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Bioseguridad: Instalaciones de alta seguridad biológica en España (II). El CReSA

Siguiendo con el tema iniciado hace unos días, acerca de los laboratorios de alta seguridad biológica en España, hoy toca hablar de la instalación de alta seguridad biológica del CReSA (Centre de Recerca en Sanitat Animal) que recientemente se ha incorporado a la Red de Instalaciones Científico-Técnicas Singulares (ICTS) del Ministerio de Economía y Competitividad (MINECO), para formar la “Red de Laboratorios de Alta Seguridad Biológica” (RLASB) junto con el CISA, centro al que dediqué el primer post de esta serie, y que ya formaba parte anteriormente de la red de ICTS. Una descripción de la nueva Red de ICTS del MINECO  se puede obtener en un documento pdf a través del siguiente enlace.

He pedido a mi colega y amigo, Xavier Abad, que ocupa el puesto de Oficial de Bioseguridad y a su vez el de Gestor de Laboratorios de Biocontención del CReSA, y que es un auténtico experto en materia de bioseguridad y biocontención, además de virólogo e investigador en el área de sanidad animal (no dejen de visitar el recomendable blog de divulgación “CReSA & the City” donde publica frecuentemente sus posts), que explique a los lectores de este blog cómo es la instalación de alta seguridad biológica del CReSA. Agradezco al Dr. Abad su excelente contribución, que reproduzco a continuación:

 

CReSA; Una instalación de alta seguridad en Catalunya

 Xavier Abad

El CReSA, Centre de Recerca en Sanitat Animal, fue planteado, se podría decir visionado, sobre una servilleta de papel, a finales de 1999. Sin embargo, el edificio de alta seguridad biológica, localizado en el Campus de la Universitat Autònoma de Barcelona, se acabó de construir el 2005 y entró en operación el 2006.

La instalación está dotada de niveles de bioseguridad NBS3, NBS3+ (apta para la experimentación con patógenos zoonóticos como virus West Nile, virus Rift Valley Fever, los virus de la gripe aviar H5N1 o el MERS coronavirus, por ejemplo) y ha sido construido para alcanzar NBS4Ag (o Agricultura), es decir, es capaz de manejar patógenos animales de gran transmisibilidad y elevado impacto económico, como sería el caso del virus de la fiebre aftosa. Como bien se apunta en una entrada previa de este blog, NBS4Ag no es NBS4 OMS. Debido a la peculiaridad de sus instalaciones, el CReSA ha sido reconocido como Infraestructura Científico-Técnica Singular por el Ministerio de Economía y Competitividad (MINECO).

Estructuralmente el edificio de seguridad biológica CReSA está constituido por tres plantas, cada una de ellas de unos 1500m2. Sólo en la planta central o intermedia se hace trabajo experimental, con una zona de animalario constituida por doce boxes experimentales y una zona de laboratorios. En la planta superior se recogen todos los aires de la instalación y son sometido a una doble filtración absoluta HEPA para asegurar que ninguna partícula infecciosa pueda alcanzar el exterior. A la planta inferior se llevan (aprovechando la fuerza de la gravedad) todos los residuos líquidos y sólidos de la actividad experimental. Allí se acaban de segregar ambos y los residuos líquidos son sometidos a tratamientos de descontaminación por métodos químicos mientras los residuos sólidos (por ej. carcasas animales) son sometidos a procesos de digestión alcalina o incineración para su destrucción.

Todas las plantas de la instalación (como en todas las instalaciones de nivel NBS3 o superior) están bajo presión negativa, o en depresión, de manera que cualquier patógeno con el que se trabaja se mantiene en el interior de la instalación y no alcanza el exterior (ni la comunidad ni el medio ambiente).

Los 12 boxes experimentales funcionan como unidades independientes lo que permite realizar hasta doce diferentes experimentos (combinaciones de especie animal, cada una en un box experimental, desde ratón a dromedario, desde pollitos a halcones, y patógeno, y/o vacuna) al mismo tiempo. Todos disponen de su propio sistema de duchas para las personas previa a la salida de los mismos, videovigilancia, conexión directa al servidor del Centro, etc. y son controlados como toda la instalación por un Sistema de Gestión Centralizado que permite actuar desde el exterior controlando parámetros que puedan considerarse críticos como la temperatura, el nivel de presión negativa, el fotoperiodo, la humedad, la rutina de ciclos de las duchas, etc.

El trabajo en la unidad de alta seguridad implica desprenderse de toda la ropa y objetos personales en el exterior de la misma, atravesar un sistema de duchas sin ducharse a la entrada y una vez en el interior, vestirse con una indumentaria de trabajo que nunca sale de la instalación. Una vez finalizado el trabajo, que puede requerir más de un cambio de indumentaria y/o la adopción de elementos de protección individual complejos, el personal se desprende de la ropa de trabajo en el vestuario interior y sale por el sistema de duchas con una preceptiva ducha controlada por un sistema electrónico.

Como instalación de alta seguridad dispone de elementos de bioprotección como accesos y salidas controladas mediante perfil biométrico, videovigilancia perimetral y patrullas con personal de seguridad para el control externo.

Complementando la unidad de alta seguridad biológica el CReSA dispone también de unos 700m2 de laboratorios convencionales o de nivel de bioseguridad 2 (NBS2) ya que también realiza estudios convencionales con animales de granja infectados con patógenos de grupo de riesgo 2.

En el CReSA trabajan un centenar de personas que son el alma de la instalación. Aproximadamente, un tercio son investigadores (epidemiólogos, inmunólogos, virólogos, bacteriólogos, etc.), la mitad del total son técnicos o estudiantes de postgrado y unas dos décimas partes son el personal de apoyo y gestión, que llevan el día a día científico pero también de ingeniería y mantenimiento de la instalación. Ellos son el auténtico valor del centro, pero sin duda son menos costosos que la instalación, ya que toda unidad de alta seguridad biológica es varias veces más cara de construir que un laboratorio convencional y los costes de mantenimiento exceden entre 4 y 6 veces los costes de mantenimiento convencionales. Nuestro “valor” requiere unos costes altos (un “precio”) para desplegar su ciencia. Pero como dijo aquel “Solo el necio confunde valor con precio”.

 

Enlaces a posts relacionados en este blog:

Bioseguridad: Instalaciones de alta seguridad biológica en España (I) El CISA

Bioseguridad: Instalaciones de alta seguridad biológica en España (III). El Laboratorio de Seguridad Biológica L- 3 de VISAVET – UCM

Bioseguridad: Instalaciones de alta seguridad biológica en España (IV). El Laboratorio Central de Veterinaria del MAGRAMA

 

 

 

 

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Bioseguridad: Instalaciones de alta seguridad biológica en España (I). El CISA.

En la reciente crisis sanitaria por virus ébola en España, todos hemos podido comprobar que existe poco conocimiento sobre seguridad biológica, y en particular sobre instalaciones de alta seguridad biológica en nuestro país, lo cual ha generado no poca confusión. Se manejan conceptos como “P3″ o “P4″ (yo he llegado a leer hasta “P5″ en algún medio) sin saber muy bien de qué se está hablando. El afán de este blog es divulgar conocimientos sobre virus emergentes y cambio global, y la seguridad biológica es un componente esencial en este área. Por ello voy a dedicar una serie de posts a este tema.

Empezaré por presentar la mayor instalación de alta seguridad biológica en España, y también la más antigua (1993) y por tanto con más experiencia, que además es donde yo trabajo. Se trata del CISA (Centro de Investigación en Sanidad Animal), situado al noreste de la provincia de Madrid, en las afueras de la localidad de Valdeolmos. La instalación está dotada de niveles P3, P3+ (apta para manejo de agentes zoonóticos como virus West Nile o virus de la fiebre del valle del Rift) y P4 “agri”, que es la denominación que tienen los laboratorios dotados de medidas de contención adecuadas para manejar agentes patógenos de alta difusibilidad y grave impacto económico para la ganadería, como el virus de la fiebre aftosa. Ojo: P4 “agri” no es P4 “OMS”. La clasificación de patógenos por niveles de bioseguridad de la Organización Internacional para la Sanidad Animal (OIE) no es igual que la de la OMS. En próximos posts describiré un poco mejor qué significan estas clasificaciones. El CISA ostenta por tanto el nivel más alto de biocontención en agricultura, lo cual no es baladí si tenemos en cuenta que ello supone haber pasado una exigente inspección por parte de la Unión Europea. Solamente hay dos laboratorios que hayan pasado esta inspección de la UE  en España : el CISA y el Laboratorio Central de Veterinaria (LCV) de Algete, perteneciente al MAGRAMA.

Para ir abriendo boca  en esto de las instalaciones de bioseguridad, les dejo aquí una entrevista con el director del CISA, Victor Briones, que publicó hace unos meses esta misma plataforma web madri+d, en la que se describe bastante bien lo que es el CISA. Pueden ampliar esta información en un artículo sobre el CISA publicado hace unos meses (diciembre de 2013) en el Boletín Informativo de la Sociedad Española de Microbiología, al que pueden acceder a través del siguiente enlace,

Entrevista al director del CISA

Víctor Briones

Director del Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA) del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA)

 

1.- Explíquenos, por favor, qué es el CISA.

El CISA, Centro de Investigación en Sanidad Animal, es uno de los centros con que cuenta el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA).

Es un centro muy especial, ya que su toda su actividad y su propio diseño están enfocados específicamente a la investigación sobre prevención, diagnóstico y control de las principales enfermedades transmisibles animales. El CISA nació con una clara vocación de servicio a la sanidad de nuestras producciones ganaderas. Por ello, nos preocupan especialmente las enfermedades emergentes, re-emergentes y transfronterizas de gran impacto económico y sanitario que pueden causar restricciones en el comercio ganadero, pero también las zoonosis. Esta orientación sigue siendo esencial en nuestro día a día.

Edificio del Centro de Investigación en Sanidad Animal

2.- Descríbanos el Centro ¿cómo es?

Casi once mil metros cuadrados están ocupados por laboratorios y animalario de nivel de contención biológica 3 (OMS) y un plus representado por dos laboratorios y un box NCB 4 (OIE) que exceden en mucho a cualquier otra instalación española y la sitúa en paridad con los más relevantes centros de este tipo a nivel internacional.

Estos niveles de contención biológica se logran merced a las características funcionales de los edificios, que crean una presión negativa de aire, lo que asegura un flujo continuo hacia el interior; esto se complementa con un sistema de filtración del aire expelido, a base de filtros absolutos HEPA capaces de retener prácticamente cualquier partícula infecciosa en aerosol, incluidos los virus más pequeños conocidos. A ello se añade un sistema de gestión de residuos y efluentes que incluye, según los casos, incineración o descontaminación química y térmica. Todo ello garantiza la no emisión al medio ambiente de ningún patógeno de los que se manejan en el interior. Como consecuencia, y a modo de ejemplo muy esclarecedor, el CISA es una de las dos únicas instalaciones españolas capaces de manipular virus vivo de la Fiebre Aftosa.

3.- ¿Tiene el CISA algo de especial respecto a otros centros dedicados a la investigación en Sanidad Animal?

Es una de las treinta Infraestructuras Científico-Técnicas Singulares reconocidas por el Ministerio de Economía y Competitividad (MINECO) en España. Es única en su género a nivel nacional debido tanto a su tamaño como a su nivel de biocontención.

El CISA fue el primer centro con estas características de bioseguridad en España. Eso le granjeó un enorme prestigio en el campo de la Sanidad Animal. Pese a que ahora hay otros centros, el nuestro continúa siendo una referencia debido al abordaje multidisciplinar del que es capaz. La diversidad de sus grupos de investigación logran una aproximación muy completa a la Sanidad Animal, incluyendo investigadores especializados en campos muy diferentes, como biología molecular, epidemiología, sanidad ambiental, biotecnología, inmunología, virología, diagnóstico, etc.

Edificio del Centro de Investigación en Sanidad Animal. Foto 2

4.- ¿Cuáles son las enfermedades más relevantes en la investigación que se realiza en el CISA?

Además de la ya citada Fiebre Aftosa, hay grupos de trabajo dedicados tanto a viejas conocidas como a recién llegadas: Peste Porcina Africana, Lengua Azul, Enfermedad Vesicular Porcina, Enfermedad de Teschen-Talfan, Peste de los Pequeños Rumiantes, Septicemia Hemorrágica Viral o Necrosis Pancreática Infecciosa. Y además quiero hacer hincapié muy especialmente en algunas zoonosis, como Fiebre/Encefalitis de Nilo Occidental y otras flavivirosis, Fiebre del Valle del Rift, Síndrome Agudo Respiratorio Severo, Influenza, etc. Hay incluso un grupo dedicado a las Encefalopatías Espongiformes Transmisibles animales (EEB y Scrapie). Otro grupo trabaja en el diagnóstico y epidemiología de enfermedades procedentes de la fauna silvestre, desde aves a cetáceos, y tanto zoonóticas, de relevancia ambiental, como las compartidas con la ganadería, y su trabajo abarca desde virus hasta determinantes genéticos de las resistencias antimicrobianas.

5.- ¿Principalmente qué se persigue con estas investigaciones?

En todas estas enfermedades se investigan aspectos relacionados con estrategias o adyuvantes vacunales, epidemiología, modelos de simulación para la introducción y difusión de las enfermedades, clínica, patología, patogenia, transmisión y control, o sistemas de diagnóstico, por ejemplo.

Edificio del Centro de Investigación en Sanidad Animal. Foto 3

6.- En el CISA, los animales están en unas magníficas instalaciones, ¿con qué animales cuentan para su investigación?

El animalario del CISA es el área más compleja y exigente, está constituido por 19 estancias separadas y polivalentes diseñadas para albergar distintas especies con medidas de bioseguridad que permiten el trabajo in vivo incluso con patógenos transmisibles por vía aerógena. Se utilizan muy diversas especies animales, como cerdos, varios tipos de roedores, terneros, ovejas, perdices o conejos, así como peces cebra y truchas. Excepcionalmente se han alojado otras especies, como caballos o hasta ciervos, pero eso no es lo frecuente. En todo caso, esta capacidad exige disponer de un personal y unas instalaciones de animalario sumamente especializadas, ya que a la diversidad de especies se suma la complejidad de manejarlas en una instalación de seguridad biológica.

7.- ¿De qué manera actúa el CISA en su cometido de servicio público?

El INIA en su conjunto mantiene importantísimas relaciones con el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, y el CISA da apoyo en ciertas actividades a sus Laboratorios Nacionales de Referencia y como ayuda en la respuesta ante posibles brotes. Pero además, quiero destacar especialmente que el CISA es Laboratorio de Referencia para Peste Porcina Africana de la UE y de la FAO, y forma también parte de la Red de Laboratorios de Alerta Biológica (RELAB), dedicada a hacer frente a amenazas producidas por agentes biológicos peligrosos, como ejemplos más señalados.

Edificio del Centro de Investigación en Sanidad Animal. Foto 4

8.- ¿Cómo interactúa el CISA con el sector privado?

Debido a la singularidad de esta instalación, el CISA es un referente en España para investigadores de otros centros públicos de investigación (OPIs, Universidades.) y empresas biotecnológicas y farmacéuticas, que solicitan de forma continua hacer uso de nuestra instalación para llevar a cabo sus experimentos. Esta es una labor creciente, ya que ambas partes obtienen excelentes resultados: estos organismos y empresas no precisan disponer de una instalación muy costosa de construir y de operar y el CISA por su lado, participa como socio relevante en sus iniciativas de investigación y de transferencia.

Queremos mantener y reforzar nuestros lazos con dos socios estratégicos: de un lado, los sectores productivos, que son los destinatarios finales de nuestra labor; trabajamos para una mayor competitividad de nuestra industria ganadera mediante el empleo de técnicas y estrategias de probada eficacia frente a las enfermedades transmisibles. Y por otro, el aliado natural que lo constituyen las empresas de base tecnológica que trabajen en sanidad animal, con las que podemos colaborar también en proyectos e iniciativas a través de convenios o contratos que permitan hacer de nuestras instalaciones, sus instalaciones.

9.- ¿Cómo ve el futuro inmediato?

El CISA tiene ante sí un único reto, que es el de mantener y potenciar su activo papel como centro de referencia en todos los asuntos que derivan o enlazan con la Sanidad Animal, en el concepto de One Health, y que incluyen, obviamente, la Seguridad Alimentaria, la Sanidad Medioambiental o la Salud Pública.

10.- ¿Qué papel jugará el INIA y por tanto el CISA en el Horizonte 2020?

Acaba de salir la primera convocatoria del llamado Horizonte 2020, que será el nuevo programa marco de la investigación europea y que entronca directamente con las políticas nacionales recogidas en la Estrategia Española de Ciencia y Tecnología y de Innovación 2013-2020 y en el Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación 2013-2016. En estos marcos normativos ha de tener lugar la proposición de iniciativas, proyectos y consorcios que refuercen la presencia del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria INIA y el CISA como referente de la Sanidad Animal española tanto a nivel nacional como internacional.

 

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El debate sobre la investigación de doble uso: se levanta la “censura” sobre las publicaciones acerca de la transmisión de virus H5N1 entre mamíferos

Como ya sabrán muchos de ustedes, en las últimas semanas ha habido un árduo debate sobre si se deben o no publicar ciertos resultados de investigación sobre los cambios en la transmisibilidad entre mamíferos del virus influenza H5N1 altamente patógeno de origen asiático. El asunto es complejo y hacen falta algunos conocimientos previos. Este blog pretende ser divulgativo y dirigirse a un público amplio, no necesariamente formado en disciplinas científicas, por lo que creo conveniente explicar algunas cosas antes de entrar en materia. Quienes deseen ir “al grano” pueden saltarse los prolegómenos e ir directamente al epígrafe titulado “El debate sobre el doble uso de los resultados de la investigación sobre transmisión del virus H5N1″.

Virus influenza aviar H5N1

Como ya hemos mencionado en post anteriores (“Un mundo pequeño…” y “¿Que son los virus emergentes?“) el virus de la influenza (o gripe) aviar H5N1 que emergió en el sureste asiático a finales del siglo XX es un patógeno letal para las aves de corral, sector en el que ha causado graves estragos, afectando también a las aves silvestres, algunas de las cuales sucumben a esta enfermedad. Sin embargo, lo que motivó que este virus adquiriera hace unos años (especialmente a partir de 2006) una enorme repercusión que trascendió del ámbito científico-sanitario para cobrar una enorme relevancia a nivel mediático, fue que no solo afecta a las aves, sino también al hombre, en el cual causa una enfermedad muy grave.

Si bien esta infección es letal para el ser humano en un elevado porcentaje de los casos (un 60% de los casos hospitalizados),  afortunadamente no es fácil de adquirir. La enfermedad es transmitida desde las aves infectadas, y aunque la transmisión es muy eficaz entre éstas, no lo es tanto entre aves y humanos, y no es en absoluto eficaz entre humanos, lo cual es una circunstancia muy afortunada para nosotros, pues gracias a ello  el número de casos humanos se ha mantenido hasta el momento en unos niveles muy moderados (desde 2003 ha habido alrededor de 600 casos, la media anual se ha estabilidado en 50-90 casos, como muestra la última actualización de la OMS del 12 de marzo).

El riesgo pandémico y la transmisión entre humanos

Sin embargo esta circunstancia podría cambiar, y de ahi el mayor motivo de preocupación acerca de esta enfermedad. Ya vimos anteriormente que los virus tienen la fea costumbre de cambiar constantemente para adaptarse a nuevas circunstancias en el medio, que está igualmente en permanente cambio. ¿Que pasaría si surgiera una nueva variante de este virus influenza H5N1 que, sin perder su letalidad para los seres humanos, se transmitiera eficazmente entre éstos? No hace falta echarle mucha imaginación, pues algo así se sospecha que ocurrió en el caso de la “gripe española” de 1918-19, un virus de origen aviar que causó la pandemia de gripe más grave de que se tiene conocimiento, acabando con la vida de decenas de millones de personas en todo el mundo en tan solo dos temporadas de transmisión (por cierto, si alguna vez se han preguntado por qué se llamó así a aquella pandemia de gripe quizá les interese leer una nota que publiqué hace algun tiempo en Enferm Infecc Microbiol Clin. 2010;28(9):661–667).

Investigaciones sobre la transmisión

Dados los antecendentes, la posibilidad de que el virus influenza H5N1 se vuelva transmisible entre humanos es un tema preocupante. Por ello, poder conocer de antemano un futuro virus pandémico con una elevada virulencia potencial es algo que ha atraído el interés de muchos científicos, quienes se han puesto manos a la obra desde hace algún tiempo, e intentan identificar las mutaciones que hacen que un virus como este se transmita eficazmente entre mamíferos (igual que en el hombre, este virus es altamente letal en algunos mamíferos, principalmente felinos y mustélidos, y algunos de éstos, como los hurones, sirven de modelo experimental con el cual ensayar la transmisibilidad en mamíferos).  En este contexto es en el que hay que valorar los hallazgos obtenidos recientemente por dos grupos de investigación, liderados por Ron Fouchier (Holanda), y Yoshihiro Kawaoka (EE.UU.). Utilizando hurones como modelo experimental, y provocando determinados cambios genéticos (mutaciones en determinadas posiciones del genoma del virus, en parte dirigidas y en parte “forzadas” por pases sucesivos en hurones en el caso de Fouchier, e intercambios de segmentos genéticos completos con otros virus influenza de mayor transmisibilidad, en el caso de Kawaoka) , han logrado obtener virus capaces de transmitirse eficazmente en estos animales por vía aerógena. Como resultados tangibles de tales investigaciones se pueden destacar dos: 1) se han podido identificar determinados cambios genéticos que conducen al virus influenza H5N1 a transmitirse eficazmente entre mamíferos, y 2) se han obtenido virus H5N1 con esa capacidad en el laboratorio.

Si bien ambos tipos de cambios podrían ocurrir en la naturaleza, hay dos consideraciones en este asunto que deben tenerse en cuenta:

1) Las maneras en que el virus influenza H5N1 podría encontrar un  ”camino” hacia a una mayor transmisibilidad entre mamíferos podrían ser muy diversas (de hecho, los dos trabajos identifican dos mecanismos distintos),  pudiendo existir otras “soluciones” alternativas distintas a las descritas en estos trabajos. O dicho, de otra forma, las mutaciones/redistribuciones geneticas descritas en estos trabajos no tienen por qué ser las que el virus emplee en una eventual evolución para ganar transmisibilidad entre mamíferos. Esto es importante ya que si empleamos estos virus para desarrollar estrategias terapeuticas y preventivas que nos permitan enfrentarnos a una futura pandemia, podría ocurrir que el virus pandémico fuera tan distinto de lo previsto que hiciera inútiles tales estrategias.

2) Los virus H5N1 de alta transmisibilidad entre hurones, desarrollados en estos trabajos, son potencialmente muy peligrosos y su mera existencia ya constituye una amenaza real que hay que tomarse muy en serio. Es posible que la naturaleza, con el tiempo suficiente, acabe generando una variante de este virus letal y transmisible para el hombre, y para combatir con antelación este peligro potencial es para lo que se han llevado a cabo estas investigaciones. No deja de ser paradójico, sin embargo, que durante estas investigaciones se acaben generando virus tan peligrosos como aquellos que se pretenden combatir.

Control previo sobre aspectos éticos y de bioseguridad

Otra cosa que hay que explicar es que cuando un investigador pretende emprender un nuevo trabajo de investigación, suele elaborar un “proyecto” escrito que es evaluado por distintos comités que informan sobre el interés y la relevancia del trabajo propuesto, la capacidad técnica del investigador y/o su grupo para realizarlo, y, muy importante en este caso, sobre los aspectos éticos y de bioseguridad que implica el proyecto. Los trabajos mencionados anteriormente (que fueron financiados por los fondos para investigación sanitaria de los Institutos Nacionales de la Salud -NIH- de los EE.UU.) pasaron favorablemente estos controles, incluyendo aspectos éticos y de bioseguridad. Este aspecto es importante, como se verá luego.

Antes de seguir conviene explicar que los agentes patógenos se clasifican según su peligrosidad en 4 grupos, numerados del 1 al 4  en orden creciente al riesgo que representa su manejo. Los de máximo riesgo (grupo 4) son aquellos que causan enfermedad grave en el hombre y/o los animales, que pueden propagarse fácilmente a la población y para los que no existe tratamiento ni profilaxis eficaz. Estos agentes biológicos solo pueden manejarse en instalaciones especiales con un “alto nivel de contención” con medidas de seguridad muy elevadas, dirigidas a poder manejar estos patógenos con seguridad, y a impedir  escapes accidentales.

Obviamente, los virus H5N1 transmisibles entre mamíferos obtenidos de las investigaciones mencionadas anteriormente pertenecen a este grupo y se trabaja con ellos en entornos de alto nivel de contención con adecuada bioseguridad. Los investigadores que solicitaron estos proyectos debieron demostrar a la agencia que los financió (NIH) que tenían acceso a instalaciones adecuadas para realizar el trabajo propuesto e iban a aplicar las medidas necesarias para evitar escapes. En este punto la agencia (que es una entidad pública estadounidense) puede recabar asesoramiento en materia de bioseguridad, al igual que en los aspectos éticos derivados de la investigación propuesta. En EE.UU. existe un “Panel Científico Nacional de Asesoramiento sobre Bioseguridad” (NSABB, por sus iniciales en inglés) para estos fines, que ha jugado un papel muy importante en este debate sobre el uso dual de los resultados de investigación, como veremos a continuación.

El debate sobre el doble uso de los resultados de la investigación sobre transmisión del virus H5N1

Con todo lo anterior como equipaje, vamos a meternos de lleno en el tema del post, que es el debate sobre si se deben o no publicar resultados como los mencionados, que pueden tener un “doble uso“, es decir, además de su utilidad beneficiosa, pueden ser utilizados con fines malintencionados, como por ejemplo, para generar patógenos peligrosos y liberarlos deliberadamente con fines bélicos o terroristas (ver NOTA al final del post).

La historia es como sigue: en diciembre de 2011 Fouchier y Kawaoka envían los resultados de sus trabajos a  Nature y Science, respectivamente (dos revistas científicas del más alto nivel) para su publicación. Esto es el procedimiento normal de la actividad científica. Los resultados de las investigaciones son normalmente puestos a disposición de la comunidad científica a través de publicaciones especializadas, siguiendo un protocolo en el que los manuscritos son revisados por ”pares” (investigadores trabajando en temas afines). Aunque las revistas científicas pueden efectuar evaluaciones de bioseguridad internas, carecen de mecanismos para asegurar que no se ofrezca información “sensible” a un doble uso, como reconocieron en este caso los editores de Nature y Science. Sin embargo, los manuscritos llegaron al NASBB, a través de personal del NIH (fondo de los EE.UU. que financia estas investigaciones) que tuvo conocimiento de los mismos y que percibieron la trascendencia e implicaciones de los hallazgos que se iban a publicar. El NASBB es un panel consultivo, que puede emitir recomendaciones, no de obligado cumplimiento. Suele hacerlas ANTES de empezar los trabajos, y no se sintió muy cómodo al tener que enjuiciar dichos trabajos DESPUÉS de su realización, pero tras reunir a los autores de los trabajos, a los editores de las revistas y a un grupo de expertos, recomendó retirar los detalles sobre la identidad de las mutaciones y sobre algunos de los procedimientos de trabajo empleados con el fin de evitar la reproducción de los resultados por cualquiera con mala intención. Recordemos: los “resultados” son virus con un peligro potencial evidente. Esta “recomendación” no tiene precedentes en la actividad científica, y constituye de hecho un tipo de censura sobre los resultados de las investigaciones. El debate estaba servido.

¿Que hicieron los autores? De acuerdo con los editores de ambas revistas, y junto con otros investigadores que trabajan en el mismo tema, acordaron voluntariamente una moratoria de 2 meses en la que suspendían durante ese período la publicación de los resultados obtenidos en materia de transmisión de virus influenza entre mamíferos. La declaración de la moratoria fue publicada simultáneamente en Nature y en Science a finales de Enero de 2012 y la firmaron 39 investigadores de todo el mundo. La intención de esta moratoria fue ofrecer a la sociedad un tiempo para debatir sobre algo que nunca se había planteado: ¿cuales deben ser los límites en las investigaciones cuyos resultados ofrezcan un “doble uso”?¿se deben publicar todos los resultados? ¿quien ejerce el control sobre qué se publica y qué no? ¿cuando y de qué forma debe hacerse ese control?

En este tiempo se han organizado distintas reuniones para discutir sobre estos temas, auspiciadas por la OMS,  la Academia de Ciencias de Nueva York, etc. Se ha avanzado en algunos puntos. Por ejemplo, se ha discutido sobre la capacidad “real” de reproducir los experimentos descritos, algo que no está al alcance de cualquiera. Igualmente, se ha discutido sobre la relevancia de la información “censurada” ¿realmente es imprescindible esa información para obtener un virus gripal con potencial pandémico? Del mismo modo, se ha discutido sobre la virulencia real del virus H5N1: algunos autores discrepan de la forma que la OMS calcula la mortalidad para este virus. Según este organismo internacional, la mortalidad resulta de dividir el nº de fallecimientos debidos a la enfermedad entre el nº de casos hospitalizados. De esta forma se obtiene un alarmante dato de mortalidad (en torno al 60%), pero si se estima en función de las infecciones reales, incluyendo aquellas que no manifiestan enfermedad, o manifiestan síntomas muy benignos (que no requieren hospitalización), y que se pueden estimar mediante estudios sobre la presencia de anticuerpos específicos en la población (tener anticuerpos supone haber adquirido la infección), se obtienen datos de mortalidad mucho más bajos.  Es importante tener en cuenta también la posible perdida de virulencia al aumentar la trasmisibilidad: se sabe que los virus que aumentaron su transmisibilidad entre hurones no mantenían intacto su potencial patógeno, sino que al parecer se atenuó sensiblemente su virulencia. ¿No se habrá sobredimensionado el problema al asumir que los virus que se transmitieron entre hurones poseían una alta virulencia, cuando no era del todo así? Igualmente queda por saber si la transmisibilidad entre hurones puede transponerse a otros mamíferos, en particular al hombre. Por ultimo, está un tema que se debe tener muy en cuenta, que es el de la biocontención de los organismos generados en estas investigaciones. Los “escapes” son un tema espinoso, pero ocurren, y aunque las medidas de biocontención aplicadas en estos casos son muy altas, siempre hay que considerar que existe un riesgo de escape accidental, que puede ser por fallos técnicos o humanos. Este tema no guarda relación alguna con el principal que atañe al “doble uso”, pero debe tenerse en cuenta a la hora de sopesar “pros y contras” de las investigaciones que tengan como resultados posibles nuevos patógenos de elevado riesgo. Como vemos, el debate presenta diversas facetas, algunas plantean temas muy novedosos que habrá que ir resolviendo a partir de ahora.

El 30 de marzo cumplió el plazo de la moratoria y el NSABB, teniendo en cuenta las discusiones científicas y de expertos en bioseguridad tomó la decisión (opuesta a su recomendación de Diciembre) de recomendar la publicación completa de los resultados de Fouchier y Kawaoka. Al mismo tiempo el gobierno de los EE.UU. ha adoptado una nueva política de supervisión de las investigaciones biológicas financiadas con dinero federal, esencialmente basada en un control más estricto sobre las investigaciones sobre ciertos patógenos considerados”sensibles” por ser más susceptibles a un doble uso o por las consecuencias que acarrearía su liberación accidental o deliberada.

Hasta aquí el caso Fouchier-Kawaoka. Si duda ha significado un punto de partida en un asunto que hasta el momento no se había planteado, y que a partir de ahora va a tenerse en cuenta cuando un investigador emprenda un nuevo camino en su investigación. Tendrá que pensar en si es previsible que algunos de los resultados que obtenga de su trabajo puedan tener un “doble uso”, y si los beneficios de sus investigaciones superan los problemas generados por ese doble uso y los riesgos biológicos asociados a su biocontención.

 

NOTA: Aunque no es el objetivo de este blog dar opiniones, sino más bien ofrecer información para que los lectores puedan formarse su propia opinión, voy a hacer una excepción aquí: En el post inicial de este blog ya advertí sobre el riesgo de malinterpretar o manejar de forma inadecuada la información sobre enfermedades infecciosas, virus emergentes, pandemias etc, pues esto puede generar miedo injustificado en la población. En mi opinión se abusa muy a menudo de este aspecto “oscuro” de los patógenos emergentes, en particular en los medios de comunicación, buscando el lado sensacionalista, algo que a veces ha acabado generando pánico. Igualmente una inadecuada información acaba dando lugar a toda clase de especulaciones, teorías conspirativas, etc, que benefician muy poco a la normalización de la percepción de la sociedad sobre estos temas. Sin embargo, reconociendo que se ha abusado mucho del aspecto “peligroso” de estos microorganismos, y en particular -es mi opinión- se ha sobredimensionado el riesgo de su utilización con fines terroristas, en ocasiones con finalidades políticas (sobre todo desde el 11 de septiembre de 2001), no es menos cierto que ese riesgo existe, como existe el riesgo de su utilización con fines bélicos, y como tal hemos de reconocerlo aqui.

 

 

 

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