Microplásticos en humanos:

una evidencia más frágil de lo que parece.

En los últimos años, diversas fuentes indican que los microplásticos y nanoplásticos (MNPs) invaden el cerebro, la sangre, las arterias y los órganos reproductivos humanos. Estas afirmaciones han generado alarma social y un intenso debate científico. Sin embargo, una revisión detallada de los métodos empleados muestra que gran parte de esta evidencia se sustenta en análisis no suficientemente contrastados, hasta el punto de que hoy puede hablarse de una crisis metodológica.

El núcleo del problema radica en la técnica más utilizada para «detectar» microplásticos en tejidos humanos: la pirólisis acoplada a cromatografía de gases y espectrometría de masas (Py-GC-MS). Este método descompone las muestras mediante calor extremo y analiza los compuestos resultantes. Investigaciones publicadas en enero de 2025 por Rauert y colaboradores demostraron que, cuando se aplica a tejidos ricos en grasa, la técnica genera señales químicas idénticas a las atribuidas al polietileno y al PVC, aunque no haya plástico presente. En otras palabras, los lípidos naturales del cuerpo comparten la firma química de ciertos polímeros durante la pirólisis, lo que invalida el método para identificar micro y nanoplásticos en órganos con alto contenido de grasa. Esta interferencia significa que es muy difícil determinar qué proporción de la señal medida proviene de plástico real y cuál de lípidos endógenos sin controles adicionales que la mayoría de los estudios no incluyeron.

Un ejemplo ilustrativo es un estudio de 2024 que afirmó haber encontrado un aumento progresivo de microplásticos en el cerebro humano a lo largo del tiempo. Críticas posteriores publicadas en Nature Medicine señalaron que el trabajo ignoró un hecho básico: el cerebro está compuesto en aproximadamente un 60% por lípidos. Monikh, Materić y colegas argumentaron que el supuesto incremento de «microplásticos» podría explicarse simplemente por cambios en el contenido graso del tejido, asociados a factores como el aumento de la obesidad en la población, y no por una verdadera acumulación de partículas plásticas. Además, el estudio carecía de controles de contaminación y de pasos de validación analítica esenciales.

Este no es un caso aislado. Una revisión sistemática de Rauert et al. (2025) mostró que dieciocho de los principales estudios publicados entre 2022 y 2024 sobre microplásticos en tejidos humanos omitieron la posible interferencia de señales derivadas de los lípidos. Muchos trabajos también ignoraron prácticas estándar de la química analítica, como el análisis de muestras en blanco, la realización de replicados independientes, las pruebas de recuperación con estándares añadidos y el control de contaminación ambiental durante la toma y procesamiento de muestras. En un estudio muy citado que relacionaba microplásticos en placas de arteria carótida con eventos cardiovasculares (infarto, ictus), ni siquiera se analizaron muestras en blanco del quirófano, lo que impide evaluar si parte del material detectado procedía del entorno clínico.

Desde el punto de vista biológico, las afirmaciones de acumulación masiva de microplásticos en órganos internos también resultan problemáticas. No existe evidencia validada de que partículas de entre tres y treinta micrómetros puedan atravesar barreras epiteliales intestinales o alveolares hacia el torrente sanguíneo (Rauert et al., 2025). Las concentraciones reportadas en algunos trabajos superan lo que sería esperable a partir de las rutas reales de exposición ambiental. No existe evidencia validada de que partículas de entre tres y treinta micrómetros puedan atravesar barreras epiteliales intestinales o alveolares hacia el torrente sanguíneo (Rauert et al., 2025).

Las consecuencias de esta situación van más allá del ámbito académico. Las agencias reguladoras necesitan datos fiables para diseñar políticas basadas en evidencia frente a la contaminación por plásticos. Mediciones defectuosas pueden conducir a evaluaciones de riesgo inadecuadas y a intervenciones mal orientadas. Además, la controversia metodológica está siendo utilizada por sectores industriales para desacreditar todo el campo de investigación sobre microplásticos, incluso aquellos estudios bien diseñados. Paralelamente, han proliferado tratamientos comerciales de «desintoxicación de microplásticos» sin respaldo científico alguno, que pueden costar miles de euros y no han demostrado eficacia ni seguridad.

Lo que sí puede afirmarse con mayor confianza proviene de estudios realizados con protocolos más rigurosos. Un trabajo de referencia de 2022 liderado por Leslie y colaboradores analizó sangre de voluntarios vivos bajo condiciones estrictamente controladas para minimizar la contaminación externa durante la extracción y el análisis. Detectó microplásticos en sangre, pero reconoció rangos de incertidumbre muy amplios: las concentraciones reales podrían variar hasta 10 veces con respecto a las estimaciones iniciales. Las investigaciones más recientes combinan varias técnicas analíticas para reducir errores, pero todavía estamos en una fase temprana de desarrollo. La pregunta fundamental, si los micro y nanoplásticos se acumulan en órganos humanos en cantidades capaces de causar daño, permanece sin una respuesta definitiva.

Aun así, adoptar medidas de precaución frente a la exposición ambiental a microplásticos es razonable y no conlleva riesgos conocidos. Filtrar el agua potable con carbón activado reduce eficazmente la presencia de partículas plásticas. Evitar calentar alimentos o bebidas en recipientes de plástico limita la liberación térmica de partículas y aditivos químicos asociados. Ventilar adecuadamente los espacios cerrados disminuye la inhalación de fibras sintéticas presentes en el aire interior.

Para avanzar de manera sólida, la comunidad de química analítica debe desarrollar protocolos estandarizados, específicamente validados, para la detección de micro y nanoplásticos en tejidos. Estos protocolos deberán demostrar que eliminan por completo los falsos positivos derivados de lípidos, que establecen límites de detección cuantificables para nanopartículas, que incluyen pruebas de recuperación validadas en distintos tipos de tejidos y que aplican controles exhaustivos de contaminación en todas las etapas del análisis.

Hasta que estos estándares existan y produzcan resultados reproducibles entre laboratorios independientes, las afirmaciones sobre concentraciones de microplásticos en órganos humanos deben tratarse como hipótesis preliminares sujetas a verificación rigurosa, y no como hechos científicos establecidos. La distinción entre «exposición confirmada a microplásticos ambientales» y «acumulación demostrada en tejidos internos» es fundamental: la primera está bien documentada; la segunda carece de evidencia metodológicamente sólida.

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Referencias:

  • Rauert, C., Charlton, N., Bagley, A., Dunlop, S. A., Symeonides, C., & Thomas, K. V. (2025). Assessing the Efficacy of Pyrolysis–Gas Chromatography–Mass Spectrometry for Nanoplastic and Microplastic Analysis in Human Blood. Environmental Science & Technology, 59(4), 1984–1994. https://doi.org/10.1021/acs.est.4c12599
  • Monikh, F. A., Materić, D., Rossi, G., Leifheit, E. F., Römermann, C., & Rillig, M. C. (2025). Challenges in studying microplastics in human brain. Nature Medicinehttps://doi.org/10.1038/s41591-025-04045-3
  • Nihart, A. J., Garcia, M. A., Liu, R., Olewine, M., Castillo, E., Bleske, B., Scott, J., Howard, T., Gonzalez-Estrella, J., Adolphi, N., Gallego, D., Hayek, E. E., & Campen, M. J. (2025). Bioaccumulation of microplastics in decedent human brains. Nature Medicine, 31(4), 1114–1119. https://doi.org/10.1038/s41591-024-03453-1
  • Leslie, H. A., van Velzen, M. J. M., Brandsma, S. H., Vethaak, A. D., Garcia-Vallejo, J. J., & Lamoree, M. H. (2022). Discovery and quantification of plastic particle pollution in human blood. Environment International, 163, 107199. https://doi.org/10.1016/j.envint.2022.107199
  • Field, D.T., Green, J.L., Bennett, R., et al. (2022). Microplastics in the surgical environment. Environmental International, 170, 107630. https://doi.org/10.1016/j.envint.2022.107630
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