Estas cotidianas partículas reflejan la contaminación urbana y la actividad humana
El polvo que se acumula en nuestras casas es una mezcla compleja de partículas procedentes del exterior y del interior: tráfico, industria, textiles, productos de limpieza o incluso nuestra propia piel.
Un estudio en distintas ciudades españolas muestra que su composición varía según el entorno urbano. En zonas con más tráfico aparecen más metales pesados. En interiores, destacan compuestos orgánicos asociados a materiales y hábitos domésticos.
Este polvo puede actuar como un archivo ambiental en miniatura. Analizarlo permite reconstruir exposiciones a contaminantes sin necesidad de medir el aire constantemente.
También tiene implicaciones para la salud. Aunque las concentraciones suelen ser bajas, la exposición crónica y la presencia de niños en el suelo hacen que no sea un tema menor.
Podéis leer los detalles de la investigación en este artículo publicado en The Conversation.