‘CORONAVIRUS’

Supercontagiadores y su influencia en la expansión de la COVID

UNA VEZ MÁS: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 26 de mayo en El Cultural:

Indudablemente, la ciencia avanza a marchas forzadas; cada semana se nos desvela un mundo nuevo de conocimiento en torno al SARS-CoV-2 (SARS-2) con miles y miles de artículos –muchos de ellos, que todo hay que decirlo, de dudosa calidad-, algo impensable en otra época, con otras pandemias como la gripe del 2009 o el mismísimo VIH. En una vorágine de información, contrastada o no, frenética como la que estamos viviendo, también se está batiendo un record en la cantidad de información que queda refutada, falsada, corregida, y no solamente en el ámbito del conocimiento molecular o celular, sino también en el clínico. Al fin y al cabo, como ya he dicho en otras muchas ocasiones, es lo que distingue a la ciencia de las pseudocosas. A modo de ejemplos, hemos corregido a la baja el posible porcentaje de transmisores asintomáticos, la capacidad del virus para modular la respuesta inmune innata -en particular, su modulación de la inducción del interferón-, el efecto del virus sobre la hemoglobina, la supuesta eficacia del famoso antiviral Remdesivir y, recientemente, la conveniencia o no del uso masivo de la hidroxicloroquina en pacientes con clínica grave. Por cierto, de nuevo patética la escenita de Trump afirmando tomar este fármaco casi con y por placer…

Y dentro de esa pléyade de nuevos estudios y conceptos en torno a la pandemia, y cuando ya nos empieza a resultar familiar el factor R0 -índice reproductivo básico o, en palabras llanas, la media de infectados secundarios que se producen desde un infectado primario-    un nuevo artículo aparecido en Science nos presenta una nueva variable, el nuevo factor de dispersión, “k”, que, junto al R, describiría cómo –y no solo cuánto- se expande un patógeno en la población; concretamente, cómo se dispersa el SARS-2 entre grupos poblacionales –clusters por su término anglosajón-. Cuanto más pequeño es el factor k más transmisión viral vendríamos a través de un número más reducido de personas. El concepto no es nuevo; ya en un Nature del 2005 se le estimó al SARS-1 un valor k de 0.16 -0.25 al MERS-. Curiosamente, la gripe de 1918 tendría una k cercana al 1. Valores bajos de k reflejarían la presencia de pequeños grupos o supercontagiadores que serían más determinantes que, quizás, un número mayor de infectados entre una población homogénea. Según estimaciones de los autores del trabajo, nuestro SARS-CoV-2 tendría una k de 0.1. Veamos en detalle las posibles connotaciones que esconden estos valores…

El pasado 12 de mayo un informe del Centro de Control y Prevención de Enfermedades, CDC, de EE.UU. daba cuenta de los 53 miembros de un coro de una iglesia de Washington que se infectaron a partir de una única persona infectada, una supercontagiadora. Dos murieron. No es un caso aislado. Muchos supercontagiadores han sido descritos en conciertos, en barcos, restaurantes, prisiones o, incluso, en clase de Zumba. Al parecer, aunque otros patógenos también aprovechan los contactos grupales para su diseminación, los nuevos coronavirus serían especialmente propensos. Estos resultados, dicen los investigadores, podrían sugerirnos qué tipo de actividades habría que restringir –qué tipo de congregaciones o reuniones- y cuáles otras, principalmente al aire libre, podrían “relajarse”. El virus preferiría transmitirse en pequeños grupos, a través de supercontagiadores, en vez de hacerlo de una forma homogénea entre la población, incluso contando, quizás, con un número mayor de infectados…

Arrancábamos este informe hablando de avances y rectificaciones sobre la respuesta inmune inducida o controlada por el coronavirus. En este contexto, mucho se ha hablado de posibles consideraciones y predisposiciones genéticas para una mayor o menor susceptibilidad a manifestar síntomas más o menos graves. Un artículo, pre-print, aparecido en la revista BioRxiv, apunta a la posibilidad de que variaciones genéticas en determinados genes relacionados con la actividad inmune innata podrían marcar la diferencia entre dos personas aparentemente sanas y con características similares en cuanto a su respuesta inmune más o menos efectiva. Para ello, analizaron la secuencia de diferentes regiones de genes que codifican proteínas como la furina, TMPRSS11a –implicadas en entrada de algunos coronavirus- o MBL2 y OAS1 –protagonistas de respuestas innatas tan importantes como la del complemento o interferón-, entre otros genes, en más de 140 individuos, encontrando diferencias significativas entre secuencias. Algunas de las variantes, alelos, encontrados en MBL2 y OAS1 podrían, según los autores, tener relevancia para explicar la mayor o menor efectividad de la respuesta innata contra el SARS-2, es decir, la primera respuesta que se origina mucho antes de la ansiada seroconversión y producción de anticuerpos. Esto, unido a la posibilidad del virus de inhibir ciertas rutas de activación del interferón –la molécula antiviral por antonomasia-, como la ruta que regula los genes STING –que no tienen nada que ver con ningún cantante y sí con “genes estimulantes de interferón”- pone de relevancia la importancia evolutiva de nuestra inmunidad innata –también conocida como natural- sobre el coronavirus. El trabajo sobre STING acaba de ser publicado en el Journal of Experimental Medicine por un equipo de investigadores internacional que, aunque lo han extrapolado al SARS-2, en realidad trabajan con el virus herpes simplex tipo 1 (HSV-1), el mismo que ha dirigido la actividad científica del que les escribe durante los últimos 20 años.

Finalmente, les presento una bomba informativa con el respaldo de una gran publicación en la prestigiosa revista Cell. De confirmarse, además de explicar también diferentes susceptibilidades a la infección entre la población, habría que tenerlo muy en cuenta a la hora del diseño de las múltiples vacunas que están en marcha. Algunos hospitales informaban hace unas semanas de que muchos ensayos serológicos podrían reconocer infecciones producidas por otros coronavirus catarrales, lo que se denomina “reacción cruzada”. Ahora, el estudio coordinado desde el Instituto de Inmunología de La Jolla, en EE.UU. nos presenta inmunidad cruzada del suero de pacientes de COVID-19 con respecto a otros posibles coronavirus catarrales. En realidad, lo presentaron al revés: han encontrado en personas que no han estado expuestos al SARS-2 cierta presencia de anticuerpos y células citotóxicas –regulados por linfocitos CD4 y CD8- con respuesta cruzada para la COVID-19. ¿Qué puede significar esto? Muchas cosas, como que haber pasado catarros por coronavirus podrían protegernos, al menos parcialmente, de los efectos del SARS-2 –aunque también podría ser al revés, puesto que la inflamación secundaria causante de muchas muertes en pacientes de la COVID-19, podría estar mediada por anticuerpos-. Estos resultados también tendrán que tenerse en cuenta en las pruebas serológicas y en el desarrollo de futuras vacunas. Todo esto es, de momento, especulativo, al menos hasta la próxima semana, todo un siglo en el nuevo universo COVID.

JAL (NeuroVirología UAM)

DIVULGACIÓN CIENTÍFICA DEL 31 DE MAYO DE 2020

ENTRE PROBETAS

Jueves 21:30 h en Radio 5

Otras pandemias olvidadas – 25/05/20
Mientras que en el llamado Primer Mundo estamos preguntándonos si el calor y aumento de los días de luz y radiación UV jugarán a nuestro favor contra la COVID-19, en otras regiones, menos afortunadas, la preocupación es mucho más directa: ¿podré comer mañana?, ¿podré vacunarme de otras pandemias olvidadas en occidente? De otros problemas acuciantes que el coronavirus está agravando hablamos esta noche con Josep Quer, virólogo y miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Virología. Recuperamos la vieja sección ¿Sabías qué? Con otras noticias y la banda sonora de Cosmos terminamos el programa.

El LAB de JAL

Domingos 15:50 h en Radio 5

ENTRE PROBETAS (25 minutos de intensa y entretenida ciencia). Radio 5

EL LABORATORIO DE JAL (Píldoras científicas en 3 minutos). Radio 5

MARCA ESPAÑA (A CIENCIA CIERTA) Radio Exterior de España

A HOMBROS DE GIGANTES RNE

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Seroplevalencia, ELISAS y expansión asintomática

Dicen que un conocido presentador de programas de pseudociencia que intenta vender bulos, leyendas y mitos manipulando y editando la información sin escrúpulos para hacerla pasar por investigación –y lo digo con conocimiento de causa puesto que un día ya lejano, cuando no conocía la vorágine de dicho programa fui engañado, junto a otro compañero, para asistir a ese engaño- va criticándome en sus programas. La verdad es que un elemento como tal individuo hable mal de uno, es casi halagador. Lo contrario sería preocupante. Eso sí, critica un artículo escrito el 27 de febrero, más de una semana antes de que la OMS declarara la pandemia, con todas las incertidumbres sobre los mecanismos de transmisión y clínica de la infección por el SARS-CoV-2, titulado “más que un catarro, menos que una gripe” publicado en El Cultural. Admitiendo que el título es sensacionalista –como pretenden todos los Medios-, el artículo tiene más de 1000 palabras en las que, lejos de menospreciar la gravedad de la COVID-19, lo que pretendía era poner en valor la importancia que todavía tiene la gripe, esa ya casi amiga incómoda que, a pesar de que tenemos inmunidad de rebaño de más de un siglo de interacción, buenos antigripales y una vacuna efectiva para más del 60% de nuestros mayores, sigue matando cerca de medio millón de personas cada año en el mundo. El artículo –del que, estoy seguro, el susodicho presentador pseudocientífico solo se habrá fijado en el título- explica, con cifras y citas, los efectos año tras año del paso del virus gripal. Y hasta aquí la referencia a alguien que hace programas engañosos tratando de confundir a la audiencia con reportajes manipulados… Ahora, saludamos a nuestros héroes de primera línea de defensa contra la COVID-19 y reproducimos el artículo de la serie “Diario de una cuarentena” del 17 de mayo publicado en El Cultural:

Si algo distingue a la ciencia de la pseudociencia es que, la primera, evoluciona; es, por método, falsable, es decir, puede verificarse, contrastarse o corregirse cualquier resultado, cualquier hallazgo anterior, por muy válido que fuera en su contexto, por nuevos resultados mejor adaptados a las observaciones experimentales. Ahí tenemos, sin ir más lejos, la genialidad de un gigante, Isaac Newton y sus leyes de la gravedad siendo superado y actualizado por otro genio universal, Albert Einstein, y su legendaria teoría de la relatividad. La pseudociencia se basa, no obstante, en dogmas de fe, en elucubraciones y creaciones de iluminados que son inamovibles y perduran por los siglos de los siglos. Los principios de la homeopatía, por ejemplo, fueron creados en la mente del médico alemán Samuel Hahnemann a finales del siglo XVIII. Sus fantasías con aquello de que “lo semejante cura lo semejante” si lo diluimos más allá del número de Avogrado –cuando deja de haber moléculas de soluto en el solvente- y lo sometemos a un rocambolesco proceso de agitación-ritual sigue rigiendo un lucrativo negocio donde se ofrece, a buen precio, agua –con algo de azúcar- como medicamento.

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Fases, memes, otras pandemias y menos inflamación

NO ME CANSARÉ DE DECIRLO: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 11 de mayo en El Cultural:

Hoy quisiera comenzar dando las gracias a todos aquellos que os habéis interesado por mi salud. Sigo con alguna cuestión gástrica sin resolver, pero, a todas luces, ajena al coronavirus. Hace menos de una semana, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, afirmaba que “no vamos a dejar a nadie con síntomas sin diagnosticar”. Al día siguiente llamé a mi seguro oficial, mutualista, y al de la Seguridad Social para recabar información y, dado el caso, solicitar un análisis. ¡No sabían, no les constaba! Por otra parte, también intenté, por mi cuenta y riesgo, solicitar una prueba serológica a una empresa privada de diagnóstico que me permitiera saber –asumiendo el porcentaje de fiabilidad y sensibilidad de estos test rápidos- si ya pasé la COVID-19 y pudiera estar inmunizado. Mi gozo en un pozo; están colapsados y la lista de espera se me antoja inviable. Me resultaría más que interesante, por mi familia y por mí, conocer nuestro estado inmunológico –no ya el vírico- contra el SARS-CoV-2 (SARS-2 en adelante).

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Desescalada, sí, pero con responsabilidad, vitamina D y Nicotina

SEGUIMOS: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 3 de mayo en El Cultural:

A ver si me he aclarado; paso ya del medio siglo, vivo en un piso, en el Madrid peninsular con mi mujer, aunque no estoy empadronado en dicha dirección ni figura en mi DNI, mis hijos están pasando la cuarentena a más de un kilómetro, mi madre y mis suegros también están más allá de las millas asignadas “de seguridad”, tenemos un gato, pero creo que no cuenta como mascota “paseable”, no tenemos bici ni muchas ganas de correr por las avenidas –con rebufo o sin él-. Ah, y aunque ya creo poder descartar la infección por SARS-CoV-2, no así algún trastorno gastrointestinal que, dicen los amables clínicos que me han atendido telefónicamente, tendrán que mirarme cuando pase la “primera ola”, algo que no ayuda a mi tranquilidad. Veamos, con todos estos datos, ¿alguien puede indicarme en qué fase, prefase o posfase me hallo? ¿Cuándo bajar a tomar mis 30 minutos diarios de sol necesarios para sintetizar la suficiente vitamina D como para mantener mi sistema inmunológico robusto? No, no contesten. Son preguntas retóricas sobre la realidad que nos está tocando vivir –impensable si nos lo cuentan hace escasamente medio año-. En realidad, el proceso, aunque cueste al principio asimilarlo, está muy bien definido y, seguramente, detrás de esos esquemas a varios colorines que desde Sanidad se están difundiendo, hay múltiples e intensas reuniones entre asesores científicos y administradores de la “cosa pública”. Nada que objetar; sobre todo, teniendo en cuenta que, como ha ocurrido en otros países, el proceso puede revertirse en cualquier momento, máxime si no cumplimos con nuestra parte como ciudadanos responsables y damos al traste con las medidas de seguridad fundamentales para evitar la diseminación del mal bicho de la COVID-19 algo, incumplir las normas de seguridad, que se saltaron algunos representantes del gobierno de la Comunidad y Ayuntamiento de Madrid durante el cierre del hospital de campaña de Ifema. Si los responsables de hacer cumplir las normas son los primeros que se las saltan… mal vamos, aunque la foto de unidad política haya, o no, quedado divina.

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Menos locuras, más ciencia y uso responsable de mascarillas

PERSEVERAMOS: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 26 de abril en El Cultural:

¡Suma y sigue! Otra semana de locos. Empiezo a pensar que mi sintomatología va de lo somático a lo mental y viceversa. En cuestiones de salud, no hay nada peor, ni más cruel, que la incertidumbre. Sigo con molestias gástricas que quiero –no soy experto- localizarlas en la parte alta del estómago, con sensación de quemazón, de saciedad y alguna otra cosilla menor a la que, ahora, se le une un cansancio crónico sin explicación. ¡Suma y sigue! Tras 4 visitas a urgencias sigo sin algo parecido a un diagnóstico, sin algo parecido a una prescripción –de alguna prueba clínica, se entiende-. Me recetan, de oído, un protector gástrico. A las pocas horas de ingerir la primera pastilla se recrudecen los síntomas –náuseas, sudor…-. ¡Maldita incertidumbre! ¿COVID?, ¿úlcera?, ¿Helicobacter?, ¿locura transitoria, o perpetua? ¡Suma y sigue!

Y mientras desespero, veo en televisión cosas que nadie más parece ver o, si lo hace, nadie comenta. Algo que, espero equivocarme, podría suponer un cierto repunte –ya veremos la magnitud- de nuevos casos en un par de semanas. A veces, lo obvio es lo que más desapercibido nos pasa por delante. ¿Se han fijado en la forma que tiene el personal de ofrecer las preceptivas mascarillas higiénicas a los trabajadores y clientes en algunas bocas de metro y farmacias? ¡Yo sí! Se sabe que nuestro personal sanitario es el más afectado por contagios con SARS-CoV-2 y que, al parecer, dentro de nuestras fuerzas de seguridad del estado, hasta un 25% del personal podría ser coronavirus positivo. Vaya por delante mi gratitud y sincero reconocimiento de la excelente, heroica y necesaria labor que están llevando a cabo. Esto no es óbice para que algunas cuestiones deban comentarse. En mitad del confinamiento, con el distanciamiento y obligatoriedad de NO contacto físico –al menos sin protección- decretado, todos pudimos observar cómo un oficial –no recuerdo, ni importa ahora, el cuerpo en cuestión- saludaba con un sincero y emotivo apretón de manos –y algún abrazo- a una veintena de compañeros. Todo muy emotivo, pero, si me permiten la incorrección, algo irresponsable. Algo irresponsable como la forma que están teniendo algunos funcionarios y farmacéuticos de ofrecer mascarillas a trabajadores y clientes -estoy utilizando, por comodidad narrativa, el masculino neutro-. Protegidos con guantes –falsa sensación de protección si se usa incorrectamente- he visto en innumerables reportajes en varios informativos cómo, agarrando las mascarillas como si fueran cromos por la parte de la tela –en realidad capas superpuestas de ciertos polímeros- se las ofrecían al personal, muchos también ataviados con guantes, a saber desde cuándo, quienes se llevaban la mascarilla directamente a la nariz y boca para protegerse, deben pensar; para infectarse en algunos casos, creo yo. Se dijo desde el principio de la pandemia que, si la mascarilla se usa incorrectamente, más que una protección podría constituir un vehículo de transmisión vírica. Si no la cogemos por las gomitas o con las manos o guantes limpios –el virus puede permanecer hasta 12 horas en ellos-, estamos, de todas todas, diseminando el patógeno. ¡Cuidado con estos “detalles”!

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Test, Test, Test… pero ¿cómo, dónde y cuándo?

UNA SEMANA MÁS (o una semana menos): Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 20 de abril en El Cultural:

Nada; tampoco ha podido ser esta vez. Sigo sin saber si tuve o tengo SARS-CoV-2. He pasado una semana bastante delicada con náuseas, sudor y cansancio, parecida a la primera que sufrí hace ya casi un mes. Posteriormente, cesaron los síntomas. ¡curado!, me dije. Una oveja más para el redil de los inmunoprotegidos. Estaba equivocado. Hace un par de días, preocupado y débil me fui a urgencias de uno de los hospitales de referencia para la COVID-19. Me aseguraron que no tenía ningún síntoma compatible con el “bicho”. Me hicieron una radiografía torácica; ¡límpia! Total, que volví a casa, igual de débil, sin serología y con un diagnóstico de “molestias gástricas inespecíficas”. Esta misma mañana, completamente desesperado, pido una ambulancia y de vuelta a urgencias. Analítica completa –pero no serología-, electrocardiograma, un protector gástrico y, de nuevo, ¡a casa! Seguramente no sea coronavirus, ¿o sí? Me consta que hay pacientes donde la infección cursa con síntomas de lo más difusos y variados, al fin y al cabo, receptores ACE-2 –la puerta de entrada del virus en la célula- están presentes, con distinta densidad, en múltiples tejidos: respiratorio, cardíaco, renal o digestivo, entre otros. De hecho, en el diagnóstico que tengo en mi poder reza “dolor abdominal inespecífico. Probable infección COVID-19”. Y mi primera reflexión: si en una sala de urgencias de un hospital no le pueden hacer un test, ya sea antigénico, genómico o serológico, a un paciente con síntomas difusos, ¿dónde se lo pueden hacer? Según he visto en algún programa de televisión parece ser más fácil conseguir un test contra el SARS-CoV-2 en una ferretería que en la sala de urgencias de un hospital. Se supone que el Ministerio de Sanidad iba a llevar a cabo una amplia campaña-sondeo sobre la situación serológica contra el coronavirus pandémico. Si hacerle la prueba a los “probables” infectados no es un buen comienzo, algo se está desvirtuando. Insisto, esta es la verdadera urgencia, el arma más efectiva para el principio de todo; de la contención definitiva de la expansión vírica, del inicio del desconfinamiento y de la vuelta al carro de la economía que ahora tenemos con un “palo vírico” entre las ruedas. Y no lo digo yo, que también. Lo ha dicho la OMS –esa organización chivo expiatorio de la ineptitud del presidente del país con el mayor número de casos actualmente-: Test, test, test. Por cierto, y antes de volver a la acusación sin fundamento de Donald Trump sobre el posible origen del virus en un laboratorio de Wuhan, mi segunda reflexión del día: cuando se dice que “un país no investiga porque sea rico, sino que es rico porque investiga” o que “sin ciencia no hay futuro”, no son eslóganes huecos propios de una campaña electoral. Es una triste pero contundente realidad. Ahora que estamos hablando de “trabajos esenciales”, que todos tenemos identificados, o de “trabajos NO esenciales”, aquellos que desde hace una semana vuelven a estar operativos… ¿dónde está la investigación? Al menos en mi universidad, la UAM, o en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, todo aquello que no tenga que ver directamente con investigación de la COVID, ¡está cerrado! ¿No hay necesidad, al parecer, de investigar otras patologías, otros campos, otras innovaciones punteras? Si la investigación de un país no es esencial, y tampoco parece ser NO esencial… ¿qué es?

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Vuelta al trabajo, ¿necesario o arriesgado?

UNA SEMANA MÁS: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 14 de abril en El Cultural:

No lo voy a negar. Tengo ya casi más curiosidad científica que necesidad vital por conocer mi estado inmunológico frente al posible SARS-CoV-2. Más de dos semanas después de los primeros síntomas leves –que afortunadamente no parecen haber evolucionado inadecuadamente- de algo compatible con el coronavirus, ya sin síntomas, sigo sin saber dos aspectos vitales para poder volver al seno familiar y abandonar este confinamiento voluntario dentro del confinamiento nacional impuesto por el estado de alerta sanitaria: ¿he tenido la COVID-19? En caso afirmativo, ¿sigo siendo portador? Y, finalmente, ¿soy seroconverso, es decir, he generado anticuerpos potencialmente protectores contra el virus? Cada uno de estos aspectos habría que abordarlos con pruebas distintas, pruebas que el Gobierno tendrá que implementar en todo el territorio nacional si queremos realmente tener la radiografía del estado de la cuestión de la pandemia en España. A mis primeras preguntas, sobre si he tenido el virus y sigo siendo portador, las respuestas las encontramos en las pruebas genéticas de RT-PCR –lentas pero precisas-, y antigénicas, que comprueban la presencia de proteínas del virus y son rápidas, pero menos fiables: eres o no eres infectocontagioso. Ambas pruebas se realizan sobre exudados naso u orofaríngeos. En cuanto a las pruebas serológicas, a través de una muestra de sangre, destinadas a saber si ya has entrado en contacto con el virus, si tienes anticuerpos contra él y, plausiblemente, estás inmunizado, el Ministerio de Sanidad, a día de hoy (12 de abril), sigue sin aclarar cómo, a quién y cuándo van a iniciar sus denominados “sondeos”; algo que se me antoja vital para las medidas de “desescalonamiento” del confinamiento. Llegados a este punto, quiero presentar una anécdota que puede que le aclare –o le confunda aún más- sobre los posibles escenarios de interacción con el SARS-CoV-2: Tengo una amiga, personal sanitario, con anosmia desde hace 15 días, que decidió salir de dudas y acudir a una de las empresas privadas que por un módico precio que ronda los 200 euros, le realizó un análisis RT-PCR y serología. Cinco días más tarde, los resultados fueron sorprendentes. Positivo para coronavirus –sin indicar cuántas unidades genómicas, algo parecido a cuánta carga viral, había en la muestra-, negativo para anticuerpos IgM pero altamente positivo para IgG. ¿Buenas o malas noticias? ¡Depende! Los datos señalaban que, en el momento de la prueba, ya con 10 días con ligeros síntomas, mi amiga seguía siendo potencialmente infectocontagiosa –y digo “potencialmente” puesto que sin saber el dato cuantitativo de la PCR no se podría asegurar-, pero había dejado atrás la respuesta inmune primaria, la primera que se genera y que se caracteriza por la producción de anticuerpos del tipo IgM, presentando una clara respuesta, más efectiva, secundaria con la producción de inmunoglobulinas IgG. Seguramente, mi amiga sea resistente a una nueva infección, pero, entonces, ¿cómo explicar el dato de la PCR positiva junto a la alta producción de IgG? Malamente, pero no es extraño. A partir de los 7-10 días de la infección –no de los síntomas-, la respuesta inmune específica empieza a hacer acto de presencia con la generación de anticuerpos. Al principio, IgM, poco después, IgG –los que producirán memoria inmunológia, aunque sin saber todavía durante cuánto tiempo…-. Con la presencia de estas moléculas inmunoprotectoras, la carga viral empieza a descender, pero la horquilla hasta que la detección de viriones –partículas virales- deja de producirse puede ir desde una a varias semanas. No sé qué carga viral tenía mi amiga cuando se hizo la doble prueba, pero, seguramente, si se volviera a repetir la RT-PCR hoy daría negativa. Mi amiga se habría convertido, a todas luces, en una “ovejita” más en el rebaño de los inmunoprotegidos. Pasemos ahora a analizar este concepto de “inmunorebaño” y de horquilla donde podemos generar anticuerpos, pero seguir siendo potenciales transmisores del coronavirus, de cara a la vuelta al trabajo que el Gobierno les ha propuesto a algunos colectivos previamente clasificados como “no esenciales” –si es que este concepto existe entre los trabajadores de un país-.

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Mascarilla, más carilla, más que nunca

Y NO ME CANSO: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 6 de abril en El Cultural:

Llevo, se supone, 9 días con síntomas de la COVID-19. Digo “se supone” puesto que, al parecer, hoy día, todo lo que no sea un esguince o accidente doméstico podría entrar dentro de esa nebulosa de “posible caso COVID”. No me han hecho ninguna prueba y, si todo termina felizmente, seguramente solo accederé, en su momento, a la comprobación serológica de haber entrado en contacto con el virus. Llevo, por otra parte, 48 horas sin fiebre, pero de momento no las tengo todas conmigo. Según algunos casos clínicos, hacia los 7-9 días desde que se tienen síntomas, cuando se empieza a producir la denominada “seroconversión”, es decir, la aparición de anticuerpos específicos contra el patógeno, en ocasiones, aparece una terrible complicación: la respuesta inmune se desregula hacia una activación inapropiada de los macrófagos pulmonares, técnicamente denominados como M1, que conducen a un estado pro-infamatorio que puede agravar, y mucho, el pronóstico. Por ello, en algunos casos, tras una inicial mejoría que conlleva un optimismo legítimo, se produce una recaída que, bueno, no me anima a considerarme aún como inmunoprotegido, inmunizado y curado. Veremos en un próximo informe.

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Con síntomas y alcanzando el pico

UNA VEZ MÁS: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 31 en El Cultural:

Sin tos ni disnea, con malestar general, algo de fiebre intermitente, náuseas y, de vez en cuando, algo parecido a un pequeño y molesto escozor en el pecho. Son síntomas difusos, compatibles con muchos patógenos, víricos o no, pero, en la vorágine de la actual pandemia, cuando llamas a tu centro de emergencias próximo, como he hecho yo, pasas a engrosar esa indeterminada lista de “posibles o compatibles” infectados con el nuevo coronavirus. A partir de ese momento entras en un proceso de seguimiento médico, telefónico, para evaluar la evolución de dichos síntomas. Quizás, y si tras varios días –o semanas- estos remitiesen, serás considerado como curado; pero, ¿curado de qué? Seguramente no lo sabrás hasta la llegada a España de esos millones de test rápidos serológicos que el Gobierno está gestionando y que permitirán perfilar la radiografía real de la pandemia en nuestro territorio. Con esos test sí sabremos quién ha entrado en contacto con el virus –especialmente importante entre el personal sanitario-, quién ha podido ser un transmisor asintomático y, sobre todo, qué porcentaje de españoles podría estar ya protegido ante el virus –inmunidad de rebaño- y, ya puestos, qué mortalidad real tiene el SARS-CoV-2, vital para planificar la más que probable segunda oleada a partir del próximo otoño. El test serológico no tiene que ser confundido con otro test rápido encaminado a la detección de antígenos (proteínas) del virus –el mismo que originó la polémica sobre un lote defectuoso vendido por una empresa china-. Este último mide la presencia física, a tiempo real, del virus en las muestras analizadas; algo complementario, pero más rápido y barato, que las pruebas definitivas de RT-PCR.

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Guerra microbiológica, temperatura y adaptación

Insisto: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 24 en El Cultural:

Un picoteo tonto con los amigos en una terracita soleada; unas aceitunillas y taquitos de queso en plato único; compartir unas palomitas con tu pareja –de las de combo medio con refresco, que el exceso de sal te perjudica- durante el estreno de tu película favorita; abarrotar los centros comerciales en busca de cualquier ganga que los comerciantes anuncian con términos en inglés, que siempre suena más creíble, como justificación de nuevas “rebajas”… ¿Le suena todo esto? ¿no le parece, como a mí, ecos de un pasado ya casi irreal? Listillos o caraduras que se piensan con más derechos que los demás aparte, este nuevo jinete apocalíptico llamado SARS-CoV-2 –COVID-19 en los medios- supondrá, a todas luces, un cambio de paradigma científico, sociocultural, ambiental y económico: coordinación y colaboración en investigación internacional sin precedentes –si exceptuamos la lucha por la “pica de Flandes” vacunal entre EE.UU. y China-, valorar más nuestra libertad individual y sensación de colectividad, comprobar que el clima terrestre tiene todavía una oportunidad –un mes de confinamiento mundial parece bastar para hacer retroceder la polución de las grandes ciudades a épocas ya lejanas-, constatar lo frágil que es nuestro denominado “Estado del Bienestar” y la seguridad económica de los también denominados países del Primer Mundo… ¡Ah!, y por supuesto, el reconocimiento a todos aquellos profesionales que con su esfuerzo están permitiendo llevar a cabo –con sus trancas y sus barrancas- la excepcionalidad social más grande tras la segunda guerra mundial. En especial, a nuestros sanitarios, desbordados con escasos medios que no han dudado desde el principio en asumir un riesgo incierto para estar en primerísima línea de guerra microbiológica teniendo que tomar dramáticas y dolorosas decisiones como a quién asisten con un simple respirador y a quién “posponen” a su suerte. Vaya para todos ellos mi admiración más profunda. Y en cuanto al virus, ¿qué hay de nuevo? Mucho, pero no lo suficiente…

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