Una investigación analiza la desinformación y la cobertura mediática durante la COVID-19

Es en el ámbito de la prevención donde se observa que los sistemas de mensajería han ejercido un mayor protagonismo para la viralización de la desinformación

La cobertura mediática de la COVID durante los primeros meses de la pandemia fue bastante positiva según diversos estudios internacionales, indica un investigador de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) que ha publicado un ensayo en el que analiza los procesos de desinformación en la esfera pública y el ecosistema informativo durante la pandemia de la COVID-19. Además, a nivel general, las suscripciones a los medios digitales aumentaron de forma considerable.

A nivel informativo, lo más destacable durante los primeros meses de la pandemia ha sido el protagonismo de los expertos ante “la necesidad de contar con voces autorizadas que pueden en cierta forma contextualizar lo que está pasando, sobre todo en un escenario de incertidumbre”, indica el investigador Raúl Magallón, del Departamento de Comunicación de la UC3M, autor de “Desinformación y pandemia: la nueva realidad (Pirámide, 2020)”, un libro en el que analiza la “resaca del tsunami de bulos” desde distintas perspectivas.

Magallón alude a cuatro tipologías de desinformación bastante diferenciadas en este contexto. En primer lugar, los bulos que tenían que ver con las formas de contagio del virus; en segundo lugar, los relacionados con el ámbito de la prevención; en tercer lugar, los alusivos a medidas legislativas y gubernamentales, tanto a nivel local como a nivel global; y en cuarto lugar, define “un cajón de sastre relacionado con el contexto de incertidumbre”, que incluye desde mensajes de phishing hasta los relacionados con teorías de la conspiración.

En el ámbito de la prevención es donde se observa que los sistemas de mensajería han ejercido un mayor protagonismo para la viralización de la desinformación. De hecho, los canales donde se distribuyen la mayor parte de los bulos relacionados con la COVID-19 son las redes sociales como Facebook y Twitter (un 36,1%) y las aplicaciones de mensajería instantánea como WhatsApp (36,1%), según un estudio publicado recientemente por el investigador junto con colegas de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid en la Revista Española de Comunicación en Salud.

La nueva “infonormalidad”

La normalización de los procesos de desinformación, el miedo como impulsor de sobredosis informativas, el cansancio y la fatiga como mecanismo generador de autoprotección informativa o la polarización como herramienta estratégica de distorsión de la realidad se plantean como las problemáticas más evidentes de esta nueva “infonormalidad”, según el autor.

La batalla contra la desinformación no radica únicamente en detener su viralización o en hacer más atractiva la verdad, sino también en la capacidad para generar de forma rápida dudas en la ciudadanía que hagan que esta decida no compartir una información no contrastada, apunta en el libro el investigador. En este contexto, y durante las primeras semanas de la pandemia, fue más importante detener la desinformación que dar una información -parcial e incompleta- de la evolución de la crisis, añade.


Más información:

Magallón Rosa, Raúl (2020). Desinformación y pandemia: la nueva realidad. Madrid, Ed. Pirámide, 2020. ISBN: 978-84-368-4358-3.

Sánchez-Duarte, J.M; Magallón Rosa, R. (2020). Infodemia y COVID-19. Evolución y viralización de informaciones falsas en España. Revista Española de Comunicación en Salud. Suplemento 1, S31-S41 https://doi.org/10.20318/recs.2020.5417

Comentarios

¿Protagonismo de los expertos?: ¿de qué están hablando?

Sin duda los bulos que se se han expandido por internet han sido muy perjudiciales. No obstante la opacidad de las autoridades Chinas desde los inicios y que no han autorizado una misión de la OMS en Wuhan hasta transcurrido un años, ha creado el caldo de cultivo para todo tipo de teorías variadas. La prohibición de autopsias también ha sido anti-científica y el no acatamiento de dicha prohibición en Italia ha permitido rectificar protocolos médicos erróneos en las primeras fases de la pandemia. Nada inspira más las teorías de conspiración variopintas que la falta de transparencia de las distintas Administraciónes. Tampoco ayuda que más de año después no hay aún una respuesta científica de consenso sobre el animal origen de la pandemia mundial ni el paciente Cero.

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