EL SESGO RETROSPECTIVO EN LA EVALUACIÓN DE LA ACTIVIDAD INVENTIVA (II)


En la anterior entrada, nos centrábamos en los problemas prácticamente insalvables que el conocido como “sesgo retrospectivo” plantea para la evaluación de la actividad inventiva. Esta segunda parte muestra que dicho sesgo está presente en numerosas otras situaciones de la vida. Para ello se comienza con el resumen de un estudio muy conocido que nos ilustra sobre su influencia en decisiones judiciales no relacionadas con la propiedad industrial. Para concluir, se analizan otros sesgos cognitivos presentes en la toma de decisiones.

 Ex postEx ante: Determining Liability in Hindsight”

Un interesante estudio sobre los efectos del sesgo retrospectivo en la toma de decisiones judiciales es el llevado a cabo por los investigadores Kim A. Kamint y Jeffrey J. Rachlinski, plasmado en la publicación del artículo Ex postEx ante: Determining Liability in Hindsight” de 1995.

Para entender el experimento debe saberse que en los casos de demanda judicial por negligencia en EEUU se sigue una máxima (Hand Formula) según la cual  la parte demandada debe asumir la responsabilidad por daños cuando el coste de la prevención de dichos daños es menor que el coste que provocaría un accidente multiplicado por la probabilidad de ocurrencia de dicho accidente. Para la correcta aplicación de esta fórmula, el jurado debe afrontar la difícil tarea de hacer un juicio ex post facto en base a una valoración de probabilidades ex ante.

El experimento que plantean los investigadores tiene por objetivo valorar el influjo del sesgo retrospectivo en el caso de una demanda por negligencia y la utilidad de advertir al jurado sobre este sesgo.

En concreto, se pidió a los participantes en el experimento que valoraran si las autoridades municipales deberían haber tomado precauciones (contratando a un operario durante los meses de invierno) para evitar el desborde del río a su paso por un puente levadizo. Como paso previo, se divide a los participantes en tres grupos a los que se plantea el caso desde diferentes perspectivas:

A un primer grupo se le plantea el caso desde una perspectiva a priori (Ex ante) según la cual, un comité municipal de previsión debe valorar la conveniencia de contratar a un operario que pueda abrir el puente levadizo durante los meses de invierno para prevenir el desborde del río, en términos de coste-beneficio para el municipio. Los participantes serían los miembros de dicho comité.

A un segundo grupo se le plantea el caso desde una perspectiva a posteriori (Ex post) según la cual, el río se ha desbordado causando daños materiales a un propietario, que ha demandado al municipio por negligencia al no haber contratado a un operario que habría podido evitar el desastre. Los participantes serían los miembros del jurado que va a valorar dicha demanda.

A un tercer grupo se le plantea el caso en idéntico modo que a los del segundo grupo, pero se añade una advertencia sobre los efectos del sesgo retrospectivo y se les pide realizar un análisis de los distintos escenarios planteables a priori, tal y como debieron hacerlo las autoridades municipales desde su perspectiva ex ante.

Después de escuchar cada grupo su versión del caso se hace entrega a cada participante de un cuestionario en el que se pregunta, a los participantes del primer grupo, si el municipio debería contratar un operario y a los participantes del segundo y tercer grupo, si el municipio es responsable de los daños por no haber contratado un operario. A los participantes de todos los grupos se les pide cuantificar la probabilidad de que ocurra un desborde del río en invierno en un año cualquiera.

El análisis de los resultados mostró que solo un 24% de los participantes del grupo 1 eligieron contratar un operario mientras que en los grupos segundo y tercero, en torno a un 56% de los participantes pensó que el municipio era responsable de los daños por no haber contratado al operario. En cuanto al cálculo de las probabilidades de un desborde del río en cualquier año, no se apreciaron apenas diferencias de estimación entre los participantes de todos los grupos, valorando todos esta posibilidad entre un 15% y un 20%.

En base a estos resultados se obtienen las siguientes conclusiones del estudio:

1. El sesgo retrospectivo tiene influencia en los casos judiciales de atribución de responsabilidades por accidente. Concretamente, una mayoría de participantes que realizaron el análisis “ex post” consideraron que la decisión (de no contratar al operario) llevada a cabo por más del 75% de participantes que realizaron el análisis “ex ante” fue negligente.

2. La advertencia al jurado sobre sus efectos parecen no tener apenas influencia en la reducción del sesgo. Resulta conveniente plantear nuevas técnicas de mejora de la comprensión cognitiva. Tales medidas podrían consistir en crear un conjunto de instrucciones más precisas dirigidas a que el jurado se vea obligado a plantearse diferentes escenarios de manera que el conocimiento de los hechos posteriores no tenga tanta influencia sobre el hecho juzgado.

 

Los sesgos cognitivos en la toma de decisiones

Para terminar, nos parece conveniente explicar que el sesgo retrospectivo es un caso particular de los sesgos cognitivos, también referidos como distorsiones cognitivas, cuyo estudio es de gran interés en los campos de la psicología cognitiva y la psicología jurídica.

Sostiene el jurista Arturo Muñoz Aranguren que  a partir de 1960, el llamado movimiento cognitivo trató de demostrar y hacer ver “los errores y sesgos en que incurre el ser humano, que se producen inevitablemente al utilizar la mente para procesar la información que recibe del exterior y emplear ésta una serie de procedimientos de simplificación, que tienden a reducir la complejidad de la información recibida, de modo que sea posible la toma de decisiones de forma eficiente”.

Los prestigiosos investigadores israelíes Daniel Kahnemann (Premio Nobel de Economía 2002) y Amos Tversky dejaron sentadas las bases del movimiento cognitivo en su artículo de 1974, Judgment under Uncertainty: Heuristics and Biases, en el que tratan de relacionar aquellas reglas cognitivas que, inconscientemente, todo ser humano aplica al procesar la información que recibe del exterior, y que permiten “reducir las tareas complejas de asignar probabilidad y predecir valores a operaciones de juicio más simples”.

Además del sesgo retrospectivo o el sesgo del punto ciego, comentados en la entrada anterior, existen otros sesgos muy habituales en la toma de decisiones. Sin intención de ser exhaustivos, introducimos a continuación algunos de estos sesgos más estudiados:

-       Sesgo de la representatividad (representativeness)

Este sesgo se fundamenta en la dificultad humana para resolver problemas de probabilidad en general, y de probabilidades conjuntas en particular.

En un experimento, se entrega a los participantes una breve descripción de un niño, Juan, que es un amante del deporte, siempre va al colegio con una pelota de futbol bajo el brazo y los domingos acude al estadio a animar a su equipo. A continuación, se pregunta qué es más probable que Juan sea de mayor: A) Un profesor de secundaria B) Un profesor de educación física en secundaria. Un porcentaje importante de participantes responde B, porque creen que esa opción resulta más representativa de la descripción que han leído de Juan, cuando matemáticamente es evidente que la probabilidad de B no puede ser mayor que la de A.

Este tipo de errores de juicio, provocados por el sesgo de la representatividad, puede dar lugar a la activación de estereotipos o a juzgar erróneamente a las personas.

-       Sesgo de anclaje (anchoring)

Este sesgo se fundamenta en la realización de una estimación, por parte del sujeto, a partir de un valor inicial (anclaje), que progresivamente ajusta a medida que obtiene información adicional. Numerosos estudios realizados acreditan cómo este procedimiento mental da lugar a resultados diferentes, simplemente por el hecho de que se haya empezado por un valor distinto.

Esta estrategia equivocada de formación de juicios también se da en valoraciones no numéricas. Por ejemplo, en los procedimientos de concesión de patentes, el juicio del examinador estará inevitablemente sesgado desde el momento que conoce la identidad del solicitante, particularmente en aquellos casos en los que se tiene una opinión previa de dicho solicitante, ya sea esta positiva o negativa, por haber tramitado expedientes suyos anteriormente.

Una variante del anclaje sería el sesgo de confirmación, que se caracteriza por la tendencia del sujeto a filtrar una información que recibe, de manera que, de forma inconsciente, busca y sobrevalora las pruebas y argumentos que confirman su propia posición inicial, e ignora e infravalora las pruebas y argumentos que no respaldan la misma y que potencialmente puedan hacerle variar su posición.

-       Sesgo de grupo (in group bias)

Esta distorsión cognitiva provoca el error de valorar de forma injustificadamente homogénea las actitudes, actos y opiniones de las personas que pertenecen al mismo grupo, y por la sola razón de pertenencia a ese grupo.

Un ejemplo de cómo este sesgo puede afectar en la toma de decisiones judiciales lo podemos encontrar en una Sentencia de la Audiencia Provincia de Cádiz, Sección 6ª, de 3 de junio de 2004, que condenó al acusado a 4 años y 7 meses de prisión, por un delito de receptación de capitales procedentes del narcotráfico -en su modalidad agravada por pertenencia a una organización-, sobre la base de unas presuntas “máximas de la experiencia” de las que, a decir del  Tribunal, se derivaba que quien comprara una embarcación neumática en la ciudad de Ceuta -salvo que acreditara lo contrario-, lo hacía para utilizarla con fines delictivos (narcotráfico). El sesgo de grupo, en este caso negativo, era patente. Afortunadamente, esta resolución fue casada por la Sentencia de Tribunal Supremo.

-       Sesgo de la ilusión de control

Este sesgo, que Kahnemann califica como el más relevante de los sesgos cognitivos se basa en una especie de optimismo congénito en el ser humano que provoca una “ilusión de control” sobre nuestras vidas, minusvalorando el riesgo de que nos ocurran cosas negativas y sobrevalorando la posibilidad de que nos ocurran cosas positivas. Algunos experimentos en relación a este sesgo ponen de relieve el rechazo  a asumir el importante papel que juega el azar en nuestras vidas, así como la tendencia generalizada a buscar correlaciones ilusorias que nos permiten crear falsos vínculos entre lo que nos acontece y nuestros recuerdos de hechos pasados.

A pesar de la inevitabilidad de estos sesgos, parece razonable tratar de evitarlos, o al menos tratar de reducir su influencia, particularmente en el ámbito de las decisiones jurisdiccionales (o en el examen de una solicitud de patente) donde es deseable que las mismas estén fundamentadas en criterios técnicos racionales en lugar de en intuiciones subjetivas.

Sin embargo, las numerosas técnicas existentes para minimizar los sesgos (en inglés, debiasing) en la toma de decisiones jurisdiccionales no han alcanzado un consenso generalizado respecto a su efectividad.

 

Conclusión

Los diversos estudios y opiniones recogidos en estas dos entradas ponen de manifiesto que el “sesgo retrospectivo” es un gran problema, el problema, en la evaluación de la actividad inventiva, A pesar de los esfuerzos realizados, que se han materializado en la elaboración de diversos métodos de evaluación, no es posible desprenderse de él, lo cual debe ser tenido en cuenta por todo profesional que aborde la tarea de evaluar si una invención implica o no actividad inventiva.

 

Gabriel Madariaga

Leopoldo Belda

 

 

 

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EL SESGO RETROSPECTIVO EN LA EVALUACIÓN DE LA ACTIVIDAD INVENTIVA (I)


Introducción

La idea de escribir esta entrada surgió tras asistir a una presentación por parte de Graham Ashley, presidente de una cámara técnica de recursos de la Oficina Europea de Patentes, durante la edición de 2017 del seminario que anualmente organiza dicha Oficina sobre las “decisiones clave de las cámaras de recursos”. La presentación ofrecida por Graham Ashley tenía por título “specific applications of the problema-solution approach” y las cuatro últimas transparencias estaban dedicadas al tema del sesgo retrospectivo (“hindsight” en inglés), haciendo referencia a dos de los experimentos que más adelante se analizan. La última de las diapositivas, de título “some thoughts” concluía con una frase que nos hizo pensar en la importancia del tema y la necesidad de divulgarlo.

La frase en cuestión es:

Conviene recordar en este punto la definición del requisito de actividad inventiva en la Ley de Patentes 24/2015:

Hay que precisar que el experto en la materia debe ser capaz de derivar la invención del estado de la técnica en la fecha de presentación o de prioridad si ésta se reivindica. Y es ahí donde estriba el problema, como se explicará repetidamente a lo largo del resto de la entrada, dado que el examinador o profesional que evalúa la actividad inventiva ya conoce la invención. Como se observará a continuación, se han elaborado diversas técnicas para mitigar la influencia del sesgo retrospectivo, con resultados desiguales.

La jurisprudencia de las cámaras de recursos técnicas de la Oficina Europea de Patentes.

En numerosas decisiones de las cámaras de recursos técnicas de la Oficina Europea de Patentes se advierte del peligro que supone el análisis ex post-facto (otra forma de denominar al “sesgo retrospectivo”) en la evaluación de la actividad inventiva. También se dedica un apartado al asunto en las directrices de examen de la Oficina Europea de Patentes. Las cámaras de recursos técnicas señalan que el riesgo de verse afectado por el “sesgo retrospectivo” es mayor cuando se trata de invenciones de combinación, de solución simple o de invenciones que a primera vista parecerían evidentes. La decisión T0024/81 señala que para evitar el sesgo retrospectivo es preciso partir del documento del estado de la técnica más relevante, y determinar el problema técnico objetivo a resolver para pasar de ese documento a la invención reivindicada, en la fecha de prioridad.

Fuente: https://peppermillprojects.com/

En la decisión T0564/89, se resalta la importante diferencia existente entre “could” y “would”, se señala que la pregunta decisiva para determinar si existe actividad inventiva o no dentro del “método problema solución” es si “una persona experta en la materia habría (would) llevado a cabo la invención” y no si podría (could), ya que a veces es posible mostrar (una vez que la invención es conocida) que una persona experta en la materia podría llegar a la misma mediante la combinación de piezas separadas del estado de la técnica, pero ello no se debe tener en cuenta, pues es el resultado de un análisis “ex post-facto”.

En la decisión T0970/00 se pone de manifiesto el peligro que el “sesgo retrospectivo” siempre supone, incluso cuando se está aplicando el método problema-solución. En esta ocasión el problema estribaba en la interpretación de las características técnicas divulgadas en el documento que representaba el estado de la técnica más cercano. Como consecuencia del “sesgo retrospectivo”, artificialmente se había interpretado que numerosas de las características técnicas definidas en la reivindicación independiente ya habían sido divulgadas en el documento más cercano del estado de la técnica. Aun cuando el objetivo del Método Problema Solución es eliminar el aspecto “subjetivo” en la evaluación de la actividad inventiva, el “sesgo” siempre acecha en todas las etapas del mismo. Otro ejemplo se encuentra en la decisión T2201/10; la división de examen había determinado que las características diferenciadoras entre la invención reivindicada y el documento más cercano del estado de la técnica o punto de partida eran parte del conocimiento general común del experto en la materia, pero en realidad, ello iba en contra de las enseñanzas técnicas de ese documento más cercano. Un experto en la materia (no afectado por el sesgo retrospectivo) nunca habría combinado el estado de la técnica más cercano con el conocimiento general del experto en la materia para resolver el problema técnico planteado, afirmaba la cámara de recursos.

Fuente: http://www.intellectualtakeout.org/

Intercambio de opiniones sobre el “sesgo retrospectivo” entre jueces de diversos países.

El instituto suizo de la propiedad industrial INGRES organizó el pasado mes de septiembre en Zúrich un encuentro de dos días donde destacados profesionales del mundo del derecho de las patentes, con una mayoría de jueces especializados en patentes, debatieron sobre el “sesgo retrospectivo” en la evaluación de la actividad inventiva. El célebre blog en materia de propiedad industrial IPKat ofreció un detallado informe de las dos sesiones, del cual rescatamos aquellos puntos más relevantes según nuestro criterio:

Aileen Oeberst (profesora de la Universidad de Mainz, Alemania y especializada en el “sesgo” de wikipedia) ha realizado investigación sobre la psicología del “sesgo retrospectivo” y ha concluido que ésta tiene dos componentes: por un lado, una vez se conoce un acontecimiento, parece más inevitable que antes (“tenía que ocurrir”). Por otro lado, parece más previsible que antes (“ya lo sabía”).

No queda claro que una mayor experiencia en los encargados de juzgar disminuya el riesgo del “sesgo retrospectivo”. Hay cierto consenso en que la mejor manera de evitarlo es evitar que el que debe tomar la decisión conozca el resultado, pero ello no es factible en la evaluación de la actividad inventiva.

Mark Schweizer (presidente del Tribunal Federal de Patentes de Suiza) añadió que en general se tiende a pensar que los otros son más susceptibles al “sesgo retrospectivo” que nosotros mismos. Asimismo, las personas “inteligentes” tienden a creer que no son tan susceptibles a este problema como los “normales”, pero… están equivocadas.

Este fenómeno que señala Schweizer es un sesgo cognitivo en sí mismo, y recibe el nombre de Sesgo del Punto Ciego (Blind Spot Bias).

Marco Kleine (investigador del Max Planck Institut para la innovación y la competencia de Múnich) explicó que diversos estudios indican que el “sesgo retrospectivo” aumenta con el tiempo, lo cual podría ser importante cuando la existencia o no de actividad inventiva se juzga años después del momento en que se presentó la solicitud de patente.

Tras esta primera discusión introductoria, hubo otro debate en el que se discutieron los diversos enfoques adoptados para reducir el “sesgo retrospectivo” en las distintas jurisdicciones.

Graham Ashley (presidente de una de las cámaras de recursos técnicas de la Oficina Europea de Patentes) y culpable, como se comentó, de que se haya escrito esta entrada, resaltó que en la Oficina Europea, el Método Problema Solución es la principal herramienta empleada para evitar este problema, pero debe aplicarse correctamente y además de evitar utilizar el “podría” en lugar del “habría” (could/would) hay que ser especialmente cuidadoso para evitar que el problema a resolver no sea nunca obtener las características técnicas distintivas sino el efecto que con ellas se logra.

Peter Meier-Beck (juez presidente del Tribunal Federal Alemán de Patentes) no se mostró muy partidario del Método Problema-Solución. Considera que es esencial que el estado de la técnica se analice en su contexto. En ese sentido, contempla como muy peligroso reducir la evaluación a la lectura de partes o párrafos de documentos del estado de la técnica, que parecen similares a la invención, de forma aislada. Asimismo, considera muy inconveniente el comenzar el análisis de la actividad inventiva a partir del llamado “documento más cercano del estado de la técnica”. Un experto en la materia no habría conocido necesariamente en la fecha de prioridad el punto de partida más adecuado. Dar por sentado cuál es ese punto de partida, es, en su opinión, puro “sesgo retrospectivo”, así como definir el problema a partir de las diferencias entre la invención y el estado de la técnica más cercano. A veces, es creíble que un experto en la materia hubiera tratado de resolver ese problema, pero en otras ocasiones es muy artificial elaborar de esa manera el problema.

Kathleen M. O’Malley (Jueza, Tribunal de apelación del circuito federal de los EEUU) dice que es especialmente complicado evitar el sesgo retrospectivo en los casos de patentes. En otros tipos de casos judiciales se puede limitar la información proporcionada al jurado, sin embargo, en patentes, el jurado debe conocer la invención. En su opinión, en la argumentación de la falta de actividad inventiva, es especialmente importante mostrar que hay motivación para combinar los documentos. Asimismo, es clave el poder mostrar que había una expectativa razonable de éxito.

Rian Kalden (Jueza, Tribunal de apelación de la Haya – Países Bajos) considera que por definición la evaluación de la actividad inventiva se ve afectada por el “sesgo retrospectivo”, ya que el juez debe viajar hasta el momento previo al que se produjo la invención. Sin embargo, ya conoce la invención, cuando realiza ese hipotético viaje atrás en el tiempo.

Las soluciones simples se ven especialmente afectadas por el “sesgo”. Su principal crítica al “método problema-solución” (MPS) es que no es adecuado para las llamadas “invenciones de problema”, donde el acto creativo estriba en la formulación del problema. Pero recuerda que la utilización de ese método no es obligatoria y que, si no se puede aplicar en alguna ocasión, pues no se emplea y ya está. También afirma que otros métodos de evaluación tampoco son inmunes al “sesgo retrospectivo”.

Una de las salvaguardas contra el “sesgo” en el MPS es que el estado de la técnica más cercano o “punto de partida” debe ser un documento que la persona experta en la materia habría contemplado en el mismo campo de la técnica, tratando de solucionar el mismo problema.

Richard Arnold (Juez del Tribunal de Patentes Británico) manifestó que el peligro del “sesgo retrospectivo” siempre se encuentra presente en la evaluación de la actividad inventiva y citó algunas decisiones británicas como:

Moulton LJ, in British Westinghouse Co v Braulik (1910) 27 RPC 209, 230, donde se afirmaba:

“I confess that I view with suspicion arguments to the effect that a new combination, bringing with it new and important consequences in the shape of practical machines, is not an invention, because, when it has once been established, it is easy to show how it might be arrived at by starting from something known, and taking a series of apparently easy steps. This ex post facto analysis of invention is unfair to the inventors and, in my opinion, it is not countenanced by English Patent Law.” (Confieso que contemplo con sospecha esos argumentos de que una nueva combinación, que aporta nuevas e importantes consecuencias en la forma de una máquina novedosa, no es una invención porque, una vez se ha realizado, es fácil mostrar que se habría llegado a ese resultado a partir de algo conocido. Este análisis “ex post facto” es injusto para los inventores y, en mi opinión no está soportado por la Ley Inglesa de Patentes.)

Otra decisión británica citada por Richard Arnold es:

“Mölnlycke AB v Procter & Gamble Ltd [1994] RPC 49, 113”, donde se subrayó la importancia de utilizar los llamados “indicios secundarios” para evitar el efecto pernicioso del “sesgo retrospectivo”

“Patently Non-Obvious: Empirical Demonstration that the Hindsight Bias Renders Patent Decisions Irrational”

En el encuentro anterior celebrado en Zürich también intervino el profesor Gregory N. Mandel cuyo artículo “Patently Non-Obvious: Empirical Demonstration that the Hindsight Bias Renders Patent Decisions Irrational” es uno de los más citados en el ámbito legal de los Estados Unidos en la primera década de este siglo y resulta clave para entender el “sesgo retrospectivo” y la evaluación de patentes:

La importancia de este artículo radica en que se trata de la primera demostración empírica de la existencia del “sesgo retrospectivo” en el derecho de patentes, y sus conclusiones suponen un auténtico jarro de agua fría para los involucrados en el examen de patentes:

-       El “sesgo retrospectivo” distorsiona las decisiones en materia de patentes en mayor medida de lo que se había previsto, y con mayor intensidad que en otros sectores legales.

-       Las instrucciones a los miembros del jurado avisando del “sesgo retrospectivo” no tienen efecto.

-       La utilización de indicios secundarios no evita el “sesgo retrospectivo”.

-       Ninguno de los tests empleados por el circuito federal o por el Tribunal Supremo de EEUU soluciona el problema.

-       El problema del “sesgo retrospectivo” se encuentra presente en el derecho de patentes en un nivel nunca antes reconocido, y afecta a las decisiones tomadas por aplicación de la “doctrina de los equivalentes”, la interpretación de las reivindicaciones y la suficiencia descriptiva.

Como consecuencia de lo anterior, el estudio sugiere que el requisito de actividad inventiva se evaluaría con frecuencia de manera demasiado estricta.

En el artículo se indica que la investigación en materia del “sesgo retrospectivo” revela que los individuos tienden a sobreestimar la posibilidad de que ocurra un determinado desenlace (ya conocido) y también de cuál era su previsibilidad. Ambas vertientes tienen su influencia en la evaluación de la actividad inventiva; sobreestimar la posibilidad de que una determinada invención ocurriera, provoca que se considere menor nivel de actividad inventiva y lo mismo ocurre, incluso con mayor intensidad, si se exagera la previsibilidad de que se llegara a la invención.

El efecto del “sesgo retrospectivo” se ve multiplicado en la evaluación de la actividad inventiva por la necesidad de seleccionar como “experto en la materia” a una persona que conocía el estado de la técnica relevante en le fecha de prioridad de la solicitud. Como ha transcurrido tiempo desde ese momento, es prácticamente imposible hacer que esa “persona experta en la materia” olvide todo el conocimiento adquirido posteriormente.

Los experimentos

Para demostrar sus hipótesis, el autor llevó a cabo dos experimentos con estudiantes de derecho de primer año que actuarían de “miembros del jurado” en procedimientos donde se evaluaría la actividad inventiva de dos invenciones. La participación era voluntaria e intervinieron 247 estudiantes.

En el primero de los experimentos, la invención estaba relacionada con el “baseball”. La invención se sitúa en el mundo del entrenamiento de los lanzadores de pelotas de “baseball”, los llamados “pitchers”. Los materiales de entrenamiento de los distintos tipos de lanzamientos contra el bateador mueven una gran cantidad de dinero. El dueño de una empresa del sector solicita a nuestro inventor la creación de un material de entrenamiento novedoso que enseñe nuevos tipos de lanzamiento y que sustituya a los vídeos, libros, tarjetas y pelotas de plástico, ya disponibles en el mercado.

El inventor diseña unas pelotas en las que se marca mediante tinta cómo se deben sujetar para obtener distintas clases de lanzamientos.

En el segundo de los casos, la invención se refería al mundo de la pesca. Los cebos artificiales ofrecen la ventaja de que, a diferencia de los naturales (carne, lombrices, moscas, etc.), no se echan a perder. El problema es que, si el pez nota que es artificial, es probable que lo suelte. En este caso el problema a resolver es la obtención de un cebo artificial que tenga un sabor atractivo para el pez, de manera que no lo expulse.

El estado de la técnica proporcionado muestra que ya se conoce que el añadir sal a los cebos les convierte en más atractivos para los peces. Sin embargo, en contacto con el agua suele desaparecer la sal y, en el caso de utilizar carne salada, la carne se descompone rápidamente.

El problema se resolvió añadiendo sal al plástico que se moldeaba en la forma deseada para el cebo, de modo que el sabor salado no se perdía con la permanencia en el agua y no había peligro de que se echara a perder, como ocurría con la carne salada.

Los participantes se dividían en tres grupos:

1er grupo: No se indicaba que se había resuelto el problema ni cómo.

2º grupo: Se indicaba la invención que había resuelto el problema.

3er grupo: Se indicaba la invención que había resuelto el problema y se advertía del problema que el “sesgo retrospectivo” suponía en la evaluación de la actividad inventiva y en la necesidad de tratar de superarlo.

A todos los participantes, independientemente del grupo al que pertenecieran y para cada uno de los dos inventos, se les planteaban las siguientes preguntas:

1 ¿Cómo de probable considera que el inventor hubiera solucionado el problema planteado?

Se debe responder con una puntuación del 1 al 7, donde 1= no es nada probable, 4= la probabilidad es igual para que se solucione o no el problema   7= muy probable.

2 Teniendo en cuenta la información proporcionada sobre el estado de la técnica, ¿piensa que una solución al problema técnico planteado era obvia para una persona experta en la materia en ese momento?  Sí o No

3. ¿Qué confianza tiene en que su respuesta a la pregunta 2 sea acertada?

0 – 100%

Los resultados del experimento fueron:

Se observa que el “sesgo retrospectivo” multiplica el que la “evaluación de la actividad inventiva” arroje resultados negativos. La advertencia sobre sus “peligros” no tiene demasiado efecto.

 

 

Gabriel Madariaga

Leopoldo Belda

 

 

 

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ACTIVIDAD INVENTIVA MENOR EN LOS MODELOS DE UTILIDAD


No es fácil valorar la actividad inventiva en los modelos de utilidad. Y no es fácil, en primer lugar, porque no se tienen muchas referencias específicas, al contrario que en las patentes, para las que existen directrices muy consolidadas reconocidas a nivel internacional y, en general, bastante homogéneas, por ejemplo las directrices del PCT o las directrices de la Oficina Europea de Patentes.

Pero aunque estas directrices de patentes son, en muchos aspectos, también útiles para los modelos de utilidad, no nos hagamos ilusiones con el requisito de actividad inventiva: la doctrina de patentes no es plenamente aplicable a los modelos de utilidad. Pero, ¿por qué? Bueno, la respuesta es tan sencilla como darse cuenta de que una invención que no tiene méritos suficientes para ser una patente sí puede tenerlos para ser un modelo, ya que los requisitos de patentabilidad para modelos de utilidad son distintos y menores que los de las patentes.

¿Cuál es la clave, donde está esa diferencia? Si echamos una ojeada al artículo 140 de la Ley de Patentes (LP) vemos:

Para su protección como modelo de utilidad, se considera que una invención implica una actividad inventiva si no resulta del estado de la técnica de una manera muy evidente para un experto en la materia.

Esa palabra muy, que no está en la legislación de patentes, nos trastoca los cimientos del requisito de actividad inventiva y abre la puerta a invenciones menores que ahora ya tienen cabida dentro del modelo de utilidad.

Pero este requisito de actividad inventiva menor ¿cómo se mide? Imaginemos que hemos seguido la rutina de valoración de actividad inventiva típica de patentes en un modelo de utilidad y concluimos que la invención planteada es evidente para un experto en la materia. Bueno, vale, es evidente. Pero la LP no nos pregunta eso. Nos pregunta si es muy evidente.

Enseguida nos damos cuenta que con los criterios disponibles en patentes no puede resolverse esta valoración. En patentes la actividad inventiva existe o no existe, y es inaceptable conceptualmente que una invención fuese patentable solo por ser un poco evidente. Si es un poco evidente no es patentable, punto. En consecuencia, se hace necesario introducir criterios adicionales que permitan aportar argumentos para valorar el nivel de evidencia de la actividad inventiva en los Modelos de Utilidad.

En la reciente publicación de las Directrices de Modelos de Utilidad de la OEPM se aborda esta dificultad y se ofrece dentro de su apartado 6.5, dedicado a la actividad inventiva, un criterio adicional, ya planteado previamente a nivel internacional,  que nos ayuda a dilucidar el nivel de actividad inventiva en los modelos de utilidad.

Vamos a analizar qué criterio es este. Pero, en primer lugar quisiera que volviésemos al artículo 140 de la LP. Observamos que todo este artículo orbita alrededor de la consideración que sobre la evidencia tiene un sujeto: el experto en la materia, figura artificial referida a una persona hipotética que tuviese a su alcance todo el estado de la técnica.

El criterio adicional que se introduce en las Directrices es replantear la pregunta de la evidencia a otra figura rebajada que no tuviese las competencias plenas de un experto en la materia. De la respuesta de esa figura rebajada podríamos sacar consecuencias sobre lo que opinaría el experto en la materia, que no olvidemos sigue siendo el sujeto legal de referencia.

La pregunta que le cuestionamos a la figura rebajada es: “¿considera evidente o no la invención?”. Si la considera evidente sería un muy buen argumento a favor de que el experto en la materia lo considerase muy evidente. Por el contrario, si la figura rebajada no lo considera evidente, difícilmente puede justificarse que el experto en la materia lo considerase muy evidente.

Nos encontramos entonces con una implicación de conceptos: la evidencia en la figura rebajada implica la muy evidencia del Experto en la Materia (aunque no al contrario).

¿Quién es esa figura rebajada? Vamos a ver el artículo 137 de la Ley de Patentes referido a los modelos de utilidad: “invenciones que consisten en dar a un objeto o producto una configuración, estructura o composición de la que resulte alguna ventaja prácticamente apreciable para su uso o fabricación”. Nos quedamos con estas dos últimas palabras: la figura rebajada destinataria que podría apreciar la validez del modelo sería, para el uso, un usuario normal razonablemente informado; mientras que para la fabricación se trataría de un trabajador u obrero cualificado o a lo sumo un técnico. Con esta definición es fácil construir el nivel la que llegaría la figura rebajada: Un usuario normalmente informado conocería lo que está su alcance por el comercio, publicidad u opiniones de otros usuarios cercanos. Mientras que un trabajador cualificado conocería las técnicas corrientes, manuales o documentación académica convencional.

A partir de aquí y sólo con esta idea básica pueden resolverse infinidad de cuestiones sobre el nivel de actividad inventiva en los modelos de utilidad.

Vamos a poner un par de ejemplitos:

1. La Tostadora

Un modelo de utilidad se refiere a una tostadora de pan que incluye el típico botón de expulsión rápida de la tostada. El inventor alega el problema que cuando el pan empieza a oler a quemado se busca el botón de expulsión y a veces con las prisas no está claro dónde está y al final termina quemándose la tostada.

La invención propone colocar un botón de expulsión de color rojo, en la parte frontal, bien visible que facilite la expulsión rápida y que también resulta ideal para personas mayores.

Se hace una búsqueda de anterioridades y se ve que efectivamente la tostadora es nueva. No existe nada idéntico en el estado de la técnica (bueno esto hay que creérselo es un ejercicio académico J)

Ya que tiene novedad, tenemos que valorar la actividad inventiva. Para un experto en la materia la solución propuesta no es más que una forma, como cualquier otra, de mostrar la información, que tendría sus ventajas e inconvenientes, pero que estaría al alcance de sus conocimientos como una opción normal de diseño evidente. Por lo tanto, si se valora como una patente esta invención no tiene actividad inventiva. Muy bien, es evidente, pero ¿es también muy evidente?

Preguntemos a un usuario informado. Un usuario informado nos diría que ya sabe de sobra que en algún sitio hay un botón de expulsión. Todo el mundo lo sabe, es un conocimiento común, las tostadoras tienen ese dispositivo. También sabe el usuario que hacer botones grandes y llamativos para personas mayores o niños es muy típico, por ejemplo en los teléfonos móviles o en otros botones de emergencia. Por lo tanto para un usuario también sería evidente y estaría dentro de su alcance la instalación de un botón de las características expuestas en el modelo de utilidad.

En consecuencia si resulta evidente para un usuario informado puede justificarse que resultaría muy evidente para el experto en la materia y el modelo no cumpliría con el requisito de actividad inventiva.

2. Linterna recargable dotada de un enchufe extensible.

La invención de este modelo de utilidad se refiere a una linterna recargable que se caracteriza por estar provista de un enchufe, para conectar a una toma de corriente de 220V de una red eléctrica convencional. El enchufe puede extenderse o retraerse por medio de un elemento deslizante.  Al extender el enchufe se establecen unas conexiones (no visibles en el dibujo) de forma que entran en contacto las clavijas con los bornes de la batería recargable interna.

En  la búsqueda en el estado de la técnica no se encuentra el mismo dispositivo de forma idéntica, por lo que este modelo de utilidad tendría novedad.

Vamos a valorar entonces la actividad inventiva. En el estado de la técnica aparece, como elemento de la técnica más próximo, una patente de otra linterna con un propósito similar, aunque el enchufe escamoteable en esta ocasión es giratorio. Al utilizar el elemento deslizante el enchufe gira y de esta forma sale o se introduce de forma giratoria dentro de la linterna. Internamente está provisto de un mecanismo de conexionado eléctrico giratorio.

Si en el modelo de utilidad se valora la actividad inventiva como si fuese una patente, un experto en la materia, consideraría que la diferencia entre ambas invenciones es simplemente el tipo de conexión interna que en lugar de ser deslizante es giratorio. Consideraría que es una opción normal de diseño al alcance de sus conocimientos sustituir un mecanismo de conexión por otro y por lo tanto evidente. En consecuencia si se valora con los criterios utilizados en patentes esta invención no tiene actividad inventiva.

Vamos a valorarlo como un modelo de utilidad. Ya sabemos que es evidente para el experto en la materia, pero esto de momento no resulta útil. Tenemos que preguntarnos si además de ser evidente ¿es también muy evidente?

Preguntaremos a una figura rebajada, en este caso un trabajador u obrero cualificado, que probablemente conocería las técnicas corrientes, manuales o documentación académica convencional, por lo que sólo tendría a su alcance un conocimiento general común en esa técnica que no podría exceder.  No considerarían los últimos avances o información contenida en publicaciones científicas o de patentes o en campos de investigación que todavía no han llegado a los libros de texto.

Esta figura rebajada observaría que los dos dispositivos presentan una utilización y configuración distinta en su uso práctico. La linterna del modelo de utilidad parece tener la ventaja de ser más sencilla y por lo tanto más fácil de fabricar y más barata. Esta ventaja prácticamente apreciable está directamente relacionada con sus características técnicas. Tampoco se deduciría un mecanismo de conexión deslizante a partir de uno giratorio. Una aplicación giratoria no induciría a la otra deslizante de forma inmediata.

Por lo tanto y según este enfoque, la segunda linterna no resultaría del estado de la técnica de forma evidente para la figura rebajada. En consecuencia, si no es evidente para el trabajador cualificado, difícilmente puede justificarse que sea muy evidente para el experto en la materia. Concluyéndose, en este segundo ejemplo, que el modelo de utilidad cumpliría el requisito de actividad inventiva menor exigido por la Ley de Patentes.

 

Javier Vera

 

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Tendencias en la protección de la I+D+i en Europa (segunda parte)


En dos entradas anteriores de esta serie (¿Estamos protegiendo adecuadamente la I+D+i? (primera parte) y ¿Estamos protegiendo adecuadamente la I+D+i? (segunda parte)) se han presentado datos sobre la investigación y la protección de la I+D+i en España a través de las distintas figuras de Propiedad Industrial durante los primeros años del siglo XXI. En otro artículo anterior (Tendencias en la protección de la I+D+i en Europa (primera parte)) se han tomado quince países de la Unión Europea (Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido y Suecia) y se han visto varios parámetros relacionados con la I+D de estos países (inversión por habitante, número de investigadores, así como otros indicadores). Finaliza esta serie de artículos analizando cuáles son las tasas de protección de esta investigación, en forma de solicitudes de patente, en cada uno de los países considerados en la primera parte de este estudio.

Dichos resultados se recogen en la tabla 1, para el periodo 2012 a 2016; también se han incluido los datos de personal investigador en 2015 para estos países (excepto para el caso de Francia, donde los últimos valores que se disponen son de 2014; en esta ocasión, la información procede de la tabla 2 de la primera parte de este artículo). También se ha incluido una columna (en el lado derecho) que relaciona las patentes presentadas en cada país durante 2015 por cada mil investigadores. Las figuras 1 y 2 muestran representaciones gráficas de la evolución de las solicitudes de patente en algunos de los países mostrados en la tabla 1; se aportan en gráficas diferentes pues las escalas a las que se refieren también lo son.

Tabla 1 – Datos de patentes nacionales presentadas ante las Oficinas Nacionales de Patentes de diversos países europeos en el periodo 2012 a 2016, y personal investigador de esos países en 2015; se ha obtenido el ratio de patentes solicitadas en 2015 por millar de investigadores (fuente: elaboración propia basada en datos de solicitudes de patentes dados por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual –véase su página web https://www3.wipo.int/ipstats/index.htm?tab=patent– y datos estadísticos de investigadores de Eurostat –véase su página web http://ec.europa.eu/eurostat/web/science-technology-innovation/data/main-tables–). Los valores de la columna derecha son datos propios, obtenidos de dividir los datos de patentes presentadas en 2015 entre el número de investigadores en 2015, multiplicado por mil. * El valor del número de investigadores en España no es el mismo que proporciona el INE (214.227). ** Los datos de Francia sobre el número de investigadores se refieren a 2014, por no disponer de la información correspondiente a 2015.

De la tabla 1 y las figuras 1 y 2 cabe señalar el papel hegemónico que presenta Alemania en su solicitud de patentes nacionales frente a otros países de la Unión Europea. Las solicitudes de patente alemanas casi triplican las de la siguiente nación (Reino Unido), suponen alrededor de 3,7 veces las patentes solicitadas en Francia, o son del orden de seis veces las de Italia. Si no se tienen en cuenta otros factores, los valores de las patentes presentadas en España se mantienen en valores intermedios respecto otros países de la serie.

 

Figura 1 – Evolución de la presentación de solicitudes de patentes nacionales en varios países de la Unión Europea durante el periodo 2012 a 2016 (fuente: representación gráfica de ciertos datos de la tabla 1).

Figura 2 – Evolución de la presentación de solicitudes de patentes nacionales en varios países de la Unión Europea durante el periodo 2012 a 2016 (fuente: representación gráfica de ciertos datos de la tabla 1).

Sin embargo, es posible que los valores anteriormente vistos sobre inversión en I+D, número de investigadores, porcentaje del PIB dedicado a la inversión en I+D, patentes presentadas, etc., no tengan ningún valor si no puede cuantificarse lo que genera esa inversión en I+D. Un parámetro que puede dar una idea de los resultados de la investigación es el porcentaje del comercio exterior dedicado a la alta tecnología. Dichos datos aparecen en la tabla 2.

Los datos de la tabla 2 indican los porcentajes del comercio exterior relativos a la exportación de alta tecnología para diversos países de la Unión Europea en el periodo 2009 a 2015. Algunos valores de la tabla 2 han sido representados en dos figuras: la figura 3 para aquellos países con mayores porcentajes, y la figura 4 para países con menores tasas de exportación en materia de alta tecnología.

Tabla 2 – Porcentajes de exportación en alta tecnología en diversos países europeos durante el periodo 2009 a 2015 (fuente: datos tomados de la página web de Eurostat según su URL http://ec.europa.eu/eurostat/web/science-technology-innovation/data/main-tables).

Figura 3 – Evolución del porcentaje de exportación de alta tecnología en el comercio de varios países de la Unión Europea para el periodo 2009 a 2015 (fuente: representación gráfica de ciertos datos de la tabla 2).

Figura 4 – Evolución del porcentaje de exportación de alta tecnología en el comercio de varios países de la Unión Europea para el periodo 2009 a 2015 (fuente: representación gráfica de ciertos datos de la tabla 2).

De la tabla 2 y las figuras 3 y 4 se aprecia cuáles son los países que lideran las mayores tasas de exportación de alta tecnología en sus relaciones comerciales (Irlanda, Francia, Países Bajos, Reino Unido y Alemania); cabe pensar que esta exportación de alta tecnología es debida en buena parte a los resultados obtenidos por la inversión previa en investigación. El caso de Irlanda puede resultar paradójico a la vista de datos anteriores, y quizá también pueda explicarse por la decisión de aquel país por fomentar la ubicación de empresas extranjeras de alta capacidad tecnológica. En cualquier caso, los países que se reflejan en la figura 3 tienen valores de exportación en alta tecnología entre (aproximadamente) un 15% y un 24%. Estos valores contrastan con los que se ven en la figura 4, donde (en el mejor de los casos) apenas se supera el 8% (Polonia en 2015); España se encuentra en este último grupo, con valores medios de exportación en alta tecnología del orden del 5 por ciento, inferior a la media de los países de la Unión Europea que es ligeramente mayor al 15%.

¿Qué conclusiones pueden obtenerse de los datos presentados? Los valores españoles de inversión monetaria en I+D por habitante, o de personal investigador por número de habitantes, se encuentran muy alejados de los países que lideran la investigación en Europa (bien sea ésta medida por los anteriores parámetros u otros, como el número de patentes solicitadas). Será decisión de España, como nación, determinar la posición que deseamos desempeñar en el entorno de la investigación continental y global. Y ello es algo que nos afecta a todos los que tenemos alguna relación con la I+D+i; nuestra postura personal, aunque sea pequeña, ejerce algún tipo de influencia, y la suma de muchos pocos puede dar una resultante de consideración. ¿Está todo perdido, son acaso todos nuestros esfuerzos vanos? Probablemente no, o eso podría pensarse de los datos que figuran en la tabla 3, que aglutina algunos de los valores presentados en este artículo.

Tabla 3 – Datos de patentes nacionales presentadas ante las Oficinas Nacionales de Patentes de diversos países europeos en 2015, inversión en I+D por habitante, cociente entre ambas magnitudes para varios países de la UE, número de patentes nacionales solicitadas por cada mil investigadores, y porcentaje de exportaciones en alta tecnología (fuente: elaboración propia basada en datos de la tabla 3 de la primera parte de este artículo, y tablas 1 y 2 de esta segunda parte). * Todos los datos de Francia se refieren a 2014, por no disponer información sobre el número de investigadores en 2015.

La tabla 3 presenta varios datos agrupados (relativos a 2015) que ya se han comentado en este artículo; la columna (A) presenta las solicitudes nacionales de patentes presentadas en 2015 (véase la tabla 1). La columna (B) refleja la inversión anual en I+D por habitante (véase la tabla 3 de la primera parte de este artículo). La columna (C) se obtiene de dividir los datos de la columna (A) de la propia tabla 3 con los datos de la columna (B), dando un resultado que cuantifica el número de patentes que se presentan por cada euro que se invierte en I+D por habitante. La columna (D) resulta de dividir los datos de la columna (A) de la propia tabla 3 con los datos de personal investigador en 2015 obtenidos de la tabla 2 de la primera parte de este artículo. La columna (E) repite los datos de porcentaje de exportación de alta tecnología según los valores de la tabla 2.

¿Resultan válidas estas consideraciones estadísticas? Proporcionar respuesta a esta pregunta puede ser difícil, pues quizá los mismos datos puedan interpretarse de forma diferente haciendo diversas lecturas. Lo que sí parece claro es que hay muchos países en los que el número de patentes debería ser más alto, bien porque la inversión que se hace en ellos en I+D por habitante es elevada comparada con las patentes que solicitan (como es el caso de Finlandia, Dinamarca y Suecia), o bien porque el número de patentes por investigadores sea relativamente bajo (como el caso de Bélgica, España, Grecia o Irlanda).

El análisis de los datos estadísticos presentados puede ser perverso. Al estudiar los valores de la tabla 1 de la primera parte de este artículo (Tendencias en la protección de la I+D+i en Europa (primera parte)), se comprueba que en 2015 la inversión en I+D+i por habitante en Suecia fue alrededor de un 40% superior a la de Alemania; pero sin embargo (véase la tabla 1 en esta segunda parte del artículo), el número de patentes presentadas en Alemania fue 25 veces el número de patentes presentadas en Suecia en el mismo año. Se deja para los lectores más interesados la comparación de datos entre otros países. La supremacía alemana en la solicitud de patentes nacionales no deja ninguna duda de la importancia que se da en ese país a la protección de la I+D+i mediante figuras de Propiedad Industrial. En España todavía estamos lejos de esa cultura, y actividades formativas y de sensibilización en materia de Propiedad Industrial, especialmente en el ámbito académico universitario, podrían revertir esta situación a medio y largo plazo.

A la vista de la revisión estadística hecha en estos artículos sobre la protección de la I+D+i en España y Europa, cabe reflexionar sobre la cita atribuida al célebre físico de origen neozelandés Lord Ernest Rutherford (1871-1937), “If your experiment needs statistics, you ought to have done a better experiment”. ¿Estaba Churchill en lo cierto al decir I only believe in statistics that I doctored myself? Que cada uno de nosotros saque sus propias conclusiones.

 

R. Rubén Amengual Matas

 

 

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Tendencias en la protección de la I+D+i en Europa (primera parte)


En dos ediciones anteriores de esta serie (¿Estamos protegiendo adecuadamente la I+D+i? (primera parte) y ¿Estamos protegiendo adecuadamente la I+D+i? (segunda parte)) se han presentado datos sobre la protección de la I+D+i en España a través de las distintas figuras de Propiedad Industrial durante los primeros años del siglo XXI. Cabe preguntarse qué ocurre en otras naciones de nuestro entorno europeo. Para ello, seguidamente se ofrecen una serie de datos obtenidos de diversas fuentes oficiales para intentar analizar cuál es la situación de la I+D+i en Europa y su protección mediante la Propiedad Industrial (PI). En este caso los principales parámetros que se estudian son los relacionados con inversión en I+D+i, el personal dedicado a la investigación, y el número de solicitudes de patentes nacionales; no se emplearán indicadores relativos a otros tipos de modalidad de PI (como modelos de utilidad en los países en que esta figura existe, diseños, o marcas).

La figura 1 muestra la posición relativa de varios países en actividades de I+D; dichos datos proceden de UNESCO. En el eje de abscisas de dicha figura se aprecia la inversión en I+D en función del PIB nacional, mientras que en el eje de ordenadas se ve el número de investigadores por millón de habitantes. La información de UNESCO otorga a España 2.642 investigadores por millón de habitantes, con una inversión en I+D del 1,2 % de nuestro PIB. La figura 1 permite comparar la situación de España con otros países de nuestro entorno cultural y político, así como en una referencia más global.

Figura 1 – Comparativa de la inversión en I+D en función del PIB nacional, y el número de investigadores por millón de habitantes entre varios países (fuente: http://uis.unesco.org/apps/visualisations/research-and-development-spending/).

La figura 1 pretende ilustrar la situación española en I+D de una forma global con otros países. Sin embargo, el objeto principal de este estudio es centrar la atención en el entorno europeo y ver qué situación tiene España en el contexto geográfico, cultural y político que le corresponde. Por eso, en la tabla 1 se han aportado datos de la inversión media en I+D de varios países de la Unión Europea, expresado en euros por habitante. Los datos que se recogen son del periodo 2011 a 2015 para Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, y Suecia; también se incluyen valores medios de los 28 países de la Unión Europea.

Tabla 1 – Inversión media en I+D en varios países de la Unión Europea, expresada en euros por habitante, durante el periodo 2011 a 2015 (fuente: datos tomados de la página web de Eurostat http://ec.europa.eu/eurostat/web/science-technology-innovation/data/main-tables).

La figura 2 ilustra algunos datos recogidos en la tabla 1 para determinados países con altas cotas de inversión en I+D por habitante; también se ha posicionado el lugar que ocupa España para comparar la referencia de nuestro país con los líderes europeos en inversión en I+D por habitante.

Figura 2 – Inversión media en I+D en ciertos países de la UE durante el periodo 2011 a 2015, expresada en euros por habitante (fuente: representación gráfica de ciertos datos de la tabla 1).

Del análisis de la tabla 1 y la figura 2 se observa que la posición absoluta de España se encuentra entre la de Portugal (que cuenta con una población que puede suponerse es alrededor de un cuarto de la española –aunque los datos de población se dan la tabla 3–) y la de Italia (que cuenta con una población que puede suponerse es sobre un 30% mayor que la española). España se encuentra muy alejada de los líderes europeos en inversión en I+D por habitante (que son claramente los países nórdicos, especialmente Suecia, Dinamarca y Finlandia) y también alejada de la media europea, que puede visualizarse en la figura 3. Dicha figura muestra otros países con inversión en I+D en un entorno similar al ámbito español.

Figura 3 – Inversión media en I+D en ciertos países de la UE y media en la UE durante el periodo 2011 a 2015, expresada en euros por habitante (fuente: representación gráfica de ciertos datos de la tabla 1).

Otros datos relevantes se refieren no sólo a la inversión que se hace en I+D, sino también a los efectivos humanos que se disponen a tal efecto. La tabla 2 muestra la evolución que ha tenido el personal investigador en varios países de la Unión Europea en el periodo 2011 a 2015, y la figura 3 ilustra la evolución que ha habido en dicho personal en Alemania, Francia, Reino Unido, España y Suecia.

Tabla 2 – Personal dedicado a I+D en diversos países de la Unión Europea, durante el periodo 2011 a 2015 (fuente: datos tomados de la página web de Eurostat según su URL http://ec.europa.eu/eurostat/web/science-technology-innovation/data/main-tables). * El valor del número de investigadores en España es distinto al que proporciona el INE para los años 2014 y 2015 (210.104 y 214.227 investigadores, respectivamente).

¿Qué puede concluirse de los datos que se presentan en la tabla 2? Básicamente que hay tres tendencias: países en los que la población investigadora aumenta en el periodo considerado (Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Países Bajos, Polonia, Reino Unido, y Suecia), países en los que la población investigadora disminuye (Finlandia), y otros países que se mantienen en un margen que podría considerarse relativamente constante (Dinamarca, España, y Portugal, aunque en el primer caso se da un ligero crecimiento, y en los otros dos una leve reducción). Se hace notar que los datos españoles de 2014 y 2015 no coinciden con los valores proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística, y que se usaron en el primer artículo anterior de esta serie (¿Estamos protegiendo adecuadamente la I+D+i? (primera parte)).

Figura 4 – Personal investigador en ciertos países de la UE y media en la UE durante el periodo 2011 a 2015 (fuente: representación gráfica de ciertos datos de la tabla 2).

Sin embargo, los datos de inversión media en I+D que se han dado en la tabla 1, así como los del personal investigador que aparecen en la tabla 2, por sí solos, no muestran de una forma global cuáles son los resultados que se obtienen de la actividad investigadora, sino que es una forma de presentar los “activos” que se dedican a la I+D en Europa. ¿Cómo es posible analizar la distribución del esfuerzo investigador en cada país? Para ello se sugiere emplear nuevos datos, como los que se presentan en la tabla 3.

La tabla 3 presenta diversos datos de quince países de la Unión Europea relativos al año 2015. Por columnas, de izquierda a derecha se encuentran las siguientes referencias. Además del país, se ofrecen sus datos de población para el año referido (columna (A)), el personal investigador (columna (B)), porcentaje del Producto Interior Bruto que se dedica a la I+D por habitante (columna (C)), e inversión en I+D por habitante (columna (D)). Estos datos provienen de la página web de Eurostat.

Además, la tabla 3 contiene otros datos que no proceden directamente de fuentes oficiales, sino que resultan de combinar algunos de ellos. La columna que ha sido denominada (E) procede de dividir los datos de la columna (B) entre valores de la columna (A) y multiplicarlos por 106; con ello se obtiene una relación de investigadores que hay en cada país por cada millón de habitantes. Es evidente que este cociente da una idea del “peso” que tienen los investigadores en cada país respecto del total de su población. La columna (F) resulta de dividir los datos de la columna (B), número de investigadores, entre la (D), inversión en I+D por cada habitante; los datos de la columna F indican, en cada país, cuántos investigadores deben repartirse cada euro que se dedica a la I+D por habitante.

Observando los datos de la columna (B) se comprueba que España tiene, relativamente, un elevado número de investigadores. No obstante, estos datos muestran una ligera recesión durante el periodo 2011 a 2015 en el personal dedicado a la I+D en nuestro país, como se refleja en la tabla 2 y la figura 3. Cuando este dato se compara junto con el porcentaje del PIB que se dedica a la I+D, las conclusiones varían.

Tabla 3 – Evolución de ciertos parámetros en distintos países de la Unión Europea en 2015. De izquierda a derecha se presentan los siguientes datos: país; número de habitantes; número de investigadores; porcentaje del Producto Interior Bruto dedicado a la I+D por habitante; euros invertidos en la I+D por habitante;  número de investigadores por millón de habitantes; y número de investigadores por euros invertidos en la I+D y habitante (fuente: para las columnas (A), (B), (C), y (D), datos tomados de la página web de Eurostat según sus URLs http://ec.europa.eu/eurostat/web/population-demography-migration-projections/population-data/main-tables y http://ec.europa.eu/eurostat/web/science-technology-innovation/data/main-tables. Los valores de las columnas (E) y (F) se han obtenido de dividir otras columnas de la tabla). * Todos los datos de Francia se refieren a 2014, por no disponer información sobre el número de investigadores en 2015. ** El valor del número de investigadores en España no es el mismo que proporciona el INE (214.227).

 

La columna (C) de la tabla 3 muestra que los países que aportan un mayor porcentaje de su PIB a la I+D son los que, evidentemente, disponen de mayores recursos económicos para la I+D por habitante (datos de la columna (D)); dichos países tienen porcentajes del PIB dedicado a la investigación en torno al 3% (Alemania, Austria, Dinamarca, Finlandia, Suecia). Estos países, en 2015, invirtieron en I+D más de mil euros por habitante; dicha cantidad contrasta con la aportada por otros países para su investigación, como Polonia (113,6 € en I+D por habitante), Grecia (156,9 € en I+D por habitante), Portugal (215,4 € en I+D por habitante), o España (283,6 € en I+D por habitante).

Los países que más invierten en I+D por habitante, también tienen las tasas más altas de investigadores por habitante, en el entorno de los ocho mil investigadores por millón de habitantes, e incluso valores mayores (como el caso de Dinamarca). Si se comparan los datos del reparto de la inversión en I+D por investigador y país (columna (F) de la tabla 3), también se observa que en general los países que más invierten en I+D consiguen que los investigadores tengan más recursos o, dicho de otro modo, que los recursos económicos deban repartirse entre menos investigadores; esta idea se da en los datos de la columna (F) de la tabla 3. Cada euro de la I+D que se invierte por habitante en Dinamarca debe repartirse entre 42 investigadores, o entre 45 en Finlandia, 52 en Irlanda, y 56 en Suecia. En España cada euro en I+D debe repartirse entre 708 investigadores, valor muy parecido al de Italia (711). Llama la atención el caso de Alemania, que cada euro de I+D se reparte entre 586 investigadores; datos parecidos presentan Francia (574) y Reino Unido (616).

Ahora cabría preguntarse cuáles son las tasas de protección de esta investigación, en forma de solicitudes de patente, en cada uno de los países considerados. Este estudio será objeto de un próximo análisis que aparecerá próximamente en este blog, cerrando así esta serie de artículos titulados ¿Estamos protegiendo adecuadamente la I+D+i? y Tendencias de la Protección de la I+D+i en Europa.

 

R. Rubén Amengual Matas

 

 

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