Las mariposas y escarabajos asociados a la madera muerta sufrieron fuertes declives entre 1950 y 1980 debido a la intensificación de la agricultura y la homogeneización de los paisajes
Un equipo científico internacional, con participación de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), ha reconstruido por primera vez casi un siglo de cambios en la diversidad de varios grupos de insectos. El estudio, publicado en Nature Ecology & Evolution, muestra que las mariposas y los escarabajos que se alimentan de madera muerta (saproxílicos) han sufrido fuertes declives, especialmente a mediados del siglo XX, coincidiendo con la intensificación agrícola, la mecanización y la simplificación de los paisajes. Aunque el estudio se centra en Suiza, sus resultados ayudan a comprender los efectos de estos procesos sobre la biodiversidad en otros países europeos, incluido España.
La investigación ha sido liderada por Agroscope en el marco del programa INSECT y se basa en registros históricos y actuales de más de 800 especies de mariposas y escarabajos saproxílicos recogidos entre 1930 y 2021 en Suiza. Los datos proceden de colecciones, proyectos científicos, programas de seguimiento y observaciones realizadas por la ciudadanía y personas aficionadas a la naturaleza, lo que ha permitido reconstruir tendencias de biodiversidad a lo largo de más de 90 años.
"Las personas siempre se han sentido fascinadas por insectos grandes como las mariposas y los escarabajos. Por ello, existen numerosos ejemplares históricos, así como registros en aplicaciones modernas de observación", explica Felix Neff, investigador de Agroscope y primer autor del estudio.
Mariposas y escarabajos, respuestas diferentes al cambio ambiental
Los resultados muestran que los escarabajos saproxílicos disminuyeron hasta aproximadamente 1960, pero posteriormente se estabilizaron y en algunas zonas han recuperado niveles similares a los de 1930. En cambio, las mariposas continuaron disminuyendo hasta la década de 1980 y no han logrado recuperarse completamente. En promedio, la riqueza de especies de mariposas es hoy un 12% menor que en 1930, con descensos más acusados en las regiones más intensamente cultivadas y urbanizadas.
El estudio señala que los mayores declives se produjeron durante el periodo de intensificación agrícola entre 1950 y 1980, marcado por una mayor mecanización, homogeneización del paisaje y uso de fertilizantes y pesticidas. En los bosques, la explotación orientada a la producción de madera y la retirada de árboles viejos y madera redujeron el hábitat disponible para muchas especies de escarabajos especializados.
"La mayoría de las mariposas dependen de espacios abiertos soleados y ricos en nutrientes, y muchos escarabajos de madera muerta dependen de bosques maduros y de grandes cantidades de madera muerta. Estos dos grupos son, por tanto, representativos del estado de estos hábitats, de los que dependen muchas otras especies", señala Kurt Bollmann, del Instituto Federal Suizo de Investigación sobre Bosques, Nieve y Paisaje (WSL), uno de los investigadores que inició el programa de investigación INSECT.
Señales de recuperación gracias a las medidas de conservación
No obstante, la investigación también muestra señales de recuperación parcial. Las políticas de conservación forestal, la creación de áreas con madera muerta y bosques maduros, así como algunas medidas agroambientales, parecen haber favorecido a ciertos grupos en las últimas décadas. Además, el calentamiento climático ha beneficiado a algunas especies adaptadas a temperaturas más altas, especialmente entre los escarabajos que se alimentan de madera.
"La recuperación parcial en el número de especies sugiere que las medidas de conservación están teniendo efecto, especialmente en los bosques", afirma Bollmann. "Sin embargo, siguen siendo necesarios esfuerzos más intensos para numerosas especies especializadas, como muchas mariposas".
"Este estudio muestra que las comunidades de insectos no responden todas igual: algunas especies pueden recuperarse cuando mejoran las condiciones del hábitat, pero muchas especies especializadas siguen en declive o no han recuperado sus niveles históricos", señala Carlos Martínez-Núñez, investigador de la Estación Biológica de Doñana e integrante del equipo de estudio. "El mensaje de conservación es claro: no basta con detener la pérdida de biodiversidad; necesitamos restaurar la calidad y heterogeneidad de los hábitats, reducir la presión sobre los paisajes agrícolas y mantener elementos clave como flores, márgenes seminaturales, árboles viejos y madera muerta".
Los resultados subrayan la importancia de conservar tanto los hábitats abiertos ricos en flores, fundamentales para muchas mariposas y polinizadores, como los bosques maduros con suficiente madera muerta, esenciales para numerosos escarabajos y otros organismos forestales. Los insectos cumplen funciones ecológicas clave, como la polinización, el reciclaje de nutrientes, el control biológico y el mantenimiento de las redes tróficas. Su pérdida puede tener efectos en cascada sobre el funcionamiento de los ecosistemas y sobre los beneficios que estos proporcionan a la sociedad.
Referencia bibliográfica:
Felix Neff, Kurt Bollmann, Yannick Chittaro, Martin M. Gossner, Felix Herzog, Fränzi Korner-Nievergelt, Glenn Litsios, Carlos Martínez-Núñez, Marco Moretti, Emmanuel Rey, Andreas Sanchez, Eva Knop. Ninety-year trends reveal sharpest insect declines mid-20th century. Nature Ecology and Evolution. https://www.nature.com/articles/s41559-026-03074-6