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Cachinu e cielu para mi amiga Elisa

Querida amiga, compañera; querida profesora del renacimiento Elisa; no sé si tu fallecimiento engrosará las cifras del MoMo para que algunos buitres políticos sigan ultrajando tu gloriosa memoria con sus espurios fines electoralistas. Es cierto que por el colapso hospitalario no pudiste acceder a ese asidero de esperanza que hubiera sido una inmunoterapia mercenaria contra el “bichinu” malo que tanto rechazabas en tus arengas vecinales de las 8 de la tarde. Bichinu mucho más despiadado que el coronavirus, el cáncer, que finalmente se llevó a la eternidad a una musa de las ciencias –bioquímica, informática-, de las artes y de las costumbres y defensa de la lengua extremeña, el castúo, con una pequeña pléyade de títulos: Extremadura en el corazón; Mi Extremadura. La Cultura Rural; Ceborrincho, relatos extremeños; Mamaeña, relatos extremeños o Vive la Fiesta del árbol, este último, en 2017, con el maldito bichinu ganando terreno en tu salud, nunca en tu ánimo…

Querida Elisa, estudiaba 4º de biología molecular en la Universidad Autónoma de Madrid cuando un amigo común estudiante predoctoral nos presentó. “JAL –me dijo- te voy a presentar a una maga de las matemáticas”. Efectivamente, todavía conservo aquellos cuadrados mágicos que, quitándoles una pequeña pieza, seguían constituyendo la figura completa, perfecta, o mucho más sorprendente –también conservo el recortable- aquel misterio de “the vanishing leprechaun” (el duende desaparecido).

El duende que desaparece

Terminaste tu tesis sobre el efecto de las sales de litio sobre el sistema de transporte de L-triptófano en cerebro de rata; un proyecto posdoctoral del programa OTAN en el Centro Medical Council de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido y, en un giro existencial que te uniría laboral y existencial e indefinidamente a tus hermanos, te introdujiste en el mundo profesional de la infomática como programadora y analista en diferentes entidades…

Una brillante y excelente multifacética del renacimiento aderezado con una lucha sin cuartel con actividades etnológicas en defensa y divulgación de los valores de la naturaleza.

Investigación en primera línea mundial con múltiples publicaciones en revistas internacionales de cada campo tratado, defensora de la naturaleza, de las costumbres y lengua principalmente de tu tierra, de nuestra tierra extremeña, reflejada en múltiples libros, obras de teatro, poemas y, por supuesto, reconocimientos merecidos por tu prosa en extremeño, creación literaria, en general, creación que quedará inmortalizada, además de en los libros de texto de bachillerato, en un monolito de granito en una glorieta de Coslada, uno de los mayores núcleos de extremeños fuera de nuestra patria no tan chica…

Querida profesora, querida compañera, querida amiga, Querida Elisa Herrero Uceda, tus compañeros, tus amigos, tu hijo, tu familia en general, tu pueblo, Ceclavin, la ciencia, la sabiduría multidisciplinar, sabiduría renacentista, la cultura universal y la defensa de tu tierra, Extremadura, sus costumbres, sus gentes, sus lenguas; todo y todos hemos adquirido una deuda inmortal contigo.

Todos con pelos y con nieve!!!

No quiero despedirte. Quiero saludarte y lo quiero hacer con la poesía de Pilar Rubio López:

“Hoy soñé que unas manos dulces, tan blancas como la nieve y suaves como la seda acariciaban mi cara, y que una voz cristalina con brisa de encinas susurraba en mi oído cuan caracola hermosas palabras. La luna platea en el río de escarcha y me consuela mi pena por una muerte anunciada enjugando, con ternura, mis lágrimas”…

JAL (NeuroVirología UAM)

DIVULGACIÓN CIENTÍFICA DEL 26 de JUNIO de 2020

ENTRE PROBETAS

Jueves 21:30 h en Radio 5

El papel de las urgencias con y sin coronavirus – 22/06/20

Si, por desgracia, algo se ha hecho familiar y cotidiano en nuestro vocabulario en los últimos meses, ha sido el término de “urgencia“, como necesidad imperiosa, pero, sobre todo, como uno de los primeros servicios que quedaron colapsados tras la explosión pandémica del SARS-CoV-2. Verdaderos héroes y heroínas se enfrentaron al enemigo invisible sin apenas medios. De urgencias, investigación, información y divulgación hablamos esta tarde con César Carballo, médico adjunto de urgencias del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. En nuestra sección ¿Sabías qué? trataremos la leyenda de que las uñas y el pelo nos crecen tras la muerte. Con más noticias y la banda sonora de Figuras ocultas terminamos el programa.

El LAB de JAL

Domingos 15:50 h en Radio 5

ENTRE PROBETAS (25 minutos de intensa y entretenida ciencia). Radio 5

EL LABORATORIO DE JAL (Píldoras científicas en 3 minutos). Radio 5

MARCA ESPAÑA (A CIENCIA CIERTA) Radio Exterior de España

A HOMBROS DE GIGANTES RNE

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El virus más estratega del siglo, o casi…

Mientras seguimos preguntándonos qué pasará el próximo otoño con el ya maldito mil veces coronavirus de la COVID-19, una observación nos viene desde la clínica. Al parecer, los pacientes presentarían, cada vez, menos sintomatología. De momento, no hay resultados moleculares que respalden esta observación. Digo de momento puesto que un nuevo estudio podría dar nuevas pistas…

Los resultados del estudio del grupo de investigadores del Vall d’Hebron Barcelona Hospital Campus liderado por el Dr. Josep Quer sugieren que el virus SARS-CoV-2 causante de la COVID-19 tiene una estrategia que le permite retardar o minimizar los síntomas de la infección, y esto explicaría por qué el pico de transmisión de este virus se produce antes de que aparezcan los síntomas de la enfermedad, Esta estrategia viral podríamos definirla como la de “No quemar su propia casa”.

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Y llegó el momento de la recapitulación… (Final del diario sobre coronavirus)

LLEGAMOS AL FINAL DE ESTA SERIE: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 2 de junio en El Cultural:

En algún momento tenía que echarse el telón sobre este diario de la cuarentena “coronapandémica” y, tras estar toda España inmersa en la desescalada –esperemos no tener que volver a una des-desescalada-, considero que este puede ser un buen momento. Buen momento para echar la vista atrás –ya parece un siglo y otro universo paralelo- y ver de dónde partíamos a finales del 2019, dónde estamos ahora y, probablemente, dónde estaremos a final de año. Según algunos indicios –unos atletas supuestamente infectados durante unas competiciones deportivas en la ciudad china de Wuhan-, puede que en octubre del año pasado –o antes-, un nuevo agente infeccioso vírico perteneciente a la familia Coronaviridae estuviera circulando por la provincia asiática de Hubei. Sea como fuere, el 11-12 de enero del presente año la Organización Mundial de la Salud, OMS, empezó a recibir información más detallada de la Comisión Nacional de Salud sobre un nuevo brote epidémico encendido desde un mercado húmedo -pescados y mariscos- de Wuhan, mercado que ya había sido cerrado preventivamente el 1 de enero. El 12 de enero China informa de la secuencia genética del agente infeccioso, un betacoronavirus parecido, pero lo suficientemente distinto, al virus del SARS que 20 años atrás provocó una epidemia que puso en alerta a todos los centros de vigilancia epidemiológica mundiales causando cerca de 1000 muertos. A partir de aquí, la tormenta de información –contrastada o no; desinteresada o no- se sucede vertiginosamente, provocando una singularidad en la historia de la humanidad no solo en cuanto a las consecuencias sociales que el virus ha generado, sino también en la forma de comunicación en un mundo globalizado y tecnológicamente conectado en tiempo real…

El SARS del 2003 –o si lo prefieren, SARS-CoV-1-, era un virus 10 veces más letal que el actual SARS-CoV-2 o virus de la COVID-19 (enfermedad por coronavirus del 2019, no coronavirus del 19 de diciembre). Se transmitía entre humanos principalmente tras manifestarse los síntomas provocando un Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS en inglés). Era un virus respiratorio con cerca de un 10% de letalidad. En aquel momento, toda la humanidad contuvo la respiración esperando que la pandemia no se hiciera global. Curiosamente, tras producir casos aislados en varias decenas de países, a finales del verano del 2003, el virus, como vino, se fue. Me pregunto qué hubiera pasado si, víctimas de un temor legítimo, la OMS decreta la pandemia global y todos los países hubieran decidido decretar cuarentena estricta con confinamiento mundial obligado.

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Supercontagiadores y su influencia en la expansión de la COVID

UNA VEZ MÁS: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 26 de mayo en El Cultural:

Indudablemente, la ciencia avanza a marchas forzadas; cada semana se nos desvela un mundo nuevo de conocimiento en torno al SARS-CoV-2 (SARS-2) con miles y miles de artículos –muchos de ellos, que todo hay que decirlo, de dudosa calidad-, algo impensable en otra época, con otras pandemias como la gripe del 2009 o el mismísimo VIH. En una vorágine de información, contrastada o no, frenética como la que estamos viviendo, también se está batiendo un record en la cantidad de información que queda refutada, falsada, corregida, y no solamente en el ámbito del conocimiento molecular o celular, sino también en el clínico. Al fin y al cabo, como ya he dicho en otras muchas ocasiones, es lo que distingue a la ciencia de las pseudocosas. A modo de ejemplos, hemos corregido a la baja el posible porcentaje de transmisores asintomáticos, la capacidad del virus para modular la respuesta inmune innata -en particular, su modulación de la inducción del interferón-, el efecto del virus sobre la hemoglobina, la supuesta eficacia del famoso antiviral Remdesivir y, recientemente, la conveniencia o no del uso masivo de la hidroxicloroquina en pacientes con clínica grave. Por cierto, de nuevo patética la escenita de Trump afirmando tomar este fármaco casi con y por placer…

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Seroplevalencia, ELISAS y expansión asintomática

Dicen que un conocido presentador de programas de pseudociencia que intenta vender bulos, leyendas y mitos manipulando y editando la información sin escrúpulos para hacerla pasar por investigación –y lo digo con conocimiento de causa puesto que un día ya lejano, cuando no conocía la vorágine de dicho programa fui engañado, junto a otro compañero, para asistir a ese engaño- va criticándome en sus programas. La verdad es que un elemento como tal individuo hable mal de uno, es casi halagador. Lo contrario sería preocupante. Eso sí, critica un artículo escrito el 27 de febrero, más de una semana antes de que la OMS declarara la pandemia, con todas las incertidumbres sobre los mecanismos de transmisión y clínica de la infección por el SARS-CoV-2, titulado “más que un catarro, menos que una gripe” publicado en El Cultural. Admitiendo que el título es sensacionalista –como pretenden todos los Medios-, el artículo tiene más de 1000 palabras en las que, lejos de menospreciar la gravedad de la COVID-19, lo que pretendía era poner en valor la importancia que todavía tiene la gripe, esa ya casi amiga incómoda que, a pesar de que tenemos inmunidad de rebaño de más de un siglo de interacción, buenos antigripales y una vacuna efectiva para más del 60% de nuestros mayores, sigue matando cerca de medio millón de personas cada año en el mundo. El artículo –del que, estoy seguro, el susodicho presentador pseudocientífico solo se habrá fijado en el título- explica, con cifras y citas, los efectos año tras año del paso del virus gripal. Y hasta aquí la referencia a alguien que hace programas engañosos tratando de confundir a la audiencia con reportajes manipulados… Ahora, saludamos a nuestros héroes de primera línea de defensa contra la COVID-19 y reproducimos el artículo de la serie “Diario de una cuarentena” del 17 de mayo publicado en El Cultural:

Si algo distingue a la ciencia de la pseudociencia es que, la primera, evoluciona; es, por método, falsable, es decir, puede verificarse, contrastarse o corregirse cualquier resultado, cualquier hallazgo anterior, por muy válido que fuera en su contexto, por nuevos resultados mejor adaptados a las observaciones experimentales. Ahí tenemos, sin ir más lejos, la genialidad de un gigante, Isaac Newton y sus leyes de la gravedad siendo superado y actualizado por otro genio universal, Albert Einstein, y su legendaria teoría de la relatividad. La pseudociencia se basa, no obstante, en dogmas de fe, en elucubraciones y creaciones de iluminados que son inamovibles y perduran por los siglos de los siglos. Los principios de la homeopatía, por ejemplo, fueron creados en la mente del médico alemán Samuel Hahnemann a finales del siglo XVIII. Sus fantasías con aquello de que “lo semejante cura lo semejante” si lo diluimos más allá del número de Avogrado –cuando deja de haber moléculas de soluto en el solvente- y lo sometemos a un rocambolesco proceso de agitación-ritual sigue rigiendo un lucrativo negocio donde se ofrece, a buen precio, agua –con algo de azúcar- como medicamento.

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Fases, memes, otras pandemias y menos inflamación

NO ME CANSARÉ DE DECIRLO: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 11 de mayo en El Cultural:

Hoy quisiera comenzar dando las gracias a todos aquellos que os habéis interesado por mi salud. Sigo con alguna cuestión gástrica sin resolver, pero, a todas luces, ajena al coronavirus. Hace menos de una semana, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, afirmaba que “no vamos a dejar a nadie con síntomas sin diagnosticar”. Al día siguiente llamé a mi seguro oficial, mutualista, y al de la Seguridad Social para recabar información y, dado el caso, solicitar un análisis. ¡No sabían, no les constaba! Por otra parte, también intenté, por mi cuenta y riesgo, solicitar una prueba serológica a una empresa privada de diagnóstico que me permitiera saber –asumiendo el porcentaje de fiabilidad y sensibilidad de estos test rápidos- si ya pasé la COVID-19 y pudiera estar inmunizado. Mi gozo en un pozo; están colapsados y la lista de espera se me antoja inviable. Me resultaría más que interesante, por mi familia y por mí, conocer nuestro estado inmunológico –no ya el vírico- contra el SARS-CoV-2 (SARS-2 en adelante).

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Desescalada, sí, pero con responsabilidad, vitamina D y Nicotina

SEGUIMOS: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 3 de mayo en El Cultural:

A ver si me he aclarado; paso ya del medio siglo, vivo en un piso, en el Madrid peninsular con mi mujer, aunque no estoy empadronado en dicha dirección ni figura en mi DNI, mis hijos están pasando la cuarentena a más de un kilómetro, mi madre y mis suegros también están más allá de las millas asignadas “de seguridad”, tenemos un gato, pero creo que no cuenta como mascota “paseable”, no tenemos bici ni muchas ganas de correr por las avenidas –con rebufo o sin él-. Ah, y aunque ya creo poder descartar la infección por SARS-CoV-2, no así algún trastorno gastrointestinal que, dicen los amables clínicos que me han atendido telefónicamente, tendrán que mirarme cuando pase la “primera ola”, algo que no ayuda a mi tranquilidad. Veamos, con todos estos datos, ¿alguien puede indicarme en qué fase, prefase o posfase me hallo? ¿Cuándo bajar a tomar mis 30 minutos diarios de sol necesarios para sintetizar la suficiente vitamina D como para mantener mi sistema inmunológico robusto? No, no contesten. Son preguntas retóricas sobre la realidad que nos está tocando vivir –impensable si nos lo cuentan hace escasamente medio año-. En realidad, el proceso, aunque cueste al principio asimilarlo, está muy bien definido y, seguramente, detrás de esos esquemas a varios colorines que desde Sanidad se están difundiendo, hay múltiples e intensas reuniones entre asesores científicos y administradores de la “cosa pública”. Nada que objetar; sobre todo, teniendo en cuenta que, como ha ocurrido en otros países, el proceso puede revertirse en cualquier momento, máxime si no cumplimos con nuestra parte como ciudadanos responsables y damos al traste con las medidas de seguridad fundamentales para evitar la diseminación del mal bicho de la COVID-19 algo, incumplir las normas de seguridad, que se saltaron algunos representantes del gobierno de la Comunidad y Ayuntamiento de Madrid durante el cierre del hospital de campaña de Ifema. Si los responsables de hacer cumplir las normas son los primeros que se las saltan… mal vamos, aunque la foto de unidad política haya, o no, quedado divina.

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Menos locuras, más ciencia y uso responsable de mascarillas

PERSEVERAMOS: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 26 de abril en El Cultural:

¡Suma y sigue! Otra semana de locos. Empiezo a pensar que mi sintomatología va de lo somático a lo mental y viceversa. En cuestiones de salud, no hay nada peor, ni más cruel, que la incertidumbre. Sigo con molestias gástricas que quiero –no soy experto- localizarlas en la parte alta del estómago, con sensación de quemazón, de saciedad y alguna otra cosilla menor a la que, ahora, se le une un cansancio crónico sin explicación. ¡Suma y sigue! Tras 4 visitas a urgencias sigo sin algo parecido a un diagnóstico, sin algo parecido a una prescripción –de alguna prueba clínica, se entiende-. Me recetan, de oído, un protector gástrico. A las pocas horas de ingerir la primera pastilla se recrudecen los síntomas –náuseas, sudor…-. ¡Maldita incertidumbre! ¿COVID?, ¿úlcera?, ¿Helicobacter?, ¿locura transitoria, o perpetua? ¡Suma y sigue!

Y mientras desespero, veo en televisión cosas que nadie más parece ver o, si lo hace, nadie comenta. Algo que, espero equivocarme, podría suponer un cierto repunte –ya veremos la magnitud- de nuevos casos en un par de semanas. A veces, lo obvio es lo que más desapercibido nos pasa por delante. ¿Se han fijado en la forma que tiene el personal de ofrecer las preceptivas mascarillas higiénicas a los trabajadores y clientes en algunas bocas de metro y farmacias? ¡Yo sí! Se sabe que nuestro personal sanitario es el más afectado por contagios con SARS-CoV-2 y que, al parecer, dentro de nuestras fuerzas de seguridad del estado, hasta un 25% del personal podría ser coronavirus positivo. Vaya por delante mi gratitud y sincero reconocimiento de la excelente, heroica y necesaria labor que están llevando a cabo. Esto no es óbice para que algunas cuestiones deban comentarse. En mitad del confinamiento, con el distanciamiento y obligatoriedad de NO contacto físico –al menos sin protección- decretado, todos pudimos observar cómo un oficial –no recuerdo, ni importa ahora, el cuerpo en cuestión- saludaba con un sincero y emotivo apretón de manos –y algún abrazo- a una veintena de compañeros. Todo muy emotivo, pero, si me permiten la incorrección, algo irresponsable. Algo irresponsable como la forma que están teniendo algunos funcionarios y farmacéuticos de ofrecer mascarillas a trabajadores y clientes -estoy utilizando, por comodidad narrativa, el masculino neutro-. Protegidos con guantes –falsa sensación de protección si se usa incorrectamente- he visto en innumerables reportajes en varios informativos cómo, agarrando las mascarillas como si fueran cromos por la parte de la tela –en realidad capas superpuestas de ciertos polímeros- se las ofrecían al personal, muchos también ataviados con guantes, a saber desde cuándo, quienes se llevaban la mascarilla directamente a la nariz y boca para protegerse, deben pensar; para infectarse en algunos casos, creo yo. Se dijo desde el principio de la pandemia que, si la mascarilla se usa incorrectamente, más que una protección podría constituir un vehículo de transmisión vírica. Si no la cogemos por las gomitas o con las manos o guantes limpios –el virus puede permanecer hasta 12 horas en ellos-, estamos, de todas todas, diseminando el patógeno. ¡Cuidado con estos “detalles”!

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Test, Test, Test… pero ¿cómo, dónde y cuándo?

UNA SEMANA MÁS (o una semana menos): Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 20 de abril en El Cultural:

Nada; tampoco ha podido ser esta vez. Sigo sin saber si tuve o tengo SARS-CoV-2. He pasado una semana bastante delicada con náuseas, sudor y cansancio, parecida a la primera que sufrí hace ya casi un mes. Posteriormente, cesaron los síntomas. ¡curado!, me dije. Una oveja más para el redil de los inmunoprotegidos. Estaba equivocado. Hace un par de días, preocupado y débil me fui a urgencias de uno de los hospitales de referencia para la COVID-19. Me aseguraron que no tenía ningún síntoma compatible con el “bicho”. Me hicieron una radiografía torácica; ¡límpia! Total, que volví a casa, igual de débil, sin serología y con un diagnóstico de “molestias gástricas inespecíficas”. Esta misma mañana, completamente desesperado, pido una ambulancia y de vuelta a urgencias. Analítica completa –pero no serología-, electrocardiograma, un protector gástrico y, de nuevo, ¡a casa! Seguramente no sea coronavirus, ¿o sí? Me consta que hay pacientes donde la infección cursa con síntomas de lo más difusos y variados, al fin y al cabo, receptores ACE-2 –la puerta de entrada del virus en la célula- están presentes, con distinta densidad, en múltiples tejidos: respiratorio, cardíaco, renal o digestivo, entre otros. De hecho, en el diagnóstico que tengo en mi poder reza “dolor abdominal inespecífico. Probable infección COVID-19”. Y mi primera reflexión: si en una sala de urgencias de un hospital no le pueden hacer un test, ya sea antigénico, genómico o serológico, a un paciente con síntomas difusos, ¿dónde se lo pueden hacer? Según he visto en algún programa de televisión parece ser más fácil conseguir un test contra el SARS-CoV-2 en una ferretería que en la sala de urgencias de un hospital. Se supone que el Ministerio de Sanidad iba a llevar a cabo una amplia campaña-sondeo sobre la situación serológica contra el coronavirus pandémico. Si hacerle la prueba a los “probables” infectados no es un buen comienzo, algo se está desvirtuando. Insisto, esta es la verdadera urgencia, el arma más efectiva para el principio de todo; de la contención definitiva de la expansión vírica, del inicio del desconfinamiento y de la vuelta al carro de la economía que ahora tenemos con un “palo vírico” entre las ruedas. Y no lo digo yo, que también. Lo ha dicho la OMS –esa organización chivo expiatorio de la ineptitud del presidente del país con el mayor número de casos actualmente-: Test, test, test. Por cierto, y antes de volver a la acusación sin fundamento de Donald Trump sobre el posible origen del virus en un laboratorio de Wuhan, mi segunda reflexión del día: cuando se dice que “un país no investiga porque sea rico, sino que es rico porque investiga” o que “sin ciencia no hay futuro”, no son eslóganes huecos propios de una campaña electoral. Es una triste pero contundente realidad. Ahora que estamos hablando de “trabajos esenciales”, que todos tenemos identificados, o de “trabajos NO esenciales”, aquellos que desde hace una semana vuelven a estar operativos… ¿dónde está la investigación? Al menos en mi universidad, la UAM, o en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, todo aquello que no tenga que ver directamente con investigación de la COVID, ¡está cerrado! ¿No hay necesidad, al parecer, de investigar otras patologías, otros campos, otras innovaciones punteras? Si la investigación de un país no es esencial, y tampoco parece ser NO esencial… ¿qué es?

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Vuelta al trabajo, ¿necesario o arriesgado?

UNA SEMANA MÁS: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 14 de abril en El Cultural:

No lo voy a negar. Tengo ya casi más curiosidad científica que necesidad vital por conocer mi estado inmunológico frente al posible SARS-CoV-2. Más de dos semanas después de los primeros síntomas leves –que afortunadamente no parecen haber evolucionado inadecuadamente- de algo compatible con el coronavirus, ya sin síntomas, sigo sin saber dos aspectos vitales para poder volver al seno familiar y abandonar este confinamiento voluntario dentro del confinamiento nacional impuesto por el estado de alerta sanitaria: ¿he tenido la COVID-19? En caso afirmativo, ¿sigo siendo portador? Y, finalmente, ¿soy seroconverso, es decir, he generado anticuerpos potencialmente protectores contra el virus? Cada uno de estos aspectos habría que abordarlos con pruebas distintas, pruebas que el Gobierno tendrá que implementar en todo el territorio nacional si queremos realmente tener la radiografía del estado de la cuestión de la pandemia en España. A mis primeras preguntas, sobre si he tenido el virus y sigo siendo portador, las respuestas las encontramos en las pruebas genéticas de RT-PCR –lentas pero precisas-, y antigénicas, que comprueban la presencia de proteínas del virus y son rápidas, pero menos fiables: eres o no eres infectocontagioso. Ambas pruebas se realizan sobre exudados naso u orofaríngeos. En cuanto a las pruebas serológicas, a través de una muestra de sangre, destinadas a saber si ya has entrado en contacto con el virus, si tienes anticuerpos contra él y, plausiblemente, estás inmunizado, el Ministerio de Sanidad, a día de hoy (12 de abril), sigue sin aclarar cómo, a quién y cuándo van a iniciar sus denominados “sondeos”; algo que se me antoja vital para las medidas de “desescalonamiento” del confinamiento. Llegados a este punto, quiero presentar una anécdota que puede que le aclare –o le confunda aún más- sobre los posibles escenarios de interacción con el SARS-CoV-2: Tengo una amiga, personal sanitario, con anosmia desde hace 15 días, que decidió salir de dudas y acudir a una de las empresas privadas que por un módico precio que ronda los 200 euros, le realizó un análisis RT-PCR y serología. Cinco días más tarde, los resultados fueron sorprendentes. Positivo para coronavirus –sin indicar cuántas unidades genómicas, algo parecido a cuánta carga viral, había en la muestra-, negativo para anticuerpos IgM pero altamente positivo para IgG. ¿Buenas o malas noticias? ¡Depende! Los datos señalaban que, en el momento de la prueba, ya con 10 días con ligeros síntomas, mi amiga seguía siendo potencialmente infectocontagiosa –y digo “potencialmente” puesto que sin saber el dato cuantitativo de la PCR no se podría asegurar-, pero había dejado atrás la respuesta inmune primaria, la primera que se genera y que se caracteriza por la producción de anticuerpos del tipo IgM, presentando una clara respuesta, más efectiva, secundaria con la producción de inmunoglobulinas IgG. Seguramente, mi amiga sea resistente a una nueva infección, pero, entonces, ¿cómo explicar el dato de la PCR positiva junto a la alta producción de IgG? Malamente, pero no es extraño. A partir de los 7-10 días de la infección –no de los síntomas-, la respuesta inmune específica empieza a hacer acto de presencia con la generación de anticuerpos. Al principio, IgM, poco después, IgG –los que producirán memoria inmunológia, aunque sin saber todavía durante cuánto tiempo…-. Con la presencia de estas moléculas inmunoprotectoras, la carga viral empieza a descender, pero la horquilla hasta que la detección de viriones –partículas virales- deja de producirse puede ir desde una a varias semanas. No sé qué carga viral tenía mi amiga cuando se hizo la doble prueba, pero, seguramente, si se volviera a repetir la RT-PCR hoy daría negativa. Mi amiga se habría convertido, a todas luces, en una “ovejita” más en el rebaño de los inmunoprotegidos. Pasemos ahora a analizar este concepto de “inmunorebaño” y de horquilla donde podemos generar anticuerpos, pero seguir siendo potenciales transmisores del coronavirus, de cara a la vuelta al trabajo que el Gobierno les ha propuesto a algunos colectivos previamente clasificados como “no esenciales” –si es que este concepto existe entre los trabajadores de un país-.

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