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Autor
Xavier Pujol Gebellí

Las células madre en España

Margarita Salas, presidenta del Instituto de España, el organismo que agrupa a las principales academias de ciencia españolas, ha reclamado a través de un manifiesto público que se acometan las reformas legales necesarias para que pueda investigarse con células madre embrionarias.
El llamamiento, que hizo público en un encuentro celebrado recientemente en Santander, motivó la inmediata adhesión de investigadores españoles de élite.

Esta ha sido la primera vez en muchos años que la ciencia española ha sido capaz de unir sus múltiples y a menudo discordantes voces para que la Administración tome cartas en un asunto considerado de gran trascendencia para el futuro de la investigación biomédica. No en vano, el potencial que se espera de las células madre, al menos en teoría, hace abrigar esperanzas de curación de enfermedades graves como algunas de las neurodegenerativas, diabetes, cardiocirculatorias o debidas a traumatismos que afectan irreversiblemente al sistema nervioso central.

Pero una cosa es su potencial, como sostienen destacados investigadores, y otra muy distinta la realidad. En opinión de no pocos expertos, la investigación con células madre se asemeja todavía a un globo hinchado. Excesivamente, para algunos. El fundamento teórico en el que se ha construido su aplicabilidad futura, en cualquier caso, parece irrebatible, y sea o no un globo, consideran, hay que averiguar qué contiene en su interior.

La historia arranca hace un par de décadas, cuando se logra aislar células madre en modelos experimentales animales. Poco se sabía por aquel entonces acerca de la posibilidad de redirigir a voluntad cada una de ellas para obtener células precursoras de órganos y tejidos. La situación se mantuvo prácticamente igual hasta que, en 1998, James Thompson, en la Universidad de Wisconsin, y John Gearhart, del departamento de Obstetricia y Ginecología de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore (Maryland, EE UU), lograron aislar en sendos trabajos independientes células madre y fueron capaces de obtener masas amorfas de tejidos biológicos con características similares a las de un tejido orgánico convencional.

Desde entonces el debate se ha avivado. En primer lugar, porque si bien con células madre adultas es posible derivarlas hacia la formación de tejidos específicos, como así parece haberse demostrado con las aisladas de médula ósea, donde se apunta mayor potencial es con las de origen embrionario. En segundo, y más importante, porque el uso de las segundas implica necesariamente destruir un embrión de pocos días lo cual, éticamente, podría calificarse como éticamente inaceptable.

Pero hay embriones, los sobrantes de procesos de fertilización in vitro, cuyo uso se desconoce. Es más, un buen puñado de ellos son ahora mismo no viables o, en caso que lo fueran, permanecen congelados en tanques de nitrógeno líquido desde hace años, por lo que su calidad es considerada dudosa. La pregunta que se formulan muchos científicos es qué hacer con ellos. Si finalmente se decidiera su destrucción, opinan, se habría perdido un enorme potencial para investigación. En todo caso, parece claro que difícilmente van a implantarse jamás en ningún útero.

Vistas así las cosas, en Europa y Estados Unidos se han levantado voces para que se autorice su uso, en primera instancia, para verificar si de ellos pudiera obtenerse información relevante. En caso que así fuera, se solicitaría su empleo para fines no reproductivos.

Mientras se aclaran las cuestiones éticas, subyace el debate legal. Gran Bretaña dio un paso al frente al autorizar la investigación con embriones y dar luz verde a la clonación con fines no reproductivos. Estados Unidos, aunque con reservas, admite de facto la cuestión. En otros países, como España y Alemania, existe un vacío legal que se traduce en la prohibición de uso de embriones para la obtención de células madre, pero que permite su importación, algo claramente incongruente.

A todo ello hay que sumar el interés por patentar tecnología y métodos de transformación de las células madre en precursores celulares. Las restricciones impuestas por Bush para la financiación pública en Estados Unidos a tan sólo 64 líneas de células madre, muchas de ellas en manos privadas, ha alimentado este debate.

Tal y como están las cosas, es lógica la petición de los investigadores españoles. Y más si se tiene en cuenta que la comisión de expertos que asesora al gobierno en este tipo de materias, lleva dos años sin reunirse, el mismo tiempo que lleva la ministra Celia Villalobos al frente del Ministerio de Sanidad y Consumo.

En otros países se han iniciado ya acciones para evaluar la situación. La propia Unión Europea, a través de su Comité de Ética, está elaborando una opinión científica acerca de la patentabilidad de las células madre, que espera poder presentar antes de final de año. En España, salvo los científicos, nadie ha dicho nada.

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