Ensayos



Razón biológica: La base evolucionista del pensamiento.

AUTOR  | Castrodeza, Carlos. Colección Razón y Sociedad. Biblioteca Nueva. Madrid, 2011. 272 páginas.

UN ANÁLISIS DE LA CONDICIÓN HISTÓRICA DEL HOMBRE
Reseña realizada por Profª Drª Juana García Romero

En esta obra Castrodeza analiza y contrasta las clásicas visiones del mundo, esencialista y accidentalista, para mostrar la ambigüedad en que se encuentra la "condición histórica del hombre desde la perspectiva de Occidente" (p. 26). Reclama a la Filosofía que aclare dicha ambigüedad a través de la razón biológica fundamentada en el estudio de la base evolucionista del pensamiento.

A lo largo del libro, describe la importancia que tiene el individuo modal (clase media) por ser el que más padece la 'paradoja' (supervivencia-existencia), debido a su inconformismo y su afán por comprender las cosas emprendiendo caminos nuevos (ciencia y tecnología) para controlar su medio más inmediato, garantizando su supervivencia en 'el más acá' y poder dar sentido a su existencia en relación 'al más allá'. La polémica está servida puesto que, a todo ser vivo (incluido el ser humano), se le aplican los conceptos de información, conocimiento, adaptación (p. 16) para ser entendidos en su medio y circunstancia, porque es donde se manifiesta la diversidad y pluralidad de los mismos, haciendo que la objetivación resulte cada vez más compleja y, con ello, estén en constante revisión las teorías científicas y las filosóficas porque, según Quine, "la filosofía está en el extremo abstracto y teórico de la ciencia. La ciencia, en su sentido más amplio, es un elemento continuo que va desde la historia y la ingeniería, en un extremo, a la filosofía y matemáticas puras, en el otro" (p. 222).

La razón biológica afecta al ser humano instintivo y al racional, pero cada individuo tiene su 'clase y condición' dando lugar a castas y/o clases sociales (p. 236), afirmando la ortodoxia más accidentalista que "la selección no actúa directamente a nivel social (de la especie o de la población) por lo que si del beneficio del individuo se deriva un beneficio social esto ocurre a pesar de la acción individual y no por su causa" (p. 214).

Entre todos los modos con los que cuenta para solucionar la supervivencia (mantenimiento y reproducción) y, según Castrodeza, "lo que es preferible lo determinan las circunstancias [...], sobre una base interorgánica absolutamente igualitaria" (p. 17) porque la dicotomía esencialista-accidentalista "no refleja la realidad que se pretende sino, simplemente la situación entre dos grupos de seres humanos que se sienten, respectivamente, más o menos seguros en su medio en función de su propia historia personal y social" (p. 151), formalizándola a través de dos actitudes: instintivista (primer orden) y racionalista (nivel intelectivo de segundo orden) donde "los instintivistas no utilizan las palabras para precisar lógicamente sus ideas, sino más bien para señalar unas vivencias, para plasmar en palabras unas intuiciones que entran mucho más en la expresión artística que en la lógica" (p. 168).

Al final de su exposición, Castrodeza afirma que las tipologías tratadas en su estudio son "el resultado de la interacción del genotipo y el ambiente percibido, es decir, [...] estrategias de supervivencia. En todo caso, se 'genetizarían', valga el término, aquéllas que facilitaran más la supervivencia a través de los tiempos" siguiendo el proceso de asimilación genética que lanzó Conrad Waddington (p. 246).

En la primera mitad del siglo XIX se imprimió la palabra scientist para diferenciarse de los artist (p. 211) pero, todavía hoy, se cuestiona si esta distinción facilita o entorpece la concepción de nuestra existencia.

Este libro está estructurado de la siguiente manera: Palabra preliminar sobre esta edición (p. 13), Tesis global de esta obra (p. 15), Prólogo (p. 21), Introducción (para emotivos). La base evolucionista de la Ilusión (p. 26), Capítulo 1. El aspecto 'involutivo' del proceso evolutivo (p. 39), Capítulo II. Estrategias adaptativas y eficacia biológica (p. 79), Capítulo III. ¿Para qué sirve la ética? (p. 111), Capítulo IV. Hacia una solución biológica al problema de las dos culturas (p. 153), Capítulo V. La diversidad del intelecto y su lógica biológica (p. 190), Conclusión. La base evolucionista del pensamiento filosófico (p. 235), Epílogo (para flemáticos) (p. 242), Bibliografía citada (p. 247), y un Índice onomástico (p. 263).

También, ha sido publicado en la editorial Minerva, en el año 1999. Carlos Castrodeza (Tánger, 1945 - Madrid, 2012) desarrolló su actividad investigadora en la Universidad Complutense de Madrid, en la Universidad de Edimburgo, en la Universidad de Helsinki, y en la Universidad de Leeds. Desde 1985, fue profesor en el Departamento de Lógica y Filosofía de la Ciencia, de la Facultad de Filosofía (UCM).

Descanse en Paz.


El mundo y la química.

AUTOR  | Ordóñez, Javier y Pérez-Galdós, Natalia. Lunwerg Editores. Madrid. 2011. 280 páginas. Idioma: Español-Inglés.

UNA EXCELENTE MUESTRA DE LA NUEVA HISTORIA CULTURAL DE LA CIENCIA
Reseña realizada por Beatriz Pichel
PhD Candidate, Universidad Autónoma de Madrid, grupo GEA de la Red CREP

"Se dice que la mente gobierna el mundo. Pero, ¿qué gobierna la mente? El cuerpo. Y el cuerpo (síganme con atención) está a merced del más omnipotente de todos los potentados que es el Químico. Dadme química a mí, a Fosco, y cuando Shakespeare acaba de concebir Hamlet y se sienta para ejecutar su concepción, yo, echando en su comida diaria unos granitos de polvos, reduciré su inteligencia influyendo sobre su cuerpo hasta que su pluma escribiese la más abyecta tontería que jamás haya degradado papel alguno".
                                                                                                 La Dama de Blanco
                                                                                                 Wilkie Collins, 1859

Javier Ordóñez y Natalia Pérez-Galdós abren El mundo y la química con estas palabras del Conde Fosco, personaje de la obra de Wilkie Collins La Dama de Blanco. La cita no podía estar mejor elegida. En ella (un poco más larga en el original) el Conde Fosco defiende que los químicos podrían dominar el mundo porque su ciencia es capaz de someter los cuerpos. No es casualidad, por tanto, que el ejemplo de Shakespeare, al igual que otros en el texto original, remita a la comida, ya que la alimentación es la base de la producción del cuerpo, y la cocina el primer ámbito de aplicación de la química. De hecho, Ordóñez y Pérez-Galdós consideran, más adelante, la revolución de la cocina como la primera revolución científica (p.24). Para el Conde Fosco, entonces, el poder de la química procede de su poder para controlar y transformar los cuerpos.

El Mundo y la Química pretende mostrar, precisamente, que la química, o mejor dicho, que los procesos químicos no sólo han alterado sustancias a lo largo de la historia, sino que también han modificado nuestro cuerpo y la relación que nuestros cuerpos tienen con el mundo. De ahí que el eje conductor de este libro sean los sentidos y no la química. La organización en torno a conceptos clave relativos a los sentidos (el oído, el color, el olor, el sabor y el tacto) y a otros procesos corporales como las emociones (el miedo, en particular), la salud y, finalmente, el poder y el futuro, permite a Ordóñez y a Pérez-Galdós alejarse de las tradicionales historias de la química, elaborando microhistorias en las que el énfasis recae en la aplicación de la química y en los problemas a los que intentaba dar solución. Sin renunciar en ningún momento al rigor científico, el libro expone de una manera clara y amena los principales momentos de la historia de la química, desde los procesos más intuitivos (como es el caso de la salazón) hasta las últimas innovaciones, pasando por momentos clave como la alquimia y la constitución de la química como disciplina.

Esta historia de la química a través de los sentidos y las emociones no habría sido posible sin la diversidad de fuentes empleadas por los autores, propiciada por la propia editorial Lunwerg. Junto a textos clásicos de la química y artículos académicos sobre temas específicos aparecen continuamente pasajes literarios, como el que abre la obra, referencias filosóficas o antropológicas e, incluso, de divulgación. Es precisamente esta riqueza textual la que permite analizar la química como un elemento cultural que impregna la cotidianeidad de nuestras acciones, ya que muestra su presencia en distintos ámbitos. Sin embargo, lo más característico de este libro son las ilustraciones. A excepción de la corta introducción, no hay apenas páginas que no estén ilustradas. Además, a diferencia de otros textos, en El mundo y la química las imágenes no ocupan un lugar secundario meramente ilustrativo, sino que tienen peso en sí mismas. Las pinturas, las fotografías y las imágenes cinematográficas que aparecen relatan, ellas también, diversos episodios relacionados con el problema general, mostrando su alcance social y cultural. De ahí que, nuevamente, Ordóñez y Pérez-Galdós hayan optado por la variedad de géneros. Por ejemplo, una obra clásica en la historia del arte de Occidente como La libertad guiando al pueblo de Delacroix (p. 157) sirve para enlazar las revoluciones políticas con su compromiso con la industria química, proveedora de los explosivos a los que alude la imagen. Ilustran también el libro fotografías científicas e imágenes más populares, como un cartel de Coca-Cola (p. 117). Precisamente por la facilidad con que el cartel es identificable como tal por el espectador, no necesita de más descripción que la fórmula química de la bebida. De esta forma, la presencia de la química en nuestros hábitos alimenticios y sociales queda demostrada con este cartel.

Sin embargo, el alcance de este libro no es sólo la historia de Occidente. Al contrario, incluye también documentos históricos pertenecientes a otras culturas, como el códice prehispánico mesoamericano Fejérváry-Mayer (también conocido como el Tonalamalt de los pochtecas, p. 101) o láminas del manuscrito hindú Ni’matnamai Nasir al-Din Shah (1495-1505, p. 79). Ambas imágenes muestran diversos procesos químicos y se insertan en la narración del texto. Sin embargo, el hecho de no estar planteado como una historia de la química como disciplina sino de los procesos químicos y su función social, impide caer en una historia progresiva, en la que cada resultado daría pie al siguiente. Al contrario, la propia estructura del libro y la diversidad de sus fuentes permite narrar esta historia como microhistorias interconectadas, no enlazadas en un gran relato.

El mundo y la química trata, por tanto, de la historia de la química en nuestros cuerpos, pero también de lo que nuestros cuerpos hacen con la química en el mundo. El ejemplo más claro del libro es la guerra. La introducción de los gases químicos en 1915, durante la Primera Guerra mundial, supuso no sólo la alianza entre la ciencia y el ámbito militar, sino también un cambio en la manera de hacer y de preparar la guerra. Así, junto a los venenos y los explosivos, este capítulo dedicado al miedo muestra que los efectos de la química sobre el mundo y sobre los cuerpos son tales que pueden llegar a arrasar campos y matarnos.

Publicado con ocasión del año internacional de la ciencia (2011), El mundo y la química es una excelente muestra de la nueva historia cultural de la ciencia, en la que el relato de los descubrimientos científicos es inseparable de su contexto social, cultural y político. Ordóñez y Pérez-Galdós contribuyen a esta historia con datos y reflexiones de gran rigor científico, pero también incorporando una nueva perspectiva: es el paso de las sustancias y los instrumentos a los cuerpos.


Las moléculas: cuando la luz te ayuda a vibrar.

AUTOR  | García Ramos, José Vicente. Colección ¿Qué sabemos? Editorial Catarata-CSIC. Madrid, 2014. 117 páginas.

UN LIBRO IDEAL PARA AQUEL QUE QUIERA INICIARSE EN LOS FUNDAMENTOS DE LA ESPECTROSCOPÍA
Reseña realizada por Álvaro Martínez del Pozo
Catedrático de Bioquímica. Universidad Complutense de Madrid

El profesor del CSIC José Vicente García Ramos ha escrito un libro ideal para todo aquel que quiera iniciarse en los fundamentos de la espectroscopía. Muy particularmente si los intereses del lector se centran en la modalidad que conocemos como Raman. Se trata de un texto que se puede dividir en dos partes bien diferenciadas. Durante aproximadamente el primer tercio, se hace una descripción general de los fenómenos atómicos y subatómicos que subyacen al comportamiento de las moléculas y de cómo, precisamente por eso, podemos estudiarlos mediante el empleo de técnicas espectroscópicas. Se trata de una introducción muy informativa, asequible a todo tipo de público. Durante la segunda parte, más o menos a partir del capítulo 3, se empieza ya a profundizar en las características de los instrumentos empleados y en las aplicaciones de la mencionada espectroscopía Raman. El texto sigue siendo extraordinariamente interesante e informativo pero, tal vez porque no pueda ser de otra forma, pierde gran parte de su carácter divulgador y se convierte en un manual útil para un lector algo más especializado. El carácter divulgativo se recupera, sin embargo, en el último capítulo, en el que se describen las principales aplicaciones de las técnicas descritas a lo largo del libro que nos ocupa.

El texto comienza haciendo honor a su título, definiendo qué es una molécula y todo lo que ello implica. Es decir, se van explicando de forma muy asequible y amena los conceptos de átomo, enlace, tipos de enlace, etc. Todo ello constituye un breve y completo resumen de química elemental, incluyendo la tabla periódica y la nomenclatura. Se tratan la teoría atómica de Dalton, la ley de la conservación de la materia de Lavoisier y los distintos modelos atómicos, por ejemplo.

Como se sugiere en el primer párrafo de esta reseña, el autor recurre a ejemplos muy asequibles para describir complejos conceptos abstractos de química y física. Por ejemplo, la comparación entre las vibraciones de un enlace y las de las cuerdas de un instrumento musical. Cada molécula tendría así su acorde característico dentro de la orquesta de la química. A quien escribe estas líneas le ha resultado especialmente inteligente, por ejemplo, el recurso al concepto de átomo feliz para describir la naturaleza del enlace químico y muy especialmente la del covalente. Como bien nos explica el profesor García Ramos, en el enlace iónico hay un átomo que da (electrones) y otro que recibe, para que ambos puedan ser felices. Bien es sabido por todos que compartir es una de las claves de un matrimonio feliz... Y que, en la misma línea, no todos los matrimonios comparten por igual, como ocurriría con un enlace covalente, sin que esto necesariamente merme la felicidad de los cónyuges (átomos, en este caso).

El segundo capítulo, dedicado a la historia del descubrimiento de la naturaleza de la luz, también es de fuerte carácter divulgador. Pienso que todo el mundo ha oído ya hablar hoy en día de la dualidad onda-corpúsculo de las radiaciones electromagnéticas. Considerar que la luz está formada por corpúsculos, por partículas, no permite explicar fenómenos como la difracción o las interferencias, pero es esencial para entender el efecto fotoeléctrico, por ejemplo. Esta explicación desemboca en la descripción de la naturaleza y desarrollo de las fuentes de luz que conocemos como láseres. Un tipo de rayo lumínico que cuando se inventó, en torno a 1960, no parecía ser sino un divertimento académico y, como suele ocurrir con los descubrimientos de ciencia básica, ha terminado convirtiéndose en una herramienta habitual, presente en todas nuestras actividades diarias. Y si no, que se lo pregunten, por ejemplo, a Messi o a Ronaldo, que lo sufren con resignación cada vez que tienen que sacar una falta... Bromas aparte, creo que todos estamos al tanto de que los láseres son un elemento imprescindible de infinidad de dispositivos como lectores de discos y códigos de barras, bisturís quirúrgicos, impresoras, etc., etc.

Las moléculas se mueven, giran, vibran; sobre todo si forman parte de gases o líquidos. Este movimiento supone una energía cinética que se transforma en calor. Y hay muchas, muchísimas, que, aunque sean químicamente iguales, se mueven con energías ligeramente diferentes. Por eso, cuando utilizamos la luz para estudiar cómo se mueven las moléculas, cuál es su energía, obtenemos una colección de resultados muy parecidos que llamamos espectro. Y para registrar los espectros utilizamos instrumentos que se llaman espectrofotómetros. Es a esta instrumentación a al que se dedica el tercer capítulo. Y no se centra únicamente en la luz que vemos, la visible, sino que también se ocupa de la zona ultravioleta y, muy especialmente, del infrarrojo. Se trata de un capítulo muy completo, bien explicado, pero que, como ya se apuntaba al principio de estas líneas pierde su carácter divulgativo. En mi opinión, por ejemplo, la definición de espectro no es fácilmente asequible a los no iniciados.

En esa línea, el texto va aumentando ligeramente su complejidad para centrarse específicamente en la espectroscopía Raman. Una espectroscopía que se enfoca en el estudio de las vibraciones existentes en los enlaces que se establecen entre los átomos de las moléculas; las moléculas que vibran y dan su título al libro. Vibraciones que son una característica de su naturaleza. En definitiva, el espectro Raman de una molécula vendría a ser como su DNI químico, su huella digital.

Los tres últimos capítulos se centran en las principales aplicaciones del la espectroscopía Raman. El cuarto, más concretamente, trae a colación uno de los temas más de moda en los ámbitos científicos: los nanomateriales, las nanopartículas. Todo lo que lleva el prefijo nano se rodea hoy en día de un halo especial, aunque muchas veces este olor de santidad científica no esté completamente justificado. Y hay que reconocer que el autor de este texto que nos ocupa ha hecho un esfuerzo para explicar correctamente estos conceptos y dibujar con maestría las fronteras que separan lo que es realmente nano de otras cosas que pretenden pasar como si lo fuesen. Leyendo este capítulo se comprende muy bien cuál es exactamente el mundo de lo nano y por qué merece un tratamiento aparte. Obviamente, tras esta definición, el profesor García Ramos vuelve sobre las aplicaciones de la espectroscopía Raman en este ámbito que, concretamente, se engloban bajo la denominación de espectroscopía SERS (Surface-Enhanced Raman Scattering) o dispersión Raman amplificada por superficie. Una modalidad espectroscópica aplicable también a otro de los campos más de moda en la actualidad, el estudio de moléculas únicas, al que se dedica el capítulo 5. Estudiar una única molécula era algo impensable hasta la invención del microscopio de fuerza atómica en los años 80 del siglo XX. Como bien menciona el autor del libro, esta invención no supuso sólo un increíble avance técnico, sino que implicó un completo cambio de mentalidad. Así la espectroscopía Raman también tendría mucho que decir en esta área, especialmente en la modalidad que supone el estudio de moléculas confinadas en un volumen tan pequeño, y a tal dilución, que los efectos observados serían el resultado de la vibración de los enlaces de una sola de ellas. Este capítulo, sin embargo, mantiene, como los dos anteriores, un carácter mucho menos divulgador y es menos asequible al lector no especializado que los primeros. En mi opinión, por ejemplo, no queda suficientemente claro qué ventajas puede acarrear el estudio de una molécula individual sobre la aproximación clásica de estudiar miles de millones de ellas y obtener un espectro representativo de la población promedio presente en la mezcla.

Finalmente, en el último capítulo, el sexto, se recupera plenamente el aspecto divulgador del texto. En este caso el profesor García Ramos hace una magnífica descripción no sólo de los ’qués’ (qué moléculas podemos estudiar), sino sobre todo de los ’por-qués’. Por qué debemos estudiar las moléculas que aparecen a lo largo del capítulo y por qué la espectroscopía Raman, en sus diversas modalidades, representa la herramienta ideal para ello. Una descripción que no se limita a la física y a la química clásicas, sino que va más allá y busca el futuro de esta técnica en aplicaciones que implican a otros campos como las técnicas de imagen en medicina o el estudio de restos arqueológicos.

En definitiva, como se mencionaba al principio, se trata de un texto muy recomendable. Muy ameno y fácil de leer. Todo aquel que quiera conocer los fundamentos de la espectroscopía, en general, y de su modalidad Raman, en particular, encontrará en esta breve lectura una ayuda inestimable.


Cómo crear una mente.

AUTOR  | Kurzweil, Ray. Lola Books. Berlín, 2013. 380 páginas.

NO HAY RAZÓN (NI MENTE) SIN EMOCIÓN
Reseña realizada por Francisco Mora
Universidad Complutense de Madrid

Es este un libro muy interesante en el que, desde la perspectiva de la inteligencia artificial, se analiza la posible construcción de una mente. Quiero, desde el principio, resaltar el valor de este libro, documentado y denso, sobre esa intersección entre los conocimientos actuales de la inteligencia artificial y los conocimientos de la neurociencia. Y también quiero destacar que por ser relativamente complejo, su lectura correcta requiere de una mínima base y preparación sobre la materia. Añadiré además, que es un texto de escritura clara, lo que ciertamente se agradece.

El libro no está exento de cierta pretenciosidad pues señala, en el subtítulo del mismo, que en él, se revelan los secretos del pensamiento humano. Y nada mas lejos de un aserto así, pues esos 'secretos' siguen siendo secretos, desconocidos y no descubiertos, ni aquí en este libro ni en ningún otro e incluso de lo que se puede esperar de los resultados de los grandes y ambiciosos proyectos sobre investigación cerebral puestos en marcha en Europa o en Estados Unidos. La subjetividad, la conciencia, aparte hipótesis, todo lo relevantes que se quiera, se encuentran todavía, y tal vez por mucho tiempo, en esos fondos abisales del cerebro que requerirán un cambio de paradigma en el método y la investigación científica.

Con todo, es un libro que se deje leer con atractivo desde el primer capítulo 'Experimentos mentales históricos' en el que de modo fácil se describen los 'experimentos' de Darwin y Einstein, sin duda de interés siempre y para un gran número de lectores. Y de igual modo discurren el resto de los capítulos pasando por aquel tan relevante y de actualidad y debate como el titulado 'la mente como ordenador', hasta llegar casi al final con el tema sobre 'experimentos mentales sobre la mente'. Sin entrar en patrones, algoritmos y constructos de la inteligencia artificial, en los que el lector debe bucear por sí mismo. Destaco que el poso que queda tras su lectura, el destilado final, es como si fuera alcanzable y previsible construir una máquina artificial 'humana'. En este sentido suena todo como una loa a los poderes de máquinas inteligentes, todo-poderosas, capaces de resolver cualquier problema en el futuro y que nos permitirían incluso trascender la velocidad de la luz utilizando 'agujeros gusano' a través del espacio. Es decir, y como allí se expresa con gran optimismo, ¿Cuánto tiempo llevará expandir nuestra inteligencia en su forma no biológica a través del Universo...?

Se trata, sin duda, de un buen libro, aun cuando no exento de ciertas críticas, particularmente las que provienen de la neurociencia. Y desde esta última perspectiva quiero señalar, y coincidir en parte con el autor, la posibilidad de 'crear una mente' basada fundamentalmente en lo que conocemos acerca de lo mas 'computacional del procesamiento de la información sensorial (visual) o motora en el cerebro'. Precisamente hoy se conoce mucho y bien acerca de cómo se construye, en términos neuronales y computacionales, la imagen de un objeto visual a través de sus muchos determinantes como son el procesamiento paralelo de patrones en la forma, color, movimiento, profundidad, orientación, contexto y un largo etcétera en donde además influyen funciones como las del aprendizaje, la memoria o incluso el lenguaje. Y finalmente la resolución visual del objeto con el llamado binding problem. De igual modo se poseen conocimientos avanzados sobre la construcción del plan y programas neuronales que permiten el movimiento coordinado y la conducta. Pero aún así, todo esto es solo una aproximación parcelada de esas mismas funciones (visuales y motoras), en las que siguen faltando otros importantes ingredientes como son el significado emocional de lo que se ve, o se toca, o se alcanza voluntariamente cuando queremos coger una cosa que hay delante de nosotros. Y sobre todo la conciencia de esa emoción, que es el sentimiento que permite hacer brotar ese 'pensamiento sentido de lo que se ve' y sobre lo que se actúa. Esto último todavía requiere caminar un largo trecho antes de poder ser atacado utilizando el método científico tal cual lo conocemos.

Por tanto, desde el rigor del conocimiento que nos proporciona la neurobiología actual, hay un salto cualitativo hasta alcanzar, con la inteligencia artificial, la posible 'construcción de una mente humana' Abundando en esto último quiero señalar que precisamente la emoción, los sentimientos y la conciencia son procesos centrales y necesarios para conocer como funciona un cerebro humano y por ende como éste destila la mente, lo que incluye el gran capítulo de la subjetividad y ese desconocido 'yo consciente'. Problemas estos últimos sin perspectivas de ser resueltos antes de ese año 2029 que es cuando el autor vaticina que la inteligencia artificial no podrá distinguirse de la humana.

Permítanme los lectores un breve apunte más sobre lo que acabo de señalar y que pienso es relevante en este contexto. Por ejemplo, el libro diseca en el cerebro, y como se ha venido haciendo clásicamente, los procesos neurales, substrato de la emoción, de aquellos otros que lo son de la razón, según se quiera obtener información acerca de las emociones o de la propia cognición. Sin embargo hoy se apunta que tal separación no existe, y que el cerebro funciona pasando la información sensorial de lo que nos rodea, orquestada por los códigos del propio cerebro, al cerebro límbico (emocional) en donde adquiere significado, sea este de bueno o malo, placentero o doloroso. Y es después que esta última información, 'coloreada emocionalmente', pasa al resto de las áreas del cerebro en donde en las áreas de asociación de la corteza cerebral se construyen los abstractos y con ellos su distingo y clasificación y con ello la propia cognición (pensamiento y conciencia). No hay pues razón sin emoción. No hay procesamiento de abstractos o ideas ajeas a la impregnación emocional y de sentido de supervivencia que estos abstractos contienen. Sin ese conocimiento, sin ese diseño, es difícil creer que pueda construirse ninguna 'máquina' que se aproxime al funcionamiento del cerebro humano. Por eso no comparto la idea del autor cuando señala que "...si lo que se persigue es (conocer) solo la inteligencia cognitiva humana, entonces el neocortex (la corteza cerebral) es suficiente".

Desde la neurociencia actual, además, me permito señalar algunos 'pequeños aspectos conceptuales' vertidos en el libro que a mi, personalmente, me parecen un tanto anacrónicos, como aquellos del 'cerebro reptiliano' o 'cerebro antiguo-cerebro moderno' que se alejan de los conceptos de la función integrada y distribuida en códigos de tiempo a lo largo y ancho de todo el cerebro. O la adscripción simplificante de ciertas funciones cognitivas a neurotransmisores concretos como la dopamina, serotonina o noradrenalina, cuando hoy se sabe de la dinámica de muchos neurotransmisores en solo el 'pequeño ordenador' que es una sola sinapsis y que liberados conjuntamente interaccionan con múltiples receptores. Y de sus cambios plásticos y dinámicos a lo largo del día. Y todo ello sin añadir que mas allá de esas 'células nobles' que son las neuronas, está el importante papel de ciertas células gliales, los astrocitos, relevantes en la función de otros neurotransmisores, como el ácido glutámico y el GABA, en la corteza cerebral y por ende relevantes como sustrato neural de las altas funciones cognitivas humanas.

Y un apunte también breve, casi al final, referido a 'cerebro y ordenadores' y a esa pregunta vertida en el capítulo ocho. Pregunta de gran controversia en la respuesta y que el autor deja realmente abierta, cuando a mí me parecería que la respuesta debiera ser rotunda y definitivamente clara, es decir, NO. Los ordenadores 'sin son máquinas' que nunca entenderán, por su diseño, lo que entiende el cerebro humano, que es la necesidad de comer, beber y reproducirse, y con ello dedicar todo su funcionamiento a esa lucha azarosa por la supervivencia. Esa diferencia viene marcada por un complejo proceso de azar, reajustes y determinantes sucedido en ese duro banco “real” de la evolución biológica a lo largo de cientos de millones de años. Frente a ello el ordenador es un 'pobre' trabajo de apenas unos cien años hecho por el hombre.

En definitiva, aparte criticas que todo trabajo conlleva, considero que se trata de un libro muy interesante y desde luego importante de alta divulgación. Libro de interés tanto para los amantes de la inteligencia artificial como para los estudiosos de la Neurociencia. Libro que permite pensar y soñar, ingredientes sin duda imprescindibles para el funcionamiento de toda mente humana. Su lectura difícilmente dejará impasible una mente crítica.


Museos y colecciones de Historia Natural. Investigación, educación y difusión.

AUTOR  | González Bueno, Antonio y Baratas Díaz, Alfredo (Eds.). Memorias de la Real Sociedad Española de Historia Natural. Segunda época. Tomo XI, 2013. 422 págs.

UNA MINUCIOSA Y MUY ÚTIL CENSO-GUÍA DE LAS COLECCIONES ESPAÑOLAS DE HISTORIA NATURAL
Reseña realizada por Alberto Gomis
Universidad de Alcalá

En 1903, el mismo año en que por real decreto del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, sancionado por el rey Alfonso XIII, le fue concedido el título de Real Sociedad a la Española de Historia Natural, comenzaron a publicarse las Memorias de la Real Sociedad Española de Historia Natural. Aquel primer volumen de las Memorias..., que apareció en fascículos entre 1903 y 1910 y que contó con el auxilio económico del Ministerio de Estado, estuvo dedicado a los "Materiales para el conocimiento de la fauna de la Guinea Española", materiales que habían sido recolectados por Manuel Martínez de la Escalera en aquella región, por entonces española, y a cuyo estudio se brindaron los principales especialistas del momento.

Desde entonces han transcurrido 110 años. La Real Sociedad Española de Historia Natural sigue existiendo, es la sociedad científica privada más antigua que existe en nuestro país y, pese a que la guerra civil interrumpió la publicación de las Memorias..., en una segunda época de estas, que arrancó en 1998, ha visto la luz el tomo que comentamos, el onceavo de la segunda época, en el que se rinde homenaje a uno de los temas que siempre han estado presente en la Sociedad, los museos y colecciones de Historia Natural.

El volumen arranca con una visión general sobre la evolución histórica de las colecciones de Historia Natural y la de aquellas que están vinculadas a la investigación científica, a cargo de los editores del mismo. A continuación figuran una serie de trabajos redactados por diferentes especialistas de algunos de los centros de investigación más contrastados. Así, mientras que Esther García Guillen, del Real Jardín Botánico, pasa revista a los jardines botánicos como centros de difusión y conservación, Rafael Pablo Lozano y Silvia Menéndez, del Museo Geominero, hacen lo propio con las colecciones geológicas de museos públicos.

Tres son los trabajos cuya autoría se debe a personal del Museo Nacional de Ciencias Naturales: el de Isabel Rey Fraile, que se ocupa de las colecciones de tejidos y ADN; el de Isabel Izquierdo Moya, donde se analiza el potencial de conocimientos que albergan los materiales biológicos para el desarrollo de investigaciones sobre biodiversidad; y el de José Enrique González-Fernández, donde se proponen una serie de parámetros para la catalogación moderna de colecciones.
Ana Rodrigo, del Museo Geominero, se ocupa, a continuación, de la función social de los museos de Historias Natural, mientras que Ana M. Correas, de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, expone el inicio de las redes para la difusión de los museos, y Pedro Ruiz-Castell, del Institut d´Història de la Medicina i de la Ciència 'López Piñero', se centra en el papel desempeñados por unos pocos objetos en los estudios de Historia Natural, en particular de la evolución del microscopio óptico al electrónico.

Pero el grueso del volumen, casi trescientas páginas, se dedica a presentar un muy útil censo-guía de las colecciones españolas de Historia Natural, aproximadamente unas 600 colecciones, de las que se proporciona la ubicación física, los datos de contacto y la descripción de lo que recoge cada una de ellas. Sus autores, Antonio González Bueno y Alfredo Baratas Díaz, han sido muy minuciosos en la búsqueda de todos estos 'templos de Natura' que organizan en onces bloques, de acuerdo con la naturaleza de sus colecciones, lo que allana la búsqueda de la colección que interesa, como también lo facilita, de modo extraordinario, el índice de las colecciones ordenado por provincias, y dentro de éstas por municipios, que figura en las últimas páginas.

Todo el tomo merece el aplauso y agradecimiento de la comunidad de naturalistas, y aún del simple aficionado a las Ciencias Naturales, por encontrar en él, junto a las reflexiones y valoraciones de los expertos que trabajan con algunas de las más importantes colecciones, la exhaustiva relación de centros, desde los más grandes a los más modestos, en los que los autores han encontrado colecciones de interés naturalista. Reconocimiento que hacemos extensible a la Real Sociedad Española de Historia Natural por su larga trayectoria y por seguir propiciando el encuentro de los naturalistas, pues no debemos olvidar que la realización de este tomo se vinculó a la celebración de su XX Bienal.


Odón de Buen: Toda una vida

AUTOR  | Calvo Roy, Antonio. Ediciones 94/Diputación Provincial de Zaragoza/Ayuntamiento de Zuera. ISBN 978-84-88921-74-1; 277 páginas.

UN MAGNÍFICO ENSAYO HISTÓRICO DEL FUNDADOR DEL INSTITUTO ESPAÑOL DE OCEANOGRAFÍA
Reseña realizada por Javier Puerto
Catedrático UCM
De la Real Academia de la Historia. De la Real Academia Nacional de Farmacia.

   La Historia de la Ciencia española es, todavía, una cuestión pendiente de la Cultura y la Historia en España. Aunque en la actualidad los científicos tienen una relativamente mayor presencia en los medios de comunicación, no se considera necesario, para ser una persona culta, el conocer qué científicos españoles descubrieron elementos químicos, o quiénes intervinieron en expediciones científicas en los siglos XVI y XVIII y mucho menos, cómo ha sido la práctica científica en España a lo largo de los siglos, de manera tal que aparece siempre como una actividad pendiente de un hilo y surgida de la nada institucional, como las setas tras las lluvias de Otoño.
    Los interesados en la Historia de la Ciencia española saben de lo falso de esa interpretación. Con mayores o menores medios, el Estado se ha ocupado siempre de la actividad científica. El gran fallo, en nuestro suelo, ha sido la discontinuidad en los esfuerzos y la falta de contacto entre las comunidades científicas y los financieros, con lo cual la revolución industrial o no se ha producido, o se ha hecho con mucho retraso o mediante importaciones tecnológicas masivas.
   En éste contexto social, en donde si se pregunta a un ciudadano medio por el nombre de un científico no contemporáneo acaso recordará a Santiago Ramón y Cajal, por su Premio Nobel y, en pocas ocasiones a Severo Ochoa, quien consiguió la misma condecoración para la Ciencia practicada en USA, no es de extrañar el olvido de Odón de Buen (Zuera, 1863-México, 1945), incrementado por el manto de silencio impuesto durante la Dictadura franquista a quienes habían perdido la contienda, agravado, en éste caso, por un cierto carácter demoníaco con el que el nacional-catolicismo quiso adornar a la figura del profesor.
   Es necesario aclarar, en cualquier lugar, que el silencio se agravó por su condición político religiosa, pero el desconocimiento pesa, en casi idéntica medida, sobre otros científicos destacados de su época, de ideología muy distinta.
   Don Odón fue un hombre de procedencia modesta, gran inteligencia y enorme esfuerzo, como otros de su generación o posteriores, tales como José Rodríguez Carracido o José Giral. Empeñado en el estudio de las Ciencias Naturales, en un país con una larga tradición en ese área, pero con tan escasa institucionalización y profesionalización de los expertos que, o eran nobles, o sacerdotes, o militares o boticarios; de Buen optó por la enseñanza universitaria. Catedrático en Barcelona empezó a tener problemas con la jerarquía religiosa por la defensa del darwinismo expuesta en sus textos, por sus opiniones librepensadoras y laicas, cercanas a la Escuela Moderna de Ferrer Guardia y a una cierta forma de anarquismo ideológico del que se apartó en sus componentes violentos. 
   Sus textos, en su totalidad, los incluyeron en el Índice y, a causa del Concordato con la Santa Sede, se le intentó apartar de la docencia, frente al apoyo de sus alumnos, en una situación que hoy parece chusca por el cambio de actitud de los elementos en conflicto, pero forma parte de la larga confrontación para obtener la libertad de cátedra en nuestro suelo y le valió a Don Odón una fama que luego le perseguiría, dramáticamente a él y a su familia, durante toda la vida.
   En Madrid fue el creador del Instituto Español de Oceanografía, cuyo precursor fue González Linares y en él, en su sección de Química marina, encontró trabajo José Giral cuando dejó su cátedra de Química Orgánica de Salamanca. Ese Instituto, con él al frente, alcanzó el máximo prestigio internacional y comenzó una serie de estudios científicos sobre el mar y su fauna que hoy serían altamente valorados, en su metodología, en la utilización de buques y tecnología científica, en sus resultados y en su proyección internacional.
   De Buen colaboró con la Dictadura de Primo de Rivera, de quien era amigo, desde la Dirección General de Pesca. Llegada la República, el antiguo republicano y masón vio como sus amigos y discípulos, entre ellos Giral, entonces Ministro de Marina, le mantuvieron al frente del Instituto pero encuadrado en la nueva Subsecretaria de Marina Mercante. Él es uno de los pocos republicanos que se atrevió a criticar los excesos en el amiguismo, nepotismo y ambiente clientelar existente en algunas de las reformas republicanas, aunque con prudencia y achacándolas a desconocimiento de sus amigos responsables.
   La guerra civil le cogió, ya jubilado, en Mallorca. Su fama de masón, republicano, laico o ateo, su fama sulfúrea, hizo que le encarcelaran durante un largo periodo de tiempo. Le salvó de males mayores su prestigio científico en España y en Europa y la intervención de sus amigos científicos del resto del mundo. Al final fue canjeado por la única hermana viva, que permanecía en territorio republicano, de José Antonio Primo de Rivera. El encargado de los canjes era el Ministro José Giral.
   La guerra, sin embargo, le pasó otra cuenta imposible de superar. Su hijo Sadi de Buen, médico y afiliado al PSOE, fue uno de los luchadores infatigables contra el paludismo, bajo la dirección de Gustavo Pittaluga. Él se encargó de introducir la Gambussia, un pez que se comía las larvas del mosquito Anopheles transmisor de la enfermedad, inaugurando así un método de control biológico de la misma, gracias al cual, entre otros, el paludismo hoy en España no es casi ni un recuerdo. Cuando se sufrió el golpe de Estado franquista, fue detenido en Córdoba y, al contrario que a su padre, los sublevados no respetaron su vida y lo fusilaron. Su asesinato resulta tan incomprensible, dentro de lo incomprensibles que lo son todos, como el de García Lorca y causó tanto revuelo y escándalo como el del poeta en la prensa internacional, aunque hoy en día es uno más de los muchísimos sucedidos. Similares a él fueron los de Muñoz Seca, a cargo de elementos republicanos y el terrible del Doctor Peset en Valencia, éste ya cuando las armas habían callado sus voces y pese a las peticiones de clemencia de la inmensa mayoría de las fuerzas políticas y sociales valencianas. Asesinatos que ejemplifican, por su visibilidad, la barbarie desatada contra personas no sólo inocentes, sino ejemplares, en uno y otro bando.   
Don Odón nunca se recuperó del golpe. Se exilió en Francia tras la guerra civil y, a la muerte de su esposa, le hubieron de trasladar a México, con los alemanes a punto de ocupar la zona de Vichy, otra vez Giral que ocupaba un puesto destacado en la JARE. Allí recibió su último homenaje, de la boca del mismo personaje y un recuerdo emocionado de la memoria de su hijo Sadi, falleciendo al poco tiempo.
   Odón era un buen científico, reconocido internacionalmente, un gran organizador científico y un hombre libre y liberal, de creencias políticas republicanas y militancia masónica. El Instituto Español de Oceanografía siguió y sigue funcionando con un alto grado de excelencia, pero su figura fue hurtada al conocimiento público hasta fechas recientes.
De su memoria se ocupó su pueblo natal de Zuera (Zaragoza) y algunos historiadores de la Ciencia.
   Antonio Calvo Roy, periodista científico, en la actualidad Presidente de la Asociación Española de Comunicación Científica, que se había adentrado con anterioridad por los caminos de la Historia de la Ciencia, nos presenta ahora un magnífico ensayo histórico en donde lo narrado a vuela pluma por mí se estudia en profundidad. Para ello ha tenido la suerte de contar con las conocidas memorias de Don Odón, pero lejos de contentarse con ellas ha efectuado una intensa investigación en la prensa de la época y en los archivos especializados, con lo cual nos ofrece un libro extenso, bien documentado y redactado, editado con esmero en la tipografía y en las ilustraciones, para el que ha contado con la ayuda de la Diputación de Zaragoza y del Ayuntamiento de Zuera.
   El mencionado libro viene a ocupar una importante laguna de la historiografía española, no sólo la científica, y le auguro y deseo un buen transcurrir en la vida intelectual y una gran difusión, por su fácil lectura, por lo interesante de la vida expuesta, por la intensidad en el trato del biografiado y porque el personaje merece ser conocido, respetado y admirado.


Un mundo feliz

AUTOR  | Huxley, Aldous, edición y traducción de Jesús Isaías Gómez López. Letras Populares, Cátedra, Madrid, 2013, 493 pp. ISBN 978-84-376-3137-0. (Brave New World, 1932.)

EL EXPERIMENTO DE CHIPRE

Descendiente de una tradición de agnosticismo (su abuelo, Thomas Huxley, acuñaría la palabra agnostic en 1869) y de la tensión entre cultura y anarquía que Matthew Arnold (tío de su madre) creía irresoluble, y autor de una vasta obra en prosa y en verso que recorre prácticamente todos los géneros literarios, Aldous Huxley (1894-1963) parece condenado a ser leído únicamente como el visionario creador de Un mundo feliz, como se conoce en español su novela Brave New World, publicada en 1932 y de la que Huxley daría, en 1958, una explicación mucho más sencilla que las sofisticadas interpretaciones que se han dado de su utopía o 'distopía', una palabra que la Academia española no ha incluido aún en el diccionario y que tal vez resulte redundante: el sentido de 'utopía', desde que Thomas More titulara así su célebre obra en 1516, ya es 'distópico'. En el último capítulo de Brave New World Revisited, Huxley hablaría, sencillamente, de la posibilidad de ser educados para la libertad. Un mundo feliz es, en lo esencial, una reacción personal del autor contra la educación familiar que había recibido y que, bajo el barniz de la alta cultura etoniana, escondía una desesperanza incurable. No es una casualidad que, en la conversación final entre el controlador Mustapha Mond y John el Salvaje, Huxley mencione al cardenal Newman, cuya conversión al catolicismo había sido una advertencia contra la extraña inconsecuencia de los Huxley y los Arnold. La marcha de Huxley a los Estados Unidos, su experimentación con la 'psicodelia' (que la Academia admitirá en la nueva edición del diccionario) y la búsqueda de la salvación en los textos sagrados del Oriente tienen que ver con esa reacción y adquieren, retrospectivamente, un valor de lectura para Un mundo feliz. Sin embargo, Huxley no lograría desprenderse nunca de la superstición o del fetichismo de la literatura. El uso de Shakespeare en Un mundo feliz, desde el título mismo de la obra en el original, tomado de La tempestad, es, probablemente, una de las críticas literarias más poderosas que se hayan escrito nunca. La risa de Helmholtz al oír los versos de Romeo y Julieta o la confesión de Mond de haber leído a Shakespeare no resultan más patéticas que el esfuerzo inútil de John por encontrar una cita para cada circunstancia. El Salvaje no puede desembarazarse de Dios porque no puede librarse de la gramática shakespeareana, que no le acerca más a la realidad de lo que el soma aleja de ella a los ciudadanos de Un mundo feliz, 'a salvo de los libros' y contentos con el 'sensocine' (véanse las páginas 224 y 363).

Esta nueva traducción, que respeta escrupulosamente el original -aunque limitada por la inamovilidad que han adquirido algunos términos y pasajes, desde la traducción misma del título- y está acompañada de una extensa introducción, forma parte de una colección marcada por la 'distopía': Un mundo feliz sigue a Nosotros de Zamiátin, Dudo Errante de Russell Hoban, Paz en la tierra de Stanisław Lem o Las puertas de bronce de Raymond Chandler, entre otros autores (dos de ellos cultivadores del género fantástico en español: Pilar Pedraza y José María Merino). La tradición utópica se remonta hasta Platón, pero Huxley intuyó con acierto que ἀτοπία era una referencia ad hominem más que una descripción topográfica. Esa atopía socrática es lo que caracteriza el conocimiento que Helmholtz y Bernard Marx tienen en la novela de ser 'individuos' (p. 267).

Leída en 2013, casi cien años después de haber sido escrita, Un mundo feliz invita al equívoco juego de las premoniciones. Dos de ellas -la referencia a las Malvinas y 'el experimento de Chipre'- podrían servir como ejemplo de anticipación. Las Malvinas y Chipre son, como la Utopía de More, islas, y La isla sería el título de la última obra de Huxley. El "experimento de Chipre" merece ser citado por completo: "Todo comenzó en el año 473 de Nuestro Ford. Los controladores hicieron evacuar a todos los habitantes de la isla de Chipre y la recolonizaron con una hornada especialmente preparada de veintidós mil Alfas. Se les entregó todo tipo de herramientas industriales y aperos de labranza y se les dejó que se las arreglaran ellos mismos. El resultado cumplió exactamente todas las previsiones teóricas. La tierra no fue labrada adecuadamente; había huelgas en todas las fábricas; las leyes no se cumplían, las órdenes no se obedecían; las personas destinadas a trabajos inferiores estaban inmersas en continuas intrigas para conseguir los empleos de mayor rango y todos los que ocupaban esos importantes cargos conspiraban para mantenerse en el puesto a cualquier precio. En menos de seis años ya tuvieron una guerra civil de primer orden. Cuando ya habían muerto diecinueve mil de los veintidós mil, los supervivientes solicitaron unánimemente a los controladores mundiales que asumieran el gobierno de la isla, cosa que hicieron. Y ese fue el fin de la única sociedad de Alfas que una vez viera el mundo" (p. 425).
La traducción del 'experimento de Chipre' sería más o menos así: privado progresivamente de la educación para la libertad, el Estado del Bienestar, como la 'sociedad de Alfas' o la 'ciudad de los cerdos' platónica, prefirió la servidumbre. ¿Son Helmholtz y Bernard Marx -exiliados en las Malvinas- la única esperanza de un mundo infeliz?

Reseña realizada por Antonio Lastra
Instituto Franklin de Investigación en Estudios Norteamericanos
Universidad de Alcalá


El fin del envejecimiento. Los avances que podrían revertir el envejecimiento humano durante nuestra vida

AUTOR  | De Grey, Aubrey y Rae, Michael. Lola Books, 2013. 489 páginas.

¿ES POSIBLE UN MUNDO SIN EDAD?
Reseña realizada por José Luis Fernández Nuevo
Fundación General CSIC

La comunidad científica que estudia la biología del envejecimiento está de acuerdo en que los avances en gerontología podrían retardar los procesos de envejecimiento y aumentar sustancialmente nuestra edad media con un aumento claro de la calidad de vida. En este sentido el Dr. Aubrey de Grey, afamado gerontólogo inglés especializado en terapias de prolongación de la salud y la longevidad, es quizás uno de los investigadores más optimistas en este campo.

En su nuevo libro publicado y traducido al español por la editorial lolabooks, titulado El fin del envejecimiento. Los avances que podrían revertir el envejecimiento humano durante nuestra vida, los autores el Dr. Aubrey de Grey y su asistente de investigación Michael Rae exponen el concepto del envejecimiento biológico del cuerpo humano como resultado de la acumulación de varios tipos de daños y lo comparan con el envejecimiento que se produce en las máquinas diseñadas por el hombre, las cuales pueden ser reparadas periódicamente, lo que podría llevar a la prórroga indefinida de la vida útil de estas máquinas, tal como se hace por ejemplo en los coches clásicos.

Los autores conjeturansobre cómo la sociedad actual podría conceptuar el envejecimiento como una enfermedad o una pandemia y no como una consecuencia lógica del paso del tiempo, permitiendo a la ciencia actual, con pequeños avances en el conocimiento, aumentar la longevidad y evitar la muerte por vejez. En este libro se hace una recopilación y evaluación del estado de la ciencia sobre conocimientos actuales en la biología del envejecimiento y se describen lo que los autores consideran como siete obstáculos fundamentales o retos, que nos separan de conseguir la meta soñada para el tratamiento preventivo contra el envejecimiento y porqué esta puede ser una meta realista. Las siete líneas de investigación que se describen son:

  • Mutaciones en el ADN mitocondrial y el efecto de los radicales libres.
  • Los efectos de los agregados intracelulares y la acumulación de moléculas no digeribles en los lisosomas, vesículas intracelulares para digerir los desechos metabólicos.
  • Agregados extracelulares que se acumulan fuera de las células y tejidos, formando redes de proteínas dañadas (amiloides), perjudicando su funcionamiento y contribuyendo al envejecimiento. Se mencionan varios ejemplos, como son los casos de la beta amiloide en la enfermedad de Alzheimer o la transtiretinacuya función es transportar las hormonas tiroideas en sangre, siendo responsable de la amiloidosis cardiaca senil, etc.
  • Modificación postraduccional permanente de las proteínas por la glucosa (Glicación) que deterioran la elasticidad de los tejidos y provocan el endurecimiento de las artérias y del corazón, de los pequeños vasos sanguíneos de los ojos produciendo las famosas cataratas o deteriorando las bandas de mielina del sistema nervioso, etc.
  • Acumulación de células resistentes a las señales de la apoptosis, produciéndose un acúmulo de células dañadas y tóxicas para el organismo(llamadas por los autores “células zombis”)que da lugar además, a efectos supresores sobre otras células sanas. Como son el declive del sistema inmunológico durante el envejecimiento como consecuencia, por ejemplo de infecciones víricas latentes (herpes, varicela zoster, citomegalovirus, etc), los casos de aumento del tejido adiposo como precursor de señales de inflamación sistémica y resistencia a la insulina, etc. o como el caso de la senescencia celular produciendo la pérdida de capacidad de las células para regenerarse y emitir señales que favorecen la proliferación de células cancerígenas.
  • Pérdida celular asociada al envejecimiento y el uso de células madre embrionarias (CMEs) para el saneado y el mantenimiento de los tejidos. En este sentido los autores describen el uso experimental de CMEs para enfermedades como Parkinson, problemas en el timo, daños por ataque cardiaco, etc.
  • Mutaciones cromosómicas que pueden desarrollar cáncer. En una curiosa vuelta de tuerca a la teoría de las mutaciones nucleares, los autores plantean que no es necesario preocuparse por la influencia de las mutaciones de ADN nuclear sobre los procesos de envejecimiento, ya que incluso aquellas mutaciones realmente dañinas, el daño que infringen está en su mayor parte concentrado sólo en unas pocas células de modo que cualquier hueco que genere su mal funcionamiento puede ser cubierto por otras células adyacentes. Aun así, los autores manejan una excepción a esta regla: el cáncer. Por tanto según sus teorías, se puede sencillamente ignorar las mutaciones cromosómicas, "si y solo si", se encuentra una forma verdaderamente efectiva de proteger ante esta enfermedad letal. El Dr. de Grey propone una terapia sorprendente denominada WILT (Interdicción del alargamiento de los telómeros en todo el organismo) en el que se busca un doble objetivo, eliminar la telomerasa de todas las células y remplazar con células madre reprogramadas. Esto conllevaría tratamientos al estilo del mantenimiento de los coches, intervenciones "cada 15.000 Km".

Ante estos siete retos el Dr. de Grey plantea un enfoque llamado Strategiesfor Engineered Negligible Sensescence (SENS) o estrategias para la ingeniería de un envejecimiento nulo como un plan integral para vencer al envejecimiento, que se apoya en estudios avalados por las ramas más vanguardistas de la biomedicina y que reduce solamente a siete, las clases de daño con los que la ciencia debería lidiar para obtener tecnologías y terapias médicas concretas para conseguir evitar la muerte por vejez. Este plan, según los autores, diseña una estrategia no convencional en la que se centra no en el daño real que el organismo acumula al envejecer, sino en los procesos metabólicos que causan la acumulación de dicho daño. Por tanto este enfoque plantea que no es necesario repara todas las formas posibles de daño a la vez causadas por el envejecimiento, sino tratar previamente los siete factores que más contribuyen a la fragilidad del envejecimiento dentro de lo que es la esperanza de vida actual.

Como un objetivo añadido, los autores parecen también buscar estímulos para que las investigaciones específicas en técnicas que aumenten la longevidad sean más apoyadas y se insta al lector a tomar un interés activo. Como se cuenta en el último capítulo del libro (Bonos de guerra para la campaña contra el envejecimiento), el Dr. de Grey, junto con otros colegas fundó en 2003 el Premio del Ratón Matusalén (Methuselah Mouse Prize o MPrize), dotado con tres millones de dólares para el científico que demuestre la viabilidad de alguna terapia regenerativa en ratones. Su razonamiento es que, una vez el objetivo se logre en roedores, se abrirán las arcas públicas y privadas para financiar estas investigaciones y esto podría acelerará exponencialmente la consecución de más resultados.

En lo referente a la estructura del libro este se divide en tres secciones diferenciadas. La parte I explica por qué el rejuvenecimiento es factible y urgente, mientras que la parte III se refiere a las estrategias tanto políticas como financieras para alcanzar los objetivos de SENS.

La parte II es el núcleo científico de la obra(más del 60% del libro), con un capítulo dedicado a cada una de las siete estrategias de SENS. El Dr. de Grey y Mr. Rae han hecho un trabajo exhaustivo de recopilación y ensamblaje del conocimiento científico generado en referencia a las investigaciones sobre la biología del envejecimiento en un libro de cerca de 500 páginas. Incluso aquellos que no están interesados en el rejuvenecimiento pueden aprender mucho de la biología molecular mediante un formato de explicaciones coloquiales. Los autores han realizado un esfuerzo de imaginación para encontrar ejemplos cotidianos y analogías que simplifican en gran medida una ciencia muy compleja.

Aunque no estuviéramos de acuerdo en algunos de los argumentos que esgrimen los autores, al menos realiza reflexiones sorprendentes y curiosas fuera de la convencionalidad científica. Y si el libro deja insistentes preguntas sin respuesta, también plantea nuevas cuestiones apremiantes sobre lo que es posible, con el tiempo y la imaginación suficiente.


Exoplanetas.

AUTOR  | Giménez Cañete, Álvaro. CSIC- Libros de la Catarata. Madrid, 2012. 136 páginas.

OTROS MUNDOS
Reseña realizada por Luis Cuesta Crespo
Jefe de la Unidad de Cultura Científica del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA)

En la historia del pensamiento hay preguntas que se repiten continuamente. Muchas de ellas están relacionadas con la vida y, entre ellas, destaca la de saber si la Tierra es el único planeta con vida en el Universo. Antes de 1995 ni siquiera se podía estar seguro de que hubiese otros planetas aparte de los del Sistema Solar pues no se habían podido observar. Por eso, el descubrimiento del primer exoplaneta por Michel Mayor y Didider Queloz marcó un hito en esta historia difícil de igualar hasta que llegue el ansiado momento del anuncio de la identificación de vida en otro mundo. Después de ese descubrimiento, unas siglas en apariencia tan crípticas como 51 Peg b, el nombre del recién encontrado exoplaneta, se convirtieron en algo bastante conocido, lo que da idea de la importancia que tuvo en la sociedad. Al igual que sucedió cuando Copernico o Galileo destronaron a la Tierra del centro del Universo, 51 Peg supuso un nuevo cambio de paradigma al confirmar que el Sistema Solar no era único en el Universo.

Aparte de marcar este hito, Mayor y Queloz nos lanzaron a una carrera de descubrimientos de nuevos exoplanetas. Desde entonces se han encontrado varios cientos de exoplanetas (actualmente más de 800 pero la lista crece casi cada día) con tamaños muy variables, desde los llamados súper-Júpiter o Júpiter calientes hasta las súper-Tierras. El final de esta carrera es la identificación de un planeta similar a la Tierra, alrededor de una estrella como el Sol y en lo que llamamos la zona de habitabilidad (la región de distancias a la estrella donde el agua estaría líquida).v En ciencia, y mucho más en Astrofísica que no podemos "tocar el experimento", la existencia de varios ejemplos entre los que identificar semejanzas y diferencias e interpretar sus causas supone una gran ayuda a la hora de realizar un estudio. Por tanto, esta en apariencia alocada carrera sirve para completar un panorama que nos ayude a entender cómo se formó nuestro propio Sistema Solar y que proporcione un marco en el que situar la gran variedad de posibles planetas.

La observación de la atmósfera de un exoplaneta es ya un hecho. La técnica consiste en comparar la luz que nos llega de la estrella cuando en exoplaneta transita por delante y cuando no lo hace. La diferencia es debida a la traza de la atmósfera del exoplaneta. Así se ha podido identificar hidrógeno (algo bastante evidente para un exoplaneta parecido a Júpiter), sodio y oxígeno. Pero aún se está muy lejos de poder analizar en detalle está atmósferas y, por tanto, de estar en condiciones de identificar indicios de vida (si es que sabemos cuáles son) en ellas.

Claramente éste es un problema de la ciencia que capta la atención de la sociedad por sus implicaciones por lo que presentar un libro sobre exoplanetas viene a cubrir una demanda de conocimiento sobre el tema y Álvaro Giménez el investigador más indicado para escribirlo. Él es un investigador que ha trabajado extensamente en este tema y en muchos otros relacionados con la Astrobiología.

A lo largo de sus páginas, en este libro aprendemos sobre exoplanetas pero, a la vez, aprendemos historia y astrofísica. Pero lo que más destaca es la manera de explicar astrofísica aprovechando la excusa de hablar de exoplanetas. Cada vez que se introduce un nuevo concepto para entender algo más sobre los exoplanetas el autor explica con sencillez el trasfondo físico y la conexión astrofísica que tiene.

Álvaro Giménez dedica el primer cuarto del libro a hacer un completo paseo por la historia del pensamiento filosófico y científico relacionado con los planetas y nuestro Sistema Solar y la concepción de otros mundos desde los primeros mitos hasta ahora. Es un repaso exhaustivo, ordenado y bien explicado de lo que significaba para cada civilización y cada época la concepción del Universo. Aprendemos en estas primeras páginas que la idea de la existencia de otros mundos, en otros planetas, ya había sido tratada por los griegos.

En la segunda parte se explica cómo se detectan los exoplanetas. Es un riguroso recorrido por los diferentes métodos que permiten identificar estos planetas alrededor de sus estrellas. Hay mucho y con muy diferentes requerimientos técnicos. Unos ya están desarrollados y aportan gran cantidad de nuevos exoplanetas, como el de la velocidad radial o el de tránsitos, y otros están por desarrollar y precisan de un mayor avance tanto en la instrumentación y las técnicas de observación como en el análisis de los datos.

Los nuevos exoplanetas descubiertos son muy variados en tamaños, masas y distancias a sus estrellas centrales. Hay mundos gigantescos, de varias veces el tamaño de Júpiter, con asfixiantes temperaturas por estar muy cerca de sus estrellas, pero también hay planetas más fríos y de tamaño moderado. Poco a poco se empiezan a encontrar, al ritmo en que avanzan las técnicas de observación, exoplanetas cada vez más parecidos a la Tierra en tamaño y distancia a su estrella. Esta cuestión de las características de los exoplanetas es tratada en el tercer capítulo.

Finalmente, el cuarto y último capitulo de este interesante libro se adentra en la posibilidad de la presencia de vida en estos extraños mundos pero sin perder de vista el origen de la Vida en la Tierra y los diferentes posibles escenarios en los que ésta surgió. En este contexto aparecen términos como habitabilidad, CHNOPS (los elementos químicos que fundamentalmente conforman la Vida), química prebiótica, ARN o ADN o atmósferas planetarias.

En definitiva, un libro imprescindible para entender la importancia de la existencia de Otros Mundos y saber mucho más sobre astrofísica.


17 ecuaciones que cambiaron el mundo.

AUTOR  | Stewart, Ian. Editorial Crítica. Barcelona, 2013. 432 Páginas.

DE LA IMPORTANCIA DE LAS ECUACIONES Y SUS APLICACIONES EN LA VIDA COTIDIANA
Reseña realizada por Manuel de León y Ágata A. Timón
CSIC. Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT)

Esta nueva obra de divulgación el autor inglés Ian Stewart muestra al lector no iniciado en la importancia de las ecuaciones matemáticas para la ciencia y la tecnología, y como ejemplo escoge 17 de las más relevantes a lo largo de la historia: el Teorema de Pitágoras, la relación entre el logaritmo de dos números y de su producto, la fórmula que define la derivada de una función con respecto al tiempo, la Ley de la gravitación universal, la Fórmula de Euler para los poliedros… y así hasta sumar 17. Dedica a cada una de ellas un capítulo, en el que presenta la historia de su creación, la importancia que tuvieron dentro de la misma matemática y algunas de las aplicaciones de la vida cotidiana que han dado lugar.

“Las ecuaciones son el alma de las matemáticas, la ciencia y la tecnología”, afirma Ian Stewart, en su nuevo libro 17 ecuaciones que cambiaron el mundo (Crítica, 2013). Pero, ¿qué es una ecuación? En general, una ecuación consta de dos miembros separados por un sigo de igual (=). Aunque nos parezca que hemos vivido siempre con este signo, nació tardíamente en 1557. Su creador fue Robert Recorde, que sustituyó la frase “igual a” por dos rectas paralelas, ya que no podía haber nada más parecido que esto.

En su libro Stewart distingue dos tipos: aquellas que relacionan diversas cantidades matemáticas y cuya certeza debe ser probada (por ejemplo, la bien conocida igualdad que expresa el teorema de Pitágoras), o esas otras que proporcionan información sobre una cantidad desconocida que debemos hallar (por ejemplo, la ley de la gravitación universal de Newton) y aportan información sobre el mundo real. En este ameno libro de divulgación matemática se presentan ecuaciones de ambas clases.

Según el Premio Nobel de Física Paul Adrian Maurice Dirac “es más importante en una ecuación conseguir la belleza a que la ecuación encaje bien con los experimentos”. En el caso que nos ocupa, la belleza se conjuga con la verdad y Dirac estaría quedaría muy satisfecho con la lectura de este libro. Stewart considera 17 ecuaciones, de las cuales 16 son igualdades y una es una desigualdad (el aumento de entropía propugnado por la segunda ley de la tremodinámica), que corresponden a los 17 capítulos del libro.

En cada una de las secciones el autor plantea estas tres preguntas: ¿Qué dice esa ecuación?, ¿por qué es importante?, y ¿qué provocó?, que contesta siempre de un modo magistral, que hace el texto muy ameno y nos impide dejar la lectura hasta el final.

La primera ecuación considerada es el teorema de Pitágoras, que ha llevado al desarrollo de la geometría, de la trigonometría, y nos ha permitido trazar mapas, medir la Tierra, desarrollar el GPS o descubrir las geometrías no euclidianas que son la base de la teoría de la relatividad de Einstein. Otra de ellas es la famosa fórmula de Euler para un poliedro: caras + vértices = aristas +2, y que está en la base de la topología y nos explica cómo se pliegan las proteínas, como actúan las enzimas sobre el ADN o como entender el movimiento caótico de los cuerpos celestes. Y así, Stewart continua hasta sumar quince ejemplos más.

La obra de Ian Stewart no es la primera en señalar la importancia de las ecuaciones en nuestras vidas. Ya en 1995, Michael Guillen, profesor de Harvard, publicó su libro Cinco ecuaciones que cambiaron al mundo (con una traducción en español en 1999 en Debate) con unas pretensiones similares. En el libro de Guillen la atención se centra más en la vida del autor de la ecuación, pero también describe cómo y porqué esa determinada ecuación cambió nuestras vidas. Obviamente, las cinco ecuaciones de Guillen están en gran medida incluidas en las 17 seleccionadas por Stewart.

Es un buen momento ahora para leer no sólo el libro de Stewart, sino acompañarlo con el de Guillen: son dos estilos, pero la misma pasión por divulgar la ciencia y las matemáticas. Descubriremos que las ecuaciones influyen en nuestras vidas mucho más que algunas decisiones políticas o conflictos armados, porque estos son transitorios, pero las matemáticas permanecen y trascienden civilizaciones.

Páginas