Los llamados entierros verdes se presentan como una alternativa ecológica a los entierros tradicionales. Utilizan ataúdes biodegradables, cementerios naturales y prometen tener una menor huella de carbono. Pero ¿hasta qué punto cumplen lo que prometen?
En este artículo publicado en Aeon se profundiza en esta pregunta. Algunos métodos reducen impactos claros, como el uso de productos químicos o materiales contaminantes. Otros, sin embargo, trasladan el problema o lo maquillan con una estética sostenible. La falta de estándares claros y la diversidad de prácticas hacen difícil evaluar su impacto real.
El debate no es solo ambiental, sino también social y cultural. La muerte se ha convertido en un nuevo espacio de consumo verde, donde conviven innovación, marketing y buenas intenciones. La pregunta incómoda es si estamos ante una transformación profunda o simplemente ante otra versión "eco" de lo de siempre.