Un viaje por el arte paleolítico muestra que las primeras imágenes humanas siguen llenas de preguntas
En este artículo publicado en The Guardian recorremos las cuevas paleolíticas del norte de España. Partiendo de Altamira, el periodista Stephen Phelan explora qué sabemos y qué seguimos ignorando sobre el primer arte humano. Lo hace acompañado por el arqueólogo Diego Garate, especialista en arte rupestre de la Universidad de Cantabria.
El autor muestra que aquellas pinturas no fueron gestos simples ni improvisados. Los artistas usaban pigmentos, grabados, relieve natural de la roca, luz de antorchas y espacios subterráneos con intención. Altamira, cerrada al público para proteger sus pinturas, conserva imágenes de bisontes, uros y mamuts de una viveza excepcional. Pero muchas otras cuevas guardan rastros casi invisibles, que solo aparecen con tecnología, entrenamiento y paciencia. El texto también visita cuevas usadas como laboratorios para reconstruir técnicas antiguas.
Imagen de portada: Dario Lorenzetti