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Virus Schmallenberg: el retorno

 

Con este post retomamos las actividades de este blog de los virus emergentes, tras el paréntesis veraniego, para hablar de nuevo del virus Schmallenberg, pues este verano se han producido algunas novedades significativas.

Recordemos brevemente que este virus fue descubierto a finales de 2011 en explotaciones de vacas lecheras de Renania-Westfalia del Norte, en Alemania, cerca de la localidad de Schmallenberg (de donde toma el nombre). Como su primera descripción coincidió más o menos con el inicio de este blog, y se trata de un ejemplo excelente de un “virus emergente”, hemos ido dedicando varios posts a este virus, también designado por el acrónimo SBV (por “Schmallenberg virus”).

El SBV se transmite por vectores, siendo alguna(s) especie(s) de díptero(s) del genero Culicoides (unos pequeños insectos voladores también conocidos como jejenes) su más que probable vector en Europa. Curiosamente, comparte estos vectores con otra enfermedad bien conocida por los ganaderos europeos: la lengua azul, también emergente en Europa en tiempos recientes, si bien se trata de virus muy distintos: mientras el virus de la lengua azul pertenece al género de los Orbivirus, de la familia Reoviridae, el SBV es un Orthobunyavirus, de la familia Bunyaviridae.
La transmisión del SBV por picaduras de jejenes motiva que la temporada de transmisión de la enfermedad vaya unida al ciclo anual de estos insectos, de modo que comienza con el verano, cuando los vectores empiezan a ser activos, reproduciéndose y multiplicándose rápidamente, y termina en invierno, cuando las temperaturas caen y la actividad de los vectores cesa. La enfermedad, que afecta a vacas, ovejas y cabras, fundamentalmente, se manifiesta de dos formas: una forma aguda e inespecífica (fiebre, diarrea. pérdida de peso, anorexia y caída de la producción lechera), y otra más específica que se caracteriza por producir malformaciones congénitas y abortos. Los caso de enfermedad pueden detectarse varios meses después de adquirida la infección, pues se manifiestan durante el período de gestación, que en ovejas es de aproximadamente 5 meses (147 dias) y en vacas de algo más de 9 meses (280 dias). Ello hizo que se detectaran casos de enfermedad por SBV hasta mayo de 2012. Estos casos eran debidos a infecciones adquiridas meses atrás, durante la primera temporada en que se detectó la transmisión del SBV en Europa (2011-2012). En ese período declararon la enfermedad Alemania, Holanda, Bélgica, Francia, Reino Unido, Luxemburgo, España, Italia y Dinamarca. El nº de explotaciones afectadas fue de unas 4000, la mayor parte ovinas. El 92% de los brotes se concentraron en Francia, Alemania, Bélgica y Holanda. Estudios seroepidemiológicos señalan que tan solo un porcentaje inferior al 1% del ganado infectado desarrolla algún signo de la enfermedad. Los individuos infectados desarrollan inmunidad que les protegerá frente a futuras infecciones por este virus. Un estudio realizado en Bélgica reveló que en zonas donde ha habido transmisión activa intensa, hasta un 91% de los animales susceptibles presentaban anticuerpos maduros (IgG) frente al virus. Ello permite suponer que en una población susceptible expuesta a la infección, gran parte estará protegida en sucesivas temporadas de transmisión. Por ello, en verano de 2012, al comienzo de una nueva temporada de transmisión, existían algunas incertidumbres con respecto a la evolución de esta enfermedad emergente del ganado en Europa. Lo que ha sucedido desde entonces es lo siguiente:

- El primer brote de enfermedad por SBV este verano fue declarado en Suiza el 20 de julio, afectando a 2 explotaciones bovinas en el cantón de Berna. Suiza no declaró ningún brote en la temporada anterior. Desde entonces se han sucedido diversos brotes en este país. El 13 de agosto la OIE informaba de la existencia de 70 animales infectados (33 vacas, 23 ovejas y 14 cabras) confirmados por el laboratorio de referencia helvético (Institute of Virology and Immunoprofilaxis, IVI). Los animales proceden de al menos 18 explotaciones, en una extensa zona geográfica que abarca al menos 7 cantones, lo que indica una expansión reciente de la enfermedad.

- En la presente temporada de transmisión, en ningún otro país europeo salvo en Suiza se han declarado aún brotes de enfermedad por virus Schmallenberg hasta la fecha. Se sabe que en el Reino Unido el virus sobrevivió al invierno y circuló hasta bien entrado el año 2012, y esto ha podido pasar probablemente en otras zonas de Europa con circulación activa del virus en la temporada pasada. Sin embargo, es esperable también (por las razones dadas anteriormente) que allí donde el virus ha circulado, la mayoría de los animales susceptibles (excepto los más jóvenes, que no han sido expuestos a la infección) hayan adquirido inmunidad protectora, y no es por lo tanto de esperar que en esas zonas ocurran grandes brotes, pero sí en las zonas limítrofes. Ello explicaría que este año el primer país en declarar brotes de enfermedad por SBV haya sido Suiza, previamente no afectado, y limítrofe con Francia, Alemania e Italia, donde sí ha habido circulación.

- En un estudio reciente realizado por el equipo alemán del Friedrich Löeffer Institut (FLI) de Riems, que describió por primera vez el SBV (enlace: http://wwwnc.cdc.gov/eid/article/18/10/12-0835_article.htm), se propone, en base a estudios genéticos, filogenéticos y serológicos, que el SBV pertenece a la misma especie vírica que los virus Sathuperi y Douglas, todos ellos pertenecientes al serogrupo Simbu. La especie es conocida como virus Sathuperi (acrónimo: SATV), y dentro de ésta, el SBV es una variante más (por tanto se trata de una variante nueva de una especie vírica ya conocida y descrita). Si bien en un estudio anterior se sugería que el SBV habría surgido como resultado de una redistribución de segmentos genéticos procedentes de distintas especies del serogrupo (ver post del 23-5-2012), este estudio, más completo, sugiere que el virus que realmente ha sufrido un proceso de redistribución genética es el virus Shamonda (SHAV), uno de cuyos ancestros es probablemente el SBV (del cual tomó la mayor parte de su genoma, concretamente sus segmentos L y S), tomando el tercer segmento (M) de otro virus aún desconocido.

-Vacunas: Aunque se está trabajando intensamente en el desarrollo de vacunas frente a esta enfermedad, no es previsible que estén disponibles aún. Habrá que esperar a la siguiente temporada de transmisión (2013-14), a ver si para entonces es posible emplearlas para el control efectivo de la enfermedad. También sabremos al terminar la presente temporada de transmisión cómo abordar una estrategia de vacunación efectiva en términos de coste/beneficio, pues se  dispondrá de información sobre qué animales quedan protegidos y cuales son los más expuestos a la enfermedad tras dos sucesivas temporadas de circulación del virus.

 

 

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El virus “Sin Nombre” y los nombres de los virus

 

En un comentario a un  post anterior me comprometí a hablar de los nombres de los virus. Hoy toca cumplir con ese compromiso. Este es un blog de virus emergentes, y si hay algo inevitable  cuando “emerge” un nuevo virus, es ponerle un nombre, y ello a veces es complicado, como veremos.

Los nombres de los virus suelen estar “inspirados” en al menos tres fuentes principales: 1) la enfermedad que causan (por ejemplo; “virus de la inmunodeficiencia humana” o “virus de la peste equina”); 2) el nombre del  investigador (o los investigadores) que lo describió (o describieron) por primera vez (por ejemplo, “virus de Epstein-Barr”), y 3) el lugar geográfico de donde procedía el primer caso diagnosticado o el primer aislamiento (por ejemplo, “virus Newcastle”, o “virus Toscana”). Mientras que las dos primeras fuentes no suelen dar demasiados problemas (quizá alguna disputa entre científicos por la autoría del descubrimiento, o cuando un solo virus causa distintas manifestaciones clínicas  -como en el caso del virus de la varicela/herpes zóster-), la tercera genera toda clase de conflictos. ¿Por qué? Piénsenlo: ¿cómo se tomarían ustedes la noticia de que en su entorno se ha descubierto un nuevo virus que causa una grave enfermedad, y se le ha dado el nombre de su ciudad o población? Esto quizá no tendría demasiada importancia si el nombre se queda en el ámbito científico-sanitario, pero ocurre que hoy dia los medios de comunicación prestan mucha atención a las enfermedades infecciosas, especialmente si tienen repercusiones importantes en la salud. Si ustedes se dedican al negocio turistico, a la hostelería, o a cualquier actividad de ocio relacionada con las anteriores, desde luego que no les agradaría ver cómo el nombre de su ciudad, antes conocido quizá por sus gastronomía, o por sus fiestas, o por su patrimonio histórico (o por nada en especial), de la noche a la mañana aparece en los titulares de los medios informativos como un lugar asociado a una “peste”.  Además, estos temas suelen persistir un tiempo en las portadas y titulares de los medios, con lo que la población acaba percibiendo la enfermedad como un estigma de un lugar, a veces una ciudad, una región, o incluso un país, algo que en general es bastante injusto. Igualmente puede ocurrir que en vez de un lugar se estigmatice a una especie animal (por ejemplo, la “gripe del pollo”) o vegetal (por ejemplo, la “crisis del pepino”) y con ella a un sector productivo. Lo “políticamente correcto” ha entrado de lleno en el mundo de las enfermedades infecciosas, y cobra particular importancia a la hora de dar nombre a los nuevos patógenos.

Los virus de la gripe (en plural, porque hay gran variedad de ellos) ofrecen buenos ejemplos de problemas relacionados con las denominaciones de los virus. Comenzando por la doble denominación de la enfermedad: “gripe” e “influenza“, ambos términos válidos en español, si bien el primero es más utilizado en España y el segundo en Latinoamérica. También, es más frecuente “gripe” en el ámbito médico, mientras que en el veterinario lo es ”influenza”.

En 2009 surgió un nuevo virus gripal que alcanzó el nivel pandémico. Los primeros brotes fueron detectados en México y en el estado de California (EE.UU.). En seguida empezó a hablarse de “gripe mexicana” pero ante la estigmatización que el nombre de la nueva enfermedad podía suponer para aquel país (como sucedió en 1918-19 con la “gripe española” como veremos un poco más adelante) el gobierno mexicano reaccionó, razonando que ese virus podía haber tenido origen en cualquier otro sitio, y no precisamente en México, y que casos de enfermedad habían sido declarados al mismo tiempo (si no antes) en EE.UU.,  Al final se evitó el término “gripe mexicana” para pasar a denominarla “gripe porcina“, porque los primeros análsiis genéticos habían  revelado que algunos de los segmentos de ARN del virus eran de origen porcino. Sin meternos en detalles, esa información omitía que en realidad el genoma del virus H1N1 causante de la pandemia poseía una “mezcla de segmentos de origen aviar, humano y porcino” según aquellos análisis, y que el virus no había sido encontrado (aún) en cerdos, y si en humanos. Por tanto, la denominación “gripe porcina” era igualmente inexacta e injusta, además de potencialmente dañina para la industria porcina, un sector económicamente importante. Lo cierto es que el virus acabó denominandose con el aséptico nombre de  ”gripe A H1N1, cepa pandémica” (y para los medios y público en general, “gripe A” a secas). Hay que decir que “gripe A” es un nombre que abarca una enorme diversidad de virus de la gripe. Dentro de los virus de la gripe, o influenza, hay 3 grupos: A, B y C. El grupo más importante a nivel sanitario, y también más numeroso es el de la gripe A, que abarca virus aviares, porcinos, humanos, equinos y de otros mamíferos. Hay un sinfín de subtipos dentro de los virus A de la gripe, caracterizados por su composición de antígenos de superficie, que son fundamentalmente la hemaglutinina (H) y la neuraminidasa (N) Hay 16 suptipos de H y 9 de N conocidos por el momento.  De este modo, los distintos subtipos se denominan H1N1, H1N2…etc. Teóricamente se pueden formar hasta 144 subtipos serológicos de virus influenza (o gripe) A. En concreto, como ya hemos dicho, el causante de la pandemia de 2009 era H1N1. Dentro de cada subtipo serológico se da igualmente una gran heterogeneidad, pero esto es quizá largo de contar y lo podemos dejar para otro post.

Pero para nombre mal puesto el de la gripe de 1918-19:  La peor pandemia de gripe de la que tenemos noción ha pasado a la posteridad y es conocida universalmente como “gripe española” (“Spanish flu“). España fue un país afectado más en aquella terrible pandemia de gripe, pero ni fue el primero, ni el más afectado. ¿Por qué entonces tal denominación? Parece ser que la 1ª Guerra Mundial (1914-19) tuvo mucho que ver en ello. Entre las diferentes explicaciones, la más verosímil sostiene que la censura de la guerra impidió a la prensa de los países contendientes (que habían sido afectados antes que España) hablar de la enfermedad (era una información considerada “sensible” en manos del enemigo), pero como en España, que fue neutral en aquella guerra, esa censura no existió, los periódicos españoles fueron los primeros en dar cuenta de los estragos de la gripe, lo que llevó a atribuir erróneamente su origen.

El caso más kafkiano que conozco de hasta donde se puede llegar con el nombre de un virus para evitar que tome una denominación “inconveniente”  es el del “virus Sin Nombre“.  La historia de este virus y de sus sucesivas denominaciones está muy bien contada en un artículo publicado no hace mucho en la revista Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica por Antonio Tenorio y colaboradores (1). Lo que sigue es un resumen del mismo.

En 1993 hubo en Nuevo Mexico (EE.UU.), concretamente en un área conocida como “Four Corners“, porque allí confluyen 4 estados (Nuevo Mexico, Arizona, Colorado y Utah), un brote epidémico que afectó en poco tiempo a una docena de personas. Un médico rural dio la alerta y en poco tiempo se identificó al causante: un nuevo virus de la familia de los Hantavirus, nunca descrito hasta entonces. Como otros hantavirus, su hospedador natural (desde el que era transmitido al hombre) era un roedor, en este caso el “ratón ciervo” (Peromiscus maniculatus). Se cree que el desencadenante de esta “emergencia” fue una explosión demográfica de estos roedores, provocada quizás por cambios ambientales (sequía prolongada seguida de períodos de abundantes lluvias). Llegó el momento en que había que darle un nombre al virus. Se le denominó “Four Corners ” por el lugar del primer aislamiento. Pero aquí chocaron con diversos intereses: los Navajos, principales habitantes de esta zona, no aceptaron de buen grado esta denominación, pero más aún, los empresarios turísticos de la zona (no olvidemos que es una región muy visitada, no lejos del Gran Cañón del Colorado) emprendieron una batalla mediática para evitar tal denominación. Se intentó una segunda denominación: “Muerto Canyon“, por un lugar cercano al sitio de origen del primer aislamiento del virus, pero tampoco fue satisfactorio, esencialmente por lo mismo que el anterior. Hasta que en una tercera intentona, un funcionario perspicaz, no sin cierto sentido del humor, encontró que en aquella región había un pequeño poblado que desde los tiempos de la dominación española era conocido como “Sin Nombre” (así como suena, en español). El nombre propuesto contentó a todo el mundo. Desde aquel momento el primer hantavirus americano descubierto causante de un síndrome pulmonar se llama “virus Sin Nombre” (en inglés: ”Sin Nombre virus”).

Basten los ejemplos anteriores para subrayar las dificultades que actualmente conlleva la denominación de los nuevos virus emergentes. La tarea de clasificar taxonómicamente a los virus y validar sus nombres, además de resolver errores e inconsistencias en las denominaciones recae en el Comité Internacional de Taxonomía Vírica (ICTV son sus iniciales en inglés) que publica periódicamente una clasificación de los virus conocidos (www.ICTV.org).  Nos dejamos quizá para otra ocasión casos igualmente interesantes de problemas en la denominación de los virus. Dos me parecen destacables: por un lado, los virus “sinónimos” (aquellos que han recibido distintos nombres pese a acabar demostrándose que eran el mismo virus), y por otro, las traducciones de los nombres de los virus que toman como denominación un topónimo.

 

Referencias:

 

(1) Tenorio A. y cols (2009) Virus con denominación de origen: sin nombre, Nápoles, West Nile. Enferm Infecc Microbiol Clin 27(5):308-312

 

 

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