Mujeres inventoras (cuarta parte)


Con esta nueva entrada finaliza la revisión que se ha hecho del trabajo de algunas destacadas mujeres inventoras.

Ángela Ruiz Robles (1895-1975) fue una maestra, pedagoga e inventora española, reconocida como la precursora del libro electrónico. Nació en Villamanín (León), hija de una familia acomodada (de padre farmacéutico y madre ama de casa). Cursó estudios superiores en la Escuela de Maestras de León, donde impartió sus primeras lecciones entre 1915 y 1917. Entre 1938 y 1970 publicó 16 libros de texto sobre diversas materias como ortografía, taquigrafía, mecanografía, gramática, historia y geografía. En dos de ellos, editados en 1938 y 1941, describía un sistema taquigráfico con el que escribir y traducir de manera más veloz gracias a una máquina con nuevos signos y caracteres enlazados de modo sencillo y sistemático. En 1949 registró su primera patente (ES 190 968) bajo el título “Procedimiento mecánico, eléctrico y a presión de aire para lectura de libros”. En la memoria descriptiva Ruiz Robles expuso los objetivos de su invento: innovar la enseñanza para que fuese más intuitiva y amena, conseguir el máximo de conocimientos con un mínimo esfuerzo y adaptar el libro al progreso tecnológico.

Dibujos de la patente ES 276 346 de Ángela Ruiz Robles

Desde 1952 estuvo trabajando en su “Enciclopedia Mecánica”, un proyecto todavía más audaz y perfeccionado que el libro mecánico patentado años atrás. La inventora buscaba resolver los problemas de las enciclopedias escolares al uso, como su excesivo volumen o los desequilibrios en la extensión y comprensibilidad de los contenidos. En 1962 registró otra patente (ES 276 346) con el título “Un aparato para lecturas y ejercicios diversos”. La principal novedad respecto a la enciclopedia original era la inclusión de sonidos grabados y de diversos compartimentos para guardar bobinas, material escolar de dibujo y pequeños instrumentos científicos (reloj, brújula, termómetro, barómetro).

Las dos invenciones mencionadas de Ruiz Robles (ES 190 968 y ES 276 346) pueden ser consideradas auténticas precursoras del libro electrónico. Ángela Ruiz Robles recibió numerosos galardones y condecoraciones: Medalla de Oro y Diploma en la Exposición Nacional de Inventores (1952), Lazo de la Orden de Alfonso X el Sabio (1956), Óscar a la Invención en la Feria de Zaragoza (1957), Medallas de Bronce (1957 y 1958) y de Plata (1963) en la Exposición Internacional de Inventores de Bruselas y Medallas de la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1964), del Salón Internacional de Inventores de Ginebra (1970) y del Salón de la Inventiva de Madrid (1970). Ángela Ruiz Robles falleció en Ferrol.

 

Stephanie Louise Kwoleck (1923-2014) fue una química estadounidense inventora de la fibra sintética Kevlar ®. Nació en New Kensington (Pensilvania) en una familia de emigrantes polacos. Su padre era un naturalista aficionado y le inculcó desde muy pequeña la curiosidad hacia el mundo natural. De su madre (ama de casa y viuda desde 1933) heredó el interés hacia los tejidos y la costura, hasta el punto que la pequeña Stephanie quiso ser de mayor diseñadora de moda.

En 1946 Kwoleck se graduó en Ciencias con una especialización en Química por la Universidad Carnegie-Mellon de Pittsburgh (Pensilvania), y ese mismo año empezó a trabajar en la empresa química E.I. DuPont de Nemours&Co. de Bufalo (Nueva York), propietaria de materiales sintéticos como el nailon (desarrollado en 1935), el neopreno (1930) o el teflón (1938).

Kwoleck fue trasladada al laboratorio de investigación de fibras sintéticas de Wilmington (Delaware) en 1950. Allí trabajó con el nailon y desarrolló un novedoso y sencillo procedimiento para producirlo mediante condensación por etapas en un matraz a presión atmosférica y a temperatura ambiente. Registrado por DuPont en 1957 y 1958 mediante tres patentes estadounidenses (US 3 006 899, US 3 063 966, US 3 094 511), este procedimiento permitió a Kwoleck ser reconocida en 1959 con un premio (el primero de su dilatada carrera investigadora) por la Sociedad Americana de Química (ACS en sus siglas inglesas).

Kwoleck desarrolló procesos de policondensación donde los intermediarios químicos de alta reacción permitían crear polímeros muy resistentes al calor, los cuales llegaban a temperaturas de 400 ºC sin fundirse (patentes US 3 287 323, US 3 322728, US 3 328 352). En 1965 descubrió de manera casi accidental el material sintético que la haría mundialmente famosa: el Kevlar ®, una fibra sintética de extraordinaria resistencia que no se rompía allí donde el nailon sí lo hacía y que además era cinco veces más fuerte que el acero. La razón de estas peculiares características se encontraba en la alineación en paralelo de las moléculas a modo de varillas.

Entre 1966 y 1974 fueron registradas en EE.UU. hasta trece patentes en relación a las poliamidas, siendo la US 3 819 587 la referida al Kevlar ® propiamente dicho, a su vez protegido comercialmente con una marca (la estadounidense 983.080 de 1974). Entre sus más de 200 aplicaciones se encuentran equipos de protección (cascos, chalecos antibalas, blindajes), refuerzo de neumáticos, cables, material deportivo (tenis, hockey, piragüismo), altavoces, instrumentos musicales, telefonía móvil, ropa, objetos ignífugos y piezas automovilísticas y aeroespaciales.

Primera página de la patente de Stephanie Kwoleck US 3 819 587

Kwoleck fue la inventora de 27 patentes para DuPont (la última de 1985). En 1986 se retiró como investigadora de la empresa, aunque siguió ligada desde un puesto consultor. Falleció en Wilmington a la edad de 90 años.

 

Hedy Lamarr (1914-2000) fue una actriz e inventora norteamericana. Nació en Viena como Hedwig Eva Maria Kiesler en una familia judía de la alta burguesía austriaca. Siendo aún una adolescente la descubrió el director teatral Max Reinhardt (1873-1943) con quien estudió en Berlín y quien la apodó “la mujer más bella de Europa”. En 1930, hizo su primera película (“Das Geld liegt auf der Straße” / El dinero está en la calle). En 1933 saltó a la fama con el film checo “Éxtasis” al protagonizar el primer desnudo en una cinta comercial. Ese año, obligada por sus padres, se casó con el influyente magnate armamentístico austriaco Friedrich Mandl (1900-1977). El celoso, maníaco y profascista Mandl la retiró del cine, compró todas las copias posibles del escandaloso film y la mantuvo encerrada en su castillo de Salzburgo, reducida a mera anfitriona de reuniones sociales en las que llegó a tratar a Mussolini y a Hitler. No obstante, Kiesler aprovechó para estudiar ingeniería y adquirir información sobre armamento y personas que, durante la Segunda Guerra Mundial, haría llegar a las autoridades aliadas.

En 1937 abandonó a su marido tras una rocambolesca fuga en la que drogó al mayordomo que la vigilaba y se disfrazó con sus ropas. Marchó a París, donde obtuvo el divorcio, y luego a Londres, pero acosada por sicarios de Mandl se trasladó a EE.UU. Allí fue protegida de Louis B. Mayer (1885-1957), productor de los estudios de Hollywood Metro Goldwin Mayer (MGM). Mayer acuñó para ella una nueva identidad artística con la que sería conocida desde entonces: Hedy Lamarr, inspirada en la actriz de cine mudo Barbara La Marr (antigua amante del productor). Su debut en el cine americano fue con “Algiers” (1938). Protagonizó 17 películas para MGM y su mayor éxito cinematográfico fue “Sansón y Dalila” (1949). A partir de entonces su carrera decayó, siendo su último largometraje de 1958.

En 1941 comenzó una relación amorosa con el compositor norteamericano George Antheil (1900-1959). Profundamente antinazis, colaboraron con el esfuerzo bélico a través de una patente concedida en 1942 para un sistema de comunicaciones secreto para lanzar torpedos teledirigidos por radio imposibles de detectar por el enemigo (US 2 292 387). Realmente era una versión pionera del salto en frecuencia o sistema de espectro expandido, la tecnología base de los actuales “Wifi”, la telefonía “3G” o el “Bluetooth”. Consistía en dos tambores perforados y sincronizados (como en una pianola) para emitir 88 frecuencias (número de teclas del piano) que cambiaban aleatoriamente, lo que impedía su detección. Aunque no fue usado en la Guerra Mundial, sí lo fue en transistores diseñados por Sylvania Electronics (1957), en un sistema de boyas rastreadoras durante la Crisis de los Misiles (1962) o en la Guerra de Vietnam (1964-1973).

Uno de los dibujos de la patente de Hedy Lamarr US 2 292 387

Retirada de la vida pública en los años 60, fue homenajeada por la Fundación Frontera Electrónica (1997) por su contribución a las telecomunicaciones. Casada y divorciada cinco veces más (ninguna con Antheil), falleció en Orlando (Florida).

 

Julie Newmar es otra actriz e inventora estadounidense nacida en 1933 en Los Ángeles (California) como Julia Chalene Newmeyer. Su primer rol acreditado (con el nombre artístico de Julie Newmeyer) fue en la película La serpiente del Nilo (1953). Su primer papel de éxito fue en 1954 como una de las chicas (Dorcas) de la comedia musical Siete novias para siete hermanos. Un año después aparecía con su definitivo nombre artístico, Julie Newmar, en la revista de Broadway Silk Stockings. Entre 1952 y 1999 actuó en una treintena de películas y obras de teatro, además de diversas series televisivas (StarTrek, Superagente 86, Colombo, McCloud, Embrujada, McMillan y su esposa, o Vacaciones en el mar).

Newmar patentó invenciones relacionadas con la lencería en la década de 1970 (US 3 914 799 y US 4 003 094) a favor de unos pantis que proporcionaban un realce posterior del cuerpo. Otro invento de Newmar fue un sujetador sin respaldo (US 3 935 865) para lucir vestidos de espalda descubierta. En la propuesta de Newmar los tirantes habían sido sustituidos por un sistema de bandas y cordones que discurrían por aquellas zonas del cuerpo tapadas por la ropa, tal que pechos, hombros, abdomen y cintura, lugar donde el sostén quedaba abrochado mediante un sencillo y accesible cierre de gancho y ojal.

Primera página de la patente de Julie Newmar US 3 914 799.

Octogenaria, Julie Newmar mantiene a día de hoy una vida muy dinámica. Además, es una activista muy comprometida con los derechos LGTBI, y en 2014 fue galardonada por toda una vida dedicada a la defensa de los mismos.

 

Finaliza esta revisión al talento inventor femenino con referencia a otras cuatro inventoras españolas de finales del siglo XIX y principios del XX. Cabe citar en primer lugar a Fermina Orduña, primera española que solicitó una patente (entonces denominadas “privilegios de invención”) el 21 de abril de 1865 (privilegio real 4 606, relativo a un aparato y sistema para expender al público leche de burra, vaca o cabra). Candelaria Pérez era una comerciante canaria residente en La Habana (Cuba) que en 1889 solicitó la patente ES 9 696 (“Una cama combinada con un mueble tocador, lavabo, mesa de noche, bidet, mesa para jugar al ajedrez o para comer y atril para leer cuya combinación puede aplicar también a un escritorio u otro mueble”). La valenciana Elia Garci-Lara Catalá patentó en 1890 un lavadero mecánico (ES 10 711), que se trataba de un sistema en varias etapas: clasificación de la ropa según diversos criterios (clientes, categoría, género, empleo, o grado de suciedad), lavado preparatorio, colada mediante saponificación, lavado con jabón, aclarado, escurrido con hidro-extractor centrífugo, secado al aire libre (o con aire caliente procedente de una estufa), planchado, plegado y prensado de la ropa ya seca y limpia. La Doctora Concepción Aleixandre Ballester (1862-1952) fue una de las primeras mujeres en obtener la Licenciatura en Medicina en España (Universidad de Valencia, 1889). En 1909 desarrolló unos pesarios ginecológicos; la invención (patente ES 47 109) consistía en dos sistemas de pesarios que se colocaban en la vagina para corregir el descenso de la matriz. Estaban fabricados en metal (aluminio y acero niquelado) a diferencia de otros modelos de caucho o goma que provocaban infecciones. Además, disponían de un sistema de muelles que los hacían flexibles y adaptables.

Dibujo del pesario ginecológico de la Dra. Concepción Aleixandre Ballester (patente ES 47 109).

Los ejemplos mostrados en este blog son sólo una pequeña muestra de la importancia de la mujer en la innovación, y cómo fue posible la protección de esa innovación a través de las patentes. Sirva este homenaje que, aunque sea modesto, quiere  reconocer la figura de la mujer y su contribución continua en el desarrollo tecnológico.

 

Etiquetas:
Categorias: Propiedad Industrial

Mujeres inventoras (tercera parte)


 

Continúa en esta tercera entrega relativa a la vida e invenciones de destacadas mujeres innovadoras.

 

Elena García Armada es una investigadora española nacida en Valladolid (1971). Con un doctorado en ingeniería industrial, lidera el grupo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que ha desarrollado el primer exoesqueleto biónico del mundo para niños con atrofia muscular espinal. García Armada es además fundadora de Marsi Bionics, empresa surgida del CSIC y la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) cuyo objetivo es la investigación y creación de exoesqueletos pediátricos. Se trata de estructuras basadas en soportes que se ajustan a las piernas y al tronco del niño y que al incorporar motores que imitan el funcionamiento del músculo le aportan fuerza para caminar y mantenerse en pie.

Dos de las patentes de la Dra. Elena García Armada, izquierda: patente europea EP 3 009 240 B1; derecha, solicitud internacional WO 2016/083650 A1.

Uno de sus primeros proyectos fue SILO 4, un robot de 30 kg pensado para su uso en labores de reconocimiento y rescate en catástrofes y para labores de desminado. En él se probó un algoritmo de mejora de control y estabilidad que permitía una mayor autonomía por parte del robot, prescindiendo así de supervisión humana. Al mejorar la adaptabilidad del robot al terreno (adaptando las patas según percibe perturbaciones y alteraciones) aumenta su equilibrio e impide que vuelque, lo que es fundamental para tareas de arrastre o transporte de cargas.

Las principales líneas de investigación de la Dra. García Armada abarcan la mejora en la agilidad de la locomoción en cuadrúpedos; la creación de exoesqueletos de extremidades inferiores y órtesis activas; y la estabilidad dinámica en robots caminantes y su adaptación a terrenos complejos con perturbaciones ambientales. En el campo de la creación de exoesqueletos pediátricos el proyecto más destacado y premiado ha sido ATLAS 2020, un exoesqueleto de 9 kg de peso capaz de mantener la rigidez mientras permite un movimiento más ágil y articulado mediante sus diferentes sensores de fuerza, presión y temperatura. Está dotado de articulaciones inteligentes que interpretan los movimientos del paciente detectando cuáles son deseados y cuáles indeseados, algo fundamental ya que en muchos casos existen movimientos espasmódicos que, mal interpretados, conllevan serios riesgos para la seguridad del paciente.

 

Margaret E. Knight (1838-1914) fue una de las inventoras estadounidenses más relevantes del siglo XIX. Entre sus invenciones destaca la fabricación de las típicas bolsas de papel norteamericanas. Nació en York (Maine) y muy pronto quedó huérfana de padre. A la edad de diez años dejó la escuela y se empleó junto a toda su familia en una fábrica textil en New Hampshire, donde permaneció hasta 1858. A lo largo de su vida realizó unas 90 invenciones, y obtuvo 21 patentes.

En 1866 se trasladó a Springfield (Massachusetts) para trabajar en la Columbia Paper Bag Company. Margaret Knight desarrolló un nuevo proceso de fabricación mecánica de bolsas de papel: corte, doblado y pegado. Las primeras bolsas de papel en el mercado eran estrechos tubos de papel con fondo plano en forma de “V” (no muy diferentes a un sobre) que podían albergar poco peso y, además, tenían que ser pegadas a mano. Knight tuvo la idea de mecanizar todo el proceso de fabricación: corte, doblado y pegado. De esta manera las bolsas adquirían mayor amplitud, mejor usabilidad y un fondo cuadrangular con el que podían mantenerse erguidas y aguantar más carga sin romperse. Nacía, por tanto, la bolsa de papel que enseguida acabó convirtiéndose en el estandarizado envoltorio empleado por infinidad de comercios estadounidenses pero también reutilizado para guardar y llevar casi cualquier objeto de manera cómoda y desapercibida.

Tras una lucha en tribunales por el intento de apropiación indebida por parte de Charles F. Annan, uno de los mecánicos participantes en la construcción del prototipo, Knight consiguió finalmente su patente en julio de 1871 (US 116 842). Llama la atención la argumentación del mecánico para defenderse: la imposibilidad de que una mujer llevara a cabo diseños técnicos sofisticados. Este argumento machista, que hoy día en no se sostendría ante ningún tribunal, pudo ser efectivo en aquella época.

En la década de 1880 Knight registró patentes relativas a un protector de faldas (US 282 646), un sistema de abrochado elástico para batas (US 306 692) y un espetón de asar (US 311 662). Durante la siguiente década registró varias patentes en relación a máquinas para la industria del calzado (US 436 538, US 436 539, US 444 982, US 494 784, US 521 413, US 527 205). Con el nuevo siglo ideó varios modelos de motores rotativos a vapor protegidos entre 1902 y 1904 mediante otras patentes (US 716 903, US 717 869, US 720 818, US 730 543, US 758 321, US 743 293). En los últimos años de su vida desarrolló motores de combustión interna obteniendo tres patentes (US 1 068 781 A, US 1 086 299, US 1 132 858). Knight también inventó un sistema de ruedas de alta resistencia, obteniendo la patente US 1 015 761.

Algunos dibujos de una de las patentes de motores de Margaret E. Knight, US 1 068 781.

Margaret falleció en Framingham a la edad de 76 años. A pesar de los miles de dólares que sus patentes le proporcionaron, su herencia fue de sólo 275 dólares. En 2006 fue incorporada al “National Inventors Hall of Fame”.

 

Erna Schneider Hoover fue otra destacada innovadora estadounidense nacida en Irvington (Nueva Jersey) en 1926. Matemática e informática de formación, se interesó a temprana edad por la ciencia al leer una biografía de Marie Curie (1867-1934), la primera persona en recibir dos premios Nobel, el de Física (1903) y el de Química (1911), por sus investigaciones sobre la radiactividad. En 1948 Erna se graduó con las máximas calificaciones en la Universidad de Wellesey (Massachusetts), en Historia y Filosofía, especializada en los periodos clásico y medieval.

En 1951 obtuvo el doctorado en Filosofía y Fundamentos de la Matemática por la Universidad de Yale y ese mismo año logró un puesto de profesora de Filosofía y Lógica en la Universidad de Swarthmore (Pensilvania). En 1953 se casó con Charles W. Hoover (1926-2017), físico en una de las principales compañías mundiales dedicadas a la investigación en telecomunicaciones y electrónica, la compañía Bell Telephone Laboratories, Inc. (“Bell Labs”).

En 1954 Erna Hoover dejó la docencia e ingresó en el centro de Bell Labs en Holmdel como técnica superior adjunta. Gracias a sus conocimientos en lógica simbólica y en teoría de realimentación, Hoover programó mediante un algoritmo los dispositivos de control de una central telefónica de manera que pudieran usarse los datos de las llamadas entrantes para imponer orden a todo el sistema.

Diseñó una computadora para que monitorizara los procesos relacionados con la entrada y salida, dándolos prioridad sobre otros menos importantes como el mantenimiento de registros o la facturación. De este modo, el ordenador de la central podía ajustar automáticamente y en tiempo real la tasa de frecuencia de aceptación de llamadas, con lo que se reducía el problema de sobrecarga. El sistema de conmutación electrónica inventado por Hoover suponía una revolución en las comunicaciones. Introducía en el sistema la informática (técnicas de computación, circuitos de transistores y programas de control almacenados en memoria) dejando obsoletos en poco tiempo a los tradicionales conmutadores electromecánicos.

Primera página de la patente de Erna S. Hoover, US 3 623 007.

En 1971 Hoover y Barry J. Eckhart (un técnico colaborador de la compañía en Canada) obtuvieron la patente US 3 623 007. Hoover se jubiló en 1987 después de 32 años en Bell Labs. Desde entonces se ha dedicado a difundir la importancia de la educación a todos los niveles, denunciado la escasez de mujeres científicas entre el profesorado.

Integrante de los órganos directivos de universidades estatales como la de Trenton (1980) y la de Nueva Jersey (1983), ha defendido el valor de la educación pública superior a través de la captación de los mejores alumnos y la inversión de fondos estatales. En 1990 su antigua universidad la premió por sus logros. En 2008 ingresó en el “National Inventors Hall of Fame”.

 

Katharine Burr Blodgett (1898-1979) fue otra científica estadounidense, inventora del cristal no reflectante. Nació en Schenectady (Nueva York). Su padre era George R. Blodgett (1862-1897), un prestigioso abogado que dirigía el departamento de patentes de General Electrics (GE) y que falleció un mes antes de nacer su hija, asesinado por los disparos de un ladrón. En reconocimiento a los servicios prestados, GE se hizo cargo de la estabilidad financiera de su familia, que se trasladó a Nueva York al poco de nacer Katharine. Más tarde (1901) se desplazaron a Francia, donde la niña adquirió un dominio fluido del francés. En 1912 los Blodgett regresaron a Estados Unidos. Con solo quince años (1913) ganó una beca para la Universidad Bryan Mawr (Pensilvania) y se graduó en Física (1917), destacando su destreza científica. Licenciada en Química (1918) por la Universidad de Chicago, a los 20 años se convirtió en la primera mujer en trabajar en un laboratorio de GE.

Entre 1924-1926 realizó el doctorado en el Laboratorio Cavendish de la Universidad de Cambridge (Inglaterra), dirigido por el británico-neozelandés y premio Nobel de Física Ernest Rutherford (1871-1937), y se convirtió en la primera mujer que alcanzaba un doctorado en Física por Cambridge.

Dibujos de una de las patentes de Katharine Burr Blodgett, US 2 220 861.

Desde medidos de la década de 1930, Blodgett investigó cómo eliminar la reflexión de un cristal allí donde ésta fuese indeseable, pero permitiendo la transmisión de la luz. El resultado fueron dos patentes, una sobre la reducción de la superficie de reflexión en cristales (US 2 220 861) y otra relativa a un cristal de baja reflectancia (cristal invisible, US 2 220 862).

En 1933 desarrolló un sencillo procedimiento para calibrar el espesor de una capa de película de modo extraordinariamente preciso (millonésima de pulgada). En 1952 obtuvo la patente US 2 587 282 para el calibrador del grosor de revestimientos ultrafinos. Otras patentes de Katherine Blodgett fueron US 2 493 745 y US 2 589 983.

Blodgett estuvo perfeccionado durante años el aparato de laboratorio de Pockels que se conocería en adelante como balanza Langmuir-Blodgett, al igual que los finísimos revestimientos conseguidos con dicha tecnología pasarían a llamarse películas Langmuir-Blodgett. Por este instrumento recibió su primera patente (US 2 220 860) en 1940 pero la tecnología quedó en el olvido hasta 1971. Actualmente las películas Langmuir-Blodgett se utilizan en multitud de campos de la investigación (síntesis de nanopartículas, separación de mezclas de gases, elementos de electrónica molecular, soportes para tintes azoicos y aislantes orgánicos para transistores, entre otros).

Esta entrada sobre mujeres inventoras finaliza con el recuerdo a Mary Elizabeth Walton, inventora estadounidense que vivió en la segunda mitad del siglo XIX, que fue pionera en la lucha contra la polución del aire y la contaminación acústica. Se sabe muy poco de su vida: residía en Nueva York y su padre (probablemente un ingeniero) la educó junto a sus hermanas en nociones de ciencia e ingeniería.

En 1879 Mary Walton obtuvo la patente estadounidense US 221 880 a favor de una mejora con la que minimizar los efectos contaminantes de locomotoras y chimeneas. La invención consistía en una máquina que vertía los gases, polvos y demás sustancias producidas por las locomotoras de vapor o las chimeneas de fábricas y viviendas a unos contenedores de agua (o también a las alcantarillas) en lugar de hacerlo directamente a la atmósfera. De esta manera los agentes tóxicos se disolvían en el agua y también se evitaban los malos olores de la combustión. Sin duda el gran mérito de esta patente estriba en ser una de las primeras soluciones a las nocivas consecuencias medioambientales de la industrialización en una época donde las fábricas se encontraban en los centros urbanos de las grandes ciudades (y no en las afueras) y la contaminación era vista como una consecuencia inevitable del progreso. Ante ella únicamente cabían las opciones de una pasiva aceptación, especialmente por la clase obrera, o alejarse en busca de un lugar con aire limpio, algo solo asequible a las clases adineradas.

Walton viajó a Inglaterra para dar a conocer su invención, que fue elogiada por técnicos británicos. Se puso en práctica años después en fábricas de la costa este de EE.UU. para evitar la gran cantidad de enfermedades pulmonares que aquejaban a los trabajadores. Durante la segunda mitad del siglo XIX los trenes elevados se convirtieron en parte del paisaje de grandes ciudades como Londres (1867), Nueva York (1868 y 1875), Berlín (1882), Chicago (1892) o Liverpool (1893). En 1881 Walton registró otra patente (US 237 422) para un perfeccionamiento en la construcción de los armazones y cimientos en las vías de este tipo de ferrocarriles. El propósito de esta invención era reducir las molestias de los ruidos y las vibraciones consecuencia del paso de los convoyes que se desplazaban sobre estructuras en altura muy próximas a las viviendas, algo que la propia Walton sufría en su piso de Manhattan. Estas molestias provocaban numerosos casos de neurosis, insomnio y ataques de nervios entre la población y hacían insoportable la vida cotidiana en grandes áreas urbanas.

Walton experimentó en el sótano de su casa diversos medios para reducir la contaminación acústica hasta que encontró una solución. Consistía en anclar los carriles, las guardas longitudinales y los travesaños a un suelo formado de arena, asfalto y guata de algodón, el cual absorbía las vibraciones del traqueteo del tren y, por tanto, disminuía la emisión de ruidos. Walton vendió su invención por 10.000 dólares a los ferrocarriles metropolitanos neoyorquinos donde fue puesto práctica con gran aceptación de maquinistas, pasajeros y habitantes.

 

Dibujo de la primera patentes de Mary Elizabeth Walton, US 221 880.

 

Etiquetas:
Categorias: Propiedad Industrial

Mujeres inventoras (segunda parte)


Continua, en esta segunda entrega, la revisión de algunas mujeres inventoras con referencia a algunas de las invenciones desarrolladas por ellas.

Celia Sánchez-Ramos Roda es una científica e inventora española, especializada en ciencias de la visión. Nacida en Zaragoza en 1959, es diplomada en Óptica (1983), licenciada en Farmacia (1984) por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Doctora en Farmacia (UCM) y Doctora en Ciencias Visuales por la Universidad Europea de Madrid.

Ha sido responsable de más de una veintena de invenciones. Destaca la lente de contacto terapéutica para ojos pseudo-afáquicos (ojos sin cristalino tras una operación de cataratas) y/o con un proceso de neurodegeneración (macular y retiniana), protegida como patente ES 2 247 946 y extendida a otros países (como Egipto, Colombia, Brasil, China, Australia, Canadá, Japón, EEUU y México). Otra invención destacada de Sánchez-Ramos ha sido un difusor de luz para instalar en el techo del vehículo fuera del campo visual del conductor (patente ES 2 337 869, extendida a Estados Unidos, Japón, China y Canadá). Su objetivo es inducir la contracción de la pupila en ambientes de escasa iluminación, eliminando aberraciones visuales y mejorando la calidad de la imagen generada por la retina. Consiste en un dispositivo lumínico que propaga una luz difusa. Esta luz no deslumbra ni constituye un estímulo visual que pueda molestar o distraer.

Uno de los dibujos de la patente ES 2 337 869 sobre un Dispositivo y método de iluminación difusa para interior de vehículos.

Desde 1986, Sánchez-Ramos es profesora de la UCM, con docencia en óptica fisiológica, percepción y salud visuales. Celia Sánchez-Ramos ha obtenido diversos galardones, como las Medallas de Oro y de Plata en la Feria Internacional de Inventos y Mercados Tecnológicos de Taipei (2009 y 2010), Medalla de Oro en la Exposición Tecnológica de Malasia (2010), Premio a la Invención Española por la Fundación García Cabrerizo (2010) y Premio Tiempo de Mujeres a la Iniciativa Científica y/o Empresarial por la Feria y la Cámara de Comercio de Zaragoza (2012).

Gertrude Belle Elion (1918-1999) fue una destacada bioquímica y farmacóloga norteamericana. Nació en Nueva York, de una familia de emigrantes judíos procedente de Lituania. Con 15 años, al morir su abuelo de cáncer, decidió combatir la enfermedad y entró en el Hunter College para estudiar la carrera de química. Graduada en 1937, ingresó en la Universidad de Nueva York, licenciándose en 1941.

Imagen de las reivindicaciones de la patente US 2 800 473, Método de marcado de 6-mercaptopurina, desarrollado por Gertrude B. Elion y George H. Hitchings.

En 1944 obtuvo un puesto de bioquímica en la empresa farmacéutica Burroughs Wellcome & Co. (BWC, actualmente GlaxoSmithKline, GSK), de ayudante del jefe de investigación George H. Hitchings (1905-1998). Comenzó estudiando la biosíntesis de los ácidos nucléicos y sus enzimas con la idea (concebida por Hichtings) de crear medicamentos anticancerígenos basados en cómo las células empleaban la química para producir ADN y se desarrollan. En 1951 Elion y Hichtings sintetizaron la “6-mercaptopurina” (6-MP, patente US 2 800 473), la primera droga efectiva en frenar la leucemia infantil. Asimismo, consiguieron la “pirimetamina” (1950) contra la malaria, y el “trimetoprim” (1956), un antibacteriano (meningitis, septicemia, infecciones urinarias y respiratorias). En 1957 Elion obtuvo la “azatioprina”, el primer agente inmunosupresor, fundamental en los trasplantes de órganos y también empleado en el tratamiento de la artritis reumatoide. En 1962 creó el “allopurinol”, para la gota. En 1967 fue nombrada jefa de investigación de BWC (en sustitución de Hitchings).

Beulah Louise Henry (1887-1973) fue otra destacada inventora y empresaria estadounidense, completamente autodidacta, responsable de unas 110 invenciones y 49 patentes. También fue conocida con el apelativo de “Lady Edison”, en analogía con el prolífico Thomas Alva Edison (1847-1931), autor a su vez de más de un millar de inventos. Beulah Louise nació en Raleigh (Carolina del Norte) en una familia de distinguido linaje.

En 1912 obtuvo su primera patente sobre una máquina de hacer helados que incluía una cámara congeladora rodeada por una estructura aislante. La invención (US 1 037 762) permitía gran rapidez en la fabricación del helado con mínimo gasto de hielo, además de servir para enfriar agua. Henry también registró esta patente en el Reino Unido (GB 24 647 A.D. 1911) y en Francia (FR 436 144).

Uno de los dibujos de la patente US 1 037 762, ideada por Beulah Luoise Henry.

Beulah Louise realizó invenciones de muy diversa índole: parasoles, paraguas y sombrillas (US 1 492 725, US 1 593 494, US 1 608 394), estuches de maquillaje (US 1 522 453), productos de aseo y calzado (US 1 577 861, US1 653 705), muñecas (US 1 551 250, US 2 022 286, US 2 259 467, US 2 302 318, US 2 346 580, US 2 324 774), otros juguetes (US 1 575 264, US 1 634 146, US 1 634 189, US 1 639 607), inflado de balones y pelotas (US 1 723 482, US 1 723 855), productos de mecanografía (US 1 874 749, US 1 889 657, US 2 062 455, US 2 069 492, US 2 138 491, US 2 187 900), máquinas de escribir (US 2 267 915, US 2 484 886, US 2 610 784, US 2 634 849, US 2 695 698, US 2 897 944), máquinas de coser (US 2 230 896, US 2 268 396, US 2 906 244), e incluso un horno eléctrico de inyección (US 3 055 827). Su última patente fue concedida en 1970 (US 3 497 132), y trataba de un método de hacer sobres de cartas en distintas formas.

Aunque otras inventoras, como las químicas estadounidenses Ruth Benerito (1916-2013) y Giuliana Tesoro (1921-2002), alcanzaron un registro más numeroso de patentes (50 y 125 respectivamente), el mérito de Beulah Louise Henry es incluso mayor, al tratarse de una autodidacta y encontrarse en una época donde innovar y, más aún, vivir de las innovaciones, era algo vedado a las mujeres.

Elizabeth Magie Phillips (1866-1948) fue otra inventora, escritora, periodista, empresaria y actriz estadounidense, creadora del juego de mesa precursor del célebre “Monopoly”. Elizabeth (“Lizzie”) Magie nació en Macomb (Illinois). Hacia 1890 la familia Magie se trasladó a Washington D. C., donde Elizabeth trabajó como estenógrafa y mecanógrafa. En 1893 obtuvo su primera patente (US 498 129) a favor de un dispositivo que facilitaba el paso del papel entre los rodillos de las máquinas de escribir.

Imagen del tablero de juego cubierto en la patente US 748 626.

En 1902 presentó un juego de mesa (llamado “The Landlord’s Game”, El juego del propietario, patente US 748 626), para demostrar el negativo y desigual resultado del acaparamiento de tierras: el enriquecimiento de los propietarios y el empobrecimiento de los arrendatarios. En 1910 Elizabeth Magie se casó con el negociante Albert Wallace Phillips (1856-1937), adoptando el apellido de su marido. En 1923 el matrimonio Phillips se instaló en Washington D. C., volviendo a registrar el juego con una nueva patente (US 1 509 312) al caducar la anterior, si bien existían diferencias entre ambos juegos. Elizabeth intentó la comercialización de su juego a través de ambas patentes con la compañía Parker Brothers, lo que no llegó a conseguir. No obstante, el juego se practicaba en centros de enseñanza superior. A pesar de los intentos de Phillips para mantener intacto su privilegio sobre “The Landlord’s Game”, el juego continuó siendo copiado sin licencia y bajo otros nombres, dado el interés que despertaba en los Estados Unidos en el contexto de penuria general de la década de 1930.

Mientras tanto, en 1935, el vendedor Charles Darrow (1889-1967) obtuvo una patente (US 2 026 082) para un juego de mesa llamado “Monopoly”. Tras quedarse sin empleo en 1929, Darrow había conocido copias privadas de “The Landorld’s Game” y decidió registrarlo prácticamente con el aspecto, los elementos y el reglamento con los que hoy es conocido de modo universal. Al poco de obtener su patente, Darrow vendió los derechos a la compañía Parker Brothers. El éxito comercial fue apabullante, con dos millones de copias vendidas en 1937, lo que vino a salvar de la quiebra a la compañía y convirtió a Darrow en el primer diseñador de juegos de la historia en llegar a millonario.

Esta segunda entrega de mujeres inventoras finaliza con el recuerdo a Josephine Garis-Cochrane (1839-1913), inventora y empresaria estadounidense creadora del primer lavavajillas funcional. Nació en Ohio, hija del ingeniero civil John Garis y bisnieta del relojero e ingeniero John Fitch (1743-1798), inventor del primer barco de vapor operativo en los EE.UU., el “Perseverance” (1787).

Josephine estudió inicialmente en un instituto privado de Valparaiso (Indiana). Tras el incendio de la escuela se trasladó a Shelbyville (Illinois), donde completó su formación. Allí, en 1858, se casó con William Apperson Cochran (1831-1883), un próspero comerciante textil e influyente político local del Partido Demócrata. Tras la muerte de su marido se encontró con numerosas deudas por lo que modificó su apellido de casada (añadiendo la letra e al final) y construyó un aparato lavavajillas. El procedimiento consistía en lanzar chorros de agua sobre los platos firmemente sujetos en anaqueles. En 1886 recibió una primera patente (US 355 139) por su invención. Para difundirla comercialmente estableció su empresa Garis-Cochrane Dish Washing Machine Company en Shelbyville y visitaba ella misma a los posibles clientes.

Entre 1887 y 1909 Cochrane registró cinco patentes más (US 391 782, US 512 683, US 731 341, US 852 419 y US 1 009 223) para distintos modelos de lavaplatos perfeccionados en cuestiones como el ahorro de agua, jabón, energía o piezas, la mejora de las boquillas de descarga o la introducción de mecanismos de bombeo, un deflector automático, rotación intermitente, manguera de drenaje, doble recipiente, una canasta protectora de la vajilla o un pequeño modelo adaptado específicamente a los hogares (comercializado a partir de 1911). Incluso en 1914 llegó a obtener una patente póstuma (US 1 223 380). Falleció en Chicago a la edad de 74 años.

Uno de los dibujos de la patente del primer lavavajillas de Josephine Garis-Cochrane (US 355 139).

 

Etiquetas:
Categorias: Propiedad Industrial

Mujeres inventoras (primera parte)


Desde hace varios años, cada 26 de abril se celebra el Día Mundial de la Propiedad Industrial e Intelectual con objeto de dar a conocer la función que desempeñan los derechos de propiedad industrial e intelectual (patentes, marcas, diseños industriales, derechos de autor) en el fomento de la innovación y la creatividad. En 2018, la campaña del Día Mundial de la Propiedad Industrial e Intelectual ha celebrado el talento, el ingenio, la curiosidad y el valor de las mujeres como impulsoras del cambio en nuestro mundo. El lema de este año ha sido:

Artífices del cambio: las mujeres en la innovación y la creatividad.

La Oficina Española de Patentes y Marcas ha querido sumarse a este homenaje a la actividad de las mujeres inventoras; para ello, en el vestíbulo de la entrada puede encontrarse (hasta el 31 de julio de 2018) una sencilla exposición consistente en varios paneles que resumen la vida y principales obras de veintitrés mujeres (ocho de ellas españolas). En este blog, se desea hacer una breve mención a estas innovadoras. La mayor parte de la información que se transcribe se ha obtenido de la web del Archivo Histórico de la OEPM, elaborada gracias a la colaboración entre la OEPM y la Universidad Autónoma de Madrid.

Margarita­ Salas Falgueras es una investigadora española pionera de la biotecnología. Nació en Canero (Asturias) en 1938, hija del psiquiatra José Salas Martínez. Licenciada en Química (1960) y Doctora en Bioquímica (1963) por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Margarita Salas contrajo matrimonio en 1963 con su compañero de estudios Eladio Viñuela Díaz (1937-1999). Ambos fueron ayudantes en la Universidad de Nueva York del médico español Severo Ochoa entre 1964 y 1967. Bajo la dirección de Ochoa, Salas y Viñuela estudiaron la formación de la síntesis de las proteínas bacterianas por la intervención del aminoácido formilmetionina. El matrimonio regresó a España en 1968 y organizó un laboratorio en el Centro de Investigaciones Biológicas (CIB) de Madrid, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). En 1968 Salas obtuvo la plaza de profesora de Genética Molecular en la Facultad de Química de la Universidad Complutense de Madrid, ocupándola hasta 1992. Profesora de investigación en el CIB (1973-1977) y en la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) (1977-1981), desde 1974 trabajó en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBMSO), dependiente del CSIC y de la UAM, del que fue su directora (1992-1993). La Doctora Salas y su equipo estudiaron la biología molecular del virus bacteriófago ­29 (“φ29”), agente infeccioso de la bacteria del suelo­ bacillus subtilis. Este virus, elegido por su simplicidad (20 genes) a la hora de manipularlo, se convirtió en modelo para toda la investigación posterior en ingeniería genética.

Durante la década de 1980 Salas y su equipo del CBMSO descubrieron un revolucionario método de replicación del ADN. Comprobaron que el ­φ29, al infectar al bacilo, producía la síntesis de la proteína DNA polimerasa viral, cuyas propiedades la convertían en la enzima perfecta para amplificar el ADN a partir de cantidades mínimas, lo que permitió a posteriori una gran cantidad de aplicaciones. El CSIC protegió la invención mediante patentes en varios países (WO 91/16446, US 5 001 050, JP 55 08302, EP 527 728, ES 2 103 741 T3, DE 69 031 043), obteniendo regalías por sus licencias, lo que ha hecho de la patente de la DNA polimerasa viral la más productiva de la investigación española.

Imagen de la proteína DNA polimerasa infectada por el virus bacteriófago φ 29.

La Doctora Salas tiene en su haber numerosos reconocimientos y distinciones, como Presidenta de la Sociedad Española de Biología (1988-1992) asesora del Instituto Max Planck de Genética Molecular en Berlín (1989-1996) y del Instituto Pasteur de París (2001), miembro de la Academia Americana de Microbiología (1966), la Organización Europea de Biología Molecular (1983), la Academia de Europa, la Real Academia Española de Ciencias (1988), la Academia Europea de Ciencias y Artes (1997), la Real Academia Española de la Lengua (2003) y la Academia de Ciencias de los Estados Unidos (2007). Es doctora “honoris causa” por las Universidades de Oviedo (1996), Politécnica de Madrid (2000), Extremadura (2002), Murcia (2003), Cádiz (2004) y, desde 2008, es Marquesa de Canero.

Otra mujer relevante fue la pedagoga y médica italiana Maria ­Montessori (1870-1952), licenciada en medicina por la Universidad de Roma-La Sapienza) siendo la primera mujer italiana en obtener este título (1896). En 1897 ya ejercía como ayudante de la Cátedra de Psiquiatría, y tomó contacto con niños con discapacidad. Entre 1899 a 1900 dirigió en Roma la Scuola Magistrale Ortofrenica consiguiendo que niños de ocho años con discapacidad alcanzaran notas por encima de la media en los exámenes oficiales de lectura y escritura. Influida por diversos pensadores, médicos y educadores (Rousseau, Itard, Séguin, Pestalozzi, Froebel), amplió su formación (antropología, psicología, filosofía) en Londres, París, Roma, Turín y Nápoles. En 1907 abrió en el popular barrio romano de San Lorenzo su primera “Casa dei Bambini” (para 50 niños entre dos y cinco años) donde puso en práctica su famoso método educativo, vigente actualmente en más de ocho mil escuelas públicas y privadas.

María Montessori viajó a Barcelona en 1934 para aplicar su método a la catequesis católica, ciudad en la que permaneció hasta el inicio de la guerra civil. Una parte fundamental de su método educativo fue el material didáctico que ella misma desarrolló, como queda reflejado en sus patentes (como es 55067, ES 68470, y FR 404244). El estallido de la Segunda Guerra Mundial la sorprendió en la India, donde permaneció hasta 1946, trabando amistad con Gandhi. Retornó a Italia en 1947 donde recuperó la docencia universitaria y colaboró en la reconstrucción del sistema escolar nacional. En 1949 fijó su residencia en Holanda. Autora de una docena de libros, obtuvo sendos doctorados “honoris causa” por las Universidades de Durham (1926) y Amsterdam (1950). Estuvo nominada tres veces al Premio Nobel de la Paz (1949, 1950 y 1951). Falleció en Noordwijk (Holanda) a los 81 años.

Dibujos de la patente española ES 68470 de Maria Montessori (“Sistema para iniciar a los niños en el estudio de la aritmética y la geometría plana y del espacio”).

La empresaria e inventora estadounidense Marion O’Brien ­Donovan (1917-1998) pudo acostumbrarse a la innovación y los negocios gracias a la empresa­ familiar The South Bend Machine Tool Company, dedicada a la fabricación de tornos para la construcción de maquinaria. Marion se graduó en Literatura Inglesa por la Escuela Rosemont de Filadelfia y más tarde en Arquitectura por la Universidad de Yale. En 1942 contrajo matrimonio con el importador de cuero James F. Donovan, un importador de cuero, adoptando su apellido.

Con el nacimiento de su primera hija (1946) Marion tuvo que enfrentarse con la engorrosa e ineludible tarea de lavar constantemente los pañales sucios y la ropa manchada. Por ese motivo fabricó un cubre pañal con trozos de cortinas de baño hechas del mismo nylon que los paracaídas, material impermeable muy abundante en la época y lo suficientemente flexible y transpirable. Incorporaba además unos botones de cierre a presión para conseguir la máxima fijación y prescindir de los tradicionales imperdibles, poco prácticos y muy peligrosos. Los buenos resultados de su invento llegaron de inmediato: era reutilizable, fácilmente lavable, mantenía secas la ropa y sábanas del bebé y evitaba las erupciones cutáneas y el riesgo de pincharse.

Marion bautizó el cubre pañal como “Boater” por su parecido a un bote de navegar (“boat”). Dado que ninguna empresa se interesó en fabricarlo o comercializarlo, en 1949 ella misma creó su propia compañía “­Donovan Enterprises” y lo ofreció a la venta en los grandes almacenes­ Saks Fifth Avenue­de Nueva York. El éxito del cubre pañal fue instantáneo y Donovan lo protegió a través de cuatro patentes (US 2556800, US 2575163, US 2575164 y US 2575165), concedidas todas en 1951. También fue protegido en Canadá (CA 482174) y en España (ES 39242).

Dibujos de la patente estadounidense US 2 575 165 de Marion O’Brien Donovan.

Marion patentó diversas invenciones, muchas extendidas a otros países:  un contenedor-dispensador de sustancias fluidas (US 2811281), pañuelos faciales de papel (US 2627974, US 3007065, US 3119516 y US 3338469), una liga para medias ajustable a la cintura (US 3067478), sobres (US 3270948 y US 3270950), material de oficina (US 3620553), un cordel elástico para los vestidos que se abrochaban por la espalda (US 3599274), una percha de ropa con capacidad para colgar ordenadamente hasta treinta prendas (US 4169534) y un hilo para la higiene bucodental (US 4523600).

Otra inventora destacable es la empresaria norteamericana Elizabeth Arden­ (1878-1966), nacida en Woodbridge (Canadá) como Florence Nigthingale Graham.­ Hija de emigrantes británicos, tras la muerte de su madre (1884) trabajó en la tienda familiar de comestibles en Toronto. En 1901 inició estudios de enfermería descubriendo que los tratamientos para piel de quemados servían como lociones de belleza. Tras dejar los estudios y ocuparse luego en diversos empleos, en 1908 se marchó a Nueva York. Allí trabajó como contable de una empresa farmacéutica ampliando sus conocimientos para desarrollar el concepto de “crema de belleza”, por entonces desconocido.

En 1909 abrió un salón de belleza en la Quinta Avenida de Nueva York, junto con otra socia; en 1910 el salón pasó a su propiedad, y cambió el nombre del local por el de Elizabeth Arden. En 1912 fue a París para conocer técnicas de belleza y de masaje facial. A su vuelta, Arden introdujo en los Estados Unidos el moderno maquillaje de ojos (el rímel y la sombra para párpados), y elaboró coloretes y polvos tintados de su propia invención. Tras establecer en París su primer salón en el extranjero (1922) y abrir el lujoso spa de Maine Chance (1934), comercializó su primera fragancia “Blue Grass” (1935) así como el bálsamo para la piel “Eight Hours Cream” (1936). Por entonces ya era dueña de 29 salones en todo el mundo (17 países hacia 1950). Doctora “honoris causa” por Syracusa (1949) y Dama de la Legión de Honor (1962), falleció en Nueva York a los 88 años siendo propietaria de 100 establecimientos en todo el mundo, contando una fortuna personal superior a los 30 millones de dólares.

Modelo de utilidad ES 74 832 U, propiedad de Elizabeth Arden Ltd, relativo a un envase para productos cosméticos.

 Finaliza esta primera entrega de mujeres inventoras con el recuerdo a la estadounidense Mary Anderson (1866-1953). En el invierno de 1902, durante una estancia en Nueva York, Anderson observó que los conductores de tranvías y automóviles tenían enormes dificultades para retirar la nieve de las ventanillas. Buscó entonces una solución a esa falta de visibilidad durante la conducción en los días de nieve o lluvia. Tras diversos ensayos, en 1903 ideó un aparato limpia-ventanas (patente US 743 801). Se trataba de un brazo metálico basculante que llevaba incorporada una lámina de goma y que realizaba un movimiento radial con un presión uniforme sobre el exterior del parabrisas gracias a un contrapeso. Era accionado de forma manual desde el interior del vehículo por el conductor o su acompañante a través de una palanca. Tras hacer el brazo limpiador su recorrido por la ventana, un resorte lo devolvía automáticamente a su posición inicial.

En 1905 pretendió, sin éxito, que una empresa canadiense lo comercializara. Por entonces los coches no eran todavía unos bienes de consumo asequibles a la mayoría y habría que esperar a 1908 con la aparición del Ford-T (el primer “utilitario” de la historia) para que el limpiaparabrisas resultara viable e imprescindible en el equipamiento básico de los automóviles. En 1913, miles de coches en EE.UU. ya tenían incorporado un sistema como el inventado por Anderson y para 1916 se encontraba estandarizado en la industria. Anderson jamás recibió ni un solo dólar por derechos de propiedad industrial sobre su invención.

Dibujos de la patente estadounidense US 743 801 de Mary Anderson.

 

Etiquetas:
Categorias: Propiedad Industrial

LA PÍLDORA ANTICONCEPTIVA: UNA INVENCIÓN PATENTADA QUE TRANSFORMÓ LA SOCIEDAD


En esta entrada me voy a ocupar de una invención que ha provocado grandes cambios sociales en todos los países en los que se ha ido aprobando su uso; la píldora anticonceptiva. Se trata de un medicamento que no tiene por objetivo el tratamiento de una enfermedad pero que dio lugar a una auténtica revolución económica y social en el último tercio del siglo XX.

Para comprender por qué el anticonceptivo oral tuvo tal éxito en su lanzamiento, es preciso repasar los anticonceptivos que se habían utilizado a lo largo de la historia. En el antiguo Egipto, se utilizaba excremento de cocodrilo, Aristóteles recomendaba aceite de oliva y se dice que Casanova utilizaba limón. Otros métodos más modernos presentan tasas de fracaso elevadas, como el 18% en el preservativo, el DIU (Dispositivo Intrauterino) o las esponjas. En el caso de la píldora anticonceptiva, el riesgo de fallo es del 6% y además su utilización es responsabilidad exclusiva de la mujer. No es preciso entrar en negociaciones con la pareja, como puede ocurrir con el preservativo, ni es tan complicado y aparatoso como el DIU o la esponja. La píldora es sencilla y discreta, de ahí su éxito. La píldora se aprobó en los EE. UU. en 1960 y su aceptación fue muy rápida.

Pero detrás de su obtención había años de estudio, de ensayos y …. una patente. Como en tantas otras ocasiones, fueron varios los inventores que estaban trabajando con el fin de obtener un anticonceptivo oral. En 1951, el mexicano Luis Ernesto Miramontes Cárdenas sintetizó la molécula que permitió elaborar la primera píldora anticonceptiva. Se trataba de la “noretisterona”. Luis Ernesto Miramontes puede ser considerado, por tanto, el primer inventor de un anticonceptivo oral. En la patente estadounidense de número US2744122 (01/05/1956) y prioridad mexicana (22/11/1951) que obtuvo la compañía mexicana Syntex, figuraban también como inventores Carl Djerassi y George Rosenkranz. La empresa Syntex había sido fundada por el científico norteamericano Russell Marker (experto en la síntesis de hormonas), junto con otros científicos que se habían refugiado en México huyendo del nazismo y de la guerra en Europa. La comercialización no llegaría hasta unos años más tarde y comenzaría en los EE. UU.

Reivindicación independiente de US2744122

Dentro del equipo de Syntex también se encontraba el biólogo estadounidense Gregory Goodwin Pincus. Este científico ya había investigado abundantemente en el tema de la anticoncepción, a partir de los trabajos del austriaco Ludwig Haberlandt que había demostrado en conejos la posibilidad de lograr la anticoncepción mediante el empleo de hormonas. De vuelta en los EE. UU, Pincus conoció a Margaret Sanger, fundadora de la liga americana para el control de la natalidad, la cual le proporcionó financiación para la creación de un laboratorio destinado a desarrollar un anticonceptivo oral. Con ese apoyo económico, Pincus y el científico chino-americano Min Chueh Chang investigaron de manera intensiva sobre la utilización de la progesterona con efectos anticonceptivos. A partir de la progestina (progesterona sintética) familia a la que pertenece la noretisterona patentada por Syntex, Pincus y su equipo desarrollaron una serie de “pildoras anticonceptivas” que la empresa estadounidense Searle ensayó en Puerto Rico. El primer anticonceptivo oral aprobado por la FDA (Agencia del medicamento norteamericana) fue la combinación mestranol/norethydronel en 1957 y se comercializó bajo la marca Enovid. Inicialmente su indicación era para problemas menstruales y en 1960 se añadió la utilización como anticonceptivo. En 1961 fue aprobado como anticonceptivo en el Reino Unido y en Canadá. Después de haberse recetado abundantemente en los EE. UU. empezaron a aparecer casos de trombos y embolias pulmonares. Estos y otros efectos secundarios como la hipertensión estaban provocados por la elevada dosis hormonal empleada. Actualmente, la dosis que se utiliza es de 1/3 de la inicial y por tanto ofrece mucha mayor seguridad.

Esta píldora es la que se conoce como combinada (estrógeno + progesterona) que se debe tomar durante los primeros 21 día del ciclo a la misma hora del día. También existe la píldora que solo contiene progestágeno y que se toma de forma continuada.

En 1965 casi la mitad de todas las mujeres casadas de los EE. UU.  que utilizaban algún método anticonceptivo empleaban la píldora. Sin embargo, no fue hasta 1970 que las mujeres estadounidenses solteras fueron autorizadas a emplear el anticonceptivo oral. A partir de entonces, las universidades estadounidenses comenzaron a abrir centros de planificación familiar y a mediados de los 70 la píldora era el método anticonceptivo más extendido entre las mujeres de 18 y 19 años. Ello dio lugar a una revolución económica y social. Hasta entonces había titulaciones universitarias que eran mayoritariamente masculinas: más del 90% de hombres en medicina y derecho, el 95% en los MBA y el 99% en odontología. Antes de que se dispusiera de la píldora, para poder optar a esas titulaciones era preciso retrasar la maternidad hasta los 30. Pero sin anticonceptivos eficaces, ello suponía un gran riesgo si se mantenía una vida sexual activa, algo así como construir una fábrica sobre un terreno con riesgo sísmico. Un pequeño error y toda la inversión de tiempo y dinero podía irse al traste. Sin embargo, la utilización del anticonceptivo oral permitió retrasar la edad del matrimonio y de la maternidad y ello provocó que el porcentaje de mujeres universitarias se disparara. Procesos similares se vivieron en las sociedades de todos los países en los que se fue autorizando la “píldora”.

Para mostrar la influencia que la aprobación de la píldora tuvo en la incorporación de la mujer a los estudios y al mundo del trabajo, se puede contraponer al de los EE. UU. el caso de Japón, que puede ser considerado el país del mundo más desarrollado dónde existe una mayor desigualdad de género y donde la píldora no fue autorizada hasta 1999.

En España, la píldora anticonceptiva se comercializó a partir de 1964, pero oficialmente sólo se autorizaba en tratamientos ginecológicos para “regular el ciclo menstrual”. La “legalización” se produjo el 7 de octubre de 1978, cuando las Cortes Constituyentes despenalizaron la venta, divulgación y uso de los anticonceptivos modificando el artículo 416 del código penal.

La patente española sobre una composición anticonceptiva (su procedimiento de  fabricación pues los productos farmacéuticos no fueron patentables en España hasta 1992) más antigua que he encontrado en la base de datos española de patentes “invenes” es una de número de publicación ES0319318 y solicitante “American Cyanamid Company”. Se trata de una composición con un agente estrógeno y otro progestativo pero de aplicación tópica, en lo que parece ser un antecedente del actual parche anticonceptivo.

Puesto que estamos hablando de patentes, es conveniente recordar que las invenciones relacionadas con la anticoncepción estuvieron excluidas de la patentabilidad hasta bien entrado el siglo XX en la mayor parte de los países occidentales por considerarse contrarias al orden público y las buenas costumbres.

El siguiente capítulo de esta historia, aún no escrito en su totalidad, es el de los anticonceptivos orales de uso masculino. Aunque periódicamente surge alguna noticia relacionada con el tema, aún no se comercializa este tipo de anticonceptivo. Se está investigando sobre unas inyecciones que contienen progesterona y testosterona, que presentan un 95% de efectividad pero importantes efectos secundarios. También se están estudiando proteínas que bloquean la emisión de espermatozoides.

Habría que preguntarse por qué hasta ahora no se ha obtenido este anticonceptivo oral masculino. Quizás tenga una base científica  (la naturaleza muestra que durante el embarazo no es posible una nueva concepción y que ello coincide con la secreción de progesterona), pero por otro lado quizás tenga que ver con lo que Margaret Mead declaraba cuando se conocieron los primeros efectos secundarios graves de la píldora:

“The pill is entirely the invention of men. And why did they do it?… Because they are extraordinarily unwilling to experiment with their own bodies… and they’re extremely willing to experiment with women’s bodies… it would be much safer to monkey with men than monkey with women.”(La invención es completamente una invención de los hombres. Y ¿por qué lo hicieron? Porque no están dispuestos en absoluto a experimentar con sus propios cuerpos….. y sin embargo están muy dispuestos a experimentar con los cuerpos de las mujeres….. Sería mucho más seguro hacer ensayos con hombres que con mujeres)

Leopoldo Belda

Nota : Esta entrada está basada en gran medida en el siguiente programa de la BBC: “contraceptive pill: 50 things that made the modern economy”.

 

Etiquetas:
Categorias: Propiedad Industrial