‘VIRUS EN GENERAL’

Premios Nobel para todos los gustos

Soy consciente que nunca llueve a gusto de todos y que no todos pensamos lo mismo, ¡faltaría más! Pero, bueno, personalmente albergaba alguna esperanza. Por ello, comienzo mostrando mi desilusión, disgusto e incomprensión por la consideración que ha recibido de la academia sueca organizadora de los Premios Nobel nuestro compañero, el microbiólogo y biólogo molecular, Francisco Mojica, profesor de la Universidad de Alicante y descubridor del mecanismo de protección bacteriano frente a infecciones víricas que él mismo acuñó con el nombre de CRISPR, acrónimo, en inglés de “repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente interespaciadas”. Tras este mecanismo, y su posterior desarrollo biotecnológico, se esconde uno de los más grandes avances en modificación y edición genética de la historia.

Tres es el número máximo de científicos que pueden ser galardonados con un Nobel. Hasta cinco nombres sonaban para esa distinción… Al final, solo lo han conseguido dos, merecidamente, dicho sea de paso: la bioquímica estadounidense Jennifer Doudna y la profesora e investigadora francesa en microbiología, genética y bioquímica Emmanuelle Charpentier, ganadoras, ambas, del Nobel de Química 2020. Ha quedado una plaza, por así decirlo, vacante, que bien se habría merecido nuestro científico español… Nada, seguimos con el Nobel 100% español de Ramón y Cajal, de 1906 y el emocionalmente español de Severo Ochoa, de 1959. Al margen de la poca inversión que nuestro país hace en investigación, creo que, al menos en esta ocasión, la academia sueca podría haber sido algo más generosa con nuestra ciencia…

Según el jurado de la Real Academia Sueca de Ciencias que ha valorado el galardón de química, Doudna y Charpentier comparten el Nobel por el desarrollo de un método para la edición del genoma. Se premia la posibilidad de modificar el código de la vida, dice el secretario general de la academia. No hablamos de transgénesis, hablamos de poder corregir errores -o provocarlos- genéticos, con un potencial en experimentación y en clínica sin precedentes… El Nobel, muy merecido y justo; la exclusión de Mojica, no tanto…

Sea como fuere, y debido a la pandemia del coronavirus, la tradicional entrega de diplomas y medallas se llevará a cabo de manera digital y cada laureado recibirá el premio en su país de residencia…

En cuanto a los otros dos premios en investigación -si excluimos a la economía- o al de matemática -que no se otorga-, considero, como virólogo, que el Nobel de Medicina y Fisiología ha estado más que justificado: Harvey Alter, neoyorquino, el inglés Michael Houghton y el también estadounidense Charles Rice han sido galardonados por los hallazgos que condujeron a la identificación de un nuevo virus, el virus de la hepatitis C, a finales de los 80, contribuyendo decisivamente a la lucha contra la hepatitis de transmisión sanguínea -más de 70 millones de afectados en todo el mundo-, un problema serio que podía acabar en hepatocarcinoma.

Finalmente, el Nobel de Física 2020 ha reconocido a los descubridores de los secretos de los agujeros negros, Roger Penrose (británico), Reinhard Genzel (alemán) y Andrea Ghez (estadounidense). Sus hallazgos confirmaron la teoría de la Relatividad de Einstein, algo que se puede estudiar en el superagujero negro que tenemos en el corazón de la Vía Láctea.

Sea como fuere, sigue quedando de manifiesto qué países apuestan firmemente por la investigación y cuál por… otros menesteres -amén de alguna que otra injusticia como la cometida sobre nuestro profesor Mojica-.

JAL (NeuroVirología UAM)

Director de Cultura Científica del CBMSO

DIVULGACIÓN CIENTÍFICA DEL 15 de OCTUBRE de 2020

ENTRE PROBETAS

Jueves 21:30 h en Radio 5

El párkinson no entiende de pandemias – 13/10/20

Tal y como indican en la página web de la Asociación madrileña de párkinson, hablamos de una enfermedad producida por un proceso neurodegenerativo multisistémico que afecta al sistema nervioso central lo que provoca la aparición de síntomas motores y no motores. De párkinson, avances en investigación y clínica hablamos esta noche con Ana Martínez, investigadora del Centro de Investigaciones Biológicas. En nuestra sección Wikipeke nuestro científiquito de cabecera nos explicará por qué todos somos especiales. Con otras noticias y la banda sonora de ‘Ella’, ‘Her‘, terminamos el programa.

El LAB de JAL

Domingos 15:50 h en Radio 5

ENTRE PROBETAS (25 minutos de intensa y entretenida ciencia). Radio 5

EL LABORATORIO DE JAL (Píldoras científicas en 3 minutos). Radio 5

MARCA ESPAÑA (A CIENCIA CIERTA) Radio Exterior de España

A HOMBROS DE GIGANTES RNE

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I Congreso Nacional de la COVID-19

Mucho ha tardado en celebrarse el I Congreso Nacional de la COVID-19. Me temo que tendremos que acostumbrarnos a resumir, participar o atender muchos otros a lo largo de los próximos años. No quiero perder la ocasión de hacer un resumen, pero con fundamento, de algunos de los puntos más importantes de dicho congreso -online, por cierto- con la ayuda inestimable de mi compañero y amigo Josep Quer

El I Congreso Nacional de la COVID-19 estuvo presidido, como comité organizador, por Antonio Rivero, del Hospital Reina Sofía de Córdoba y vicepresidente de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica. El presidente del Comité Científico fue Julián Olalla, del Hospital Costa del Sol (Marbella, Málaga).

Expertos de 55 sociedades científicas han participado en este I Congreso Nacional de COVID-19 que se ha celebrado en formato Webinar en abierto, con 20.000 inscritos y picos de participación de hasta 5000 conexiones simultáneas. En esta reunión se han abordado desde resultados sobre la biología fundamental del SARS-CoV-2 hasta la atención al paciente crítico, pasando por la detección en aguas residuales, avances sobre vacunas y tratamientos, respuesta inmune, mejoras en diagnóstico hasta llegar a estudios de complicaciones derivadas de la infección por SARS-CoV-2 que abordan prácticamente todas las especialidades clínicas, incluyendo el papel de la atención primaria, la visión desde Urgencias, la farmacología, las implicaciones en el sistema respiratorio, en reumatología, gastroenterología y hematología, la afección en niños y personas mayores, el impacto en salud mental, el daño vascular, afectación en la  piel, vinculación con la enfermedad renal y cardiovascular, el esfuerzo en anestesiología, reanimación y medicina intensiva, entre otros.

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El virus más estratega del siglo, o casi…

Mientras seguimos preguntándonos qué pasará el próximo otoño con el ya maldito mil veces coronavirus de la COVID-19, una observación nos viene desde la clínica. Al parecer, los pacientes presentarían, cada vez, menos sintomatología. De momento, no hay resultados moleculares que respalden esta observación. Digo de momento puesto que un nuevo estudio podría dar nuevas pistas…

Los resultados del estudio del grupo de investigadores del Vall d’Hebron Barcelona Hospital Campus liderado por el Dr. Josep Quer sugieren que el virus SARS-CoV-2 causante de la COVID-19 tiene una estrategia que le permite retardar o minimizar los síntomas de la infección, y esto explicaría por qué el pico de transmisión de este virus se produce antes de que aparezcan los síntomas de la enfermedad, Esta estrategia viral podríamos definirla como la de “No quemar su propia casa”.

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Y llegó el momento de la recapitulación… (Final del diario sobre coronavirus)

LLEGAMOS AL FINAL DE ESTA SERIE: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 2 de junio en El Cultural:

En algún momento tenía que echarse el telón sobre este diario de la cuarentena “coronapandémica” y, tras estar toda España inmersa en la desescalada –esperemos no tener que volver a una des-desescalada-, considero que este puede ser un buen momento. Buen momento para echar la vista atrás –ya parece un siglo y otro universo paralelo- y ver de dónde partíamos a finales del 2019, dónde estamos ahora y, probablemente, dónde estaremos a final de año. Según algunos indicios –unos atletas supuestamente infectados durante unas competiciones deportivas en la ciudad china de Wuhan-, puede que en octubre del año pasado –o antes-, un nuevo agente infeccioso vírico perteneciente a la familia Coronaviridae estuviera circulando por la provincia asiática de Hubei. Sea como fuere, el 11-12 de enero del presente año la Organización Mundial de la Salud, OMS, empezó a recibir información más detallada de la Comisión Nacional de Salud sobre un nuevo brote epidémico encendido desde un mercado húmedo -pescados y mariscos- de Wuhan, mercado que ya había sido cerrado preventivamente el 1 de enero. El 12 de enero China informa de la secuencia genética del agente infeccioso, un betacoronavirus parecido, pero lo suficientemente distinto, al virus del SARS que 20 años atrás provocó una epidemia que puso en alerta a todos los centros de vigilancia epidemiológica mundiales causando cerca de 1000 muertos. A partir de aquí, la tormenta de información –contrastada o no; desinteresada o no- se sucede vertiginosamente, provocando una singularidad en la historia de la humanidad no solo en cuanto a las consecuencias sociales que el virus ha generado, sino también en la forma de comunicación en un mundo globalizado y tecnológicamente conectado en tiempo real…

El SARS del 2003 –o si lo prefieren, SARS-CoV-1-, era un virus 10 veces más letal que el actual SARS-CoV-2 o virus de la COVID-19 (enfermedad por coronavirus del 2019, no coronavirus del 19 de diciembre). Se transmitía entre humanos principalmente tras manifestarse los síntomas provocando un Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS en inglés). Era un virus respiratorio con cerca de un 10% de letalidad. En aquel momento, toda la humanidad contuvo la respiración esperando que la pandemia no se hiciera global. Curiosamente, tras producir casos aislados en varias decenas de países, a finales del verano del 2003, el virus, como vino, se fue. Me pregunto qué hubiera pasado si, víctimas de un temor legítimo, la OMS decreta la pandemia global y todos los países hubieran decidido decretar cuarentena estricta con confinamiento mundial obligado.

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Supercontagiadores y su influencia en la expansión de la COVID

UNA VEZ MÁS: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 26 de mayo en El Cultural:

Indudablemente, la ciencia avanza a marchas forzadas; cada semana se nos desvela un mundo nuevo de conocimiento en torno al SARS-CoV-2 (SARS-2) con miles y miles de artículos –muchos de ellos, que todo hay que decirlo, de dudosa calidad-, algo impensable en otra época, con otras pandemias como la gripe del 2009 o el mismísimo VIH. En una vorágine de información, contrastada o no, frenética como la que estamos viviendo, también se está batiendo un record en la cantidad de información que queda refutada, falsada, corregida, y no solamente en el ámbito del conocimiento molecular o celular, sino también en el clínico. Al fin y al cabo, como ya he dicho en otras muchas ocasiones, es lo que distingue a la ciencia de las pseudocosas. A modo de ejemplos, hemos corregido a la baja el posible porcentaje de transmisores asintomáticos, la capacidad del virus para modular la respuesta inmune innata -en particular, su modulación de la inducción del interferón-, el efecto del virus sobre la hemoglobina, la supuesta eficacia del famoso antiviral Remdesivir y, recientemente, la conveniencia o no del uso masivo de la hidroxicloroquina en pacientes con clínica grave. Por cierto, de nuevo patética la escenita de Trump afirmando tomar este fármaco casi con y por placer…

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Seroplevalencia, ELISAS y expansión asintomática

Dicen que un conocido presentador de programas de pseudociencia que intenta vender bulos, leyendas y mitos manipulando y editando la información sin escrúpulos para hacerla pasar por investigación –y lo digo con conocimiento de causa puesto que un día ya lejano, cuando no conocía la vorágine de dicho programa fui engañado, junto a otro compañero, para asistir a ese engaño- va criticándome en sus programas. La verdad es que un elemento como tal individuo hable mal de uno, es casi halagador. Lo contrario sería preocupante. Eso sí, critica un artículo escrito el 27 de febrero, más de una semana antes de que la OMS declarara la pandemia, con todas las incertidumbres sobre los mecanismos de transmisión y clínica de la infección por el SARS-CoV-2, titulado “más que un catarro, menos que una gripe” publicado en El Cultural. Admitiendo que el título es sensacionalista –como pretenden todos los Medios-, el artículo tiene más de 1000 palabras en las que, lejos de menospreciar la gravedad de la COVID-19, lo que pretendía era poner en valor la importancia que todavía tiene la gripe, esa ya casi amiga incómoda que, a pesar de que tenemos inmunidad de rebaño de más de un siglo de interacción, buenos antigripales y una vacuna efectiva para más del 60% de nuestros mayores, sigue matando cerca de medio millón de personas cada año en el mundo. El artículo –del que, estoy seguro, el susodicho presentador pseudocientífico solo se habrá fijado en el título- explica, con cifras y citas, los efectos año tras año del paso del virus gripal. Y hasta aquí la referencia a alguien que hace programas engañosos tratando de confundir a la audiencia con reportajes manipulados… Ahora, saludamos a nuestros héroes de primera línea de defensa contra la COVID-19 y reproducimos el artículo de la serie “Diario de una cuarentena” del 17 de mayo publicado en El Cultural:

Si algo distingue a la ciencia de la pseudociencia es que, la primera, evoluciona; es, por método, falsable, es decir, puede verificarse, contrastarse o corregirse cualquier resultado, cualquier hallazgo anterior, por muy válido que fuera en su contexto, por nuevos resultados mejor adaptados a las observaciones experimentales. Ahí tenemos, sin ir más lejos, la genialidad de un gigante, Isaac Newton y sus leyes de la gravedad siendo superado y actualizado por otro genio universal, Albert Einstein, y su legendaria teoría de la relatividad. La pseudociencia se basa, no obstante, en dogmas de fe, en elucubraciones y creaciones de iluminados que son inamovibles y perduran por los siglos de los siglos. Los principios de la homeopatía, por ejemplo, fueron creados en la mente del médico alemán Samuel Hahnemann a finales del siglo XVIII. Sus fantasías con aquello de que “lo semejante cura lo semejante” si lo diluimos más allá del número de Avogrado –cuando deja de haber moléculas de soluto en el solvente- y lo sometemos a un rocambolesco proceso de agitación-ritual sigue rigiendo un lucrativo negocio donde se ofrece, a buen precio, agua –con algo de azúcar- como medicamento.

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Fases, memes, otras pandemias y menos inflamación

NO ME CANSARÉ DE DECIRLO: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 11 de mayo en El Cultural:

Hoy quisiera comenzar dando las gracias a todos aquellos que os habéis interesado por mi salud. Sigo con alguna cuestión gástrica sin resolver, pero, a todas luces, ajena al coronavirus. Hace menos de una semana, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, afirmaba que “no vamos a dejar a nadie con síntomas sin diagnosticar”. Al día siguiente llamé a mi seguro oficial, mutualista, y al de la Seguridad Social para recabar información y, dado el caso, solicitar un análisis. ¡No sabían, no les constaba! Por otra parte, también intenté, por mi cuenta y riesgo, solicitar una prueba serológica a una empresa privada de diagnóstico que me permitiera saber –asumiendo el porcentaje de fiabilidad y sensibilidad de estos test rápidos- si ya pasé la COVID-19 y pudiera estar inmunizado. Mi gozo en un pozo; están colapsados y la lista de espera se me antoja inviable. Me resultaría más que interesante, por mi familia y por mí, conocer nuestro estado inmunológico –no ya el vírico- contra el SARS-CoV-2 (SARS-2 en adelante).

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Desescalada, sí, pero con responsabilidad, vitamina D y Nicotina

SEGUIMOS: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 3 de mayo en El Cultural:

A ver si me he aclarado; paso ya del medio siglo, vivo en un piso, en el Madrid peninsular con mi mujer, aunque no estoy empadronado en dicha dirección ni figura en mi DNI, mis hijos están pasando la cuarentena a más de un kilómetro, mi madre y mis suegros también están más allá de las millas asignadas “de seguridad”, tenemos un gato, pero creo que no cuenta como mascota “paseable”, no tenemos bici ni muchas ganas de correr por las avenidas –con rebufo o sin él-. Ah, y aunque ya creo poder descartar la infección por SARS-CoV-2, no así algún trastorno gastrointestinal que, dicen los amables clínicos que me han atendido telefónicamente, tendrán que mirarme cuando pase la “primera ola”, algo que no ayuda a mi tranquilidad. Veamos, con todos estos datos, ¿alguien puede indicarme en qué fase, prefase o posfase me hallo? ¿Cuándo bajar a tomar mis 30 minutos diarios de sol necesarios para sintetizar la suficiente vitamina D como para mantener mi sistema inmunológico robusto? No, no contesten. Son preguntas retóricas sobre la realidad que nos está tocando vivir –impensable si nos lo cuentan hace escasamente medio año-. En realidad, el proceso, aunque cueste al principio asimilarlo, está muy bien definido y, seguramente, detrás de esos esquemas a varios colorines que desde Sanidad se están difundiendo, hay múltiples e intensas reuniones entre asesores científicos y administradores de la “cosa pública”. Nada que objetar; sobre todo, teniendo en cuenta que, como ha ocurrido en otros países, el proceso puede revertirse en cualquier momento, máxime si no cumplimos con nuestra parte como ciudadanos responsables y damos al traste con las medidas de seguridad fundamentales para evitar la diseminación del mal bicho de la COVID-19 algo, incumplir las normas de seguridad, que se saltaron algunos representantes del gobierno de la Comunidad y Ayuntamiento de Madrid durante el cierre del hospital de campaña de Ifema. Si los responsables de hacer cumplir las normas son los primeros que se las saltan… mal vamos, aunque la foto de unidad política haya, o no, quedado divina.

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Menos locuras, más ciencia y uso responsable de mascarillas

PERSEVERAMOS: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 26 de abril en El Cultural:

¡Suma y sigue! Otra semana de locos. Empiezo a pensar que mi sintomatología va de lo somático a lo mental y viceversa. En cuestiones de salud, no hay nada peor, ni más cruel, que la incertidumbre. Sigo con molestias gástricas que quiero –no soy experto- localizarlas en la parte alta del estómago, con sensación de quemazón, de saciedad y alguna otra cosilla menor a la que, ahora, se le une un cansancio crónico sin explicación. ¡Suma y sigue! Tras 4 visitas a urgencias sigo sin algo parecido a un diagnóstico, sin algo parecido a una prescripción –de alguna prueba clínica, se entiende-. Me recetan, de oído, un protector gástrico. A las pocas horas de ingerir la primera pastilla se recrudecen los síntomas –náuseas, sudor…-. ¡Maldita incertidumbre! ¿COVID?, ¿úlcera?, ¿Helicobacter?, ¿locura transitoria, o perpetua? ¡Suma y sigue!

Y mientras desespero, veo en televisión cosas que nadie más parece ver o, si lo hace, nadie comenta. Algo que, espero equivocarme, podría suponer un cierto repunte –ya veremos la magnitud- de nuevos casos en un par de semanas. A veces, lo obvio es lo que más desapercibido nos pasa por delante. ¿Se han fijado en la forma que tiene el personal de ofrecer las preceptivas mascarillas higiénicas a los trabajadores y clientes en algunas bocas de metro y farmacias? ¡Yo sí! Se sabe que nuestro personal sanitario es el más afectado por contagios con SARS-CoV-2 y que, al parecer, dentro de nuestras fuerzas de seguridad del estado, hasta un 25% del personal podría ser coronavirus positivo. Vaya por delante mi gratitud y sincero reconocimiento de la excelente, heroica y necesaria labor que están llevando a cabo. Esto no es óbice para que algunas cuestiones deban comentarse. En mitad del confinamiento, con el distanciamiento y obligatoriedad de NO contacto físico –al menos sin protección- decretado, todos pudimos observar cómo un oficial –no recuerdo, ni importa ahora, el cuerpo en cuestión- saludaba con un sincero y emotivo apretón de manos –y algún abrazo- a una veintena de compañeros. Todo muy emotivo, pero, si me permiten la incorrección, algo irresponsable. Algo irresponsable como la forma que están teniendo algunos funcionarios y farmacéuticos de ofrecer mascarillas a trabajadores y clientes -estoy utilizando, por comodidad narrativa, el masculino neutro-. Protegidos con guantes –falsa sensación de protección si se usa incorrectamente- he visto en innumerables reportajes en varios informativos cómo, agarrando las mascarillas como si fueran cromos por la parte de la tela –en realidad capas superpuestas de ciertos polímeros- se las ofrecían al personal, muchos también ataviados con guantes, a saber desde cuándo, quienes se llevaban la mascarilla directamente a la nariz y boca para protegerse, deben pensar; para infectarse en algunos casos, creo yo. Se dijo desde el principio de la pandemia que, si la mascarilla se usa incorrectamente, más que una protección podría constituir un vehículo de transmisión vírica. Si no la cogemos por las gomitas o con las manos o guantes limpios –el virus puede permanecer hasta 12 horas en ellos-, estamos, de todas todas, diseminando el patógeno. ¡Cuidado con estos “detalles”!

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Test, Test, Test… pero ¿cómo, dónde y cuándo?

UNA SEMANA MÁS (o una semana menos): Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 20 de abril en El Cultural:

Nada; tampoco ha podido ser esta vez. Sigo sin saber si tuve o tengo SARS-CoV-2. He pasado una semana bastante delicada con náuseas, sudor y cansancio, parecida a la primera que sufrí hace ya casi un mes. Posteriormente, cesaron los síntomas. ¡curado!, me dije. Una oveja más para el redil de los inmunoprotegidos. Estaba equivocado. Hace un par de días, preocupado y débil me fui a urgencias de uno de los hospitales de referencia para la COVID-19. Me aseguraron que no tenía ningún síntoma compatible con el “bicho”. Me hicieron una radiografía torácica; ¡límpia! Total, que volví a casa, igual de débil, sin serología y con un diagnóstico de “molestias gástricas inespecíficas”. Esta misma mañana, completamente desesperado, pido una ambulancia y de vuelta a urgencias. Analítica completa –pero no serología-, electrocardiograma, un protector gástrico y, de nuevo, ¡a casa! Seguramente no sea coronavirus, ¿o sí? Me consta que hay pacientes donde la infección cursa con síntomas de lo más difusos y variados, al fin y al cabo, receptores ACE-2 –la puerta de entrada del virus en la célula- están presentes, con distinta densidad, en múltiples tejidos: respiratorio, cardíaco, renal o digestivo, entre otros. De hecho, en el diagnóstico que tengo en mi poder reza “dolor abdominal inespecífico. Probable infección COVID-19”. Y mi primera reflexión: si en una sala de urgencias de un hospital no le pueden hacer un test, ya sea antigénico, genómico o serológico, a un paciente con síntomas difusos, ¿dónde se lo pueden hacer? Según he visto en algún programa de televisión parece ser más fácil conseguir un test contra el SARS-CoV-2 en una ferretería que en la sala de urgencias de un hospital. Se supone que el Ministerio de Sanidad iba a llevar a cabo una amplia campaña-sondeo sobre la situación serológica contra el coronavirus pandémico. Si hacerle la prueba a los “probables” infectados no es un buen comienzo, algo se está desvirtuando. Insisto, esta es la verdadera urgencia, el arma más efectiva para el principio de todo; de la contención definitiva de la expansión vírica, del inicio del desconfinamiento y de la vuelta al carro de la economía que ahora tenemos con un “palo vírico” entre las ruedas. Y no lo digo yo, que también. Lo ha dicho la OMS –esa organización chivo expiatorio de la ineptitud del presidente del país con el mayor número de casos actualmente-: Test, test, test. Por cierto, y antes de volver a la acusación sin fundamento de Donald Trump sobre el posible origen del virus en un laboratorio de Wuhan, mi segunda reflexión del día: cuando se dice que “un país no investiga porque sea rico, sino que es rico porque investiga” o que “sin ciencia no hay futuro”, no son eslóganes huecos propios de una campaña electoral. Es una triste pero contundente realidad. Ahora que estamos hablando de “trabajos esenciales”, que todos tenemos identificados, o de “trabajos NO esenciales”, aquellos que desde hace una semana vuelven a estar operativos… ¿dónde está la investigación? Al menos en mi universidad, la UAM, o en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, todo aquello que no tenga que ver directamente con investigación de la COVID, ¡está cerrado! ¿No hay necesidad, al parecer, de investigar otras patologías, otros campos, otras innovaciones punteras? Si la investigación de un país no es esencial, y tampoco parece ser NO esencial… ¿qué es?

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