Archivo de autor

BIRDSEYE: LAS AVENTURAS DE UN HOMBRE CURIOSO

También este año he dedicado parte de mis vacaciones estivales a una lectura relacionada con el mundo de las patentes y de la invención. En esta ocasión, se ha tratado de la biografía de un inventor estadounidense muy popular en su país de nacimiento, aunque creo que bastante desconocido en el resto del mundo. Su nombre es Clarence Birdseye y aunque cuenta con 91 familias de patentes en campos muy diversos en las que figura como inventor, ha pasado a la posteridad por sus invenciones y patentes relacionadas con la congelación de alimentos.

El libro “Birdseye: the adventures of a curious man” (Mark Kurlansky, Doubleday, New York, 2012) nos ofrece un relato muy dinámico de la vida de este inventor, que nació en Nueva York en 1886 y falleció en la misma ciudad en 1956.

Aunque se lo considera como el padre de la comida congelada, dentro de sus numerosas patentes hay desde arpones para cazar ballenas hasta bombillas perfeccionadas con pantallas reflectantes incorporadas, pasando por incontables invenciones sobre procedimientos de congelación de aplicación en la industria alimentaria.

El autor de la biografía compara la cultura de los inventores estadounidenses, a la que claramente pertenecía Birdseye con la de los inventores europeos de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Mientras que los inventores estadounidenses buscaban la aplicación práctica y comercial de las invenciones que, por supuesto, patentaban, en el caso de los inventores europeos, prestaban más atención al aspecto teórico, evitando en ocasiones las patentes, pues no querían dar la impresión de albergar bajas intenciones comerciales. Mientras que los europeos se contentaban con el mundo de la teoría, los americanos tenían la creencia puritana de que había una obligación moral de darle a la invención una utilidad para la sociedad. Los inventores estadounidenses solucionaban un problema, buscaban financiación, fundaban una empresa y confiaban en ganar una fortuna. Eran fundadores de industrias, no intelectuales.

Clarence Birdseye tuvo que abandonar la universidad en su segundo año debido a problemas económicos familiares, y a continuación desempeñó trabajos que podían considerarse de carácter aventurero como uno consistente esencialmente en la eliminación de animales que entonces se consideraban alimañas como los “coyotes” en Arizona y Nuevo México y posteriormente en Montana investigando aspectos relacionados con la transmisión por garrapatas de una enfermedad conocida como “fiebre de las Montañas Rocosas”. A lo largo de su vida, además de por inventor destacó por su afición a la caza, contándose entre sus víctimas miles de animales de todo tipo; terrestres, acuáticos y voladores.

Vivió durante muchos años en la región de Labrador, en Canadá, donde llevó a cabo varios emprendimientos, destacando la cría de zorros con vistas a exportar sus pieles. Allí, en una zona subártica y con un invierno durísimo, tuvo la oportunidad de familiarizarse con dos procedimientos de conservación de alimentos: la salazón y la congelación que, en cierto modo, son dos métodos opuestos. Mientras que para una correcta conservación mediante sal se requieren cristales de sal lo más grandes posibles, de ahí que la sal marina sea la más adecuada por su lenta formación, en el caso de la congelación es preciso que los cristales formados sean lo más pequeños posibles para no dañar las células y era sabido los cristales son menores cuanto más rápida es la congelación.

Durante su estancia en Labrador comprobó que los alimentos que mejor textura y propiedades presentaban tras su descongelación eran aquellos que se habían congelado en pleno invierno, cuando más baja era la temperatura y, por tanto, se habían congelado más rápidamente.

Con ese fin de lograr una congelación lo más rápida posible de los alimentos, que permitiera lograr tras la descongelación una textura muy similar a la del alimento fresco, inventó diversa maquinaria que patentó. Su primera patente sobre el tema la presentó en 1924 con el número US1511824.  Se trataba de una máquina para la congelación y el empaquetado de alimentos y tenía un tamaño impresionante, con un peso de 20 toneladas.

De todas sus patentes, la considerada como más transcendental para el comienzo de la industria de la congelación alimentaria es la de número US1773079, relativa a un procedimiento para la congelación de filetes de pescado en una caja, consistente en empaquetar filetes de pescado, dispuestos de manera que no haya aire entre ellos en un bloque que se dispone entre dos placas a una temperatura de entre -29 y -45,5 grados centígrados durante 75 minutos. Este procedimiento fue durante décadas el habitual en la congelación de alimentos en la industria.

A pesar de estas invenciones, no fue nada sencillo el lograr que el consumo de alimentos congelados se popularizara. Y es que, aunque ya se disponía de maquinaria que hacía posible la congelación rápida de los alimentos, no existía el equipo necesario para distribución de los alimentos ni para su conservación en las tiendas donde se deberían vender. En la biografía se hace referencia al dilema de “Adam Task”, divulgado en la novela de John Steinbeck “East of Eden” y que se asemeja muy sorprendentemente a lo que le ocurría a Birdseye.

De cualquier modo, en 1930 vendió su empresa y sus patentes por 23,5 millones de dólares y consiguió seguir trabajando en la empresa como responsable de investigación y con un muy buen salario.

Unos años más tarde decidió pasarse al negocio de la iluminación y en 1935 su patente US2219510 sobre una bombilla con reflectante incorporado fue un gran éxito. Habitualmente lo que hacía era crear una empresa basada en tecnología patentada, que luego posteriormente vendía.

A continuación, se dedicó al campo de la conservación de alimentos mediante deshidratación, obteniendo una patente sobre el tema en 1947, de número US2419875 , pero en este campo no logró grandes éxitos.

Su última aportación a la tecnología fue un nuevo procedimiento para la fabricación de papel, a partir de desechos de caña de azúcar. Llegó a vivir durante unos años en Perú donde montó una factoría basada en su procedimiento patentado (US2711369)

CONCLUSIÓN

Un libro muy recomendable para aquellos interesados en el mundo de las patentes y de la invención pues descubrirán la vida de un aventurero que guiado por la curiosidad resolvió numerosos problemas prácticos e impulsó varias industrias, principalmente la de la congelación de alimentos, sin necesidad de haber realizado grandes descubrimientos científicos. Al leer esta biografía uno tiene la sensación de que hoy en día sería muy difícil que apareciera una figura como esa, con patentes en campos tan diferentes, dada la super especialización a la que se ha llegado en los diversos sectores tecnológicos.

Si desean leer otras entradas que he escrito para el blog de la OEPM sobre literatura que trata el tema de las patentes y la invención en general, les recomiendo las siguientes:
Día del libro de 2015.

Les Souffrances de l’inventeur (Honoré de Balzac).

Congreso en Estocolmo (José Luis Sampedro).

A Venetian Court (Charles L. Harness).

Les Patrons sous l’occupation (Renaud de Rochebrune).

Patent Pending (Arthur C. Clarke)

El Agua Prometida (Alberto Vázquez Figueroa)

Antoine de Saint-Exupéry.

- La literatura y las patentes

- A patent lie

- Día del libro 2018: “the corrections”, “Oral argument”, y “Filek: el estafador que engaño a Franco”.

 

Leopoldo Belda

 

 

 

Etiquetas:

LA USPTO TRATA DE REDUCIR LA BRECHA DE GÉNERO EN LAS PATENTES

Se ha publicado recientemente en la revista estadounidense “Technology and Innovation” un artículo firmado por Linda Hosler, jefa de comunicación de la USPTO (US Patent and Trademark Office – Oficina de Patentes de los EE. UU. ) y de título “Mind the gap – the USPTO’s  efforts to narrow the gender gap in patenting and innovation”.

Se trata de un artículo muy novedoso en el mundo de las Oficinas Nacionales de Patentes, que paso a analizar a continuación. Antes de profundizar en la brecha de género existente en la USPTO, la autora parte de la baja representación de las mujeres en las carreras de tipo técnico-científico, lo que en inglés se conoce como (STEM – Science, Technology, Enginneering and Math), y que en el caso de la USPTO repercute en el hecho de que las mujeres sean minoría entre los examinadores de patentes estadounidenses. Se trata de un hecho que se repite en todo el mundo y es objeto de numerosos estudios. Como muestra este artículo del diario El País, ello también es un problema en España, donde las alumnas suponen únicamente un 23,6% de los estudiantes de ingeniería y arquitectura. Y en el caso de los estudios informáticos, el porcentaje se reduce al 10,90%. Por ello, en los últimos años se han llevado a cabo campañas en España destinadas a animar a las mujeres a estudiar este tipo de carreras, como ésta llevada a cabo por ESET (compañía de seguridad informática) o ésta organizada por la Universidad de Granada.

Imágenes del folleto de la USPTO, “The importance of women in STEM” para fomentar que las niñas y jóvenes estudien carreras universitarias de tipo técnico-científico (STEM en inglés)

Dentro de este contexto, afirma la autora que la USPTO tiene como objetivo aumentar la presencia de mujeres entre su mano de obra y entre los futuros inventores. El tiempo y la investigación han mostrado que para retener a la mano de obra es fundamental la flexibilidad y en ese sentido la USPTO tiene un potente programa de teletrabajo y ofrece un gran número de flexibilidades a los empleados con hijos en edad escolar. Si bien la OEPM tiene un programa de teletrabajo al que se pueden acoger aquellos empleados con mayores dificultades para conciliar la vida familiar y el trabajo, la situación en la USPTO es realmente envidiable, si se tiene en cuenta el informe sobre el desarrollo del teletrabajo en 2017, que, entre otros datos, proporciona los siguientes:

-          Tras 20 años desde el inicio del programa, 88% de sus empleados se acogen a algún tipo de “teletrabajo”, desde 1 a 5 días a la semana.

-          Alrededor del 95% de los puestos de trabajo se pueden beneficiar del teletrabajo.

-          El teletrabajo ha demostrado aumentar la permanencia del personal y la productividad, evitando los grandes perjuicios que producen aquellas ocasiones en las que es preciso cerrar las instalaciones de Alexandria debido a tormentas de nieve, puesto que los “teletrabajadores” pueden trabajar sin problemas en sus casas.

-          Los teletrabajadores se encuentran en todos los estados, destacando, por ejemplo, 12 en Puerto Rico, 319 en Florida, 242 en California, 72 en el estado de Washington, y 3 en Hawaii.

Aunque, por supuesto, el informe destaca los éxitos del programa, en los últimos años también algún fracaso o abuso del sistema de “teletrabajo” en la USPTO ha saltado a los medios de comunicación, apareciendo incluso en “The Washington Post”.

A pesar del generoso sistema de teletrabajo de la USPTO, sólo el 27% de los examinadores de patentes son mujeres (comparado con el 25% en la mano de obra estadounidense en los trabajos de tipo técnico-científico). La situación es completamente diferente en la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM), donde   a pesar de no contar con un programa de teletrabajo tan espléndido, las mujeres suponen un 58% de los examinadores de patentes.

En lo que sí que parece haber tenido éxito abrumador el programa de teletrabajo de la USPTO es en la reducción del abandono por parte de las mujeres del trabajo de examinador. Mientras que en el sector en general, alrededor del 50% abandona el trabajo después de 12 años, en la USPTO, tras 12 años, menos del 5% de los examinadores (hombres y mujeres) se ha marchado de la Oficina Estadounidense de Patentes y Marcas.

Otro problema, también compartido mundialmente, es el del escaso número de mujeres que figuran como inventoras en las solicitudes de patentes (en menos del 25% de las solicitudes estadounidenses figura una mujer como inventora). En una estadística publicada hace unos meses por la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual) España figuraba en  una cuarta posición con el 35% , pero, de media, sólo un 31% de las solicitudes de patentes presentadas en todo el mundo cuentan con una mujer entre las inventoras. Para tratar de remediar la situación, la USPTO ha detectado como principal factor que permitiría aumentar el número de mujeres que presentan solicitudes de patentes, el coste asociado con la presentación de solicitudes de patentes. Por ello, ha desarrollado un programa “pro bono”, donde se presta asistencia en la redacción y presentación de solicitudes de patentes, así como otro programa llamado “Pro Se Assistance Program” que proporciona recursos a aquellos que presentan solicitudes de patentes en la USPTO sin el concurso de Agentes de la Propiedad Industrial.

Por último, el artículo dedica su atención a la labor realizada por la USPTO para fomentar la innovación y la invención entre los escolares y más particularmente entre las niñas, con el fin de aumentar el número de estas que en el futuro escogerán una carrera técnico-científica. Por ejemplo, en colaboración con las “Girl Scouts” se ha creado un parche de propiedad industrial o “IP patch” para premiar el espíritu innovativo entre las niñas. También y en colaboración con el NIHF (The National Inventors Hall of Fame) han desarrollado programas educativos destinados a desarrollar habilidades inventivas entre los niños al mismo tiempo que se muestran a conocidos inventores como modelos a seguir). Según afirma la autora, la investigación realizada muestra que si se ilustra a las niñas sobre la historia de las mujeres inventoras al mismo nivel al que los niños conocen la vida de los inventores masculinos se puede reducir a la mitad la brecha de género en el ámbito de la invención.

El IP-PATCH

La OEPM ha realizado un importante esfuerzo este año para visibilizar la labor de relevantes mujeres inventoras, con una exposición y unas entradas de blog donde se ha mostrado las patentes de estas pioneras en el mundo de la invención.

Asimismo, la OEPM ha trabajado intensamente a lo largo de los últimos años para tratar de incorporar la propiedad industrial en los programas educativos. Toda esta actividad educativa se encuentra recogida en el apartado denominado “Aula de Propiedad Industrial”, dentro del portal web de la OEPM.  Entre las actividades que la OEPM organiza anualmente para promocionar la propiedad industrial y particularmente las patentes entre los escolares, se puede mencionar también el Marcathlon, que desde 2014 y coincidiendo con una carrera popular desarrollar una gincana para niños donde éstos aprenden conceptos básicos sobre propiedad industrial.

Conclusión:

Este artículo muestra como la USPTO ha decidido abordar el problema que la brecha de género plantea entre la mano de obra de la misma oficina y en los Estados Unidos en su conjunto. Se trata de un esfuerzo loable que marca el camino a seguir por el resto de las Oficinas de Patentes.

 

 

Leopoldo Belda

 

 

 

Etiquetas:

Las CARTAS DE SERVICIOS de la OEPM

 

Con motivo de la reciente renovación de las Cartas de Servicios de la OEPM, planteamos este artículo sobre este importante instrumento de la Administración General del Estado para comunicarse con los ciudadanos.

Pero vayamos por partes: en primer lugar,

 

¿QUÉ SON LAS CARTAS DE SERVICIOS?

Las cartas de servicios son los documentos a través de los cuales las organizaciones informan a los ciudadanos sobre los servicios que tienen encomendados, sobre los derechos que les asisten en relación con aquellos y sobre los compromisos de calidad en su prestación.

 

¿PARA QUÉ SIRVEN?

Sirven, por lo anterior, a una doble función: por un lado, actúan como instrumento  para informar a los usuarios y por otro, y sobre todo,  al establecer unos compromisos, sirven como elemento de evaluación del desempeño de las organizaciones.

Gracias a las cartas de servicios, el ciudadano sabe lo que puede esperar de la organización y lo que puede exigir en la prestación de un determinado servicio y, por lo tanto, será capaz de saber si se ha producido un incumplimiento por parte de la Administración.

Por ello, en la prestación de un servicio público sujeto a una carta de servicios, se pone claramente de manifiesto el compromiso con la transparencia y el compromiso con la calidad de una organización.

 

 ¿CÓMO SE REGULAN?

Las Cartas de Servicios vienen reguladas en el Real Decreto 951/2005, por el que se establece el marco general para la mejora de la calidad en la Administración General del Estado. Este conocido real decreto en el ámbito de la Calidad contiene seis programas para impulsar la mejora continua de los servicios públicos en la Administración General del Estado.

El segundo de estos seis programas  se denomina Programa de Cartas de Servicios. Comprende los artículos del 8 al 13,  dedicados a la Definición, Estructura y contenido de las cartas de servicios, Elaboración y gestión de la carta de servicios, Aprobación y difusión de la carta de servicios, Seguimiento de las cartas de servicios y Cartas de servicios electrónicos, respectivamente.

 

¿CÓMO SE ELABORAN?

En primer lugar es interesante destacar que  el RD 951/2005 establece que los órganos, organismos y entidades de la Administración General del Estado podrán elaborar cartas relativas al conjunto de los servicios que gestionan y cartas que tengan por objeto un servicio específico. Por tanto, las cartas de servicios no son obligatorias y tenerlas es una decisión del organismo correspondiente.

En relación con la elaboración de la carta de servicios en cualquier tipo de administración pública podemos mencionar la existencia de la Guía para el Desarrollo de Cartas de Servicios, de la antigua Agencia Estatal de Evaluación de las Políticas Públicas y de la calidad de los servicios (AEVAL), que proporciona unas orientaciones prácticas y no prescriptivas para elaborar y certificar una carta de servicios de cualquier organización pública.

A título informativo, en el ámbito de la normalización, podemos mencionar también la existencia de la Norma UNE 93200:2008 (Cartas de Servicios. Requisitos) que regula los requisitos mínimos del contenido y del proceso de elaboración, seguimiento y revisión de cartas de servicios, tanto de organizaciones públicas como de privadas.

En la elaboración de la carta, la tarea más significativa y determinante será el establecimiento de los compromisos de calidad que la organización está dispuesta a asumir en sus relaciones con los usuarios. En la elección de estos compromisos deberá tenerse en cuenta que afectarán al 100% de las actuaciones. Este hecho es importante, puesto que no dejará lugar a dudas sobre si aplica o no al caso particular de un determinado usuario, puesto que afecta a todas las actuaciones y por tanto será un compromiso plenamente exigible.

También será importante la determinación de los indicadores necesarios para la medición y seguimiento de los compromisos elegidos.

 

¿QUÉ DOCUMENTOS FORMAN PARTE DE LA CARTA DE SERVICIOS?

Las cartas de servicio se materializan en forma de dos documentos: el llamado documento-matriz y el documento divulgativo.

El documento matriz contiene de forma extensa toda la información relativa a la carta de servicios, mientras que el documento divulgativo, como su nombre indica, tiene por finalidad ser el vehículo mediante el cual se transmita a los ciudadanos, de forma simplificada y fácil de entender, la información más relevante de la carta. Por este motivo deberá estar redactado de forma comprensible y concisa y por sus dimensiones más reducidas contendrá solamente la información más importante.

Además, pueden ser ofrecidos en cualquier soporte: papel, on-line etc.

Habitualmente, se publica exclusivamente el documento divulgativo.

 

¿QUÉ INFORMACIONES INCLUYEN LAS CARTAS DE SERVICIOS?

De acuerdo a la Guía para el Desarrollo de Cartas de Servicios, éstas pueden estructurarse en apartados que incluyan el siguiente tipo de información:

  • Información de carácter general y legal
  • Compromisos de calidad e indicadores
  • Sistemas de aseguramiento y otras medidas
  • Medidas de subsanación, compensación o reparación
  • Información de carácter complementario

El primer apartado, contiene información sobre la organización: quiénes somos, qué servicios préstamos, qué derechos tienen los usuarios en relación con esos servicios, de qué formas pueden participar y colaborar los usuarios en la mejora de los servicios,  la forma de acceso al sistema de quejas y, por último, la normativa reguladora de los servicios.

A continuación, el segundo apartado incluye la información sobre los niveles de calidad con los que se prestan los servicios. Esto es, los compromisos que adquiere la organización. Son la parte más importante de la carta de servicios. Deben ser claros y deben poder ser verificados por los usuarios. Junto con los compromisos, se incluyen los indicadores utilizados para el seguimiento de los compromisos.

 

Las cartas también recogen los sistemas de aseguramiento y otras medidas como las que aseguren la igualdad de género, que atiendan a la diversidad, que faciliten el acceso al servicio y mejoren las condiciones de la prestación. Asimismo, los sistemas normalizados de gestión de la calidad, medio ambiente y prevención de riesgos laborales (como certificaciones ISO) de los que disponga la organización.

Las cartas especifican las medidas de subsanación, compensación o reparación en caso de incumplimiento de los compromisos citados anteriormente, así como el modo de formular las reclamaciones por incumplimiento de los mismos. Por tanto, el usuario tendrá conocimiento a priori de las medidas que la organización ha planificado para disculpar, excusar o reparar dicho incumplimiento.

Por último, la información de carácter complementario comprende datos como direcciones postales y electrónicas, teléfonos, la identificación de la unidad responsable de la carta, medios de acceso y transporte, año de publicación y periodo de vigencia.

 

¿CÓMO SE APRUEBAN?

Para la aprobación de la carta y una vez redactado el borrador de la misma, el titular de la organización a cuyos servicios hace referencia, la someterá al titular de la Subsecretaría del respectivo Ministerio, quien, a través de la Inspección de Servicios departamental la remitirá a la Dirección General de Gobernanza Pública para informe preceptivo. En caso de que este informe sea favorable el titular de la Subsecretaría del respectivo Ministerio aprobará la carta mediante Resolución.

Finalmente,  se publica en el “Boletín Oficial del Estado” el texto de dicha Resolución, indicándose los lugares y formas en que la carta se encuentra a disposición de los usuarios.

 

¿COMO SE HACE EL SEGUIMIENTO DE LAS CARTAS DE SERVICIOS?

De acuerdo con el RD 951/2005, es necesario hacer un seguimiento periódico del grado de cumplimiento de los compromisos declarados en la carta de servicios.

Este seguimiento se realiza, principalmente, a través de los indicadores establecidos al efecto. También vendrá dado por el análisis de las reclamaciones por incumplimiento de aquellos y por las evaluaciones de satisfacción de los usuarios.

La OEPM publica mensualmente en el Portal de Calidad de su página web el seguimiento de cada una de sus cartas de servicios.

Por otro lado, se envía anualmente un informe de cartas de servicios a Inspección de Servicios del Ministerio analizando el grado de cumplimiento de los compromisos en el año anterior, explicitando las desviaciones y las medidas correctoras o de subsanación adoptadas en su caso. Finalmente, esta información sobre las cartas de servicios se incorporará al informe conjunto sobre los programas de calidad que deben remitir las Subsecretarias a la unidad correspondiente dentro del Ministerio de Política Territorial y Función Pública.

 

¿CUALES SON LAS CARTAS DE SERVICIOS DE LA OEPM ACTUALMENTE EN VIGOR?

La OEPM posee actualmente 5 cartas de servicios.  Han sido renovadas recientemente mediante resolución de 27 de abril de 2018, de la Subsecretaría, BOE núm. 114 jueves 10 de mayo de 2018 Sec. III. Pág. 49300-49301.

Las cartas de servicios se renuevan al menos cada tres años, por lo que, en principio, el periodo de vigencia de las mismas es el periodo 2018-2021.

Las Cartas de Servicio de la Oficina Española de Patentes y Marcas se publican en el Portal de Calidad de la OEPM, accesible desde la página web de la OEPM,  y son las siguientes:

La OEPM también ha publicado una versión en inglés de cada una de las cartas de servicio citadas anteriormente.

 

Referencias:

Real Decreto 951/2005

Guía para el Desarrollo de Cartas de Servicios

 

Pablo Gómez del Pozo

 

 

 

Etiquetas:

Mujeres inventoras (cuarta parte)

Con esta nueva entrada finaliza la revisión que se ha hecho del trabajo de algunas destacadas mujeres inventoras.

Ángela Ruiz Robles (1895-1975) fue una maestra, pedagoga e inventora española, reconocida como la precursora del libro electrónico. Nació en Villamanín (León), hija de una familia acomodada (de padre farmacéutico y madre ama de casa). Cursó estudios superiores en la Escuela de Maestras de León, donde impartió sus primeras lecciones entre 1915 y 1917. Entre 1938 y 1970 publicó 16 libros de texto sobre diversas materias como ortografía, taquigrafía, mecanografía, gramática, historia y geografía. En dos de ellos, editados en 1938 y 1941, describía un sistema taquigráfico con el que escribir y traducir de manera más veloz gracias a una máquina con nuevos signos y caracteres enlazados de modo sencillo y sistemático. En 1949 registró su primera patente (ES 190 968) bajo el título “Procedimiento mecánico, eléctrico y a presión de aire para lectura de libros”. En la memoria descriptiva Ruiz Robles expuso los objetivos de su invento: innovar la enseñanza para que fuese más intuitiva y amena, conseguir el máximo de conocimientos con un mínimo esfuerzo y adaptar el libro al progreso tecnológico.

Dibujos de la patente ES 276 346 de Ángela Ruiz Robles

Desde 1952 estuvo trabajando en su “Enciclopedia Mecánica”, un proyecto todavía más audaz y perfeccionado que el libro mecánico patentado años atrás. La inventora buscaba resolver los problemas de las enciclopedias escolares al uso, como su excesivo volumen o los desequilibrios en la extensión y comprensibilidad de los contenidos. En 1962 registró otra patente (ES 276 346) con el título “Un aparato para lecturas y ejercicios diversos”. La principal novedad respecto a la enciclopedia original era la inclusión de sonidos grabados y de diversos compartimentos para guardar bobinas, material escolar de dibujo y pequeños instrumentos científicos (reloj, brújula, termómetro, barómetro).

Las dos invenciones mencionadas de Ruiz Robles (ES 190 968 y ES 276 346) pueden ser consideradas auténticas precursoras del libro electrónico. Ángela Ruiz Robles recibió numerosos galardones y condecoraciones: Medalla de Oro y Diploma en la Exposición Nacional de Inventores (1952), Lazo de la Orden de Alfonso X el Sabio (1956), Óscar a la Invención en la Feria de Zaragoza (1957), Medallas de Bronce (1957 y 1958) y de Plata (1963) en la Exposición Internacional de Inventores de Bruselas y Medallas de la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1964), del Salón Internacional de Inventores de Ginebra (1970) y del Salón de la Inventiva de Madrid (1970). Ángela Ruiz Robles falleció en Ferrol.

 

Stephanie Louise Kwoleck (1923-2014) fue una química estadounidense inventora de la fibra sintética Kevlar ®. Nació en New Kensington (Pensilvania) en una familia de emigrantes polacos. Su padre era un naturalista aficionado y le inculcó desde muy pequeña la curiosidad hacia el mundo natural. De su madre (ama de casa y viuda desde 1933) heredó el interés hacia los tejidos y la costura, hasta el punto que la pequeña Stephanie quiso ser de mayor diseñadora de moda.

En 1946 Kwoleck se graduó en Ciencias con una especialización en Química por la Universidad Carnegie-Mellon de Pittsburgh (Pensilvania), y ese mismo año empezó a trabajar en la empresa química E.I. DuPont de Nemours&Co. de Bufalo (Nueva York), propietaria de materiales sintéticos como el nailon (desarrollado en 1935), el neopreno (1930) o el teflón (1938).

Kwoleck fue trasladada al laboratorio de investigación de fibras sintéticas de Wilmington (Delaware) en 1950. Allí trabajó con el nailon y desarrolló un novedoso y sencillo procedimiento para producirlo mediante condensación por etapas en un matraz a presión atmosférica y a temperatura ambiente. Registrado por DuPont en 1957 y 1958 mediante tres patentes estadounidenses (US 3 006 899, US 3 063 966, US 3 094 511), este procedimiento permitió a Kwoleck ser reconocida en 1959 con un premio (el primero de su dilatada carrera investigadora) por la Sociedad Americana de Química (ACS en sus siglas inglesas).

Kwoleck desarrolló procesos de policondensación donde los intermediarios químicos de alta reacción permitían crear polímeros muy resistentes al calor, los cuales llegaban a temperaturas de 400 ºC sin fundirse (patentes US 3 287 323, US 3 322728, US 3 328 352). En 1965 descubrió de manera casi accidental el material sintético que la haría mundialmente famosa: el Kevlar ®, una fibra sintética de extraordinaria resistencia que no se rompía allí donde el nailon sí lo hacía y que además era cinco veces más fuerte que el acero. La razón de estas peculiares características se encontraba en la alineación en paralelo de las moléculas a modo de varillas.

Entre 1966 y 1974 fueron registradas en EE.UU. hasta trece patentes en relación a las poliamidas, siendo la US 3 819 587 la referida al Kevlar ® propiamente dicho, a su vez protegido comercialmente con una marca (la estadounidense 983.080 de 1974). Entre sus más de 200 aplicaciones se encuentran equipos de protección (cascos, chalecos antibalas, blindajes), refuerzo de neumáticos, cables, material deportivo (tenis, hockey, piragüismo), altavoces, instrumentos musicales, telefonía móvil, ropa, objetos ignífugos y piezas automovilísticas y aeroespaciales.

Primera página de la patente de Stephanie Kwoleck US 3 819 587

Kwoleck fue la inventora de 27 patentes para DuPont (la última de 1985). En 1986 se retiró como investigadora de la empresa, aunque siguió ligada desde un puesto consultor. Falleció en Wilmington a la edad de 90 años.

 

Hedy Lamarr (1914-2000) fue una actriz e inventora norteamericana. Nació en Viena como Hedwig Eva Maria Kiesler en una familia judía de la alta burguesía austriaca. Siendo aún una adolescente la descubrió el director teatral Max Reinhardt (1873-1943) con quien estudió en Berlín y quien la apodó “la mujer más bella de Europa”. En 1930, hizo su primera película (“Das Geld liegt auf der Straße” / El dinero está en la calle). En 1933 saltó a la fama con el film checo “Éxtasis” al protagonizar el primer desnudo en una cinta comercial. Ese año, obligada por sus padres, se casó con el influyente magnate armamentístico austriaco Friedrich Mandl (1900-1977). El celoso, maníaco y profascista Mandl la retiró del cine, compró todas las copias posibles del escandaloso film y la mantuvo encerrada en su castillo de Salzburgo, reducida a mera anfitriona de reuniones sociales en las que llegó a tratar a Mussolini y a Hitler. No obstante, Kiesler aprovechó para estudiar ingeniería y adquirir información sobre armamento y personas que, durante la Segunda Guerra Mundial, haría llegar a las autoridades aliadas.

En 1937 abandonó a su marido tras una rocambolesca fuga en la que drogó al mayordomo que la vigilaba y se disfrazó con sus ropas. Marchó a París, donde obtuvo el divorcio, y luego a Londres, pero acosada por sicarios de Mandl se trasladó a EE.UU. Allí fue protegida de Louis B. Mayer (1885-1957), productor de los estudios de Hollywood Metro Goldwin Mayer (MGM). Mayer acuñó para ella una nueva identidad artística con la que sería conocida desde entonces: Hedy Lamarr, inspirada en la actriz de cine mudo Barbara La Marr (antigua amante del productor). Su debut en el cine americano fue con “Algiers” (1938). Protagonizó 17 películas para MGM y su mayor éxito cinematográfico fue “Sansón y Dalila” (1949). A partir de entonces su carrera decayó, siendo su último largometraje de 1958.

En 1941 comenzó una relación amorosa con el compositor norteamericano George Antheil (1900-1959). Profundamente antinazis, colaboraron con el esfuerzo bélico a través de una patente concedida en 1942 para un sistema de comunicaciones secreto para lanzar torpedos teledirigidos por radio imposibles de detectar por el enemigo (US 2 292 387). Realmente era una versión pionera del salto en frecuencia o sistema de espectro expandido, la tecnología base de los actuales “Wifi”, la telefonía “3G” o el “Bluetooth”. Consistía en dos tambores perforados y sincronizados (como en una pianola) para emitir 88 frecuencias (número de teclas del piano) que cambiaban aleatoriamente, lo que impedía su detección. Aunque no fue usado en la Guerra Mundial, sí lo fue en transistores diseñados por Sylvania Electronics (1957), en un sistema de boyas rastreadoras durante la Crisis de los Misiles (1962) o en la Guerra de Vietnam (1964-1973).

Uno de los dibujos de la patente de Hedy Lamarr US 2 292 387

Retirada de la vida pública en los años 60, fue homenajeada por la Fundación Frontera Electrónica (1997) por su contribución a las telecomunicaciones. Casada y divorciada cinco veces más (ninguna con Antheil), falleció en Orlando (Florida).

 

Julie Newmar es otra actriz e inventora estadounidense nacida en 1933 en Los Ángeles (California) como Julia Chalene Newmeyer. Su primer rol acreditado (con el nombre artístico de Julie Newmeyer) fue en la película La serpiente del Nilo (1953). Su primer papel de éxito fue en 1954 como una de las chicas (Dorcas) de la comedia musical Siete novias para siete hermanos. Un año después aparecía con su definitivo nombre artístico, Julie Newmar, en la revista de Broadway Silk Stockings. Entre 1952 y 1999 actuó en una treintena de películas y obras de teatro, además de diversas series televisivas (StarTrek, Superagente 86, Colombo, McCloud, Embrujada, McMillan y su esposa, o Vacaciones en el mar).

Newmar patentó invenciones relacionadas con la lencería en la década de 1970 (US 3 914 799 y US 4 003 094) a favor de unos pantis que proporcionaban un realce posterior del cuerpo. Otro invento de Newmar fue un sujetador sin respaldo (US 3 935 865) para lucir vestidos de espalda descubierta. En la propuesta de Newmar los tirantes habían sido sustituidos por un sistema de bandas y cordones que discurrían por aquellas zonas del cuerpo tapadas por la ropa, tal que pechos, hombros, abdomen y cintura, lugar donde el sostén quedaba abrochado mediante un sencillo y accesible cierre de gancho y ojal.

Primera página de la patente de Julie Newmar US 3 914 799.

Octogenaria, Julie Newmar mantiene a día de hoy una vida muy dinámica. Además, es una activista muy comprometida con los derechos LGTBI, y en 2014 fue galardonada por toda una vida dedicada a la defensa de los mismos.

 

Finaliza esta revisión al talento inventor femenino con referencia a otras cuatro inventoras españolas de finales del siglo XIX y principios del XX. Cabe citar en primer lugar a Fermina Orduña, primera española que solicitó una patente (entonces denominadas “privilegios de invención”) el 21 de abril de 1865 (privilegio real 4 606, relativo a un aparato y sistema para expender al público leche de burra, vaca o cabra). Candelaria Pérez era una comerciante canaria residente en La Habana (Cuba) que en 1889 solicitó la patente ES 9 696 (“Una cama combinada con un mueble tocador, lavabo, mesa de noche, bidet, mesa para jugar al ajedrez o para comer y atril para leer cuya combinación puede aplicar también a un escritorio u otro mueble”). La valenciana Elia Garci-Lara Catalá patentó en 1890 un lavadero mecánico (ES 10 711), que se trataba de un sistema en varias etapas: clasificación de la ropa según diversos criterios (clientes, categoría, género, empleo, o grado de suciedad), lavado preparatorio, colada mediante saponificación, lavado con jabón, aclarado, escurrido con hidro-extractor centrífugo, secado al aire libre (o con aire caliente procedente de una estufa), planchado, plegado y prensado de la ropa ya seca y limpia. La Doctora Concepción Aleixandre Ballester (1862-1952) fue una de las primeras mujeres en obtener la Licenciatura en Medicina en España (Universidad de Valencia, 1889). En 1909 desarrolló unos pesarios ginecológicos; la invención (patente ES 47 109) consistía en dos sistemas de pesarios que se colocaban en la vagina para corregir el descenso de la matriz. Estaban fabricados en metal (aluminio y acero niquelado) a diferencia de otros modelos de caucho o goma que provocaban infecciones. Además, disponían de un sistema de muelles que los hacían flexibles y adaptables.

Dibujo del pesario ginecológico de la Dra. Concepción Aleixandre Ballester (patente ES 47 109).

Los ejemplos mostrados en este blog son sólo una pequeña muestra de la importancia de la mujer en la innovación, y cómo fue posible la protección de esa innovación a través de las patentes. Sirva este homenaje que, aunque sea modesto, quiere  reconocer la figura de la mujer y su contribución continua en el desarrollo tecnológico.

 

Etiquetas:

Mujeres inventoras (tercera parte)

 

Continúa en esta tercera entrega relativa a la vida e invenciones de destacadas mujeres innovadoras.

 

Elena García Armada es una investigadora española nacida en Valladolid (1971). Con un doctorado en ingeniería industrial, lidera el grupo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que ha desarrollado el primer exoesqueleto biónico del mundo para niños con atrofia muscular espinal. García Armada es además fundadora de Marsi Bionics, empresa surgida del CSIC y la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) cuyo objetivo es la investigación y creación de exoesqueletos pediátricos. Se trata de estructuras basadas en soportes que se ajustan a las piernas y al tronco del niño y que al incorporar motores que imitan el funcionamiento del músculo le aportan fuerza para caminar y mantenerse en pie.

Dos de las patentes de la Dra. Elena García Armada, izquierda: patente europea EP 3 009 240 B1; derecha, solicitud internacional WO 2016/083650 A1.

Uno de sus primeros proyectos fue SILO 4, un robot de 30 kg pensado para su uso en labores de reconocimiento y rescate en catástrofes y para labores de desminado. En él se probó un algoritmo de mejora de control y estabilidad que permitía una mayor autonomía por parte del robot, prescindiendo así de supervisión humana. Al mejorar la adaptabilidad del robot al terreno (adaptando las patas según percibe perturbaciones y alteraciones) aumenta su equilibrio e impide que vuelque, lo que es fundamental para tareas de arrastre o transporte de cargas.

Las principales líneas de investigación de la Dra. García Armada abarcan la mejora en la agilidad de la locomoción en cuadrúpedos; la creación de exoesqueletos de extremidades inferiores y órtesis activas; y la estabilidad dinámica en robots caminantes y su adaptación a terrenos complejos con perturbaciones ambientales. En el campo de la creación de exoesqueletos pediátricos el proyecto más destacado y premiado ha sido ATLAS 2020, un exoesqueleto de 9 kg de peso capaz de mantener la rigidez mientras permite un movimiento más ágil y articulado mediante sus diferentes sensores de fuerza, presión y temperatura. Está dotado de articulaciones inteligentes que interpretan los movimientos del paciente detectando cuáles son deseados y cuáles indeseados, algo fundamental ya que en muchos casos existen movimientos espasmódicos que, mal interpretados, conllevan serios riesgos para la seguridad del paciente.

 

Margaret E. Knight (1838-1914) fue una de las inventoras estadounidenses más relevantes del siglo XIX. Entre sus invenciones destaca la fabricación de las típicas bolsas de papel norteamericanas. Nació en York (Maine) y muy pronto quedó huérfana de padre. A la edad de diez años dejó la escuela y se empleó junto a toda su familia en una fábrica textil en New Hampshire, donde permaneció hasta 1858. A lo largo de su vida realizó unas 90 invenciones, y obtuvo 21 patentes.

En 1866 se trasladó a Springfield (Massachusetts) para trabajar en la Columbia Paper Bag Company. Margaret Knight desarrolló un nuevo proceso de fabricación mecánica de bolsas de papel: corte, doblado y pegado. Las primeras bolsas de papel en el mercado eran estrechos tubos de papel con fondo plano en forma de “V” (no muy diferentes a un sobre) que podían albergar poco peso y, además, tenían que ser pegadas a mano. Knight tuvo la idea de mecanizar todo el proceso de fabricación: corte, doblado y pegado. De esta manera las bolsas adquirían mayor amplitud, mejor usabilidad y un fondo cuadrangular con el que podían mantenerse erguidas y aguantar más carga sin romperse. Nacía, por tanto, la bolsa de papel que enseguida acabó convirtiéndose en el estandarizado envoltorio empleado por infinidad de comercios estadounidenses pero también reutilizado para guardar y llevar casi cualquier objeto de manera cómoda y desapercibida.

Tras una lucha en tribunales por el intento de apropiación indebida por parte de Charles F. Annan, uno de los mecánicos participantes en la construcción del prototipo, Knight consiguió finalmente su patente en julio de 1871 (US 116 842). Llama la atención la argumentación del mecánico para defenderse: la imposibilidad de que una mujer llevara a cabo diseños técnicos sofisticados. Este argumento machista, que hoy día en no se sostendría ante ningún tribunal, pudo ser efectivo en aquella época.

En la década de 1880 Knight registró patentes relativas a un protector de faldas (US 282 646), un sistema de abrochado elástico para batas (US 306 692) y un espetón de asar (US 311 662). Durante la siguiente década registró varias patentes en relación a máquinas para la industria del calzado (US 436 538, US 436 539, US 444 982, US 494 784, US 521 413, US 527 205). Con el nuevo siglo ideó varios modelos de motores rotativos a vapor protegidos entre 1902 y 1904 mediante otras patentes (US 716 903, US 717 869, US 720 818, US 730 543, US 758 321, US 743 293). En los últimos años de su vida desarrolló motores de combustión interna obteniendo tres patentes (US 1 068 781 A, US 1 086 299, US 1 132 858). Knight también inventó un sistema de ruedas de alta resistencia, obteniendo la patente US 1 015 761.

Algunos dibujos de una de las patentes de motores de Margaret E. Knight, US 1 068 781.

Margaret falleció en Framingham a la edad de 76 años. A pesar de los miles de dólares que sus patentes le proporcionaron, su herencia fue de sólo 275 dólares. En 2006 fue incorporada al “National Inventors Hall of Fame”.

 

Erna Schneider Hoover fue otra destacada innovadora estadounidense nacida en Irvington (Nueva Jersey) en 1926. Matemática e informática de formación, se interesó a temprana edad por la ciencia al leer una biografía de Marie Curie (1867-1934), la primera persona en recibir dos premios Nobel, el de Física (1903) y el de Química (1911), por sus investigaciones sobre la radiactividad. En 1948 Erna se graduó con las máximas calificaciones en la Universidad de Wellesey (Massachusetts), en Historia y Filosofía, especializada en los periodos clásico y medieval.

En 1951 obtuvo el doctorado en Filosofía y Fundamentos de la Matemática por la Universidad de Yale y ese mismo año logró un puesto de profesora de Filosofía y Lógica en la Universidad de Swarthmore (Pensilvania). En 1953 se casó con Charles W. Hoover (1926-2017), físico en una de las principales compañías mundiales dedicadas a la investigación en telecomunicaciones y electrónica, la compañía Bell Telephone Laboratories, Inc. (“Bell Labs”).

En 1954 Erna Hoover dejó la docencia e ingresó en el centro de Bell Labs en Holmdel como técnica superior adjunta. Gracias a sus conocimientos en lógica simbólica y en teoría de realimentación, Hoover programó mediante un algoritmo los dispositivos de control de una central telefónica de manera que pudieran usarse los datos de las llamadas entrantes para imponer orden a todo el sistema.

Diseñó una computadora para que monitorizara los procesos relacionados con la entrada y salida, dándolos prioridad sobre otros menos importantes como el mantenimiento de registros o la facturación. De este modo, el ordenador de la central podía ajustar automáticamente y en tiempo real la tasa de frecuencia de aceptación de llamadas, con lo que se reducía el problema de sobrecarga. El sistema de conmutación electrónica inventado por Hoover suponía una revolución en las comunicaciones. Introducía en el sistema la informática (técnicas de computación, circuitos de transistores y programas de control almacenados en memoria) dejando obsoletos en poco tiempo a los tradicionales conmutadores electromecánicos.

Primera página de la patente de Erna S. Hoover, US 3 623 007.

En 1971 Hoover y Barry J. Eckhart (un técnico colaborador de la compañía en Canada) obtuvieron la patente US 3 623 007. Hoover se jubiló en 1987 después de 32 años en Bell Labs. Desde entonces se ha dedicado a difundir la importancia de la educación a todos los niveles, denunciado la escasez de mujeres científicas entre el profesorado.

Integrante de los órganos directivos de universidades estatales como la de Trenton (1980) y la de Nueva Jersey (1983), ha defendido el valor de la educación pública superior a través de la captación de los mejores alumnos y la inversión de fondos estatales. En 1990 su antigua universidad la premió por sus logros. En 2008 ingresó en el “National Inventors Hall of Fame”.

 

Katharine Burr Blodgett (1898-1979) fue otra científica estadounidense, inventora del cristal no reflectante. Nació en Schenectady (Nueva York). Su padre era George R. Blodgett (1862-1897), un prestigioso abogado que dirigía el departamento de patentes de General Electrics (GE) y que falleció un mes antes de nacer su hija, asesinado por los disparos de un ladrón. En reconocimiento a los servicios prestados, GE se hizo cargo de la estabilidad financiera de su familia, que se trasladó a Nueva York al poco de nacer Katharine. Más tarde (1901) se desplazaron a Francia, donde la niña adquirió un dominio fluido del francés. En 1912 los Blodgett regresaron a Estados Unidos. Con solo quince años (1913) ganó una beca para la Universidad Bryan Mawr (Pensilvania) y se graduó en Física (1917), destacando su destreza científica. Licenciada en Química (1918) por la Universidad de Chicago, a los 20 años se convirtió en la primera mujer en trabajar en un laboratorio de GE.

Entre 1924-1926 realizó el doctorado en el Laboratorio Cavendish de la Universidad de Cambridge (Inglaterra), dirigido por el británico-neozelandés y premio Nobel de Física Ernest Rutherford (1871-1937), y se convirtió en la primera mujer que alcanzaba un doctorado en Física por Cambridge.

Dibujos de una de las patentes de Katharine Burr Blodgett, US 2 220 861.

Desde medidos de la década de 1930, Blodgett investigó cómo eliminar la reflexión de un cristal allí donde ésta fuese indeseable, pero permitiendo la transmisión de la luz. El resultado fueron dos patentes, una sobre la reducción de la superficie de reflexión en cristales (US 2 220 861) y otra relativa a un cristal de baja reflectancia (cristal invisible, US 2 220 862).

En 1933 desarrolló un sencillo procedimiento para calibrar el espesor de una capa de película de modo extraordinariamente preciso (millonésima de pulgada). En 1952 obtuvo la patente US 2 587 282 para el calibrador del grosor de revestimientos ultrafinos. Otras patentes de Katherine Blodgett fueron US 2 493 745 y US 2 589 983.

Blodgett estuvo perfeccionado durante años el aparato de laboratorio de Pockels que se conocería en adelante como balanza Langmuir-Blodgett, al igual que los finísimos revestimientos conseguidos con dicha tecnología pasarían a llamarse películas Langmuir-Blodgett. Por este instrumento recibió su primera patente (US 2 220 860) en 1940 pero la tecnología quedó en el olvido hasta 1971. Actualmente las películas Langmuir-Blodgett se utilizan en multitud de campos de la investigación (síntesis de nanopartículas, separación de mezclas de gases, elementos de electrónica molecular, soportes para tintes azoicos y aislantes orgánicos para transistores, entre otros).

Esta entrada sobre mujeres inventoras finaliza con el recuerdo a Mary Elizabeth Walton, inventora estadounidense que vivió en la segunda mitad del siglo XIX, que fue pionera en la lucha contra la polución del aire y la contaminación acústica. Se sabe muy poco de su vida: residía en Nueva York y su padre (probablemente un ingeniero) la educó junto a sus hermanas en nociones de ciencia e ingeniería.

En 1879 Mary Walton obtuvo la patente estadounidense US 221 880 a favor de una mejora con la que minimizar los efectos contaminantes de locomotoras y chimeneas. La invención consistía en una máquina que vertía los gases, polvos y demás sustancias producidas por las locomotoras de vapor o las chimeneas de fábricas y viviendas a unos contenedores de agua (o también a las alcantarillas) en lugar de hacerlo directamente a la atmósfera. De esta manera los agentes tóxicos se disolvían en el agua y también se evitaban los malos olores de la combustión. Sin duda el gran mérito de esta patente estriba en ser una de las primeras soluciones a las nocivas consecuencias medioambientales de la industrialización en una época donde las fábricas se encontraban en los centros urbanos de las grandes ciudades (y no en las afueras) y la contaminación era vista como una consecuencia inevitable del progreso. Ante ella únicamente cabían las opciones de una pasiva aceptación, especialmente por la clase obrera, o alejarse en busca de un lugar con aire limpio, algo solo asequible a las clases adineradas.

Walton viajó a Inglaterra para dar a conocer su invención, que fue elogiada por técnicos británicos. Se puso en práctica años después en fábricas de la costa este de EE.UU. para evitar la gran cantidad de enfermedades pulmonares que aquejaban a los trabajadores. Durante la segunda mitad del siglo XIX los trenes elevados se convirtieron en parte del paisaje de grandes ciudades como Londres (1867), Nueva York (1868 y 1875), Berlín (1882), Chicago (1892) o Liverpool (1893). En 1881 Walton registró otra patente (US 237 422) para un perfeccionamiento en la construcción de los armazones y cimientos en las vías de este tipo de ferrocarriles. El propósito de esta invención era reducir las molestias de los ruidos y las vibraciones consecuencia del paso de los convoyes que se desplazaban sobre estructuras en altura muy próximas a las viviendas, algo que la propia Walton sufría en su piso de Manhattan. Estas molestias provocaban numerosos casos de neurosis, insomnio y ataques de nervios entre la población y hacían insoportable la vida cotidiana en grandes áreas urbanas.

Walton experimentó en el sótano de su casa diversos medios para reducir la contaminación acústica hasta que encontró una solución. Consistía en anclar los carriles, las guardas longitudinales y los travesaños a un suelo formado de arena, asfalto y guata de algodón, el cual absorbía las vibraciones del traqueteo del tren y, por tanto, disminuía la emisión de ruidos. Walton vendió su invención por 10.000 dólares a los ferrocarriles metropolitanos neoyorquinos donde fue puesto práctica con gran aceptación de maquinistas, pasajeros y habitantes.

 

Dibujo de la primera patentes de Mary Elizabeth Walton, US 221 880.

 

Etiquetas: