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Virus del síndrome de la fiebre grave con trombocitopenia: un nuevo virus emergente en China y Japón.

El virus de la fiebre severa (o grave) con trombocitopenia (iniciales en inglés: SFTSV) es un virus emergente identificado en 2011 como un virus nuevo y por lo tanto distinto de los ya conocidos,  aunque el síndrome que causa fue descrito por primera vez en China en 2009. Se trata de un virus perteneciente a la familia de los Bunyavirus (género Phlebovirus*). Al parecer la transmisión de este nuevo virus podría estar mediada por picadura de garrapatas, aunque se ha sugerido que puede transmitirse también entre personas por contacto a través de sangre y secreciones mucosas. Se desconoce la especie de vertebrado que actúa como reservorio natural.

El SFTSV produce una enfermedad grave en el ser humano, con una elevada tasa de mortalidad (estimada en alrededor del 12% en China). El período de incubación va de 6 a 14 días  Los síntomas son fiebre, dolor de cabeza, dolor de estómago, vómito y diarrea. La analítica muestra reducción de plaquetas y leucocitos, con elevación de enzimas hepáticas y ferritina. Se observan hematuria y proteinuria.

En China se han registrado hasta el momento 200 casos de esta nueva enfermedad, centrados sobre todo en zonas rurales del noreste y centro del país. No hay vacuna contra ella ni tratamiento específicos. El tratamiento disponible se dirige a aliviar los síntomas, por ejemplo, suministrando antipiréticos para combatir la fiebre elevada.

Desde el verano pasado se vienen detectando casos de esta enfermedad infecciosa en Japón, donde ya hay 4 personas fallecidas a causa de la misma. Todas han sido diagnosticadas retrospectivamente, en una investigación de casos compatibles al detectarse una sospecha clínica. Una falleció el pasado verano, y 3 más en otoño, y hay 9 casos sospechosos más bajo investigación. Las víctimas en Japón no mostraron evidencias de picaduras de garrapatas, e investigaciones de campo aún no han podido identificar el virus en las garrapatas examinadas, procedentes de los territorios japoneses afectados, que son las prefecturas de Hiroshima, Yamaguchi, Miyazaki y Ehime, al suroeste del país. Sin embargo, en China se ha comprobado la presencia del virus en hasta un 5.4% de las garrapatas examinadas procedentes de zonas endémicas para la enfermedad, lo que sugiere que estas garrapatas actuarían como vectores que transmiten la enfermedad.

Los virus encontrados en los pacientes japoneses son genéticamente muy similares entre sí, y presentan diferencias con respecto a las cepas aisladas en China.

Se puede encontrar información sobre este virus en los siguientes enlaces:

http://ajw.asahi.com/article/behind_news/social_affairs/AJ201302200053

http://www.sciencemag.org/content/330/6000/20.full

http://wwwnc.cdc.gov/eid/article/18/6/11-1345_article.htm

 

NOTA

(*) Los phlebovirus son uno de los cinco géneros de virus de que consta la familia bunyavirídae. Comprende unas 70 especies conocidas de virus, de las cuales solamente 10 tienen importancia sanitaria para el hombre. La mayor parte de ellos son transmitidos por picaduras de artrópodos, fundamentalmente dípteros (flebotomos o “moscas de la arena”, mosquitos y jejenes), si bien algunos son transmitidos por garrapatas, que son todos los pertenecientes al serogrupo Uukuniemi, que consta de 13 miembros. El virus del síndrome de la fiebre grave con trombocitopenia pertenece a este serogrupo. Otros bunyavirus importantes del género Phlebovirus (aunque de otros serogrupos distintos) son el virus de la fiebre del Valle del Rift (serogrupo sandfly fever sicilian) y el virus Schmallenberg (serogrupo Simbu).

 

 

 

 

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Schmallenberg, 3 en 1: 1) Posibles vectores; 2) Primera imagen, y 3) Primer caso en España

Estamos entrando en una fase en que el virus Schmallenberg está generando gran cantidad de información. Prácticamente todos los días aparece alguna novedad. Aquí se comentará lo más relevante, pero, como en todas las “crisis sanitarias“, en el momento álgido se produce un exceso de información, en gran parte no relevante o difícil de interpretar, puesto que faltan datos sobre el patógeno y la enfermedad que produce. De esa avalancha de información hay que “separar el grano de la paja“, es decir, la información relevante de la pura especulación. Intentaremos resumir la información relevante. Esta semana se han producido 3 novedades importantes, que comentamos a continuación:

1) El VAR (Veterinary and Agrochemical Research Centre) de Bélgica ha detectado la presencia de virus Schmallenberg en muestras de Culicoides ssp. capturados en septiembre-octubre de 2011. Concretamente, de 23 pools analizados, ha sido detectado en 2 de ellos, que corresponden a 2 especies distintas: Culicoides obsoletus, y Culicoides dewulfii. Las muestras incluían solo la cabeza de los insectos, lo cual descarta la presencia del virus de forma “pasiva” en el tubo digestivo de estos dípteros, indicando claramente que podrían jugar un papel como vectores (un verdadero vector multiplica el patógeno hasta acumularlo en sus glándulas salivales, desde donde es transmitido al hospedador vertebrado cuando el insecto lo pica para alimentarse). No obstante, para demostrar este extremo hacen falta estudios experimentales específicos (NOTA: el lunes, 12 de marzo, las autoridades sanitarias de Dinamarca informaron que el virus también fue detectado en culicoides recogidos en territorio danés en 2011).

2) El FLI (Friedrich-Löeffer Institute) de Riems, Alemania, ha obtenido las primeras imágenes por microscopía electrónica del virus. La morfología confirma su adscripción a la familia Bunyaviridae. Se trata de una partícula con envoltura de unos 100 nanometros (1 nanómetro= millonésima parte de un milímetro) de diámetro, con 3 fragmentos genómicos en su interior.

FLI-Schmallenberg-Virus_ELMI_Web

En el centro de la imagen se aprecia la forma esférica de unos 100 nm de diámetro (1 nm= 1/1.000.000 mm) que corresponde a una partícula del virus Schmallenberg. La foto fue obtenida en el Friedrich Löeffer Institute (FLI) de Riems, en Alemania, por el equipo del Dr. Dr. Harald Granzow. La fotos es cortesía del FLI (© FLI)

 

3) Primer caso en España: el miércoles, 14 de marzo el Laboratorio Central de Veterinaria de Algete, del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente confirmó el diagnóstico del primer caso de enfermedad por virus Schmallenberg detectado en España. Se trata de una oveja en una explotación mixta de ovino y capríno en la provincia de Córdoba. La oveja abortó un cordero con malformaciones, un signo que alertó sobre la posibilidad de infección por este virus. El plan de vigilancia implementado desde enero en España se basa en la investigación de casos clínicos compatibles con la enfermedad.  Por el momento es el único caso confirmado. La explotación afectada comprendía 644 ovejas y 12 cabras. Por analogía con lo que ocurre en otras infecciones por patógenos similares, como el virus Akabane, se cree que los casos clínicos congénitos son manifestaciones tardías de la infección, que pudo adquirirse hace meses, durante la temporada de actividad de los vectores (verano-otoño de 2011).

 

 

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Los arbovirus emergentes y el cambio global

La palabra arbovirus alude a la expresión inglesa “arthropod-borne virus” o virus transmitido por (picadura de) artrópodos  Estos virus se mantienen en la naturaleza en un ciclo que implica la infección alternante entre un hospedador vertebrado y un vector artrópodo, lo cual ya de por sí significa una adaptación muy específica a unas condiciones ambientales muy concretas, que son aquellas en las que pueden prosperar tanto vectores como hospedadores. Por ello las arbovirosis (enfermedades causadas por virus transmitidos por artrópodos) son el prototipo de enfermedades cuya distribución e incidencia pueden verse más afectadas por los cambios ambientales, y de modo especial por los cambios en el clima.

Los arbovirus no constituyen un único grupo taxonómico, sino que son un grupo de virus  muy heterogéneo que tienen como vínculo común su peculiar forma de transmisión. Entre los arbovirus hay patógenos importantes para el hombre y los animales. Quizá el que más estragos nos ha causado históricamente ha sido el virus de la fiebre amarilla, aunque gracias a la vacunación afortunadamente su circulación está bastante restringida. Otros arbovirus patógenos de importancia para el hombre incluyen miembros de los géneros flavivirus (dengueencefalitis japonesaWest Nile, encefalitis de Saint Louis, encefalitis transmitida por garrapatas), bunyavirus (fiebre del Valle del Rift, Crimea-Congo), alphavirus (encefalitis equinas del Este, del Oeste y Venezolana, Sindbis, Chikungunya). Entre los arbovirus que producen enfermedades importantes en el ganado podemos destacar algunos miembros del género Orbivirus (lengua azulpeste equina, enfermedad hemorágica epizoótica) que son transmitidos por picaduras de culicoides, unos pequeños dípteros a veces llamados también jejenes y que afectan fundamentalmente a rumiantes domésticos (ovejas, cabras vacas), caballos y ciervos, respectivamente. Algunos de los miembros de la familia de los bunyavirus incluyen arbovirus que afectan a rumiantes, como el caso de los virus Akabane, Simbu o Aino, del mismo serogrupo que el recién “emergido” virus Schmallenberg, que posiblemente emplee esta misma vía de transmisión.

Calentamiento global: la temperatura media de la superficie de nuestro planeta se ha incrementado +0.74 ºC en el último siglo. Este incremento es mucho mayor que el producido en los ultimos 1000 años, y tiene como causa la actividad humana (IPPC Fourth Assessment Report, 2007)

El cambio global es el impacto de la actividad humana sobre los mecanismos fundamentales de funcionamiento de la biosfera, incluidos los impactos sobre el clima, los ciclos del agua y los elementos fundamentales, la transformación del territorio, la pérdida de biodiversidad y la introducción de nuevas sustancias químicas en la naturaleza. El cambio global afecta entre otras muchas cosas a la distribución geográfica e incidencia de las enfermedades infecciosas, ejerciendo una influencia notable en la emergencia de nuevas enfermedades, al ofrecer a los patógenos nuevas oportunidades en forma de nuevos ambientes favorables para prosperar y extenderse.

¿Cómo influye el cambio global en la emergencia de arbovirosis? Cada especie de  vector requiere un rango de temperatura y humedad y unas condiciones ambientales determinadas para poder desarrollar su ciclo vital. Por ello el rango de distribución geográfica de cada especie de vector está determinado por aquellas zonas donde se dan esas condiciones, y por los accidentes geográficos que limitan su dispersión. Sin embargo, a consecuencia del cambio global esta distribución se puede modificar, alterando con ello la distribución potencial de las arbovirosis. Un ejemplo es  la expansión a nivel mundial del mosquito tigre (Aedes albopictus), asociada al comercio de neumáticos usados. La lluvia produce pequeñas acumulaciones de agua en el interior de los neumáticos almacenados al aire libre, que son un magnífico hábitat de cría para este mosquito, pues imitan a los huecos de los troncos de árboles de la selva húmeda que constituyen su hábitat natural. Por medio del transporte de neumáticos conteniendo los huevos, el mosquito (de origen asiático) ha alcanzado una distribución mundial.

En este caso el factor del cambio global relacionado con esta expansión es el incremento del comercio y el transporte internacional.  Este mosquito fue detectado por primera vez en España en 2004, en enclaves de la costa mediterránea. En Italia y Francia su presencia está relacionada con la aparición reciente de casos autóctonos de chikungunya, una enfermedad tropical endémica en países bañados por el índico, y de reciente expansión a Europa, caracerizada por fuertes artromialgias (“chikungunya” significa “espalda doblada” en lengua makonde).  También se relaciona con casos de dengue autóctono detectados en el sur de Francia recientemente. Otras expansiones vectoriales tienen más que ver con el calentamiento global, uno de los efectos más tangibles del cambio climático antropogénico. La elevación de la temperatura ambiental hace “habitables” para los vectores áreas que antes les estaban vedadas, a la vez que hace inhabitables otras hasta entonces compatibles con su ciclo. La consecuencia de esto es que los límites de distribución geográfica de muchos vectores se están desplazando hacia el norte en el hemisferio norte, y hacia el sur en el hemisferio sur. También  están alcanzando altitudes mayores a las observadas hasta ahora. Por ejemplo, el principal vector del virus de la lengua azul en el Mediterráneo es Culicoides imicola. La distribución de este vector ha sufrido un desplazamiento hacia el norte en los últimos años, encontrándose en latitudes en las que nunca antes había sido observado. Lo mismo ha pasado con otras especies de jejenes y con ello (aunque no sea éste el único motivo) se ha desplazado el rango geográfico de la propia lengua azul, lógicamente. De igual modo, mosquitos como Aedes japonicum y Aedes albopictus han sido detectados por primera vez en Alemania (valle del Rhin) en verano de 2011). Estos hallazgos representan expansiones geográficas hacia el norte de vectores relevantes para importantes arbovirosis, como el chikungunya, el dengue o la encefalitis por virus West Nile, y preparan el camino para la futura expansión de éstas.

El calentamiento global también favorece otros procesos más sutiles, como por ejemplo, la “virogénesis“: a mayor temperatura más eficaz es la propagación de un virus dentro de un vector. También  la proporción de vectores “competentes” para la transmisión en una población depende de la temperatura ambiente.

El agua es otro de los elementos afectados por el cambio global y que influyen notablemente en las arbovirosis emergentes. El cambio climático afecta también a la abundancia y régimen de lluvias, y a la frecuencia de episodios de lluvias torrenciales, huracanes y ciclones. Las inundaciones crean grandes áreas de cría de mosquitos, que son una oportunidad para que prosperen diversas arbovirosis, entre ellas la encefalitis por virus West Nile. Tras el desastre producido por el huracán Katrina en 2005, que provocó la inundación de grandes áreas de Luisiana y Mssissipi, se produjo un recrudecimiento de la epidemia por este virus  en las zonas afectadas.  Por otro lado, también forma parte del cambio global la gestión de los recursos hídricos para crear zonas de regadío o proporcionar agua potable para abastecer a la población. Ello tiene efectos importantes sobre la distribución y abundancia de los vectores: la inundación artificial para crear zonas de regadío puede estar detrás de la expansión de algunas arbovirosis. Incluso se ha llegado a relacionar el abandono de las piscinas dentro de zonas residenciales afectadas por impagos de hipotecas en un episodio de recrudecimiento de encefalitis por virus West Nile en California en 2007. Igualmente la construcción de presas e inundación subsiguiente de grandes espacios tiene consecuencias para crear o destruir hábitats compatibles con la transmisión de arbovirosis. Es bien conocida la relación entre la aparición de graves brotes de fiebre del Valle del Rift y la construcción de grandes presas en África (Asuán en Egipto, Merowe en Sudán, Diama en Senegal, etc).

En resumen, las arbovirosis son especialmente sensibles a los efectos del cambio global, que ya sea a través del aumento del transporte y comercio internacional, ya a través del cambio climático y sus efectos en la temperatura y ciclo del agua, ya por intervenciones directas en la gestión del agua, pueden alterar la distribución e incidencia de estas enfermedades, lo cual frecuentemente da lugar a episodios de emergencia. Las arbovirosis emergentes pueden asimismo considerarse como verdaderos indicadores de los cambios ambientales derivados del cambio global, notablemente del cambio climático.

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