundiales, en gran medida gracias a haber sabido interpretar los sistemas naturales en términos de la teoría de la información.

Por todo ello, la Generalitat de Cataluña creó en el año 2004 el Premi Ramon Margalef d’Ecologia honorando, así, su memoria. El galardón, de ámbito internacional, dotado con 100.000 euros, tiene como objetivo el reconocimiento de aquellas personas de todo el mundo que se hayan distinguido en el campo de la ecología

Mis recuerdos personales de Ramón Margalef son nebulosos. El trabajó en Vigo y cuando lo conocí, yo era muy pequeño y el me parecía muy, muy alto y muy buena persona.

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[...] hombre no sólo es un problema para sí, sino también para la biosfera en que le ha tocado vivir. Ramón Margalef ¿No os parecen mágicos los [...]

Thank you, this is a most interesting story about Ramón Margalef which I found on the Internet Tell me, please, where I can read about his childhood and youth.

With great respect
Nataly

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