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Enfermedades infecciosas emergentes: el encuentro con “lo inesperado”

Una de las características de las enfermedades infecciosas emergentes es su imprevisibilidad. Los patógenos emergentes son imprevisibles en la medida en que desconocemos aspectos básicos de su comportamiento, tales como su tasa de transmisión, su(s) forma(s) de propagación,su virulencia, su rango de hospedador, etc. Para algunos patógenos emergentes esas cuestiones son completamente desconocidas (por ejemplo, nuevos patógenos como el coronavirus MERS, del cual hemos hablado en algunos posts previos de este blog, por ejemplo, este, este, y este), para otros, solo parcialmente definidas (p. ej. patógenos conocidos pero que invaden nuevos territorios), y para otros bien establecidas (patógenos conocidos que re-emergen en determinadas circunstancias). Incluso patógenos bien conocidos pueden variar sus comportamientos dependiendo de las circunstancias medioambientales que rodean el brote, tales como densidad de población, usos culturales, o parámetros climáticos, por ejemplo. Menciono esto para dar una idea de la complejidad del problema de prever el comportamiento de un patógeno emergente.

Creo que existe una idea errónea de que el ser humano ha llegado a ejercer un control efectivo sobre las enfermedades infecciosas, cuando es evidente que esto no es así. Esa idea hunde sus raíces en los importantes logros alcanzados durante el siglo XX en la lucha contra las enfermedades infecciosas,  desde el descubrimiento y desarrollo de los antibióticos a la prevención efectiva de enfermedades infecciosas mediante la vacunación. Lo dice muy bien François Moutou, epidemiólogo de la Agencia Francesa de Sanidad y Seguridad Alimantarias (ANSES) en la introducción de su recomendable libro “La vengeance de la civette masquée” (2007):

A principios de la segunda mitad del siglo XX (…) la medicina occidental considera que las enfermedades infecciosas y parasitarias ya se conocen prácticamente y se controlan o se iniciará su control enseguida. Se trata de una cuestión asumida, un caso cerrado. Los antibióticos, el desarrollo de la química y las vacunas, los muchos avances en la biotecnología, alimentan la esperanza de la desaparición de estas viejas historias. La erradicación de la viruela constituyó el primer y rotundo ejemplo, al cual sucederán otros éxitos, seguro. Así que para la medicina, el progreso y el futuro se encuentra en las enfermedades cardiovasculares y degenerativas, el cáncer y las enfermedades relacionadas con el envejecimiento de la población.
Desde los primeros años de la década de 1980, la realidad se vuelve muy diferente. La repentina aparición del SIDA en Occidente y otros lugares, con todos los problemas asociados, fue percibida como un auténtico retroceso. Puso de manifiesto que las enfermedades infecciosas distaban mucho de haber sido dominadas. La cosa está clara entonces: aparte de la viruela, que sigue siendo una excepción afortunada, ninguna otra enfermedad está al alcance de ser erradicada. Por el contrario, podemos esperar que aparezcan otras nuevas. Otra sorpresa: incluso hay microorganismos capaces de adaptarse a las tecnologías modernas. ¿El progreso tiene realmente sólo beneficios? ¿Podría ser que, de vez en cuando, no fuera en la dirección correcta? Choque cultural (*).

Con todas las salvedades que podemos poner al texo de Moutou (una no menor es que ya se ha erradicado otra enfermedad en todo el mundo: la peste bovina, y otra más, la polio, está en camino), en esencia lo que dice es cierto: las enfermedades infecciosas siguen siendo una importante lacra para la humanidad, por más que los avances, sin duda importantes, realizados, hayan erradicado algunas, y ayudado a controlar y mitigar los efectos de muchas otras. Lo importante aqui es que hay que comprender que convivimos con los microorganismos desde la noche de los tiempos. Hemos evolucionado con ellos, los hemos sobrevivido, nos hemos adaptado a ellos…y ellos se han adaptado a nosotros. Tenemos igualmente que tener en cuenta que no somos la única especie a la que atacan: todas las especies de animales, de plantas, de homgos, incluso de los propios microorganismos uniclulares, son igualmente atacados por una pléyade de agentes patógenos. Y tenemos que tener en cuenta, por último, que estos pequeños seres son cambiantes, van adaptándose al medio (como, por otro lado, hacemos todos los seres vivos sin excepcion, solo que ellos, como se reproducen con mucha mayor rapidez, se adaptan a mayor velocidad) y “su” medio somos nosotros, sus hospedadores, de modo que a veces son capaces de saltar de una especie a otra, y a veces hasta adaptarse a ésta última: unos lo hacen con más facilidad y otros con menos, pero todos los agentes infecciosos tienen esa capacidad.

Pues bien, teniendo en cuenta todo lo anterior ¿es posible predecir cuando saltará un agente nfeccioso de una especie a otra?¿es posible predecir cuando emergerá ante nuestros “ojos” (nuestros sistemas de detección)?¿cuando un nuevo patógeno afectará directamente a nuestra salud o a la de los animales domésticos o los cultivos de los que obtenemos nuestro alimento?¿cuando afectará a nuestro entorno, los animales y plantas, hongos, baceterias, beneficiosos que constituyen el medio ambiente en el cual vivimos y del cual depende nuestra subsistencia?

Mi opinión es que no. Podemos quizá hacer inferencias sobre algo conocido, pero lo desconocido es inasequible a nuestras predicciones, y las enfermedades emergentes sensu stricto (aquellas provocadas por patógenos desconocidos hasta el momento) pertenecen al mundo de lo desconocido. No obstante, quizá entre los lectores del blog haya quien disienta de esta opinión. Si fuera así, le animaría a expresarse en el espacio reservado a comentarios a este post.

Por su relación con este tema, dejo aqui un texto que escribí para una conferencia invitada en el XXV Congreso de la Sociedad Española de Microbiología celebrado en Logroño en 2015 (pueden encontrarlo en el libro de resúmenes del congreso,, o como una publicación individual disponible en línea aqui).

De emergente a pandémico: retos actuales en torno a la vigilancia de emergencias víricas

El  paradigma actual en torno a las enfermedades infecciosas emergentes (EIE) sostiene que éstas surgen en torno a un cambio, ya sea en el propio patógeno, ya en el ambiente que le es propio y que afecta a sus hospedadores (y/o, en su caso, vectores), generando nuevas oportunidades para afectar a nuevas poblaciones o especies y expandirse territorialmente. Se considera a menudo que la mayor parte de las EIE en el hombre tienen un origen zoonótico, lo que equivale a asumir que existe toda una colección de patógenos potenciales en la fauna silvestre esperando su oportunidad para emerger en la especie humana. De esa emergencia inicial a la expansión, eventualmente pandémica, mediarían una serie indeterminada de pasos de adaptación que acaban permitiendo al patógeno una transmisión eficaz entre humanos. En consonancia con este paradigma, el principio “One health” (Una salud) propone la colaboración integrada y efectiva de profesionales y administraciones de los diversos ámbitos implicados en el control de enfermedades infecciosas, en un ambiente multidisciplinar, incluyendo profesionales de la salud pública, la sanidad animal y el medio ambiente, en un contexto global.

Los recientes episodios de emergencia y re-emergencia de enfermedades producidas por virus zoonóticos de alta virulencia, como la epidemia de enfermedad por virus Ebola en África Occidental, los brotes de virus MERS en Oriente Medio, o la aparición de nuevas cepas de virus de gripe aviar, como la cepa H7N9 en China, por citar los ejemplos más relevantes, han promovido planes de vigilancia que en mayor o menor medida han incluido la monitorización de la circulación de los virus relevantes en los animales, incluyendo la fauna silvestre, en consonancia con el principio “One health”. Sin embargo, en el caso de las EIE como las mencionadas, el conocimiento de su eco-epidemiología suele ser muy parcial, lo que plantea importantes dificultades a esta vigilancia. Por ejemplo, el conocimiento actual de la eco-epidemiología e historia natural del virus Ébola es aún escaso, a pesar de que este virus es conocido desde hace décadas, lo que supone dificultades a la hora de determinar qué especie de hospedador vigilar, qué tipo de muestra es la adecuada para ello y que tipo de medidas de bioseguridad hay que aplicar durante la vigilancia en la fauna silvestre. Como es lógico, cuanto más reciente es la descripción del virus implicado, más incompleto es el conocimiento relativo a su eco-epidemiología. Por ejemplo, aún existen importantes lagunas en torno al ciclo natural del coronavirus MERS, descrito en 2012, a pesar de los intensos estudios llevados a cabo en estos pocos años. Por otro lado las herramientas que permiten la identificación de nuevos virus han evolucionado radicalmente en los últimos años, de forma que hoy día es mucho más fácil y rápido identificar nuevos virus patógenos emergentes en el hombre y en los animales. Paradójicamente, ello no supuesto una mayor velocidad en la adquisición de conocimientos eco-epidemiológicos básicos de los nuevos virus identificados, aún dependientes de lentos y laboriosos estudios de campo.

No obstante estas dificultades, en los tiempos recientes se han puesto en marcha diversas iniciativas con el objetivo de detectar la circulación de virus “potencialmente emergentes” en la fauna silvestre, haciendo hincapié en determinadas familias de vertebrados, y singularmente en murciélagos, como posibles “reservorios de virus ancestrales” que darían origen a las próximas generaciones de virus emergentes y eventualmente a las futuras pandemias. Esta aproximación invierte los términos habituales en que se plantea la investigación de una emergencia sanitaria: se aprovecha de las tecnologías de identificación molecular para encontrar virus “sospechosos” por homología o parentesco filogenético, en especies y lugares previamente señalados como susceptibles a un mayor riesgo de emergencia. Los resultados de estos estudios, aún en fase muy preliminar, se irán conociendo en los próximos años.

(*) Traducción libre de la versión francesa del libro. No está disponible en español.

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10º “EPIZONE Annual Meeting”, Madrid, 27-29 de septiembre de 2016

Se celebra esta semana en Madrid el 10º “EPIZONE Annual Meeting” (dias 27-29 de septiembre), y creo que este evento merece un post aqui, en el blog de los virus emergentes, por varias razones. La primera y principal, porque se trata de una reunión internacional que abordará los últimos avances científicos en materia de enfermedades epizoóticas causadas por virus, incluyendo zoonosis emergentes como la fiebre por virus West Nile (Nilo Occidental) o la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, por mencionar tan solo dos de las más conocidas por el público de este blog. La segunda, porque se organiza desde el Centro en el que trabajo, el Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA), perteneciente al INIA, y de hecho formo parte del comité organizador, así que hablo con conocimiento de causa.

 

El grupo de investigación EPIZONE es una red internacional de laboratorios y centros de investigación sobre enfermedades epizoóticas con graves consecuencias para la sanidad animal, incluyendo zoonosis. Esta red está constituida por centros de investigación veterinaria de excelencia en el ambito europeo, y tiene un papel clave en la investigación sobre la prevención, detección y control de enfermedades animales y zoonosis para reducir el riesgo y mitigar los daños en la sanidad animal y la salud pública.

El grupo se reune una vez al año, y en estas reuniones abiertas participan grupos de investigación del área en todo el mundo, presentando los resultados de sus trabajos más recientes. Por las dimensiones de esta reunión, por su caracter abierto y por el modo en que se seleccionan las comunicaciones (mediante un comité científico en un proceso de revisión por pares), se puede decir que se trata de un congreso científico en toda regla.

La reunión ha ido ganando en importancia año a año, y para esta 10ª edición se esperan más de 200 participantes, procedentes de 24 países, la mayoría europeos, aunque algunos vienen de lugares tan lejanos como China, Corea del Sur o Australia.

Se presentarán 120 comunicaciones científicas que versarán sobre los cuatro vértices en que se articula la red EPIZONE: el diagnóstico, las vacunas y otras estrategias de intervención, la vigilancia y los estudios epidemiológicos, y el análisis de riesgo. Esta reunión se ha organizado además en tres áreas temáticas “concéntricas”:

  1. Sanidad animal en un mundo cambiante, donde se abordarán los avances en las enfermedades infecciosas emergentes y transfronterizas  de los animales y su adaptación y evolución en el contexto del cambio global. Aqui tendrán su espacio investigaciones sobre virus nuevos, o virus que han sufrido cambios en su distribución geográfica, rango de hospedador, patogenia, etc.
  2. Amenazas en las fronteras de Europa, donde se tratarán aquellas enfermedades que aún no están presentes en el territorio europeo pero existe un alto riesgo e entrada debido a su proximidad geográfica. Aqui tendrán cabida enfermedades que están extendiéndose rápidamente por los países próximos a Europa, como la fiebre aftosa, la peste de los pequeños rumiantes, la fiebre del valle del Rift o el síndrome respiratorio por Coronavirus de Oriente Medio.
  3. Retos actuales dentro de Europa, donde se discutirá acerca de aquellas enfermedades que ya han penetrado en Europa y están causando graves problemas, como la lengua azul, la peste porcina africana o la dermatosis nodular contagiosa.

(Puede consultarse el programa aqui)

Asisten a la reunión nueve conferenciantes invitados de gran prestigio internacional. Las conferencias que impartirán versarán, entre otros temas de interés, sobre el enfoque “Una salud”, la transmisión de zoonosis arbovíricas con hospedador aviar, las ultimas emergencias sanitarias en Turquía, los cambios asociados a los brotes recientes del virus de la fiebre aftosa, la situación a la que se enfrenta Europa con la peste porcina africana, la lengua azul, la dermatosis nodular contagiosa… Sin duda una buena puesta al día en epizootías víricas de la mayor actualidad en Europa.

Mención aparte merece el “Young EPIZONE”, o reunión previa que tienen los jóvenes investigadores de los grupos involucrados en la red EPIZONE, con un interesante programa diseñado y organizado por ellos mismos.

En definitiva, una interesante reunión científica que se celebra por primera vez en España, y es Madrid la ciudad elegida para ello, lo cual es posible porque uno de los centros miembros de la red EPIZONE, el CISA, está emplazado en Madrid.

Comentaremos las comunicaciones y conferencias desde la cuenta de twitter @virusemergentes, utilizando el hashtag #EpizoneMadrid2016.

Desde este blog de madri+d deseamos mucho éxito a la 10ª reunión anual EPIZONE.

 

 

 

 

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¿Como es un laboratorio de alta seguridad biológica por dentro?

Hace unos días vinieron del programa Lab24 de RTVE a grabar un reportaje al CISA, el mayor centro de alta seguridad biológica de España, al cual dedicamos ya un post en este blog. El reportaje fue emitido el pasado día 8 de diciembre. En mi opinión es un buen reportaje, y refleja bastante bien lo que es el CISA, que es el centro donde yo trabajo, así que he pensado que podría ser de interés para mostrárselo a los lectores de este blog. Para verlo pueden pinchar en el siguiente enlace o en la imagen siguiente:

NOTA: Pueden verme hablando de enfermedades emergentes a partir del minuto 7 y 45 segundos. No es que diga mucho, ni lo haga con mucho entusiasmo (se me da mejor escribir, no hay duda), pero bueno, así por lo menos me pueden ver.  Por cierto, se dice algo incorrecto inmediatamente antes de mi intervención: la enfermedad del Nilo Occidental no es transmitida desde los caballos a las personas, sino desde los mosquitos a las personas y a los caballos (para un resumen sobre esta enfermedad, consultese el post “El virus West Nile (Nilo Occidental): Preguntas y respuestas” en el siguiente enlace). En fin, un ligero patinazo (no es el único a lo largo del reportaje), perdonable dada la prisa con la que se preparan estas cosas.

 

Más posts sobre bioseguridad en este blog:

Bioseguridad: Instalaciones de alta seguridad biológica en España (I). El CISA

Bioseguridad: Instalaciones de alta seguridad biológica en España (II). El CReSA

Bioseguridad: Instalaciones de alta seguridad biológica en España (III). El Laboratorio de Seguridad Biológica L- 3 de VISAVET – UCM

Bioseguridad: Instalaciones de alta seguridad biológica en España (IV). El Laboratorio Central de Veterinaria del MAGRAMA


 

 

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Nuevo número de la revista “Virología”: Zoonosis víricas. “Un mundo, una salud”

 

Acaba de salir el nuevo número de la revista Virología, que es la revista de la Sociedad Española de Virología (SEV). Está disponible online (¡gratis!) sólo con pinchar en el siguiente enlace:

Zoonosis víricas. “Un mundo, una salud”.

Vol. 17 nº1 (2014)

 

Los números de esta revista se hacen esperar (un año desde que se publicó el nº anterior) pero la verdad es que están muy bien, por lo que merece la pena esperar un poco. En esta ocasión además creo que se han esmerado especialmente, incluso a nivel gráfico, con una portada “3D” de un diseño notable para mi gusto, en la que destaca una figura central simbolizando los tres aspectos del lema del nuevo número: “Un mundo, una salud” reunidos en una arquetípica partícula vírica “tripartita” que a su vez podría simbolizar el planeta, suspendido en el espacio.

 

Me agrada mucho que hayan dedicado un número completo de la revista al mundo de las zoonosis víricas, por proximidad con la temática de mi trabajo habitual, pero sobre todo porque a menudo este tema ha sido el “hermano pobre” en el amplio campo de la virología, y sin embargo, es cada día más aceptado por evidente que en la Naturaleza no hay compartimentos estancos, y menos en el mundo de las enfermedades infecciosas, donde los patógenos, sean virus, bacterias o parásitos, transitan entre especies, y la especie humana en este sentido es una más. El espíritu de “Un mundo, una salud” es inmanente en este blog dedicado a los virus emergentes y el cambio global, Ya dediqué anteriormente un post a este asunto, el cual comenzaba así:

El niño/roedores/sindrome pulmonar por hantavirus; construcción de embalses/mosquitos/fiebre hemorrágica del Valle del Rift; comercio de animales silvestres/roedores/viruela de los monos; calentamiento global/jejenes/lengua azul; producción avícola/aves silvestres/gripe aviar; nuevos regadíos/mosquitos/aves/encefalitis por flavivirus…

No me he vuelto loco. Solo son ejemplos de lo imbricadas que están tres áreas de conocimiento que tradicionalmente se han desarrollado por separado y a menudo de espaldas unas de otras: la sanidad humana,  la sanidad animal y el medio ambiente. En negrita se destacan determinadas enfermedades causadas por infecciones víricas, que afectan al hombre y/o a los animales, y que a menudo se mantienen en la naturaleza en especies de animales silvestres que actúan como reservorio. Roedores, murciélagos, aves, son frecuentemente reservorios de enfermedades que afectan al hombre (zoonosis) y/o a los animales domésticos (“enfermedades compartidas“). Algunas de ellas, además, son transmitidas por picaduras de artrópodos. Está claro que el conocimiento de estas enfermedades ha de verse potenciado por la interacción entre especialistas en diversas disciplinas, incluyendo profesionales de la medicina humana y veterinaria, epidemiología, virología, entomología, zoología, genética, inmunología, ecología, climatología, etc.

Así pues, el concepto “Un mundo, una salud” trata de integrar las diversas disciplinas relevantes en torno a nuestra salud, que está estrechamente relacionada con la sanidad animal y la salud ambiental. La realidad nos ofrece un ejemplo excelente de inmensa actualidad: la emergencia de enfermedad por virus ebola (EVE) en África Occidental. En un post anterior ya vimos que la actual epidemia de EVE en África Occidental es una genuina emergencia sanitaria que tiene como origen un evento singular de transmisión desde un reservorio animal al ser humano, y que probablemente se ha visto facilitado por circunstancias como la invasión del hábitat de dichos reservorios silvestres en la selva tropical con el fin de explotar sus recursos minerales (ver enlace 1, enlace 2, enlace 3), y de todo el desarrollo necesario para tal fin que lleva aparejado, como por ejemplo la construcción de vías de comunicación al corazón mismo de la selva. Como pone de manifiesto este ejemplo, la salud humana, animal y el medio ambiente forman una imbricada madeja de hilos difíciles de devanar.

Hablando de hilos, volvamos al nuestro, que es el último número de la revista Virología, que no tiene dsperdicio.

Comienza éste con un artículo de la serie “Sin ciencia no hay futuro” dedicada a exponer la difícil situación por la que pasa la investigación científica en España, de la cual la investigación sobre los virus no es sino un exponente más. El artículo, titulado “La descapitalización de la ciencia en España” es una amarga reflexión sobre el panorama al que se enfrentan los jóvenes científicos en España, obligados a emigrar, muchos de ellos tras haber regresado con contratos de “reincorporación”. Lo cuenta muy bien uno de estos investigadores, Javier Buceta. Léanlo porque es muy revelador de lo que está ocurriendo con la ciencia en España.

Continua con la sección “Historia de la virología“, coordinada por Rafael Nájera, con un interesante artículo escrito por el propio coordinador titulado “VIH: Reservorio viral latente y política” y completado con noticias relacionadas con esta sección.

A esta sección siguen dos artículos de revisión, a tono con la temática elegida para este número dedicado a las zoonosis víricas: el primero, escrito por José Manuel Echevarria,  titulado “Los hepadnavirus de murciélagos y el origen del virus de la hepatitis B“, y el otro, escrito por el que suscribe, titulado “Las aves como reservorio de virus zoonóticos“.

Las enfermedades víricas tienen una faceta social que es la que trata la sección “Virología y sociedad“. En esta ocasión inician la sección Rosario Sabariegos y Silvia Ortiz Simarro con un interesante artículo “El trópico, el dengue y el mundial de fútbol en el que se preguntan acerca del orden de prioridades en temas peliagudos como son las enfermedades tropicales en relación con determinados eventos internacionales como el mundial de fútbol. Dos artículos de esta misma sección muestran sendas aproximaciones desde el arte a ciertas enfermedades víricas. El primero desde la pintura y el segundo desde la poesía. En el primer artículo, (titulado “Tarjeta roja“) Elvira Fiallo-Olivé y Jesús Navas-Castillo comentan las vicisitudes de la vacunación frente a la fiebre amarilla utilizando el cuadro titulado “Un episodio de fiebre amarilla en Buenos Aires” (Juan Manuel Blanes, c. 1871) para ilustrar el impacto social que tuvieron las epidemias de esta enfermedad en el pasado, y que aún hoy día siguen siendo una importante amenaza para la salud pública en muchos países en vías de desarrollo en África y América del Sur. El segundo artículo, Carlos Briones Llorente presenta en su sección habitual “La vida y las palabras”  lo que promete ser la primera entrega de una serie de artículos sobre las relaciones entre literatura y SIDA, bajo el título “El virus de la inmunodeficiencia humana: de la zoonosis a la literatura (I)“, donde, tras ofrecer una panorámica de lo que supuso el descubrimiento del virus de inmunodeficiencia humana (VIH), nos muestra en qué contexto histórico y cultural tuvo lugar ese descubrimiento y cómo tuvo su impacto en las artes, deteniéndose en un poema de Cristina Peri Rossi titulado “Un virus llamado SIDA“. El autor recuerda importantes nombres de la literatura que sucumbieron a causa de esta epidemia.

En la habitual sección “Entrevista a un virólogo” el elegido para la entrevista es Antonio Tenorio, del Instituto de Salud Carlos III y el entrevistador el que suscribe. Se trata de una entrevista muy en consonancia con la temática del número de la revista, pues Antonio es pionero en aplicar el concepto “Un mundo, una salud” en diversos proyectos y actividades de salud pública a lo largo de su carrera. A los lectores les sorprenderán algunos de los puntos de vista expresados por el entrevistado, que según se define él mismo no es investigador sino  “un virólogo de salud pública”, Su defensa de la cooperación entre grupos, la formación de redes de colaboración, etc, suenan como aire fresco frente a un discurso oficial dominado por el asfixiante soniquete de la competitividad y la excelencia mal entendidas. Por su interés para los lectores de este blog y con permiso de la revista, reproduciré esta entrevista en un próximo post.

Completan este número las habituales secciones “Noticias de actualidad” con una serie de artículos comentando noticias recientes, sobre ébola y otras fiebres hemorrágicas, rabia, robovirus (virus transmitidos por roedores) y geminivirus de plantas, escritos por especialistas en los respectivos campos), “Tesis doctorales” (breves reseñas de las tesis presentadas durante el último año en el área de virología en España), “Congresos y reuniones científicas”  y “Jornadas, cursos y premios” (reseñas de reuniones,  congresos, jornadas, etc relacionados con la virología celebrados durante el año pasado), “Libros recomendados” y “Comentarios de artículos” seleccionados por especialistas por su interés en las diversas áreas de la virología, incluyendo esta vez tres contribuciones al mundo de los virus de plantas y otras tres al de los virus de animales.

En resumen, un más que interesante y muy recomendable número monográfico de la revista Virología dedicado a las zoonosis víricas. Todo un lujo.

Y un lujo también para mi haber podido colaborar en él, lo que agradezco a sus editores, especialmente a Fernando Rodríguez y a Ana Doménech.

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Chikungunya: otro virus africano que salió de paseo…y ya ha llegado a América

La noticia

Se acaba de declarar en la isla caribeña de San Martín un brote de fiebre chikungunya (“espalda doblada” en lengua makonde del sur de Tanzania). De momento, hay 4 casos sospechosos, 20 probables y 2 confirmados en laboratorio, que fueron notificados el pasado 6 de diciembre a la OMS. Esta enfermedad está causada por el virus chikungunya, que es transmitido por picadura de mosquito (es decir, es un arbovirus,  contracción de “arthropod-borne virus“), y se caracteriza por fiebre, cefaleas y dolor en las articulaciones que puede persistir durante meses. Rara vez es mortal. No se dispone de vacuna ni de tratamiento específico.

Distribución mundial de virus chikungunya, 1953-2008 (Fuente: Institut de Veille Sanitaire. Francia).

Expansión geográfica del virus chikungunya

El virus chikungunya fue identificado por primera vez en Tanzania en 1952. Es oriundo del África Subsahariana donde se mantiene en un ciclo selvático entre mosquitos y primates no humanos. Provoca brotes  esporádicos de enfermedad en humanos. Existen referencias de esta enfermedad en África desde el siglo XVIII. Fuera de África se había detectado esporádicamente en zonas de Asia (como Sri Lanka), probablemente introducido desde África. Pero no fué hasta 2005-2006 cuando el virus causó importantes epidemias en algunas islas del Océano Índico, concretamente en las Islas de la Reunión,  Comores, Mayotte, Madagascar, Mauricio, Seychelles y Maldivas. Al parecer esta onda epidémica se inició en 2004 en zonas costeras de Kenya (Mombasa) de donde se extendió a las islas afectadas en los años subsiguientes. A su vez, entre 2006 y 2008 hubo importantes epidemias de chikungunya en la India, con cientos de miles de casos declarados.

Islas del Océano ïndico afectadas por la epidemia de fiebre chikungunya de 2005-2006 (Fuente: Institut de Veille Sanitaire. Francia).

Los vectores del virus chikungunya

La peripecia del virus chikungunya no acaba aquí, pero antes de continuar hay que hacer un inciso para explicar algo más sobre los vectores transmisores de la enfermedad. El principal vector es el mosquito Aedes aegyptii, del cual se ha hablado en este blog en posts previos, porque este mosquito es también un vector eficaz de virus tan dañinos como el de la fiebre amarilla y el dengue. Se puede ver su aspecto en la siguiente ilustración.

Mosquito Aedes aegyptii (Fuente: Wikimedia Commons).

Sin el concurso de un vector competente como el A. aegyptii, el virus chikungunya no puede transmitirse. Esto equivale a decir que solamente es posible la transmisión en aquellos lugares donde existen mosquitos competentes. En el caso de A. aegyptii su rango geográfico abarca amplias zonas tropicales y subtropicales de África y América, como se aprecia en el siguiente mapa.

Rango geográfico del mosquito Aedes aegyptii (amarillo) y de uno de los virus que son transmitidos por éste, el virus dengue (naranja). (Fuente: Wikimedia Commons).

Como ven en el mapa, el dengue también está presente en zonas de Asia donde no hay A. aegyptii. Esto es porque en esas zonas hay otra especie de mosquito, Aedes albopictus (popularizado como “mosquito tigre“) que es transmisor eficaz del virus dengue. Su aspecto puede verse en la siguiente ilustración.

Aedes albopictus (mosquito tigre) (Fuente: Wikimedia Commons).

El “mosquito tigre” también es un vector competente para el virus chikungunya, por lo que constituye el vector transmisor de esta enfermedad en Asia y las zonas del Océano Índico antes mencionadas, donde no hay A. aegyptii. En un post previo acerca de arbovirus emergentes y cambio global escribí lo siguiente:

 A consecuencia del cambio global esta distribución (de vectores) se puede modificar, alterando con ello la distribución potencial de las arbovirosis. Un ejemplo es  la expansión a nivel mundial del mosquito tigre (Aedes albopictus), asociada al comercio de neumáticos usados. La lluvia produce pequeñas acumulaciones de agua en el interior de los neumáticos almacenados al aire libre, que son un magnífico hábitat de cría para este mosquito, pues imitan a los huecos de los troncos de árboles de la selva húmeda que constituyen su hábitat natural. Por medio del transporte de neumáticos conteniendo los huevos, el mosquito (de origen asiático) ha alcanzado una distribución mundial.

De hecho, una explicación plausible para la gran expansión de virus chikungunya de 2004 hasta hoy la han proporcionado un grupo de investigadores franceses que han encontrado una mutación en el virus (concretamente la sustitución del aminoácido alanina por valina en el codon 226 de la glicoproteína de la envuelta, “E” del virus) que al parecer provoca una mejor adaptación de éste a la transmisión por el mosquito tigre.  Esta mutación fue detectada por primera vez en virus aislados en las islas de la Reunión y Mauricio en 2005, y desde entonces los virus que llevaban esta mutación (no se sabe si adquirida una única vez o varias en eventos de mutación independientes y convergentes) se han extendido rápida y eficazmente por todas aquellas regiones del Índico donde predomina A. albopictus.

Los vectores se expanden antes que el virus

Pues bien, sigamos con el relato de la expansión del virus chikungunya por el mundo. Como se ve, el virus puede adaptarse a nuevos vectores para seguir conquistando nuevos territorios. Pero es que a su vez los vectores pueden ir avanzando y difundiéndose hacia nuevas áreas geográficas conducidos por cambios ambientales, como el calentamiento global, el comercio, el transporte, la agricultura, etc. Esto es lo que pasó con el mosquito tigre a través del comercio de neumáticos usados mencionado en la cita anterior (entre otros factores). Hoy día hay mosquito tigre en amplias zonas del Planeta, muy lejanas de su hábitat original en el sudeste asiático. De hecho, este mosquito invadió países del sur de Europa en tiempos recientes, alcanzando a Italia en 1994, y subsiguientemente a Grecia, Francia y España entre otros. En España fue detectado por primera vez en enclaves de la costa mediterránea en 2004, desde donde ha ido expandiéndose por la costa. En el mapa siguiente puede verse el rango geográfico que ha alcanzado este virus.

Distribución mundial de Aedes albopictus (mosquito tigre) en 2007. En azul: rango nativo; en verde: introducido (Fuente: Wikimedia Commons).

Los viajeros regresan a casa con “compañía”

A la vez que el mosquito A. albopictus se extendía por el sur de Europa, comenzaban a llegar viajeros de regiones afectadas por las epidemias de chikungunya de los territorios bañados por el Índico. No hay que olvidar que muchos de esos territorios son islas con una importante actividad turística. Del mismo modo, la gran epidemia de chikungunya en la India “exportó” muchos viajeros infectados. De este modo el virus “viajó” a muchas zonas donde esta enfermedad no se conocía, entre ellas varios países europeos, Brasil, el Caribe y EE.UU. Aqui hay que hacer otro inciso para indicar que el ser humano es un hospedador competente de este virus, es decir, que si una persona infectada es picada por un mosquito competente (A. aegyptii ó A. albopictus) puede transmitir el virus a éste, y éste a su vez a otra persona cuando la pique, continuando el ciclo de infección. Por supuesto, en la mayoría de estos casos “importados” no hubo transmisión local de la enfermedad. Pero allí donde hubiera mosquitos competentes cerca, era cuestión de tiempo que se iniciara una transmisión autóctona.

En 2007 se produjo el primer brote de chikungunya autóctono en Europa, concretamente en la región italiana de Emilia Romagna. El caso índice parece ser un individuo que regresó a Italia desde Kerala (India) el 21 de junio, época del año con abundancia de mosquitos en esa región del Noreste de Italia. Unos pocos dias después (4 de julio) se detecto el primer caso autóctono en la región. En total se declararon 217 casos de enfermedad por virus chikungunya, confirmados en laboratorio y la onda epidémica duró hasta finales de septiembre, coincidiendo con la época de mayor actividad y abundancia de A. albopictus en la zona.

 África, Asia, Europa…y ahora América 

Como bien muestra el caso de Italia, si hay vectores competentes cerca, la introducción de la enfermedad es un riesgo cierto, tanto mayor cuanto más abundantes sean los vectores, mayor sea la actividad de la enfermedad en las regiones endémicas y más conexiones por vía aérea se tengan con esas regiones. Ya se señaló antes que viajeros infectados por el virus chikungunya han venido siendo diagnosticados en algunos países americanos como Brasil, EE.UU. y varias islas del Caribe. Determinadas regiones de América son abundantes en A. aegyptii y/o A. albopictus, de modo que era cuestión de tiempo que se produjera algún brote de chikungunya por allí. La noticia señalada al principio de este post confirma que el virus ya circula en America. No es casualidad que se haya detectado en una isla como San Martín,en uno de los territorios de ultramar bajo soberanía de Francia, cuyos laboratorios están perfectamente preparados para detectar el virus y diagnosticar la enfermedad con precisión, pues ya han sido bien entrenados tras la oleada de casos en los territorios franceses de ultramar en el Índico (Reunión y Mayotte). Sin embargo, en America son pocos aún los países con capacidad para detectar este virus, cuyos síntomas, aunque ciertamente característicos, pueden en determinadas circunstancias confundirse con los de otra enfermedad transmitida por los mismos vectores y de alta prevalencia en América tropical y subtropical: el dengue. El riesgo de emergencia del virus chikungunya en regiones amplias de América es alto, especialmente después de que se haya confirmado este primer brote en el Caribe. Los países en riesgo deben ir implementando sus planes de preparación, especialmente para poder detectar eficazmente la circulación del virus y diagnosticar los casos de la enfermedad correctamente.

Desde su África originaria, el virus chikungunya ya ha alcanzado una distribución global, y es uno de los pocos arbovirus, junto con dengue y West Nile, que lo ha conseguido.  El cambio global le ha echado una mano en el empeño. Otros virus pueden seguir este mismo camino. Es importante que los servicios de salud pública, sanidad animal y ambiental estén preparados para responder ante este reto.  Es especialmente importante recordar esto en unas circunstancias económicas desfavorables como las actuales, donde los Estados restringen las inversiones públicas en materia de sanidad. Hablando estrictamente desde el punto de vista económico, la prevención y vigilancia sanitarias constituyen una de las inversiones más rentables que se pueden hacer desde el sector público. No hacerlo expone al Estado a unos gastos mucho mayores cuando llega la enfermedad, y existen multitud de ejemplos de ello. Todo ello sin perjuicio de que una de las obligaciones más importantes de los Estados es velar por la salud de sus ciudadanos, algo que debe ser así por derecho y por simple humanidad.

 

Más información sobre el virus chikungunya

OMS: ¿Qué es la fiebre chikungunya?

Medscape: Chikungunya virus and prospects for a vaccine.

ECDC News: Chikungunya on Saint Martin, the Caribbean: risk for travel-related cases in EU.

Promedmail: Chikungunya (53): Caribbean, St. Martin, official notice.

 

 

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¿Qué son los virus emergentes?

La del título de este post puede parecer una pregunta muy básica. Yo no lo creo. Es más, creo que para contestarla es preciso empezar por otra aún más básica: ¿Qué es un virus? Yo sé que la mayor parte de los lectores de este blog saben muy bien lo que es un virus, pero me van a permitir que empiece por ahi ¿Por qué? Pues porque me da la sensación de que mucha otra gente no lo tiene claro. Pueden llamarme desconfiado, pero tras años de escuchar en los medios de comunicación confundir una y otra vez bacterias con virus, sospecho que es necesario empezar por ahí. Quienes conocen la diferencia entre virus y bacterias, pueden saltarse la parrafada sobre qué son los virus e ir al siguiente epígrafe. Quienes piensen que esta es una cuestión menor, les recomendaría que siguieran leyendo.

¿Que son los virus?

Los virus son agentes infecciosos muy pequeños, con tamaños de entre 20 y 200 nanómetros (un nanómetro es la millonésima parte de un milímetro). Son por tanto, y como es lógico, de un tamaño menor que las células a las que parasitan de modo obligado para completar su ciclo infectivo (las células más pequeñas, que corresponden a ciertas bacterias, tienen un tamaño similar al de los virus más grandes). Pese a su pequeño tamaño poseen una estructura compleja, altamente organizada: consisten en una cápsida (=cápsula) hecha de proteínas, que encierra una o más moléculas de ácido nucléico (ARN o ADN) portador de su información genética. Estas partículas víricas pueden ser más o menos esféricas o tener forma alargada (filamentosa), y pueden estar o no rodeadas de una envoltura hecha de lípidos y proteínas, de la misma naturaleza que la membrana que rodea a cualquier célula.

Los virus son un tipo peculiar de microorganismos infecciosos, porque no son células, sino entidades subcelulares. Esta es la principal diferencia con las bacterias, que si son células. Esta es también la causa de que tradicionalmente se haya excluido a los virus de la categoría de “seres vivos“ (para quienes les interese el tema de si son seres vivos, recomiendo leer el artículo “¿Están vivos los virus?” del virólogo J.M. Echevarría, que pueden encontrar en el siguiente enlace:Journal of Feelsynapsis). Los seres humanos hemos definido la vida de una cierta manera, la que mejor nos pareció en su día. En esta definición la vida está constituida por células con metabolismo propio. Los virus son capaces de reproducirse en un medio adecuado, que es la célula, poniendo el metabolismo de ésta al servicio de su replicación, pero no son células ni tienen metabolismo propio.  Por lo demás, los virus usan material genético de la misma naturaleza que el de la célula, que “entiende” el mensaje contenido en este material (porque está escrito en el mismo código que el suyo) y lo ejecuta, dirigiendo la síntesis de proteínas víricas, que están formadas por los mismos componentes que las proteínas celulares. Los virus poseen un alto grado de organización y sus componentes tienen funciones reconocibles. Pueden mutar, recombinar y evolucionar generando formas diversas, que son seleccionadas por su mejor adaptación al medio, y en general poseen las demás propiedades que el resto de los seres vivos. Personalmente estoy convencido que los virus forman parte del mundo de lo vivo. El que los llamemos o no seres vivos obedece a la necesidad del ser humano de definir conceptos, clasificar, categorizar. Los virus se escapan de esa definición encorsetada de la vida que prevalece actualmente. Las definiciones se pueden y se deben revisar si con ello mejora la coherencia de lo definido.

Los virus son por tanto seres que no pueden existir de forma independiente de las células, a las que infectan para reproducirse. En general el ciclo infectivo de un virus consiste en infectar una célula (ello lo consigue introduciendo su material genético en el interior de la misma), multiplicarse utilizando para ello la maquinaria celular, que pone a su servicio, y salir de la misma para infectar otras células. Esto es lo que se conoce como “ciclo lítico“, porque suele producir la “lisis” o muerte de la célula infectada. Los virus que matan de esta forma a las células que infectan se llaman “citopáticos“, y el “efecto citopático” suele conducir a una patología aguda, como la gripe, por ejemplo. Otros virus no matan las células a las que infectan, sino que éstas sobreviven durante varias generaciones, liberando nuevos virus, lo cual suele conducir a patologías crónicas, por ejemplo, algunas hepatitis de etiología vírica. Por último, hay virus que consiguen permanecer latentes, sin actividad, en la célula infectada durante largo tiempo. A veces lo logran “integrando” su genoma en el de la célula hospedadora (ciclo lisogénico). En determinadas condiciones estos virus lisogénicos se “activan” dando lugar a la producción de nuevas partículas víricas que continuan el ciclo infectivo.

¿Cuantos virus diferentes hay en la naturaleza?

Existen virus para todos y cada uno de los seres vivos que pueblan nuestro planeta, desde las bacterias a las algas unicelulares, los protozoos, los insectos, los moluscos, los demás invertebrados, los vertebrados, los hongos, los líquenes, las plantas criptógamas y las fanerógamas. Incluso hay virus que infectan a otros virus más grandes, lo cual es ya el colmo. Y no son uno ni dos los tipos de virus distintos capaces de infectar a cada especie de ser vivo sobre la tierra, sino muchos más (posiblemente cientos, como ocurre en la especie humana), y la gran mayoría son específicos de una o unas pocas especies. Ello significa que son los virus los seres que presentan una mayor biodiversidad sobre la tierra, un auténtico reto para aquellos que se dedican a la difícil tarea de clasificarlos, los taxónomos de virus.

¿Que cantidad de virus hay en la tierra?

En 1999 Fuhrman publicó en Nature (399:541-8) unos datos sobre el poco conocido -hasta entonces- mundo de los virus marinos. Los datos revelaban un hecho muy llamativo. Resulta que en cada litro de agua del mar hay del orden de diez mil millones de partículas víricas. Esto convierte a los virus no solo en los seres más diversos sobre nuestro planeta, sino en los más abundantes. Solo los virus marinos representarían una importante fracción de la biomasa total de la tierra. Y a éstos hay que añadir los terrestres, que son los que mejor conocemos, aunque conozcamos tan solo una pequeñísima fracción de ellos, generalmente aquellos que nos causan problemas a los seres humanos. La respuesta a la pregunta que inicia este epígrafe es “aun no sabemos, pero un montón, muchos más de lo que imaginábamos y muchísimos más de lo que conocemos”. Por utilizar una imagen conocida, podemos decir que solo conocemos “la punta del iceberg” del mundo de los virus.

¿Qué son los virus emergentes?

De lo anterior se puede deducir que los virus son seres pequeños, pero su importancia en la biosfera no debe ser pequeña, puesto que son tan abundantes y diversos. Seguramente su papel no se limita a fastidiarnos produciéndonos enfermedades, pero hasta ahora la importancia de los virus ha girado en torno a ese negativo aspecto: su capacidad para causar enfermedades infecciosas en el hombre, los animales y los cultivos. Es en este contexto sanitario en el que surge el concepto de “enfermedad infecciosa emergente“.  Entre las varias definiciones que se dan habitualmente, la siguiente es bastante aceptada y extendida:

Enfermedades infecciosas emergentes son aquellas en las que concurre alguna de las siguientes situaciones:

1) Una infección conocida que se disemina a una nueva área geográfica o población.

2) Una nueva infección que tiene lugar como resultado de la evolución o cambio de un agente patogénico ya existente.

3) Una enfermedad o agente patogénico previamente desconocido que se diagnostica por primera vez.

Sabiendo esto, contestar la pregunta que titula este post es fácil: los virus emergentes son aquellos que causan enfermedades emergentes. Por supuesto, hay enfermedades emergentes causadas por otros patógenos infecciosos no víricos, como bacterias, parásitos o priones. Sin embargo, es frecuente que los episodios de emergencia de enfermedades infecciosas estén protagonizados por virus. A continuación se comentan algunos ejemplos recientes de enfermedades emergentes.

Algunos ejemplos de enfermedades víricas emergentes

En la primera de las situaciones de la definición  anterior (aquella de una infección conocida pero que aparece en una zona geográfica donde no había sido observada) se engloban las enfermedades que se difunden y dispersan más allá de sus zonas endémicas, lo cual viene facilitado por fenómenos como la globalización (incremento del comercio mundial, transporte, turismo, etc) así como otros fenómenos como el calentamiento global. En ciertos ámbitos (sanidad animal) se conocen a estas enfermedades como “exoticas” o, más recientemente, “transfronterizas“. El virus West Nile es un buen ejemplo de ello. Este virus se conocía desde 1937 afectando a África, Europa, Asia y Oceanía, pero nunca se había descrito su presencia en el Continente Americano. Sin embargo, el virus se las apañó para cruzar el Atlántico, apareciendo en Nueva York en 1999, difundiéndose desde entonces por todo el Nuevo Mundo. Se habla de “enfermedad reemergente” cuando el patógeno ha sido reconocido en el pasado en una zona, pero desapareció durante largo tiempo, y después reapareció. En España, la lengua azul es una enfermedad reemergente del ganado, pues reapareció tras un lapso de más de 40 años de ausencia. Algo parecido ha pasado con el virus West Nile en la Europa mediterránea, en la que ha “reemergido” tras unos 30 años de ausencia.

La segunda situación (nueva infección que tiene lugar como resultado de la evolución o cambio de un agente patogénico ya existente) engloba a todos aquellos eventos en que un virus conocido cambia su “comportamiento”, a menudo porque empieza a afectar a una(s) especie(s) diferente(s) de la(s) que habitualmente infecta, aunque también porque cambia su virulencia, o su transmisibilidad. Un ejemplo puede ser el virus de la gripe (o influenza) aviar altamente patógena H5N1. Los virus influenza (o virus gripales) son extremadamente diversos y variables. Sus reservorios naturales son las aves silvestres, que mantienen un “pool” genético de virus en circulación, que en general no les produce problemas sanitarios. Sin embargo, de vez en cuando ocurre que alguno de esos virus “salta” de ese reservorio para afectar otros ámbitos del mundo animal, a menudo aves domésticas (gallinas, pavos, etc) donde evolucionan rápidamente surgiendo variantes de virus con alta virulencia que producen graves mortalidades y enormes pérdidas económicas. Estos brotes son lo que se conoce como “influenza (o gripe) aviar“.  El caso del virus altamente patógeno H5N1 es un poco especial dentro de este contexto. En 1997 fue detectado por primera vez en Hong Kong un virus influenza que producía una mortalidad muy alta en aves de corral.  Esto no es demasiado extraño, ya que este tipo de episodios ocurren con cierta frecuencia. Lo alarmante fue que además de afectar a aves, producía una enfermedad muy grave en el hombre, letal en un elevado porcentaje de los casos (de 18 afectados, murieron 6). Podemos decir que este virus influenza H5N1 altamente patógeno, que en sí era un virus conocido en el mundo aviar, adquirió una capacidad nueva: la de infectar y producir una enfermedad grave en humanos (bueno, no solo humanos: también afectaba a otros mamíferos, e incluso era patógeno para algunas aves silvestres). Ello le confirió el “status” de virus emergente. Este virus ha seguido evolucionando y dispersándose por el mundo, produciendo enormes perdidas en la industria avícola, aunque por fortuna para nosotros, no se transmite de forma efectiva entre humanos, sino que el ser humano adquiere la infección por contacto con aves infectadas. Desde 1997 hasta ahora se llevan contabilizados en todo el mundo algo más de 500 casos de gripe aviar H5N1 en humanos, con un 60% de mortalidad.

El tercer tipo de virus emergente, aquel previamente desconocido y que es diagnosticado por primera vez, es quizá el más genuíno, más impredecible y más sorprendente. En 2003 se detectó en Hong Kong un brote de enfermedad respiratoria muy grave, con alta mortalidad. La enfermedad no había sido nunca antes descrita. Recibió el nombre de “Sindrome Respiratorio Agudo y Severo” (SARS, por sus iniciales en inglés) y causó gran alarma mundial por su rápida difusión. En pocas semanas se detectaron casos en una docena de países de tres continentes, con una mortalidad de un 16%. Una respuesta coordinada y rápida de las autoridades sanitarias a nivel mundial pudo atajar la epidemia. Se identificó el agente causal de esta enfermedad como un virus que nunca antes había sido descrito, de la familia de los coronavirus, al cual se denomina desde entonces “virus SARS“. Se cree que este virus habría evolucionado a partir de ciertos virus que infectan a murciélagos. Podríamos poner más ejemplos de virus emergentes de este tipo (p. ej. el virus VIH, que evolucionó a partir probablemente de virus de simios, o el virus de la hepatitis C, descrito por primera vez en 1993, o el virus del síndrome respiratorio y reproductivo porcino, descrito en 1987), pero en realidad, todos y cada uno de los virus que conocemos fueron “emergentes” alguna vez, aquella en que fueron reconocidos por primera vez.

(NOTA: por supuesto, algunas de estas situaciones no son excluyentes, y en muchos casos de enfermedades emergentes se producen simultáneamente dos de las circunstancias referidas anteriormente. Por ejemplo, es común que tras la aparición de un nuevo virus, o de un cambio significativo en su comportamiento, tenga lugar su difusión a una nueva área geográfica o afecte a una nueva población).

Espero que tras la lectura de este largo post se hayan despejado algunas dudas sobre los virus emergentes. Aunque como siempre ocurre, les habrán surgido nuevas dudas. Una de las posibles dudas que hemos dejado sin despejar merecerá un espacio próximamente en el blog:  ¿De dónde “emergen” los virus emergentes?

 

 

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