• Autotomía

    La holoturia se divide en dos ante el peligro:
    suelta un yo a la voracidad del mundo,
    con el otro huye.

    En el acto se bifurca en fatalidad y salvación,
    en multa y premio, en lo que fue y lo que será.

    En mitad de su cuerpo se abre un abismo
    con bordes al acto convertidos en dos desconocidos.

    En un borde, la muerte; en el otro, la vida.
    Aquí, desesperación; allá, aliento.

    Si hay balanza, no se desnivelan los platillos
    . Si hay justicia, ¡hela aquí!

    Morir lo imprescindible, sin pasarse de la raya.

  • El matemático enamorado (fragmento)

    Un matemático se enamoró locamente
    de una joven mujer, atractiva y fascinante.
    Para acreditar de sus curvas la perfección,
    de ratios armónicas y ángulos se valió,
    garabateando jeroglíficos alarmantes.
    ....

    Sea X belleza, e Y buenas maneras,
    Z la fortuna, (esto último es esencial).
    Sea L la inclinación al amor -enunció-
    Entonces, L es una función de X, Y y Z
    del tipo que conocemos como Potencial.

  • Regreso

    Tocar un cuarzo ahumado, vítreo y negro,
    como quien busca en su naturaleza indiferente
    la reconciliación entre hombre y mundo.
    Aprendemos a ser lo que ya somos,
    y este trozo de piedra es un regreso.

    La piedra, en su secreto, es armonía,
    memoria silenciosa del planeta,
    regalo de una luz que se ha hecho sólida.
    Cuánta vida en lo inerte de este cuarzo
    que es cristalización de los milenios.

    El tacto es humildad.

  • Panne

    Te vi sobre el rasante de la amplia carretera,
    como una diosa antigua, bajo los vientos sola,
    junto a tu coche negro, que en su reposo era
    acharolado y fino, como un piano de cola.

    Iba yo a cien por hora, lanzado en torbellino
    sobre el galope fácil de mi carburador.
    El cromo de los faros, pantalla del camino.
    Mi pie, duro martillo del acelerador.

    Con una mano izada me lanzaste tu 'S.O.S'.
    Descendí, y, obsequioso, frente a frente los dos,
    y frené con un suave posar de freno hidráulico.

  • Hipocondría

    Conozco bien mis males, y por eso,
    sin número,
    sola, me diagnostico
    enfermedades muy sofisticadas

    Sin ir más lejos ni salir de casa:
    padezco ahora mismo
    una terrible fiebre
    muy común en los trópicos.

    Leo con mucha atención los prospectos
    y a Kavafis.
    Guardo cama esperando
    esos anunciadísimos y bárbaros
    'efectos secundarios'.

  • Prospecto

    Soy un ansiolítico.
    Actúo en casa,
    hago efecto en la oficina,
    me presento a los exámenes,
    comparezco ante los tribunales,
    reparo tacitas rotas.
    No tienes más que ingerirme,
    ponme debajo de la lengua,
    no tienes más que tragarme,
    con un sorbo de agua basta.

    Sé enfrentarme a la desgracia,
    soportar malas noticias,
    paliar la injusticia,
    llenar de luz el vacío de Dios,
    elegir un sombrero de luto que favorezca.
    ¿A qué esperas?,

  • He sido una sencilla profesora de química

    He sido una sencilla profesora de química.
    En una ciudad luminosa del sureste.
    Después de las clases contemplaba el ancho mar.
    Los dilatados, infinitos horizontes.
    Y los torpedos grises de guerras dormidas.
    He quemado mis largas horas en la lumbre
    de símbolos y fórmulas.

  • Georges Seurat: la fábrica

    A Jaceck Walyós

    En las montañas, en las lindes del mapa, allí donde la hierba se vuelve insolente y afilada como bayonetas de desertores, se erige una fábrica olvidada.

    No sabemos si es el amanecer o el ocaso. Sólo sabemos una cosa: aquí, en este tétrico edificio, nace la luz.

    Los esclavos silenciosos de transparentes y angostos rostros de monjes bizantinos hacen girar una enorme dinamo y encienden chispas doradas del amanecer en las partes más remotas del globo.

  • Ignaz Philipp Semmelweis 1818-1865

    En todas sus palabras y acciones
    había una bondad suprema.
    Viena. Casa de Maternidad, la mayor
    del mundo. ¡Qué ocasión tan estupenda
    poder diseccionar cada mañana
    los cuerpos aún frescos de mujer
    en el depósito de hospital!
    Con una constancia más que excepcional
    hacía sus extrañas indagaciones.
    Era bastante calvo, ingenuo
    como un niño, y rechoncho más bien.

  • Einstein y las ondas gravitatorias

    Más allá de la música de las esferas,
    Einstein escucha un tam-tam oscuro
    en el tambor tenso del espacio-tiempo,
    ondas de gravitación pura
    que jamás ha oído nadie
    sino él en sus cálculos.
    Cilindros de acero frío, hipersensibles,
    escrutan el cielo a la búsqueda
    de un eco, de un hálito de onda que no llega.
    Y cada vez son más los que se afanan,
    con instrumentos y números, a explorar
    las más difíciles titilaciones de la tiniebla,
    ritmos escurridizos y elusivos.