Posts etiquetados con ‘fiebre hemorrágica’

Ébola, África Occidental, 6 meses después: ¿es un virus emergente?

Tras 6 meses desde la declaración del primer caso, el actual brote de ébola en África occidental sigue aumentando y representa un riesgo creciente para la salud pública en el ámbito internacional, tal como ha alertado la OMS el 8 de agosto. Se trata de una alerta sanitaria por un virus emergente en una zona en la que esta enfermedad apenas se había manifestado antes. Entre los factores que han conducido a la presente situación, inédita por lo que respecta al virus ébola, destacan la débil infraestructura sanitaria de los países más afectados, Liberia, Sierra Leona y Guinea-Conakry, pero también actividades humanas como la deforestación y la construcción de carreteras y vías de comunicación hacia zonas remotas que facilitan los contactos con la fauna selvática que constituye el reservorio del virus.

Ébola en África Occidental: situación actual 

La OMS publicaba  en su web el  pasado martes, 23 de septiembre, un informe titulado “Seis meses después de la primera notificación del brote de ébola : ¿Qué sucede cuando un virus mortal golpea a los desposeídos?” que nos recuerda que hace 6 meses desde la primera notificación del brote de virus ébola por esta organización, y que el 8 de agosto se declaró la alerta internacional por virus ébola (ver post anterior), en vista de que la situación, lejos de mejorar, iba a peor. Las cifras de casos notificados durante estos 6 meses, actualizadas hoy en otro informe (ver este enlace) ascienden a 6.242  de los que 2.909 han fallecido. La OMS recuerda la difícil situación de los sanitarios en esta epidemia. Hasta hoy, 373 sanitarios han resultado infectados y de ellos 208 han fallecido a consecuencia de la infección. También reconoce que estas cifras, que son las de casos declarados, distan bastante de la realidad, ya que las cifras reales pueden ser bastante más altas.

Para comprender mejor la situación actual de este brote epidémico debemos examinar la evolución del mismo en los últimos meses: recordemos que el 8 de agosto, cuando fue declarada la alerta internacional, los casos totales eran 1.711, de los que habían fallecido 932, y ya era el brote de ébola de mayor magnitud registrado. Un mes y medio después las cifras se han multiplicado por un factor algo mayor de tres, si bien la proporción de casos mortales se ha reducido ligeramente (de 54% a 48%). En la siguiente gráfica, incluida en el informe de la OMS mencionado anteriormente se puede ver mejor la evolución del número de casos.

Casos declarados de ebola a 24_9_2014

Histograma combinado de casos confirmados y probables de infección por virus ébola en África Occidental, a 24 de septiembre de 2014. Fuente: Organización Mundial de la Salud.

Como puede verse en la figura anterior, de los cinco países que han declarado casos por el momento, el más afectado es Liberia, con alrededor de 3.300 casos de infección, seguido de Sierra Leona con 1.900 y Guinea, con 1.000. A estos tres países, que reúnen la gran mayoría de casos declarados hasta ahora, se han unido más recientemente Nigeria, con 20 casos, y Senegal con 1 caso declarado. Mientras que en Guinea, donde ocurrieron los primeros casos de este brote, la situación se ha ido estabilizando, en Liberia, el país más afectado, las cifras de casos han aumentado notablemente en las últimas semanas. El numero de casos declarados también sigue aumentando en Sierra Leona, aunque a menor ritmo que en Liberia. El virus ha comenzado a circular en las capitales de estos dos países, Monrovia y Freetown, respectivamente, que están densamente pobladas (cerca de 1 millón de habitantes en ambos casos), lo cual ha contribuido a agravar la situación, acelerando la transmisión y la aparición de nuevos casos.

 

Distribución geográfica de los casos de infección por virus Ebola en África Occidental

Distribución geográfica de los casos de infección por virus ébola en Guinea, Liberia y Sierra Leona, hasta el 21 de septiembre de 2014. La figura muestra la localización de los casos a través de los países con transmisión amplia e intensa. El número de casos acumulados en cada área se muestra en círculos grises, mientras que los círculos rojos señalan el número de casos declarados en los últimos 21 días (hasta el 21 de septiembre). Basado en información oficial transmitida por los Ministerios de Sanidad. Fuente: Organización Mundial de la Salud.

¿Es el ébola un virus emergente?

Aunque el ébola es un virus conocido desde hace décadas, la situación actual en África Occidental supone la expansión de un virus conocido a una zona donde apenas ha sido percibido hasta ahora (aunque existe evidencia de su presencia en África Occidental desde hace décadas), y además, a diferencia de brotes previos, en este brote el virus se está transmitiendo más intensamente y de forma más prolongada, lo que ha conducido a una situación nueva, nunca antes experimentada. más grave que las anteriores, lo cual, recordemos (ver posts previos de este blog: enlace 1, enlace 2) encaja en la definición de virus emergente. Por ello hay que considerar el actual brote por ébola como una genuina alerta por un virus emergente. Esta situación inédita motivó que la OMS declarara el 8 de agosto la alerta internacional ya mencionada, calificándola en su comunicado como “evento extraordinario de riesgo para la salud pública de otros Estados“.

Cabe pues preguntarse cuales son los factores que han provocado esta emergencia por virus ébola. En un editorial recientemente publicado en The Lancet Infectious Diseases el 15 de agosto pasado, se señalan dos importantes factores a tener en cuenta: el primero es “la fragilidad de los sistemas sanitarios de los países afectados“, lo que, unido a que la enfermedad apenas se había presentado en esos territorios y por lo tanto existía poca preparación para identificar y manejar los primeros brotes, provocó un retraso en la respuesta frente a esta crisis sanitaria. Ello determinó que ésta no se pudiera contener con eficacia, ni se pudiera evitar la posterior expansión de la enfermedad, especialmente hacia las grandes ciudades.  El segundo motivo que apunta el editorial es la “mejora de las carreteras“, que habría permitido a la enfermedad expandirse más rápido. Este segundo factor, apuntado tan lacónicamente por The Lancet, merece un examen más detenido. En un reciente artículo en la web de “Climate Action, una organización auspiciada por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP), van un poco más allá, señalando al “cambio climático y la deforestación” como factores subyacentes que en parte han determinado el curso más grave de este brote  de enfermedad por virus ébola.

En el mencionado artículo se recogen declaraciones de expertos como Jonathan Epstein, de la prestigiosa organización EcoHealth Alliance, quien dice que:

La expansión del impacto humano realmente puede desencadenar brotes: la deforestación, la construcción de carreteras, la localización de explotaciones agrícolas y ganaderas en áreas que fueron antes densas masas forestales, todo ello incrementa las oportunidades para que los animales salvajes entren en contacto con el ganado y con los humanos.

Aunque el primer caso declarado de este brote a la OMS es de hace 6 meses (marzo de 2014), retrospectivamente se ha podido determinar que el primer caso realmente ocurrió al parecer en diciembre de 2013 en un área del sureste de Guinea lindando con Liberia y Sierra Leona (aproximadamente en el centro del mapa de la figura anterior). Como en brotes precedentes, la chispa que inició la transmisión a humanos pudo ser zoonótica (desde un hospedador animal), y más concretamente a través del consumo de “carne silvestre” (traducción libre del término inglés “bushmeat” que se refiere a carne procedente de animales salvajes), alimento bastante común en la selva tropical y subtropical. Entre los animales que pueden ser infectados por el virus ébola se cuentan ciertos primates (gorilas, chipancés), y algunos tipos de murciélagos, que son considerados su reservorio natural. Estos animales son consumidos regularmente por las poblaciones cercanas a la selva que constituye su hábitat natural, como puede ser el área donde ocurrió el primer caso. Desde este área remota el virus se ha expandido por los tres países con inusitada celeridad. La expansión de la actividad humana hacia zonas remotas de la selva ha sido más intensa en tiempos recientes. El acceso a estas zonas por carretera conlleva un efecto no deseado como es facilitar la expansión de organismos patógenos como el ébola, cuyo reservorio selvático no convive con el hombre de forma natural, sino que se encuentra en hábitats restringidos y poco accesibles al ser humano.

La deforestación es algo corriente en el África occidental. El artículo de “Climate Action” señala que desde la década de 1920 la deforestación ha dejado intacta tan sólo el 4% de la cubierta forestal original de Sierra Leona, según el Programa de las Naciones Unidas (UNEP). En Liberia, el desarrollo agrícola ha absorbido alrededor del 20 por ciento de los bosques densos del país desde 1979, según un informe del Gobierno. En Guinea alrededor de 20 por ciento de las zonas boscosas se han perdido desde 1990, según datos de las Naciones Unidas. La pérdida de hábitat se ha traducido en un aumento significativo de las concentraciones de las poblaciones de animales salvajes en el bosque restante, poniendo a los reservorios de Ebola, antes lejanos, en mayor proximidad con los seres humanos. Las grandes inversiones para explotar la riqueza natural en África Occidental, incluyendo sus ricos yacimientos minerales, han generado una infraestructura de transporte hacia aldeas que antes eran remotas, lo que facilita tanto el contacto con el virus como su diseminación.

Este artículo también menciona el cambio climático como otro factor que puede determinar la frecuencia con que ocurren las epidemias por virus ébola. En particular señalan los resultados de investigaciones que han relacionado las epidemias de ébola con periodos de fuertes lluvias tras períodos de extrema sequía. No obstante, aunque fenómenos de cambio climático puedan tener indirectamente alguna influencia, los otros factores mencionados, como la deforestación y la  construcción de carreteras a zonas remotas de la selva, pero sobre todo, la precariedad de los sistemas sanitarios de las zonas más afectadas, guardan una relación mucho más directa con la situación actual de agravamiento de la crisis sanitaria por virus ébola.

Todos los expertos, incluyendo el editorial de The Lancet Infectious Diseases y los que menciona el artículo de “Climate Action” referidos en este post, pero también el reciente comentario publicado en Emerging Microbes and Infection (revista “filial” de Nature para el área de las enfermedades infecciosas emergentes) por su editor en jefe, Hans-Dieter Klenk, coinciden en señalar que el desarrollo de la infraestructura de salud pública en la región es vital para prevenir los futuros brotes de enfermedad por virus ébola. Sistemas sanitarios desarrollados y sólidos pueden controlar eficazmente a este virus. Es la carencia de sistemas sanitarios apropiados lo que convierte al ébola en un riesgo sanitario de importancia, precisamente en aquellas poblaciones sin acceso a medios sanitarios adecuados. En particular, en su comentario, el Profesor Klenk señala los brutales efectos de las carencias sanitarias de los países más afectados, donde los hospitales se perciben en algunas ocasiones como “trampas mortales“. A pesar de los múltiples anuncios de vacunas y medicamentos en camino para combatir al ébola, la realidad es que actualmente no hay ni vacunas ni tratamientos eficaces contra esta enfermedad, y que estos tardarán un tiempo indeterminado en estar disponibles. Por ello, la única forma de luchar contra esta lacra, que afecta a los más pobres dentro de los países más pobres, es incidir sobre los sistemas sanitarios, mejorar sus infraestructuras, su preparación, sus medios. Convertir las “trampas mortales” en auténticos proveedores de salud para las poblaciones vulnerables de estos países. Esto solamente es posible mediante un programa urgente de ayuda internacional. A pesar de algunos esfuerzos realizados, la ayuda internacional ha resultado insuficiente hasta ahora para controlar este brote epidémico, como diversas organizaciones no gubernamentales desplegadas e la zona, como Médicos Sin Fronteras y Cruz Roja-Creciente Rojo, han venido señalando en comunicados recientes.

Como reflexión final, no deja de ser paradójico que la inversión en infraestructuras, promovida por el interés económico para obtener beneficios de la explotación de riquezas naturales presentes en la zona, no tenga otra contrapartida para la población local que traer consigo una lacra sanitaria del calibre del virus ébola, y que encima multiplique sus efectos por la facilidad del transporte. Poner el beneficio económico por encima de cualquier otra consideración tiene efectos perversos como este, efectos que, a la vista está, no soluciona la simple acción de los mercados. Una explotación más racional, que retorne la parte que corresponda del beneficio obtenido con los recursos naturales de estos países y los dedique a infraestructuras sanitarias y de otro tipo, sería no solo más deseable, sino también más justo. Paliar los efectos de plagas como el ébola no es una cuestión simplemente económica, es una cuestión ética y de humanidad y nos concierne a todos.

Enlaces de interés

WHO: Ebola Response Roadmap Situation Report 24 September 2014.  http://apps.who.int/iris/bitstream/10665/134771/1/roadmapsitrep_24Sept2014_eng.pdf

WHO: Six months after the Ebola outbreak was declared: What happens when a deadly virus hits the destitute? http://www.who.int/csr/disease/ebola/ebola-6-months/en/

Editorial: Ebola in west Africa. The Lancet Infectious Diseases (2014) 14, (9) 779 doi:10.1016/S1473-3099(14)70785-6  http://www.thelancet.com/journals/laninf/article/PIIS1473-3099(14)70785-6/fulltext

Climate Action, 20 August, 2014 Ebola epidemic being driven by deforestation and climate change  http://www.climateactionprogramme.org/news/ebola_epidemic_being_driven_by_deforetation_and_climate_change

Klenk, H.D. Lessons to be learnt from the ebolavirus outbreak in West Africa. Emerging Microbes and Infections (2014) 3, e61 doi:10.1038/emi.2014.68  http://www.nature.com/emi/journal/v3/n8/full/emi201468a.html

Etiquetas: , , , , , , , ,
Categorias: Cambio global

Ebola y otros virus emergentes

Como sabrán (y si no lo saben, ya se lo digo yo aquí) desde hace unas semanas se ha declarado un brote de fiebre hemorrágica por virus Ébola en África Occidental, que se centra en Guinea (Conakry) y afecta a otros países fronterizos (fundamentalmente a Liberia). Hasta el momento se han contabilizado alrededor de 160 casos de enfermedad, de los que han fallecido unos 100. El virus Ébola tiene una merecida mala fama de terrible patógeno, casi de plaga bíblica, por su alta mortalidad (alcanza el 90% en algunos brotes, y no suele bajar del 50%). Sin embargo, los brotes de Ébola no son novedad en África, donde se detectan cada cierto tiempo, variando en intensidad desde unas pocas decenas a unos pocos cientos de casos. El origen de los brotes es incierto, aunque casi con seguridad se trata de una zoonosis que se contagia desde algún reservorio vertebrado (posiblemente alguna(s) especie(s) de murciélagos) al hombre y a otros primates que entran en contacto con animales infectados. La enfermedad se transmite por contacto entre humanos (debe ser un contacto estrecho), y tiene un enorme impacto en las poblaciones afectadas. En el caso actual de Guinea, ni el brote es más grave ni más letal que otros precedentes (podríamos decir que está en la media) si bien está afectando zonas que nunca habían padecido esta enfermedad.

No obstante, en los medios informativos los brotes de Ébola son muy difundidos y tienen gran presencia, quizá por encima de la que correspondería por las cifras de afectados. Por ejemplo, en la misma zona afectada por estos brotes de Ébola se vienen produciendo anualmente unos 1000 casos de fiebre hemorrágica por virus de Lassa, una enfermedad endémica en la zona y con una mortalidad de alrededor de un 10% de los casos, pero esto no sale nunca en los medios, al menos en los medios occidentales que sin embargo si prestan mucha atención al Ébola, probablemente porque esta enfermedad es mucho más conocida que la del virus de Lassa. Seguramente en esta diferente sensibilidad tanto de los medios como del público a los brotes de virus Ébola no son ajenos bestsellers y películas que explotan el lado “catastrofista” de los virus, como “Estallido” (Outbreak), de Wolfgang Petersen (1995).

En este contexto se agradece leer artículos como los que publica Diario Médico hoy, en los que se pone en contexto el mencionado brote de virus Ébola en África Occidental, al hablar de este virus en conjunto con otros virus que representan problemas sanitarios importantes a nivel global. Por el interés que creo que despertará en los lectores de este blog reproduzco a continuación el artículo con permiso de las autoras del mismo.

(Ah, no dejen de votar en la encuesta de este mismo número del Diario Médico sobre si es necesario un laboratorio de investigación microbiológica de nivel 4 de biocontención en España: enlace)

ENTRE EL ALARMISMO Y LA CAUTELA

Ocho amenazas emergentes

La mayoría de los virus emergentes resultan menos vitales que el Ébola, pero tienen una mayor incidencia. Muchos patógenos requieren un nivel 4 de bioseguridad, que no está disponible en España ni en otros países.

María Sánchez-Monge. Sonia Moreno. Madrid.   |  14/04/2014 00:00

El último brote del virus del Ébola, con epicentro en el sur de Guinea, puede colear entre dos y cuatro meses más, según estima la Organización Mundial de la Salud (OMS). Ahora, este virus trae en jaque a diferentes organizaciones sanitarias, una alarma justificada por su alta mortalidad (más del 50 por ciento), pero no es la única amenaza que hay que vigilar. María Paz Sánchez-Seco, del Laboratorio de Arbovirus y Enfermedades Víricas Importadas en el Centro Nacional de Microbiología (CNM), del Instituto Carlos III (Majadahonda, en Madrid), considera necesario mantener el equilibrio entre el alarmismo y la cautela.

“A pesar de la baja prevalencia de este tipo de enfermedades en España, existe un riesgo real; de cara a la salud pública, los programas de vigilancia son muy necesarios”. La científica recuerda que la visión que se tiene de estas enfermedades varía mucho desde un país afectado a uno desarrollado. En este último incluso puede resultar algo cínica: “Un ejemplo claro es el virus West Nile o del Nilo Occidental que se describió hacia 1935 en África, y que desde entonces ha circulado y causado multitud de brotes. Sin embargo, las referencias bibliográficas científicas posteriores a 1999 son llamativamente más abundantes que las anteriores a esa fecha, cuando se produjo el brote en Nueva York”.

Esto podría explicar, en parte, la poca atención que se ha prestado desde un punto de vista de la investigación a los virus emergentes. Otra razón es que algunos de ellos exigen infraestructuras de alta bioseguridad, de nivel 4, algo que no está al alcance de cualquier laboratorio. En el CNM -donde se encuentra el grupo de Arbovirus puesto en marcha por Antonio Tenorio y que ahora dirige Sánchez-Seco- se encuentra un laboratorio de nivel 3, al que se remiten muestras de pacientes para su diagnóstico.
Miguel Ángel Jiménez-Clavero, científico del Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA), lamenta que en España no haya ni un laboratorio con nivel 4 de biocontención. En estos centros podría desarrollarse la investigación en tratamientos y vacunas del Ébola, así como de otros virus causantes de fiebre hemorrágica especialmente peligrosos, como el de Marburgo, los de Crimea-Congo y ciertos arenavirus.
Vacunas
Estos patógenos se encuentran huérfanos de vacunas. Una revisión publicada en Expert Review of Vaccines por Andrea Marzi, del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos, ilustra lo que ocurre en el caso del Ébola, que es extrapolable al resto de amenazas.

Se han realizado multitud de ensayos con vacunas de ADN, de subunidades y con vectores víricos con resultados muy prometedores en primates no humanos, pero en ningún caso se ha conseguido progresar más allá de la fase II de ensayos clínicos. La autora considera que existe una barrera económica.

Mientras se consigue financiación, son muchas las lecciones sobre el Ébola que se están aprendiendo. Por ejemplo, los anticuerpos se han revelado como un mecanismo de protección cuando se usan vacunas basadas en vectores de rabdovirus. En cambio, la eficacia de la estrategia basada en adenovirus depende también de las células T CD8+.

 

Ébola

Uno de los patógenos más letales de la historia

Ha habido hasta 34 brotes de virus del Ébola -que causa fiebre hemorrágica- antes del actual. En cada uno se produjeron entre decenas y pocos cientos de casos, en algunos de los cuales la mortalidad llegó hasta el 90 por ciento.
Ana Negredo, del CNM, indica que no se conoce el hospedador natural del virus, pero se sospecha de ciertas especies de murciélago. Es un ebolavirus, de la familia Filoviridae, del que se han descrito cinco especies diferentes, denominadas según su lugar de descubrimiento: Bundibugyo, Zaire, Reston, Sudán y Costa de Marfil..
El estudio de sus principales factores de virulencia ha revelado la importancia de su glicoproteína, que produce un efecto citopático, aumenta la permeabilidad del endotelio y favorece la extravasación de líquidos. Otras dos proteínas, VP35 y VP24, son antagonistas del interferón, un potente antiviral natural.
En uno de los últimos avances en el estudio de este patógeno han participado investigadores del Hospital 12 de Octubre, de Madrid, que han conseguido bloquear la entrada del Ébola y del VIH en las células dendríticas con una proteína modificada.

Dengue

El mosquito tigre acerca la enfermedad a España

La OMS calcula cien millones de infecciones anuales de dengue, pero un reciente estudio, publicado en Nature, reveló que en realidad ascienden a 400 millones. Leticia Franco, del CNM, aclara que la diferencia se debe a que se incluyen los casos subclínicos.
Hay cuatro serotipos, con diferente grado de virulencia. La enfermedad puede variar desde el cuadro asintomático hasta síntomas más graves como hemorragias y choque con riesgo mortal. 
Entre las líneas de investigación está determinar los factores de virulencia del virus; también, analizar la proteína de la envuelta vírica para perfeccionar los métodos diagnósticos. La compañía Sanofi trabaja en una vacuna que incluye las diferentes cepas del dengue. 
El sur de Europa está infectado con el mosquito tigre (Aedes albopictus), que al igual que Aedes aegypti, puede ser vector del virus. En 2012-13 se detectaron más de 2.100 casos en la isla de Madeira, donde sí se encuentra A. aegypti. La presencia del mosquito tigre en la cuenca mediterránea hace de España un país vulnerable a potenciales brotes de esta enfermedad.

Chikungunya (1)

Mutaciones genéticas y crecimiento vectorial explican su expansión

Este alfavirus no comparte familia, pero sí similitudes con el dengue: en ambos, el hombre actúa como huésped amplificador. El sonado brote de chikungunya en Rávena (Italia), en 2007, se inició con un viajero procedente de India. En este caso, los vectores -los mismos mosquitos que emplea el virus del dengue- se aliaron con el efecto amplificador de las personas infectadas, y dieron como resultado unos 200 enfermos. Fiebre y dolores articulares son los principales síntomas. María Paz Sánchez-Seco, del CNM, destaca la buena actuación frente al brote italiano. “Desde entonces no se han registrado nuevos casos en estas regiones, gracias a los servicios de control vectorial, que junto con la vigilancia epidemiológica son claves para frenar la expansión de potenciales brotes”. En España, los primeros en describir la presencia de mosquitos tigre, en Sant Cugat del Vallés, fueron los profesionales del Servicio de Control de Mosquitos del Bajo Llobregat (Barcelona).

Cuestión de tiempo
Como recuerda Miguel Ángel Jiménez-Clavero (CISA), se ha identificado una variante implicada en una mejor adaptación al mosquito Aedes. Es una mutación genética reciente que mejora la eficacia del ciclo del virus, y que explica el mayor éxito actual del chikungunya. “No estamos libres”, reconoce el científico.” Tenemos el vector, el mosquito tigre, en nuestra costa. Es cuestión de tiempo.

Arenavirus (2)

Brotes periódicos del virus Lassa favorecidos por contacto con roedores

gunos de los arenavirus producen fiebre hemorrágica; es el caso de los arenavirus del Viejo Mundo, entre los que se cuenta el virus Lassa, y que circulan en África. De hecho, el virus Lassa, del que ahora hay un brote en Nigeria, produce brotes casi con una periodicidad anual. Cada arenavirus utiliza como reservorio una especie de roedor concreta.
La transmisión al hombre se produce mediante la inhalación de aerosoles contaminados con excrementos de los roedeores contaminados, o a través de mordeduras y heridas.

Nuevo Mundo
Los arenavirus del Nuevo Mundo circulan en zonas determinadas de América, como el virus Junín, en Argentina, y el Machupo, en Bolivia, ambos causantes también de fiebre hemorrágica. El arenavirus de la coriomeningitis linfocitaria, cuya distribución se encuentra en todo el mundo, produce un síndrome neurológico que puede ser grave.
No hay un tratamiento eficaz para la infección por estos virus. Se administra ribavirina para tratar el virus Lassa y se ha observado eficacia, pero ha de ser durante los primeros días en que aparecen los síntomas. Tampoco cuentan con una vacuna, salvo el virus Junín, localizado en territorio argentino. Además, éste es el único lugar donde la inmunización está aprobada y se puede administrar. Son virus de nivel de bioseguridad 4, lo que limita su investigación.

 

Fiebre Amarilla (3)

Una protección efectiva que se administra a viajeros

La infección por fiebre amarilla no tiene tratamiento curativo, solo de soporte, pero sí cuenta con una vacuna eficaz. La inmunización está integrada por virus atenuados y se administra en una sola dosis subcutánea: induce en unos días la producción de anticuerpos específicos protectores. Se recomienda y administra a los viajeros a zonas endémicas, en África y América.

Este tipo de virus no se encuentra en Asia.
Esta enfermedad febril aguda se transmite a los seres humanos a través de picadura de mosquito; el virus se multiplica principalmente en el hígado produciendo cambios variables en su estructura y función. Según recoge un informe elaborado por la Sociedad Española de Microbiología Clínica, bajo la coordinación de Ana Negredo (CNM), la infección presenta un amplio espectro de gravedad, desde la infección subclínica, que en África llega hasta el 80 por ciento de los casos durante las epidemias, hasta la enfermedad mortal, que se produce entre el 20 y el 50 por ciento de las infecciones aparentes en una epidemia. El periodo de incubación varía de tres a seis días tras la picadura.

Hantavirus (4)

El riesgo de fiebre hemorrágica renal o un síndrome pulmonar

Este género de virus se transmite por roedores infectados. Se estiman entre 150.000 y 200.000 casos de infección por hantavirus cada año, la mayoría localizados en Asia, aunque también se encuentran algunas de estas cepas llamadas del Viejo Mundo en el centro y norte de Europa. Aquí se han detectado infecciones que pueden causar nefropatía y fiebre hemorrágica con síndrome renal. En América, los llamados hantavirus del Nuevo Mundo producen el síndrome pulmonar por hantavirus, un cuadro que puede revestir gravedad, con una mortalidad de entre el 60 y el 80 por ciento. Pese a ello, no hay vacunas ni tratamientos eficaces para estos patógenos. Al igual que ocurre con los arenavirus, la transmisión se produce mediante inhalación de aerosoles y al entrar en contacto con heridas.

Virus ‘west nile’ (5)

Inmunización eficaz para el caballo, pero todavía sin vacunas humanas

Hay vacunas eficaces para proteger a los caballos, pero de momento no las hay para humanos, en los que el virus del Nilo Occidental puede causar desde una fiebre benigna a una encefalitis grave y letal; esto último en menos del 1 por ciento de los casos.
Miguel Ángel Jiménez-Clavero (CISA), que investiga en este virus en su laboratorio de nivel 3 con medidas adicionales de seguridad, apunta que “es un virus muy parecido al de la hepatitis C. No hay tratamiento curativo. En Israel, donde se conoce desde hace más tiempo (década de 1950), se han realizado estudios con inmunoglobulinas obtenidas de personas que han pasado la infección. Esta sueroterapia ha cosechado cierto éxito”.

Ana Vázquez, del CNM, ha descrito un nuevo linaje en Andalucía-se cuentan hasta ocho, aunque los más patogénicos son el 1, y ahora, más recientemente, el 2- que transmite el mosquito Culex pipiens. Se piensa que en esta región el virus es endémico. Alrededor de cien caballos sufrieron un brote en 2010 en Cádiz. También se detectaron dos casos autóctonos de personas en el área gaditana; previamente, se había descrito una infección en un viajero a Badajoz. En Estados Unidos, desde 1999, año en que entró la enfermedad, se han registrado más de 30.000 casos de enfermedad y entre 1.300 y 1.400 muertes.

Marburgo (6)

Un candidato perfecto para el desarrollo de armas biológicas

Al igual que ocurre con el virus del Ébola, el de Marburgo plantea una preocupación, además de por el inadecuado control de sus potenciales brotes, por su posible uso como arma biológica. Eso se traduce en un interés por encontrar medidas profilácticas eficaces. Sin embargo, estos dos filovirus requieren medidas de seguridad de nivel 4, por lo que son pocos los laboratorios autorizados para investigar con ellos.

Es un virus muy parecido al Ébola en cuanto al lugar donde se encuentra y la sintomatología que produce. Sin embargo, hay algunas diferencias significativas. Una de ellas es que los brotes de Ébola se producen sobre todo en zonas de selva, mientras que el virus de Marburgo se localiza en la sabana. Por esta razón, también son distintas las especies de murciélagos que actúan como reservorios.

Los dos grandes brotes que ocurrieron de forma simultánea en Marburgo y Fráncfort (Alemania) y en Belgrado (Serbia) en 1967 llevaron a la identificación de la patología por primera vez. Las tasas de mortalidad de este patógeno han oscilado entre el 24 y el 88 por ciento.

Etiquetas: , , , , , , , , ,
Categorias: Nuevos virus

“Huey cocoliztli” en el México del siglo XVI: ¿una enfermedad emergente del pasado?

Cambiamos un poco el tercio para hablar de una enfermedad que ya no existe. Aunque resulte obvio, es en cierto modo tranquilizador pensar que las enfermedades emergentes no duran siempre, y que, como ya dijimos en un post anterior, igual que emergen, desaparecen, sea de forma natural, sea erradicadas por la acción humana.

Vamos a hablar del pasado, del siglo XVI, de México (La “Nueva España” en aquella época), de las grandes epidemias que asolaron la población en aquellas tierras, y de una enfermedad que resultó especialmente devastadora: el huey cocoliztli, que, siguiendo la descripción ofrecida en un post anterior de este blog (¿Qué son los virus emergentes?) representaría una auténtica enfermedad emergente en el siglo XVI.

Figura 1. Enfermos de viruela durante el sitio a México–Tenochtitlan. Códice Florentino, libro XII f. 53v (Imagen: Wikipedia Commons)

Entre las muchas cosas que los Europeos llevamos a América se cuentan, desgraciadamente, muchas enfermedades del Viejo Mundo, incluyendo las más conocidas como la viruela y el sarampión. El impacto de las mismas en las poblaciones indígenas del Nuevo Continente fue sin duda devastador. Sin embargo, la evidencia disponible parece indicar que dos de las epidemias más mortíferas del siglo XVI en México (y probablemente de las más mortíferas de la Historia), fueron causadas por una enfermedad del Nuevo Mundo, denominada en nahuatl “huey cocoliztli“, que significa algo así como “gran peste”.

A principios del siglo XVI se estima que la población mesoamericana rondaba los 22 millones de personas. El 1519 se declaró una epidemia de viruela, probablemente introducida por las tropas de Hernán Cortés, que acababan de arribar procedentes de Santiago de Cuba. La epidemia se extendió rápidamente entre 1519 y 1520, acabando con la vida de entre 5 y 8 millones de personas en la región (figura 2).

 

Colapso de la población de México en el siglo XVI

Figura 2. Colapso de la población de México en el siglo XVI diezmada por diversas enfermedades, entre ellas el huey cocoliztli (tomado de Acuña-Soto et al Emerging Infectious Diseases (2002) 8:4)

Sin embargo, la viruela de 1519-1520 no fue ni la única ni la peor epidemia que asoló aquel territorio en el siglo XVI, ya que hubo dos epidemias, una en 1545-48 y otra en 1576-80, que no fueron debidas a la viruela, y que, según algunas estimaciones, pudieron acabar con la vida de entre 12-15 millones la primera, y 2 millones más la segunda (14-17 millones en total) produciendo una de las mayores catástrofes demográficas de la historia, pues al final del siglo XVI la población superviviente quedó reducida a menos de 2 millones de personas, es decir, menos del 10% de la población presente inicialmente en la región (Figura 2). La población mexicana no volvió a los niveles pre-hispánicos hasta el siglo XX.

Y si no fue la viruela ¿que fue lo que causó semejante devastación? Por fortuna, nos ha llegado una descripción clínica muy precisa, efectuada por el que fuera Doctor de Cámara de Felipe II, Francisco Hernández, médico y naturalista (tradujo los 37 libros de la Historia Natural de Plinio del latín al español) y una de las figuras más brillantes del renacimiento en España, injustamente olvidada, y que a la sazón ostentaba el cargo de  ”Protomédico de las Indias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano“. Hernández no solo fue testigo directo de la epidemia de 1576, sino que en virtud de su cargo dirigió la intervención oficial para la salud pública durante la misma. A él debemos una descripción clínica tan detallada que ha permitido a algunos investigadores actuales aventurar el agente causal (1). El hallazgo del documento, de puño y letra del propio Hernández, en el Archivo del Ministerio de Hacienda de Madrid en 1956 representa en sí una verdadera suerte, pues su legado científico se creía perdido.

Hernández designaba en su texto a esta enfermedad “cocolistle“, el término nahuatl que empleaban los indígenas, y no usó ningún término español que designara una enfermedad del viejo mundo, como la viruela, el tifus o el sarampión, con las que estaba muy familiarizado, lo que ya da muestra de que estamos ante una entidad diferente (los indígenas usaban también otros nombres para viruela -huey zahuatl, granos grandes- y para sarampión -tepiton zahuatl, granos pequeños-). Se trataba de una enfermedad contagiosa febril muy letal, que afectaba sobre todo, pero no exclusivamente, a indígenas (también había víctimas de origen europeo y africano) y a jóvenes preferentemente. Los signos incluían fiebre alta, dolor de cabeza fuerte, sed, sequedad en la boca, vértigo, ictericia, lengua y orina oscuros, disentería, dolor torácico y abdominal, abscesos en los ganglios post-auriculares y del cuello, trastornos neurológicos severos y profusas hemorragias por la nariz, ojos y boca. La muerte solía ocurrir en 3-4 días desde los primeros síntomas. A la descripción clínica el propio Hernández añade una igualmente detallada descripción epidemiológica, con detalles sobre la población afectada (raza, edad, etc), estacionalidad, variables atmosféricas y climáticas, etc.

El propio Hernández en su descripción, muy minuciosa, parece consciente de que está ante una enfermedad distinta y pone especial empeño en describirla a sus colegas europeos. Las similitudes con ciertas fiebres hemorrágicas ha llevado a algunos autores a postular que el agente causal sería un virus hemorrágico de la familia de los Arenavirus (1). Existen una serie de virus pertenecientes a esta familia, presentes en distintas regiones Americanas. Sus hospedadores y reservorios naturales son los roedores, que mantienen el patógeno en circulación sin sufrir ningún tipo de enfermedad, y desde ahí pueden ser contagiados al ser humano. En la figura 3 se muestran las diversas  especies de arenavirus americanos, cada una de ellas adaptada a una especie distinta de roedor como reservorio, y con una distribución geográfica característica. Algunos de estos arenavirus americanos son muy patogénicos para el ser humano, causando fiebres hemorrágicas a menudo letales. Los más conocidos son el virus Junin (Argentina), el virus Machupo (Bolivia), el virus Guaranito, (Venezuela), el virus Whitewater Arroyo (Nuevo México, EE.UU.) y el virus Sabiá (Brasil).

Figura 3. Distirbución de los Arenavirus del Nuevo Mundo (complejo "Tacaribe") indicando la especie de roedor que actua como reservorio en cada caso y la fecha y lugar del primer aislamiento. Imagen tomada de Jamie Dyal and Ben Fohner Stanford University Humans and Viruses Class of 2005, disponible en: http://www.stanford.edu/group/virus/arena/2005/SabiaVirus.htm

Estos virus se transmiten a través del aire contaminado con partículas víricas aerosolizadas procedentes de indivíduos infectados o de reservorios animales, o bien contacto directo con éstos y/o con objetos contaminados. Son importantes en la aparición de brotes de la enfermedad ciertos factores ecológicos, como las explosiones poblacionales de los roedores que actúan como reservorio.  Estas poblaciones varían estacionalmente, pero también hay variaciones mayores que pueden deberse a cambios ambientales, a menudo causados por la actividad humana, como el incremento de la superficie de un determinado cultivo, relacionado con la disponibilidad de alimento. Igualmente, cambios en la agricultura como la mecanización de la cosecha de cereales puede ayudar a “aerosolizar” resíduos de roedores asociados a estos cultivos, como parece que sucedió en los años ’50 del siglo XX cuando se observaron los primeros casos de estas fiebres hemorrágicas en América. Estos virus son activos en la actualidad, con brotes de fiebre hemorrágica boliviana (virus Machupo) en 2004, 2007-08 y 2011-12, o de fiebre hemorrágica venezolana en 1997-98, 2002-03 y 2011-12 (Fuente: www.promed.org).

Figura 4. Calomys laucha. Los roedores del género Calomys son reservorios naturales de arenavirus como el virus Junin o el virus Machupo, causantes de fiebres hemorrágicas en Argentina y en Bolivia, respectivamente (Imagen: Wikimedia commons).

Pero aunque la presentación clínica pueda ser bastante coincidente, los brotes de fiebres hemorrágicas por arenavirus en America se limitan a unos pocos, a lo sumo decenas, de casos, y  no producen, ni de lejos,  epidemias como la que causó el huey cocoliztli. ¿Cómo explicar que arrasara de una manera tan fulminante a tanta población en tan poco tiempo? Para intentar explicarlo hay que tener en cuenta algunos factores socioeconómicos e incluso climáticos que reinaron en aquella época en la “Nueva España”. Por un lado, los españoles instauraron un régimen de “Encomiendas” para explotar los recursos, incluida la agricultura, que mantenían a los indígenas en buena medida en régimen de semiesclavitud. Ello podría explicar que éstos fueran más vulnerables a la enfermedad, ya que al trabajar en el campo podrían estar más expuestos al contagio. Por otro lado, existe evidencia (basada sobre todo en estudios dendrocronológicos,  mediante análisis de los anillos de los árboles) de que ambas epidemias tuvieron lugar en medio de una gran sequía, algo que coincide en parte con las descripciones que Hernández hizo del ambiente que reinaba en la segunda epidemia. Algunos investigadores han propuesto que esas sequías, interaccionando con factores socioeconómicos y ecológicos, pudieron exacerbar la epidemia (2).

En conclusión, las epidemias del pasado pueden enseñarnos lecciones  útiles para el presente y el futuro: que en la naturaleza no hay compartimentos independientes, sino que todo está muy interrelacionado, y la acción humana sobre la naturaleza siempre tiene un impacto, que a veces nos rebota en forma de enfermedades emergentes tan terribles como el huey cocoloztli. Otra lección puede ser que, como dijimos al principio, igual que emergen, desaparecen. El huey cocoliztli pudo quizá ser debido a una infección por un arenavirus transmitido por roedores,  que en la actualidad se haya extinguido, o evolucionado, refugiándose en algún roedor alejado del hábitar humano. Sea así o no, los arenavirus americanos ejemplifican muy bien la adaptación perfecta de algunos virus a un  ”reservorio natural”, y que una disrupción suficientemente intensa de su ciclo infectivo puede provocar el salto a otra especie animal, lo que constituye la “marca” de una enfermedad emergente.

1: Marr JS, Kiracofe JB. Was the huey cocoliztli a haemorrhagic fever? Med Hist. 2000 Jul;44(3):341-62.

2: Acuna-Soto R, Stahle DW, Cleaveland MK, Therrell MD. Megadrought and megadeath in 16th century Mexico. Emerg Infect Dis. 2002 Apr;8(4):360-2.  (http://wwwnc.cdc.gov/eid/article/8/4/01-0175_article.htm)

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , ,
Categorias: Viejos virus