La “gran peste” (Huey Cocolitztli) del siglo XVI en México y el nuevo arenavirus Ocozocoautla de Espinosa ¿relacionados?


En 2012 publiqué en este blog una entrada titulada  “Huey cocoliztli” en el Mexico del siglo XVI:  ¿una enfermedad emergente del pasado? que ha mereció el primer premio de comunicación científica “Blogs mi+d”. Aprovecho la ocasión para agradecer el premio al jurado y a las entidades convocantes, la Fundación madri+d y la Dirección General de Universidades e Investigación de la Comunidad de Madrid. A través de los siguientes enlaces puede accederse a una reseña del premio y a una entrevista.

En esta ocasión celebraremos el premio rememorando el tema tratado en aquél post. invitando a los lectores a conocer un nuevo virus hallado en México, concretamente en el Estado de Chiapas, descrito por primera vez hace un año, y que, como es costumbre, recibe el nombre de la localidad de donde procedía la muestra que permitió su identificación, la ciudad de  Ocozocoautla de Espinosa.

Este virus podría tener alguna relación con la enfermedad del Huey Cocoliztli, o gran peste, que asoló México en el siglo XVI, que se describió en el post mencionado antes. También podría no tener ninguna. La ciencia es así: busca pruebas y explicaciones, y lo que no cuadra, se rechaza. De momento los hechos son los siguientes:

En el siglo XVI en México y Centroamérica (la “Nueva España” de aquél entonces)  tuvieron lugar unas epidemias devastadoras de una enfermedad hemorrágica que fue denominada “Huey cocoliztli“, o gran peste en idioma nahuatl. Algunos autores, basándose en descripciones fidedignas de la enfermedad, su sintomatología clínica, y las circunstancias en las que se produjeron aquellas epidemias, han propuesto que es posible que su causa fuera la infección por un virus hemorrágico (1). Pero ¿cual de ellos? Razonando por descarte, al parecer los mejores candidatos al puesto de causantes del huey cocoliztli son los miembros de la familia de los Arenavirus, y en concreto una rama de éstos que son los Arenavirus americanos del serocomplejo Tacaribe. Se conocen unos cuantos dentro de este grupo capaces de causar brotes de fiebre hemorrágica con una alta mortalidad. Todos ellos son transmitidos por contacto con roedores, dándose la circunstancia de que existe una  alta especialización en estos virus en relación con la especie de roedor que emplean como reservorio. Ello implica que la distribución geográfica de estos virus coincide con la distribución geográfica de la especie de roedor que actúa de reservorio epidemiológico. Se han identificado representantes de este grupo en los Estados Unidos (los virus Whitewater arroyo, Bear canyon y Tamiami), en Trinidad (virus Tacaribe), en Bolivia (virus Chaparé y Machupo), en Venezuela (virus Guaranito), en Argentina (virus Junin) y en Brasil (virus Sabiá). Los lectores interesados pueden encontrar más detalles de estos virus, junto con un mapa de su distribución y  sus principales especies reservorio en el post que dedicamos al Huey cocolitzli el año pasado.

En todo este asunto había una ausencia importante: si el causante del Huey cocoliztli fue un arenavirus del serocomplejo Tacaribe  ¿cómo es que no se ha encontrado ninguno en el actual territorio de México y América Central, escenario de aquella terrible plaga cuatro siglos y pico atrás? Como ocurre a menudo en el mundo de la virología, es cuestión de buscar y hacerlo bien. A ello se pusieron diversos grupos de investigación. En 2009 un grupo de investigación mexicano publicó un estudio que describía la presencia de anticuerpos específicos frente a virus del serocomplejo Tacaribe en roedores capturados en Mexico: concretamente encontraron 3 ratones ciervo (Peromyscus maniculatus) seropositivos de un total de 12 examinados, todos ellos precedentes de Ocozocoautla de Espinosa, Estado de Chiapas (2). Muestras de riñón (se sabe que los arenavirus producen infecciones persistentes a nivel renal en sus hospedadores) de estos 3 ratones y de otros  más de la zona, llegaron a manos de otro grupo de investigadores de la Universidad de Texas en Galveston, quienes trataron de aislar el virus a partir de ellas, y si bien no lo consiguieron, pudieron obtener secuencias genéticas víricas lo suficientemente largas como para permitir la identificación de los virus presentes en aquellos ratones y asignarlos, mediante análisis filogenéticos, a uno de los 4 genotipos de que se compone el serogrupo Tacaribe, denominado grupo “B”, y dentro de éste, al subgrupo compuesto, además de por el virus Ocozocoautla de Espinosa,   por los virus (por orden de similitud) Tacaribe, Junin y Machupo (3).

Así pues, ya tenemos un mapa más completo de los Arenavirus americanos, con una especie nueva en el Sur de México. Bueno, lo de la especie requerirá algunos estudios más, porque de momento solo tenemos algunas secuencias genéticas parciales del virus, aún insuficientes para dar carta de naturaleza a una nueva especie vírica, pero todo llegará.

Ya tenemos  tenemos identificado el virus, con un nombre al menos provisional (de momento parece que los habitantes de Ocozocoautla de Espinosa no se han quejado mucho). Ahora bien ¿cual es su importancia clínica? Por un lado, parece que en el Estado de Chiapas se han registrado brotes de cierta importancia de enfermedad hemorrágica en humanos, destacando una epidemia de fiebre hemorrágica muy grave que tuvo lugar en 1967, y en sueros de personas convalecientes se identificaron anticuerpos frente a virus del serocomplejo Tacaribe. Por otro lado, en ese mismo Estado se producen de forma endémica casos de dengue hemorrágico, cuya forma clínica puede confundirse fácilmente con una fiebre hemorrágica por arenavirus, lo cual podría haber motivado que los brotes por arenavirus pasen desapercibidos en la zona. El dengue hemorrágico se comenzó a expandir por las zonas Tropicales y Subtropicales de América en las décadas de 1960-70.

Por último ¿fue el virus Ocozocoautla de Espinosa -o un ancestro de éste- el causante del huey cocoliztli? Probablemente nunca lo sabremos.  Ya señalamos en un post anterior que es difícil hacer extrapolaciones sobre epidemias del pasado con lo que sabemos de los patógenos actuales. En particular es difícil de explicar cómo pudo transmitirse tan masivamente aquella peste entre la población, cuando los brotes que conocemos de fiebres hemorrágicas por arenavirus tienen muy poca capacidad de difusión (afortunadamente) limitándose a unos pocos, tal vez decenas de casos clínicos cada brote. También es extraño cómo después de aquello la enfermedad pudo “borrarse del mapa”, aunque esto puede que no sea exactamente así ya que podrían haberse seguido produciendo brotes de fiebres hemorrágicas como el ya mencionado de 1967, que pudieron no ser diagnosticados correctamente o no alcanzar demasiada repercusión fuera de aquéllas tierras. Respecto a la transmisión masiva, hay que recordar que en el surgimiento de brotes epidémicos de fiebres hemorrágicas por arenavirus influyen de forma muy especial factores tanto ecológicos como socio-económicos, y en particular el desarrollo de actividades agrícolas en zonas deforestadas ha precedido a menudo a brotes de enfermedades producidas por estos virus. Cambios en la agricultura suponen a menudo cambios en la disponibilidad de alimento para los roedores, que a veces pueden desembocar en eclosiones poblacionales de éstos, facilitando el contacto con el hombre. Estos factores, en particular teniendo en cuenta el peculiar sistema de Encomiendas implantado por los Españoles al llegar a las Indias, podrían haber influido en la desastrosa incidencia de la enfermedad del huey cocoliztli en el siglo XVI.

Referencias

(1) Acuna-Soto R, Stahle DW, Cleaveland MK, Therrell MD. Megadrought and megadeath in 16th century Mexico. Emerg Infect Dis. 2002 Apr;8(4):360-2.  (http://wwwnc.cdc.gov/eid/article/8/4/01-0175_article.htm),

(2) Milazzo ML, Barragán-Gomez A, Hanson JD, Estrada-Franco JG, Arellano E, González-Cózatl FX, Antibodies to Tacaribe serocomplex viruses (family Arenaviridae, genusArenavirus) in cricetid rodents from New Mexico, Texas, and Mexico. Vector Borne Zoonotic Dis. 2010;10:629–37. doi:10.1089/vbz.2009.0206.

(3) Cajimat MNB, Milazzo ML, Bradley RD, Fulhorst CF. Ocozocoautla de Espinosa virus and hemorrhagic fever, Mexico. Emerg Infect Dis [serial on the Internet]. 2012 Mar [date cited]. http://dx.doi.org/10.3201/eid1803.111602.

 


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La ciencia es el futuro


Hoy me van a disculpar los lectores del blog, pero voy a abrir un paréntesis para cambiar el tercio y hablar de un virus que ha penetrado en las mentes de los dirigentes de nuestro país y que, entre otras actividades, afecta a la ciencia en España: el recortavirus (RCTV).

El RCTV es neurotrópico y se transmite por contacto. Al parecer se adquiere con facilidad en reuniones y cumbres internacionales. Los síntomas son: fiebre por recortar servicios públicos, ceguera ante los efectos de los recortes para el futuro del país, insensibilidad ante el sufrimiento ajeno, incoordinación con el mandato constitucional, colisión con los derechos de las personas,  sumisión ante los poderes financieros y pérdida de soberanía. No hay tratamiento ni vacuna. Es peligroso para todo aquello que tenga que ver con el gasto público, desde las pensiones hasta la sanidad y la educación públicas, pero en un foro como este no podemos sino centrarnos en una de las actividades que más están sufriendo sus efectos: la investigación científica, o I+D, o simplemente, la ciencia.

En este blog hablamos de virus emergentes. Creemos en la divulgación científica de calidad. Hay que explicar que para ello es necesario que exista una buena investigación que nutra esta actividad. Sin esa conexión, la divulgación pierde, y así pierde la sociedad. Aquí se habla de virus emergentes porque el que suscribe trabaja a diario con esos virus, los investiga y  sigue su evolución, y lo hace porque determinadas instancias, públicas y privadas, españolas e internacionales, han considerado que vale la pena financiar esos estudios. Sin esa financiación, no hay ciencia, ni divulgación, y poco a poco se pierde un valor importante para una sociedad, que es el conocimiento basado en la evidencia, algo que hace que una sociedad avance. Pues bien, lo que está ocurriendo con la ciencia en España es un cambio de tendencia muy preocupante en torno a la inversión pública en I+D: Después de aproximadamente una década de esfuerzo por intentar alcanzar a los países más desarrollados (que precisamente lo son principalmente por su nivel de inversión en I+D)  aumentando de forma lenta pero constante este capítulo de los presupuestos del Estado, en los últimos 3 años este capítulo ha disminuido drásticamente (disminución acumulada de cerca del 30%). Estos recortes comprometen muy seriamente la actividad científica de nuestro país. La actividad científica no es algo que se pueda parar y volver a empezar cuando se quiera. Es como una gran rueda que cuesta mucho esfuerzo poner en marcha, y que hay que engrasar continuamente para que funcione, y cuando se para se pierde todo ese esfuerzo.

No creo que sea necesario persuadir a los lectores de un blog de contenidos científicos que la ciencia es el futuro. Solo cabe reflexionar sobre por qué está pasando esto. Desde luego, disminuir los presupuestos públicos en I+D no debería ni entrar en la cabeza de ningún dirigente que pretenda el mejor futuro para sus conciudadanos, porque sabe que estará dinamitando la mejor (quizá la única) forma de salir de la crisis económica que nos está afectando. Abandonar la ciencia es suicidarse como sociedad. Es abonarse a un futuro de subdesarrollo y dependencia del exterior. Es volver atrás muchos años.

Sé que esta visión la comparten algunos dirigentes con responsabilidad en esta tarea de dirigir la ciencia en España. Así pues solo me cabe achacar la actual situación a una infección por recortavirus. Espero que se generen los anticuerpos adecuados que neutralicen a este virus, y que lo hagan pronto. El futuro de nuestra sociedad está en juego.

 

 

 

Enlaces:

Para firmar la carta por la ciencia: http://www.investigaciondigna.es/wordpress/firma

Información sobre movilizaciones hoy 14 de junio por la ciencia en España: http://conimasdmasihayfuturo.com/14j-salvemos-la-investigacion/

Colectivo “Carta por la ciencia” (formado por la confederación de Sociedades Científicas de España, entre otros colectivos): Web del colectivo “Carta por la Ciencia”

Naukas: campaña “Sin ciencia no hay futuro”: http://naukas.com/2012/04/25/sinciencia-no-hay-futuro/

 

 

 

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La gripe y sus virus (y II)


Tal y como anuncié la semana pasada, aquí les dejo la segunda parte del post “La gripe y sus virus”.

(Para leer la primera parte, pinche aqui). 

La barrera de especie

Imaginemos por un momento que somos virus de la gripe. Hemos salido (junto con unos miles de “hermanos” parecidos, pero no iguales a nosotros) de la célula del epitelio pulmonar del “individuo A” y buscamos desesperadamente nuevas células a las que infectar. Estamos en la luz del tracto respiratorio, y somos “estornudados” al exterior. Más nos vale encontrar rápido un hospedador. Por suerte, hemos topado con el “individuo B” accediendo a sus vías respiratorias. Si el individuo B es de la misma especie que el individuo A, entonces la mayoría encontraremos fácilmente la forma de infectar eficazmente a sus células del tracto respiratorio (hemos sido “seleccionados” para ello). Pero si el individuo B es de una especie animal distinta a la del que hemos salido, entonces nos encontraremos en un medio diferente, con unas células distintas en el epitelio pulmonar, con distintos receptores, etc. Estas diferencias representan la “barrera de especie” y es más infranqueable en general cuanto más alejadas entre sí están las especies de origen y destino. Es posible que ninguno de nosotros sea capaz de sortearla, o lo haga de forma ineficaz. También es posible que alguno llegue a infectar eficazmente al individuo B, pero que éste sea incapaz de transmitir los virus a otro individuo de la misma especie, con lo cual la infección no progresa en la población (esto es lo que ha ocurrido hasta ahora con las infecciones de virus de gripe aviar H5N1 en humanos). Finalmente es posible que tras varias intentonas, algunos de los virus que fuimos estornudados por el individuo B consigamos infectar de forma eficaz a otros individuos de esa misma especie, distinta de la del individuo A, con lo que se completa el “salto entre especies” y tenemos una emergencia de un nuevo virus de gripe. Cuanto más eficaz sea la trasmisión entre individuos de esa especie, más fácil es que este proceso nos conduzca a una pandemia (por ejemplo, la pandemia de virus de la gripe A/H1N1 de 2009).

Los “trayectos ecológicos” de los virus influenza tipo A

Figura 3. Las aves silvestres, representadas por la silueta de un pato salvaje en el centro de la figura, son el reservorio de todos los tipos de virus influenza A. De vez en cuando algunos de estos virus infectan a otras especies, y terminan por adaptarse a éstas, dando lugar a los diferentes tipos de virus gripales humanos, porcinos, equinos, etc. En la figura también se recoge el hecho de que existen virus gripales adaptados a mamíferos marinos, cuyo origen igualmente se remonta a los virus aviares (Fuente: elaboración propia).

El reservorio “ancestral” de todos los virus influenza tipo A son las aves acuáticas, en particular las de los órdenes Anseriformes (gansos, patos, etc) y Charadriiformes(gaviotas, charranes, fumareles, etc). Esto significa que todos los virus de la gripe tipo A que existen en la actualidad, y que incluyen virus aviares, humanos, porcinos, equinos, etc, han derivado en último término de los que comúnmente infectan a estas aves (Figura 3). Ello es consecuencia de un proceso de adaptaciones sucesivas como el descrito en el ejemplo anterior, y que a menudo involucra especies intermedias entre el hospedador ancestral y la adaptación final. Este proceso a veces se denomina “trayecto ecológico” de los virus de la gripe (o influenza) tipo A, y puede necesitar años, incluso décadas, hasta completarse. 

 

No todos los subtipos de virus gripales tienen la misma capacidad de “atravesar la barrera de especie” sino que más bien algunos subtipos atraviesan mejor determinadas barreras de especie que otros. Por ejemplo, de los 16 subtipos “H”, sólo 6 se encuentran en la especie humana, de los que 3 (H1-3) han conseguido adaptarse completamente a ésta, y otros 3 (H5, H7 y H9) producen casos esporádicos sin transmisión entre humanos. Igualmente, de los 9 subtipos “N” que se conocen en aves, solamente 2 (N1 y N2) se encuentran en los virus gripales que afectan comúnmente al hombre, y otros dos lo hacen en virus causantes de brotes esporádicos, como son el N7 (por ejemplo, brote de H7N7 en Holanda en 2003) y, muy recientemente el N9 (virus H7N9 de 2013 en China). En la figura 4 se resume este concepto.

Figura 4. Subtipos antigénicos de virus de la gripe tipo A encontrados hasta ahora en las diferentes especies de vertebrados que actúan como hospedadores (aves, humanos, cerdos y caballos) representados por su silueta en la parte superior de las columnas correspondientes. A la izquierda, los subtipos de hemaglutinina (HA) y a la derecha, los de neuraminidasa (NA). S: hospedador susceptible; T: hospedador competente para la transmisión (Fuente: elaboración propia).

¿Qué es lo que determina la adaptación de un virus de gripe tipo A a una especie de hospedador determinada?

Se conocen mutaciones en determinadas posiciones de las cadenas polipeptídicas de algunas de las proteínas de los virus de la gripe que están relacionadas con una mejor adaptación a determinadas especies de hospedadores. Por ejemplo, en los virus aviares la hemaglutinina (HA) se une mejor al receptor propio de aves (α2,3 sialil glicano), y esta unión HA-receptor parece tener bastante importancia la posición nº 223 de la cadena polipeptídica de la HA, que está ocupada por el aminoácido glutamina en estos virus. Pero se sabe que si esa posición muta de modo que el aminoácido glutamina es sustituido por leucina (mutación Q223L en el gen de la HA) la HA cambia su afinidad y se une mejor al receptor presente en el tracto respiratorio de los mamíferos (α2,6 sialil glicano). Se han descrito varias posiciones clave en el genoma de los virus influenza tipo A que determinan la adaptación a mamíferos. De igual modo, existen posiciones clave que determinan una mejor transmisibilidad entre mamíferos –lo cual se asume que se correlaciona con el potencial pandémico-, y a su identificación se han aplicado diferentes grupos de investigación, en estudios que en su día (hace más o menos un año) fueron sometidos a una moratoria antes de su publicación con el fin de evaluar mejor el “doble uso” que podría tener esta información (ver post anterior). 

¿Qué es lo que hace que una cepa de virus de la gripe tipo A sea más virulenta?

De igual modo que la secuencia genética de los virus influenza tipo A determina características como la capacidad de adaptación a una nueva especie, también determina su patogenicidad, es decir, la capacidad de causar enfermedad en el hospedador. Estos determinantes genéticos de la patogenicidad de las cepas de virus gripales pueden variar de una especie a otra. Un ejemplo bien estudiado de determinantes de patogenicidad en virus gripales es el siguiente: en términos de sanidad animal (avicultura) existen cepas de baja patogenicidad (IABP) y cepas de alta patogenicidad (IAAP). Todas ellas son capaces de infectar y por tanto multiplicarse en aves, pero mientras que las de baja patogenicidad apenas las afectan clínicamente, las de alta patogenicidad producen una enfermedad letal en un porcentaje muy alto de las aves infectadas. No todos los subtipos de virus influenza tipo A son capaces de dar lugar a cepas altamente patógenas. Cuando se han aislado y estudiado las cepas altamente patógenas para aves, se ha encontrado que hasta el momento todas pertenecen a los subtipos H5 ó H7 (algunos de estos subtipos han resultado ser extremadamente patogénicos para el hombre y otros mamíferos). En la actualidad todos los aislados de subtipo H5 y H7 hallados en aves deben ser notificados a las autoridades veterinarias competentes y se debe obtener información acerca de su patogenicidad. Por ejemplo, las autoridades veterinarias españolas notificaron ayer mismo un brote de virus de la gripe aviar H7N1, que tras las correspondientes pruebas en el laboratorio nacional de referencia (LCV-Algete, MAGRAMA) ha resultado ser de baja patogenicidad (IABP) y como tal se ha comunicado. De modo similar, la semana pasada Alemania notificó otro brote de influenza aviar similar, también de baja patogenicidad, causado por otro subtipo antigénico del virus, el H7N7. La notificación obligatoria de estas cepas está motivada por la facilidad de las mismas para devenir en cepas altamente patógenas, lo cual supone un riesgo sanitario que es necesario vigilar.

Entre las especies de aves, se consideran más susceptibles las aves de granja, en particular pavos y gallinas. De hecho, las cepas de IAAP derivan de cepas de baja patogenicidad (IABP), comúnmente presentes en las aves silvestres  que actúan como reservorio. Las cepas IABP, al infectar aves de corral van ganando patogenicidad a medida que se van adaptando a estos nuevos hospedadores aviares. Se han documentado casos en los que, tras una simple mutación puntual, uno de estos virus ha dado lugar a una cepa de alta patogenicidad. Este proceso, que puede ocurrir muy rápidamente (unas semanas, desde que el virus entra en contacto con las aves susceptibles), tiene lugar porque los virus de los subtipos H5 ó H7 presentan cierta tendencia a mutar en una región del gen HA en la que es codificado el sitio de procesamiento proteolítico de la hemaglutinina, denominado HA0. Este sitio es fundamental en el ciclo biológico del virus ya que determina el lugar donde la HA es reconocida y procesada por una proteasa específica que se expresa a nivel de las mucosas respiratoria y digestiva del huésped, paso necesario en el ciclo de la infección. Esta característica permite explicar el comportamiento menos invasivo de las cepas de baja patogenicidad. En principio, en el hospedador “silvestre” que actúa como reservorio, el virus permanece estable y no necesita cambiar, puesto que está perfectamente adaptado. Cuando el virus, en particular de los subtipos H5 ó H7, infecta a pollos o pavos, sufre un proceso de adaptación al nuevo huésped a consecuencia del cual muta en el sitio de procesamiento proteolítico HA0, añadiendo nuevos sitios de procesamiento más inespecíficos, mediante sustituciones o adiciones que incrementan el número de aminoácidos básicos en esa región de la proteína. Ello se traduce en que el virus puede ser procesado por un rango más amplio de proteasas menos específicas y más ubicuas, lo que incrementa el acceso del virus a distintos tejidos del huésped, potenciando su patogenicidad. Además de estas mutaciones en el sitio HA0 de los virus gripales, se han identificado otras mutaciones que confieren patogenicidad elevada a los virus que las exhiben.

Los brotes de gripe aviar de alta patogenicidad son un grave problema para la avicultura en todo el mundo, produciendo enormes pérdidas económicas. De ahí que sea necesario realizar vigilancia de las cepas de baja patogenicidad de los subtipos H5 y H7, con mayor tendencia a ganar patogenicidad, ya que una vez que alcanzan esa alta patogenicidad es muy difícil erradicarlas. 

Reordenamientos genéticos y generación rápida de variantes de virus de la gripe tipo A

Como ya hemos señalado, además de la mutación, existe un proceso de generación extra de variación genética en los virus gripales, que es la “redistribución de genes”, o “reordenamientos genéticos” (en inglés: “genetic reassortments”). En virtud de este proceso, dos variantes que se encuentran infectando el mismo hospedador pueden intercambiar segmentos genéticos y generar nuevas combinaciones de éstos, algunas de las cuales pueden ser viables y conferir nuevas características a los virus que emergen de las mismas (Figura 5).

Para que ocurra la redistribución de genes entre virus influenza tipo A, esos virus han de estar circulando en la misma población en el mismo momento y deben infectar a la vez al mismo individuo. Esto solo puede ocurrir cuando dos cepas de virus gripales son muy prevalentes en una población, y aun así probablemente ocurre con una baja frecuencia. Es más, deben co-infectar la misma célula de ese indivíduo (Figura 5). Además, no todas las combinaciones de genes posibles entre los dos virus darán lugar a virus “híbridos” viables y eficaces. Es presumible que la mayoría de esas combinaciones generen virus no viables, y solo una minoría muy escasa origine virus capaces de infectar y transmitirse eficientemente en la población. No obstante, la prueba de que el fenómeno ocurre se ha encontrado al estudiar las secuencias nucleotídicas completas de todos los segmentos de ARN de diferentes cepas de virus de gripe, como veremos en seguida. Y no solo ocurre, sino que es un mecanismo muy importante para generar nuevas variantes de virus de la gripe tipo A.

Figura 5: La redistribución de genes entre virus distintos de la influenza tipo A, que tiene lugar cuando estos dos virus coinciden en infectar a una misma célula, da lugar a nuevas combinaciones de segmentos genéticos que originan ocasionalmente nuevos virus gripales con características diferenciadas (Fuente: elaboración propia).

Además, como poco a poco se van conociendo los determinantes genéticos de la adaptación a diferentes especies, mediante este tipo de análisis de genoma vírico completo se pueden distinguir aquellos segmentos que forman parte de virus de origen aviar,  porcino o humano. Incluso se pueden trazar relaciones geográficas y temporales. Por este tipo de análisis se ha podido determinar, por ejemplo, que el virus pandémico H1N1 de 2009 resultó de un “triple reordenamiento” que involucró a virus aviares, humanos, porcinos “clásicos” H1N1 y porcinos euroasiáticos. Los eventos que dieron origen a esta cepa pandémica tuvieron lugar en un periodo de tiempo prolongado, probablemente entre 1990 y 2009 (Figura 6).

Figura 6: Posible origen de la cepa pandémica de la gripe A H1N1 de 2009, según estudios de secuenciación genética completa del virus y su comparación con otras cepas. En la flecha de abajo se indica una línea de tiempo hipotética basada en los datos de aislamiento de las diferentes cepas estudiadas (Fuente: modificado de Trifonov, V., et al. (2009). N Engl J Med DOI: 10.1056/NEJMp0904572

 

La especie porcina constituye una especie de “coctelera” que facilita el fenómeno de “redistribución de genes” entre distintos tipos de virus gripales. Concretamente, posee una característica única que consiste en que sus células del epitelio pulmonar reúnen en su superficie dos tipos de receptores: el α2,3 sialil glicano, propio del tracto respiratorio de las aves, y por lo tanto, la “llave” de la infección por virus de la gripe aviar, y el α2,6 sialil glicano, presente en epitelio respiratorio de los mamíferos, y que es la molécula que abre la puerta de la infección a los virus de las gripes humana y porcina. De esta forma, el cerdo puede ser infectado por un amplio rango de virus de la gripe A tanto aviares como humanos y porcinos, incrementando las posibilidades de coinfección y con ello la frecuencia, de por sí escasa, del fenómeno del reordenamiento genético entre virus de la gripe.

Pandemias de gripe

Una pandemia no es más (ni menos) que una expansión de una enfermedad infecciosa a lo largo de un área geográfica muy extensa, pudiendo llegar a extenderse por todo el mundo. La pandemias de gripe en los seres humanos son temidas y con razón, pues pueden llegar a causar enormes mortalidades. No obstante, estrictamente hablando una pandemia no necesariamente acarrea esa alta virulencia. El ejemplo más claro lo ofrece la última pandemia de gripe A H1N1 que debutó en marzo de 2009 y que se estima que causó una mortalidad comparable, o incluso inferior, a la que causa la gripe estacional (la que periódicamente nos visita todos los inviernos), es decir, entre 200.000 y 500.000 personas al año en todo el mundo, según la OMS. Esto puede parecer una barbaridad, pero comparados con las decenas de millones de personas que se llevó por delante la pandemia de 1918, conocida como “gripe española”, pues no es para tanto. A lo largo del siglo XX hubo dos pandemias más, la “Asiática” de 1957 y la de “Hong Kong” de 1968, ambas con mortalidades muy inferiores a la de la 1918. Las razones por las que aquella pandemia de 1918 alcanzó semejante virulencia no se conocen con exactitud. Se sabe que el virus de la gripe de 1918 (H1N1), que es de origen aviar, es extremadamente patogénico para los seres humanos, pero además debieron jugar otros factores que contribuyeron a expandir la enfermedad y a exacerbar sus estragos, principalmente el hecho de que debutó en medio de la Primera Guerra Mundial (1914-18), afectando a una población ya de por sí depauperada, lo cual, junto con tropas moviéndose de acá para allá, pudo multiplicar sus devastadores efectos.

Se han estudiado los virus causantes de las pandemias de gripe citadas y sus genomas completos han sido secuenciados. Para ello, en el caso del virus de la pandemia de 1918 hubo que “resucitar” el virus a partir de tejidos de cadáveres de personas fallecidas por aquella gripe, algunas enterradas en el permafrost de Alaska. Se han identificado episodios de reordenamiento genético involucrados en el origen de la mayoría de estos virus.  La figura 7 resume esquemáticamente estos episodios. Se aprecia cómo el reordenamiento genético juega un papel importante en la generación de virus capaces de atravesar la barrera de especie y, eventualmente, llegar a producir virus pandémicos. No obstante, conviene recordar que aunque el  reordenamiento es un paso necesario para la generación de nuevos virus gripales, otros tipos de mutaciones genéticas contribuyen igualmente a adaptar los nuevos virus a sus nuevos hospedadores.

Figura 7: Esquema de los episodios de “reordenamiento genético” que pudieron originar las diferentes pandemias de gripe desde la gripe española de 1918 hasta la gripe A/H1N1 de 2009 (Fuente: Basado en Tang JW, et al. Infect Dis Clin North Am 2010;24:603-617, modificado).

Nota final

Enhorabuena. Si han llegado hasta aquí y no tienen muchas dudas ya pueden interpretar mejor las noticias sobre gripe situándolas en el contexto adecuado. ¡Y si tienen dudas, envíen sus preguntas a través de los comentarios abiertos para este post!

 

Glosario

Cadena polipeptídica: sinónimo de “polipéptido”, estructura molecular constituida por una serie de aminoácidos unidos entre sí en cadena mediante enlace peptídico. Las cadenas polipeptídicas son los constituyentes básicos de las proteínas.

Proteasa: enzima capaz de romper enlaces polipeptídicos, es decir, que escinde las cadenas de proteínas en unidades más pequeñas (péptidos).

Receptores celulares: sustancias presentes en la superficie de las células, que se unen de forma específica a otras sustancias, conocidas genéricamente como ligandos, para ejercer funciones específicas. Por ejemplo, en las sinapsis nerviosas el receptor de acetilcolina transmite la señal nerviosa al unirse específicamente a su ligando, el neurotransmisor acetilcolina. En el caso de los virus, éstos se unen a moléculas receptoras específicas de la superficie de las células a las que infectan, lo que constituye el paso inicial necesario para la infección de una célula por un virus.

Reservorio: Especie (o especies) en la(s) cual(es) el agente infeccioso completa su ciclo natural y le posibilita su persistencia en la naturaleza.

 

 

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La gripe y sus virus (I)


Dado que la alerta sanitaria sobre la gripe aviar H7N9 desencadenada en China recientemente (ver post anterior) va a atraer la atención del público y los medios durante un tiempo, en este post vamos a intentar resumir lo que hay que saber sobre los virus de la gripe, para proporcionar a los lectores la información básica que permita “digerir” correctamente la presumible avalancha de noticias sobre el tema en los próximos meses.

Como el tema es algo extenso, lo dividiremos en dos partes. La primera, que es la que va a continuación, describe los tipos de virus de la gripe, su diversidad genética y antigénica, y su evolución. En la segunda parte se hablará de cómo seleccionan los virus de la gripe las especies animales a las que infectan, qué hacen para atravesar la “barrera de especies”, y cómo es que algunos virus de la gripe adquieren una mayor virulencia. Al final se incluye un glosario con una definición de términos técnicos empleados a lo largo de estas explicaciones, para los lectores que no estén familiarizados con la jerga. 

Tipos de virus de la gripe.

Los virus de la gripe, o influenza, que tanto da (1), pertenecen a la familia Orthomyxoviridae, que son un grupo de virus con envoltura lipídica y genoma dividido constituido por ocho segmentos de ARN monocatenario (ver Figura 1). Existen tres géneros dentro de esta familia, los influenzavirus A, B y C, siendo el “A” el más importante desde el punto de vista sanitario (2). Los influenzavirus A son los únicos responsables de la gripe aviar, además de ser los agentes causales de la gripe común en humanos, y de las gripes porcina y equina. El tipo B se considera restringido a humanos y el C se ha aislado en el hombre y en el cerdo. En este post nos ceñiremos al género más relevante, el de los influenzavirus de tipo A.

Figura 1. Izquierda: fotomicrografía electrónica de virus de la gripe. Derecha: esquema de uno de estos virus, donde se destacan las glicoproteínas de superficie, hemaglutinina (color morado) y neuraminidasa (color naranja) unidas a una membrana lipídica que rodea la partícula vírica en cuyo interior se alojan ocho segmentos de ARN que constituyen el genoma del virus Fuente: Virology blog: http://www.virology.ws/2009/09/22/the-a-b-and-c-of-influenza-virus/

Subtipos antigénicos.

Los virus de la gripe exhiben en su superficie dos tipos de glicoproteínas mayoritarias insertadas en su envoltura lipídica, conocidas como hemaglutinina (HA) y neuraminidasa (NA) (Figura 1) en las que residen tanto la unión a receptores celulares como los sitios principales de reconocimiento antigénico por parte del sistema inmunitario del hospedador. Los subtipos antigénicos de los virus influenza (o gripe) tipo A vienen determinados según la particular composición de HA y NA que exhiben en la superficie. Se conocen 16 subtipos diferentes de HA (H1-H16) y 9 de NA (N1-N9). Estas dos glicoproteínas víricas se pueden presentar en cualquier combinación, lo que da lugar a 144 combinaciones o subtipos antigénicos de virus influenza, distinguibles serológicamente. Cada subtipo tiene sólo una clase de antígeno HA y una clase de antígeno NA. Se denominan HxNy siendo x e y el subtipo de HA y NA, respectivamente, que poseen. Por ejemplo, H5N1 designa el virus influenza A que posee HA del subtipo H5 y NA del subtipo N1. Conviene recalcar que dentro de cada subtipo existe una considerable variabilidad genética, antigénica y fenotípica, como veremos a continuación.

Los “otros” segmentos de ARN de los virus gripales les confieren una extensa diversidad genética.

Como hemos dicho antes, el genoma de los virus influenza tipo A está dividido en ocho segmentos (moléculas) de ARN, cada uno de los cuales codifica una o dos proteínas distintas del virus. Así, tenemos que además de las glicoproteínas de superficie HA y NA que ya hemos mencionado, el virus posee otras 9 proteínas, conocidas como PB1, PB1-F2, PB2, PA, M1, M2, NS1, NS2 y NP, cada una de ellas necesaria para distintas funciones relacionadas con el ciclo biológico del virus (que no vamos a detallar), y codificadas en distintos segmentos del ARN vírico (Figura 2). Como estas proteínas también varían entre cepas del virus, resulta que al final la variabilidad genética de estos virus es enorme. Digamos que a los 144 posibles subtipos antigénicos mencionados en el apartado anterior habría que añadir la variabilidad aportada por cada una de las variantes genéticas conocidas de las 8 proteínas víricas. Para hacernos una idea, si quisiéramos tipificar completamente una cepa de virus de gripe, a la denominación “antigénica” “HxNy” habría que añadir la información correspondiente a la variante de cada proteína vírica: “HxNyPB1zPB1-F2aPB2bPAcM1dM2eNS1fNS2gNPh” donde x, y, z, a, b, c, d, e, f, g y h serían las variantes concretas de cada una de las proteínas presentes en la cepa, que aunque no sean tan variables como la HA y la NA, también varían. Realmente no existe una nomenclatura de este tipo, pero sí que se tipifican determinadas cepas por medio de la secuenciación completa de todos los ARN que componen su genoma. Ya veremos en el siguiente post para qué sirve todo esto.

 

Figura 2. Esquema de la composición de los virus de la gripe tipo A. Se detallan a la derecha las diferentes proteínas víricas codificadas en el genoma de estos virus. A la izquierda se representa esquemáticamente un virión (partícula vírica) mostrando la localización de aquellas proteínas que están presentes en el mismo (NOTA: algunas proteínas víricas solamente se expresan durante una determinada fase de la infección, en la célula infectada, y no se encuentran en la partícula vírica) (Fuente: Wikimedia Commons).

Evolución de los virus de gripe.

¿De dónde surge toda esa variabilidad? Pues de la mutación y la selección que ocurre a nivel de cada segmento de ARN. Los virus con genoma de ARN poseen una alta tasa de mutación porque las enzimas que copian su genoma (ARN-polimerasas) carecen de actividad correctora de errores en la copia, de modo que se van introduciendo al azar errores en la secuencia de nucleótidos de la hebra de ARN. Las hebras resultantes de estas copias no del todo exactas forman parte de la nueva generación de virus que emerge de la célula infectada, y están sujetos a un proceso de selección natural (3). El medio actúa de filtro permitiendo que sobrevivan solo aquellos virus adaptados funcionalmente a unas condiciones ambientales concretas que prevalecen en el medio al que se enfrentan. A ello hay que añadir una propiedad singular de los virus que poseen genoma segmentado, como los virus gripales: dos variantes diferentes del virus pueden intercambiar segmentos de su genoma al azar si se encuentran co-infectando al mismo indivíduo. Este fenómeno es conocido como “redistribución genética” (“genetic reassortment”) y ofrece a los virus con genoma segmentado (como los virus de la gripe) un mecanismo muy eficaz de “barajar genes”, generando combinaciones distintas que pueden igualmente probar su eficacia frente a la selección natural ejercida por el medio. Volveremos sobre esto en la segunda parte.

 

Corolario 

En esta primera parte hemos visto que los virus gripales comprenden una enorme variedad de formas víricas, y hemos analizado la base de esa variedad a nivel molecular. Si después de leer esto aún les quedan ganas de seguir, en la segunda parte exploraremos sus características funcionales y cómo se las apañan para mantener en la naturaleza semejante diversidad, y como van surgiendo formas que a veces son capaces de saltar la barrera de especie y generar variantes más patógenas, dando lugar ocasionalmente a las pandemias de gripe.

Notas.

(1) El nombre de ” influenza”  se empleó ya en 1358 en Florencia, atribuyendo a la “influencia” de los astros, o posiblemente del frío, su aparición. El nombre de “grippe” (empleado por Sauvage en 1742), proviene del término francés “grippan”, y éste del alemán, “greiffen”, que quieren decir “agarrar”. Estas denominaciones han dado origen a las españolas de “gripe” e “influenza”, hoy en día consideradas sinónimas. Actualmente es el término gripe el más empleado en el lenguaje común. En términos científicos, gripe e influenza son sinónimos, y si bien la palabra gripe es más utilizada en el ámbito médico, influenza lo es en el veterinario.

(2) La denominación “gripe A”, popularizada en los medios de comunicación a raíz de la última pandemia de gripe de 2009, no es muy precisa que digamos, pues engloba a todos los influenzavirus tipo “A”, sean humanos, aviares, porcinos o equinos.

(3) Cualquier ser vivo está sujeto a evolución en un proceso que implica selección natural a partir de poblaciones sujetas a variabilidad genética. En eso, los virus se comportan como cualquier ser vivo. Sin embargo, al carecer de actividad metabólica propia, formalmente no se les considera “seres vivos” como tales, aunque sin duda forman parte de la materia viva.

 

Glosario

Antígeno: sustancia, normalmente parte de un microorganismo (virus, bacteria, parásito), que es reconocida y atacada por el sistema inmunológico del hospedador.

ARN monocatenario: ácido ribonucleico constituido por una sola cadena de nucleótidos. Los virus pueden tener genomas  mono o bicatenarios, de ARN o ADN.

Genoma: Dotación genética completa de una especie.

Glicoproteínas: proteínas que llevan en su estructura unas sustancias conocidas como glicanos, químicamente polisacáridos o azúcares complejos.

Hospedador o huésped: Organismo susceptible de forma natural a la infección por un determinado tipo de virus, bacteria o parásito.

Lipídica: perteneciente o relativa a los lípidos, que son las grasas naturales presentes en todos los organismos vivos. Todas las células y algunos virus como los de la gripe están rodeados por una membrana consistente en una doble capa de lípidos, que es una estructura conocida como bicapa lipídica.

Mutación: cambio genético que puede originar variaciones medibles en el organismo que la sufre.

Patogenicidad: capacidad de producir enfermedad en el hospedador. A veces se emplea como sinónimo de virulencia.

Serológico: relativo a la serología, que es un conjunto de técnicas de laboratorio que hacen uso de los anticuerpos (proteínas defensivas que genera el sistema inmunitario como respuesta a la presencia de una sustancia ajena al organismo, como p. ej. un agente infeccioso) para detectar, identificar y/o tipificar “antígenos”, como pueden ser agentes infecciosos o partes de éstos.

Secuencias de nucleótidos: En el material genético de los virus, como en el de cualquier ser vivo, la información se dispone en largas secuencias de nucleótidos. Los nucleótidos son las unidades o “bloques” básicos que constituyen los ácidos nucléicos (ADN y ARN) que integran el material genético. Cada nucleótido consta de un tipo de base nitrogenada unido a un azúcar  y a un fosfato. Hay cuatro tipos de bases nitrogenadas, designadas abreviadamente como A, C, G y T (U en el ARN). Las hebras de ADN o ARN consisten en largas hileras de nucleótidos formando hebras de miles de ellas (en los virus más pequeños) o millones en los cromosomas celulares. El orden en que están colocados esos diferentes tipos de nucleótidos en las largas moléculas de ADN o ARN es lo que conocemos como “secuencia de  nucleótidos” y es la forma que tienen los organismos de almacenar la información genética.

Tasa de mutación: frecuencia con la que ocurren errores  (mutaciones) al replicarse (copiarse) el material genético de un determinado organismo.

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Gripe aviar H7N9, China, 2013: actualización


En los últimos días se han producido novedades en torno al virus de la gripe (o influenza) aviar H7N9 detectado en China en marzo pasado (ver post del 9 de abril). A continuación va un resumen: 

Nombre

Las organizaciones sanitarias internacionales implicadas en el seguimiento y control (OIE, FAO y OMS) han consensuado el término “Virus influenza A(H7N9)” para designar al virus, y será con ese nombre “central” con el que citarán a este virus en sus comunicaciones oficiales. Este nombre puede ir acompañado de “apellidos” que indiquen circunstancias tales como nombre de la cepa concreta y/o lugar, fecha y especie de procedencia, Proponen igualmente un nombre “corto” para que facilite la difusión de información en los medios sociales, especialmente en Twitter, donde hay que economizar letras al máximo: “H7N9” ó “H7N9 virus”. 

Situación sanitaria

A fecha de 21 de abril, las autoridades sanitarias chinas, que están actuando en este caso con total transparencia, han comunicado a la OMS un total de 102 casos humanos confirmados en laboratorio, lo cual significa un aumento de 4,25 veces el nº de casos confirmados hace tan solo 10 días (24). Los casos mortales se elevan a 20 (13 más que hace 10 días). 70 pacientes siguen hospitalizados y 12 han sido dados de alta. El reparto de casos por provincias/municipios es el siguiente (entre paréntesis, los casos mortales): Anhui 3 (1), Henan 3 (0), Jiangsu 24 (3), Zhejiang 38 (5), Beijing 1 (0) y Shanghai 33 (11). Ello supone que hay dos zonas más (Beijing y Henan) con casos declarados que hace 10 días. Esto puede dar la impresión de una rápida expansión, pero lo más probable es que a raíz de haber detectado este nuevo virus se ha iniciado una intensa vigilancia epidemiológica que da como resultado una detección más eficaz de los casos, lo que da cuenta del incremento observado (por cierto, acompañado de cierta disminución en la tasa de mortalidad, del 29% al 20%, normal porque un diagnóstico más eficaz supone detectar también los casos menos graves, o incluso casos asintomáticos). Es muy probable que el virus lleve ya algún tiempo circulando en China pero haya pasado desapercibido hasta que se identificaron los primeros casos mortales, a finales de marzo. 

Epidemiología

Sobre la fuente de infección existe aún bastante incertidumbre. No parece haber transmisión sostenida entre humanos, sino que la infección se adquiere probablemente desde aves infectadas, si bien en algunos casos el contacto con aves no ha podido confirmarse, por lo que la cuestión sobre si existen otras fuentes de infección aún está abierta. Se ha detectado la infección en aves de granja, pero al parecer en ellas se comporta como una cepa de “baja patogenicidad”. En ello se diferencia del virus H5N1, que es altamente patógeno en estas aves. El hecho de que el nuevo virus de la gripe aviar A(H7N9) sea poco patógeno para las aves supone que puede circular en granjas de forma inadvertida, pasando fácilmente desapercibida su presencia. Ello probablemente dificulta su vigilancia y es otro de los motivos que sugiere que lleve ya un tiempo circulando y extendiéndose sin haber sido detectado. Los análisis efectuados tanto en aves silvestres como en otro tipo de animales, singularmente mamíferos, domésticos y silvestres, han dado por el momento resultados negativos. Pese a ser un virus de “baja patogenicidad” para aves, las autoridades sanitarias chinas han impuesto medidas de control estrictas (sacrificios, cierre de mercados) que han supuesto importantes pérdidas económicas para el sector avícola.

Estudios genéticos

Genéticamente, se ha encontrado que el virus de la influenza aviar A (H7N9) causante de esta alerta sanitaria en China es un “triple reasortante” que tiene una combinación particular de elementos de su genoma (compuesto por 8 segmentos de ARN monocatenario) que proceden básicamente de 3 tipos de virus influenza aviares asiáticos: 1) seis de los segmentos del ARN de este virus proceden de virus A(H9N2) comunes en aves de corral en China; 2) el segmento genético que da lugar a la hemaglutinina del virus (del tipo “H7”) procede de un virus relacionado con una cepa A(H7N3) encontrada en un pato de Zheijiang en 2011, y 3) el segmento genético que da origen a la neuraminidasa del virus (del tipo “N9”) procede de un virus relacionado con cepas de aves silvestres halladas en 2011 (1).

Determinadas mutaciones presentes en algunos segmentos genéticos de los virus influenza A(H7N9) aislados de los pacientes afectados sugieren cierta adaptación a humanos: por ejemplo, la mutación Q223L en el gen de la hemaglutinina (esto quiere decir que el aminoácido en la posición nº 223 de la cadena polipeptídica de esa proteína del virus cambia de glutamina a leucina)  está asociada a una mayor afinidad por el receptor del virus presente en el tracto respiratorio de los mamíferos (α2,6 sialil glicano), mientras que sin la mutación la hemaglutinina se une mejor al receptor propio de aves (α2,3 sialil glicano). Algunas otras mutaciones encontradas en estos virus (por ejemplo, E627K en la proteína PB2) parecen ir en el mismo sentido, además de asociarse a una mayor virulencia (2)(3), lo cual no deja de ser preocupante. Por cierto si se preguntan cómo saben los investigadores cuales son las mutaciones que indican una adaptación a hospedadores mamíferos, les pediría a los lectores que recordaran el post de este blog dedicado al debate que hubo hace un año acerca de la moratoria en la publicación de los resultados de los estudios de transmisión de virus H5N1 entre mamíferos (ver post 4-4-2012). Son ese tipo de estudios los que dan las claves para conocer cuales son las mutaciones que “acercan” un virus aviar a los humanos, y las que ayudan a identificar los riesgos asociados a un virus como este H7N9 recién emergido en China. Quizá hoy se pueda valorar con más perspectiva la importancia de publicar esos estudios.

Pánico

Como en alertas precedentes por virus influenza, en China se ha desatado el temor en la población hacia el consumo de productos derivados de las aves de corral. Las autoridades sanitarias están insistiendo de forma reiterada en la seguridad del consumo de carne y productos derivados de las aves de granja, siempre que sean cocinadas de forma adecuada (sometiendo el producto a temperaturas por encima de 71ºC) y observando medidas higiénicas básicas. También se ha desencadenado cierto pánico relacionado con el contacto con aves silvestres y domésticas. Se ha prohibido el acceso a determinadas áreas de interés ornitológico, en lo que portavoces de asociaciones de aficionados a la ornitología califican de “reacción exagerada y sin fundamento científico”, ya que no se ha podido establecer aún ningún vínculo entre los casos de enfermedad y las aves silvestres. Algunos propietarios de aves domésticas se quejan de cierta “presión social” por motivo de poseer aves en casa como mascotas. “Un mundo en el que las aves estén separadas de los seres humanos carece de sentido” aseguran. 

Referencias

(1) Gao, R. et al. Human infection with a novel avian-origin influenza A (H7N9) Vírus. N Engl J Med 2013. DOI: 10.1056/NEJMoa1304459 Disponible online: http://www.nejm.org/doi/pdf/10.1056/NEJMoa1304459

(2) Kageyama T, et al. Genetic analysis of novel avian A(H7N9) influenza viruses isolated from patients in China, February to April 2013. Euro Surveill. 2013;18(15):pii=20453. Disponible online: http://www.eurosurveillance.org/ViewArticle.aspx?ArticleId=20453 

(3) Jonges M, et al. Guiding outbreak management by the use of influenza A(H7Nx) virus sequence analysis. Euro Surveill. 2013;18(16):pii=20460. Disponible online: http://www.eurosurveillance.org/ViewArticle.aspx?ArticleId=20460

 

 

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Gripe aviar A H7N9, China, 2013


Vamos a un virus emergente nuevo por año: en 2011 fue el virus Schmallenberg, en 2012 el nuevo coronavirus, y en 2013 parece que le ha tocado ese papel a la nueva cepa H7N9 de virus de la influenza (gripe) aviar detectada en China hace unos pocos días. Bueno, eso no es exactamente así, como ya saben los perspicaces lectores. En posts anteriores ya vimos que la emergencia de nuevos virus es un proceso constante. De todos los nuevos virus que emergen, sin embargo, solo unos pocos llaman nuestra atención, en particular por su capacidad de dañar a nuestra salud y/o la de nuestros animales o plantas. Y de estos pocos, solo un pequeño y selecto grupo alcanzan la fama, es decir, llegan a las páginas de los medios de comunicación general. Son estos pocos los que causan alarma. Parece este el caso de la nueva gripe aviar H7N9 que ha causado infecciones letales en humanos en China estos últimos días.

Antecedentes

El 31 de marzo (hace solo 9 días) la agencia Reuters se hacía eco de una noticia de la agencia estatal china de noticias Xinhua que anunciaba que la infección por una nueva cepa de gripe aviar había causado la muerte a dos personas en Shanghai (enlace). Al parecer esas dos personas (dos varones de 27 y 87 años)  adquirieron la infección a finales de febrero y murieron a consecuencia de ella a principios de marzo. Esta noticia inmediatamente desencadenó la alarma, pues se trata de un subtipo de virus de la influenza aviar (H7N9) que nunca antes había sido descrito que infectara a humanos, lo cual significa que no hay vacuna frente a él y tampoco existe inmunidad previa relevante en la población que pudiera protegerla de forma natural. Estos hechos, que son ciertamente preocupantes,  por si solos no hubieran desencadenado tanta alarma sin contar con el precedente de la influenza aviar H5N1. Como saben nuestros lectores, el punto álgido de esta epidemia -y de la alarma correspondiente desencadenada en los medios- tuvo lugar en 2006, cuando no era infrecuente escuchar a “expertos” decir que el riesgo de pandemia era inminente, y que en tal caso la pandemia de gripe de 1918, que causó entre 20 y 40 millones de víctimas, se quedaría corta. Afortunadamente, no ha ocurrido tal cosa, y con el tiempo se ha visto que ese riesgo era muy bajo. Lo que ha ocurrido es que el virus se ha extendido geográficamente por 15 países, causando en ellos importantes pérdidas en el sector avícola, y una zoonosis grave que se transmite de las aves de corral al hombre -pero no entre humanos- y que desde que fuera detectada en 1997 hasta hoy ha producido 622 casos de enfermedad en humanos, de los que 371 han sido mortales. A cambio, y gracias a los sistemas de alerta temprana implementados, poco después, en 2009 se pudo detectar y seguir en tiempo real una pandemia de gripe A H1N1 inesperada (como inesperados suelen ser todos los episodios de emergencia de virus) y aunque se empleó contra ella todo un arsenal de antivirales y vacunas que en alguna medida pudieron paliar algo su impacto, no se pudo evitar. El balance final de esta nueva gripe pandémica entre abril de 2009 y agosto de 2010 fue de unos 20.000 casos mortales confirmados en laboratorio (según la Organización Mundial de la Salud, OMS), aunque estimas indirectas sugieren que el número de víctimas mortales de esta pandemia pudo ser diez veces superior a esa cifra [1]. La OMS calcula que anualmente mueren en el mundo entre 200.000 y 500.000 personas a causa de la gripe estacional (enlace), de modo que la pandemia de nueva gripe A H1N1 de 2009 no fue especialmente grave. 

Para terminar de poner en antecedentes a los lectores hay que mencionar que, si bien el subtipo particular H7N9 no ha sido descrito hasta ahora en humanos, hay toda una amplia casuística de virus de gripe (o influenza) aviar del subtipo H7 (“Nx”) que han producido casos en humanos, algunos de ellos graves e incluso mortales. Recordemos, por ejemplo, el caso ocurrido en Holanda en 2003 en el que a raíz de un brote virulento de gripe aviar H7N7 en aves de corral, 86 personas que trabajaban en contacto con esas aves o en su entorno fueron contagiadas. La mayoría presentó conjuntivitis o síntomas similares a la gripe, pero uno de ellos desarrolló una neumonía grave y murió a causa de la infección [2]. De los 16 tipos de hemaglutininas conocidos, que caracterizan a los 16 subtipos “H” (H1-H16), hay dos, H5 y H7, que son especialmente sensibles a sufrir mutaciones que pueden dotar de elevada virulencia a los virus gripales que las poseen. Por ello, los virus gripales aviares cuyas hemaglutininas son de los tipos H5 o H7 son vigilados con especial intensidad. Esta especial capacidad de adquirir virulencia de estos dos subtipos se observa tanto para las aves como para los mamíferos, entre ellos los humanos. Por ello no sorprende demasiado encontrar el subtipo H7 en esta nueva cepa de gripe aviar patógena para humanos detectada en China hace unos pocos días

Situación actual

La situación actual (9 de abril) respecto a la gripe aviar H7N9, según fuentes oficiales chinas, es de 24 personas infectadas confirmadas en laboratorio. No se han hallado vinculaciones epidemiológicas entre ellos. Por provincias, 11 casos ocurrieron en Shanghai, 8 en Jiangsu, 2 en Anhui, y 3 en Zhenjiang. Todas estas provincias están muy próximas entre sí, en la costa oriental, la zona más densamente poblada del país. De los 24 casos, 7 murieron (5 en Shanghai y 2 en Zhenjiang) a causa de enfermedad respiratoria grave debida a la infección. Las investigaciones efectuadas por el momento en los contactos próximos a los casos confirmados  (se han estudiado ya más de 500 contactos) han dado resultados negativos, lo que sugiere que el virus no parece transmitirse eficazmente entre humanos. Hay resultados preliminares que indican que esta cepa vírica es sensible a antivirales como oseltamivir y zanamavir. La OMS de momento no considera recomendar medidas especiales de vigilancia fronteriza ni restricciones al comercio o viajes a las zonas afectadas. Se cree que la fuente de contagio son las aves, en particular aves de corral destinadas a la alimentación. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con la cepa H5N1 altamente patógena, que produce elevada mortalidad en aves, esta nueva cepa H7N9 no parece ser tan patógena en aves, por lo que está siendo difícil seguirle la pista (FAO). Si se ha detectado el virus en algunas aves. Muestras de palomas recogidas en un mercado de Shanghai resultaron positivas a la prueba de detección del virus. China ha declarado la infección por virus influenza H7N9 “de baja patogenicidad” (*) en granjas de palomas y otras aves (en China la avicultura abarca un rango de especies más amplio que en los países occidentales) a la Organización Internacional de la Sanidad Animal (OIE) y ha decidido sacrificar las aves de esas granjas infectadas como medida preventiva. Entre otras medidas, las autoridades chinas también han decretado el cierre temporal de mercados de venta de aves vivas en Shanghai y otras ciudades, y la restricción de movimientos comerciales de aves procedentes de ls provincias afectadas.

El virus ha sido completamente secuenciado y las secuencias han sido puestas inmediatamente a disposición de la comunidad científica. El análisis de éstas indica que esta cepa pudo emerger como resultado de una reasociación de segmentos genéticos (los virus de la influenza, o gripe, tienen un genoma de ARN dividido en 8 segmentos) procedentes de virus A H7N9 y A H9N2 (ECDC). Especialistas destacados como Richard Webby, tras un examen preliminar de las secuencias, han declarado que el virus posee ciertas mutaciones que caracterizan a cepas con alguna adaptación a infectar mamíferos (enlace).

En el CDC de Atlanta (EE.UU.) han comenzado a fabricar una posible vacuna (lo que se conoce como un “candidato vacunal”) a partir de las secuencias genéticas del virus (aún no se dispone de ninguna cepa aislada) mediante reconstrucción sintética de genes y genética inversa.

En resumen, se ha detectado la existencia de un virus de gripe aviar del subtipo H7N9 circulando en China y que produce una enfermedad respiratoria grave en humanos. Por el momento hay muy pocos casos y al parecer no se transmite bien entre humanos, por lo que el riesgo de que origine una pandemia es muy bajo, como ha reconocido la propia OMS. No obstante habrá que seguir la evolución de este virus para poder anticiparse ante cualquier posible riesgo.

 

Referencias

[1] Dawood, F.S. et al (2012) Estimated mortality associated with the first 12 months of 2009 pandemic influenza A H1N1 virus circulation: a modelling study. Lancet Inf Dis 12:687-695.

[2] Fouchier, R. A. M. et al (2004) Avian influenza A virus (H7N7) associated with human conjuntivitis and a fatal case of acute respiratory distress syndrome. Proc Natl Acad Sci U S A. 2004 February 3; 101(5): 1356–1361.

 

(*) En sanidad animal el concepto “baja patogenicidad” para las cepas de virus de gripe aviar está muy regulado, y es solo aplicable a aves, no a humanos. Las cepas con hemaglutininas de los tipos H5 ó H7 pueden ser de baja o de alta patogenicidad en función de los resultados observados en 2 tipos de pruebas: 1) su efecto en pollitos de 6 semanas, 2) la aparición de ciertas mutaciones detectables en la secuencia de la hemaglutinina, que correlacionan perfectamente con la patogenicidad en pollitos.

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Alejandro Magno y el virus West Nile


En 2003, en pleno apogeo de una grave epidemia de fiebre/encefalitis por virus West Nile (*) en los Estados Unidos, con notable  repercusión en los medios, John S. Marr y Charles H. Calisher publicaron un artículo titulado “Alexander the Great and West Nile virus encephalitis” (1) en la influyente revista “Emerging Infectious Diseases” del no menos prestigioso CDC (Centro de Prevención y Control de Enfermedades) de los EE.UU.

En este artículo, los autores se preguntan: ¿Es posible que Alejandro Magno muriera de una infección aguda por virus West Nile? La pregunta ha quedado de alguna forma fijada como una verdad demostrada, cuando no es así en absoluto. Vamos a analizar qué hay de verdad y qué no en la ya famosa atribución de la muerte de Alejandro Magno al virus West Nile, aunque les adelanto que dudo que al final de este post vayamos a saber más de la causa de la muerte de tan insigne personaje.

¿He dicho insigne? Me he quedado corto. La figura de Alejandro aún refulge en la Historia como el más grande conquistador de la Antigüedad. Sus hazañas seguirán impresionando a las generaciones venideras como lo han hecho a lo largo de los siglos. La peripecia de Alejandro sigue siendo un tema enormemente atractivo. Y si a esto le unimos un virus de nombre exótico, que llegó del otro lado del Océano y se extiende rápidamente causando graves quebrantos, y cuyo nombre evoca al legendario rio Nilo, donde, por cierto, se ubicó la ciudad de Alejandría, fundada por el famoso héroe de la Antigüedad, y en la que fue enterrado…¿que tenemos? Pues un artículo fantástico, que tiene asegurada la atención del público tanto erudito como lego.

Alejandro Magno murió en Babilonia en el año 323 a. C., a la edad de 32 años. En casos como este, la suerte es que hay crónicas que recogen el evento. Plutarco (50-120 d. C.) dejó escrito en su obra “Vidas paralelas” un relato de la vida y muerte de Alejandro, basado en los “Diarios Reales de Alejandro“.  La muerte le sobrevino el 10 de mayo del 323 a. C tras padecer una enfermedad febril durante 2 semanas. Acababa de regresar a Babilonia después de un largo viaje  de conquista por el subcontinente indio.  Veamos lo que Plutarco dice en su relato:

LXXV…habiéndose bañado ya, como lo tenía de costumbre, para irse a acostar, a petición de Medio marchó a su casa a continuar la cena, y habiendo pasado allí en beber el día siguiente, empezó a sentirse con calentura, no al apurar el vaso de Heracles, ni dándole repentinamente un gran dolor en los lomos, como si lo hubieran pasado con una lanza: porque éstas son circunstancias que creyeron algunos deber añadir, inventando este desenlace trágico y patético, como si fuera el de un verdadero drama. Aristobulo dice sencillamente que le dio una fiebre ardiente con delirio, y que teniendo una gran sed bebió vino, de lo que le resultó ponerse frenético y morir en el día 30 del mes Desio.

LXXVI En el diario se hallan así descritos los trámites de la enfermedad: En el día 18 del mes Desio se acostó en el cuarto del baño por estar con calentura. Al día siguiente, después de haberse bañado, se trasladó a su cámara, y lo pasó jugando a las tablas con Medio. Bañóse a la tarde otra vez, sacrificó a los dioses, y habiendo cenado tuvo de nuevo calentura aquella noche. El 20 se bañó e hizo también el acostumbrado sacrificio, y habiéndose acostado en la habitación del baño, se dedicó a oír a Nearco la relación que le hizo de su navegación y del grande Océano. El 21 ejecutó lo mismo que el anterior, y, habiéndose enardecido más, pasó mala noche, y al día siguiente fue violenta la calentura. Trasladósele a la gran pieza del nadadero, donde se puso en cama, y trató con los generales acerca del mando de los regimientos vacantes, para que los proveyeran, haciendo cuidadosa elección. El 24, habiéndose arreciado más la fiebre, hizo sacrificio, llevado al efecto al altar, y de los generales y caudillos mandó que los principales se quedaran en su cámara, y que los comandantes y capitanes durmieran a la parte de afuera. Llevósele al traspalacio, donde el 25 durmió algún rato, pero la fiebre no se remitió. Entraron los generales, y estuvo aquel día sin habla, y también el 26; de cuyas resultas les pareció a los Macedonios que había muerto, y dirigiéndose al palacio gritaban y hacían amenazas a los más favorecidos de Alejandro, hasta que al fin les obligaron a abrirles las puertas, y, abiertas que les fueron, llegaron de uno en uno en ropilla hasta la cama. En aquel mismo día, Pitón y Seleuco, enviados a consultar a Serapis, le preguntaron si llevarían allí a Alejandro; el dios les respondió que lo dejaran donde estaba, y el 28 por la tarde murió”.

Eso es todo lo que sabemos sobre su enfermedad y las circunstancias que la rodearon. ¿Cómo puede ser que a partir de ahí se haya llegado a concluir que el causante de esa fiebre fue el virus West Nile? De hecho, ejercicios de retrodiagnóstico previos al de Marr y Calisher no concluyen tal cosa. Se ha sugerido desde el envenenamiento (poco compatible con fiebre alta sostenida 2 semanas) hasta diversas infecciones como malaria (posiblemente común en Babilonia del s IV a. C., como actualmente es endémica en Iraq). Marr y Calisher descartan malaria, pues al parecer no hay en este caso evidencia de la “típica curva de fiebre por P. falciparum”. Otras patologías infecciosas estimadas como posibles causas de la muerte de Alejandro incluyen la fiebre tifoidea, parasitosis (cercarias), leptospirosis o amebiasis. Los autores del artículo las descartan una a una al echar en falta signos clínicos típicos que no son reflejados por los cronistas. A decir verdad, ni las crónicas ni el historiador Plutarco se detienen demasiado en la enfermedad ni en los síntomas.

Entremos en el ejercicio de Marr y Calisher:  descubren un detalle en el texto de Plutarco en el cual, al parecer, nadie había reparado antes (seguramente ni el televisivo Dr. House lo hubiera hecho mejor). Dice así:

LXXIII. Cuando se acercaba a Babilonia, Nearco, que había vuelto al Éufrates por el gran mar, dijo que le habían hablado algunos Caldeos instándole para que Alejandro no entrara en Babilonia; pero éste no hizo caso, sino que continuó su marcha, y cuando ya tocaba a las murallas vio muchos cuervos que peleaban y se herían unos a otros, de los cuales algunos cayeron donde estaba. Hízosele enseguida denuncia contra Apolodoro, gobernador de Babilonia, de que había hecho sacrificio acerca del mismo Alejandro, de resultas de lo cual envió a llamar al agorero Pitágoras; como éste no negase el hecho, le preguntó sobre la disposición de las víctimas. Díjole que al hígado le faltaba el lóbulo, sobre lo que exclamó Alejandro: “¡Ay, ay! Esta es terrible señal”.

Es de sobra conocida la importancia que daban los antiguos a las aves como portadoras de designios. Los augures eran los encargados de interpretar esos designios, ya fuera observando el comportamiento o escrutando las vísceras. Este oficio nos ha dejado palabras tan curiosas como augurio (proyección sobre el futuro), agorero (persona que no cesa de anunciar males futuros) y agüero (en general, “mal agüero”, mal designio, aún asociado a las aves negras, en particular los cuervos y grajos).  Por esta razón no es extraño que los contemporáneos de Alejandro se fijaran en las aves e interpretaran su presencia, comportamiento, anomalías, etc  como un aviso de sucesos por venir. Hay que explicar que las aves son los hospedadores vertebrados naturales para el virus West Nile (ver post anterior: enlace). También hay que decir que entre las aves, los cuervos tienen mayor relevancia en este caso, pues algunas especies de éstos, en particular los cuervos americanos, son muy susceptibles a la enfermedad causada por infección con virus West Nile, que es a menudo mortal en ellos. Durante la epidemia por virus West Nile en EE.UU., que alcanzó máximos en los años 2002-03 (el artículo de Marr y Calisher es de 2003) era muy común encontrar cuervos y otras aves muertas en zonas con circulación activa del virus (de hecho, las mortalidades de aves se utilizaron como un útil sistema de vigilancia, pues precedían en varias semanas a la aparición de casos humanos). Así pues, cuando Calisher y Marr leyeron el párrafo de Plutarco mencionando a los cuervos, su extraño comportamiento (“se peleaban entre ellos”) y sobre todo, su muerte, no pudieron dejar de relacionar todo aquello con lo que se estaba produciendo a su alrededor: mortalidades masivas de cuervos causadas por un virus del Viejo Mundo, endémico en Oriente Medio desde al menos los años ’50 del s. XX, y que (¿por que no?) podría llevar siglos circulando entre el Tigris y el Eufrates. De todo ello, los autores del artículo concluyen que es muy probable que Alejandro Magno falleciera a causa de una infección aguda por virus West Nile.

A este artículo, que  como se ve, le falta cierto sustento, que los autores no niegan, le siguieron una serie de cartas de respuesta que fueron publicadas unos meses después en la misma revista (2-4). Fundamentalmente tratan de explorar la hipótesis de la infección por virus West Nile como causa de muerte de Alejandro Magno desde puntos de vista muy diversos, poniendo de manifiesto desde la imperfección de las traducciones  de las obras griegas y latinas clásicas que describen la muerte de Alejandro, hasta la falta de consistencia de lo descrito con los verdaderos signos clínicos de la fiebre por virus West Nile o con la época del año en que ocurre el deceso, finales de mayo (los casos de esta enfermedad suelen ocurrir durante el verano), pasando por la excesiva presencia de pájaros en los textos de Plutarco, o la  escasez de información clínica disponible, que deja un campo muy abierto a la especulación.

Pero una de estas cartas (firmada por Galli, Bermini y Zehender) expone un argumento que para mi es inapelable: ¡El virus West Nile aún no existía en el año 323 a. C.!  Según los autores italianos, verdaderos especialistas en evolución de virus, y empleando un análisis (muy básico, por cierto (**)) de estimación del tiempo de divergencia entre los distintos flavivirus (basado en comparación  de secuencias nucleotídicas y estudios filogeográficos), el virus West Nile no habría aparecido en la evolución de los flavivirus (el género al que pertenece) hasta hace unos 1043-1274 años, es decir, entre los años 729 y 961 d. C. Cuando murió Alejandro quedaban aún, según este estudio, entre 11 y 13 siglos para que apareciera el primer ancestro de todos los virus West Nile que actualmente conocemos, y que son genéticamente heterogéneos, abarcando hasta 8 linajes genéticos distintos. Estos linajes siguen evolucionando hoy día, y cuando haya transcurrido suficiente tiempo su evolución dará lugar a otros tantos virus que algún día ya no podrán llamarse West Nile por ser suficientemente distintos, divergentes y singulares, y habrá que ponerles otro nombre, como corresponde a cada nueva especie de virus que se identifica.

En conclusión, los virus evolucionan muy rápido, tanto que las inferencias que hacemos sobre las enfermedades víricas que aquejaron a nuestros antepasados, basándonos en lo que conocemos de las actuales, pueden ser erróneas. Seguramente en la Babilonia del siglo IV a. C. pudo circular un flavivirus ancestral con características y efectos similares al actual virus West Nile, y pudo ser ese virus ancestral, quizá, el que acabó con Alejandro Magno. Pero ¿podemos afirmar que ese virus es el mismo que el actual virus West Nile?

Referencias

1. Marr, J.S. y Calisher, C.H. Alexander the Great andWest NileVirus Encephalitis Emerg Infect Dis. 2003 December; 9(12): 1599–1603. doi: 10.3201/eid0912.030288

2. Cunha, B.A. Alexander the Great andWest NileVirus Encephalitis.  Emerg Infect Dis. 2004 July; 10(7): 1328–1333. doi: 10.3201/eid1007.040039

3. Galli M, Bernini F, Zehender G. Alexander the Great and West Nile virus encephalitis. Emerg Infect Dis. 2004 Jul;10(7):1330-2; author reply 1332-3.

4. Oldach D, Benitez RM, Mackowiak PA. Alexander the Great andWest Nilevirus encephalitis. Emerg Infect Dis. 2004 Jul;10(7):1329-30; author reply 1332-3.

 

NOTAS:

(*) A veces se traduce erróneamente este nombre por virus “Nilo Occidental” u “Oeste del Nilo”.

(**) Esencialmente, los datos de filogeografía y los cálculos sobre la divergencia genética de los distintos aislados del virus West Nile obtenidos por Galli et al en este estudio, que puede considerarse preliminar, han sido confirmados por estudios posteriores más completos (ver May et al (2011). J Virol 85:2964-74: y Zehender et al (2011) Inf Genet Evol 11 (2011) 646–653).

 

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Nuevo coronavirus de Oriente Medio: actualización


Ya informamos desde este blog del descubrimiento el año pasado, en Arabia Saudí y otros países de Oriente Medio, de un nuevo coronavirus  que causaba una grave enfermedad respiratoria en humanos. Lo hicimos en dos posts (este en septiembre, y este otro en noviembre).  Desde entonces se han producido algunas novedades con respecto a este nuevo virus, que vamos a resumir a continuación:

Situación actual

Desde que se detectó el primer caso en verano pasado hasta hoy se han declarado a la OMS 13 casos, de ellos 7  mortales. Los países que los han declarado son Qatar (2 casos), Arabia Saudí (6 casos, 4 mortales), Jordania (2 casos, 2 mortales), y Reino Unido (3 casos, 1 mortal). En Jordania, Arabia Saudí y Reino Unido han ocurrido “clusters” de varios casos, en cada uno de los cuales se trataba de miembros de la misma familia, y en todos ellos ha ocurrido al menos una muerte. En el  “cluster” del Reino Unido el caso índice era importado, es decir,  una persona que adquirió la infección durante un viaje reciente a Arabia Saudí. Esta persona fue el origen de los dos casos subsiguientes, probablemente transmitidos de persona a persona, entre miembros de la misma familia. El primero de ellos, con una patología subyacente que pudo agravar su estado, finalmente murió, y el segundo, que desarrolló una infección respiratoria leve, similar a una gripe, se recuperó de la misma sin complicaciones.

Cuadro clínico

La información sobre el cuadro clínico va siendo más completa a medida que aumenta el número de casos: Se corresponde con una infección respiratoria aguda y grave (IRAG, o SARI en inglés) que se presenta en general como una neumonía aguda. Puede presentarse también con fracaso renal agudo. Menos frecuentemente  se observan pericarditis y coagulación intravascular diseminada. Uno de los casos confirmados en el Reino Unido muestra que la enfermedad también puede tener un curso leve, indicando que es probable que muchas infecciones leves por este virus podrían pasar desapercibidas, ya que únicamente se investigan los casos de enfermedad respiratoria grave.

Transmisión

En cuanto a la vía de transmisión, los primeros casos indicaban que podía tener lugar por contacto con animales que actuaran como reservorio (aunque no se conoce qué especies de animales podrían actuar como tales, sospechándose que el reservorio ancestral, como ocurre frecuentemente con los coronavirus, podría ser alguna especie de murciélago) pero casos más recientes parecen indicar que podría existir además tranmisión por contacto entre personas. Así, los clusters de casos familiares conviviendo en contacto, y en particular el cluster investigado en el Reino Unido indican que es posible la transmisión persona a persona, si bien parece que este tipo de transmisión es muy limitado y poco eficaz, a juzgar por el bajo número de casos observados hasta el momento. Se considera que las personas en contacto estrecho con una persona con infección aguda por este virus estarían en riesgo de adquirir la infección. El personal sanitario encargado de los cuidados a estos pacientes sería uno de los grupos de riesgo, según la OMS, que ha elaborado unas directrices para guiar la vigilancia y el control de la enfermedad, así como normas de bioseguridad y pruebas de laboratorio. Se pueden consultar en el siguiente enlace: http://www.who.int/csr/don/2013_02_13/en/index.html. El diagnóstico de laboratorio se ha desarrollado muy rápidamente, y ya existen pruebas diagnósticas fiables, monitorizadas por laboratorios de referencia, e implementadas en numerosos países.

Diferencias con el virus SARS

El nuevo coronavirus (nCoV) es de la misma familia que el virus SARS, pero los primeros análisis genéticos revelaron diferencias que indicaban que se trataba de virus distintos. Ambos pertenecen a la subfamilia de los betacoronavirus, pero dentro de esta subfamilia hay diversos linajes genéticos claramente distinguibles: el SARS se agrupa en un linaje conocido como 2b, mientras que el nCoV se agrupa en el linaje 2a. Las diferencias entre ambos virus no se limitan a pertenecer a distintos grupos genéticos, sino que también atañen a diversas características funcionales. Por ejemplo, se ha demostrado que el nCoV no utiliza los mismos receptores celulares que el virus SARS. Más aún, se ha podido comprobar que, a diferencia del virus SARS, que difícilmente infecta a células que no tengan origen humano, el nCoV infecta células de diversas especies de vertebrados, incluyendo células de murciélagos (algo que no hace el virus SARS), y en particular es muy eficaz infectando células humanas, lo que podría estar indicando una buena adaptación a la especie humana. A pesar de las diferencias notables entre ambos virus,  en la información relacionada con el nCoV se sigue citando al virus SARS como referente, posiblemente por ser éste un coronavirus patógeno grave para el hombre que se hizo muy conocido en 2003 al protagonizar una situación de emergencia mundial al causar una enfermedad que se expandió muy rápidamente causando 8000 casos de los que un 10% fueron mortales. Ello conlleva cierta dosis de alarmismo no bien justificado: de momento podemos decir que el nCoV ha tenido una transmisión muy limitada entre humanos, y que el riesgo de que ocurra una diseminación a mayor escala es bajo, como reconoce la OMS y la agencia de protección de la salud (HPA) del Reino Unido. No obstante, conviene  tener en cuenta el antecedente del virus SARS para estar prevenido y poner los medios para detectar tempranamente una posible emergencia a gran escala y actuar para evitar sus consecuencias, algo que por el momento se está haciendo con eficacia.

Investigación sobre tratamiento

Un estudio reciente (ver enlace) muestra como los interferones (sustancias que producen las células para defenderse de forma natural de la infección por diversos tipos de virus) actúan protegiendo a las células de la infección por el nCoV. Este estudio puede considerarse como  preliminar, y puede constituir un punto de partida para desarrollar nuevos tratamientos eficaces frente a la infección por el nCoV.

 

Más enlaces sobre este tema:

http://www.hpa.org.uk/NewsCentre/NationalPressReleases/2013PressReleases/130213statementonlatestcoronaviruspatient/

http://www.who.int/csr/disease/coronavirus_infections/en/index.html

http://mbio.asm.org/content/4/1/e00002-13.long

 

 

 

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Virus del síndrome de la fiebre grave con trombocitopenia: un nuevo virus emergente en China y Japón.


El virus de la fiebre severa (o grave) con trombocitopenia (iniciales en inglés: SFTSV) es un virus emergente identificado en 2011 como un virus nuevo y por lo tanto distinto de los ya conocidos,  aunque el síndrome que causa fue descrito por primera vez en China en 2009. Se trata de un virus perteneciente a la familia de los Bunyavirus (género Phlebovirus*). Al parecer la transmisión de este nuevo virus podría estar mediada por picadura de garrapatas, aunque se ha sugerido que puede transmitirse también entre personas por contacto a través de sangre y secreciones mucosas. Se desconoce la especie de vertebrado que actúa como reservorio natural.

El SFTSV produce una enfermedad grave en el ser humano, con una elevada tasa de mortalidad (estimada en alrededor del 12% en China). El período de incubación va de 6 a 14 días  Los síntomas son fiebre, dolor de cabeza, dolor de estómago, vómito y diarrea. La analítica muestra reducción de plaquetas y leucocitos, con elevación de enzimas hepáticas y ferritina. Se observan hematuria y proteinuria.

En China se han registrado hasta el momento 200 casos de esta nueva enfermedad, centrados sobre todo en zonas rurales del noreste y centro del país. No hay vacuna contra ella ni tratamiento específicos. El tratamiento disponible se dirige a aliviar los síntomas, por ejemplo, suministrando antipiréticos para combatir la fiebre elevada.

Desde el verano pasado se vienen detectando casos de esta enfermedad infecciosa en Japón, donde ya hay 4 personas fallecidas a causa de la misma. Todas han sido diagnosticadas retrospectivamente, en una investigación de casos compatibles al detectarse una sospecha clínica. Una falleció el pasado verano, y 3 más en otoño, y hay 9 casos sospechosos más bajo investigación. Las víctimas en Japón no mostraron evidencias de picaduras de garrapatas, e investigaciones de campo aún no han podido identificar el virus en las garrapatas examinadas, procedentes de los territorios japoneses afectados, que son las prefecturas de Hiroshima, Yamaguchi, Miyazaki y Ehime, al suroeste del país. Sin embargo, en China se ha comprobado la presencia del virus en hasta un 5.4% de las garrapatas examinadas procedentes de zonas endémicas para la enfermedad, lo que sugiere que estas garrapatas actuarían como vectores que transmiten la enfermedad.

Los virus encontrados en los pacientes japoneses son genéticamente muy similares entre sí, y presentan diferencias con respecto a las cepas aisladas en China.

Se puede encontrar información sobre este virus en los siguientes enlaces:

http://ajw.asahi.com/article/behind_news/social_affairs/AJ201302200053

http://www.sciencemag.org/content/330/6000/20.full

http://wwwnc.cdc.gov/eid/article/18/6/11-1345_article.htm

 

NOTA

(*) Los phlebovirus son uno de los cinco géneros de virus de que consta la familia bunyavirídae. Comprende unas 70 especies conocidas de virus, de las cuales solamente 10 tienen importancia sanitaria para el hombre. La mayor parte de ellos son transmitidos por picaduras de artrópodos, fundamentalmente dípteros (flebotomos o “moscas de la arena”, mosquitos y jejenes), si bien algunos son transmitidos por garrapatas, que son todos los pertenecientes al serogrupo Uukuniemi, que consta de 13 miembros. El virus del síndrome de la fiebre grave con trombocitopenia pertenece a este serogrupo. Otros bunyavirus importantes del género Phlebovirus (aunque de otros serogrupos distintos) son el virus de la fiebre del Valle del Rift (serogrupo sandfly fever sicilian) y el virus Schmallenberg (serogrupo Simbu).

 

 

 

 

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Un año de blog


Ha pasado un año desde que publicamos el primer post (“Un mundo pequeño para unos seres diminutos, los virus emergentes”), que incluía toda una declaración de intenciones para este blog, que puede resumirse en informar sobre virus evitando el alarmismo infundado tan común cuando los medios convencionales tratan estos temas.  Desde entonces hemos publicado 25 posts más, todos ellos dedicados a dar información clara y accesible para todo el mundo acerca de los virus emergentes, y a situarlos en su debido contexto.

En este tiempo hemos tenido oportunidad de comentar nuevas emergencias víricas prácticamente en “tiempo real”, como la que tuvo lugar en Europa con el virus Schmallenberg casi al tiempo que se inició el blog. Este episodio nos fue como anillo al dedo como ejemplo típico de emergencia vírica. A describirlo y hacer un somero seguimiento del mismo hemos dedicado 7 posts a lo largo de este primer año. Un caso similar, más reciente, es el del nuevo coronavirus detectado en Arabia Saudí, al que hemos dedicado otros dos posts.

Hemos comentado de igual manera la resurgencia global de determinados virus transmitidos por picaduras de insectos,  en varios posts (véase por ejemplo [1], [2]) y su posible relación con el cambio climático y con otros cambios que se están produciendo a nivel global, como el aumento del comercio internacional, del tráfico de personas y mercancías, de la deforestación y la implantación de nuevos cultivos y regadíos para alimentar una población creciente, etc. Algunos casos llamativos han merecido un post aparte. Este es el caso, por ejemplo del virus West Nile, que en pocos años (de 1999 hasta hoy) se ha convertido en el arbovirus (virus transmitido por picadura de artrópodo) más extendido en el mundo, y que en 2012 ha aumentado significativamente el número de casos de enfermedad causada por este virus tanto en Europa como en EE.UU.

Pero no solo han merecido la atención de este blog los nuevos virus. En ocasiones hemos comentado algún aspecto de interés sobre enfermedades víricas que son viejas conocidas, como la fiebre amarilla, que en 2012 ha protagonizado una de las peores epidemias de esta enfermedad de los últimos años, o la polio, cuya erradicación pudo considerarse como un objetivo realista hace unas pocas décadas, pero sin embargo distintos problemas surgidos en el camino a la erradicación han alejado ese horizonte un tanto.  En cuanto a viejas enfermedades, un post fue dedicado a una enfermedad emergente en la América del siglo XVI, el “Huey cocolitztli” posiblemente causada por un virus que probablemente ya se haya extinguido.

El blog ha dedicado igualmente algún espacio a explicar cuestiones básicas sobre los virus, como por ejemplo de dónde salen los virus emergentes, o qué es la virosfera. Es fundamental entender que el fenómeno de la emergencia de virus es completamente natural, fruto de la variación normal de estos agentes infecciosos y de su enorme diversidad, que les confiere una sorprendente capacidad de adaptación a los cambios que se producen en el medio.

Uno de los posts que más comentarios -y más entusiastas- provocó fue el dedicado a los nombres de los virus, un aspecto importante del mundo de los virus emergentes, pues una de las primeras cosas que hay que hacer cuando se descubre un nuevo virus es ponerle un nombre, y el nombre elegido no siempre es del agrado de todo el mundo.

Hemos dedicado un par de posts a cuestiones que han generado cierta alarma social durante el pasado año. La primera, quizá más seria, fue la polémica por las investigaciones sobre virus de gripe altamente patógena modificados en el laboratorio para incrementar su capacidad de transmisión entre mamíferos. El debate sobre la publicación de estos resultados alcanzó bastante notoriedad no solo en la comunidad científica, sino también en medios políticos, por la repercusión de estos estudios en temas de bioseguridad y la necesidad de establecer protocolos que supervisen proyectos de investigación de este tipo. La segunda, más reciente, y con menos fundamento, logró inquietar a más de uno: el hallazgo de restos de viruela en unas momias enterradas en el permafrost de Siberia hace 300 años. Se comentó en aquella ocasión lo inapropiado de despertar con este tipo de noticias “el miedo a las pestes” de forma infundada.

Por último, el blog ha querido recoger noticias, efemérides y eventos relacionados con el mundo de los virus emergentes. Se recordó el primer año tras la erradicación oficial de la peste bovina, la segunda enfermedad infecciosa -y la primera en el mundo animal- que se ha logrado erradicar de la faz de la Tierra.  Nos hicimos eco de un importante evento que congregó en septiembre del año pasado en Madrid a gran parte de la comunidad científica que se ocupa de estudiar los virus emergentes:  bajo el lema “Un mundo, una sanidad, una virología” tuvieron lugar sendos congresos internacionales de virología clínica y veterinaria, con una sesión conjunta novedosa e interesante.  También hemos recogido noticias sobre publicaciones y premios que pueden resultar de interés para los lectores del blog.

En conjunto creo que el blog ha cumplido con las expectativas. Es un blog muy visitado, por gente de las cuatro esquinas del mundo, especialmente -y lógicamente- de allá donde se habla el español. Esto, teniendo en cuenta que es relativamente fácil encontrar divulgación sobre estos temas en inglés, pero no lo es tanto cuando el idioma que se habla es otro, tiene ya un valor en sí. Por otro lado, utilizar el español para divulgar conocimiento es una bonita forma de devolver a nuestra lengua al menos una parte de lo mucho que nos da. En este segundo año seguiremos intentando mantener y en lo posible aumentar el interés de los lectores por los virus emergentes.

[1] Los arbovirus emergentes y el cambio global

[2] El avance de los flavivirus emergentes y reemergentes

 

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