Los peces hacen la ola en Mexico

En las pozas de aguas sulfurosas del estado de Tabasco en México vive un pez plateado diminuto, el Molly del Teapa. Un primo de las carpas. Es endémica de México, específicamente de los Baños del Azufre cerca de Teapa, Tabasco. Los Baños del Azufre son ojos de agua sulfídicos que contienen altas concentraciones tóxicas de ácido sulfhídrico H2S. Poecilia sulphuraria evolucionó para tolerar estas condiciones tóxicas. Está en peligro de extinción.

Si alguien lanza una piedra, la superficie del agua se mueve como si el viento soplara sobre la superficie, aunque el aire esté en calma. Cada pocos segundos, miles de peces repiten un movimiento de inmersión rápida generando una ola que puede durar hasta dos minutos.

Foto: Juliane Lukas

Estos peces son presa de una gran variedad de aves, como garcetas, martines pescadores y bienteveo común. Cuando los pájaros se zambullen para atacar, los mollys al hacer la ola y girar producen destellos. Científicos en Alemania, analizaron horas de video tomadas durante dos años de ataques de aves, tanto reales como simuladas por un investigador, y creen que pueden haber decodificado el posible mensaje de los peces.

Parece estar dirigido a potenciales depredadores que los observan desde la orilla, según un artículo publicado en Current Biology. Según los investigadores el mensaje es: Te vemos. Estamos viéndote. No trates de jugárnosla. Sabemos donde vives.

No todos los ataques de aves desencadenan la ola. Los martines pescadores, por ejemplo, se lanzan como una bala al agua y provocan que los molys parpadeen casi siempre. Pero los bienteveos son sutiles: sumergen solo sus picos. Pocas veces desencadenan una respuesta.

Esta observación les dio a los investigadores una manera de probar su hipótesis de que las olas podrían ser consecuencia de un cambio en el comportamiento de los depredadores. Instalaron posaderos a lo largo de una corriente de azufre, así como cámaras para filmar bienteveos. Después de que un pájaro había hecho una pasada sobre el agua, un investigador con una honda desencadenó el comportamiento de agitación en el pez, imitando algo que los bienteveos veían habitualmente cuando un martín pescador cazaba junto a ellos.

Mientras los peces hacían la ola, los bienteveos estaban en los posaderos cercanos. En el transcurso de más de 200 sesiones de caza, los investigadores vieron que las aves esperaban el doble de tiempo antes de comenzar otra pasada que cuando el agua permanecía intacta. Cuando atacaron de nuevo, tuvieron mucho menos éxito en la captura de un pez que con aguas tranquilas.

Sin la interferencia de los investigadores, las aves capturaron un pez más de la mitad de las veces. Con la honda en juego, fue menos de una cuarta parte del tiempo. Cuando los investigadores observaron a los martines pescadores, vieron que cuantas más veces los peces hacían la ola, más esperaban las aves, como si también estuvieran esperando.

Esto sugiere que el comportamiento intermitente no solo dificulta que los depredadores se concentren en un pez, sino que las aves también saben que es más probable que sus esfuerzos sean inútiles una vez que comiencen las olas.

La observación es intrigante, porque si los peces simplemente intentaran escapar de los depredadores, podrían sumergirse más profundamente y permanecer más tiempo. Aunque el ambiente bajo en oxígeno de una poza de aguas sulfurosas significa que no pueden permanecer bajo el agua indefinidamente, son perfectamente capaces de permanecer hasta dos o tres minutos bajo el agua., Pero no lo hacen. Vuelven rápidamente a la superficie y repiten su inmersión, muy sincrónicamente, muy rítmicamente .

El comportamiento sincronizado, como los enjambres de luciérnagas que parpadean al unísono o las bandadas de pájaros que se mueven juntas en un patrón cuidadosamente espaciado por el cielo, ha fascinado durante mucho tiempo a los científicos y a cualquier otra persona que tenga la suerte de haberlo visto. Pero hasta ahora, ha resultado difícil precisar exactamente qué beneficio reciben las criaturas de él y por qué podría haber evolucionado.

Los mollys del Teapa parecen ser uno de los raros casos en los que se pueden deducir los beneficios de un comportamiento sincronizado.

Las aves aprenden a evitar estos bancos de peces ondeando porque la posibilidad de atrapar un pez es menor si los peces hacen olas.

Queda mucho por aprender.

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