Réquiem por el minuto informativo

Juan C. Marcos Recio

Ya no está. ¿Por qué se fue? Él mismo decidió. Quizás haya muerto para siempre.

Teníamos cada día la actualidad informativa. Era la competencia directa de los medios y hasta de las redes sociales, porque cada quien las utilizaba en su beneficio. Era la información al instante. Contada con un estilo muy personal, diverso, singular. La información en estado puro. ¿Nostalgia? Pues claro. Era un momento diferente de la clase. Todos se esforzaban por que su información trascendiera aquellas paredes de cemento armado.

-Mis piernas, ya no tiemblan, dice una alumna.
- Las mias tiemblan cada día en clase , responde otra.
- En mi caso, es pura experiencia, añade un tercer alumno.

-¿Quién lo inventó? ¿A quién se le ocurrió? se escucha entre murmullo al fondo del aula.

Y de ese murmullo sale una frase positiva para el grupo: Fue excitante dicen desde los laterales de la clase; al menos, fue excitante mientras duró. Te veías obligado a seguir la actualidad por unos días para ofrecer tu mejor versión.

De los primeros lugares del aula se escucha entre dientes, bajito como hablando para uno mismo: “Yo sigo soñando con él cada mañana. Es mi amor consentido”.

Estar informados en la actualidad, en un grupo de más de cien personas, es un reto que asumimos al comenzar a estudiar periodismo. Hoy, desde la distancia del deber cumplido, contamos, narramos, ofrecemos nuestras experiencias vividas, de tipo personal, periodístico, humano, tecnológico, etc.

Pero no, no nos engañemos. No si queremos seguir en esta profesión que la mayoría de ustedes decidieron por vocación. Este minuto informativo nos acompañará para toda la vida. Informar es un reto, nuestro reto, que ya superamos en la primera ocasión en la que nos enfrentamos. Periodismo en estado puro.

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La fugacidad de ese eterno minuto que se hace correr conforme en el mundo ocurren tragedias o noticias que lo sacuden y abruman a toda la humanidad. Esos sesenta segundos en los que se sienten los dinámicos movimientos que tiene nuestro planeta. Los placeres de la rapidez que se combinan con la curiosidad y la capacidad de asombro. El elixir que queda luego de ese tiempo es eterno.
La emoción que se sintió cada vez que una persona se ponía de pie para comenzar a enunciar sus noticias, nos pudo sacudir a todos los presentes. Esa capacidad de alcance y de empatía con los demás hace que los mensajes lleguen más claramente. Se pueden disimular los nervios y el susto típico de quienes comienzan a hablar ante una audiencia desconocida. La noticia puede con eso y más. Somos el presente, somos el futuro capaz de llegar a grandes públicos.
Las oportunidades que transcurren son únicas. Lograr demostrar los talentos dentro del aula es un gran privilegio que pocos tenemos durante nuestra carrera. El simple hecho de podernos expresar ante un grupo de más de cien personas nos da ese soporte necesario. Con él podremos comenzar a despertar ese “gusanillo” del periodista.
Reportan desde un tanatorio de Madrid que el minuto informativo no volverá, ya se encuentra dentro de su ataúd. La información que recibieron para su lápida dice lo siguiente:

“Serás siempre recordado por todos aquellos que te tuvimos miedo, por los que te escuchamos en voces de otros, pero por sobre todas las cosas, por aquellos que perdimos el miedo a expresarnos en público gracias a ti.

Parecía sencillo…
Lo sentimos como un reto personal.
Cada uno desplegaba sus mejores artes, para sorprender a todos los oyentes, los mas destacados se sentaban envueltos en aplausos.

Solo es la ultima actualidad informativa comentábamos.
¿Cómo lo enfocamos?
Pon esta noticia es de ultima hora!
¡Cronometradme!
60 segundos de nervios, de dudas e inseguridades pero sobretodo emociones que nos acercaron y motivaron para seguir con nuestro objetivo final: ¡EL PERIODISMO!

Cae la noche y empiezan las noticias de las 21.00, no se habla de otra cosa, Donald Trump ha ganado las elecciones de EEUU, un bombazo , pero yo necesitaba más, no podía quedarme con una sola noticia. Mi minuto informativo debía mencionar la noticia del día, pero también informar, dar a conocer otras noticias que mis compañeros no supieran, así apagué la televisión que no me daba nada mas allá de Donald Trump y empecé a investigar en periódicos, y al fin encontré noticias diferentes, pero otro problema se venia a mi mente, ¿Qué noticia era mas importante? ¿Cuál merecía ser mencionada en mi minuto? No lo supe averiguar.
Llegó la mañana siguiente, a las 10.00 comenzó el minuto, tenía que clavarlo, debía decir todas mis noticias (que eran muchas) lo más rápido que pudiera. Me levanté y comencé a soltar todas mis noticias, quedándome casi sin aliento, fue un minuto si, pero el más largo de mi vida. Sin embargo, al terminar me sentí satisfecha de lo que había hecho, y aliviada de haberlo superado.

El minuto informativo es sin duda una de las cosas que más deseaba desde el principio de curso, me moría de ganas de saber cómo me iba a desenvolver, si la gente me iba aplaudir, si iba a conseguir las mejores noticias…
Sin embargo, la realidad una vez más se puso enfrente mía, pues esa misma semana me puse malísima, muy afónica por lo cual no pude ensayarlo ni una vez porque mi voz se iba debilitando cada día más y más, hasta casi desaparecer…,a la misma vez que estaba súper agobiada por ser de las últimas de la lista, luego no me podía permitir ningún fallo.
El día por fin llego, de camino a clase en el tren recuerdo como estuve tomando mil caramelos y pastillas para que mi voz pudiera ser decente, la suerte estaba echada, mi voz sería la que pondría el punto final a esta historia.
Dieron las 10 al reloj y mi cara de preocupación ascendía…¿Tendría voz o habría desaparecido?…
El profesor dijo mi nombre era mi momento, me levante puse la mirada fija en el papel, respiré por unos momentos y empecé a hablar, para mi sorpresa mi voz era mejor de la que esperaba pero no la que me hubiera gustado, la forcé al máximo y lo conseguí, mi minuto estaba hecho, la espera por fin había acabado.
A pesar de todo, siempre tendré una duda dentro en mí: ¿Lo habría hecho mejor con mi voz real? Nunca lo sabremos…

Minuto Informativo:
A ti que, rebosante de erotismo, me hiciste adicto a tus besos, droga de papel prensa, descubriendo el vicio oculto que escondía cada primicia.
A ti que soñamos juntos durante meses y en las mañanas de miércoles y jueves me hacías recrear con tus suspiros agitados.
A ti que te ponían los segundos en silencio después del colérico aplauso.
A ti que siempre fuiste impredecible a los horóscopos, pues de lo que tratabas ni tan siquiera un brujo podía adivinar.
A ti que fuiste pólvora mojada en un soterrado otoño del que no tenía escapatoria alguna.
A ti que me enseñaste a rozar el vértigo indómito de mi “yo” más primigenio, para vivir el presente con mayor intensidad.
A ti que demostraste que no todo lo que puede seducir se encuentra donde pensamos.
A ti que no te temblaba el pulso evocando placeres y tristezas.
A ti que me quitaste las ganas de todo menos de tenerte conmigo al menos una vez más.
A ti, que aún sabiendo que corría el riesgo de enamorarme, quise conocerte.
Sí. Creo que me estaba acostumbrando a ti, a nosotros.

Tic, tac, tic, tac… ¿¡Cómo es que tan lento pasa el tiempo!?

El minuto informativo demostró que el tiempo es subjetivo que 60 segundos pueden durar mucho tiempo o que, tal vez, sean más largos los minutos de antes, esos en los que deseas escuchar tu nombre en boca del profesor y es ahí cuando respiras profundo e intentas hacer llegar a todos tus oyentes, de una forma especial, las noticias que decidiste destacar.
Gracias al minuto informativo que nos enseñó a temer,a amar y a cuidar el tiempo.

No guardaremos más minutos de silencio, no dejaremos morir lo que aún tiene vida… Viviremos lo que aún no está muerto. Por ti, por él y sobre todo por el periodismo, hagamos un minuto informativo.

“Hola buenos días”; “Hola buenas tardes” no, no, mejor “son las 12 horas en Madrid, las 11 en Canarias” no, no, tampoco. Fue lo primero que pense cuando supe que me tocaría. Luego vino el buscar la noticia. Pero esperen, es cierto que no podía buscarls hasta ese mismo dia. ¿Como me despido? Fatal.
Pase mucho tiempo diciéndome a mi mismo que era una pérdida de tiempo hacer el minuto informativo, y lo admito porque creo que eso es lo mas lindo, decir cuando nos equivocamos y saber pedir perdón. No fue hasta que escuche a Juan Carlos decir: “lo bonito es ver como les tiemblan las piernas pero igual siguen, tienen que controlar los nervios.” (Cita no textual); cuando me di cuenta del trasfondo de todo este asunto, cuando comprendi a que se debieron mis nervios, y cuando finalmente pude justificar esos sudores en pleno invierno.
Es cierto que todos venimos creyendo que hacemos lo que amamos, y claro que queremos trabajar en la televisión en unos años, ahora mismo si se pudiera; ¿pero realmente estamos preparados? No.
Y es muy bonito darse cuenta de eso, es invaluable esa sensación de nerviosismo natural, que espero, jamas desaprezca de mi persona, porque me demuestra que estoy vivo, me lo recuerda cada vez que necesito levantar la voz frente a muchas personas.
Agradezco ese minuto de la vida en que tuve la atención de mas de cincuenta personas, sin ser aún graduado. Es un recuerdo que siempre llevare conmigo.
Gracias por confirmarme que estoy exactamente donde deberia estar, y que frente a mi hay un arduo camino que me llevara a donde me corresponde.

Fugaz y rápido, como las estrellas. Es un minuto en realidad, pero es tu minuto, tu minuto de gloria, de desearlo hacer cada día, porque no es un minuto cualquiera, es tu primer minuto.
Llego a clase con la triste noticia de que un equipo de fútbol tiene un accidente aéreo, no deja de ser noticia pues, todos sentíamos algo de ese avión dentro de nosotros.

El profesor nombra a Sergio Sánchez, yo, tras haberlo ensayado la noche anterior, la mañana al levantarme y en radio, en practicas de Teoría de la Empresa, iluso y confiado de mi, me levanto de la silla y comienzo a hablar. ¿Qué es lo que me ocurre? ¿Pero por qué se me acelera el corazón? ¿Que le pasan a mis piernas? ¿Por qué tiemblan? Muchas preguntas a la vez que das noticias trágicas y alegres, muchas sensaciones distintas, pero, cuando llego a la mitad del minuto informativo, lo siento cada vez con más tranquilidad, noto que mis compañeros me escuchan, atentos a lo que estoy diciendo y dejo de pensar en la aceleración del corazón, ¿Las piernas? Las piernas ya me dan igual y comienzo a disfrutar de lo que es esta carrera y de que estoy viviendo un sueño, no un sueño cualquiera, si no mi sueño, ese que con 8 anitos le decía a mi madre “Mama, yo quiero ser periodista”
Acaba el minuto, los compañeros me felicitan y siento ese sueño, cada vez con más fuerza, y sueño en hacerlo cada día de mi vida, decirle al mundo lo que ocurre, lo que pasa realmente, tener a todo el mundo informado, porque al fin y al cabo, eso es el periodismo, es una necesidad básica para la sociedad, generando su herramienta de trabajo como fundamental, la información.
Por eso me quedo con ello, con el minuto informativo, con el periodismo en estado puro y, con ganas de seguir consiguiendo mi objetivo, mi sueño.

Un minuto, los civiles sirios intentan ser evacuados de Alepo en contra de los militares. Sesenta segundos, en Madrid, el congreso intenta derogar la reforma laboral del PP, a la vez, este intenta lidiar con la presión que el Fondo Monetario Internacional ejerce para que se aumenten los impuestos; entre ellos, el IVA en bares y restaurantes. La sexagésima parte de una hora, entre la nubosidad y los bancos de niebla matinales, SATSE denuncia que en las UCI infantiles de Madrid faltan camas. Solamente un instante es necesario para apreciar la grandiosidad de El Holandés Errante, la obra maestra de Wagner que hasta el 3 de enero se puede disfrutar en el Teatro Real. Sí, todo esto es lo que puede pasar en tan sólo un minuto, mientras se relata la actualidad informativa en el aula 536 de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense.

Recuerdo mi minuto informativo como si fuera ayer. Recuerdo el primer día de esta asignatura, cuando el profesor dijo que íbamos a hacer esta actividad. Yo no me pude poner más nerviosa, siempre he sido de las primeras en la lista y no me apetecía hacer esto.
Pero, una vez más, la realidad fue mucho mejor que mis expectativas. A pesar de que estaba nerviosísima, ahí estaba yo, por primera vez haciendo lo que a mí me gusta, lo que siempre he querido hacer. De pie en mi sitio, empecé a desenvolverme cada vez más, estaba menos nerviosa, aunque no menos de lo que me gustaría. Cuando acabé me dije: ‘‘menos mal, ya está hecho’’. Pero ahora que lo pienso, lo volvería a hacer todos los días. Es más, espero hacerlo. Gracias J.C. Marcos Recio, siempre recordaré que fuiste tú, quién me ayudó a confirmar que esta profesión es de verdad, lo que quiero hacer.

“Qué ganas de quitármelo de encima”, decían unos.
“Me ha salido fatal, tía”, decían otras.
“Te lo recito a ver si me queda bien antes de que me toque”, decía la mayoría minutos antes de hacerlo.
Lo cierto es que al final, el minuto informativo acabó pasando por la boca de todas las personas que estamos en clase, en algún momento u otro. Temido y odiado por la mayoría, ese minuto del que todo el mundo hablaba y que conseguía tener en silencio a 100 personas, se nos ha ido sin avisar.
Nos ha dejado en el recuerdo momentos en los que había folios que parecía que cobraban vida en manos temblorosas, voces que fruto del nerviosismo sólo las escuchaba el de al lado y que en ocasiones se hacía internacional y nos permitía aprender un poco de idioma chino.
Lo cierto es que ha sido una bonita experiencia, tanto escuchar a los demás como vivirlo en primera persona.
D.E.P. minuto informativo, tu padre J. C. Marcos Recio y tus narradores siempre te recordarán…

El esperado y temido minuto informativo
Judit Gordo – Llegó el momento, mi nombre salió de la boca del profesor y eso sólo significaba una cosa: era la hora del minuto informativo. Me puse en pie, y las miradas de más de setenta alumnos se clavaron en mí. En mis pensamientos una voz intentaba calmarme “Judit, esto es tu futuro, tienes que tranquilizarte y acostumbrarte”. La información que yo había seleccionado era variada, no sólo quise centrarme en las noticias que más importancia le habían dado los medios de comunicación, sino tocar más aspectos, menos relevantes para ellos e importantes para mí. Había estado mirando telediarios para acercarme lo máximo posible, lo reconozco, quería hacerlo lo mejor posible. Cuando terminó el minuto, sentí un gran alivio, pero no salí contenta. Me dieron la nota, y para mi sorpresa fue bastante buena, esto me motivó y pensé “quizá este mundo sí que esté hecho para mí”.

El minuto informativo, una actividad que a pesar de ser una actividad formativa nos ha regalado una gran cantidad de momentos, entre ellos muchos nervios y risas. La capacidad de empatizar y expresar a nuestros compañeros las noticias que ocurren a nuestro alrededor nos dan ese pequeño apoyo para ser el futuro dedicado a comunicar y llegar a una gran audiencia. Mantenerse informado de forma detallada de todo lo que ocurre en un día con el objetivo de mostrar la mejor versión de la misma al día siguiente. Este minuto informativo, nos ha ayudado a afrontar este primer reto, el primero de muchos, porque son oportunidades como estas las que nos ayudan a crecer y madurar en torno a esta bonita profesión como es el periodismo.

Cuando el profesor nos anunció que deberíamos realizar un ejercicio llamado El Minuto Informativo aspiré profundamente y un ¡guau! Sonó dentro de mí. Con la de cosas que tengo que contar y que decir es el mejor de los ejercicios.
Pero eso fue sólo al principio, a partir de ese momento mis nervios iban en aumento, lo de hablar en público dejó de parecerme sencillo y, lo que es peor, las estupendas cosas que tenía en mi cabeza pendientes de contar perdían fuerza y me parecían triviales o muy manoseadas por los noticiarios.
Los días previos a ese pequeño instante de no más de 60 segundos, estuve ensayando con mi familia y amigos, sin duda no hay comparación, expresarme con personas de confianza es mucho más sencillo.
He de reconocer que se me pasó por la cabeza la idea de hacer la exposición utilizando una pantalla de plasma; si lo hizo nuestro actual Presidente del Gobierno ¿por qué yo no? Pero pensé que quizá al profesor no le pareciera tan buena idea y lo dejé para otra ocasión, tal vez para cuando llegue a ser Presidenta (quizá exagero un poco).
Mi mayor enemigo eran los nervios y la mejor forma de combatirlos iba a ser enfrentándome a ellos. Cuando llegase el momento me sentaría en primera fila, frente al profesor, sí, esa sería mi zona de confort. Tendría que ser la primera en entrar en clase para que nadie pudiera quitarme el sitio. Efectivamente, esa era la zona más tranquila y cómoda de toda la clase, me podía haber ahorrado más de media hora que estuve esperando para poder elegir sitio; en realidad si alguna fila de sillas estaba libre era la primera fila. Ya no había excusa para los nervios.
Todo estaba bajo control, estudiado y ensayado, el único problema es que ¡cielos! se me había olvidado lo que tenía que decir y cómo exponerlo, la culpa era de un terremoto que hacía que todo se moviese a mi alrededor; por suerte escuché -Laura, tranquila, es sólo un minuto. Era la voz dulce de mi compañera; por lo visto lo de los nervios controlados no era cierto y se podían percibir a bastante distancia.
Examinaba a los compañeros que me precedían con toda la atención, observando sus maneras, fijándome en sus palabras, no quería repetirme. El hormigueo no cesaba, cruzaba mi cuerpo de extremo a extremo y no era el hormigueo infantil del día de los Reyes Magos, ni el hormigueo del cruce de miradas con esa persona que tanto te gusta, era más que un hormigueo, sí, era un calambre de alta tensión (me gusta exagerar un poquito).
Llegó mi turno, me armé de valor y me puse en pie. El cosquilleo seguía y el terremoto regresó. El papel temblaba al compás de mis manos inquietas. Ofrecí una sonrisa y presenté la noticia con todas mis ganas y entusiasmo, necesitaba quitarme este gran peso y demostrarme a mí misma que era capaz de hacerlo, percibí el interés en las caras de mis compañeros y su atención fue lo que relajó mi voz y aflojó mis nervios. Sí, me escuchaban, lo podía sentir, lo estaba consiguiendo y eso me tranquilizó por completo.
Un minuto de vértigo del que me sentí satisfecha, feliz, mi cuerpo recobró la calma, mi sonrisa seguía ahí.
Me senté y mi pensamiento gritó vehemente algunos vocablos que ahora no puedo reproducir. (recordad que me gusta exagerar un poquito)

Desde el primer día de clase, ese en el que todos estábamos nerviosos por un nuevo comienzo, llega el profesor y nos dice que teníamos que hacer un minuto informativo. No fueron nervios lo que sentí sino una incertidumbre muy grande, me preguntaba todo el tiempo como lo haría. Desde que empezaron en clase con el primero, no dejé de escucharlo con mucha atención y desde ese mismo día, comencé a practicar en casa. Sabía que pronto me tocaría por ser una de las primeras en la lista, algo que me daba más presión y a la vez tranquilidad porque sabía que mientras más pronto lo haría más rápido saldría de ese temido minuto.
Enseguida que llegaba a casa, antes de comer incluso, buscaba las noticias del día y así practicaba diariamente, cronometrando el tiempo y grabando mi voz. Hasta que llegó el día, había practicado tanto mis noticias que ya me las sabía de memoria pero como siempre me suele pasar, los nervios se apoderan de mí, segundos antes, tenía que hacerlo, en ese momento no importaba nada más. Hasta que al fin se cumplió el minuto, todo fluyo y mis nervios se fueron nada más acabar.
El minuto informativo es de esas cosas que haces en tu vida de estudiante que nunca olvidarás porque todos compartimos los mismos nervios, todos nos sentíamos iguales y al final todos coincidimos que en que fue una bonita experiencia.

Un minuto,sesenta segundos,lo que dura el recorrido de las manecillas de un reloj. Pero estos no iban a pasar desapercibidos, estos se auguraban intensos.
Era la primera piedra en el camino de un futuro periodista. Ese minuto que ahora vivía con nervios pero que en un futuro algo lejano recordaré con pasión y nostalgia. Hablar delante de mis compañeros, coger ese papel entre mis manos y observar esas veinte lineas negro sobre blanco que tenía que pronunciar sin pausa y con algo de prisa.Todo sumaba nervios.”Nada puede fallar, estamos en directo, pero tranquilo que lo vas a clavar” repetía en mi cabeza. Respiré hondo y comencé con un “Buenos días, son las doce, las once en Canarias…”. Mi intervención finalizó con un pequeño homenaje al maestro Leonard Cohen con la que quise darle un toque humano y tierno a tanta seriedad. Poco después me dí cuenta de que había sido el origen de mi carrera como periodista, mi pequeño minuto de gloria.Una experiencia que al principio resulta vertiginosa pero que en realidad es algo imprescindible.
Y por todo ello solo puedo dar las gracias a este viejo amigo y maestro que ya se nos fue pero que siempre permanecerá en el recuerdo llamado Minuto Informativo.

“Son las 10, las 9 en canarias” ¿quien podría olvidar esa frase? 28 de Septiembre del 2016, a las 10:00, las 9 en mi querida Canarias. Subida a la pequeña tarima de la clase frente a 103 compañeros totalmente desconocidos me tocaba informar de aquellas noticias de última hora. La primera, sí efectivamente, la Aarab Amar que le tocaba romper el hielo con esta práctica. Parecía dificil, la manos me temblaban pero no me dejé llevar por los nervios, salió fenomenal y de eso nunca me olvido.
Sin duda alguna, fue la mejor práctica de la asignatura.

Miedo.
Esa es la palabra que definiría el minuto informativo cuando mi nombre resonó en la boca del profesor. Algo tan simple como hablar un minuto, algo que en mi vida cotidiana era difícil no hacera. Sentir la mirada clavada de 100 alumnos sobre mí durante un minuto que resultó eterno ya que mis manos y piernas temblaban esperando que, cuando éste terminara,la clase aplaudiera como muestra de aprobación, y así fue, un sonoro aplauso deleito mis oídos convirtiendo todo ese miedo en satisfacción personal, en valor y en ganas para confiar en mi capacidad informativa.

Cuando el profesor anunciaba en cada clase las siguientes personas que realizarían el minuto, siempre creía que no sería yo, a pesar de ser de las primeras de la lista.

Hasta que llegó el día en que pronunció mi nombre. A partir de ese momento, el “minuto informativo” pasó a ser protagonista esa semana. No había momento en que no me viniera a la cabeza. Cuando veía una noticia pensaba en cómo quedaría en mi minuto informativo. Estuve pendiente de la actualidad, de las noticias mas relevantes y su evolución durante esos 7 días. Cuando por fin elegí las noticias protagonistas de mi minuto, empecé a decirlo una y otra vez para que, llegado el momento en clase, las palabras salieran solas y sin cortes con esa entonación característica del periodista. Hasta casi cuando llegó el momento, estuve pendiente a de las noticias de última hora por si tendría que añadir alguna en el último momento.

Y el momento llegó, los nervios se apoderaron de mi, mi voz estaba temblorosa, mis piernas flojeaban… Fue uno de los minutos más largos de mi vida, y además no todo salió como quería, pero lo hice y no fue tan mal como yo pensaba. Me sorprendí, porque a pesar de todo, superé esos nervios y la vergüenza de hablar delante de 80 personas que lo único que escucharían durante un minuto sería mi voz.

Era el momento, la oportunidad, necesitaba decirle a la gente y, sobre todo, al profesor que tenía madera para comunicar, que podía ser capaz de entonar bien, de hablar a una velocidad adecuada y todo ello en un minuto. Sólo había algo que corría en mi contra: los nervios. Eran muchos mis oyentes en ese momento, pero no había vuelta atrás y comencé: ‘’Buenos días, son las diez de la mañana, una hora menos en canarias…’’ Gracias por la experiencia minuto informativo, espero volver a vernos pronto en otra ocasión.

En un principio parecía sencillo. Resumir las noticias de última hora en un minuto. A medida que pasaban los días y la gente iba realizando la práctica, yo me ponía más y más nerviosa porque sabía que se acercaba el día en el que me tocaba superar uno de mis mayores miedos, hablar en público. Sentía que tenía mucha presión para hacerlo bien, pues no era de las primeras y ya había visto a muchos compañeros hacerlo antes.
Cuando me tocó, estaba muy nerviosa, buscando las últimas actualizaciones de las noticias para no estar atrasada con ellas, las manos me temblaban y notaba cómo me ponía más y más roja cuando hablaba.
El minuto informativo ha conseguido que, hablando en público, se me entienda todo, o casi todo, lo que estaba diciendo y, lo más importante, a una velocidad que todo el mundo entendiese.
Esta ha sido, sin duda, la práctica más sencilla pero al mismo tiempo la más complicada.

Seré claro y nada petulante:

Gracias, Minuto Informativo, por ser el escaparate de nuestro primer año de carrera. Si no llega a ser por ti, nadie hubiese conocido el talento encerrado que hay en una clase integrada por 100 personas. Ha sido un ejercicio excitante tratarte, así como escuchar el respeto, la entrega y el esfuerzo con el que te narraban.

Y, recuerda, esto sólo es un punto y aparte. El año que viene ambiciosos alumnos te volverán a revivir. Sólo espero que te honren tanto, o más, como lo hicimos los locos de 1ºD

Hasta pronto, amigo.
Te extrañaremos a muerte.

Pasaban los días y escuchaba como mis compañeros anunciaban cada día la frase que daba pie al gran nerviosismo que aquello ocasionaba , pero yo solo me dedicaba a escuchar y mi mente solo a maquinar el momento, si ese momento en el que el profesor nombrara mi nombre para que el minuto sonara al compás del manojo de nervios que conlleva ese momento .El momento llego, mi nombre resono en la clase. Llege a casa emocionada y me puse manos a la obra a última hora de la noche, parecía fácil pero no lo era. A la mañana siguiente los nervios eran inevitables, mirar el reloj mil veces para ver que hora era y llego la hora, me levante con decisón, pero nunca pensaría que con lo que gusta a mi hablar no articulara palabra alguna, pero finalmente acabe mi minuto informativo y todos aplaudieron, no podría definir la satisfación que sentí en ese momento. Por todas las emociones que me causaste, hoy te doy las gracias por la experiencia minuto informativo.

Las 10.00 de la mañana. Miras con cara de preocupación y nerviosismo a tus amigos de clase. “Ya es la hora. Tranquila, todo va a salir bien.” te dicen. No puedes evitar el movimiento constante de la pierna por los nervios. Primer día del minuto informativo y te toca a ti, es lo que hay Laura.
El profesor nos empieza a nombrar, uno por uno, por orden de lista. “Laura Almadén, eres la siguiente”, dice. Noto las miradas cómplices de mis compañeros, aun así, no puedo evitar tener miedo.
Miedo, quizá fue ese sentimiento el que me hizo no dar el 100% de mi misma en esa famosa práctica. Me quede insatisfecha, lo admito. Pero, he de decir, que siempre recordare el famoso minuto informativo con mucho cariño, ya que ha sido una de las pocas prácticas que dan esa esencia a la carrera, haciéndonos recordar el por qué elegimos estudiar periodismo.

En algún rincón andará aquel papel. Aquel papel, con el que todos nos sentimos un poco más periodistas. Aquel papel, en el que esa misma mañana, actualicé las noticias que había redactado el día anterior.
Llegué segura a clase, lo había preparado y no debía tener miedo, sin embargo dos de mis compañeros que también informaban aquel día estaban de los nervios, yo les decía venga chicos que no es para tanto. Hasta que la persona que iba antes de mi habló, y habló tan perfectamente bien que se me cayeron los esquemas y la seguridad encima. Todos aplaudimos, mi cabeza era un caos, ¿cómo iba yo a superar aquello?, ¿cómo iba a ocultar mi acento murciano? No sé ni de donde saque el valor pero lo hice, he pasado semanas pensando que fue un desastre, pero friamente no estuvo tan mal. Ya estuvieron ahí mis amigos para decirme que había estado genial, que se me había entendido y que no me preocupara, ¿para qué está la clase si no es para apoyarnos unos a otros?
Recuerdo que terminé diciendo que era el Día Contra el Cáncer de Mama, y quisiera aquí también despedirme en favor de todas y todos los que luchan, cada uno con su cruz. Ojalá algún día podamos dar noticias bonitas, y que nosotros como periodistas, sigamos flotando en esta nube en la que nos subimos al dar el querido y odiado minuto informativo.

Todos te miran. Todos te escuchan. 60 segundos. Buenos días son las diez, las nueve en Canarias y comenzamos con el minuto informativo. 50 segundos. La voz tartamudea, el cuerpo tiembla y las manos sudan. 40 segundos. Has empezado rápido, mejor frenar…. no vaya a ser que te esté cronometrando y se dé cuenta de que en realidad te dura poco. 35 segundos. Vas bien, pero entona fuerte que las noticias de política suelen aburrir y la gente desconecta. 30 segundos. Acuérdate de respirar, que si te ahogas luego queda mal. 25 segundos. En la parte de deportes menciona bien alto al Real Madrid, que es su equipo y aunque parezca que le da igual le importa y mucho. 15 segundos. Di que va a hacer buen tiempo, da igual que sea mentira, el buen tiempo siempre suma puntos. 10 segundos. Tarda en despedirte que has ido tan rápido que no llegas al minuto. 5 segundos. Y esto es todo, seguiremos informando en las noticias de las 12. Que pasen una buena mañana.

No era solo ese minuto lo que nos producía pavor, sino que todos teníamos un pensamiento común, ¿y si no hay noticias interesantes para cuando me toque ese minuto informativa? ¿Y si no son relevantes? pero siempre, había algún compañero que con su generosidad decía mirad este enlace puede ser interesante esa noticia, así rompíamos el hielo y empezábamos a preparar el minuto…
Un minuto, 60 segundos eternos pero a la vez fugaces, voz quebrada por los nervios, y en mi cabeza solo una frase “Relájate, solo tienes que leer lo que tienes escrito, con voz clara e intentando pronunciar todo para que me entiendan” la realidad fue otra, mi voz salió entrecortada durante 59 segundos, justo lo que duró, al límite de esos 60 segundos.
Siempre te recordaremos, a pesar de que nos hiciste sufrir, agobiarnos y sentir miedo, pero fue un honor recitarte.

Relatar la actualidad en un minuto parece divertido. Contar sencillamente lo que te parece mas importante e interesante, y descartar lo demás. Pero cuando tienes cien personas escuchándote, clavándote la mirada, listos para no aplaudir, entonces ya no es tan divertido…
Mi experiencia durante esos sesenta segundos fue satisfactoria. Sin embargo, en los sesenta segundos de algunos compañeros, mi empatía devoro mi ego y me sentí vergonzoso y ansioso porque la tierra me tragase.
Hablar en publico no es igual de fácil para todas las personas. El fugaz minuto es muy útil para romper las barreras que impone tu miedo y desenvolverte de una vez por todas. Pero así es, fugaz, y ya se ha ido. He de confesar que todavía es bonito en mi memoria.

Buenos días son las 10h, una hora menos en Canarias y comenzamos la mañana despidiéndonos. Se acabó. Fin. Adiós. Se acabó el escribir una y otra vez las noticias hasta lograr la definitiva, el cronometrarse en casa para ver cómo vas de tiempo, el preguntar a tus amigos si está bien, si falta algo y si hay que mejorarlo. Ponemos fin a esos temblores que no nos dejaban ni leer el papel. Adiós al eterno minuto. Nuestro minuto informativo, la primera experiencia, esa que siempre llevaremos con nosotros.

Nunca pensé que un minuto fuese a dar tanto de sí. Aquel minuto que nos llamaba a las diez de la mañana era más que un minuto, era un cúmulo de sensaciones que volaban dentro de la clase. Allí dentro se podía sentir miedo, alivio e incertidumbre por saber quien era el siguiente.
De pronto me tocaba a mi, después de varios meses había llegado mi turno. Aún recuerdo la tarde anterior ensayando una vez tras otra como recitar el minuto sin quedarme corta o pasarme de tiempo, ya me lo sabía hasta de memoria.
Y por fin el jueves llegó, y no había marcha atrás, los nervios desaparecían, yo vestía mis mejores galas y mi voz era perfecta para llenar aquella sala; sin embargo no recuerdo la energía que puse, ni el tono, ni si conseguí llamar la atención de todos mis compañeros, pero lo que sí recuerdo fue el alivio que sentí al acabar aquel minuto y las ganas de repetirlo.
Porque sí señores esto es el minuto informativo y solo sabe de lo que hablo aquel que lo ha vivido.

Me puse en pie, agarré un bolígrafo, para tener las manos ocupadas, y empecé. Cuando narraba el cuarto titular, me tembló la voz. “la cagaste´´ pensé…. Conseguí rehacerme y terminé mi minuto. No hicieron falta aplausos, yo me sentía satisfecho. Tanto, que en días en los que hay noticias interesantes, me entra el gusanillo por hacer un minuto informativo.

Una semana antes:
Estoy en la lista para hacer el minuto informativo. El profesor me nombra, desde ese momento solo tengo en mi cabeza “el minutito”, ¿cómo lo hago?, ¿qué digo?, ¿estará bien? “Uf” ¡que estrés!
Busco información por casi todos los periódicos, todas me parecían importantes, pero claro tenía que seleccionar las que me resultaban relevantes. Bueno, creo que esto ya está, a ver cómo me sale el hablar delante de todos los compañeros (nudo en el estómago), la noche antes casi no pude dormir.
Llega el día “M” (de minutito), encima la primera en hablar (me muero). Le hecho valor y empiezo. El nudo en el estómago se convierte en “descomposición general”, intento relajarme. Según voy hablando, parece que me voy calmando un poco, ¡y que no pasan los segundos! Hasta que por fin termino.
En ese corto periodo de tiempo a pesar de haberlo pasado fatal me hizo superar miedos e inseguridades vinculadas a mi personalidad. Me di cuenta de que esta profesión me gustaba, que era capaz de hacer cosas que nunca me hubiese imaginado como el hablar en público. Espero que esto me sirva para ir superando barreras y poder hacerlo cada vez mejor y todo esto gracias a ese minuto, creo que al final se lo tendré que agradecer.
Nunca te olvidaré.

Ya está. Tienes tanto sueño que apenas puedes mantener los ojos abiertos, te escuecen las retinas de estar mirando la pantalla del ordenador tanto rato seguido y vas a acabar sacando músculo en el brazo de tanto refrescar la página principal de “El País” cuando das un golpe mental de autoridad y dices “ya está, hasta aquí hemos llegado”. Entonces es cuando empiezas a seleccionar las mejores noticias, a redactarlas.
A la mañana siguiente tienes el miedo en la garganta. ¿Le gustará así? ¿Debería haber metido más noticias culturales? Me he dejado deportes porque todo el mundo lo dice pero a lo mejor debería haber mencionado algo… ¿Y debería mirarme alguna noticia de esta mañana? Pero tengo que controlar el tiempo, que si no voy a parecer Eminem en “Rap God”… Mira, mejor dejarlo como está y que sea lo que Dios quiera. Alea iacta est, como dicen los latinos.
Llegan las doce, ves que no dice nada, te empieza a latir el corazón a mil, pareces un colibrí batiendo las alas. Hasta que por fin empieza. Y eres el primero. Te pones de pie, miras al frente, intentas controlar la respiración, tus amigos te ponen el cronómetro del móvil al lado de la mesa y tú empiezas a plantearte si no habría sido mejor meterse a Derecho…
Damas y caballeros, que comience el minuto informativo.

El minuto informativo, una experiencia vivida el primer cuatrimestre de un curso totalmente nuevo. Cuando nos dijeron que teníamos que hacer dicha actividad nuestras caras eran variadas, desde el miedo hasta la ilusión. Desde el día que supe que la semana siguiente me tocaba a mi, no paraba de pensar como me iba a salir. En el momento en el que el profesor pronunció mi nombre para narrar mi texto el corazón me empezó a latir muy rápido y mis manos temblaban. Cuando terminé me di cuenta de que no era para tanto y que lo podía haber hecho mejor. En conclusion, es un buen ejercicio porque ayuda a perder el miedo de hablar en público.

Carraspeo. Me peino (¿por qué?, si esto es la radio, nadie me va a ver). Apoyo el papel sobre la mesa, para que no me tiemble la mano. Estoy tranquilo. Es mi turno. Es mi momento. Ahora yo tengo el control. Me encanta.
Comienzo a comunicar. Las palabras salen de mi boca transformando mi voz en la mejor melodía mañanera. Alguien me escucha. Alguien está atento. Alguien me agradece lo que hago. El mundo no se detiene. El mundo no espera a nadie. Y yo soy el encargado de contar sus miles de historias y de noticias.
Se acaba mi jornada. Estoy volviendo a casa. Tengo veinticuatro años. Soy periodista y locutor de radio. Y soy el mejor. Soy la voz que nadie conoce, pero que todo el mundo adora.
Echo la vista atrás y recuerdo la primera vez que estuve cara a cara con la que será mi amante durante toda la vida. Recuerdo cómo me seducía. Recuerdo cómo me amedrentaba. Llegó el momento: mi primer minuto informativo. Tengo 18 años y he narrado un minuto informativo mediocre, del montón. Ese día me prometo a mí mismo que seré el mejor. No por mí, sino por él. Se merece más. Es demasiado bello. Su misterio me atrae tanto que pierdo el miedo, lo daré todo por él.
“Buenos días a todos, les informa Javier Jennings Mozo”. El minuto informativo murió. Pero yo me lo llevé conmigo.

Sesenta segundos en los que el mundo sigue cambiando.
Desembuchas un minuto de actualidad, pero quién sabe si en ese mismo instante te ves obligado a informar de un suceso de última hora. Estamos muy bien comunicados, los medios avanzan, pero las catástrofes no las controlamos.
Narramos y contamos, vemos y oímos cómo personalidades políticas fallecen, futbolistas acusados de fraudes fiscales o cómo se viraliza en Internet un simple vídeo de una bofetada.
Es tan grande la responsabilidad de exponer una serie de noticias, que produce vértigo pensar cómo los nervios podrían traicionarte y adelantar 2 horas a las Islas Canarias, olvidarte de un silencio de una coma y ahogar la respiración, adelantar tus palabras en correspondencia a los vídeos que aparecen en el fondo.
Quizás eso último sea lo más complicado; los nervios y la tensión de explicar sucesos a una clase de más de un centenar de personas lleva al extremo la inquietud y la excitación, así como el morbo por el triunfo. Esa inquietud puede acelerar tus pulsaciones y ahogar tus pulmones, necesitando tan sólo un segundo de descanso aún sabiendo que las imágenes no van a tomarse ese descanso y serás el responsable de retomar el ritmo y los espectadores puedan entender todo aquello que vean y escuchen.

Se acabó el minuto, esos 60 segundos en los que te sentías protagonista y eras invadido por los nervios y la angustia, en los que decidías si salir corriendo o quedarte, con ganas de expulsar los conceptos que informasen de manera veraz y objetiva, como base de un buen periodista.

Se palpa en el ambiente la inquietud. Todos quieren hacerlo bien. A mi alrededor oigo comentarios, aunque no los escucho pues tengo la mente en blanco, intentando calmarme, expulso el aire por la boca. Así es la profesión, hay que mantenerse firmes y saber canalizar la tensión.

Pero… ¿Murió? o ¿está agonizando? es algo que hasta hoy ignoramos, no sabemos su futuro, solo sé que estará en nuestros recuerdos, el querido pero temido, minuto informativo.

Mi corazón bombeaba rápidamente. Mis manos sudaban. El minuto estaba a punto de comenzar. “Buenos días, son las 10 de la mañana, las 9 en Canarias…”. Noticia tras noticia iban pasando los segundos. 57″, 58″, 59″ y cuando me quise dar cuenta todo había acabado. Y entonces respiré, y recordé por qué estoy aquí. Y es porque me encanta.

En la página dedicada a los obituarios en aquel periódico del primer cuatrimestre se encontraba su nombre. El minuto informativo ha muerto, larga vida al minuto informativo. Aquel minuto que, como cada mañana de los miércoles y jueves, resonaba entre las cuatro paredes y la gran columna que formaban el aula 537 tras el sonido de la puerta abriéndose para dar paso a los más rezagados.
“Son las diez, las nueve en Canarias”. Así solían comenzar la mayoría de los alumnos que, con las manos temblorosas, se encaminaban a recitar la actualidad intentando imitar a aquellos que tantas veces habían escuchado a través del transistor.
La primera experiencia periodística emprendida por unos novatos deseosos de aprender lo que en un futuro podrá llegar a ser su día a día, su minuto particular.
“Esto es todo, que pasen una buena mañana y volvemos en diez minutos con más noticias aquí, en radio complutense”.

Es jueves. Las 12 de la mañana y en el aula prevalece el silencio. Todos saben qué significa eso. La hora ha llegado. Llevaba toda una semana preparándome para ese momento, ese preciso momento en el que el profesor articulara mi nombre. Y yo ahí, exánime de miedo, respiré hondo y comencé a recitar las noticias para que todos conocieran mi esfuerzo de un completo día de rastreo noticiario.
- “Yo puedo”- me decía entre algún “tiriteo” ocasionado por los nervios.
Durante toda mi vida había jugado a dar informativos y ahora, por una simple práctica, que no era más que otro solaz, me temblaba todo el cuerpo. Supongo que es normal, todos tenemos miedo a hacer algo de verdad por primera vez.
Primer contacto con el mundo periodístico y yo estaba muerta de miedo. Pero todo llega, y mi momento había llegado. Me armé de valor y… lo conseguí.
Sesenta segundos habían pasado, sesenta segundos que me hicieron descubrir lo que era el periodismo. Supe que verdaderamente ésta carrera me haría afortunada y que ese era mi futuro, ser feliz con mi trabajo.
Feliz escrutando información, feliz elaborando información y feliz compartiendo información.

Dos de noviembre de 2016.
¿Trump o Clinton?. Mossul, el ISIS. Wall Street. La contaminación en Madrid. Los partidos de la jornada. Tantas cosas por decir…

”Un minuto”. Las noticias más importantes del día.
Pueden pasar tantas cosas? Si, pueden. Y yo tendría que condensarlas en ”UN MINUTO”.
La noche anterior y ese mismo día por la mañana: enciendo la tele, refresco la aplicación de noticias de mi móvil, en el ordenador diez periódicos abiertos.
Noticias, quiero noticias.
¡Que complicado es elegir! Cuales son las importantes? Esto interesará?. ”Un minuto” era lo que resonaba en mi cabeza.

Llegaron las tan temidas doce de la mañana.
”Carolina Cifuentes, te toca”.
Tenía por delante un minuto, quizás el más largo de mi vida. Un minuto marcado por los nervios, el miedo y las dudas, muchas dudas. La que más me preocupaba:¿Estaré hecha para esto?. Y más miedo.
Las palabras empezaron a salir de mi boca, mi voz temblorosa y mi corazón a mil por hora. Por primera vez en mi vida estaba dando noticias, ahí de pie delante de más de cien personas.
”Esto es todo, muchas gracias, seguiremos informando” mi última frase. Fin, se había acabado el tan ansiado minuto.

Que intenso!! Qué bonito es el periodismo,fue lo primero que pensé. Mi gran duda aclarada, sí estoy hecha para esto.

Si algún día me preguntan que fue lo que marcó mi primer curso en la universidad, probablemente sea este minuto de X despejadas.

“Son las diez de la mañana, las nueve en Canarias y comenzamos con el minuto informativo”. Así es como solíamos comenzar el gran minuto informativo casi todos los alumnos. Llegábamos a las nueve de la mañana pensando únicamente en ese momento, y cuando llegaba, nos levantábamos temblorosos y con el miedo en el cuerpo por no equivocarnos. En ese instante, toda la clase se gira y te mira para saber quién eres y escucharte. Entonces pasa el tiempo más rápido de lo que pensabas y ese minuto se convierte en pocos segundos.
Ese minuto informativo se convertía en una forma muy eficaz de enterarte de las noticias más importantes del día anterior y de lo que ocurriría en la capital en los siguientes días. Un momento que echaremos bastante de menos.

Es curioso que algo llamado minuto dure en realidad un suspiro. Suspiro eterno. Las palabras se articulan unas detrás de otras mientras cien pares de ojos penetrantes esperan saciar sus ansias de información. Y te equivocas y te trabas, pero te da igual. Es tu minuto, tu experiencia. Tus ganas de aprender delante de tus colegas de vocación. El tiempo transcurre mientras tú informas como puedes, tan insignificante. Y te aclaman… o no. Y tú estás satisfecho… o no. Pero te ha durado un suspiro la que siempre será tu primera vez. Un suspiro eterno. ¿Muerte? No se puede matar algo que es eterno.

Zaijian, xiexie… Adiós y Gracias en mi idioma, es todo cuánto tengo que decir al “minuto informativo”
Como soy extranjera, El profesor me permitió usar chino y español para el minuto informativo.
Al principio use mi lengua materna el chino. Pero no fue muy adecuado, hable lentamente…
¡Es mi lengua materna!, No puedo fallar- Me decía
Cuando empecé a hablar español,me relaje gradualmente.
El minuto informativo no es terrible, sólo es un ejercicio, tengo que esforzarme, lo voy a conseguir
¿Por qué estaba tan nerviosa? posiblemente porque soy extranjera, y mi español aun no es muy bueno, también es intimidante tener tanto público escuchando, y más hablando en una lengua que no dominas.
Pero todos estos obstáculos han merecido la pena, yo en particular he mejorado mi expresión oral como extranjera, pero creo que hablo en nombre de todos si digo que a través de el minuto informativo, todos hemos aprendido.
Hemos visto muchos tipos de periodismo, y aunque el minuto informativo, se inició como una actividad formativa nos ha regalado una gran cantidad de momentos, y nos ha iniciado en lo que será nuestra querida prefesion; el periodismo.
Por todo esto solo puedo repetir. Zaijian, Xiexie. Adiós y gracias

He decidido ser sincera. He decidido dedicarme estas líneas a mí. El minuto informativo no ha sido la hazaña de mi vida, ni algo que me inspire a filosofar o hacer poesía, ha sido uno de los incentivos que ha hecho plantearme si realmente quiero seguir con esta carrera, si realmente valgo, y no sé si me da más miedo no valer para lo que creía que me gustaba o darme cuenta de que directamente no me gusta y me he equivocado.

El primer día que Don Juan Carlos Marcos Recio se plantó en mitad del pasillo y comenzó a recitar con su gracia tan particular su propio minuto informativo quedé encantada, pero mi sentimiento cambió cuando dijo que sería algo que todos deberíamos hacer. Al principio decidí afrontarlo con ganas, pasaron las semanas y eran más los compañeros que habían superado la prueba, y la gran mayoría con un éxito aparente. Era mi turno. Sé que es un escaso y absurdo minuto, sé que es recitar tan solo un par de noticias, sé que hablar en público no es ningún sacrificio, y al que fin y al cabo, era como hablar con mis compañeros en cualquier otra situación, eran ellos los que iban a escucharme enunciar ese minuto. Envidio a esas personas capaces de tomar el control y disfrutarlo, disfrutar su momento y aprovecharlo para triunfar. Por el contrario y como era de esperar, mi minuto informativo fue caótico; mis manos temblaban, al igual que mi voz, y esos 60 segundos se me hicieron eternos hasta tal punto que las 4 noticias que había practicado una y otra vez el día anterior, perdieron su sentido en mi cabeza y de no haber tenido un guion no habría podido soltar ni una palabra. Caí rendida en mi silla al finalizar sin sentir ningún indicio de satisfacción.

El minuto informativo no es una simple práctica a la que no se le deba dar importancia, todo lo contrario, ha sido la primera toma de contacto con nuestro supuesto futuro, y yo no fui capaz de superar un estúpido minuto. Aún no tengo claro si debo tomármelo como un reto para continuar o como una supuesta derrota, y a pesar de que no considere que rectificar signifique haber perdido, sería una gran decepción para mí.

Buenos días, son las 10, una hora menos en Canarias y comienza la despedida del minuto informativo.
Resumir el día en un minuto fue algo que jamás creí que podría hacer. Realmente pensé que no estaba capacitado para hacerlo. Imitar un minuto que a las 8 de la mañana escuchas en la radio en el coche mientras vas a clase. Pensaba en la valentía que tiene el locutor al que admiras y ves que hace real lo que gracias al minuto informativo he podido hacer en clase durante estos meses. La sensación que sientes al ver a tus compañeros hacerlo se divide entre miedo y ansia, un miedo por no poder igualar su trabajo y ansia por querer “comerte” un micrófono imaginario para contar la actualidad al resto de la clase de la mejor manera posible. Pero cuando llega el día, las cosas cambian. Te levantas antes, con más nervios, el paseo en metro se hace más largo y te cronometras mentalmente diciéndote a ti mismo que lo vas a bordar mientras esperas a que lleguen las 10 y te sientas periodista por un minuto. Largo minuto, pero intenso, en el que la voz flaquea y el corazón ejerce su función con una fuerza mayor de la habitual a esa hora de la mañana. Con un gracias y buenos días desde una clase de la Universidad Complutense sentí que debuté como periodista, y me despedí de mi primera vez en frente de un público, que como yo, ha hecho realidad su vocación por 60 segundos.
Bueno, alguno más, o alguno menos. Pero su recuerdo se quedará mucho más tiempo grabado en nosotros.

Último miércoles de septiembre, tercer día de clase. El profesor hizo su minuto informativo y explicó después que todos teníamos que hacerlo durante el curso. Me flipó. Era la primera actividad práctica que hacía directamente relacionada con en el periodismo. Citó los primeros nombres de la lista con un tono de voz normal y, con el murmullo de la clase, a penas se escucharon con claridad. Yo sabía que había dicho el mío.
Por primera vez en diecinueve años llegué a casa con ganas de hacer los deberes. Parece broma, pero no. Estas eran el tipo de cosas que yo esperaba hacer en esta facultad; cosas en las que me gustara trabajar.
Me lo preparé bien, lo ensayé quinientas veces y aunque no me lo sabía del todo perfecto, iba confiado (quizá demasiado). Sabía que me pondría nervioso pero era consciente de que entraba dentro de lo normal en una primera intervención en público.
Llegaron las doce del jueves y, fui el tercero en tener que ponerme de pie. Joder, pues sí estaba nervioso. Me costaba recordar cada noticia como si no la hubiera leído mil veces antes y tardé seguramente más de un minuto en contar mi “minuto” informativo; fue un desastre. Probablemente el mayor error fue no llevar una hoja de referencia por si me quedaba en blanco. Pero ya era tarde para prevenciones.
Honestamente, en su momento salí muy descontento pero la conclusión que sacas al final es positiva, fue una buena primera toma de contacto con la narración en directo que espero que me sirva de experiencia para el futuro.

El minuto informativo, el primer reto de ésta etapa. La primera toma de contacto con el mundo de la información. La oportunidad de comprobar si tu voz, unida con entusiasmo y una gran dosis de ilusión, podría llegar a unos oyentes sedientos de noticias. Un minuto en el que lejos de generar nerviosismo, permitió que me sintiera sólo únicamente frente a un imaginario micrófono en un estudio de radio insonorizado. Pasados sesenta segundos, mi cabeza lo tuvo claro, la radio era mi destino.

Qué fácil era decir ¨ yo puedo ¨ y qué difícil era demostrarlo.
Cada miércoles y cada jueves, desde el inicio de la aventura del primer año de Universidad, se ha visto a gente temblar de miedo, algunos incluso han querido echarse a llorar. Otros han tenido ataques de risa curiosos.
Parecía fácil estar delante de una cámara, ver en Youtube como cualquier persona es espontánea, como no tiene ansiedad al hablar frente a miles de desconocidos.

¨Vamos, sesenta segundos no pueden ser para tanto¨, pero a la hora de la verdad, este Arte es una complejidad.

Lo oscuro de informar sobre lo que sucede, es que tienes que caer en la conciencia de lo negro que se ha ido volviendo el mundo. Tienes que saber y aceptar que ser periodista no va a ser un trabajo feliz, no vas a reírte a diario. Pero si vas a crecer sin medida; Vas a convertir la realidad en algo tangible. En un trabajo que ligue a las personas con la verdad sobre su alrededor.

Y eso era el minuto informativo.
Aceptar leer cada día, preguntar a cada momento, desentrañar lo que sucediese y traducirlo para personas que, no están preparadas aún para aceptar como se ha descarrilado el tren de la vida.

Cuando nos levantamos de la silla, podemos creer que temblamos por ser juzgados, por no ser lo que nosotros mismos esperamos. Pero detrás de todo eso, se encuentran los hilos que unen la conciencia de lo que contamos, el tono con el que comunicamos. La empatía que sentimos cuando una persona es asesinada o un bebe nace en la otra parte del mundo.

¨ El pánico para un buen periodista no irradia de su exposición al público, sino en saber que lo que va a exponer, va a afectar a cómo mirará el mundo ese mismo público ¨

Aquel momento en el que escucho mi nombre se me encoge el estómago. -¡Yo puedo!- me digo a mi misma. Pero sé que esta vez es diferente a los anteriores ensayos en casa. Esta vez hay cerca de cien personas observándome. Me levanto, cojo el folio con manos temblorosas y espero a que todo el mundo esté en silencio para empezar. Con muchos nervios doy comienzo al minuto informativo, intentando pronunciar alto y claro. Segundo a segundo los nervios van cesando hasta poder disfrutar de ese momento de protagonismo. Cuando me quiero dar cuenta ya he terminado. Se me escapa un suspiro y reconozco que ha sido una grata experiencia que no me importaría repetir de nuevo.

Las doce en punto de uno de los primeros días de clase. Se levanta el profesor, tiende su móvil a una alumna y comienza a decir algo así como:
“Buenos días, son las 12 en punto del miércoles 28 de septiembre, mi nombre es Juan Carlos Marcos Recio y les traigo el minuto informativo de Radio Complutense.´´, los 50 segundos restantes se llenaron de las principales noticias del día, y al finalizar, cogió el móvil y pausó la grabadora.
Quizá es en este momento cuando mejor se puede analizar la personalidad y, hasta me atrevería a decir, la vocacionalidad de cada una de las 107 caras observadoras. Cada una a su manera: caras de felicidad, llenas de una especie de entusiasmo infantil y aspiraciones, caras de perpejlidad y desconcierto, caras con el ceño fruncido o algunas a las que 60 segundos les suponía demasiado para permanecer atentas.
A continuación, el profesor levantó el rostro del teléfono y con una sonrisa nos dijo “Ahora vais a tener que hacer esto vosotros cada día´´ y este, fue el comienzo de más o menos, 100 minutos de periodismo particular. 100 minutos de reflejar cada una de las 100 caras del primer día, en la manera de contar noticias. Para mí, eso ha sido el minuto informativo, 60 segundos de hacer el periodismo nuestro, la primera vez que desgraciadamente no estaremos influenciados por nadie más que nosotros a la hora de dar información, aunque quizá lo estemos indirectamente según cuáles sean nuestras fuentes.

Si ya lo hice frente al espejo y frente a mis compañeros de piso, en clase estará chupado, eso pensaba yo, que incrédula. El día que me tocó hacerlo fue un auténtico caos. Ese día perdí el metro, casi me caigo subiendo las escaleras de la universidad y por si fuera poco teníamos una práctica, y claro cómo no, a clase habían asistido casi todos y no había asientos libres al principio por lo que tuve que sentarme en una de las últimas filas. El agobio ese día era máximo, hice la práctica lo mejor posible y empezaba el show. Recuerdo que solo pensaba en: María pronuncia bien, quita el acento como puedas, deja de sesear, ¿se confundirá con la otra María Martínez?, ¿me escuchará?, ¿se me entenderá bien?, y si me voy antes de empezar…hasta que mi mente hizo clic y pensé María estás aquí porque tú lo has decidido, y acto seguido me nombró. Tierra trágame, las piernas me temblaban cual flan, pero ahí estaba yo levantándome de las últimas, alzando la voz, seria y corrigiendo mi seseo. La adrenalina recorría todo mi cuerpo, pero acabé, fue rápido pero excitante. Una de las mejores sensaciones que hay es saber que estas en el lugar correcto y haciendo lo que llevas soñando desde pequeña, y ese minuto me lo confirmó.

Vuelve, que tienes hueco en el recuerdo de una clase donde aún se habla de ti.

Vuelve, y quiebra nuestra voz mientras informamos de sucesos que sacudieron vidas, que amargaron días y que alertaron despedidas.

Vuelve,haznos temblar con tu sombra en la nuca a las diez, que siempre fue demasiado pronto y ahora lo sentimos tan tarde.

Vuelve que los aplausos que nos regalaste aún resuenan en los recodos de lo que quisimos ser, y seremos.

Vuelve, que ningún miedo fue tan efímero e intenso, y solo queremos vivirte una vez más…todos los días.

Quizás nos adelantamos, nosotros siempre un paso por delante. Predecimos el suceso antes de que se diera gracias a nuestra intuición de periodistas que llevamos dentro. Por ello, en vez de hacer un minuto de silencio por el réquiem, hicimos un minuto informativo. Hablar en vez de callar. Dimos pie a un minuto, pero, ¿cómo unidad de tiempo?, o ¿de sentimientos?

Un simple minuto sirvió para poner a más de un centenar de alumnos en común. Aun con vidas completamente opuestas que se acababan de juntar, ya habíamos compartido sesenta segundos con sentimientos muy similares. Por tanto, no fue el minuto lo que nos unió, sino los emociones que todos experimentamos. Qué curioso resulto que en la infinidad de un instante tantos corazones se unieran.

Ante un reto de tal magnitud en el que uno no es más que un principiante lo primero que viene a la mente es la duda, la cual se rige por una pregunta: “¿Seré capaz de hacerlo?”, o para ser más exactos: “¿Seré capaz de hacerlo adecuadamente?”. Bueno, al final, como bien he dicho al principio, se trata de un reto, y como tal, éste se basa en la voluntad, por lo que acabé superándolo a modo de aprendizaje, no sin antes haber considerado detenidamente sobre qué informar, pues aunque la información abunde, hemos de asirla con pinzas.

Decía Shakespeare eso de que ”Las improvisaciones son mejores cuando se preparan”. Yo lo tenía todo preparado, pasado a limpio mil veces, cronometrado otras dos mil.

19 de octubre. Más de cien miradas curiosas en la nuca. El papel sobre la mesa para disimular lo mucho que me temblaban las manos. El corazón latiendo a tres mil por hora.

Un minuto después había acabado todo. Ya solo me quedaba escucharlo en otras voces, voces muchas veces desconocidas, pero que me ponían la piel de gallina, me contagiaban esos nervios, o la seguridad que desprendían otros.
Nunca una primera vez dolió tan poco.

Tras conocer su existencia, mi subconsciente dijo: “No, no, no”. Pero con el paso de los días, descubrí que más que un obstáculo era una oportunidad. Una oportunidad de aprender, de probarme a mí misma, de informar sobre lo que para mí ese día era realmente importante. Pasó de ser algo que producía miedo, a convertirse en una rutina maravillosa en la que tus compañeros informaban sobre la más rabiosa actualidad.

¿Cómo transmitir información de los 194 países del mundo en un tiempo escueto? ¿Cómo contemplar noticias de todas las temáticas posibles en tan solo sesenta segundos? ¿Cómo difundir un mensaje claro, conciso y directo? Esto solo lo sabe quién ha disfrutado del minuto informativo.
Nervios, presión, angustia y tensión a la vez que conocimiento, liberación y gratitud son las sensaciones que te ofrece. Saber que debes informar a tus oyentes de noticias interesantes a la vez que sinceras, todo esto en un tiempo récord, es un trabajo difícil a la par que gratificante.
Ingenuo aquel que piense que realizar un minuto informativo es tarea sencilla y que cualquiera puede realizarla. Pues para hacer un minuto informativo en condiciones, requiere conocimiento de qué está pasando, dónde está pasando, cómo está pasando, sobre quién está pasando el hecho sobre el cual informarás.
Hoy te recordamos como bien mereces. Nunca vas a ser una simple tarea a realizar para obtener una nota en la universidad, si no como la mecha que prende nuestras ganas por transmitir aquello que debe ser transmitido. Gracias, minuto informativo.

Un caso más de violencia de genero en nuestro país, la caída de la bolsa española, la victoria del Real Madrid en Champions League… Era el encargado de transmitir esas noticas a todos mis compañeros, es algo que siempre he amado, contar las noticias principales de nuestra sociedad al público y en directo. Era el momento para demostrar a mis compañeros, profesor y a mi mismo, que yo valgo para este mundillo, el principal adversario de todos nosotros, eran nuestros propios nervios , miedo por fallar, por equivocarnos, unos lo hicieron mejor que otros, hemos aprendido a fallar y a ser mejores profesionales.

A mis compañeros ya les había tocado. Pero llegaba el momento de que cien personas me mirasen fijamente mientras yo tartamudeaba diciendo las noticias del día. El profesor pide silencio y me da la palabra.Si ya me tocaba, ese silencio absoluto que te paraliza todo el cuerpo.En ese momento solo pensaba en el nombre de “Nishikori” si bendito nombre. Tenía que ganar hoy él justamente, en que momento elegí esa noticia.Mis palabras iban mas rápidas que mi cerebro, mis manos temblaban de los nervios escénicos y … En blanco, me quedo en blanco y atascada.Como no, como no va a pasarme a mi? Me quedo atascada en la noticia de deportes.Termino mi minuto informativo, y pienso: Ya está hecho! Yo creo que lo que más deseaba en ese momento era: “SENTARME”, dejar de hacer el ridículo. Al final te quedas con la espina de que tendría que haberlo hecho mejor, pero ante todo pierdes el miedo a hablar en público y ganas un poco más de confianza, que nunca viene mal.

Aún recuerdo el día que me tocó hacer el minuto informativo… y ahora que no está, ¿qué?
Una vez que el profesor dijo mi nombre, se paró el mundo (por fin me toca, mi momento de gloria, mi turno).
Lo llevaba bien preparado, pero hablar delante de ciento y pico personas no es algo fácil, quería tener las noticias más relevantes, bien redactadas y sobre todo no ponerme nervioso.
Me dispuse a ello y la verdad es que me encantó, es algo que no me cansaría de hacer.
Me ayudó a perder el miedo de hablar en público y fue un aprendizaje significativo para el inicio de mi carrera periodística.

El minuto informativo es posiblemente la primera toma de contacto con el periodismo de verdad o eso pienso yo.
Esta tarea incluye muchas de las bases para ser periodista: búsqueda de información, corroboración en distintas fuentes, selección de contenidos según el interés del público, entre otras muchas, pero la más importante y para mí más complicada, transmisión de esa información de manera correcta sin que el público pierda el interés. Esta última es quizás la que más me condicionó mi minuto. La tensión y los nervios me jugaron una mala pasada además del hecho de hablar delante de 100 personas, 100 personas que al escuchar tú nombre giran todas sus cabezas al mismo tiempo, en silencio, para darme paso. No era pánico a hablar en público, quizás era miedo a hacerlo mal, falta de confianza. Tiemble de voz ligada a trabas a la hora de leer las noticias, repetición de expresiones e instantes de silencio en los cuales pensaba “Ya queda menos, tranquilo”, y eso que solo era un minuto, sesenta segundos, que se me hicieron eternos. Una vez acabado, satisfecho pero no del todo, porque podría haber salido mejor o haberlo practicado más.
Aun así no me arrepiento de haberla realizado ya que es una gran experiencia, la cual te acerca a este mundo al que queremos pertenecer y aportar algo diferente, que es el Periodismo, y esto podría ser el inicio de ello. Como decía Platón “El comienzo es la parte más importante de la obra”.

Tienes un minuto. Un triste y escaso minuto. Sesenta míseros segundos para demostrar que esto es lo tuyo. Apáñate como puedas.
Si ponerte por primera vez delante de unos 120 desconocidos para contar tu versión de las noticias de última hora de por sí no es fácil, ser la última de la clase tampoco ayudó. Me temblaban la voz, las piernas, las manos y sobretodo el orgullo. Tenía que demostrar que valía para esta profesión.
Me cronometré unas treinta veces, vi las noticias de la mañana y me leí tantos periódicos como me dio tiempo en el metro de camino a clase. Me pregunté mil veces a mí misma para qué me iba a servir pasar ese mal rato; y tonta de mí que no encontré la respuesta hasta que ya había pasado.
“Mamá, que quiero ser periodista”, y te plantas meses más tarde en un edificio en el que acabarás pasando más tiempo que en tu casa, pensando que sólo por estar allí ya está, ya lo sabes todo, ya estás preparada para salir en la tele, ser locutora de radio o redactora en un periódico de gran prestigio… ¡PUM! ¡Toma golpe de realidad! Si resulta que apenas eres capaz de hablar delante de tus compañeros de clase durante un minuto.
Y entonces entendí, y me di cuenta de todo lo que me queda por aprender, de todas las veces que estaré equivocada y el tiempo me hará darme cuenta de mi error.
A ti, minuto informativo, de gloria y de amargura, gracias. Gracias por demostrarme otra vez que estoy justo donde debo estar.

Amigo, viejo amigo. Sabia que en cualquier momento llegaría este día y, por si fuera poco, tendría que hacerlo de las primeras de clase por culpa del número de lista, colma el cielo. He estado trabajando en ello toda la semana duramente para obtener los resultados que merecía. No puedo permitirme buscar noticias el anterior día, por ello, tengo que empezar a buscar ya mismo. Procedo a ello.
Llega el día, me siento e intento relajarme. Juan Carlos me nombra y debo comenzar.

Acosador de información. Ansiado acompañante durante mis dos primeros meses de mi nueva vida. Por primera vez la sensación de precipicio la he experimentado contigo. He visto los nervios apoderándose de mi cuerpo y a mí pánico escénico reapareciendo, sin exagerar. Comienzo y, durante esos sesenta segundos, he sentido a los 200 ojos de la clase observándome. Posteriormente, al finalizar, la tranquilidad se ha hecho con mi persona.
Ellos no saben lo mucho que me ambiciona este trabajo, a pesar de mis inquietudes.

Llegó el día. Era mi minuto informativo. No sabía que tantas sensaciones iban a desencadenarse en mí. Todo estaba perfectamente calculado, mis compañeras me habían cronometrado unas mil veces.Yo había investigado mucho para buscar las noticias más relevantes del día. ¿Cómo explicarlo? Podríamos decir que es una especie de mezcla entre nervios y a la vez ansiedad, ya que estás deseando de contar todas las noticias de la forma más rápida posible. Por fin acabo, me siento y es ahí cuando el sentimiento de alivio y satisfacción se apodera de mí.
Siendo realistas, esto es una primera toma de contacto con el mundo del periodismo, al que nos vamos a dedicar. Gracias a ti, minuto informativo, he perdido el miedo a hablar ante todos mis compañeros, y esto no ha hecho nada más que empezar. Sé que esta sensación, ese nudo en el estómago va a perseguirme muchísimo tiempo, pero bueno, ¿qué importa? Todo lo fácil aburre, así que, nunca está de más ponerle un poco de tensión a la vida, y en especial,si se trata de nuestro trabajo, informar.

Las doce en punto de cada miércoles y jueves aparecía.
Para unos, el momento más temido del día, para otros, un momento para poder lucirse.

El temblor de piernas, el tartamudeo y las risas nerviosas mientras procedíamos a narrar los últimos acontecimientos ocurridos en el mundo.
Intentar buscar formas más originales de contar la actualidad, y al final quedarte en el modelo estándar por el miedo.
El sentarte de nuevo en la silla después de hablar y pensar para ti mismo “no ha sido para tanto, ¿tanto nerviosismo por esto?”, aún sabiendo que han sido los peores 60 segundos del día.

Es un sentimiento extraño el que ya no vuelva. No se le echará de menos, pero no habrá día en el que lleguen las doce y todos pensemos “hora del minuto informativo”.
Fue uno de nuestros primeros contactos con lo que será nuestra profesión. Siempre recordaremos ese minuto.

Tres de noviembre, las doce en punto de la mañana. Escuché un: “¡Vamos con el minuto informativo!”. Los nervios y los temblores se apoderaban de mí en cuanto veía que se acercaba ese momento. “Andrea, cálmate. Es sólo un minuto”, decían.
Pues sí señores, un maldito minuto. Sesenta segundos que hicieron que me plantease si realmente me quería dedicar al Periodismo. Lo tomé como una prueba. Si superas esto, estás un poquito más cerca de conseguir tu meta. Y ahora, cuando lo recuerdo, no fue para tanto… Quizá podría definirlo como el minuto más largo de mi vida o el momento en el que más estados de ánimo he experimentado. Pero no, estamos muy equivocados. Para mí, lo peor no es ese minuto.
A día de hoy, puedo calificarlo como una experiencia increíble. Jamás he estado tan emocionada. Me sentía como un niño cuando le regalan aquello que tanto ansiaba. Es una pena que no nos demos cuenta de que eso ha sido tan especial hasta que, al terminar, el profesor dice: “Gracias”. En ese momento te sientas. Te paras a pensar. Ya ha pasado todo, pero aún sientes la emoción.
Ahora, solo espero con ganas ser yo la que diga: “Gracias por escucharnos. Seguiremos informando. Sean felices”. Tan felices como yo cada vez que recuerdo aquel minuto de mi vida.

Es un minuto. Un solo minuto que puede serlo todo, y a la vez nada. Puede que para algunos sea miedo, para otros, emoción, o para una gran pequeña parte, obligación. No es más que un pequeño resumen noticiario que recorre el mundo entero. Miles de noticias en veinticuatro horas de sufrimiento, alegría, tristeza e incluso, a veces, amor. Lo de cada día.
Hay personas a las que les gusta la adrenalina, pero le tienen pánico a la buena, la de comunicar a todos los continentes lo que sucede bajo los pies de todos sus habitantes. Irónico, pues en el arte de contar las cosas tal cual ocurren, preside el terror y la efusividad de complacer o no agradar a aquellos que escuchan y no miran de reojo. Sí, aquellos que no se dignan a agachar la cabeza y asentir, sino aquellos que tienen los pies en el suelo y un buen cerebro que sabe dudar y preguntar, y que no se conforman con minucias.
Los nervios no son más que un sentimiento más. Precioso e intenso. Indica que algo importa, y no solo a uno mismo, sino a lo que rodea. Quizás se desatan por las miradas penetrantes de los que “atienden” o puede que los murmullos de aquellos irrespetuosos a los que nada les conviene. El quizás más bien sobra, ya que es una certeza.
Sin embargo, el esfuerzo, la confianza en uno mismo y el respeto por lo que cada persona hace por su cuenta, es lo que resalta siempre. Y es entonces cuando el minuto informativo cumple su función.

”Los primeros cinco de la lista para mañana tienen que hacer un minuto informativo como el que he hecho yo” fueron más o menos las palabras del profesor de documentación, entre ellos lo tenía que hacer yo. Durante lo que quedó de clase no pude atender más, estaba nerviosa porque no sabía cómo hacerlo, aunque tuviese el ejemplo del profesor.
Compré un par de periódicos, entre ellos El Economista, fui a casa, empecé a leerlos y en todos era la misma información. Cuando ya sabía de qué temas iba hablar, me surgieron las primeras dudas: después de la presentación ¿Qué pongo internacional o nacional? ¿ Qué es más importante el debate celebrado entre Donald Trump y Hillary Clinton ? o ¿Qué Susana Díaz podría ser la sustituta de Pedro Sánchez? Me decanté por poner lo internacional. Sin embargo, mis dudas siguieron aumentando. La tercera noticia iba sobre economía, era la primera vez que leía un periódico en lo que todo era sobre economía, algunos titulares me sonaban a chino, por eso decidí poner una noticia sobre economía que todos entendiésemos. La
s últimas dos noticias fueron fáciles de hacer eran sobre deporte y el tiempo. Listo, mi minuto informativo ya estaba hecho solo faltaba estudiármelo de memoria algo fácil pero no fue así, siempre había una o dos palabras que se me olvidaban.
Al día siguiente, a las doce empezaron los informativos, cuandonel profesor me nombró me levanté, enseguida emepezaron las piernas a temblarme, empecé a informar y al minuto todo había terminado: mi minuto, mis nervios, mis temblores y algunos pensamientos negativos como: ¿Sirvo para este oficio? El minuto me hizo comprender que sí, porque es algo que me gusta aunque los nervios me traicionen.

Empieza un nuevo día. Hay un bolígrafo y un papel en blanco encima de la mesa. La melodía del primer telediario de la mañana empieza a sonar, y yo sentada frente al televisor intentando mantener la atención con un café en la mano. El bolígrafo y el papel empiezan a tener vida, mientras que mis ojos cada vez se abren más, hasta manifestarse permanentemente abiertos. Acaba el telediario, las noticias ya están redactadas, ahora solo falta anunciarlas. Sinceramente, tenía sentimientos muy fuertes dentro de mí, nervios pero con mucha alegría. Tenía ganas de probar esta experiencia, ya que es algo que he perseguido desde bastante tiempo.
No importa que la gente mire, que hablen entre ellos, yo quiero también participar, sentir esa emoción al informar. Aun que no tenga mucha confianza en mí misma, lo quise hacer. Quería ver la capacidad de desenvolverme en esta situación. El minuto se convirtió en un segundo y mi voz se mantuvo firme en ese silencio. Considero que fue una prueba positiva, me impulsó a tener más ganas de continuar y sobre todo de informar.

La tensión se cortaba con un cuchillo los miércoles y jueves a las 12 de la mañana en la clase número 536. Cuando el profesor nombraba a alguien, todos nos girábamos para ver quién era el poco afortunado al que le tocaba ser evaluado. Yo notaba nervios en el estómago simplemente al imaginarme ser uno de ellos, contando los días que quedaban para tener que levantarme y hablar delante de toda la clase como una periodista profesional. Siempre me ha dado miedo hablar delante de mucha gente y deseaba que ese día pasara algo que me hiciera salvarme de enfrentarme a ello. Pero como es de esperar, el momento llegó. Minutos antes de las 12 notaba cómo la boca se me secaba por los nervios y las manos me temblaban mientras repasaba mi papel una y otra vez para evitar equivocarme. Sim embargo, cuanto más pasaba el tiempo más convencida estaba de que lo iba a hacer bien, de que esto es a lo que quiero dedicarme y de que no hay que tener miedo de cosas tan simples. Así que cuando el profesor me nombró y me levanté, me sorprendí a mi misma leyendo mi papel sin rastro de nervio alguno. Cuando acabé mi minuto me sentí muy bien al haber superado uno de mis miedos. Puede que no haya sido la que mejor lo ha hecho de la clase pero me ha servido para superarme y eso, por ahora, me basta.

El momento iba a llegar tarde o temprano, los nervios por la mención del profesor en cada clase era puro nerviosismo entre los alumnos.
Llegó el día, el profesor repetía como en cada clase, nombrando una serie de alumnos para que al día siguiente preparasen su minuto de gloria, me nombró. Me tocaba prepararme para dar un noticiario al resto de la clase.
Compañeros me preguntaban que cómo lo haría, yo les respondía con sinceridad: no lo sé. Esperando a los últimos informativos de la noche para completar una información de mayor actualidad. En un principio los nervios no cesaban puesto que no encontraba noticias de calidad, hasta que conseguí rescatar historias de verdadera importancia.
Llegaba el momento de redactar las noticias, todo tenía que ser mencionado en un solo minuto, tuve que acortar frases y resumir, no me costó mucho.
Llegaba el día, tenía que controlar esos nervios que, en muchas ocasiones, nos hacen pasar malos ratos.
“Adrián, tu turno”, dijo el profesor. Me levanté y comencé, como de costumbre, con nervios, aunque con el paso de los segundos, ese nerviosismo se iba yendo, y fue cuando de verdad, aproveché ese minuto glorioso para informar, algo muy poco valorado en nuestro país, pero de grandísima importancia para la humanidad.

Nervios, tachones, angustia, cambios de última hora, más nervios… Parecía que nunca iba a llegar, que quedaban muchos compañeros que debían pasar por este trago antes que tú. Pero ahí estas, aparentando no tener miedo y estar seguro de ti mismo.

Te levantas, carraspeas y coges aire.

No hay marcha atrás, eres tú y el minuto que te queda por delante. Superar el vértigo a las manecillas del reloj es ahora tu mayor reto. Eres nuevo, conoces poco a aquellos futuros colegas de profesión que te rodean y te analizan con la mirada y eso de hablar en público nunca ha sido tu mayor virtud.

Comienzas a informar rompiendo el silencio, una noticia, otra, la siguiente y la última. Se acabó, terminó, murió. Un minuto, con algunos segundos extra.
Ahora nacerán otros cientos de minutos en esto de nuestra profesión, pero dicen que, la primera vez, nunca se olvida. Y que verdad es.

La experiencia primeriza de sentirte un reportero retransmitiendo en directo desde una imaginaria “radio complutense” ha sido más que fructífera para hacernos ver que, cada vez, estamos más cerca de llegar a la cima de nuestro objetivo como comunicadores.

El minuto informativo. Quién dice llorar su muerte. Quién pide un réquiem en su sepultura. Yo más bien entono una oda en su nombre pues, ¿qué es sino aquello que hacemos al despertar? Abrir los ojos, sí. Observar el mundo. Nuestro mundo. En cada día, en cada hora, en cada instante se absorbe información de nuestro entorno. Estrecho, cercano, sí; pero, al fin y al cabo, parte de nuestra experiencia.

El minuto informativo no es más que un compendio de experiencias de personas, sucesos o situaciones cercanas, y no tan lejanas, como se piensa a veces. Durante ese transcurso de tiempo, nosotros nos hacemos con la palabra, la domamos hasta poder conjugarla sin herirla. Es un privilegio poder comunicar al resto de nosotros, a mis compañeros, dónde vivimos, cómo lo hacemos y qué es lo que nos está pasando. Para ninguno es fácil levantarse y darle voz sin más a la palabra. Sin embargo, nos es necesario hacerlo porque, aun con el temblor en los huesos y la dicción maltrecha, el minuto informativo es el tiempo en el que la sociedad se escucha. A sí misma, al de allí, al de aquí, a ti.

No podemos avanzar sin él porque nos abandonaríamos a la incertidumbre que el desconocimiento ahueca en su sombra. El minuto informativo está siempre presente, solo espera que su eco se haga sentir. Sentir, eso digo. Somos nosotros hablando de nosotros mismos y es, en ese lapso de tiempo, en el que nos damos cuenta de que nuestra voz es la que nos habla, la que permanece en ese espacio al que llamamos vida. Por ello, debemos reaccionar a nuestra llamada, a actuar en consecuencia para que nuestro grito, lamento o susurro no se ahogue en una boca muda.

Día 7 de octubre de 2016. 11:30 horas. El profesor Juan Carlos Marcos Recio pronuncia mi nombre alto y claro frente a toda la clase. El momento ha llegado. Me pongo en pie. Mis manos y piernas comienzan a temblar. Carraspeo un poco la garganta para aclarar mi voz y comienzo. “Buenos días son las 11:30, las 10:30 en Canarias…” Al principio me cuesta hacer sonar las palabras, miro al frente para asegurarme de que el profesor me está prestando atención y busco entre las miradas compasivas de mis compañeros un gesto de aprobación. 58 segundos después, el minuto que tanto temía, el minuto que tanto llegué a odiar y que tantos quebraderos de cabeza me dio, había llegado a su fin. El profesor dijo “bien” y yo tomé asiento. Seguía nerviosa, aún me temblaban las manos.

Día 6 de octubre de 2016. Cuando llegué a mi casa a eso de las 13:30 de la tarde, me puse a seguir a múltiples periódicos y agencias informativas desde mi cuenta de twitter. Activé las notificaciones y dejé que la información llegase a mi. A las 18:00 de la tarde comencé a hacer un análisis exhaustivo de todas las noticias que me habían llegado e hice una comparación con lo publicado en páginas de internet en las cuales siempre he confiado. A las 20:00 después de haber redactado y perfeccionado el texto que conformaría mi minuto informativo, comencé a leerlo. Lo leí en voz baja, en voz alta, para mis adentros, delante de mi familia. Envié audios de como hacía el minuto buscando la corrección de mis conocidos. Hice esto hasta que me salía perfecto. “Lo haces como una profesional” me decían. Esa noche me fui contenta a la cama ya que mi esfuerzo había dado sus frutos.

Tras exponer el minuto informativo en clase, a parte de alivio, me vino un fuerte sentimiento de decepción. De desprecio a mi misma ya que me había salido fatal en comparación a lo ensayado en casa. No vi todo mi esfuerzo reflejado en lo que hice y por supuesto tampoco en mi nota. El minuto informativo tiene su razón de existir, no lo dudo. Pero no es lo mismo hacerlo en la tranquilidad de tu hogar o ante una cámara, que delante de cien personas. Está claro que como periodistas debemos saber estar delante de personas, sean 10, 100, 1000,… la cifra da igual, es nuestro deber. Pero creo que no es del todo justo que se te evalúe académicamente exponiendo algo siendo la primera vez que te muestras delante de tan alto número de personas a las que apenas conoces.

El minuto informativo es algo importante, necesario, nos mantiene al día, nos dice lo que queremos oír. No debe dejar de existir, pero sí debe dejar de aterrar, de hacernos entrar en pánico, de ser un monstruo que nos cause pesadillas por las noches

Mostrar la información en tan solo 60 segundos es una manera de reflejar las facultades informativas de manera veraz y consolidada, el nerviosismo se presenta a flor de piel no solo interiormente sino la tensión y la inquietud se apoderan del aula dejando así a la voz cantante representar las noticias más recientes. Combinar la tranquilidad y el miedo son dos constantes difíciles de controlar pero no imposibles de que juntas coordinen a la perfección, tratándose así de un juego de balanzas y contrapesos en la que la inseguridad pasa a un segundo plano a medida que las agujas del reloj van pasando sin ningún reparo. Te apoderas de la noticia como tu propia voz se apodera por instante del centro de todas las miradas presentes en unos de los primeros momentos más significativos en ese camino de experiencias y de formación. Desde un punto de vista más personal, el pánico inicial se queda atrás, abriendo así un gran abanico de posibilidades en las que tú mismo puedes llegar a sentirte perdido pero una pequeña satisfacción crece dentro de ti, como si de algún tipo de superación se tratara. La voz se aferra a lo que el nerviosismo ha podido mantener intacto y así es como delante de un papel decides informar y comprender. Me gusto sentirles parte de lo que soy, sentirme parte de un gran mundo aún no conocido.

Me niego a escribir bello de algo que no me lo pareció. Me niego a esa hipocresía que utilizamos para recibir aplausos. Y me gusta tanto que esta opinión no concuerde con la vuestra… Y me gusta tanto que no sea lo que se quiere escuchar. No quiero aplausos, gracias. Apuesto 100 al realismo: Minuto informativo que se hace horas, minuto informativo en el que escogí cultura y dejé a un lado los deportes (pero nadie se dio cuenta), donde elegí las noticias más lejanas que no haríamos caso nunca y que al día siguiente fueron olvidadas (y otra vez nadie se dio cuenta). Memoricé mientras me temblaba la voz y justo eso sí se vio. Vengo a denunciar que una vez más, se aplaudieron los cotilleos y la falsa, tremendamente falsa generosidad del mundo y olvidamos a aquel que ha hecho avances en el cáncer (a no ser que seamos enfermos de cáncer, ahí si damos las gracias) y olvidamos los otros deportes y olvidamos la guerra que no nos alcanza (pero nadie se da cuenta). O sí, claro que nos damos cuenta. Pero con la cara más dura que podría existir, callamos y reímos y qué bonito este gol, ¿verdad? Mi nula experiencia en el mundo del periodismo no puede hablar de la utilidad de esta práctica, tampoco puedo saber cómo mejorar en ella. Lo que tengo claro es que nuevamente no quiero infomar únicamente para regalar vuestros oídos.

El minuto informativo. El minuto que se hace eterno. El minuto que has ensayado por horas en casa y que te lo sabías perfectamente, con todos sus puntos y con sus comas. Ha llegado la hora. Dicen tu nombre, te levantas de tu asiento y todo el mundo se gira para mirarte y juzgar cómo lo vas a hacer, mientras que tú sólo piensas en una cosa: “Por favor, que termine rápido”. La mente se te queda en blanco y no te queda más opción que leer tu minuto, a pesar de que en realidad te lo sabías, ya que te lo habías estado preparando a conciencia. Los nervios de la primera vez, supongo. Vas leyendo una noticia tras otra, temblando como un barco de papel, y de repente descubres que no se te está dando tan mal y que en realidad no era para tanto. Todos esos nervios se fueron de golpe y te quedas con la sensación de que has hecho un buen trabajo. Puede que no sea ni el mejor ni el más excepcional minuto informativo del mundo, pero, por algo se empieza, ¿no?

Abre los ojos, todavía no ha salido el sol, se dirige al baño y lava su rostro con agua gélida y jabón de aroma a jazmín. Ya con las manos secas – tiesas por el frío de la Nochevieja – se sirve un café, siempre negro y sin azúcar. Se dispone a leer las noticias del día y suspira: “Otra vez…”.

“39 personas asesinadas durante una celebración de Año Nuevo en Estambul.” Leería la noticia completa antes de pasar a la siguiente: “Un hombre mata a 12 personas, entre las víctimas están su exesposa y su hijo.” El olor a jazmín había desaparecido. Cogió un bolígrafo y papel, porque él es de esos, y tras dos horas con sus dedos acalambrados lo suelta. Contiene las lágrimas. “Los periodistas no lloran” – piensa-.

Decía Pascal que erramos en tiempos que no son nuestros. Ocultamos de nuestra vista el presente cuando nos hiere, y cuando no, nos pesa verlo escapar. Por ello hay periodistas: hombres y mujeres que saben que el presente jamás es el fin, que cada día viven su vida y 7 siete mil millones más.

Esto nos enseñó el minuto informativo. A las 12 del día, cinco estudiantes vivían su vida y – de golpe y sin pensarlo – la de siete mil millones más. Sus piernas temblaban, sus voces se quebraban. Es verdad que es muy complicado ser físico nuclear, pero hay que ser desalmado para decir que es sencillo anunciar – como si estuvieras hablando del clima – la muerte de 39 personas.

Gustave Flaubert escribió a George Sand una vez: “Cómo mantenemos estas almas difuntas en nuestros corazones. Cada uno de nosotros carga dentro de sí su propia necrópolis.” Entre poetas, novelistas y periodistas, armaríamos el cementerio más grande. Y en él…el minuto informativo, a quien honran por aquí decenas de aspirantes a celadores…digo, periodistas.

En fin, todo el mundo te quiere cuando estás muerto.

Es uno de los minutos del que todo el mundo habla por los pasillos. Para unos temido mientras para otros vanagloriado, uno de los momentos de la clase en el que las piernas te dicen que corras mientras que el cerebro les manda una orden diciendo que se estén quietas y que afronten la realidad.
Un minuto de lo más fugaz del curso, y a su vez, variante. En una misma aula se dan noticias de todo tipo: bombardeos, muertes, catástrofes naturales… pero también se ofrecen noticias esperanzadoras, alegres… que ofrecen de una mañana oscura cierto resplandor de luz.
El minuto más difícil de todo el curso para unos mientras que para otros es de los más fáciles. Junto a él nos enfrentamos a numerosos miedos tales como el dirigirte a un grupo de más de cien personas que están escuchando lo que dices, saber elegir las noticias que te parecen que le pueden gustar al profesor, pero sin olvidar que eres tú quien las elige, etc. Una vez pasa, te relajas, piensas fríamente y se te queda el gusto de poder volver a hacerlo y de mejorarlo.
Pero todo esto nunca acaba, en esta profesión del periodismo el minuto informativo es uno de los elementos que va a condicionar nuestra forma de trabajar y nuestra forma de escuchar, nos enseña a escuchar y a ser escuchados.

Querido diario:
Pues sí, lo hice, ya pasó el minuto.
¿Qué cómo me ha salido? Pues la verdad, mejor de lo que esperaba.
Mira, te cuento: cuando entré, no sé cómo, pero todo el mundo sabía que me tocaba a mí. Puede que mi manera de caminar fuera extraña, con pasitos más cortos de lo normal. Porque no creo que fueran capaces ni de ver el sudor de mis manos ni de escuchar los latidos de mi corazón. Pero el caso es que lo sabían.
La inseguridad te debe cambiar el gesto de la cara. En ese momento sentía la presión de cientos de ojos observándome. Y me inquietaba. Como cuando en sexto de primaria, Paloma, la profesora de matemáticas, me hacía salir a la pizarra, y aunque me lo supiera, siempre tenía la sensación de no decirlo bien. ¿Te acuerdas de cuando me avergonzaba con la canción del cumpleaños feliz y de cómo insistía, al rato, para que me la repitieran? Pues así me sentí. Ni se me hizo largo, ni corto. Empecé a leer y me olvidé del tiempo.
El caso es que lo repetiría. Y, bueno, no sé que más contarte. Mañana creo que llego tarde, no me dará tiempo a escribirte, pero, estate tranquilo diario, lo haré el sábado.

Aquel día en el que el profesor comentó que teníamos que hacer un minuto informativo e hizo un ejemplo, me encantó. Sí, me encantó; aquella oportunidad de poder alzar la voz en medio de casi un centenar de personas era única.

Al día siguiente de clase, cuando teníamos que empezar -por orden de lista- a informar en un escaso minuto, me gustó. Me gustó ver cómo intentaba cada uno hacerlo lo mejor posible y cómo volvía a sentarse cada persona al acabar su minuto. Algunos se sentían aliviados, otros tristes, y luego están los que se sentían más felices que un niño abriendo regalos de los reyes de lo bien que lo habían hecho. ¡Enhorabuena, compañeros!
Oí al profesor intentar pronunciar bien mi nombre, y sí, efectivamente, llegó mi turno. Me senté, por primera vez, en primera o segunda fila. Al principio no estaba nerviosa, al contrario; tenía unas ganas enormes de levantarme y ejercer de periodista durante mas o menos un minuto de reloj. Pero cuando me levanté con la chuleta en la mano con las noticias apuntadas, no paré de temblar. Incluso cuando acabé de leer mis noticias, no pude dejar de temblar. No sabía si lo había hecho bien o mal, sólo sabía que no era tan fácil como parecía.

Gracias al minuto informativo he podido experimentar una pequeña y gran prueba para una gran profesión; el periodismo. Y ojalá tengan la oportunidad de vivir ese mágico, bonito, terrible, escaso o nervioso minuto todos los estudiantes de periodismo.

Sesenta y seis días de monotonía he tenido que vivir desde el comienzo de la carrera. Sesenta y seis días esperando oír mi nombre entonado de una manera, incluso cautivadora me atrevería a decir; como resultado, mis piernas temblando y mis manos frías colocándose frente a una clase plena de algo en común: el ansia por el triunfo y el deber de escucharme durante sesenta segundos mientras que hago mi impecable minuto informativo. Mándales callar si es necesario, me repetí en la cabeza tal y como Juan Carlos me dijo apenas media hora antes cuando le pregunté dudas sobre la práctica. Tanta espera incesante para concentrarla en apenas un minuto y sin derecho a réplica. Cinco diferentes noticias con distinta temática ordenados estratégicamente y memorizadas desde la noche anterior, aún así, sostengo el papel y trato de leerlo para no trabarme. Un calor intenso recorre todo mi cuerpo cuando leo la última noticia los nervios se apoderan de mi cuerpo pero mi voz sigue, miro al frente y concluyo. Al terminar, no ha cambiado nada, mi voz temblando y mi cabeza repite una y otra vez el minuto. La sensación nunca fue de nervios, era más bien de adrenalina. Ojalá poder sentir esa adrenalina en diez o veinte años. Emocionarse por la rutina y lo que no forme parte de ella. Son las pequeñas experiencias como está las que te hacen verlo todo diferente, verlo como tú siempre has querido cuando te visualizabas estudiando la carrera de tus sueños. El minuto informativo no merece la espera, merece la práctica.

Minuto informativo. Aquella “práctica” de 60 segundos que a todos nos hizo temblar como si de septiembre estuviéramos hablando. El minuto informativo es una mezcla de ilusión y miedo. Ilusión por saber que lo que estás informando delante de 100 personas, es lo que algún día, de una forma u otra, harás frente a miles de personas y miedo por esas mismas 100 miradas en ti. Tú, que nunca has sabido expresarte bien y tú, que con una mirada te aturdes, te agitas y finalmente, te ruborizas… tienes que hacer frente a esos 60 segundos, a ese reto como buen periodista. “Bueno no va del todo mal, poco a poco levanta la vista de la hoja y ve mirando al profe, que vea que te lo sabes” -vas pensando…
Levantas la cabeza, notas que tanto tus manos como tus piernas están en modo “tembleque” y vas notando que cada vez te cuesta más hablar. Pero te da igual, sigues haciendo ese esfuerzo y… lo que faltaba, te encuentras a esas personas con una sonrisa de complicidad, que al fin y al cabo, un mínimo de tranquilidad te interiorizan, y otras con una risilla y un pensamiento de “no se la entiende, que mal lo hace”.

Minuto informativo… para ser tan importante, tan sufrido, tan presente y tan odiado durante uno segundos por muchos, te deseo con toda la buena intención del mundo mucha suerte para el año que viene y ya que estamos en Navidad, te recomiendo un regalo: una tila.
No seas tan nervioso, que nos produces mucha histeria y malestar durante 24 horas. También ansiedad y locura por estar 24 horas con la radio, televisión e internet encendidos.

Yo, al menos, te recordaré con cariño y un poco de irritación.

Nervios, antes y durante el minuto informativo. Apenas acababa de conocer mi nueva facultad, mis nuevos compañeros, profesores, carrera y asignaturas… Sientes nervios por primera vez desde aquella prueba de acceso a la universidad, cuando te dicen que debes informar en apenas 60 segundos a más de 100 personas que solo se estarán fijando en ti y en tus palabras durante ese intenso minuto. Los días, las semanas pasan hasta que tu nombre es mencionado entre los 5 siguientes alumnos con intenciones de futuros periodistas, que antes tendrán que realizar esa prueba. Los nervios se apoderaron de mi, pero cuando finalmente escuché mi nombre y me puse en pie para informar, me sentí cómoda. Es cierto que la presión de tanta gente centrando sus ojos en ti impone, pero las ganas de comenzar a hacer lo que te gusta hacen que el momento no se haga tan difícil y que la primera toma de contacto con algo que puede que llegues a hacer en un futuro, aunque a mayor escala te hace, de alguna forma, estar más cómoda en ese pequeño pero intenso minuto informativo.

Se acabó. Se acabó el colegio, la preparación al mundo exterior y comienza la universidad. Tras elegir la carrera que tanto llevas pensando aparece una asignatura de la que, por desconocer, desconoces hasta el nombre. Esta famosa asignatura es Documentación Informativa. En una de las primeras clases nuestro profesor, sin aviso previo, nos realiza una ronda informativa de un minuto sobre 3 o 4 noticias de interés. No nos imaginábamos lo que se nos venía encima.
Tras un par de meses llego mi turno, mi ocasión. En la noche anterior estuve como un verdadero periodista contrastando noticias en varias fuentes para poder dar una información que aporte algo nuevo, y a la vez sea fiable. Llegue a aprenderme mi minuto, con el fin de llevar claras las ideas de lo que quiero transmitir.
12 de la mañana, mi momento. El profesor pronuncia mi nombre y apellido con dificultades, y me doy cuenta de que ese “Jaque…” soy yo. Toca dar la cara, toca demostrar el porqué de esta carrera, de superar sus barreras y demostrar que aunque es solo el principio del camino, puedo hacerme un hueco en el mundo periodístico.
Comienzo a recitar las noticias como un juglar entretenía en la Edad Media. Hablo de Trump, de las elecciones, del deporte… y cuando me quiero dar cuenta he acabado. Se fue mi minuto informativo, y este no volverá como las golondrinas de Becquer. Gracias por todo minuto informativo, por ti va este Réquiem.

El minuto informativo, una de las prácticas que parecía fácil y resulto, no un suplicio, pero si un manojo de nervios. Al principio te lo tomas a broma, y piensas “eso no es nada” y ves que va pasando el tiempo, lo mal que lo pasa la gente, porque hablar delante de 100 personas no es tan fácil. Y sigues pensando “eso no es nada” hasta que dicen tu nombre, y en ese momento dejas de reírte y empieza la batalla contra los nervios. Porque sí, da igual lo bien que lo tengas preparado siempre corres el riesgo de equivocarte, de hacerlo mal, ponerte a tartamudear, o simplemente quedarte en blanco. Pero aún así empiezas, y no te detienes y cuando te das cuenta has terminado, los nervios se han ido y en mi caso recuerdas las veces en las que eras un manojo de nervios antes de salir a bailar delante de más de 100 personas y a medida que iba pasando la coreografía esos nervios se convertían en adrenalina y al terminar solo sientía alegría.

“El minuto informativo” consiste en contar cuatro o cinco noticias de actualidad en un máximo de un minuto.
Cuando el profesor me nombró no me pilló de sorpresa, fue como ese momento que no deseas que llegue nunca, pero sabes perfectamente que tarde o temprano iba a llegar.
En sí esta práctica parece fácil, pues solo son 60 segundos, pero para mí no lo era tanto, me considero una persona tímida de cara al público y pensar en tener que recitar mis noticias alto y claro delante de una clase con setenta personas no me satisfacía en absoluto.
Llegó el día, todos los minutos informativos se realizaban a eso de las 12:00, no recuerdo otro momento en que el tiempo se me haya pasado tan despacio, miraba el reloj unas dos veces por minuto deseando (o quizá no tanto) que llegase el momento.
Una vez acabado mi momento, el profesor Juan Carlos me recomendó que no pusiera la hoja en la mesa y no leyera mis noticias hacia abajo pues la voz no se expandía hacía los oídos del resto de la clase. Yo acepté lo que él decía, pero sabía perfectamente que había colocado mi hoja en la mesa a propósito para no tener que sujetarla con mis manos temblorosas. Siendo consciente de los nervios que me recorrían todo el cuerpo, de esta manera intenté que yo fuera el único que realmente supiera lo nervioso que estaba en aquel instante.

Finalizó. Tras varios meses de absoluto nerviosismo, el minuto informativo, acabó. Todo comenzaba cuando daban las doce del mediodía. Mirabas el reloj. Tu mente sólo podía pensar en dicho minuto. Y tu subconsciente te decía que a lo mejor no estabas listo para esta carrera. Tras varias explicaciones del profesor, este se callaba.  
Era tu momento. El profesor miraba la lista y decía tu nombre. En esos momentos, la clase desaparecía y sólo pensabas en si habías hecho el trabajo correcto. ¿Estaría bien? ¿Las noticias serían las correctas? ¿Estarían bien redactadas? ¿Me habré olvidado de algo?. Todo ello, lo ibas repitiendo en tu cabeza hasta que finalmente te incorporabas, mirabas al frente y soltabas esos sesenta segundos como si no hubiera un mañana y además intentando vocalizar correctamente.  
Cuando acababas, respirabas, era una sensación de alivia estremecedor. Mirabas al profesor. Este apuntaba en su hoja de calificaciones. ¿Le habrá gustado?.  Pasaba el tiempo e intentabas pensar en otra cosa y por fin acabas sentándote. 
¡Madre mía que minuto! Uno de los minutos más largos de nuestra vida sin dudarlo, pero también uno de los que más emoción y repleto de información hemos podido disfrutar. ¿Disfrutar? Sí. Porque por mucha tensión y angustia, notas como tu futuro está en tu presente.  
Sólo me quedaría decir…¡Gracias! ¡Muchas gracias querido minuto informativo!.  

Era un miércoles de septiembre cuando escuchamos hablar por primera vez del minuto informativo. Había diferentes emociones en el ambiente. Se respiraba nerviosismo, entusiasmo, ganas, ilusión… Para muchos se materializaba un sueño.
Conforme pasaban las clases, más interés generaba esta práctica. Es un proceso evolutivo de diferentes fases. Escuchabas tu nombre, sabias que la próxima semana seria tu turno y en tu cabeza solo podías decir “Por fin”, aunque llegado el momento solo querías quitártelo.
Ha sido una gran experiencia. Te aporta confianza. Te das cuenta de todos los matices que hay que tener en cuenta a la hora de hablar en público. No se pueden contar la de veces que lees el papel antes de hablar y, ni por asomo, se pueden contar la de veces que miras el reloj esperando que marque las 10 de la mañana. Posiblemente se defina como un momento de nervios, pero son unos nervios especiales, esos que van unidos a la satisfacción del trabajo hecho.

Un minuto, el primer minuto de todos. Además, me tocó el segundo día. Estar toda una semana ensayando para ese momento, el primer gran momento, como aquella primera vez en pisar una radio. Pensar en que tipo de noticias puedes hablar. ¿Deportes? Sí, claro, pero no centrarme en ello. ¿Corrupción? Por supuesto, pero ¿cómo informar de la manera más objetiva posible? El primer reto. Esperar hasta las 11 de la mañana para “cerrar” tu primer minuto.
Toda una semana ensayando para afrontar ese desafío y que llegué el momento en el que el profesor dice tu nombre acompañado de las dos palabras que ningún alumno quiere escuchar en clase: “tu turno”. Nervioso, empiezas a pensar en que lo harás mal, pero cuando empiezas a dar las noticias los nervios van desapareciendo. Ahora empiezo a entender a algunos periodistas que trabajan en televisión o en radio.

Llegó el día. La semana anterior el profesor me había nombrado y yo no quería darme cuenta de que pronto me iba a tocar hablar delante de más de cien personas. No soy una persona tímida, pero era mi primera vez. Todo el mundo lo había hecho bien antes y no quería ser yo el que rompiera la regla. Un andaluz, que pronuncia regular, y que no está acostumbrado a hablar delante de tantas personas. Lo de ser andaluz no quiere decir nada, sino que en cierto modo tenía algo de vergüenza por cómo iba a pronunciar y si mis compañeros se reirían. En realidad me daba igual, porque soy así, pero me daba cierto apuro. Por la noche me dispuse a buscar noticias de interés. Pensé: “Esta parece interesante: No siempre ves a una anciana de 94 años obtener el título de licenciada en Química”. El Madrid, como de costumbre había vuelto a ganar, ante el Sporting, y el Congreso había aprobado y rechazado algunas propuestas de interés. Pero nada, todo lo que había buscado pasó a un segundo plano cuando por la mañana, voy en el metro de camino a clase y me llega una notificación al móvil de que acababa de fallecer Rita Barberá. Pensé: “Esto lo tengo que cambiar ya mismo”. Además era yo quién habría el minuto informativo, por lo que no podía ni mucho menos dejar de incluir la noticia.

Los nervios iban en aumento conforme pasaba la mañana. No paraba de leer mis noticias, hasta que de repente me vuelve a sonar el móvil. “¿Qué es ahora?” pensé. “No me digas que voy a tener que cambiar otra vez esto que ya me lo he aprendido”. Un mensaje de Facebook: “Jose a las 12:30 hay una rueda de prensa de Butragueño en el Bernabéu. ¿Puedes ir a cubrirla?”. ¡Cómo no! Un sueño para mí. Ahora sí que estaba nervioso de verdad. Nunca había ido a una rueda de prensa, y menos, a la de un club como el Real Madrid. No sabía que decir, ni cómo llegar al Bernabéu. A un almeriense por Madrid le cuesta adaptarse. Y ahí estaba yo, en la clase de documentación pensando lo que se me venía encima. En cierto modo esto me ayudó a olvidar un poco lo del minuto porque ya no tenía nervios, al menos por eso. Ahora estaba nervioso por lo del Madrid. Al final, no fue para tanto, me levanté y hablé con mi cabeza pensando en otro sitio. Acabé el minuto, con satisfacción por habérmelo quitado, y con buenas sensaciones. No me dio tiempo a preguntarle a mi compañero qué tal lo había hecho cuando ya eran las 12:05; me tenía que ir. Ahora sí que empezaban los nervios, pero eso ya es otra historia.

El minuto informativo: el mejor reto del cuatrimeste.
Y no digo el mayor, digo el mejor. ¿Por qué? Porque a pesar de ser algo obligatorio, es algo que todos hemos cumplido con ganas.
A todos nos ha asustado un poco vernos el día de antes ante tantas noticias. Todos nos hemos estresado al saber que teníamos que quitar algo de nuestro (más de un) minuto informativo, sin saber muy bien el qué ya que todo parecía importante. A todos nos temblaba un poco la voz al levantarnos ante cien personas y narrar ante ellos esos últimos acontecimientos.
¿Y ese folio salvador, al que nos agarrábamos muchos de nosotros, nerviosos, latentes, mientras hablábamos durante los sesenta segundos más largos de estos cuatro meses? Gran aliado.
Cierto es que a lo largo de la carrera habrá cientos de horas muertas, que pasaremos delante de un proyector inmersos en nuestras cosas mientras un señor nos cuenta algo que no nos va a servir para nada en nuestro “gran trabajo de ensueño”. Pero ¿qué me decís de todos esos “deberes” que nos mandarán, en los que de verdad tendremos que empezar a movernos y a demostrar que valemos para esto? Bienvenidos sean, ¿no?
El minuto fue uno de esos “deberes” que nos hizo sentir un poquito más cerca de nuestro sueño. Y por eso, gracias.

“No es difícil”, piensas mientras buscas noticias por la noche y las escribes en un folio. Lees ese folio un par de veces antes de irte a la cama y otro par de veces por la mañana antes de entrar en clase. Pero entonces el primero empieza con su minuto informativo y el estómago te da un salto repentino. Te va a tocar ya, eres el siguiente y te empiezas a poner nervioso. Entonces dicen tu nombre y te pones de pie. Las manos te tiemblan ligeramente, el corazón te late con fuerza y sin pensártelo dos veces coges aire y empiezas con fuerza “Buenos días…” Antes de que te des cuenta te quedan dos frases para terminar. Cuando lo haces miras de reojo a la gente y te sientas satisfecho. ¡Sabía yo que no era para tanto!

¿Quieres ser periodista?
– Sí.
¿Sabes que tienes que estar todo el día pendiente de lo que ocurre en el mundo?
– Sí.
Eso es agotador.
– ¿Y qué no lo es?

Juan Carlos se planteó mejor la pregunta. ¿Quieres ser periodista? Haz un minuto informativo.

En ocasiones se agradece que te concedan la oportunidad de distinguirte ante el resto. Una persona en pie, casi cien sentadas; mirándote, escuchándote. Tu voz elevándose entre el ruído de su respiración y tos. Debes hablar, pero más allá, debes informar. Tienes un minuto para convencerles de tu aptitud, de que tú si que vales.
Ser original cuando eres de los últimos de la lista es un poco más complicado; muchas buenas ideas han pasado y triunfado ante tus ojos. Pero, el tener que comerte tanto la cabeza es lo que hace del minuto informativo algo tan especial.
Como iniciativa propia, no quería hablar de aquello que se supiera, de las noticias que salen en portada y llegan puntuales a las 7:30h de la mañana, resumidas en tres líneas a la pantalla del móvil. Quise encontrar aquello que me llamase la atención hasta a mí.
Decidí centrarme en la sociedad, sucesos sin gravedad pero que fueran recordados. Como que cayera un adorno de navidad en Zaragoza y rompiese tres dientes a una pobre jóven. (Hasta entonces no me había planteado que eso pudiera suceder).
Practiqué tantas veces que hasta pensé que mi voz sonaría bien por radio. Incluso conseguí llegar a clase sin nervios, aunque cuando llegó mi turno, vinieron todos de golpe. Aún así acabé contenta y emocionada por haber puesto mi granito de arena en esta actividad. Gracias a ella, he concluido que los nervios no aportan nada en una profesión como esta ya que nunca sabes cuando aparecerá tu próxima noticia o en que entorno se dará.

¿Sigues queriendo ser periodista?
– Aún tengo más ganas.

ALEXIA COLUMBA 1ºC PERIODISMO
Sinceramente que hablaría ante cien, veinte o dos personas no se me pasó por la cabeza y después el número tampoco ocuparía espacio en mis pensamientos, sólo me preocupaban dos cosas el qué y el cómo, a la manera de dos grandes titulares que mantienen el tiempo en suspensión, sobrevolando como una duda hecha de plomo. No creo que al oyente o al testigo sólo le interese la noticia per se- cuya veracidad nunca debe ser comprometida-, sino que al buscar también le importa y le atrae el cómo se cuenta. Si no, es retratar la noticia como una naturaleza muerta, con el rigor mortis justo para considerarla un hecho noticiable, y si fuese así el periodista se limitaría a diseccionar asépticamente con declinaciones técnicas y un aire burocratizado. No puede ser, no puede ser sólo esto, elementos operacionales ensimismados en los estados alterados de la materia. La noticia inmune al carácter. Si la noticia tiene esta única cara, la decepción sería lapidaria y la transmisión tendría sólo el aspecto del aire templado, ni demasiado expuesto ni demasiado hundido, no me convence y no me basta. El protocolo deja en cuarentena todas las confesiones importantes del hecho noticioso, quedando éstas reservadas a la extremaunción, supongo que por eso dicen que las tumbas nos dejan mejor de lo que fuimos. Sin embargo yo decidí titularlo el minuto crítico en todos los sentidos de la palabra, intentando calibrar la forma con el contenido y al hacerlo tal vez hallar un personaje común que cierre el círculo e hilvane la historia, tan complicado como recorrer el espacio que va del yo al mí: semántica, y más que eso, dar un paso atrás que te permita ver los defectos igual que la forma. No nos equivoquemos las noticias requieren un corte quirúrgico, pero no sólo eso, tienen una terquedad metódica, las medias sonrisas son el pretexto de una mente individualizada con el falso aspecto de un espacio despejado. Al final siempre queda la duda y la reflexión derrotista, ¿es correcto, y es lo correcto o está todo mal?
La noticia encuentra su naturaleza no en el ser, sino en el estar, no hay pues necesidad de exequias o panegíricos. La condición de Tántalo es un arte que perfeccionar, el eterno debate entre la noticia y el aspirante a darla.

Lo veías en clase todos los miércoles y jueves. Al principio te chocaba, era algo nuevo. Pero con el tiempo todos nos hicimos a él, se había convertido en una rutina, como algo mecánico. Obviamente sabes que te va a tocar, pero no cuando, era una incógnita repleta de angustia. Y es cuando menos te lo esperas, un día cualquiera, de repente dicen tu nombre, todo se paraliza, ya no hay vuelta atrás, tu día ha llegado.

Vas a clase como si fuese un día normal, pero no lo es, hoy te enfrentaras a él. A ese momento en el que estas tu solo ante más de cien personas, de las cuales la gran mayoría son totalmente desconocidas para ti. Aún tengo el recuerdo de todas esas miradas puestas en mí, no les quieres dar mucha importancia quieres centrarte en lo que realmente importa, pero inevitablemente se te pasan por la cabeza preguntas como: ¿qué dirán? ¿que pensaran? Y todo ello en el preciso instante en el que sostienes el papel que contiene la guía de tus noticas e intentas no parecer una ‘gelatina’ gigante y parlante. Todo termina, y sientes una agradable sensación de liberación.

Si tenemos la ocasión de volver a vernos, espero disfrutar más de la oportunidad que nos concedes de comunicar. Hasta siempre los sesenta segundos más largos (y la vez más cortos) de mi vida. Hasta siempre Minuto Informativo.

Y es que en un minuto todo cambia y todo pasa, para muchos fugaz como un instante, para otros el minuto más largo de sus jóvenes vidas.
Pese a que prestaba mucha atención a los minutos informativos de los compañeros y la forma en que lo enfocaban, me limitaba a escuchar, pues parecía que acabaría la asignatura y nunca me tocaría a mi.
Se que para algunas personas hablar en público es un nudo en la garganta, un mar de nervios que va de los pies a la cabeza y un pánico interior que no desaparece hasta que terminan, todo esto unido al famoso “qué dirán”, o el “y si…” , esas inseguridades que desde pequeños nos atormenta la cabeza, bien por la educación o bien por la sociedad que nos rodea; ambas van de la mano.
En cuanto a mi, mejor o peor, nunca me ha costado hablar en público.
Nunca tengan miedo al “qué dirán”, porque el mayor arrepentimiento es el de las cosas que no nos animamos a hacer.
No deberíamos pasar vergüenza por comunicarnos hacia los demás, ya que más que algo fundamental para nuestra futura profesión, es algo necesario para la vida.
Avanzó el tiempo y con el la lista de alumnos, mi turno, aunque dudaba si usar mi acento canario, o si quedaba mejor neutralizarlo, yo iba confiada al minuto informativo.
Empecé bien, intente poner noticias culturales, algún suceso de última hora, y el tiempo. Nada de política, ni deporte, pues siempre se está hablando de lo mismo; corrupción y fútbol, ya cansa.
Decía mis noticias intentando controlar la entonación, hacerlo lo mejor posible, por un segundo me empezó a importar qué pensaría el profesor de mi. Empecé a temblar y mi cuerpo hacía lo que mi mente no quería. No era vergüenza, era el darle más importancia a la mirada atenta del profesor que a la confianza que tengo en mi misma. Y eso, es un error. Intente controlarme y terminar lo mejor posible, con una de mis frases de cierre.
Y yo ahora pido un minuto, un minuto de silencio por las asignaturas que son de relleno y pura teoría, ojalá tengamos más asignaturas con prácticas como este minuto informativo que fue tan significativo, para todos los que tenemos el objetivo de aprender a comunicar. Y es que la teoría es importante, la base de todo. Pero sin duda, con la práctica se consigue la seguridad, y con la seguridad se consiguen las cosas bien hechas. Gracias.

El minuto informativo, aquella sección de clase que a todos gustaba escuchar, pero no a muchos realizar.

Desde muy pequeño me he imaginado que estaba en una radio al frente del programa de informativos. Por tanto, cuando conocí que en esta asignatura lo haría de cara al público, y a un público amigable y que me inspiraba confianza, mostré una gran ilusión por el minuto informativo, algo poco común en los demás.
Ya se sabe que, para alcanzar un estado de bienestar, es necesario invertir un tiempo de trabajo. Y la parte de más trabajo, tuvo lugar el día anterior con la recopilación de las principales noticias de actualidad. En efecto, actualidad… informar implica actualidad. A la hora de repasar te das cuenta de que no estás dando noticias de actualidad. Vuelta a empezar.
Hasta que por fin llega el día. Pero algo no surge según lo previsto. Juan Carlos llega a clase y dice Iñaki María Avial, minuto informativo. ¡La dinámica cambia y toca empezar la clase por los informativos! Todo periodista debe saber improvisar, pensé. Pero, improvisar no es aquello que tanto has preparado el día anterior… No recuerdo más que 2 cosas del minuto: Mucho jaleo y muy corto se me hizo… me quedé con ganas de más. Seré raro, pero al contrario que a la mayoría, una vez más, me gustó.
Como anécdota me queda que dije: “Buenos días, son las 12″ (cuando en realidad eran las 11).

7:30, un autobús recorre la A3 con dirección a Conde Casal. Y yo, sentado en el mismo sitio de todas las mañanas, devoro titulares de diferentes medios como acostumbro a hacer. Pero aquel día era distinto, aquel día no se quedaba en una simple lectura. Había llegado el momento de seleccionar los más jugosos, los más atractivos o, quizás, simplemente los que más consiguieran traspasar mi estado somnoliento de enemigo acérrimo de las mañanas. Porque esa mañana me tocaba ponerme en pie delante de un aula llena para relatar esos 4 o 5 titulares en 60 vibrantes segundos, con la única misión de conseguir en esa audiencia lo que aquellas noticias habían conseguido conmigo: Conseguir su atención.

No debería haber supuesto un gran reto en lo que a nervios se refiere. Al fin y al cabo, no son pocas las veces que me he subido a un escenario para tocar canciones propias y ajenas delante de un público que no dista mucho del que me esperaba aquel día. Pero dos cosas había que, sin yo saberlo, harían de esa experiencia algo completamente distinto:

1- Aquel día no solo iba a relatar aquellos titulares en 60 segundos. Acto seguido iba a leer una poesía escrita por mí mismo hace ya 3 años. Y relatar algo “ajeno” a mi persona e, inmediatamente después, algo tan íntimo y profundo como son mis sentimientos… El contraste me pilló desprevenido.

2- Esa mañana se iba a producir algo que yo no sospechaba, por primera vez iba a hacer algo cercano a lo que pretendo hacer lo máximo posible durante el resto de mi vida. Llevar la información a quien está dispuesto a escuchar (quizás también a alguno que no tenía esa predisposición pero a quien la información a atraído inevitablemente). Cuando me puse en pie y note el silencio de quienes esperan a escuchar lo que tienes que decir, algo dentro de mí se removió y me hizo ser consciente de lo que estaba ocurriendo.

Benditos nervios, bendito temblor. Los viejos rockeros dicen que si, al subir a un escenario, no sigues sintiendo nervios aunque hayan pasado décadas y millones de espectadores desde la primera vez, no te molestes en seguir haciéndolo porque ya no tienes pasión. Así que solo espero que esa pasión permanezca intacta, aprender a convivir con ella y hacerla mi aliada de ahora en adelante. Que no se apague. Que nunca pare. Que no me pare.

“¡Me tenía que tocar a mí la primera!!” Le dije a mi compañera de al lado “siempre me pasa igual” añadí.
Recuerdo que ella me respondió con un “tranquila, verás como lo haces bien. Te ayudare cronometrándote, si quieres”
Primer reto, primer minuto. Desventajas de ser tímida y tener que hablar delante de más de cien personas, pero ¿qué mejor remedio para superar mis miedos qué enfrentándome a ellos?
Me compre todos los periódicos que encontré en el kiosko más cercano, leí los periódicos online y las últimas notificaciones de noticias que aparecían en mi móvil, las dudas eran miles ¿cuál será la más importante?, ¿cuál se merece estar en los 60 segundos?, ¿tenía que ser creativa? o ¿solo leer los titulares? Me quede con lo básico. No me arriesgue. Dos noticias de ámbito nacional, otra de internacional y por último una deportiva. Lo redacte. Practique con el cronómetro y en mi cabeza mientras tanto “Respira. No te pongas nerviosa que luego acabas hablando rápido y pareces Shakira cantando waka waka”
¿Un minuto? ¿¡Un minuto?! 60 segundos lo que equivale a 60 milisegundos. Déjate, déjate, concéntrate.
Son las 12 las 11 en canarias y me tocaba a mí el famoso minuto informativo, me pongo en pie y “Buenos días…” ay, recuerdo no apartar la mirada del folio intentando no temblar. Seguro que no he llegado al minuto y he hablado como si de una carrera se tratase “aaah!”, pero se terminó. Paso el relevo.

Como una extranjera, una china que todavía no habla muy bien el español, me parecío que el minuto informativo es mi “pesadilla”. No oso imaginar como será que yo hablo delante más de 100 personas. La noche anterior me preparé dos manuscrios, uno es de español y otro es de chino que el profesor me pidió y practiqué una y otra vez.
Aquella clase no pude escuchar nada, solo me quedé fijada en mi papel y hice lectura silenciosa. El tiempo pasó tan lento, hasta que el profesor nombró mi nombre, mi corazón latió violentamente y me puse nerviosa alzándome.
-Esta compañera va a informar en dos idiomas, primero en chino, adelante. Dijo el profesor, quien ya tomó su boli y anotó como lo hice. Tanta gente centrando sus ojos en mi cara y después de respirar, empecé a leerlo en mi lengua materna, pero sin control, lo leí cada vez más rapido por los nervios, sé que es divertido, porque los chinos no van a hablar tan rápido. Cuando terminé, miré al profesor y a mi alrededor con una cara sonrojada, no sé si estuvo bien o mal.
-Respira. ¿Seguro que lo que dices es verdad? Bromeó el profesor y todo el mundo se rio.
Me reí también y mis nervios se relajaron mucho, luego seguí leyendo en español.
Gracias al minuto informativo, he hablado delante de tantas personas en un idioma que nadie entiende pero todo el mundo te escucha seriamente, este sentimiento fue maravilloso para mi. Gracias por esta oportunidad, recordaré aquel momento con mucho cariño.

Si te acongoja la pena o te revienta la dicha no debes de hacer caso. Creo que ante toda situación donde hay que mantener el control, de forma jactanciosa y dejando de lado la pusilanimidad hay que enfrentarse al oyente que no desdeña los fallos. Olvidar complejos para que suene lo más limpio y puro nuestro mensaje. No hay que olvidar que, aunque leamos un texto que no es nuestro o aunque enunciemos noticias en tercera persona, siempre habrá un yo ineludible en cada palabra que soltemos por la boca. Como Cyrano deberás atacar con el alfabeto a la hora de hablar. Y al finalizar os hiero, y al acabar el minuto sentir como rematas a los espectadores. Como clavar una pica en Flandes. Así comencé yo a afrontar mi composición de noticias. Envalentonada al principio fui perdiendo fuelle hasta que llegué sin aliento al día. Más que el Cyrano de Bergerac parecía, por lo colorada y mi posición ante la silla de pie, Charlie Rivel. Quizás también por los llantos posteriores.
Prefiero retirarme al estudio y la práctica para volver más fuerte, que tener un sobresaliente a la primera. Ya que pensaría que fue un golpe de suerte.

Primero fue el miedo. El terror de ver cómo algunos alumnos se levantaban y empezaban a recitar las noticias. Pensé que era improvisado, pensé que eran alumnos al azar, ¡Y casi me muero del susto!
Luego vino la explicación, que era algo que todos debíamos hacer, que se podía leer, que era como una práctica más. Y empezó la preocupación. Preocupación por hacerlo de una forma original, o clásica, por qué noticias escoger, por cómo leerlo, por si gustaría o no, por pensar si controlaría mis nervios, si me temblaría la voz, si me equivocaría al hacerlo.
Días enteros pensando formas originales de dar las noticias, jugar con distintos enfoques, de darle vueltas y más vueltas.
Y llegó el día de antes, y escogí las noticias que me llenaban, que me interesaban, y me sentí segura, porque era mi noticiario, eran mis intereses, y me gustaba.
Y llegó el día, y ya no estaba nerviosa. Hablar en público es para mí como leer mi libro favorito. Y con nervios y todo, me levanté, y comencé.
Sí, me trabé. Leer no es tan fácil. Lees más rápido de lo que hablas. Pero no importó, seguí adelante.
Y cuando acabó, me senté, liberada ya de la responsabilidad de hacer más, y me dio hasta pena.Pena porque gracias a ese minuto, di protagonismo a las noticias silenciadas, di voz a las amordazadas, y eso no lo cambio por nada.

Cerré los ojos y suspiré, jamás había temido tanto por oír mi nombre. Por otro lado la ilusión llenaba mis recovecos, una sensación profundamente ambigua que siempre ocurre cuando empezamos algo nuevo. Quizás siempre no, quizás solo cuando sabes que llega algo importante. Alcé la voz y comencé. Casi escuchaba más los latidos de mi corazón así que volví a alzar la voz, estaba ganándole la batalla a mis nervios. Estoy hecha para esto. La magia de los comienzos se asemeja a subirse a una lanzadera, arriba no sabes ni por qué lo hiciste, pero una vez en tierra volverías a hacerlo una vez más. Sientes el agua fría en los pies cuando quema la arena, entras en la zona de confort que quince minutos antes jamás pensaste que alcanzarías y entonces vuelves a repetir: ”estoy hecha para esto”. Dicen que el miedo se supera enfrentándote a él, que un gran músico siempre lo siente antes de subirse a un escenario, que lo mismo le pasa a un atleta que se santigua antes de salir al terreno de juego. Eso es ilusión, humildad y magia. Se trata de saber que puedes fallar, que todos te miran y que podrán decir mil cosas de ti, pero la ilusión y el amor a lo que haces también se siente en las gradas, en la audiencia y en tus seguidores. Así lo sienten todos y así lo sientes tú, así que, ¿Que más da cuantas veces falles si esto es lo que te corre por la sangre? Seguro que lo harás mucho mejor que el que tiene más talento y menos ganas. Alcé mas la voz y terminé: ”pasen un buen día” (nunca será mejor que el mío).

¿Cómo algo tan fugaz como un minuto puede convertirse en una eternidad? Sesenta segundos… sesenta segundos de agonía y paz. Sí. Y es que, el minuto informativo es el desencadenante a un cúmulo de sentimientos contradictorios. Por un lado, te mueres de ganas de que llegue tu día, el día en que puedes destacar entre más de cien personas y exponer ante ellas las noticias que a tu parecer, son las más relevantes de la actualidad. Por otro lado, te mueres de miedo, porque es el minuto que representa todo aquello que harás en un futuro no muy lejano, y quieres hacerlo lo mejor posible, para demostrarte a ti misma que vales para esto. Pero acaso, ¿no es todo lo bueno de esta vida aquello que más nos cuesta conseguir? Lo que rápido viene, más rápido se va. Solo hay que tener clara una cosa: nadie va a regalarte nada. Por eso, hay que aprovechar cada oportunidad que se nos brinda, sobre todo, aquello que hace que podamos poner en práctica nuestras habilidades, para mejorarlas y llegar a ser todo aquello que queramos ser. El minuto informativo ha sido la primera de esas oportunidades, y puedo decir, que está superada con éxito. Con él empezó esta gran aventura que es el periodismo. Solo queda decir gracias y hasta nunca, minuto informativo.

Minuto informativo para ti. Minuto de silencio para los demás. Tienes que ser breve. Tienes que ser preciso. Tienes que ser novedoso. Tienes que estar seguro. Todo va a salir bien si cumples todo lo anterior, solo es un minuto. Un minuto para ti. Un minuto en el que todos tus compañeros y tu profesor te van a estar escuchando con curiosidad y respeto. Un minuto para contar lo que pasa en todo el mundo. Un minuto en el que has estado pensando desde que el maestro dijo que iba a ser tuyo. Y por último, un minuto de experiencia en esta profesión; la primera experiencia periodística.

El miedo a que los nervios te jueguen una mala pasada, a no aprovechar bien esta oportunidad, a que no te salga como quieres. Eso es el minuto informativo. Un minuto que se hace eterno pero que a la vez es muy fugaz. Por un minuto te sientes como esas personas que están detrás de la pequeña pantalla cada día informando al mundo. Quizás a día de hoy no valoramos ese minuto, pero quizás dentro de unos años recordaremos este minuto informativo como el primero de muchos, como aquel minuto informativo que dio inicio a una carrera, a una nueva forma de vida.

“Tal vez, lo que necesitas no es contar los titulares del día, sino vivirlos”, decía un querido amigo la tarde anterior al temido minuto informativo. Y así decidimos pasarla, sentados frente a la sede del PSOE, esperando cualquier movimiento y conversando con algunos de los corresponsales enviados a cubrir el asunto.
Sin embargo, esto no ayudó mucho a calmar mis nervios, que fueron acrecentándose conforme se acercaba el momento, pues, aunque no era la primera vez que me dirigía a un público de oyentes, sí que era la primera vez que lo hacía sintiéndome como una periodista de verdad. Y, aunque mi cabeza intentara retrasarlo centrándose en otros asuntos, finalmente llegó el día.
Los minutos se fueron sucediendo y contemplé la destreza vocal de algunos de mis compañeros y la falta de experiencia de otros, hasta que, finalmente, el profesor pronunció mi nombre. Me levanté. Las piernas y las manos me temblaban mientras que la hoja que sostenía parecía haber tomado vida propia entre mis manos y bailaba de un lado a otro sin detenerse. Tomé aire. 1, 2, 3… Y comencé a hablar: “Buenos días, son las 12, las 11 en Canarias y estos son los titulares del día”.
Cuando terminé, me senté extasiada. Mis compañeros de mesa me felicitaron, pero yo en aquel momento solo tenía ganas de llorar por el gran peso que me había quitado de encima en menos de un minuto.
Ahora, con meses de reflexión, lo miro desde otra perspectiva y me doy cuenta de que sí valió la pena, por muy duro que fuera, porque fue el primer paso para mi futuro.

Finales de septiembre, principios de octubre.Aparece un señor llamado Juan Carlos Marcos Recio,dice ser el profesor de documentación.En una de sus clases magistrales,hace un inciso,nos cuenta nuestra primera practica,si el minuto informativo,en ese momento empiezo a tener a tener sentimientos encontrados, no se si me produce miedo o es que presiento que este camino no va a ser fácil.Primera toma de contacto con el mundo al que te quieres dedicar,si no sientes miedo en principio , es que no le tienes respeto al periodismo.Da igual,todavía queda mucha lista de alumnos.Pero aquel día llegó,aquel dichoso minuto.Toda la tarde anterior preparándolo,buscando las mejores noticias,mandando audios a tu familia para pedir opinión,pero sobre todo lo más importante,intentando absorber a tu queridísimo profesor para que te ponga un 10 y sobre todo para que piense “esta chica tiene talento”.Ahí llego yo,con mi minuto preparadísimo,mi ordenador con música y mis piernas temblorosas.Así fue como conseguí hablar sin respirar durante 1 minuto,todo un milagro que siga viva.Me quedo con la sensación placentera que sentí al terminar,cumplir mi trabajo y mi sueño,informar a aquellas personas de lo ocurrido aquel día.Esta practica hace que te metas en el papel,creerte periodista,documentarte y ser consciente de lo importante que es lo que estas diciendo y la repercusión que tiene una información.

Por suerte o por desgracia mi apellido comienza por la letra b, por lo que mi turno no tardó en llegar. Recuerdo como el día de antes esperé hasta el informativo de por la noche, tras verlo elegí cuidadosamente las noticias que iba a transmitir a mis compañeros.Tenían que ser claras y actuales, tampoco podían ser todas negativas. Realice un montón de pruebas para cuadrar el tiempo, cambie mil veces la presentación y la despedida hasta que encontré la adecuada. No paré de ensayar hasta el momento de realizarlo ni siquiera de camino a la facultad en el metro. Cuando llegó el momento en el que el profesor me nombró, comencé a ponerme nervioso y noté como mientras transmitía las noticias a todos mis compañeros me temblaba el cuerpo. Por suerte no me trabe y a mi parecer me salio bastante bien, pero los momentos antes de realizarlo y el día que te nombra el profesor, prefiero no volverlos a tener que vivir el año que viene porque eso no sería nada bueno, pero si que me gustaría volver a encontrarme con él en mi futuro laboral.

Se volatiliza. Tras pensarlo, es la única respuesta que logra explicar por qué es tan efímero. Intenso, sí, pero fugaz. Demasiado corto como para calmar las ansías de transmitir información que contiene un aula llena de proyectos de periodistas. Ahora qué, qué asustadiza voz nos susurrará lo acontecido en las últimas horas; ya sea en español o en chino…
Nadie sabe qué será de ti, qué planes tienes para los próximos nueve meses sin madrugones, o si llegarás a leernos siquiera. Aún así, pase lo que pase, quiero hacerte llegar un mensaje en nombre de nuestro grupo de Whatsapp “Periodismo 1ºDivas”: eres mágico, interesante y divertido a partes iguales. Contigo sentimos por primera vez el cosquilleo de informar; eres el principio de nuestro futuro.
Toca despedirse y ya sabes, no quisiera causarte molestias durante tus vacaciones, por lo que seré breve: gracias, amigo. Gracias por avivar mi amor hacía la profesión.
Posdata: si no te has decidido, quedas invitado a pasar este periodo en mi paraíso canario, aunque… dudo que te interese tener que sintonizar Radio Complutense a las 9.

El 24 de noviembre amanecí con ganas de comerme el mundo, de que saliera de mi cuerpo un tono particular de periodista donde mis nervios hicieran más fuerza que mi mente, era mi momento, llegaba aquel esperado minuto. Intenté creer que no me iba a poner nerviosa, que simplemente iba a leer de manera concentrada un papel sin mirar a nadie, pero, como todos podéis imaginar, me equivocaba. Llegó mi hora, el momento en el que escuché mi nombre, en el que debía ponerme de pie e informar de las noticias más relevantes. Ahí, cuando me prometí no mirar más allá de mi folio, solo veía un papel tembloroso rodeado de cabezas mirando de reojo, interesadas en conocer mi voz y empatizar. Compañeros con la posibilidad de juzgar la decisión que tomé.
Jamás había pensado que 60 segundos fueran tan largos y que un eco de infinitud de respiros expectantes solo estuvieran pendientes de mis palabras, pero, lo que de verdad nunca creí, es que fuera capaz de enfrentarme con firmeza a mi profesión, a la actualidad con la que estoy dispuesta a comprometerme y en la que me veré inmersa, a este oficio al que conocen como periodismo.

El minuto informativo, me acuerdo cuando llegué a clase una semana después que mis compañeros debido al cambio de grupo y me encontré contigo. Esa práctica con la que solo al oír su nombre me entró y nos entró un escalofriante vértigo, un miedo a decir en tan solo 60 segundos toda la actualidad de España y del mundo, pero pensé Laura venga este va a ser tu futuro no tienen que poder los nervios y el miedo contigo, tienes que vencerlos tu a ellos y superarlo. Día tras día iba escuchando los nombres de los compañeros que tenían que hacerla y esperaba que nunca llegara mi turno, hasta que llegó y me tocó como les había tocado a los demás, intenté prepararla de la mejor manera posible pensando que incluso una hora antes de que llegaran las 10:00 de la mañana podía acontecer cualquier noticia que pudiera trastocar todos mis planes, cualquier cosa me ponía más nerviosa aún debido al temor que tenía a que no contase todas las noticias de última hora o que me trabara o que me diera la tos y no pudiera parar. Gracias a ti he tenido mi primera pequeña experiencia como periodista y espero que seas la primera de muchísimas.

Un minuto. Un minuto para contar todas esas noticias con las que se despertó el día. Para demostrar por qué quiero dedicarme a esto. Un minuto que tardó en llegar y se fue demasiado rápido. Una primera toma de contacto con eso que algún día será nuestra profesión. Y muchos nervios peleándose con las ganas, que al final ganaron. Le dediqué un viaje en tren, muchas consultas y más repeticiones de las que quizá se merecía, pero valió la pena que el cronómetro se cansara de que no le dejara avanzar más de sesenta segundos. Se fue y, después de temerlo, ahora todos lo echamos de menos, aun sabiendo que, tarde o temprano, se volverá a cruzar por nuestro camino en un futuro que esperamos no muy lejano. Minuto informativo, ha sido un placer compartir noticias contigo.

El minuto informativo. Ese minuto que esperas con nervios e incertidumbre desde que sabes de su existencia. Un minuto que marcará un antes y un después en tu futuro profesional, el primer reto al que un periodista se enfrenta.
Observas cada día como tus compañeros con valentía y fuerza exponen sus noticias, con mayor o menor desazón, pero confiando en si mismos. Piensas en como lo harás tu, si estarás a la altura, si demostrarás en sesenta segundos si esta profesión es para ti.
Ese mismo día sólo puedes pensar en él, en superarlo con creces e intentar aprovechar ese momento, tu momento. Disfrutar de aquello que formará parte de ti toda una vida, la profesión que has elegido por vocación.
Finalmente llega el momento, las doce, te levantas y expones las noticias seleccionadas con garra y brío.
Al terminar sientes nervio y al mismo tiempo regodeo. Te das cuenta que ese famoso minuto es sólo la primera piedra del camino.

Y por fin llegó el 16 de noviembre, sí, el día que me tocó cerrar el minuto informativo de esa mañana. Tenía que dejar a mis compañeros y profesor con un buen sabor de boca.
Mi despertador sonó a las cinco, yo tenía que pillar las noticias más actuales posibles no me podía conformar con las de la noche, de eso se encarga un periodista entre otras muchas cosas. Mi propósito era decir pocos titulares, los más actuales y a la vez informando, pero haciéndolo ameno y sin ser pesado para la gente que me esté escuchando. Hablando alto y claro. Mi desparpajo y acento extremeño no lo podía perder, siempre va conmigo. Iba muy decidida y a por todas, me pinté mis labios de color vino y camino a la facultad.
Llegó mi momento, sí, ese maravilloso momento que, por ser el primero, las piernas temblaban, pero eso no iba a impedir mis fuerzas y mis ganas de poder mostrar lo que valgo.
Terminó y muy contenta por la reacción de mis compañeros y mi profesor que, aunque me corrigió en un titular, para eso está, para decirme tanto lo bueno como lo malo y así poder aprender de él. Y también me quedo con sus felicitaciones, que eso provocó en mí, una sonrisa de oreja a oreja. Y así es, una experiencia que la volvería a repetir sin duda alguna.
“Oh,bendito minuto informativo, que estas en las mentes de todos los novatos periodistas por J.C Marcos Recio, santificado sea ese minuto,
venga a nosotros tus informaciones,
hágase tu voluntad en la Facultad de Ciencias de la Información, Amén”.

Fue el primer contacto que tuvimos con lo que de verdad va a ser nuestra profesión. Una simulación perfecta del esfuerzo de estar informado durante todo el día para poder llegar a clase y transmitir. Más que informar, fue disfrutar contando lo que sucedió en la actualidad. Disfruté contando las cosas a mi manera, con mi propio estilo, centrándome en las noticias que más importantes me parecieron aquel día.
Lo definiría como mi primer reto periodístico, parecía sencillo, pero detrás de unos simples sesenta segundos de información se escondían nervios, horas de preparación y emoción. Nadie que de verdad aprecie esta profesión va a saber la satisfacción de ser escuchado por un centenar de personas mientras les cuentas las últimas novedades informativas. Lo bonito del minuto es ver la expresión de la gente al oírte, al escuchar noticias nuevas, algunas conocidas, otras causaron más sorpresa, esto será algo que no podamos disfrutar en nuestra profesión todos los días, informaremos, nos escucharán, nos leerán, pero nunca sabremos la expresión facial de aquella persona en ese primer instante.
Disfrutar haciendo lo que más me gusta, lo que voy a seguir habiendo durante estos cuatro años de carrera, y a lo que pienso dedicarme cuando salga de esta universidad, el minuto quedará apartado como un bonito recuerdo, pero siempre será mi primer contacto con la que es mi vocación.

Nervios, nervios y nervios, esa es la palabra que define el minuto justo en el que dicen tu nombre por primera vez y te toca comenzar a hablar. Un minuto informativo puede parecer insignificante para muchas personas, pero es algo muy importante para cualquier alumno de periodismo, que este en los comienzos y tenga el sueño y la ilusión de llegar a ser en el futuro un gran periodista.
Es el momento en el que sales de tu pequeño mundo y vives de cerca lo que es la profesión, aunque sea en pequeñas dosis, la milésima de segundo en la que te das cuenta que se abre un gran abanico de sentimientos incontrolados que te ponen los pelos de punta, y que a la vez te llena el cuerpo de un desmandado hormigueo que aparentemente parece que no va a dejarte articular palabra pero que como bien he dicho, solo aparentemente. En mi caso he de decir que me encanto la posibilidad de poder practicar un minuto informativo desde el primer momento, justo ahí es cuando comienza la locura, y todo eso transcurre en los días siguientes cuando prácticas día tras día, y te lo repites, y te lo vuelves a repetir y así hasta mil doscientas veces, y es ahí, justo ahí, cuando por primera vez te quedas satisfecho con tu trabajo. Todo eso es lo que hace que cada día tengas la emoción de ponerte a seleccionar las noticias, de utilizar tu propio criterio, de querer mejorar, de llenarte de esas ganas de superarte e ir haciéndolo cada vez mejor y poder demostrarlo cuando llegara tu turno en la temible lista.
Para mí el minuto informativo ha sido mucho más que sesenta segundos, han sido ganas, entusiasmo, oportunidades de mostrarte, de sobresalir, esfuerzo, aprendizaje, constancia y la señal de unos primeros pasos en los que tu cabeza se da cuenta o empieza a tener constancia de que si, de que estás haciendo el trabajo de un periodista.

El minuto informativo volvería a hacerlo tantas veces como pudiera, volvería a sentirme la “chica del telediario”, a entonar como ella o al menos intentarlo, a tener a todos los oyentes que tuve, a prepararlo y ensayarlo una y otra vez hasta que la entonación y el transcurso de una a otra noticia fuera correcto.

Lo que recuerdo de mi minuto informativo son los nervios de aquel día, quería hacerlo perfecto, sin equivocarme, entonando tal y como lo había hecho cientos de veces antes en mi cuarto…Pronto llegaron las 9.00, las 9.10, y 20, y 30 … y así contando los minutos hasta que dieron las 10.00 de la mañana, y enseguida el profesor me nombró , y entonces, comencé… “Buenos días, son las 10, las 9 en Canarias, comenzamos con el minuto informativo…” y 60 segundos después todo había acabado. -“Se acabó minuto informativo”, pensé. A día de hoy solo espero que vuelvas, te estaré esperando. Te agradezco todas las sensaciones y la emoción que como futura periodista llegaste a producir en mí.

“En ocasiones se nos escapan miles de sensaciones y sentimientos que caen en el olvido de un instante,
aullidos, bramidos que se ahogan lentamente en el frío silencio.
y frío, ardiente y arduo escalofrío baila mi cuerpo con temblores al son de los nervios.
Tarde llegó la hora.
Erguido, postrado frente al resto, era yo la voz.
Era aquel que permitía informar de todo aquello.
-Jose Carlos Aragón.
Sudores, suspiros.
Sesenta segundos.
Sesenta rápidos segundos, infinito en un minuto.
Desgracias, desdichas, a la hora de las noticias.
Un aplauso, por favor.
ya todo ha cesado, aquel ardor ya ha saciado.
Los nervios desaparecen, de nuevo los sentimientos divergen.
Y con aquel instante fijamos un recuerdo,
una experiencia que,
cuerdo,
como periodista añoraré y guardaré en sentimiento eterno”

‘Alejándrez Andión… maldito apellido que tengo.’ Esto es lo que llevo pensando toda mi vida, ya que debido a ello he sido siempre el conejillo de indias a la hora de salir a la pizarra o hacer el primero algo. Este año, por primera vez, no soy el primero de la lista, soy el séptimo, pero aún así tocó hacer el Minuto Informativo en la segunda ronda, en segunda posición. La verdad es que nunca he tenido muchos problemas para hablar en público, siempre mis profesores han tenido una predilección por las exposiciones en la pizarra que nunca he llegado a entender, pero que ahora agradezco en cierto modo. Yo soy de los que piensa que si toca hacer algo ‘si o si’ es mejor dejar a un lado la vergüenza y hacerlo lo mejor posible, ya que con miedo y timidez los nervios se notan más y te acaban jugando una mala pasada. Por eso me puse de pie delante de 130 desconocidos —sí, todavía íbamos todos a clase, era la primera semana—e informé de las noticias más destacadas del día anterior. La verdad que no fue la mejor experiencia de mi vida, ni me salió como yo habría deseado, pero lo hice lo mejor que pude y traté de que fuera lo más natural posible y de no parecer un robot preprogramado. Creo que me salió bien, el tiempo fue justo y el tono de voz, creo que, adecuado. Es obvio que los ha habido mejores, ya que con el paso de los días la vergüenza con el resto de compañeros va disminuyendo, y el hecho de ver como lo hacen los demás te da la posibilidad de aprender, tanto de sus fallos como de la manera de hacerlo, ya que cada uno aportamos una idea y un toque personal.

Con respecto a la idea de hacer un ‘Minuto Informativo’ en mitad de la clase me parece que es muy buena, ya que se hacen más amenas las clases y se rompe con la seriedad que la asignatura tiene.

Querido minuto informativo:
Gracias por dejarnos sentir periodistas durante 60 segundos, en los cuales muchos de nosotros nerviosos ante la oportunidad de dejarnos escuchar ante aproximadamente 100 compañeros, hicimos de él una oportunidad única.
Una oportunidad única que será recordada por todos nosotros como la ¨primera práctica¨ realizada en este mundo de los medios comunicativos.
Un mundo de los medios que esperamos que con esfuerzo y trabajo nos sonría en un futuro.
Gracias minuto informativo, gracias profesor.

“Son las 10, las 9 en Canarias”, día tras día escuchando esa frase en boca de los compañeros y temiendo el día que me tocara, pero… ¿por qué temiendo? Recuerdo el día que Juan Carlos explicó la práctica, me resultó la más excitante e interesante de todas, la que más me ayudaría, sin duda, la que más se asemejana a aquello que me hizo estudiar periodismo. Y no me confundía, desde luego tenía los nervios a flor de piel, como si el minuto lo fuese todo, como si antes y después no hubiera luz, ni oscuridad. Recuerdo que pedí beber agua antes de comenzar, el movimiento de mis noticias como consecuencia del temblor de mi mano, de mi cuerpo en general, pero, desde luego, recuerdo la satisfacción de terminar, ya podía decir orgullosa que había hecho el minuto informativo, y, tras vivir la experiencia… ¡La repetiría sin duda alguna! Requiem por el minuto informativo

Aquel día caminé con resolución, y por qué no decirlo, también con cierta inquietud hacia el aula 537. He de admitir que más que caminar, corrí con resolución, puesto que se adelantó la hora del minuto informativo. En mi mente se agitaba la misma duda que probablemente asaltó a mis compañeros en su momento: “¿lo haré bien?”. Elaborar un minuto informativo, para después recitarlo en voz alta y clara ante la mirada expectante del profesor, sumada a la del resto de mis compañeros, fue una experiencia novedosa para mí. En mi opinión, algo ameno, agradable y beneficioso que definitivamente rompía con la dinámica que habitualmente siguen las clases. A pesar de los nervios, y ése temblor fino tanto en la voz como en las piernas, puedo decir que fue una actividad divertida.
¡Gracias por ello!

Una grata experiencia que rompe con la tónica de las clases, aportando cierto dinamismo. Nos acerca a lo que un día pretendemos ser. Este tipo de prácticas, que nos sacan de la monotonía del apunte y estudio, son de agradecer. Aportan una prueba tangible de nuestra capacidad, aunque los nervios nos traicionen. Piernas temblorosas, notas al borde de precipitarse fuera del alcance de su angustiado dueño. Prueba de fuego para nosotros, neófitos de la profesión. Te recordaremos con cariño.

Gracias. Creo que eso es lo que tendría que decir al minuto informativo. Comienzo y afirmación de aquello que me gusta, el periodismo. Me ha ayudado a desenvolverme como a muchos otros compañeros. Aunque, he de reconocer que al principio no lo veía como un amigo, sino como su total antagonista.
Según la persona podía producir diversas emociones, sin embargo creo tener razón si digo que a la mayoría les provocaba la misma, temor. ¿Y cómo no? Es normal tener miedo a aquello que no conocemos. Nos ayudaste a impulsar nuestros deseos de informar y no sólo eso, fomentaste nuestras ganas de hacerlo más veces y superarnos a nosotros mismos en todo momento.
Al final y al cabo, a esto nos vamos a dedicar. Tendremos el privilegio de ejercer un derecho fundamental de la humanidad, la libertad de expresión. Que a pesar de no ser posible en todos los países actualmente, es necesaria. Para conseguir esta libertad se precisa de conocimiento, y este se adquiere a su vez de la información que los medios de comunicación damos a la audiencia, ya sea grande o pequeña. No hay que olvidar que siempre, y digo siempre, aportaremos nuestro granito de arena a la sociedad y con ello promoveremos que esta sea imparable.
Por tanto, me repito y le doy las gracias al minuto informativo por convertir lo que parece muy pequeño en algo gigante.

Sientes el querer contextualizar los titulares que hay que narrar a tiempo, la prisa del oyente, el tic tac de “cada segundo es oro” en la radio. El minuto informativo es una de las genialidades del periodismo. Sin embargo, demuestra la incapacidad de resumir las maravillas y tragedias del mundo en sesenta segundos.

El minuto informativo no fue para tanto. Puede que nos pusieras nerviosos y nos saliera mal, pero cuanto antes nos enfrentáramos a hablar ante 100 personas mejor sería para nuestro futuro profesional.
Ese día nos levantábamos pronto para buscar las noticias más destacadas de los periódicos. La selección era sencilla, el problema llegaba a la hora de redactarlas para no excedernos de tiempo. Una vez hecho, cronometro en mano, las leíamos un par de veces y nos íbamos a la facultad. Antes de comenzar la clase, hacíamos una consulta de las noticias de última hora para realizar los cambios oportunos.
El minuto informativo también hacia que la asignatura fuera más amena. Las clases eran muy teóricas y un descanso siempre venía bien.

Por fin ha dicho nombre, no sabes si suspirar o alegrarte… Llegas a casa, te desesperas, enciendes el televisor, te vuelves a desesperar. ¿Por qué tantas noticias trágicas? ¿Por qué todos los medios expresan prácticamente lo mismo? ¿Y la cultura? ¿Y la ciencia?… Política y más política y fútbol y más fútbol.
No encuentras nada, optas por buscar en algún periódico, quizás “el País” o tal vez “el Mundo”. Intentas que tus noticias estén lo más actualizadas posibles. Te decides por las más destacadas. Actualizas el periódico, vuelves a actualizar, te pasas la vida actualizando hasta que por fin tus noticias van cogiendo forma. Te surgen las dudas ¿estoy haciendo lo correcto? ¿Y si me arriesgo con otros temas? Parezco un búho frente una pantalla, creo que me voy a dormir…
Ya estamos en clase, mi nerviosismo puede conmigo. – Por favor que no me pase del minuto que no me pase del minuto…- mi cabeza repite una y otra vez. Cuando crees que está todo bajo control el pasotismo se apodera de mí. Me da igual como esté, si lo hago mal… ¿Lo podré repetir? o ¿no? Ya queda poco. De repente un silencio inunda la clase y…
Son las doce, desde radio complutense… ¡Comienza el minuto informativo!

La simple idea de capturar el tiempo pudiera parecer un acto propio de brujos o grandes alquimistas. Ni los unos ni los otros -con sus ambiciones de convertir el plomo en metal precioso- pretendieron tamaña osadía: condensar la rotación de La Tierra, una vuelta completa, en tan sólo un simple minuto.
Pues sí, se ha obrado el milagro. Cada mañana de miércoles y jueves, eso mismo se ha venido consiguiendo desde el pasado mes de octubre.
No, no ha sido en Ginebra. Allí los sabios del CERN siguen persiguiendo a la ‘partícula de Dios’.
-“¡Que sí lo es!”, ellos creen.
-“¡Que no, que es mi bosón!”, reclama un tal Míster Higgs. Pero todos ellos ignoran que en una sencilla aula de una peculiar facultad de una simple universidad, unos humildes estudiantes motivados por el profesor Marcos, consiguen semana tras semana comprimir la REALIDAD en masa crítica. Sus universos absorbidos a través de sus ínfimas pupilas, condensados por sus mentes, pulidos por sus plumas y presentados en cápsulas sonoras de sesenta segundos.
-¿Y la fórmula?
-Tan simple como LA PALABRA.

Querido minuto informativo,
Gracias por darme la oportunidad de informar.
Gracias por ser mi primer reto de la carrera.
Gracias por demostrarme que informar es necesario.
Gracias por hacerme perder el miedo a hablar en público.
Gracias por ser el minuto más largo de mi vida.
Gracias por permitirme escuchar a excelentes futuros locutores.
Gracias por permitirme guardar un recuerdo fugaz pero eterno.
Gracias por permitirme ponerme en la piel de un reportero por primera vez en mi vida, contando las noticias más importantes.
Y sobretodo, gracias por reafirmarme porqué estoy aquí.
Gracias y más gracias,
te recordaré siempre.

El minuto informativo. Un minuto en el que delante de toda la clase debíamos demostrar que eramos capaces de contar las noticias con la suficiente convicción y claridad. Era el momento en que escuchabas tu nombre y pensabas ¡ya me toca!. Ese momento en el que no sabías si ibas a tener la suficiente voz cómo para que toda la clase te oyera, quizá porque los nervios, por ser la primera práctica que hacíamos, no te iban a dejar hablar con claridad. Te levantabas, mirabas a los compañeros, tosías un poco para aclarar la voz, y…

¡Buenos días! Son las 10, las 9 en Canarias…

El minuto informativo me parece un buen método para coordinar a toda una clase, una clase de 100 personas, y que aprendan a trabajar en equipo.

Nos sirvió para mantenernos informados durante la última mitad del 2016. Con el minuto informativo cada miércoles y jueves por la mañana nuestros compañeros nos proporcionaban los titulares del día junto a una pequeña entradilla.

También, al llegar el turno en el que cada uno interveníamos, nos servía para superar de algún modo ese miedo escénico que la mayoría tiene al empezar la carrera. Una primera toma de contacto con lo que será en el futuro nuestra profesión, el periodismo.

Guardo un muy buen recuerdo de esta experiencia.

10:00 a.m., un silencio espectral se apodera del aula, solo una voz se escucha, la voz de uno de los cinco elegidos que día a día nos han ido informando de las noticias de actualidad más destacadas en sesenta segundos,tiempo suficiente para experimentar un popurrí de sensaciones: sudores, temblores, risas, agobio… Son sesenta segundos en los que nos sentimos como un autentico profesional de la comunicación, con los que podemos soñar mientras lo ensayamos, un minuto que nos muestra que quizá cuatro años de formación merezcan la pena, un minuto del que siempre me acordaré, un minuto que ha muerto pero que nos ha dado mucha vida. Descansa en paz minuto informativo, gracias por hacerme sentir periodista por primera vez en la vida.
Requiem por el minuto informativo.

El minuto informativo. Ese minuto que deseas que hagan los demás, pero cuando llega tu turno…, ay!, cuando llega tu turno.

Lo llevas preparando tiempo, y llegas a clase confiado de que lo vas a clavar, no te vas a poner nervioso y no vas a cometer ningún error.

Llegas a clase, las 11:00 a.m., toda la clase está atendiendo al profesor, relajados, la mayoría, sabiendo que hoy no es su turno, pero tú por dentro comienzas a ponerte nervioso y no ves la hora de que lleguen las 12:00 p.m. Esa hora es eterna!!!

Son las 12:00 y el profesor dice: “vamos con el minuto informativo”, y tú ya no sabes dónde meterte ni que hacer. Llega tu turno, comienzas nervioso, a expectativas de lo que vas a hacer y de cómo reaccionará el profesor. A medida que avanza ese largo minuto, te vas relajando, consciente de que no es para tanto,y acabas con ese minuto.

Te sientas y das un soplido profundo, consciente de que ese minuto ha llegado a su fin. Y para que nos vamos a engañar, la experiencia es satisfactoria, pero bueno, ahora que lo hagan otros, que tú ya has pasado bastante.

‘’El minuto informativo’’. Un minuto, sesenta segundos. Sesenta segundos de nerviosismo, sesenta segundos de incertidumbre, sesenta segundos de miedo, pero, al fin y al cabo, sesenta segundos de futuro. De nuestro futuro. El futuro que dentro de no tanto como parece viviremos minuto a minuto, hora a hora, día a día. El futuro que hemos elegido, por distintas razones pero con la misma pasión y por el cual luchamos. ‘’El minuto informativo’’. Sesenta segundos de periodismo.

Este minuto no empieza el mismo día que lo haces, sino que empieza el día antes mientras buscas en tu casa las noticias más relevantes del día, el escribirlo en un papel para poder leerlo al día siguiente para así intentar no tener muchos fallos conllevados por los nervios. A las 9 empezamos las clases un poco más alterados de lo normal al saber que es el último día de clase de la semana. Se va acercando la hora y con ello las inseguridades… Por fin el profesor dice tú nombre, lo haces lo mejor que puedes, pero eso sí, con esa incertidumbre de saber si lo estás haciendo bien o mal. Ese minuto que, aunque aparentemente parece corto puesto que son simplemente sesenta segundos, se hacen más largos de lo normal. Terminas, te quitas un peso de encima y así finalizas ese minuto que deseabas que llegase y que pasase lo antes posible, puede que yo con un mal sabor de boca al saber que los nervios una vez más me habían traicionado, pero al menos sabes que lo has hecho lo mejor que has podido.

Es tiempo de hacer un requiem, requiem por el minuto informativo que tantas penas y sorpresas nos a dado aunque en mi caso he decir que fueron muchas penas, donde al principio te lo tomas con humor, pero cuando llega tu nombre y te toca levantarte mientras al menos ochentas personas se giran para mirarte, ahí te das cuenta de que el humor se ha esfumado y que ya no tiene tanta gracia como te imaginabas, entonces llega el minuto mas largo de la semana… te tiembla hasta la voz, y por no decir las manos, llega un momento que no eres capaz de tener las manos quietas y no llegas a ver ni el papel que has traído con notas. Un minuto, un solo minuto que solo deseas que pase rápido, así que concedamos al minuto informativo descanso eterno tras este requiem.

Diez de la mañana y cientos de pensamientos fugaces se cruzan por las cabezas de jóvenes estudiantes de periodismo. Pensamientos como “soy el siguiente”, “no sé si podré hacerlo mejor”, “me voy a pasar de los sesenta segundos” y para muchos “menos mal que me libré de esto la semana pasada”. Hoy es el turno de unos pocos, el día de enfrentarse, al temido por muchos, el minuto informativo. Es el momento, el momento de controlar los nervios, calmar el tembleque de las manos que se pasa a las rodillas e intentar informar a la clase sin atropellarse con las palabras, con voz firme y un tono elevado, intentando mostrar seguridad, aunque sea fingida. Una sencilla práctica que nos enseña una parte del mundo en el que nos estamos metiendo, informar. Y que nos va aproximando a nuestro objetivo, ser buenos periodistas.

El minuto informativo, fue el primer acercamiento real al mundo periodístico. Hablar delante de cerca de 100 personas no parecía sencillo. El objetivo, informar acerca de la actualidad más relevante de esas horas previas, precedentes al momento de levantarse del asiento y empezar a contar la última hora. Confiando en haber realizado una buena selección de noticias, consultando los medios nacionales e internacionales en busca de la mejor información, esperando a las últimas horas de la noche y a las primeras de aquella mañana. Corrigiendo el borrador, añadiendo y eliminados datos. Las agujas del reloj se aproximaban a las 10 en punto de la mañana, de igual manera que el piloto vislumbra la bandera a cuadros. Es tu turno, no hay marcha atrás, respiras profundo, silencio, había llegado la hora…
- ¡Buenos días!; son las 10, las 9 en Canarias. Comenzamos con el minuto informativo desde la UCM.

Sí, quizá sí existen cosas que ansían su propia muerte. Leopardi decía: “la moda hermana de la muerte: son ambas hijas de la caducidad”. Entre la posible infinidad de relaciones de parentesco, incluiría un tercer hermano: un minuto informativo. Ese tal minuto informativo fue un fenómeno expansivo, impuesto y casi obligatorio, tal como una moda. Progresivamente caló en la cotidianidad de los alumnos de un aula. Cuando abarcó su totalidad, cumplió su objetivo. Murió. Adiós, adiós.

No obstante, y a diferencia de la muerte, la moda reaparece casi siempre. Renace renovada, fresca, esperando el inicio de un ciclo, buscando una nueva oportunidad. Lo mismo pasa contigo, minuto informativo. Sí, moriste, pero en un yo primerizo, como actividad. Pasaste por mí: también fui tu víctima. Ahora, no mucho después, resurges con más fuerza. La diferencia esta vez es que ya no eres un minuto. Ya no puedo limitarme a dedicarte solo eso. Ahora eres información en toda su esencia, una constante acumulable. Seguirás muriendo día tras día, pero solo porque eres contingente. Y yo, seguidora fiel de tus modas, anhelo saber cómo renaces cada mañana,
día
tras
día.

Para mi, el minuto informativo es una experiencia maravillosa.¿Por qué uso la palabra “maravillosa”? Porque para mí,no solo el minuto que afrontaba toda la clase y hablaba las noticias es importante .Todo el proceso—preparar las noticias,traducirlas al chino,practicar recitarlas y leerlas es inolvidable.Gracias a hablar las noticias no solo en una idioma, puedo sentirme profundamente el compartimiento de periodismo. El día ante del minuto informativo, busqué muchos periódicos,sitio web de información en chino y en español. Claro,no solo los dos país ,todo el mundo comparte los origines de información y precisamente por eso diferentes tipos de personales,diferentes áreas pueden saber que ocurre el mundo, creo que es lo más importante. Las noticias ofrece la oportunidad de conectar el mundo,y tenía el honor para hacerlo aunque solo en la clase.
“We’re not connecting,we live connected”

Llegué a clase medio temblorosa. En la mano derecha llevaba el papel con las noticias que llevaba preparadas, las que había estado ensayando mientras mi compañera de habitación me cronometraba. Por fin había llegado el día. Me tocaba levantarme delante de toda la clase y leer mi minuto informativo.
El profesor dijo mi nombre, y muerta de vergüenza arranqué. Tras el miedo inicial y trabarme en varias ocasiones, poco a poco fui perdiendo la vergüenza y logré acabar en el tiempo que se me había dado. Al fin, pude respirar tranquila y limitarme a observar cómo lo hacían los compañeros que iban detrás de mí.
A pesar de todo, debo admitir que fue una experiencia positiva, que me ayudó a perder la vergüenza, y que ayudaba a que las clases fueran más amenas.
Descansa en paz, Minuto Informativo

El temido pero importante minuto.
Los nervios aumentaban según se acercaba el día que te tocaba hacerlo. Sería la primera prueba para ver si valías para esto. El día anterior practicando un poco para estar preparado y no cometer fallos para el gran momento. El profesor dice tu nombre y tú te levantas, los nervios aumentan y más cuando todos los ojos están puestos en ti. Los nervios van disminuyendo según vas diciendo las noticias, vas cogiéndole el gusto a que todo el mundo esté pendiente de ti y cuando acabas sientes una sensación de satisfacción y sinceramente, de que te has quitado un peso de encima.

” Una gran bocanada de aire, mientras me repetía “tranquila May” solo es un minuto y…empezamos.
Buenos días,bla,bla,bla.
Si me pongo a recordar lo que dije , posiblemente me acuerde de una o dos frases, pues lo que de verdad se te queda grabado es esa sensación, como explicarlo …Como cuando te compras unos zapatos y estás deseando estrenarlos , pues igual , un sueño que tienes desde pequeña , que cumples durante un minuto ,imaginandote en un estudio , con miles de personas escuchando.
Un minuto de gloria , lo definiría así. Diría que esos nervios merecieron la pena y que repetiría con tal de tener esa misma sensación.
Hoy se que me quiero dedicar a esto toda la vida, quiero informar(después de haberme documentado,claro),quiero que la gente se pare unos minutos a escuchar lo que tengo que decirles y por último quiero descargar adrenalina esos segundos antes de entrar en directo, repetir esa sensación que tuve sin que se convierta en rutina.
Esto es lo mio ,este es mi minuto… O toda una vida , asi que tres ,dos , uno … Empezamos”

Estás sentada en clase y de repente, ahora sí, suena tu nombre. Tarea fácil decías anoche mientras leías el papel una y otra vez sentada en la cama, pero los nervios están ahí y ahora más presentes que nunca. Coges fuerzas, te levantas y permites que una a una resuenen las palabras en tu caja torácica y salgan hacia el exterior. Miras al frente y no despegas la vista de un punto fijo, no vaya a ser que los nervios derriben todo el tiempo que has invertido ensayando este momento en casa: “Buenos días, informando desde Radio Ucm…”. Pasan los segundos, avanzas poco a poco y te das cuenta de que el profesor te mira y sonríe; “algo va bien, tranquila”, te repites una y otra vez a ti misma.

Llega el final, ya casi has terminado. Ánimo. “Muchas gracias, seguiremos informando”. Fin. Ahora sí. Lo has conseguido. A veces es más el miedo que creamos desde dentro de nosotros mismos y menos la dificultad real. Estoy estudiando esta carrera porque me gusta, porque creo que de verdad en la permanencia de la información, porque se necesita información para la vida en sociedad. ¿Por qué debo tener miedo a un minuto? Tan solo son 60 segundos, 60 segundos de toda una vida. Así que voy a tomarme estos cuatro años con alegría, con ganas y sobre todo con mucha ilusión. Ilusión por creer en unos medios de información democráticos, plurales y representativos; ilusión porque creo en esto.

Qué tan fácil parecía cuando lo veías todos los días al despertar por la mañana. En la tele que veías desayunando, en el sonido acolchado de una radio lejana en el bus… Era algo presente en las primeras horas de cada día en mi vida. Pero era algo lejano y distante. Fue al escuchar la noticia de que yo también lo haría, cuando se convirtió también en mi realidad.

Recuerdo llegar tarde el primer jueves de “minuto informativo” y tener que quedarme hasta las 10 esperando fuera. El miedo a las posibles represalias que Juan Carlos pudiera tomar contra mí por llegar tarde, me llevaron a imaginar cuáles serían en aquel primer día en el que haríamos minuto. Ni siquiera me tocaba a mí aquella mañana, pero el miedo, como la ilusión, te llevan a imaginar escenas. Casi siempre improbables, pero igual de acojonantes.

Recuerdo buscar las noticias más recientes en todos los periódicos de aquella mañana. El 20 Minutos que me daban en el Metro no servía y a penas faltaba un cuarto de hora para entrar y que mis miedos se cumplieran. No sé como lo hice, pero busqué, contrasté y redacté un guión para mi minuto informativo que tomé por costumbre reescribir cada día usando su plantilla. Fue así como empecé a leer cada mañana las noticias por mi cuenta e interés. Sin verlas de reojo desayunando, sin escucharlas a lo lejos en el bus. Por eso tengo cariño al minuto, y supongo que por ese tipo de razones lloramos su muerte. Gracias Minuto Informativo, aunque no te pudiera leer aquél primer día…

Si tengo que hablar de esta experiencia lo haré desde un enfoque distinto pero no menos interesante, no podría hablar de sentirlo en carne propia pero podría contar lo que he visto breve y concisamente;
Todos tenían algo en común, un papel temblando en las manos. Es un reto, para un primer encuentro, en toda regla. Procurar estar al día hasta las 9:59, por lo menos. Una buena redacción y sobretodo espontaneidad. Estos pequeños gestos poco a poco definen tus aptitudes como periodista. Cada vez que escuchas un buen minuto informativo , las ganas de aplaudir son instantáneas. Cuando te hacen reír , cuando te hace estremecer o incluso cuando la noticia se cuenta de tal forma que hasta se te mueve algo dentro. A veces incluso te emocionas, y lo mejor de esta practica es que te emocionas porque estas viendo talento en un solo minuto.

-Te toca el minuto informativo la semana que viene.
Esa simple frase hace que tiembles, no puedes empezar a coger las noticias, pues tienen que ser de última hora, pero si puedes practicar diariamente.
La noche anterior buscas las mejores noticias, que no se repitan, pues se haría pesado, pero alguna es necesario por su importancia, ¿no? Miras las noticias, compruebas los periódicos actualizados… Ninguna te llama la atención. Ésta, ésta y ésta, decides a las dos horas.
Las diez de la mañana, y el profesor para la clase al tiempo que las noticias que anoche repasaste se te escapan por el aula.
Los minutos de los demás acaban en calurosos aplausos, no han durado más que una estrella fugaz en el cielo, y tu estómago cada vez se revuelve más.
Oyes tu nombre a lo lejos, te levantas con el papel en la mano; tardas en hablar, intentas recordar las palabras que tenías escritas en la hoja, pero éstas juegan al escondite en tu cabeza.
La palabra Chapecoense vuela delante de tus narices y empiezas a relatar la tragedia, tu voz es seria, pero a ti te parece estar tartamudeando.
Terminas con “Muchas gracias y hasta mañana”, lo de siempre; y te dejas caer en tu asiento.
Ya ha pasado, lo has hecho, ha sido un minuto, sesenta segundos en los que has explicado, o has intentado explicar la actualidad informativa.
Un paso más, ya queda menos.

28 de Septiembre, 10 de la mañana. El profesor comienza a pasearse por la clase mientras relata las noticias del día. Sorprendidos. Expectantes. ¿Qué está haciendo?. Termina y el miedo nos penetra cuando dice que cada día, cinco de nosotros repetiremos ese minuto informativo.

El tiempo pasa, la lista avanza, cada vez más cerca de la letra de tu apellido. Hasta que llega el día. Tu nombre. Era el momento de estar al tanto de las noticias, más que nunca. En pie, con más o menos nervios, había que darlo todo. Seguramente sería el único momento en que un profesor te escuchara solo a ti, con todo su interés. Entonar, transmitir la actualidad informativa, procurar mantener la atención de las cien personas que te escuchan sin provocar su aburrimiento. Empieza la cuenta atrás, sesenta segundos, largos e intensos. Terminas, y con ese minuto se va la primera “experiencia periodística” a la que nos enfrentamos. No ha sido para tanto, dices interiormente, mientras deseas volver a vivir algo parecido cuanto antes.

Ya no volverá, el minuto que interrumpía la clase y la amenizaba. Te permitía conocer a tus compañeros, escuchar, aprender y tomar ejemplo. Sin despedida y sin funeral, el minuto en que te sentiste comunicador por primera vez, desapareció.

Minuto informativo.
Hasta yo misma me sorprendí, una vez concluyo el minuto informativo, ese eterno y ansiado minuto informativo, en el que debes ponerte en pie delante de 100 personas, penetrándote con su mirada y con el profesor mirándote fijamente, con el único pensamiento de que te vas a trabar delante de todos y deseando que llegue el momento de cerrar tus noticias, con la muletilla: eso es todo por hoy.
Repito me sorprendí, porque pensé que me equivocaría, que me temblarían las piernas, o se me entrecortaría, la voz, pero no fue así, pude terminar ese minuto sintiéndome orgullosa y sobre todo pensando que con suerte en algún momento de mi vida, en un futuro todos los minutos de mi trabajo se asemejen a ese.
Por eso creo que ese minuto nos pudo acercar de alguna manera a la realidad del periodismo, a la práctica, a lo que mucho deseamos poder hacer cuando terminemos esta carrera, por otro lado nos sirvió para conocernos mutuamente, a la hora de expresarnos, de hablar y de ver si realmente valemos para trasmitir información de esta manera. Al final ese minuto me supo a poco.

Todo empezó un miércoles 28 de septiembre, nuestra primera clase de Documentación Informativa, me preguntaba que seria. Al cabo de 30 minutos de clase el profesor nos dijo: “Cuando sean las 12:00 me avisáis”. No teníamos ni idea de lo que pretendía hacer. Pasadas las 12:02 nos dimos cuenta de que había llegado a nosotros, El Minuto Informativo. Como su propio nombre indica, a través de él debíamos informar a toda la clase de las noticias más recientes y relevantes. Cada día el profesor daría diez nombres de la lista para que la siguiente semana nos informasen. A partir de ese día eche cuentas, para ver qué día me tocaría, evidentemente no para preparar las noticias, sino para prepárame a mí mismo. Estaba en periodismo y como estudiante de esta carrera debía estar preparado para hablar en público.
Fueron pasando las semanas y por fin llego el día. Tocaba escoger las noticias, tampoco muchas que en un minuto no daría tiempo a mucho. El tema principal de aquel día fue la liberación de la cuidad iraquí de Mosul. Por aquel entonces, Madrid estaba en alerta por contaminación y la noche anterior, hubo jornada de Liga de Campeones.
Al fin y al cabo, se me paso rápido, un minuto, 60 segundos, casi nada. Tuve el tiempo de mirar un par de veces al profesor y cuando me di cuenta ya me estaba despidiendo y diciendo que en una hora volveríamos con más actualidad.

Lluvia de emociones. Todo tipo de sentimientos rondaron por mi cuerpo y mi cabeza. Timidez, miedo, euforia, nervios… En el mismo instante que escuché el aviso de mi compañera para empezar a hablar, comenzaron a salir palabras de mi boca que ni yo misma creía que iba a poder decir en tan sólo sesenta segundos. Al principio, todo parecía que iba a salir mal debido a mi timidez pero rápidamente pise fuerte y decidí que sesenta segundos no iban a poder conmigo. Alcé mi voz y comencé con el minuto informativo. Cuando iba por la segunda noticia, recuerdo que me trabé con una palabra que de hecho, supe antes de empezar que me pasaría, aún así enseguida respiré profundamente y seguí con mis sesenta segundos. Al fin terminó. Todas las emociones habían desaparecido. Ya solo quedaba una chica risueña que deseaba que sus piernas no temblasen más por una experiencia que había merecido la pena y que llevaría consigo siempre.

Minuto Informativo. Noticias. Tiempo. Voz. Compañeros. Aplausos. Sensaciones. Miedos. Nervios. Miradas. Intentar esconder lo que en el fondo a todos nos pasa. Una práctica en directo. Observaciones premonitorias sobre quiénes quizás podrían llegar a ser periodistas. Pero no solo eso, se observaba la necesidad de gustar como símbolo de validez. ¿En serio? La verdad es que somos una generación guiada por los likes, que aturdidos entre aplausos nos sentimos victoriosos. Pero dime, ¿de qué?
Aunque ciertamente, nos ha servido para preguntarnos o incluso confirmarnos por qué estamos aquí. ¿Por algo se empieza no?

Mi nombre fue dicho en alto en compañía de otros cuatro para que en una semana pasara por uno de los minutos mas largos de mi vida. Se pasó rápido hasta llegar el martes por la tarde, yo no sabía donde consultar, qué noticias elegir, el criterio que debía seguir, la cantidad justa… una inmensidad de complicaciones que no me había planteado en toda la semana, o incluso, en todo el curso. Al llegar las 12 de la noche me senté delante del ordenador, pasaron 10 minutos, diez minutos dando vueltas a mi cabeza, diez minutos sin saber que hacer, diez minutos sabiendo que estaba haciendo periodismo, mi futuro. Decidí abrí el buscador y meterme en las páginas web de los principales periódicos, en ellas la portada era completamente diferente, con noticias alternas. Sin saber que hacer, investigué en las principales páginas web de los medios televisivos, teniendo los periódicos y este apoyo, pude empezar a redactar el ansioso minuto informativo. Lo terminé, lo leí, lo releí, lo rereleí hasta que, pude estar satisfecho de cómo estaba. Llegaron las 9 de la mañana, 1 hora antes de hacer el minuto, y yo me encontré con algo que debía añadir: ‘’Rita Barberá había muerto’’. Edité de nuevo todo lo que tenia hecho, me encontraba en una situación verdaderamente… ¿periodística? Eliminé noticias que me parecían menos transcendentes y añadí la nueva noticia. Llegaron las 10, y yo pensaba que no me sentía preparado, pero lo único que hizo falta fue que me nombraran, me dirigiera hacia la mesa del profesor, me pusiera el micrófono y empezara con uno de los primeros acercamientos que tuve hacia el periodismo.

Un minuto de silencio por una actividad que termina y se marcha. Esperando a sus próximas presas: alumnos de primer curso de Documentación en septiembre de 2017.
Nunca pensé que estaría tan nervioso y tan seguro al mismo tiempo. El minuto informativo consiguió transmitirme esas dos sensaciones tan opuestas en el mismo momento. Situación nunca experimentada.
Como si de un boletín de noticias de radio se tratase. Pasión desde mi infancia hacia este medio de comunicación. El miedo a que la voz se me quebrara. La confianza en mi mismo. Las reiteradas repeticiones y ensayos para tratar de hacerlo lo mejor posible.
Jamás había hablado para un publico tan numeroso. Levanté la mano. Le dije al profesor con voz ronca que era la hora. Comenzamos quince minutos más tarde de la hora estipulada para la exposición del minuto. Los quince minutos más largos de mi vida. Nombró mi nombre y todos los miedos desaparecieron. Allí estábamos frente a frente mi hoja y yo. Era la hora de la verdad y yo estaba preparado con total confianza en mi mismo.

Fugaz fue el minuto como fugaz es la actualidad. Es algo que ocurre sin estar previsto, algo repentino. Estás atento a lo que pasa, debes contarlo, es tu obligación, eres periodista. Y así, con lo mejor del día, llegas a clase con el fin de informar de aquello que traes apuntado. Traes la actualidad del Congreso: ayer se aprobó algo importante. Traes el último capítulo de Cataluña: hay un nuevo frente en el desafío soberanista. Te sientas en clase y repasas todo para no equivocarte.

Pero la actualidad es caprichosa y lo que vale a las 8:00 no vale a las 10:00. Rita Barberá había muerto mientras entrabas al aula, un huracán destrozaba las costas del Caribe mientras tú te levantabas de tu asiento para dar tu minuto. Eres periodista, tienes que informar: borrarlo todo y volver a empezar.

Aún recuerdo ese día como si hubiese sido ayer. Recuerdo perfectamente los nervios previos a realizar mi primera práctica periodística, el tener que ponerme delante de toda la clase para narrar las noticias más importantes del día anterior, los minutos pasaban y no llegaban las diez, pero de pronto el momento llegó ahí comenzaron esos 60 segundos que para mí se hicieron interminables, fue en ese momento donde me di cuenta de que esto era lo que realmente había querido hacer desde siempre, puede que no hubiese salido perfecto pero sí que ganamos madurez.

(requerido)

(requerido)


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