EL ESTRAPERLO: UNA PATENTE QUE DIO QUE HABLAR

Afortunadamente hoy en día la palabra estraperlo apenas se emplea, pero durante gran parte del siglo XX, a partir de 1935 fue una palabra muy popular y que según el diccionario de la R.A.E significa:

  1.  “Comercio ilegal de artículos intervenidos por el estado o sujetos a tasa.
  2.  Conjunto de artículos que son objeto de dicho comercio.
  3.  Chanchullo, intriga”

Respecto a su etimología se indica lo siguiente:

“De straperlo, nombre dado a cierto juego fraudulento de azar, que se intentó implantar en España en 1935.”

A su vez Straperlo es el acrónimo que resulta de unir las primeras sílabas de los apellidos Strauss, Perlowitz y Lowann. Daniel Strauss era un empresario de origen alemán y nacionalidad mexicana, Lowann era el apellido de su esposa Frieda y Perlowitz el apellido de un  socio de ambos, de nombre Joachim y origen holandés.

El acrónimo “Straperlo” se utilizó como la denominación de fantasía de una invención que se protegió mediante patente en España. Con fecha 12/09/1934 se presentó ante el Registro de la Propiedad Industrial la solicitud de modelo de utilidad U0002941 de título “un aparato para juego de sociedad”. Posteriormente y a requerimiento del examinador, según consta en el expediente que se encuentra en el Archivo Histórico de la OEPM, y porque se trataba de un aparato, el cual no estaba comprendido entre las características que se señalaban en el Estatuto de la Propiedad Industrial, EPI[1] (1929) para la protección como modelo, se transformó en la solicitud de patente de número ES0140381, concediéndose con fecha 16/01/1936.

La patente tenía por objeto un juego muy similar a la ruleta clásica, pero con la peculiaridad de que según afirmaba el inventor “había conseguido eliminar el factor de la suerte, convirtiéndolo en un juego de habilidad”, lo cual era muy importante para los planes de Daniel Strauss, como se verá a continuación. En la República española los juegos de azar eran ilegales, prohibición que se remontaba a la dictadura de Primo de Rivera la cual cerró los casinos en octubre de 1924 a pesar de las grandes protestas de la ciudad de San Sebastián, cuyo turismo dependía en gran medida de su famoso casino.

Según relataba el inventor en la memoria descriptiva: “el juego consiste en adivinar, mientras los hoyos de captación giran a una velocidad constante y la bola rueda a lo largo de la pista, en qué hoyo dicha bola pueda caer. Este problema puede ser resuelto observando qué número pasa por un punto de la pista, en el cual se halla la bola en un momento determinado, deduciéndose de ello en qué hoyo la bola puede entrar. Suponiendo que, cuando la bola se halla en el punto A de la pista, el hoyo designado por 29 pasa en ese momento por el punto A, entrando finalmente la bola en el hoyo designado por 12. Debido a que los hoyos de captación giran con una velocidad constante, necesitando la bola siempre el mismo tiempo para llegar del punto A hasta el final de la pista, existirá una relación fija entre el número del hoyo por el que pasa la bola que se encuentra en el punto A y el número del hoyo en el cual dicha bola finalmente entra. En el ejemplo dado basta restar 17 del número indicado por el respectivo hoyo para determinar exactamente el hoyo en el que la bola deberá caer.”

El inventor había transformado la clásica ruleta en un juego de habilidad y no de azar, lo cual no iría contra la prohibición de los juegos de azar entonces vigente. La solicitud de patente ES0140381 reivindicaba una prioridad holandesa de número NL6711.

Se conoce que la invención se protegió también en varios países europeos. Se ha podido identificar una patente suiza sobre la misma invención de número CH170483.

En 1933 Daniel Strauss ya había instalado su ruleta o “straperlo” en un hotel de Aquisgrán (Alemania) pero puesto que era judío se trasladó a Holanda tras el triunfo del nazismo. Allí montó su invento en tres casinos (Scheveningen, Zandvoort y Noordwijk) y en uno de Ostende (Bélgica) obteniendo enormes ganancias porque aunque no se indicaba en la patente lo cierto era que el mecanismo disponía de un botón oculto que permitía al “banquero” variar la velocidad del motor eléctrico en determinados momentos, de manera que los cálculos realizados por el jugador dejaban de ser válidos. Descubierto el engaño en Holanda, Daniel Strauss salió huyendo de los Países Bajos. El siguiente destino de Daniel Strauss, su esposa y su socio fue España, se cree que sobre todo porque Daniel hablaba español al haber vivido durante unos años en México.

Su primer destino dentro de España fue Cataluña donde se embarcó en la tarea de tratar de convencer a la “Generalitat” de que se le autorizara la explotación de la invención. Para ello lo primero que hizo fue infiltrarse en los círculos del poder. Su primera ayuda la constituyó Hugo Cyril Baruch o Jack Bilbo, como también se lo conocía y del que se decía que había trabajado como guardaespaldas de Al Capone en los EE.UU. Bilbo, de trayectoria antifascista tenía muy buenos contactos entre la izquierda catalana y sobre todo en Esquerra Republicana.  Daniel Strauss también contactó con el promotor de combates de boxeo Joaquín Gasa y organizó un combate entre dos grandes figuras del boxeo de la época: el vasco Paulino Uzcudun y el alemán Max Schmeling. En las reuniones previas celebradas para la organización del combate, Daniel Strauss y sus socios prepararon un encuentro en un hotel al que debían acudir Lluis Companys, presidente de la Generalitat y Carles Pi i Sunyer, alcalde de Barcelona e incluso habían preparado unos cuantos “straperlos” en una habitación para hacerles una demostración. Pero los políticos no acudieron, probablemente porque fueron informados de los oscuros antecedentes de Daniel Strauss y sus socios. De este modo sus planes en Cataluña se vieron frustrados, pero Daniel no abandonó su objetivo de lograr el funcionamiento en España del  “straperlo”.

Su siguiente objetivo fue el gobierno de Madrid. Con la colaboración del periodista Santiago Vinardell y de Joan Pich i Pon (subsecretario de la marina civil) lograron contactar con Aurelio Lerroux, delegado del ministerio de comunicaciones en la Compañía Telefónica Nacional de España y sobrino de Alejandro Lerroux, líder del Partido Republicano Radical y que había sido anteriormente ministro de la República. Mediante el regalo de relojes de oro, promesas de participación en los beneficios y otras atenciones, Daniel Strauss y sus socios consiguieron de la Dirección General de Seguridad una autorización para el funcionamiento del “straperlo”, aunque esta autorización debía ser confirmada por el consejo de ministros. A pesar de ello, el “straperlo” funcionó en el Gran Casino de San Sebastián durante la noche del 12 al 13 de septiembre de 1934 durante unas pocas horas, pues cuando el ministro de la gobernación tuvo conocimiento de los hechos, ordenó el cierre del casino. Daniel Strauss y sus socios no se dieron por vencidos ante los repetidos fracasos y decidieron esperar a un anunciado cambio de gobierno que podría resultarles favorable. Efectivamente, el 4 de octubre de 1934 Alejandro Lerroux es nombrado presidente del consejo de ministros y tras “trabajarse” de nuevo a las personas adecuadas, Daniel y sus socios logran que el Ministerio de la Gobernación comunique al Gobernador Civil de Baleares que se autoriza la apertura del salón de juegos del Hotel Formentor de Pollensa a partir del 1 de diciembre. Allí estuvo funcionando unos días el “straperlo”. Sin embargo,el diputado de la CEDA por Baleares Zaforteza se quejó al líder de su partido Jose María Gil-Robles, el cual formaba parte del gobierno y logró que el salón de juego se cerrara el 10 de diciembre. Esta vez Daniel Strauss sí que se dio por vencido y tras solicitar infructuosamente a sus socios Aurelio Lerroux y Pich i Pon una compensación económica por el desembolso efectuado abandonó España rumbo a Holanda con unos cuantos documentos comprometedores. Alejandro Lerroux, aún presidente del gobierno, recibió en la primavera de 1935 una carta sellada en La Haya y firmada por Daniel Strauss donde se le informaba de lo acaecido y se le solicitaba una compensación económica, en un claro caso de chantaje. Sin embargo, Alejandro Lerroux ignoró la misiva y quienes no lo hicieron fueron sus enemigos políticos Indalecio Prieto y Azaña que tras conocer el escrito se lo hicieron llegar al presidente de la República Niceto Alcalá Zamora, quien la derivó a la fiscalía, la cual presentó la denuncia ante el Tribunal Supremo.

En septiembre de 1935 Alejandro Lerroux dimitió como presidente del gobierno y se constituyó una comisión investigadora en el congreso que elaboró un dictamen considerando culpables a una serie de políticos del Partido Radical que presidía Lerroux. Entre ellos se encontraban Aurelio Lerroux y Pich i Pon. Unos días más tarde Alejandro Lerroux también dimitió como ministro. Se considera que el escándalo del “straperlo”, junto con otro posterior llamado “Nombela”, que también afectó al Partido Radical, llevó a la convocatoria de las elecciones generales en febrero de 1936, ganadas por el Frente Popular. Independientemente de la comisión de investigación del congreso, el Tribunal Supremo instruyó el caso y dentro de sus indagaciones solicitó al Registro de la Propiedad Industrial información sobre si Daniel Strauss y Aurelio Lerroux figuraban como “dueño, introductor, explotador de cualquier patente sobre aparatos mecánicos y especialmente sobre el denominado straperlo”.

El registro de la Propiedad Industrial contestó que en efecto Daniel Strauss era titular de la patente española ES0140381 cuyo objeto era el aparato conocido como “straperlo” y que Aurelio Lerroux no figuraba como titular en dicha patente pero sí en otras cuatro no relacionadas con el “straperlo”:
Posteriormente figura como inventor en 39 solicitudes de patente y modelos publicadas entre 1949 y 1977. Según reza un artículo del diario ABC fechado en 1957 Aurelio era un inventor especializado en el campo cinematográfico y co-inventor del llamado “Hispanoscope”, una versión hispana del “Cinemascope” que permitía grabar imágenes panorámicas.

Puesto que cuando se concedió la patente, el 21 de diciembre de 1935, ésta ya carecía de interés para su titular, no se abonaron ni la 1ª anualidad ni la tasa del título y el 30 de septiembre de 1936, en plena guerra civil se procedió a anotar su nulidad en el registro de la propiedad industrial:

Se puede concluir por tanto que una invención sobre la que se solicitó una patente tramitada y concedida por el Registro de la Propiedad Industrial fue la protagonista de un asunto desgraciado que tuvo serias consecuencias para la historia de España y dio lugar a un vocablo del idioma español.

[1] Legislación histórica sobre propiedad industrial: España (1759-1929) J.Patricio Sáiz González. EPI (1929) Art.184. “El registro de la Propiedad Industrial otorga una concesión de registro en aquellos modelos de utilidad para instrumentos, herramientas, dispositivos y objetos o parte de los mismos que aporten a la función a que son destinados un beneficio o efecto nuevo, o una economía de tiempo, energía, mano de obra o un mejoramiento en las condiciones higiénicas o psicofisiológicas del trabajo.”

 

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Comentarios

Este escándalo que hizo caer a Lerroux es de risa comparado con lis que hemos tenido en España durante la última década.

Una historia realmente divertida y azarosa. Y también una prueba fehaciente de que la corrupción política en nuestro país no es cosa de hace dos días y que caen en grave error quienes crean que cambiando de partido gobernante se atajaría el problema.

Vale airpbus, ¡se te ve el plumero! Mejor que dediques tu gran ingenio a comentar específicamente algo sobre el blog de patentes, que a emitir tus opiniones políticas.

[...] que se vieron involucradas en acontecimientos históricos. Por ejemplo, ya dedicamos una entrada a la patente del estraperlo, que en cierto modo se encontró detrás de la llegada del Frente Popular al gobierno de la [...]

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