Fecha
Autor
Jaime Ortega Diego (Profesor Titular de Organización de Empresas. Universidad Carlos III de Madrid)

Economía y contratos

Oliver Hart y Bengt Holmström han sido galardonados este año con el premio del Banco de Suecia en honor a Alfred Nobel, por "sus contribuciones a la teoría de contratos". La teoría de contratos es un área que se desarrolla a partir de los años 1980 y que estudia el diseño óptimo de contratos, ya sean comerciales, laborales o financieros.
Su metodología se basa en la idea de que un contrato es óptimo cuando maximiza el valor total que genera para las partes implicadas. Con independencia del poder de negociación de las diferentes partes, siempre interesa a todas ellas maximizar el valor total, ya que si el valor generado es el máximo posible, mayor es la ganancia que pueden obtener todas las partes. Incluso en el caso en que una de ellas tenga todo el poder de negociación, le convendrá diseñar el contrato de forma a maximizar el valor total para así poder obtener el mayor valor posible. En términos prácticos, esto implica que en cualquier negociación cada una de las partes debe tener en cuenta no solo los beneficios 'propios', sino también los de las otras partes implicadas: lo realmente importante es el valor total ya que el hecho de que los beneficios sean 'propios' o 'ajenos' puede cambiarse a través de un contrato que establezca compensaciones adecuadas entre las partes.

Otra aportación importante de la teoría ha sido poner de relieve que el diseño de los contratos importa sobre todo cuando no es posible fijar por contrato lo que debe hacer cada una de las partes ni obligar a que se cumpla. Si los contratos fueran completos, en el sentido de que pudieran especificar todas las acciones que deberían llevar a cabo las partes, lo relevante sería identificar qué acciones son óptimas y el diseño de los contratos sería trivial, ya que se limitaría a una descripción de estas acciones. Sin embargo, en la realidad los contratos son incompletos: no pueden prever todas las circunstancias futuras que pueden darse y por tanto no pueden tampoco establecer lo que debe hacer cada parte en cada caso. Además, aunque los contratos puedan describir determinadas acciones que deberían llevarse a cabo, estas acciones no siempre son observables y, cuando lo son, no son necesariamente verificables. Esta asimetría informativa hace que en muchas ocasiones no sea posible recurrir a los tribunales para forzar el cumplimiento de los contratos. En todos estos casos, la cuestión de cómo diseñar el contrato adquiere por tanto un interés propio. Las contribuciones de los galardonados han sido precisamente en estos dos campos: contratos incompletos (Hart) y asimetrías informativas (Holmström).

La teoría de contratos es un área que se desarrolla a partir de los años 1980 y que estudia el diseño óptimo de contratos, ya sean comerciales, laborales o financieros

Oliver Hart ha desarrollado una teoría de contratos incompletos cuyo interés principal radica en entender las consecuencias económicas de los derechos de propiedad. En concreto, su teoría ayuda a comparar, desde una perspectiva de eficiencia económica, diferentes asignaciones de derechos de propiedad. Por ejemplo, en casos de integración vertical es importante entender si las consecuencias económicas varían en función de que sea el cliente quien adquiera al proveedor o viceversa. En un contexto de reestructuración organizativa, es importante entender si a una empresa le conviene subcontratar determinadas actividades. En ambos casos, se trata de entender si el hecho de que determinados activos sean propiedad de una parte o de otra tiene consecuencias económicas. La dificultad de esta pregunta radica en que, aunque la propiedad confiere el derecho a disponer de los activos, una empresa también puede no ser propietaria y sin embargo conseguir, por medio de contratos, que se utilicen en su propio beneficio, como sucede en el caso de la subcontratación. Esta constatación ha hecho que durante décadas la cuestión de la naturaleza de la empresa haya sido ampliamente discutida por los economistas.

El trabajo de Hart pone de relieve que la asignación de la propiedad tiene importancia si los contratos son incompletos: en ese caso no es posible 'replicar' a través de contratos el derecho de propiedad, ya que siempre habrá circunstancias no previstas en los contratos. Lo característico del derecho de propiedad es por tanto la capacidad de tomar decisiones cuando se dan circunstancias imprevistas. Esta capacidad tiene consecuencias sobre los incentivos, ya que la parte que detenta la propiedad tiene una mayor seguridad en que los activos serán utilizados en su propio beneficio, y por tanto mayores incentivos a invertir para aumentar el valor de los activos. En la medida en que las posibilidades de inversión y los costes y ganancias de las inversiones varíen entre las partes, el valor de la empresa variará en función de la asignación de la propiedad. Desde un punto de vista práctico, en una relación entre empresas cada una realiza inversiones que aumentan el valor de los activos, y estas inversiones normalmente difieren: por ejemplo, en el caso de la integración vertical, el cliente y el proveedor realizan acciones distintas. Para entender cuál es la asignación óptima de la propiedad, se trata de identificar cuál de las partes tiene una mayor posibilidad de aumentar el valor de los activos.

Por su parte, Bengt Holmström ha estudiado el diseño de contratos en situaciones de asimetría informativa, en las cuales una de las partes (el 'agente') puede realizar acciones que no son perfectamente observables por la otra parte (el 'principal') y por tanto no tiene sentido incluirlas en el contrato. En estos casos, existe un problema de oportunismo llamado 'riesgo moral', que consiste en que el agente puede no realizar satisfactoriamente estas acciones que se le han encomendado. Se plantea entonces la necesidad de diseñar un contrato alternativo que esté basado en variables observables y que proporcione incentivos adecuados al agente, de forma que su comportamiento no observado sea conforme a los objetivos del principal.

En el ámbito de los contratos de incentivos, destacan dos aportaciones de Holmström. La primera es el principio de informatividad, que establece el criterio que debe utilizarse para decidir qué variables deben incluirse en un contrato de incentivos. Holmström demuestra que una variable debe incluirse en el contrato si ayuda a 'inferir' mejor las acciones que ha realizado el agente. Por ejemplo, en el caso de un contrato laboral, la remuneración del empleado debería depender de variables que miden su productividad o resultados, puesto que estos ayudan a inferir su esfuerzo, pero también de otras variables que, aunque queden fuera del control del empleado, pueden servir para entender en qué medida se ha esforzado. Por ejemplo, la productividad de otros empleados puede reflejar las condiciones en las que el empleado en cuestión ha desempeñado su trabajo: si las condiciones han sido más difíciles, esto quedaría reflejado en una menor productividad no solo suya, sino también de sus compañeros.

La segunda aportación destacada de Holmström es su estudio de las distorsiones que pueden generar los contratos de incentivos, particularmente cuando se pretende que el agente realice múltiples tareas. Cuando las empresas introducen incentivos monetarios, deben tener en cuenta que los empleados van a modificar su comportamiento para aumentar sus ingresos, y esto puede conllevar descuidar aquellas tareas que no tienen un efecto directo sobre la remuneración. Esto tiene consecuencias prácticas muy importantes. Por ejemplo, muchas organizaciones identifican un problema de incentivos en una tarea determinada e introducen remuneración variable con la esperanza de que los empleados trabajarán más en esta tarea y mantendrán el mismo esfuerzo en todas las demás. Este enfoque es erróneo ya que no tiene en cuenta que los empleados reaccionan a la introducción de los incentivos modificando su esfuerzo en todas las tareas. Estas ideas son también importantes para entender las consecuencias de políticas de recursos humanos basadas en datos detallados del comportamiento de los empleados (enfoques de 'people analytics' o 'big data' aplicados a recursos humanos). El trabajo de Holmström sugiere que pretender utilizar estos datos para establecer contratos complejos de incentivos es arriesgado ya que puede llevar a los empleados a distorsionar su trabajo, generando así costes importantes para la organización.

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