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Autor
Fernando Presa González (Catedrático de Filología Eslava. Universidad Complutense de Madrid)

Svetlana Aleksievich, Premio Nobel de Literatura 2015

El Premio Nobel de Literatura de 2015 ha recaído en Svetlana Aleksievich, periodista y escritora en lengua rusa, nacida en 1948 en tierras de Ucrania, pero afincada y nacionalizada en Bielorrusia, por su obra "polifónica, monumento al sufrimiento y al valor en nuestro tiempo", tal y como la ha calificado la secretaria permanente de la Academia Sueca en su comunicación del fallo.
Sin duda, esta concesión supone un punto de inflexión en la trayectoria de los galardones. A la ya polémica y antigua cuestión del excesivo peso que tienen en el Jurado las consideraciones geopolíticas, se suma ahora el hecho de que la laureada en esta ocasión sea una periodista -por primera vez en la historia de los premios de Literatura- y no un creador de ficción literaria. En España, su nombre es conocido entre los pocos lectores de su única obra publicada en español, Voces de Chernóbil, en espléndida versión del mejor traductor de literatura rusa que hay en España, Ricardo San Vicente.

Posiblemente, el autor que más ha contribuido en las últimas décadas a popularizar la literatura documental o la literatura de reportajes, en la que se enmarca la obra de Svetlana Aleksievich, haya sido el escritor polaco Ryszard Kapuscinski (1932-2007), ganador en 2003 del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Kapuscinski creó una verdadera escuela de periodismo literario de la que la galardonada con el último Nobel acaba de convertirse en su más aventajado discípulo. Dicho sea de paso, en 2011 recibió en Polonia el prestigioso premio que lleva el nombre del maestro polaco, quien con libros como Ébano, El imperio o Viajes con Herodoto desterró de su literatura documental al héroe singular, al personaje individual como protagonista literario, para hacer de la obra un retrato coral mediante la acumulación de testimonios y convertir al héroe colectivo en el principal objeto de su atención.

El Nobel de Literatura a la obra de Aleksievich supone un justo reconocimiento a su empeño valiente, arriesgado y generoso de prestar su voz a tantos hombres y mujeres anónimos, víctimas y héroes a la vez de la época soviética

Svetlana Aleksievich, cuya breve obra de media docena de libros se centra, fundamentalmente, en la tragedia y el sufrimiento del pueblo soviético durante la era comunista y postsoviética, dejó perfectamente definido su estilo ya en su primer libro, La guerra no tiene rostro de mujer (1983). En ella, como reportera y escritora, se vale de más de dos centenares de testimonios de mujeres que fueron convertidas en soldados para construir un relato coral centrado en las experiencias personales y directas de las mujeres combatientes en la II Guerra Mundial. A partir de este libro, prohibido y perseguido como todos los suyos en la extinta URSS y, en parte, también en la Rusia postsoviética, Svetlana Aleksievich será fiel a este método de escritura que aúna periodismo y literatura dando lugar a una exitosa miscelánea de géneros en la que el relato y el reportaje se funden y se ponen al servicio del testimonio personal colectivo para construir novelas documentales que producen conmoción en el lector por la crudeza y la dimensión humana de lo referido en ellas.

El papel de los niños soviéticos durante la II Guerra Mundial es el tema que ocupa las páginas de La voz de los testigos (1985). La obra es un verdadero memorial dedicado a los millones de niños soviéticos muertos en aquella conflagración. Svetlana Aleksievich presta su voz en este libro a aquellos supervivientes que, entonces niños, pero ya convertidos en mujeres y hombres adultos, siguen ignorados por la masa social, viviendo sus anónimas existencias grises, olvidados por la historia y sus contemporáneos ya que sus vidas no importan a nadie, ni las de los niños muertos en la guerra ni las de los supervivientes, al contrario de lo acontecido con los soldados caídos en combate, ensalzados como héroes por la historia rusa. En este libro Svetlana Aleksievich reclama atención a su memoria y a su testimonio, porque sin la luz de la verdad contada por aquellos que un día fueron niños durante la guerra nunca se conocerá la auténtica dimensión de aquel capítulo de la historia.

También la guerra, pero en este caso una más reciente, la de la Unión Soviética con Afganistán, sirve a Svetlana Aleksievich como escenario de su libro Los chicos de cinc (1989) Se trata de una obra estremecedora en la que mediante una compilación de relatos extraordinarios nos sumerge en las tragedias vividas por los jóvenes combatientes enviados a tierras afganas. Svetlana Aleksievich aquí se hace eco de las voces de las madres de los soldados soviéticos, cuyos angustiosos testimonios descarnados recabó en centenares de entrevistas personales realizadas a lo largo y ancho de la URSS.

Más desconocidos, pero no menos perturbadores para el lector, son los textos que conforman Cautivados por la muerte (1993). En ellos Svetlana Aleksievich analiza cómo la caída del sistema soviético, con el hundimiento e inmediata desaparición del artificial y libresco mundo del socialismo real, tuvo desastrosas consecuencias para miles de personas que, incapaces de adaptarse al cambio, encontraron en el suicidio la única salida a su desesperada situación.

El único libro de Svetlana Aleksievich traducido al español en el momento de la concesión del Nobel es Voces de Chernóbil (1997), una obra que, continuando la habitual técnica literaria de la autora de armonizar el relato literario con el reportaje y la entrevista, se centra en esta ocasión en la catástrofe de Chernobil, ocurrida el 26 de abril de 1986. Aunque el libro discurre como un relato centrado en los testigos del desastre nuclear, lo acaecido no es el verdadero trasfondo del libro, sino el día después, los meses, los años transcurridos desde entonces y la manera en la que aquellos protagonistas se han adaptado a una nueva forma de vida en un espacio y en unas condiciones similares a las que se enfrentaría la humanidad en una era postbélica atómica.

La última obra de la autora es El tiempo de segunda mano. El final del hombre rojo (2014). En ella Svetlana Aleksievich aborda el tema de la desintegración de la URSS, las consecuencias que trajo la caída del sistema comunista y la manera en que sus habitantes han rehecho y siguen rehaciendo sus vidas entre las ruinas de la extinta Unión Soviética.

El Nobel de Literatura a la obra de Svetlana Aleksievich supone un justo reconocimiento a su empeño valiente, arriesgado y generoso de prestar su voz a tantos hombres y mujeres anónimos, víctimas y héroes a la vez de la época soviética. Sus testimonios, recogidos por Svetlana Aleksievich con la exactitud y la probidad del mejor periodismo y vertidos en las páginas de sus libros con el rigor, la emoción y la pulcritud de la mejor poesía, son ya un sonoro grito universal que resonará inmortal en todas las conciencias. Sin duda, un premio justo.

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