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Luis Lladó en Madrid
Escribí un breve texto para la presentación de Luis Lladó en Madrid (monografía que he publicado en 2026 con la editorial La Librería) que reproduzco a continuación:
Gracias al Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y, en especial, a Rosa María Villalón Herrera y a Raquel Ibáñez González, a quienes debo un reconocimiento imprescindible, pude reconstruir una pequeña parte de la obra y la trayectoria de Luis Lladó y Fábregas. Por tanto, mi libro nace de esa labor de archivo previa realizada desde el CSIC, Yo solo he ordenado algunas ideas, contextualizado y estructurado una narrativa visual con dos centenares de imágenes tomadas por el fotógrafo catalán.
En este texto presento a Lladó como un fotógrafo singular, casi siempre vinculado al encargo institucional, pero con una mirada que convierte la documentación en una forma de interpretación. La idea de que es un «fotógrafo sin estilo», no es un demérito sino una especie de vocación. A partir de la colección conservada en el CSIC, intento mostrar que su obra no se limita a registrar edificios, objetos o interiores, sino que da testimonio de una idea de modernidad en construcción.
Su biografía se despliega entre Barcelona, Cervera, Madrid y, finalmente, el exilio en Francia y México. Nacido en 1874, formado primero como pintor, dibujante y grabador, terminó encontrando en la fotografía un oficio capaz de unir precisión técnica y ambición visual.
Pero el tema central del libro es Lladó en Madrid. Me interesa subrayar que el artista catalán fue, sobre todo, un fotógrafo de la transformación urbana. Madrid aparece en sus imágenes como una ciudad que se moderniza a gran velocidad: la Gran Vía, la arquitectura racionalista de la generación del 25, el Canal de Isabel II, la Ciudad Universitaria, el metro y las grandes salas de cine forman un mapa visual de la capital en plena mutación. En sus fotografías, la ciudad deja de ser únicamente un escenario y se convierte en un organismo que crece, se abre y se reinventa.
También me parece reseñar su manera de trabajar con la forma. Lladó evita el énfasis expresivo y prefiere una fotografía sobria, precisa, atenta al objeto y al encuadre. Por eso su obra puede parecer «sin estilo» en el sentido ornamental, pero en realidad contiene una ética muy clara: dejar que las cosas se muestren con la mayor nitidez posible. Esa decisión se advierte tanto en los edificios como en las miniaturas, los interiores, los aparatos científicos o los muebles.
La Guerra Civil interrumpió ese mundo que él había documentado con tanta constancia. Lladó y su esposa militaban en el sindicato de la UGT y desde el primer momento del golpe de estado y durante toda la Guerra Civil apoyaron y sirvieron a la causa republicana. Muchas de las imágenes que tomó entonces muestran ruinas, destrucción y pérdida. Personalmente me emociona y entristece comparar las fotografías que hizo del cine Real Cinema en su esplendor y después durante la contienda sus ruinas tras un bombardeo del bando nacional.
Luis Lladó en Madrid es un libro que no quiere cerrar o ser la única monografía sobre el fotógrafo, sino un primer paso, una invitación a otros investigadores para que se acerquen a la obra de este artista catalán.