En lo más profundo de la taiga siberiana, una familia ha sobrevivido durante más de cuarenta años sin apenas contacto con el exterior. Su historia, reconstruida por The Guardian, es un relato extremo de aislamiento, fe y resistencia.
Huyendo de las reformas religiosas impuestas por el Estado soviético, los miembros de esta familia se internaron en una región prácticamente inaccesible, donde construyeron una vida autosuficiente basada en la caza, la agricultura básica y reglas religiosas estrictas. Durante décadas no supieron nada de guerras, avances tecnológicos o cambios políticos.
El reportaje no idealiza su existencia. Muestra también el coste físico y psicológico de vivir fuera del mundo. Pero plantea una pregunta incómoda: hasta qué punto el progreso es una elección y no una imposición, y qué se pierde cuando el tiempo, literalmente, se detiene.