Archivo de septiembre, 2012

Moby Dick y el ámbar gris

En 1810 se avistó un gigantesco cachalote gris que pasó a formar parte de las leyendas marinas bajo el nombre de Mocha Dick. En 1859 después de ser arponeado diecinueve veces fue capturado por un ballenero sueco. En esta historia se basa, Moby Dick de Herman Melville. En esta novela Herman Melville, describe el episodio en el que el navío ballenero Pequodencuentra otro ballenero que intenta extraer aceite de dos ballenas muertas hace tiempo. Al intercambiar unas palabras con la tripulación del otro barco, la gente del Pequod se da cuenta de que desconocen el ámbar gris y mediante engaños se quedan con una de las ballenas de la cuál extraen la sustancia perfumada.

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Tiburones: apps y surf

Hace tiempo que la ciencia apareció en el mundo de las apps. Recientemente, un equipo de biólogos marinos de la Universidad de Stanford ha creado una app gratuita llamada Shark Net (para sistema operativo iOS) que utiliza señales de robots para alertar a usuarios de la ubicación de los tiburones más cercanos. La app es gratuita pero donando una cantidad se tiene acceso a  “Scar Girl” – un modelo de tiburón en 3D model, fotografías y videos. Todo lo recaudado se destina a la invetsigación en la Universidad de Stanford University (visitad GTOPP.org para más información.

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Categorias: Biología Marina

Fukushima vive. Pescado, mariposas y el ventilador.

Fukushima sigue viva. Hace tiempo tratamos en distintos posts este tema en el blog. La Tokyo Electric Power (Tepco), operadora y propietaria de la central nuclear de Fukushima Daiichi, decidió en Febrero de este año cubrir con cemento el lecho marino en torno a la planta para prevenir la propagación de sustancias radiactivas en el mar, en un área de unos 70.000 metros cuadrados (siete hectáreas) cercanos a las tomas de agua del reactor número 6 de la planta de Fukushima. La operadora ha decidido cubrir el lecho marino al temer que las olas y el movimiento de los buques en el puerto cercano a la planta energética pudieran dispersar los materiales radiactivos cercanos a la central. Con la operación, la compañía pretende cubrir el lecho marino, que se encuentra a seis metros de profundidad, con una capa de 60 centímetros para evitar que el barro y la arena contaminada en torno a la central se expanda durante un periodo de unos 50 años.

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