Archivo de enero, 2014

¿Sabes que día es hoy?: el valor documental de un calendario (impreso)

Juan C. Marcos Recio
No lo recuerdo. Ayer fue San Vicente Mártir… Hace ya tres semanas que llegó 2014. Los primeros días eran festivos y no supusieron ningún problema. Pero cada día que pasa se me hace más difícil no tener en mi despacho un calendario. Preciso, un calendario impreso, como los de antes. Supongo que la crisis es quien se ha encargado de acabar también con este producto informativo-documental que tanto adornaba nuestras casas y oficinas. Bancos, agencias de seguros, supermercados, cristalerías… Añadan los negocios que quieran y piensen en aquellos calendarios que nos regalaban.

Mirar lo impreso es apostar por la seguridad. Hay soportes más rápidos, pero no tan visibles, con la tranquilidad de mirar y ver incluso el santo del día o un mensaje breve, tipo recomendación, para cumplir en esa jornada. Los había con frases célebres que nos llevaban a reflexionar durante 24 horas y hasta podríamos comparar la información del mes anterior y del que vendría. Eran una fuente de información que teníamos delante siempre que la necesitábamos.

Los había artísticos, con excelentes reproducciones de bodegones, propios de pollerías y/o fruterías, pero también de otros productos que sin ser tan vistosos acompañaban los insulsos días. Algunos se podían recortar y luego hacer un cuadro con aquellas láminas. Eran especiales los de una compañía llamada Unión Explosivos Riotinto, (ver calendario de 1970), en la que participaron artistas de la talla de Romero de Torres, Francisco Ribera, Cecilio Pla, etc.

Eran ante todo publicitarios. Almanaques que lucen inmensidad de productos, nombres de marcas comerciales, bellas señoritas luciendo su figura, inquietantes animales salvajes y feroces, frutos de la huerta y semillas para plantar. ¿Quién no recuerda esos calendarios subidos de tono de los talleres? y/o los que llevaban en sus camiones los protagonistas de la ruta. Todo ello para sostener números y días, meses adelante y atrás y también el día a día.

Los había de una sola configuración. En una página estaban los doce meses del año y encima una publicidad. Los doce meses con la misma. Otros, preferían poner una imagen comercial cada mes para recordar diversos productos. Algunos, incluso, eran dobles, dos meses con la misma publicidad. Y hasta triples. Tres meses y una bonita publicidad encima. Podríamos decir que las combinaciones eran múltiples, tanto en su formato informativo como en el publicitario.

Pero el calendario por excelencia era el que llevábamos en la cartera del bolsillo, pequeño, cómodo, flexible, muy útil en determinadas circunstancias. Por un lado, imágenes de publicidad, marcas de coches, bares y cafeterías, animales salvajes… Los motivos eran tantos y tan diversos que un coleccionista podría sumar miles y miles de motivos. A su espalda, los meses, ordenados de tal forma que cada uno obtuviera el mismo espacio, excepto febrero en el que la maquetación permitía un espacio más ordenado.

Y hasta algunos relojes que no tenían calendario dentro optaban por colocar uno en la correa. Cada mes cambiaban el calendario y tenían a la vista los días que pasaban como la vida misma. Calendarios grandes de cocina, de baño, de oficina, de clínica y hospital, de lugares públicos y de sitios donde se concretan citas para organizar la vida de cualquiera.

Y el tamaño importaba, la opción siguiente era un calendario de mesa. Casi todos repartidos en seis meses en una cara y el resto en la otra. Y como no uno o varios anuncios de clínicas, de coches, de productos varios acompañando esos días del calendario.

Y de todos ellos, el mas importante, el que más miramos, es el calendario laboral. Fiestas que parecen las mismas pero que cambian de día, según el espacio geográfico. Además vienen, como los domingos en otro color, generalmente rojo destacando que esa jornada será de descanso. En mi caso, por mi profesión de profesor, el escolar, es el que marca mi vida y como la universidad ya no hace versión impresa, obligo a trabajar a mi impresora y lo pongo delante de mi escritorio.

Los calendarios marcaron el ritmo de nuestra vida durante muchos siglos, especialmente estos: Gregoriano, Juliano, Egipcio, Romano. Sin ellos, la vida no tenía un orden, ni una forma de esperar el día del cumpleaños y las fiestas más próximas. Fuera de estos, el calendario lunar y hasta el pagano, el maya y el azteca cuando se nos acababa el mundo, han marcado nuestras vidas con la ilusión de llegar al final, la última hoja que se arranca al calendario para iniciar un año nuevo.

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En 2013, la Biblioteca Nacional aceptó la donación de un total de 21.404 piezas

Nuestra máxima Casa de los Libros ha visto reducido su presupuesto para la adquisición de patrimonio bibliográfico en un 80 por ciento con respecto a los tres últimos años.


Las donaciones y aportaciones vinculadas a la Biblioteca Nacional de España (BNE) han sido declaradas en la Ley de Presupuestos Generales del Estado para 2014, actividades prioritarias de mecenazgo. Esto representa la elevación en un 5 por ciento las deducciones por el apoyo a las actividades de la BNE.

En una nota enviada por el Departamento de Prensa de la BNE se explican algunas consideraciones sobre el patrimonio y sobre las donaciones del año 2012 y las que en breve se añadirán al fondo.

Con la reciente Ley 22/2013, de 23 de diciembre, de Presupuestos Generales del Estado para el año 2014, el Gobierno ha ampliado en un cinco por ciento las deducciones de las que los donantes de patrimonio pueden beneficiarse en sus impuestos sobre la renta. Es una decisión por la que debemos felicitarnos puesto que supone un incentivo mayor a las personas que generosamente entregan sus bienes para el incremento del acervo patrimonial.
Los artículos 19 y 20 de la Ley 49/2002, de 23 de diciembre, de régimen fiscal de las entidades sin fines lucrativos y de los incentivos fiscales al mecenazgo, establecían el derecho a desgravar de la cuota íntegra el 25 por 100 de la base de la deducción determinada para las personas físicas y el 35 por 100 para las sociedades, respectivamente. Con la Ley de Presupuestos Generales del Estado para 2014 se aumenta, pues, en un cinco por ciento este beneficio para los donantes, lo cual, sin ser evidentemente un incentivo desmedido, no cabe duda de que en estos momentos significa un paso adelante por parte del Gobierno en el apoyo y compromiso al progreso y a la ampliación del patrimonio cultural.
En estos tiempos de penuria en los que la Biblioteca Nacional de España ha visto reducido su presupuesto para la adquisición de patrimonio bibliográfico en un 80 por ciento con respecto a los tres últimos años, el Organismo ha desarrollado una política muy activa de donaciones en la que se ha dirigido a relevantes personalidades de la cultura española con el objetivo de ofrecerles sus espacios, sus medidas integrales de seguridad, sus métodos vanguardistas de conservación y sus garantías de difusión mundial a cambio de entregar su obra de forma altruista a la Institución. Es una alternativa de gestión de las adquisiciones encaminada a que la Biblioteca Nacional de España no sienta reducidos sus ingresos bibliográficos y documentales de forma drástica como resultado de la recesión económica, sino que, como lo ha hecho a lo largo de sus trescientos años de historia, siga ampliando en calidad y cantidad día a día sus egregias colecciones al margen de los condicionantes históricos por los que transcurra. La Biblioteca Nacional de España no puede perder la oportunidad, en unos momentos de reajustes presupuestarios como los actuales, de continuar siendo una referencia fundamental al servicio de la investigación sobre la cultura hispánica y el principal centro depositario del patrimonio bibliográfico y documental español.
Fruto de esta política de promoción de las donaciones, en los últimos meses autores como Antonio Muñoz Molina, Luis Mateo Díez, Manuel Ruiz Amezcua, Jesús Pardo de Santallana, Joan Margarit i Consarnau, Manuel Miján, Eliacer Cansino, Jesús Marchamalo, Joaquim Aubert Puigarnau (“Kim”), Javier Alfaya, etc. entregaron sus escritos y documentos personales a esta Institución, movidos por una conciencia del bien público y del patrimonio bibliográfico y documental español. Otros autores como Peridis, Joan J. Guillén, José Luis Delás e Isabel de Madariaga lo harán próximamente. En 2013 se ha aceptado la donación de un total de 21.404 piezas y la valoración de las mismas, todavía sin concluir por la complejidad de algunos archivos personales, compuestos por múltiples tipos de documentos, asciende por el momento a más de 300.000 euros. En 2012 ingresaron 16.028 ejemplares por la vía de la donación, lo que valorado pieza a pieza alcanzó una suma de 552.877,5 euros, un 45 por ciento más que el año anterior. Se ha de subrayar que, en unos momentos económicos como los que estamos viviendo, la donación, después del depósito legal, se convierte en la vía de ingreso de fondos más recurrida en esta Biblioteca.
Aun así, conviene precisar que la donación de obras a la Biblioteca Nacional de España, si bien es un acto de enorme generosidad, no debe entenderse como algo completamente altruista, ya que no sólo comporta unos determinados beneficios fiscales sino que, lo que es más significativo, se ofrecen unas condiciones excepcionales para los documentos, condiciones no parangonables a las de ninguna otra institución española. Que un manuscrito de un autor o su archivo personal comparta espacio y repose para siempre junto a autógrafos de Leonardo da Vinci, Lope de Vega, Calderón, Quevedo, Bécquer, Muñoz Molina…, entre otros, es un privilegio innegable.
La Biblioteca Nacional de España está trabajando igualmente en potenciar la vía del mecenazgo con vistas a obtener contribuciones para hacer frente a los gastos relacionados con el patrimonio bibliográfico, lo que abarcaría desde la adquisición de una pieza hasta los gastos de conservación de la misma o los relacionados con la digitalización para cumplir con su esencial misión de reunir, conservar y difundir.
Sería deseable que el paso dado por el Gobierno en relación a los donativos patrimoniales no se constituyera en un acto aislado, sino que fuera el comienzo de una auténtica conciencia cultural e igualmente fueran fomentadas y alentadas acciones tendentes al incremento patrimonial, bien mediante deducciones en los impuestos, como en este caso, o bien mediante legados, daciones o la donación propiamente dicha, así como otros apoyos al enriquecimiento del patrimonio cultural español. Ojalá este sea el primer eslabón de una larga cadena de promoción y, en consecuencia, prosperidad para nuestros bienes culturales.
Yolanda Ruiz Esteban
Directora del Departamento de Adquisiciones e Incremento del Patrimonio
Fuente:
Gabinete de Prensa de la Biblioteca Nacional de España (BNE)
Telf.: 91 5168006 ó 17 ó 23 / Fax: 91 5168017 / gabinete.prensa@bne.es

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La fotografía en la web. Nuevo año, nueva entrega de af.es

Abre af.es el año 2014 con el número 8 en el que presenta 6 portafolios, una entrevista con Alberto Schommer, 16 ensayos de materias diversas (historia, técnica, novedades, documentación…), más el tradicional texto sobre agrupaciones fotográficas, en esta ocasión dedicado a Sant Joan Batista de Sant Adrià de Besòs creada en 1949.

La mirada histórica es para Brassai, con los comentarios que Oriol Maspons publicó sobre su obra en Arte Fotográfico en diciembre de 1957. Los portafolios se reparten de lo real a lo irreal en las Armonías de Javier Aramburu, los Pequeños detalles de Gustavo Arroyo, Los Bodegones de Antonio BDíaz, el Subconsciente consciente de Juan Ramón Luna de la Ossa, y un trabajo que atraviesa el alma y que Alicia Moneva titula Atrapados, deteniendo el tiempo en espacios cerrados para mostrar los horrores del alzheimer. El sonido incorporado (ese tic-tac eterno del alarde multimedia) enriquece la creación. Sobre la luz natural expone sus formas de hacer Rafael Rojas.

La voz es protagonista en la entrevista al Premio Nacional y Académico de Bellas Artes  Alberto Schommer, al que Antonio Cabello califica de investigador, artista, ilustrador, documentalista, mientras él se declara vital y se refiere al pasado, al presente y a nuevos proyectos que le rondan en la cabeza.

Las sugerencias son muchas en este número y la lectura densa. En la sección Mirar para ver Antonio Cabello desmenuza la foto tomada por Chema Moya (agencia Efe) en los aledaños del Congreso, luego nos informa sobre los nuevos sistemas para controlar la distancia en las tomas, nos propone el uso del móvil incluida la posibilidad de comercializar las imágenes desde Fotolia, y también nos descubre los secretos del maquillaje digital.

Daniel Caballo denuncia el abuso del Photoshop en la moda y en el cine, y Alberto Cabello comenta la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual. Sobre la protección del material escribe Víctor Lerena, mientras que Philippe González reivindica el uso de la fotografía en las redes y Rafael Calabuig abre una nueva serie titulada Fotosalud, cuyo primer análisis está dedicado a los dolores musculares del fotógrafo.

Y una cosa más de gran interés, la recuperación de un texto clásico que se ofrece por entregas, el Diccionario Histórico de conceptos, tendencias y estilos fotográficos de Miguel Ángel Yáñez Polo, una obra excelente e imprescindible que recomendamos conservar.

Entre tanta información, se me han quedado grabados en la retina los pequeños detalles de Arroyo, esas pequeñas cosas que todos los días surgen a nuestro alrededor y que la mirada atenta del autor capta para la posteridad. Cuando los miro, tengo la sensación de que en algún momento pasado (lo mismo en otra vida) estuve allí…

Pasen, observen y lean.

http://www.artefotografico.es/revistas-afes-online/

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