Ensayos



El dedo de Galileo. Las diez grandes ideas de la ciencia.

AUTOR  | Atkins, Peter. Madrid: Espasa, 2003. 418 pág.

LOS HOMBROS DE LOS GIGANTES O ¿POR QUÉ PASAN LAS COSAS?
Una visión amena y rigurosa de la evolución científica, basada en las ideas-luz Reseña realizada por Alfredo Rodríguez Quiroga

¿Qué sería de nuestras vidas si no poseyésemos ningún conocimiento científico, si no dispusiéramos de instrumento alguno construido con la ayuda de la Ciencia? ¿Cómo habríamos sobrevivido sin conocer el origen y el comportamiento de las enfermedades que nos afectan? ¿Qué clase de mundo sería el que ignorara la dinámica de los movimientos físicos o las leyes de las combinaciones químicas? Es evidente que sin el conjunto de procedimientos que agrupamos bajo el denominador común de "Ciencia", otra, muy distinta, habría sido la historia de la humanidad, o lo que es lo mismo, la historia del empeño y la capacidad del hombre por descubrir, por comprenderse a sí mismo y al mundo que le rodea. No olvidemos en este sentido, la acertada observación de Gaston Bachelard: "No hay ciencia si no de lo oculto", o aquella afirmación de Novalis: "Todo lo visible descansa sobre un fondo invisible", pues sabe que lo que se ve está "hecho de lo que no se ve", lo que puede conducir a preguntarnos cómo distinguir a un científico moderno de un mago o de un adivino, o incluso de la bacteria que interroga también al mundo.

Y es que a la incertidumbre se une la sorpresa, es decir, todo descubrimiento está rodeado de enigma. Así es la Ciencia, y así se ha ido conformando a lo largo, no de los eones, pero sí de una medida más humana, los siglos, como una cordillera de la que sobresalen por encima de la orografía un número cada vez mayor de cumbres que buscan un techo aún por descubrir.

Un viaje hacia estas cumbres, las más altas de la Ciencia, es lo que nos propone Peter Atkins con su última obra, El dedo de Galileo,..., un dedo que apunta directamente hacia la cima de aquéllas y que representa "ese nebuloso concepto que denominamos método científico". ¿Nos encontramos ante un libro más de la exégesis y divulgación de las obras producidas en el ámbito anglosajón? Si bien es cierto que los autores de libros de ciencia divulgativa disponen de un campo infinito donde hallar atractivas y novedosas maneras de hacer digestibles las posibles teorías científicas llamadas "definitivas", no siempre se sabe o se dispone de la habilidad necesaria para conseguirlo. Desde luego, no es éste el caso de Atkins, quien anteriormente ya nos había deleitado con obras como La Creación, haciendo gala de su talento para atraer a todo aquél lector interesado en contemplar "esos pensamientos que son como relámpagos en medio de una larga noche" que conforman eso que llamamos "Ciencia".

Habida cuenta de la revolucionaria irrupción del célebre astrónomo y físico pisano en el siglo XVII para derrumbar el edificio aristotélico-ptolemaico que había dominado la concepción del Universo unos dos mil años, avalando las tesis que Copérnico había defendido, esta ingeniosa metáfora que da título al libro sirve de coartada perfecta para que Atkins utilice uno de los principales puntos de inflexión en la historia del conocimiento científico para proponernos un, verdaderamente fascinante, recorrido por las diez ideas angulares de la ciencia actual. Ideas que supusieron en su momento un cambio de paradigma, transformando nuestra percepción de la realidad profundamente.

El caso de Galileo supone, en efecto, un claro ejemplo de la generación de nuevos conceptos que han cambiado para siempre la forma con que la humanidad había contemplado, durante siglos, la naturaleza y el Universo. Pero, si Galileo fue capaz de "ver más lejos" fue porque, como escribió otro grande de la Ciencia -quizá el más grande-, Newton, "permaneció a hombros de gigantes", "jugando como un niño en la orilla del mar, y divirtiéndose encontrando de vez en cuando un guijarro más liso y una concha más bella que las normales, mientras que el gran océano de la verdad permanecía sin descubrir ante él".

Por lo tanto bien podríamos decir que "la muerte del sabio es sólo un retraso, mientras que la del poeta, es un final", como afirmó Ilya Prigogine. En efecto, el avance en el conocimiento no se detiene, continúa así, apoyado en nuevos hombros que son las "ideas-luz", o, por utilizar el término de Francis Bacon, ideas lucifera -en contraposición a las ideas fructífera-, que iluminan el camino y sirven, en su mayor parte, de fundamento para el progreso tecnológico.

Así ha ocurrido por ejemplo en geología, con el concepto desarrollado en los años 60 de las placas tectónicas, según el cual los continentes no están fijos sino que flotan sobre plataformas de roca. Y también con un hecho más cercano, la aparición de los ordenadores, posiblemente la herramienta que más ha influido en el desarrollo científico durante la segunda mitad del siglo XX. En 1936, Alan Turing, un estudiante de matemáticas de la Universidad de Cambridge, publicó un artículo en el que creaba una máquina teórica que podía encontrarse en distintos estados siguiendo una serie de reglas predeterminadas. Esta "máquina de Turing" conducía a un esquema de computación en el que está basada la estructura lógica de los ordenadores digitales actuales.

Sin embargo, cabe preguntarse si estas revoluciones científicas son o han sido consecuencia directa de la aparición de nuevos conceptos, de estas "ideas-luz", o por el contrario están motivadas, principalmente, por el desarrollo de nuevas herramientas tecnológicas. Para fundamentar este aserto baste recordar cómo, durante la Segunda Guerra Mundial, John Randall diseñó un radar de microondas que pudo ser utilizado para detectar los aviones de Hitler, que amenazaban al Reino Unido, y cómo al finalizar la guerra y ser famoso, utilizó su influencia para instalar en el King´s College de Londres el mejor equipo disponible de rayos X para realizar cristalografía e invitó a Maurice Wilkins y a Rosalind Franklin a usarlo. Y cómo unos años después Wilkins y Franklin realizaron las primeras fotografías de fibras de DNA (o ADN). Estas fotografías, como es bien conocido Atkins nos recuerda aquí, sirvieron a Crick y a Watson para proponer la famosa estructura de doble hélice del DNA en 1953. Asimismo, durante esos años, Max Perutz y John Kendrew, en la Universidad de Cambridge, determinaron, también mediante difracción de rayos X, la estructura de las dos primeras proteínas: la hemoglobina y la mioglobina. Simultáneamente, y de nuevo en la Universidad de Cambridge, Fred Sanger creó las herramientas que permitieron secuenciar primero proteínas y después ácidos nucleicos. Este conjunto de técnicas abrieron las puertas a la impresionante revolución que se ha producido durante las últimas décadas del siglo XX.

Así pues, ¿desarrollo de nuevas herramientas versus (si me permiten emplear este adverbio latino mal utilizado comúnmente, como en este caso) aparición de nuevos conceptos?

Interrogando al pasado y respondiendo al futuro, como brillantemente hace Atkins en su dedo de Galileo, podremos saber, en definitiva, por qué pasan las cosas. En esto consiste la Ciencia.


Dostoievski: de la igualdad a la diferencia. Ensayo sobre la burocracia.

AUTOR  | Martinova, Bela. Madrid: Biblioteca Nueva, 2003

EL VISIONARIO DE LOS UNIVERSOS BUROCRÁTICOS
Dostoievski previó el igualitarismo comunista de la burocracia Reseña realizada por José Luis Estéban

Hoy día es frecuente oír expresiones cuya verdadera acepción nos es desconocida. Si ahora hacemos una referencia al "espíritu del funcionario" ¿sabemos realmente a qué se refiere y qué quiere decir? En este sentido, "Dostoievski: de la igualdad a la diferencia. - Ensayo sobre la burocracia-" es una aportación a un concepto nuevo acerca de la burocracia. Una obra, cuyo subtítulo ya desvela el objeto de su estudio en el que se desmenuzan facetas hasta ahora inexploradas de la burocracia y el espíritu del funcionario.

Basado en la literatura, y para más exactitud, en los cuadernos de notas y borradores de trabajo de Dostoievski, el ensayo remite a fuentes históricas, filosóficas y sociales. Un enfoque diferente a los presentados hasta hoy día en el Occidente, obliga al lector a rememorar a Kafka y a Weber, y a desvelar a su vez las fisonomías, las máscaras y los diferentes tipos de imposturas intelectuales ocultas tras las aspiraciones de los burócratas.

Cuestiones como la "Psicología del funcionario" ,"El burócrata-verdugo y el burócrata-víctima", así como "Convicción frente a la moral", son algunos de los apartados que desmenuzan la teoría del funcionario de la autora, que recurre a fragmentos y cuadros literarios para asentar y hacer más sólida su visión.

Sociedad, política y moral se conjugan en un ensamblaje de crítica basada en la figura del funcionario, que aunque se presente bajo el prototipo de individuo decimonónico, no oculta la universalidad del espíritu que analiza. La propia autora así lo confirma en el prólogo del ensayo, en el que insiste en la importancia que desempeña la metáfora en la interpretación de sus textos.

Sorprende la lectura de algunos fragmentos del libro en que Isabel Martínez presenta a un Dostoievski polémico y muy actual, desgranando el discurso burocrático e indicando "hacia la imposibilidad de la feliz consecución del ideal comunista en la tierra, cuya sociedad", dice, "se asienta íntegramente en la clase de los funcionarios". Por ello, abordándose en esta obra el paso que se da de la igualdad, existente en el mundo comunitario, a la diferencia, marcada y subrayada en la sociedad funcionarizada, a lo largo del análisis se mantiene el hilo conductor que entronca con el aspecto más problemático de Rusia, a saber, el burocrático, considerado por la autora como el verdadero mal ruso.

Aunque el punto álgido de la teoría se concentre en la exposición del espíritu del funcionario, como fuerza reactiva que ha condicionado la historia de Rusia, es preciso señalar que su contenido realmente roza con el propio destino del pueblo ruso, su pulso, su sufrimiento, su extravío y también su tragedia.

Al margen de lo anterior, "Dostoievski: de la igualdad a la diferencia. -Ensayo sobre la burocracia", se centra en rescatar y también en reconstruir aquella parte de la filosofía de Dostoievski que durante muchos años ha permanecido oculta e ignorada. Se trata, en definitiva, de la parte más polémica de su pensamiento, aquélla que apunta directamente hacia la relación existente entre el comunismo y la burocracia, así como a sus lazos de unión y sus puntos genéticos más comunes. El cuadro del gigantesco bloque de funcionarios y burócratas, que más tarde definiría el futuro sistema soviético, se encuentra ya recogido y plasmado en la crítica visión de ese gran desconocido, que para Occidente siempre fue Dostoievski.

La teoría del funcionario de I. Martínez, desvela los prolegómenos y la prehistoria del socialismo ruso y su comunismo, instalados en el alma de los funcionarios y burócratas rusos desde el XIX, a los que ella identifica como los verdaderos progenitores del futuro sistema soviético, tan característico por su hermetismo, exclusión y diferencia en definitiva.

Por ello, desde el análisis y la crítica del "espíritu del funcionario", se atisba la dificultad del verdadero triunfo del comunismo, porque la visión de Dostoievski, permite adentrarse no ya sólo en las aspiraciones propias del funcionario (como son el rango, el nivel, la vestimenta, etc.), sino en sus contradicciones y miserias más ocultas. Desde este ángulo, se aborda la crítica de las cuestiones más espinosas de la historia de la humanidad como son el individualismo y la comunidad, el ateísmo y el cristianismo, así como la igualdad y la diferencia. Por ello, a este último binomio le atribuye la autora la imposibilidad de llevar a cabo el viejo sueño de la igualdad de los hombres en la tierra, máxime, teniendo en cuenta el arraigado instinto de la diferencia que caracteriza al ser humano, quien no puede deshacerse de su primario impulso de tildar eternamente a aquél que es diferente a él, de "otro", de "diferente", en definitiva, y que Dostoievski revela tan magistralmente a través de su parábola del espíritu del funcionario.


La visión de conjunto del director de la empresa. La estrategia y la toma de decisiones a través de casos reales.

AUTOR  | Arana, Ramón M. CIE Inversiones Editoriales Dossat 2000. 201 pag.

DIRIGIR UNA EMPRESA
Cómo tiene que adoptar sus decisiones el director de empresa, en la teoría y en la práctica Reseña realizada por Ramón M. Arana
Catedrático de Economía de la Empresa.
En excedencia. UAM

La capacidad para apreciar las situaciones con visión de conjunto es indudablemente una aptitud esencial en la práctica de la dirección de las organizaciones.

Pero ¿se trata de una cualidad innata que solo poseen algunos privilegiados? ¿Puede un director canalizar constructivamente sus esfuerzos personales con vistas a perfeccionar su propia capacidad de visión de conjunto? Incluso, llevando la interrogante un poco mas lejos, ¿es posible recoger en un libro observaciones y sugerencias que constituyan una ayuda en este sentido?.

Son muchos los directores de reconocido prestigio y los escritores destacados en el estudio de los temas del management que han subrayado la trascendencia de esta capacidad. Pero, en general, lo han hecho de pasada o como simple mención; y la inmensa mayoría de las publicaciones, seminarios y cursos que se imparten en las Escuelas de Negocios y en las Facultades de Administración se centran en los análisis minuciosos y en los estudios especializados.

Este es el gran reto que afronta el autor. Y de ello surge su preocupación, que acaso pueda ser calificada en algunos casos de obsesiva, por mantener apegado a la realidad práctica de las empresas e instituciones, y de que sus afirmaciones o exposiciones puedan resultar de utilidad en muchas o al menos en algunas situaciones reales.

Prueba de ello es la alusión constante a casos prácticos, algunos de los cuales pertenecen a lo que podría ser considerado como la historia del management. Curiosamente, algunos de estos casos son bastantes conocidos porque suele hacerse uso de ellos para diversas finalidades, pero en esta obra se expone e interpretan dichos casos teniendo en cuenta precisamente su posible aportación al perfeccionamiento de la visión global.

No pretende el libro presentar una teoría general sobre la visión de conjunto del director. Tampoco intenta el autor tratar de forma exhaustiva el tema.

Por ello, no ha tenido en mente ante todo la finalidad de conseguir que la obra tenga una estructura impecable, en la que prevalezca el orden. Por el contrario, según indica el propio autor, ha pretendido más bien inducir al lector a caminar por el campo de las visiones de conjunto y, en consecuencia, a ejercitarse en la aplicación práctica de su capacidad de visión global.

En resumen, ha centrado su empeño más en conseguir enfoques y desarrollos creativos y útiles que en alcanzar esquemas conceptuales en donde prime el orden y la racionalidad.

Ello no es obstáculo para que algunas cuestiones se examinen con una profundidad conceptual poco frecuente en las obras de management, y se recurra a ideas de destacados filósofos y psicólogos, que obligan al lector a leer y releer algunos pasajes para llegar a alcanzar el adecuado nivel de comprensión.

Pero en estas ocasiones, que se limitan a uno o unos pocos párrafos, los casos prácticos que presenta son clarificadores, facilitan mucho la captación de los significados, y constituyen pistas y ayudas que permiten caer en la cuenta de la relación entre los conceptos examinados y las realidades empresariales.

El libro consta de tres partes: la primera, considera la cuestión de hacia dónde interesa que apunte la visión de conjunto, de modo que puedan obtenerse de ella consecuencias eficaces.

La segunda pretende descubrir puntos de vista; es decir, trata de sugerir desde dónde ha de partir la visión global

Finalmente, la tercera parte se ocupa de los modos de formación de la visión de conjunto, sus elementos constitutivos y sus relaciones entre ellos, y el papel que desempeña el cuadro mental de director.

En esta última parte, se dedica una atención especial a los procesos creativos a nivel directivo y a la experiencia de la que se obtiene un aumento de la flexibilidad mental, en oposición a la que, como por desgracia es frecuente, produce anquilosamiento.

Todo ello -tal como se ha indicado anteriormente- sin un afán de tratar exhaustivamente los temas, sin intentar establecer o fundamentar una teoría o concepción general de la visión de conjunto del director, y pretendiendo principalmente que las exposiciones y sugerencias estén sólidamente fundamentadas, pero sobre todo que sean aplicables a las realidades de las organizaciones.

A lo largo y ancho del libro el lector va encontrando alusiones y breves exposiciones de casos prácticos aclaratorios.

Una última observación: el autor, consciente probablemente de que se trata de un tema que requiere un cierto esfuerzo de atención y reflexión por parte de los lectores, incluye lo que podría ser denominado como un "toque pedagógico para profesionales adultos".

En efecto, en todos y cada uno de los diez capítulos que componen el libro, se incluye una síntesis esquemática del capítulo, en forma de "sugerencias para la reflexión"; y asimismo se proponen unos breves "ejercicios prácticos para que el lector los adapte a su caso concreto o para debate en grupo".


El nudo y la esfera. El navegante como artífice del mundo moderno.

AUTOR  | Soler, Isabel. Barcelona: El Acantilado, 2003, 643 pp.

LA IMPERFECTA REDONDEZ DE LA TIERRA
Los luminosos descubrimientos de los navegantes portugueses Reseña realizada por Juan Pimentel
Instituto de Historia, CSIC

La literatura de viajes es un género clásico en Occidente y que hoy día recibe gran atención desde distintas áreas y ciencias sociales. Los debates sobre la globalización, los problemas del mestizaje y la relación entre las culturas o las polémicas en torno al fin de la modernidad se sitúan en el horizonte que explica este redoblado interés hacia una práctica y una escritura (viajar y decir el viaje) que hoy identificamos como configuradores de nuestro mundo (esto es, de nuestra idea del mundo). Y entre tanto trabajo menor, entre tantas ediciones que simplemente dicen cosas ya dichas o publican textos ya publicados sin ningún aparato crítico digno de mención, hay que destacar libros como el de Isabel Soler, un ensayo histórico largo, denso y sostenido sobre una materia con mucho reclamo en el mercado editorial y con no tantos autores que tengan algo que decir.

El nudo y la esfera se centra en los viajes portugueses de los siglos XV y XVI, lo que significa hablar de Europa, Oriente, África y América. Portugal es presentada como la nación limítrofe de Occidente. Su ubicación la aboca al mar, la empuja a ensachar el mundo, obligándola a romper la idea tradicional de la ecumene y a acometer dos arduas tareas: construirla como una esfera e intentar anudarla. El nudo y la esfera: los dos símbolos adoptados por la Casa de Avís y reproducidos por el arte manuelino son los motivos de los que se sirve la autora para construir un relato trenzado -cómo no- sobre el pretexto narrativo de un viaje alegórico de idea y vuelta.

A través de este periplo figurado, Soler nos lleva desde los cosmógrafos judíos de la corte lisboeta en el Quinientos hasta las navegaciones de Bartolomé Dias, Vasco de Gama, Álvarez Cabral y Magallanes. Desde la admiración ante lo nuevo hasta las soluciones para incorporarlo. Desde la reverberación del pasado hasta las dificultades para construir el futuro, el doble movimiento que marca un Renacimiento cuya taréa histórica es tan hercúlea como improbable: doblegar un mundo que se resiste a la estabilidad, encontrar un sólo centro en un texto híbrido y extraño, concebir un universo infinito en el que sabios como Pascal sólo podían estremecerse ante el silencio eterno de las estrellas.

El libro está armado con textos y crónicas que no podían faltar (Diogo do Couto, Mendes Pinto, Camões), pero también con materiales pictóricos o arquitectónicos, así el rinoceronte de Durero, el Cristo muerto de Holbein o la fachada del coro del convento de Tomar. La anchura de la indagación exige una amplia movilización de recursos, asunto en el que la autora se desplaza con soltura entre los terriotorios que le son más familiares, la literatura y el arte, y donde navega con solvencia en mares más extraños, la filosofía y la historia de la ciencia.

El nudo y la esfera pone de relieve asuntos que resuenan últimamente con insistencia: junto al filósofo, el artista, el astrónomo o el médico, el navegante está siendo rescatado como arquetípico constructor del mundo y la modernidad. La historia del conocimiento no puede hacerse hoy día sólo desde los saberes, desde las ramas más o menos imprecisas de nuestro árbol de la ciencia, sino también desde las prácticas, dominio en el que viajar, esto es, desplazarse, transportar, medir, transcribir, traducir, clasificar, experimentar y naufragar, se alza como actividad central y partera a la hora de fabricar (o desmontar) nuestros conocimientos.

En su larga exploración filosófica sobre las esferas, sobre el espacio íntimo y externo en el que se desarrolla la vida humana, Peter Sloterdijk advertía que la experiencia del espacio es siempre la experiencia primaria del existir. Pero sea individual o colectiva, esta experiencia provoca temblor, pues según señala Rilke, "cuán turbado está uno que tiene que volar y procede de un seno". El libro de Soler contribuye de manera notable a entender el laberinto que se precipitó en las calles de la ciudad que fundó Ulises, Lisboa. Y también ayuda a comprender las dificultades de una empresa tal vez irresoluble, siempre incompleta, la de someter la más palmaria, la esfera-mundo, a una sola ley y a muchas identidades.


Modelo Intellectus: medición y gestión del capital intelectual.

AUTOR  | Bueno, Eduardo (Director); María Arrien y Oscar Rodríguez (Coordinación). Documento Intellectus. Número 5. IADE-CIC.

EL MODELO INTELLECTUS A EXAMEN: NUEVOS DESAFÍOS
Los diversos capitales en la gestión de la empresa Reseña realizada por Fernando E. García Muiña
Universidad Rey Juan Carlos

Desde hace más de una década, tanto la comunidad académica como el mundo empresarial reconocen el papel estratégico que ocupa el conocimiento de las organizaciones en el éxito. La investigación sobre los intangibles y su implicación en la creación de valor empresarial ha sido muy amplia. Las diferentes aproximaciones al estudio del conocimiento de las organizaciones se pueden clasificar en dos grandes grupos, según se orienten hacia los procesos de creación, asimilación, difusión y explotación de los intangibles o hacia la medición de las distintas manifestaciones en las que se puede presentar el conocimiento.

El modelo Intellectus se enmarca en el campo de trabajo relativo a la medición de los conocimientos de las organizaciones y presenta una propuesta sistémica, abierta, dinámica, flexible e innovadora de medición de los activos intangibles ocultos en los estados contables que la empresa posee y/o controla en un momento de tiempo concreto.

La literatura ha proporcionado diversos modelos de medición de capital intelectual que enfatizan distintos aspectos; no obstante, la necesidad de adecuar los modelos a una realidad social y económica en constante evolución orienta y justifica el esfuerzo realizado por mejorar las propuestas precedentes. El modelo Intellectus toma como punto de referencia básico el modelo Intelect (Euroforum, 1998) que distingue tres componentes genéricos de capital intelectual: capital humano, capital estructural y capital relacional. En línea con algunas otras aportaciones previas, y en coherencia con la propia evolución de los conceptos básicos y las prácticas empresariales, el modelo Intellectus desagrega el capital intelectual en cinco componentes -capital humano, capital organizativo, capital tecnológico, capital negocio y capital social-. Existen referencias anteriores que apuntan los problemas de hacer una definición demasiado amplia de cada uno de los componentes de capital intelectual y que aconsejan aumentar la homogeneidad de los conocimientos incluidos en cada componente.

Una primera desagregación del capital estructural en los capitales organizativo y tecnológico la encontramos en los trabajos de Brooking (1996) y Bueno (2001), quienes reconocen la necesidad de separar los aspectos administrativos internos de aquellas otras capacidades más estrechamente vinculadas con el desarrollo de innovaciones tecnológicas incorporadas a productos y/o procesos productivos.

Por otra parte, la gran heterogeneidad de agentes externos con los que la empresa mantiene relaciones aconseja la distinción entre los capitales negocio -relativo a las relaciones con los principales agentes vinculados con su proceso de negocio básico- y social -relativo a las relaciones con el resto de agentes sociales que actúan en su entorno-, hasta ahora tratados casi siempre de forma conjunta en el denominado capital relacional (Intelect, 1998; Bueno, 2001) o capital cliente (Bontis, 1996; Stewart, 1997)

El modelo Intellectus comparte con el modelo Intelect (Euroforum, 1998) y el Monitor de Activos Intangibles (Sveiby, 1997) la definición, en cada bloque de capital intelectual, de indicadores relativos a su evolución en el tiempo e, indirectamente, la proyección de éxito de la empresa. En cambio, en otros trabajos el efecto dinámico de los modelos queda incorporado en un bloque de capital intelectual independiente a partir del cual los restantes se van desarrollando (Kaplan y Norton, 1996; Edvinsson y Malone, 1997; Camisón et al., 2000). La primera de las alternativas para integrar la dimensión dinámica del modelo aporta una información más detallada que puede resultar muy útil para la toma de decisiones acerca del desarrollo de las actividades intangibles relativas a cada componente de capital intelectual.

Junto a estos aspectos relativos a la definición de los componentes de capital intelectual, el tratamiento de otros factores puede resultar de interés a la hora de perfilar los modelos. Si bien el modelo Intellectus se plantea con un carácter flexible para adecuarse a la idiosincrasia sectorial y empresarial, a diferencia de los modelos anteriores, existe en él una clara vocación por definir elementos en cada bloque de capital intelectual que sean comunes, a partir de los cuales diseñar variables e indicadores específicos. El interés de normalizar el informe de capital intelectual de las organizaciones así como abrir las posibilidades a la comparación entre compañías justifica el intento en este extremo. La validación externa realizada por diversos expertos avala la calidad de este planteamiento.

Por otra parte, numerosas propuestas reconocen la necesidad de incluir la estrategia como un factor de contexto en el diseño de los modelos de capital intelectual (Atkinson, Waterhouse y Wells, 1997; Bueno, 1998, 2001; Meritum, 2002). Sin embargo, esta cuestión se circunscribe en los trabajos al ámbito normativo y se plantea, por tanto, como uno de los desafíos futuros de estos modelos, a partir del concepto denominado "factor multiplicador" en el modelo Intellectus.

Otro conjunto de aspectos que se plantean como retos del modelo Intellectus pasa por su aproximación hacia el campo de la dirección y gestión de los conocimientos; esto es, su utilización en la toma de decisiones. Para ello, en la línea de trabajos como KMPG (1996), Saint Onge (1996) o Bueno (2001), sería muy interesante aproximarse a la definición de aquellos factores responsables de la eficacia de los procesos de aprendizaje organizativo a todos los niveles así como retomar el tratamiento de las dimensiones epistemológica y ontológica en el proceso de creación de conocimiento (Nonaka y Takeuchi, 1995). De esta forma, se obtendría, en primer lugar, un patrón para estructurar las variables y elementos incluidos en cada uno de los cinco bloques de capital intelectual y, en segundo lugar, se completaría el análisis de las relaciones entre los distintos bloques iniciado por Bontis (1996).

Finalmente, la inclusión de la relación entre los componentes, elementos y variables de capital intelectual definidos en el modelo Intellectus y el desempeño organizativo se plantea como otro de los desafíos y aplicaciones futuras que, a buen seguro, orientarán los esfuerzos de investigación del equipo.


Cien preguntas sobre el islam.

AUTOR  | Centro di Studi Sull´Islam, . Encuentro ediciones, Madrid, 2003. 223 páginas.

EL CANDENTE ISLAM
El especialista en el islam, Samir Khalil Samir, dilucida las principales cuestiones que plantea hoy la segunda religión de la tierra en sí y en su relación con Occidente Reseña realizada por Miguel García-Posada

Los periodistas italianos Giorgio Paolucci y Camille Eid entrevistaron al prestigioso jesuita y experto en el islam el egipcio Samir Khalil, nacionalizado italiano, y lo sometieron a un didáctico cuestionario, dividido en cinco bloques: los fundamentos del islam; ¿puede cambiar el islam?; el desafío de los derechos humanos; el islam entre nosotros; el diálogo posible. El resultado de la entrevista no invita al optimismo, aunque el entrevistado evita las tintas negras; Occidente, con todas sus contradicciones, está incurso en un irreversible proceso de laicidad. El islam se fundamenta en la no laicidad.

A partir de ahí los choques son inevitables. No se trata de que el islam sea un proyecto integrista; se trata de que es un proyecto religioso, cultural, social y político, que engloba toda la vida humana.

El musulmán es el sujeto en plenitud de derechos; el gentil, no. La pluralidad no excluye la existencia de <<fuertes raíces comunes en el plano dogmático y ritual>> (página 38). La guerra santa (yihad) hay que entenderla al pie de la letra, al margen de algunas interpretaciones espiritualistas: <<La guerra tiene que proseguir hasta que se haya muerto o marchado el último enemigo>> (página44).

No hay oposición a la técnica y a la ciencia en el islam, sí a las <<categorías culturales>> (página 65) que las sustentan. Según la mentalidad occidental, ninguna ley religiosa puede convertirse en ley civil, pero esto es lo que sucede en los países enteramente islámicos, a pesar de los esfuerzos de los moderados (Marruecos, Argelia, por ejemplo), donde se admite la cláusula de monogamia en el matrimonio civil y se reconoce a la mujer el derecho a pedir el divorcio.

Es difícil <<concebir un islam en el que la religión y el estado sean distintos>> (página 101). El Papa Juan Pablo II ha invocado al común Dios de Abrahán para converger en las creencias, pero, como advierte Khalil, por Abraham entienden una y otra religión conceptos muy diferentes. Pese a todo hay que dialogar y Khalil invoca su condición de cristiano árabe como un puente para un entendimiento que es necesario dado el vigor del islamismo. Un conjunto de apéndices enriquece esta obra, que ilustra muy bien la actual situación por la que vive el mundo, en especial tras el 11 de setiembre de 2001.


Peces Luminosos. Historias de amor y ciencia.

AUTOR  | Margulis, Lynn. Barcelona: Tusquets, 2002. pp. 200.

DEVOTOS Y MÁRTIRES DE LA CIENCIA
Narrando las vidas privadas de los científicos Reseña realizada por Tiago Saraiva
Instituto De Historia. CSIC

El argumento está claro desde el principio. Ser científico exige el abandono de las obligaciones familiares. El esfuerzo y emoción puestos en el trabajo por aquellos que se dedican a la ciencia les convierten en personajes incapaces de cambiar pañales u ocuparse de la colada. Es más, sería una afrenta a la civilización obligar a tan venerables personajes a ocuparse de tan bajos asuntos. Y entonces sólo quedan dos posibilidades: o bien el científico le hace caso a su pareja, cede al peso de lo cotidiano, y se condena a la irrelevancia; o, por el contrario, decide seguir su camino, hacer honor al don que le fue concedido, siendo entonces un personaje huraño, siempre dispuesto a cambiar el confort del hogar por el perturbador diálogo con los misterios del mundo.

Lynn Margulis, reputada catedrática de Geociencias y miembro de la Academia de Ciencias de Estados Unidos, empieza sus Historias de amor y ciencia, con el relato de su decepcionante encuentro de juventud con J. R. Oppenheimer, el padre de la bomba atómica. Margulis, que había cruzado varios estados norteamericanos llevada por las grandes cuestiones de si se debería o no haber lanzado la bomba, lo que le atrae verdaderamente es el legendario sex appeal intelectual de quien había sido capaz de mantener unidos a los más brillantes cerebros de su época. Y para su decepción se encuentra con un hombre demasiado maleable, que "se parece a los demás", ahogado por una esposa que constantemente le recuerda sus deberes con los niños. Sólo por un breve instante, mientras la señora Oppenheimer leía sus revistas, pudo Margulis captar una centella luminosa producida por el más famoso de los científicos norteamericanos de los cuarenta.

Los otros relatos no son más estimulantes. El tema es siempre el desencuentro entre amores y ciencia, y dan cuenta, ya no de la renuncia de los científicos, sino del dolor que pueden producir a su alrededor unos personajes inmersos en sus obsesiones. Un dolor tanto más grande si la persona que elegimos para compartir la vida entiende de ciencia. Esta parece ser otra de las conclusiones del libro: las parejas más infelices son las que no están dispuestas a renunciar a nada, en las que conocimiento y sentimiento se entrecruzan por los cuatro costados. Y mientras nos vamos enterando de las torpezas de unos científicos que "carecen de metodología para mirar el alma de otra persona", la autora nos conduce por los pasillos de la ciencia, los congresos internacionales, los proyectos multidisciplinares y las rivalidades nacionales. Se trata de hecho de una amena lección de sociología de las ciencias, de las luchas intestinas en los laboratorios, del imperialismo científico anglosajón, o del "pacto con el diablo" que significa ceder a la Big Science y sus millonarias financiaciones. Así que no son sólo los amores que distraen los científicos de su excelsa tarea de producción de conocimiento original, sino también la "codicia académica, codicia científica, codicia empresarial, codicia gubernamental." Todo eso debe ser resistido para preservar el amor a la ciencia.

Margulis, en la senda de los mejores escritores de divulgación científica, no hace de ese amor a la ciencia un hecho risible, sino que es capaz de transmitir todo lo emocionante y hermoso que puede ser la búsqueda del anhelado ¡eureka! . Ahora bien, aún cuando sus personajes hayan sido picados desde niños por el bicho de la ciencia, todos ellos son científicos reconocidos en su campo, llamados a ejercer cargos importantes, y por lo tanto expuestos a muchas de esas codicias. Lo sorprendente, y a la vez interesante, es sugerir que la ilusión del niño judío francés, que hace experimentos gaseosos para ignorar las injusticias de la guerra, es la misma que le impide al futuro director del Instituto de Química Atmosférica mantener una relación estable con la mujer de la que se enamoró.

El hecho es que las vidas de algunos de esos investigadores se parecen más a la de ejecutivos de grandes compañías multinacionales que a los relatos heroicos que nos han acostumbrado las biografías tradicionales de científicos como Pasteur, madame Curie, o Cajal. Y si es así, el problema no es tanto la ciencia, sino cualquier actividad que exija una dedicación poco acorde con las obligaciones familiares. Un problema tanto más evidente cuanto cada vez estamos más acostumbrados a que se nos exijan horarios flexibles y desplazamientos poco compatibles con el cole de los niños. Quizás el modelo heroico aplicado a la marcha de la ciencia no sea el que mejor se adecue a las sociedades democráticas en las que vivimos. Freud, Joyce o Pessoa nos han enseñado ya, que el más gris de los hombres es tan complejo e interesante como los héroes de antaño, por lo que no es de recibo seguir aceptando un estatuto especial para los que se dedican a la investigación científica. Otro tanto se puede decir para escritores, músicos o artistas. Y la verdad es que el número de divorcios no para de aumentar, tratando cada uno de reclamar su derecho a la realización de su proyecto personal.

Dicho esto, es difícil no emocionarse con el final del libro en el que dos científicas, después de una larga confidencia recíproca de sus desamores, se encaminan deprisa y alegres a sus respectivas sesiones científicas, dispuestas a no llegar tarde. La vocación moderna no implica seguramente un exclusivo ejercicio de la ciencia, pero es difícil imaginar ciencia sin vocación. Abandonar el gran relato de la ciencia no significa renunciar a la admiración por la vocación científica. Pocos serán los que todavía defiendan que las Reglas y consejos de Cajal sean la mejor forma de iniciar a los jóvenes en una carrera de investigación, pero no por eso uno le da menos valor a quien fue capaz de producir ciencia de calidad en un entorno tan adverso. Emile Cioran, en sus Exercices d'admiration, nos exhorta a ejercitar formas de no perder la altura de lo excelso, para que las obras no se pierdan en la indiferencia generalizada. Es sin duda un ejercicio muy difícil el que se nos propone, pero también muy necesario, el de eliminar las viejas y aristocráticas falsas loas sin perder la sensibilidad para lo más elevado y profundo.


El papel de la mujer en la evolución humana.

AUTOR  | Martínez Pulido, Carolina. Madrid: Biblioteca Nueva, 2003. 554 pp

SOBRE EL ORIGEN DEL HOMBRE... Y LA MUJER
Exposición detallada de los datos sustanciales sobre la función de la mujer en la evolución humana, asunto relegado durante mucho tiempo hasta que las científicas entraron en el campo de la primatología y alcanzaron conclusiones tan reveladoras como polémicas Reseña realizada por Marta I. González
Instituto de Filosofía, CSIC

Sostenía Darwin que las mujeres estaban menos evolucionadas que los hombres al no estar sometidas a la presión de la selección sexual. Han sostenido y aún sostienen muchos paleoantropólogos contemporáneos que lo que hace única a la especie humana se lo debemos a los primeros homínidos varones que se dedicaban a la caza. Y todavía las reconstrucciones actuales (en museos, libros, documentales...) de la vida de prehomínidos y homínidos primitivos se recrean en los machos poniéndose en pie, inventando el lenguaje, descubriendo el fuego, dedicándose a la caza... mientras las hembras, en un discreto segundo plano, dan de mamar a las crías. No es de extrañar entonces que cuando a partir de los años 60 las mujeres comenzaron a investigar en paleantropología en mayor número, se preguntarán a qué se dedicaban las hembras de estos homínidos mientras ellos se enfrentaban a la dura tarea de evolucionar. Carolina Martínez Pulido decidió titular su libro El papel de la mujer en la evolución humana, y en primera instancia este título parece anunciarnos que se va a desvelar lo que está oculto en gran parte de los modelos planteados para explicar el camino que nuestros antepasados recorrieron en los últimos 4 o 5 millones de años: la importancia de las hembras, sus roles y actividades, para tratar de entender por qué los seres humanos somos como somos. Sin embargo, para llegar hasta ahí, nos hace recorrer un largo camino previo.
La autora entiende que abordar el complejo, fascinante y cambiante tema de la evolución humana desde una perspectiva de género requiere contextualizarlo en el marco más general del desarrollo de la teoría de la evolución biológica. Casi la mitad del libro está dedicado precisamente a ofrecer una panorámica general de la historia de las ideas científicas sobre la evolución en general y sobre la evolución humana en particular. Así, las dos primeras partes componen una exposición, clara y útil, del pasado y el presente de la teoría de la evolución y su instanciación en la especie humana; una exposición que, además, subraya las controversias de un campo particularmente polémico, sin ahorrarle al lector desacuerdos ni lagunas.
Y justo cuando empezábamos a preguntarnos por las mujeres, Martínez Pulido comienza a presentárnoslas, transformando ahora su libro en una exposición sobre "el papel de las mujeres en la investigación sobre evolución humana". Aparecen en primer lugar, y por derecho propio, las pioneras de la primatología (Jane Goodall, Dian Fossey, Biruté Galdikas), y a continuación varios capítulos sobre las investigaciones de algunas mujeres escogidas que suscitan asuntos tan polémicos como el de la interpretación de los datos procedentes del ADN mitocondrial (Rebecca Cann), el ritmo de la evolución y la relevancia del clima (Elizabeth Vrba), la clasificación de los restos de homínidos (Meave Leakey) o la desatendida hipótesis del simio acuático (Elaine Morgan).
Es en el último tercio del libro donde se tratan de forma explícita los temas que se corresponden propiamente a lo que el título prometía. En cuanto a éstos, se esbozan apenas algunos debates inevitables, como la discusión sobre la objetividad y la importancia de los contextos sociales y políticos para entender el desarrollo de las teorías de la evolución humana, aunque el libro ofrece material suficiente para repensarlos seriamente. La hipótesis del simio acuático de Elaine Morgan, por ejemplo, es un caso perfecto de cómo una teoría epistémicamente respetable puede ser ignorada por su excesiva heterodoxia, unida al carácter de "intrusa" en el mundo académico de su proponente y sus nexos con propuestas feministas. Un capítulo aparte hubiera merecido también quizá Sara Hrdy, a quien sólo se dedica un par de párrafos, y cuya osada "sociobiología feminista" resulta incómoda tanto para los enfoques mayoritarios como para una parte importante de las críticas feministas.
Aunque podría parecer que Carolina Martínez Pulido presenta tres libros en uno, su fuerza reside en las posibilidades de integración entre ellos para dar cuenta de cómo el creciente papel de las mujeres en la investigación sobre la evolución humana ha precipitado un papel igualmente creciente de las mujeres en la evolución misma. Un libro, en definitiva, para aprender ciencia y, sobre todo, aprender sobre la ciencia.


El multiculturalismo del miedo.

AUTOR  | Levy, Jacob T. Traducción de Amanda González Miguel, Tecnos, Madrid, 2003. 324 páginas.

LUCES Y SOMBRAS DE LA DIFERENCIA
Se abordan los complejos problemas que suscitan la heterogeneidad y la voluntad de las minorías de no ser discriminadas. No hay soluciones fáciles Reseña realizada por Miguel García-Posada

Según reconoce el autor, Jacob T. Levy, al final de esta obra, el presente no es un libro alegre ni esperanzado. Pero <<si la posibilidad de los grandes males siempre está con nosotros, los propios males no >> (página 322). Por eso arguye que el miedo y la esperanza son compatibles .Así, se entiende bien el mensaje problemático que su la obra lanza: la dificultad de encajar la situación de las minorías en un mundo complejo y condicionado por la cultura europea occidental.

El libro se divide en tres partes: la teoría política en un mundo multiétnico (I); ¿es importante moralmente ser miembro de cultura (II); categorías y casos (los derechos culturales) (III). Como da a entender esta enumeración, la densidad y alcance de los temas tratados es considerable. El autor utiliza el concepto de <<multiculturalismo>> en el sentido de pluralismo cultural, opuesto al de pluralismo duro. Su multiculturalismo del miedo se basa en la tesis formulada por Judith Shklar (1989) sobre el <<liberalismo del miedo>>, con filiación en Montesquieu. Los estados homogéneos -realidad sustancial-son pocos: en Europa, sólo lo son Portugal, Luxemburgo, los Países Bajos, Dinamarca e Islandia (y aún así habrá que aguardar lo que da de sí la inmigración en algunos de ellos). ¿Qué hacer para respetar a las minorías y para que éstas no se revuelvan contra ese Estado? El Estado liberal debe tener miedo a usar de la crueldad y el terrorismo político; pero debe también tener miedo al miedo como actitud que no permite encarar los problemas.

Mas es peligrosa en sí la idea del Estado liberal multiétnico, porque <<los derechos [su reconocimiento] a la identidad por sí misma no establecen las condiciones de la coexistencia o de la convivencia>> (página 75): ¿cómo respetar a una religión que insulta a otra?, ¿cómo respetar la aplicación de las mutilaciones como pena señalada por la ley islámica? Es imposible -precisa el autor -un nacionalismo universal, idea mantenida por grandes teóricos; el nacionalismo, "velis nolis", tiende a la exclusión. Porque la nación es un sentimiento que se identifica con el autogobierno; puede haber autogobierno que no rompa el Estado (caso de Escocia <<anidada>> en Gran Bretaña, pero también autogobiernos , o propósito de tales, que lo rompen: el País Vasco en relación con Francia y España. El concepto de nación (su sentimiento) le parece a Levy de <<utilidad discutible>> (página 125).

En conjunto, se trata de una obra necesaria por los problemas que plantea, que aquí nos limitamos a esbozar. Lo que sí queda claro es que el pluralismo cultural se combate mal con medidas necesariamente coactivas. Pues si es mejor aceptar que una niña musulmana vaya con su pañuelo en la cabeza a la escuela pública porque con el tiempo acabará por carecer de sentido para ella misma, resultan inaceptables prácticas como la ablación del clítoris (véanse páginas 81-83 para la descripción del problema, no tan fácil de resolver). ¿Puede el multiculturalismo liberal o multiculturalismo del miedo aceptar como derecho indígena el establecimiento de la <<sharía>> musulmana -así en parte de Nigeria-que condena a la mujer adúltera a ser lapidada hasta la muerte?¿Cómo se violenta a las poblaciones identificadas con este Derecho? En otro orden de cosas , y leída en clave española, tiene especial interés la afirmación de Levy de que las invenciones recientes de una mitología nacional no atentan ni contra su existencia ni su vigencia (ver página 25).


Técnicas y materiales de la pintura española en los Siglos de Oro.

AUTOR  | Bruquetas, Rocío. Madrid, Fundación de Apoyo a la Historia del Arte Hispánico, 2002, 566 pp.

LA MATERIALIDAD DEL CUADRO
La materialidad de nuestra pintura en los siglos de oro (pigmentos, soportes: tipos de telas y tablas, superficies murales etc), asunto escasamente abordado, es, sin embargo, esencial para el entendimiento de aquella pintura Reseña realizada por Javier Portus
Museo del Prado

La gran importancia que tiene la segunda mitad del siglo XVI y las primeras décadas del XVII para la historia de la pintura española se refleja en la extraordinaria actividad historiográfica que ha generado. Han sido muchos los historiadores que han ofrecido una visión general del arte de ese periodo, los artistas más importantes cuentan ya con una bibliografía de un volumen casi inmanejable, y apenas hay pintor de mediana calidad al que no se haya dedicado un estudio monográfico. Igualmente, no son raros los estudios que describen el contexto intelectual, social y laboral en el que se inserta esa actividad artística.

Sin embargo, hasta ahora existía una laguna muy importante a este respecto. Es la que se refiere a los estudios técnicos sobre la pintura, que apenas existen. Velázquez es el único pintor bien tratado en este sentido, pues casi toda su obra ha sido analizada mediante radiografías, análisis de pigmentos, etc. Del resto de los artistas sólo se han publicado aproximaciones parciales.

Por eso, resulta muy oportuna la aparición del libro de Rocío Bruquetas, que estudia los problemas relacionados con la ejecución material de la pintura española desde una perspectiva muy amplia y teniendo en cuenta una pormenorizada casuística. Se trata de un análisis ambicioso, que tiene como puntos de partida no sólo el conocimiento estrecho de las técnicas y los objetos artísticos sino también la conciencia de la necesidad de enfrentarse al tema desde el manejo y la comprensión de las fuentes antiguas. Por eso, en los dos primeros capítulos, que constituyen una base para el resto del libro, se analiza el material escrito en forma de tratados, documentos profesionales y administrativos, etc., que nos ha dejado el Siglo de Oro, y se valoran las posibilidades que ofrecen para el estudio de la técnica y para conocer los métodos de trabajo de la época.

En los dos últimos capítulos, que son mucho más extensos, se reconstruye muy pormenorizadamente el mundo material de la pintura, primero a través de una descripción de los principales materiales utilizados por los artistas (divididos en pigmentos y soportes), y a continuación a través de un desglose (también ordenado y meticuloso) de las diferentes técnicas. Y todo ello sin olvidar el marco histórico, profesional e incluso estilístico en el que se movieron los pintores españoles.

Con frecuencia, los estudios técnicos de pinturas resultan un tanto farragosos para un lector no habituado a una terminología muy específica. En este caso, sin embargo, la autora se muestra muy ordenada no sólo en la estructura de su libro sino también en sus descripciones y explicaciones, que son siempre claras y precisas, y revelan un deseo de llegar a un público amplio, sin que eso presuponga una merma de rigor. Por ello, el alcance de su obra trasciende al Siglo de Oro y beneficia al estudio de la pintura española en general.

Otro aspecto a destacar del libro es la riqueza y variedad de su información gráfica. En este aspecto, la autora tampoco ha perdido de vista la necesidad de acudir a materiales históricos, y ha realizado una interesante labor de recopilación de imágenes antiguas que describen a artistas en pleno proceso creativo. Algunas representan a San Lucas mientras retrata a la Virgen, otras son autorretratos, las hay de vendedores de pintura, etc. Estas imágenes conviven con portadas de catálogos, con reproducciones de las obras de arte sobre las que se trata en el texto y con un material mucho más técnico, formado por fotografías de minerales, animales o vegetales de donde proceden los pigmentos, radiografías, muestras de las gran variedad de soportes que se utilizaban en el Siglo de Oro (distintas tipos de telas y tablas, superficies murales, etc.), o con imágenes de los distintos aspectos técnicos sobre los que se trata en el texto.

Se trata, pues, de una obra que viene a enriquecer notablemente el conocimiento de la pintura española del Siglo de Oro, y que ofrece tanto al especialista como al público en general la posibilidad de acercarse al mundo material de los cuadros.

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